«I’m in love with a ghost»

Capítulo 5: Los fantasmas ¿sienten?

Escuela. Me había olvidado por completo de ella y ahora tenía que regresar.

Andreas y yo fuimos caminando juntos como solíamos hacerlo cada mañana, aunque esta vez Tom nos acompañaba.

Caminamos en silencio hasta la escuela y cuando llegamos, todos comenzaron a murmurar cosas, a decirme que yo era el hijo de un asesino. Podía ver cómo Tom apretaba fuertemente sus puños, como si de un momento a otro fuera a hacer alguna locura.

— Tranquilo Tom… —dije tratando de que Andreas no me escuchara.

— ¿Cómo quieres que me controle con todo lo que estoy escuchando? Ellos ni siquiera saben por todo lo que has tenido que pasar, no pueden juzgarte…

— Solo cálmate, ¿si? —asintió. Andreas caminaba indiferente como yo. Cuando llegamos al salón de clases, todo el mundo se quedó en silencio, pero seguimos sin hacerles caso.

— ¡Bill! —dijeron Gustav y Georg al unísono.

— Hola…—saludé.

— ¿Carolina te dijo que te fuimos a ver? —preguntó el de lentes.

— Si… Gracias chicos, en verdad. Y perdón por no haberlos podido recibir. No me sentía bien…

— Te entendemos. Tranquilo. —Dijo el castaño.

— Oye ¡tú! —Gritó alguien de repente, era Harold.

— ¿Qué quieres? —escupí. Podría aguantar a quien fuera, menos a él, no de nuevo.

— Con que… ¿Tu papá asesinó a tu mamá? ¡Es un maldito! Verdaderamente un ¡Maldito! Y seguramente tú eres igual ¿no?

— ¡Cállalo! Bill, hazlo, ¡Cállalo! —gritó Tom al borde de la histeria, pero Harold ni siquiera me daba la oportunidad de callarlo.

— Oh sí, ahora ¿qué? Tendremos que ¿temerte?, ¿respetarte por ser hijo de un asesino?

Tom tomó mi mano sin que pudiera evitarlo y la cerró en un fuerte puño.

— Y ahora ¿vas a golpearme? — expresó irónico.

¡Crack!

Fue lo único que resonó por todo el salón de clases. El fuerte golpe incluso hizo que Harold volteara su rostro y cuando lo regresó a nosotros, sangre brotaba de su boca.

— ¡Maldito! ¡Maldito! —gritó.

— ¡Eso te pasa por meterte con Bill! —respondió Georg. Harold salió corriendo del salón.

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— ¡Genial Bill! Eso estuvo ¡Genial! —me felicitaba Andreas, pero yo estaba demasiado molesto con Tom y el enojo era difícil de manejar… Tan difícil que con cualquier cosa podría explotar y no estaba para felicitaciones de algo que hice “contra mi voluntad”. Así que le lancé una dura mirada al rubio que de inmediato comprendió, porque se calló por completo.

El caminó a casa fue así: silencioso. Ni Georg ni Gustav se hablaron, al parecer el de lentes seguía molesto.

— Está celoso, eso es lo que pasa… —Dijo Tom, pero lo ignoré por completo.

Aunque lo cierto era que él tenía la razón. Cualquiera con un poco de cerebro podría notar que Gustav estaba celoso de aquella chica que se le restregó a Georg descaradamente en la fiesta, celoso de ella… De ella y de todas.

&

— ¡Mamá! —gritó Andreas.

— ¿Qué pasa hijo? —respondió ella mientras salía de la cocina y se secaba las manos con el delantal que tenía puesto.

— Nada importante, sólo quería avisar que ya estamos aquí…

Ella rió un poco. —Oh, por cierto… —ambos la miramos expectantes— Síganme —ordenó.

Carolina comenzó a subir las escaleras hasta el segundo piso y nos dirigió a una habitación que estaba en el extremo contrario a la de Andreas. Abrió la puerta y nos indicó que entráramos.

— ¿Qué es esto mamá? —preguntó el rubio.

— La nueva habitación de Bill… —dijo mirándome.

