«I’m in love with a ghost»

Capítulo 19: No te vayas

Tom y yo veíamos una película. Hacía unos pocos minutos que Gustav me había hablado para decirme lo que había pasado en casa del castaño, ahora Georg viviría con él. El fantasma se había puesto melancólico de nuevo al saber que por lo menos los padres de Georg ya estaban enterados de su relación.

— Ya tengo sueño… —musitó de repente.

— ¿En serio? —asintió— Bueno, si quieres ve a la habitación, ahorita te alcanzo. —Sonreí y él me hizo caso. Se perdió en las escaleras al poco tiempo, apagué la televisión y las luces, para luego seguirlo al cuarto. Cuando entré él ya estaba acostado, como yo tenía la pijama puesta, sólo me metí a las cobijas a acompañarlo, de inmediato me abrazó por la cintura.

— Te amo mucho Bill… —dijo a mi oído.

— Yo también Tomi. — Me volteé y lo besé en los labios suavemente. Estuvimos así por algunos minutos, ni siquiera me di cuenta cuando me quedé dormido, tampoco supe que Tom se levantó de la cama y se sentó en el escritorio que estaba en mi habitación.

Comenzó a escribir algo, terminó una hora después, tenía lágrimas corriendo por sus mejillas, escapando hacia el suelo y perdiéndose en la mesa, pero trató de no sollozar, no quería despertarme, no quería que las cosas fueran más difíciles para ambos.

Cuando hubo terminado apagó la luz y caminó hacia mí, se inclinó un poco y besó mi mejilla. — Te amo… —musitó antes de salir de la habitación y abandonarme para siempre.

&

Como eran vacaciones podía levantarme a la que hora que quisiera. Busqué el cuerpo de Tom porque quería abrazarlo, no estaba dispuesto a despertarme aún, pero no lo encontré. Abrí los ojos algo espantado, mi fantasma no estaba ahí conmigo.

— ¡Tomi! … ¡Tomi! —grité pero nadie respondió. Me levanté de la cama y antes de que saliera de la habitación, alcancé a ver una especie de hoja doblada en el escritorio. Corrí con el corazón a todo lo que daba, sentía que de tanto que palpitaba en ese momento, terminaría fuera de mi pecho.

Desdoblé aquello y comencé a leerlo, sin duda alguna era la letra de Tom: 

Sólo sé que nunca voy a poder olvidarte. Lo que no sé es si me quedare vagando por siempre en un mundo al que ya no pertenezco, al mundo de los vivos. Porque sí, suelo ser muy infantil, pero también soy realista y puedo darme cuenta que esto, los sentimientos que tenemos los dos, no van a ningún lado.

Justo ayer comprendí que no puedo atarte a mí, que no puedo arruinarte la vida, por eso es que no me encontraste acostado a tu lado.

No sé a donde tenga que ir, a lo mejor yo ya he cumplido mi misión contigo y con la muerte, tal vez me vaya al cielo si es que existe.

Sólo quiero que por favor no me odies y que comprendas que todo lo estoy haciendo por ti y por tu felicidad. ¡Joder Bill! Quiero que te encuentres con alguien que realmente te merezca, que seas el hombre más feliz del planeta y que adoptes o tengas hijos, que formes una familia…

Sé que tú también quieres que eso ocurra y créeme que conmigo sería imposible.

Recuerda que te amo con toda mi alma, eres lo mejor que pudo haberme pasado, gracias por todo, gracias por hacerme ver al amor verdadero, sin ti nunca hubiera podido conocerlo. Gracias por tus besos, por cada una de las sonrisas que me dedicaste.

Espero seas muy feliz, en verdad te lo mereces cariño.

Te amo, te amo, te amo.

Nunca olvides que ocupaste y ocuparás un lugar muy especial en el corazón de un infeliz fantasma que se enamoró perdidamente de ti.

Te amo. Thomas Trümper.

Cuando terminé de leer, gruesas lágrimas escapaban por mis mejillas. Eso no podía ser cierto, Tom no podía haberme abandonado…

De repente, una suave brisa se sintió por toda la habitación pero ninguna ventana o puerta estaba abierta.

— Tomi, sé que estás ahí… —aseguré en medio de sollozos— Tom ¡sal! No te vayas. Mi felicidad es contigo, te amo a ti… — Pero nada, no pasaba nada, aunque seguía sintiendo su presencia. — ¡Joder Tom! Deja de ser tan egoísta, ¿que no te das cuenta? ¡Sin ti me voy a morir! — Grité y luego me desplomé, cayendo al suelo, no tenía fuerzas para continuar de pie. — Quiero vivir a tu lado, ¡se supone que lucharíamos por nuestro amor! — Tapé mi rostro con las manos. — Debí saber que yo no te importaba. ¡Maldito cobarde! Te odio Thomas Trümper, ¡te odio! — Aunque realmente no era cierto, porque por más que quisiera nunca podría odiarlo. Tal vez el egoísta era yo, Tom quería que fuera feliz, yo lo quería junto a mí.

Esa mañana no me enteré del fantasma que recargado en una de las esquinas de la habitación, sollozaba de manera incontrolable, de ese fantasma que tanto o más que yo, quería correr y abrazarme, pedirme que lo perdonara. Pero no lo hizo.

&

Las cosas tenían que volver a ser como antes, pero por más que quería sacarme a Tom de la cabeza, me era imposible. Ya no había sentido su presencia cerca de mí y eso me ponía aún más mal.

Habían pasado ya un par de días, no había salido para nada, no comía, tampoco dormía, lucía demasiado demacrado o eso pensaba, me sentía mal, triste, roto por dentro.

En ese momento veía la foto que me había llevado de casa de Anne. El fantasma era realmente hermoso, cada una de sus facciones era simplemente perfecta.

Lo extrañaba demasiado, yo sólo lo quería junto a mí para siempre, pero tal parecía que todo lo que yo amaba terminaba yéndose de mi lado. Acaricié la foto, algo tenía que hacer, no podía quedarme tan tranquilo. Yo lo amaba y por el amor se lucha ¿no?

Lo único que faltaba era hacer regresar a Tom y convencerlo de que lo que sentíamos era mucho más grande que cualquier barrera que existiera entre la vida y la muerte. Pero, ¿Cómo llamarlo? Ni siquiera sabía en donde estaba.

Mis ojos se abrieron de un momento a otro, el cementerio se me vino a la cabeza. ¡Claro! Seguramente él estaba ahí. Subí corriendo a mi habitación y me vestí con lo primero que encontré, no me importaba como me viera. Salí de casa apurado, para mi mala suerte el día estaba nublado y justo como lo esperaba pronto comenzó a llover.

Pero nada haría que me detuviese, lo único que quería era encontrar a Tom. Mi corazón palpitaba rápidamente, corría con todo lo que mis piernas me daban, mis lágrimas ahora se confundían con las gotas que caían del cielo fuertemente.

Unos quince minutos después llegué y entré por la gran reja principal. Busqué por todos lados la tumba de Tom, recordaba vagamente el camino hacia ella, así que me tarde un poco en encontrarla. — ¡Tomi, Tomi! — Grité desesperadamente esperando que me respondiera pero eso no sucedió.

Truenos caían, la lluvia se perdía en el suelo y mi vida comenzaba a acabarse. Habían pasado apenas un par de días desde que me había enterado de que el amor de mi vida se había ido y yo sentía que habían sido siglos enteros.

Si no estaba resistiendo éste poco tiempo, no quiero ni siquiera imaginarme como será lo que me reste de vida, claro, si es que sigo viviendo, aunque eso lo dudo un poco.

Lloré mucho más y luego me desplomé en la tumba de mi amado, acurrucándome para abrazar mi cuerpo porque era lo único que me quedaba. Sollocé con mayor fuerza pero en silencio, de todas maneras nadie se enteraría.

Al poco tiempo, no sé cuánto exactamente, el sueño me venció, arriba de la tumba de Tom, con la lluvia azotando mi cuerpo entero, con el corazón roto en miles de pedazos.

Continúa…

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