— ¿Qué? —exclamé demasiado sorprendido— Carolina yo…

— No Bill, no digas nada. Tú estás bajo nuestro cuidado ahora y tienes que sentirte bien aquí —Sonreí y no pude evitar abrazarla.

— Gracias, muchas gracias… —Musité conteniendo algunas lágrimas que querían escapar de mis ojos. En verdad agradecía que se preocuparan tanto por mí.

Carolina nos dijo que sería mejor que trasladáramos mi ropa y demás cosas a aquél cuarto y obedecimos de inmediato. Andreas me ayudó a hacerlo y cuando acabamos, me dejó solo, indicando que descansara un poco, que ya vendría por mí cuando la comida estuviera lista.

— Este cuarto es lindo… —Tom de repente apareció. Me espantó un poco, pero disimulé.

— Ohm… ¿Qué tienes? —preguntó.

— Ha… —bufé mientras me desplomaba sobre la cama— Y ¿Todavía lo preguntas?

— ¿Es por lo de Harold?

— Sí… No trates de controlarme Tom, ¿Quién te crees que eres? —dije firme y sin gritar porque no quería alarmar a nadie.

— Lo siento Bill… Perdón… —se disculpó y se sentó a mi lado— ¿Me perdonas?

— Sí… Solo no lo hagas de nuevo por favor.

— Ok, nunca más lo volveré a hacer, pero es que Harold ¡me sacó de quicio!

— ¿Por qué? —pregunté.

— Por el simple hecho de que te estaba insultando, así como los otros… Lo odié. —Odiar.

El odio es un sentimiento ¿no? ¿Acaso era que Tom podía sentir?

— Tom…

— Dime.

— Uhm… ¿Qué eres? —cuestioné con la duda comiéndome por dentro.

— ¿Qué soy? —Suspiró— No lo sé… Creo que soy una especie de fantasma o algo así.

— ¿Crees? —Negó con la cabeza.

— Es sólo que me cuesta aceptarlo… Créeme que aceptar que estás muerto es muy difícil.

— ¿Puedes sentir?

— Sentir… —musitó— Tampoco lo sé.

— Pero se supone que alguna vez estuviste… —Dejé de hablar, nunca antes me había imaginado que algún día tendría una conversación de éste tipo con alguien.

— Vivo —completó mi frase— Sí, se supone…

— ¿Hace cuánto que moriste? —pregunté mirando al suelo.

— Hace cinco años… —suspiró de nuevo. Cinco años eran demasiado pronto, demasiado cerca, demasiado difícil de superar. Tal vez al preguntar todo eso, solo hacía que Tom se sintiera… mal, y eso era algo que no quería que pasara.

Toc, toc, toc. Alguien tocaba.

— ¿Quién es? —pregunté mientras me acercaba a la puerta.

— La comida ya esta lista Bill…—Se escuchó.

— Ah sí. Ya bajo Carolina —contesté y volteé a ver a Tom que seguía sentado en la cama, con la cabeza gacha.

¿Cómo habrá sido su otra vida? ¿Se habrá enamorado de alguien? La verdad es que él era muy atractivo, a pesar de que ahora lucía muy, muy pálido. ¿Qué sería de su familia?

Seguramente se lamentaban el hecho de que muriera tan joven o al menos lucía joven, no pasaría de los veinte años— ¿Tom? —hablé después de un rato de no moverme del lugar en donde estaba y él me miró de inmediato.

— ¿Si?

— Yo… Sí quiero ser tu amigo… —Él sonrió ampliamente.

— ¿En serio? —exclamó sorprendido.

— Sí, en serio… —Y en un dos por tres ya lo tenía frente a mí, abrazándome. Eso se sintió tan raro, pero al mismo tiempo demasiado… demasiado… reconfortante. Yo le correspondí. — Bueno… —dije una vez que nos separamos— Será mejor que vaya a comer, ¿vienes? —Mi nuevo amigo asintió y ambos bajamos por las escaleras rumbo al comedor.

Continúa…

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Un comentario en «Fantasma 5»

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