«I’m in love with a ghost»
Capítulo 6: Los fantasmas ¿duermen?
La noche ya había llegado y yo estaba en mi habitación. No tenía hambre así que no había bajado a cenar. Comencé a escoger algo de ropa pues tomaría una ducha rápida para luego meterme a la cama, estaba algo cansado.
— ¿A dónde vas? —preguntó Tom mirándome caminar de un lado a otro con una toalla y algo de ropa en mis manos.
— Tomaré un baño —contesté.
— Ah —dijo con una sonrisa maliciosa en su rostro, entonces yo me sonroje demasiado y mi mente comenzó a hacer miles de situaciones… situaciones un poco embarazosas.
— Tom, antes de que yo te conociera, ¿tú ya me vigilabas? —le cuestioné.
— ¿Quieres la verdad? —asentí— Sí, ya te miraba. Y siempre sentí que tú ya sabías de mi existencia porque cada que te observaba comenzabas a voltear para todos lados buscando quién hacía eso… Me espantabas… En verdad lo hacías, me sentía descubierto.
— ¿En qué situaciones me veías? —Pregunté ignorando casi por completo la respuesta que me había dado.
— Bueno… yo…—carraspeó un poco.
— ¡Tom! —Grité — ¿Me has visto desnudo?
— ¡Claro que no! Yo… bueno…—dijo nervioso— Nunca te vi así…
— Júralo.
— Lo juro, lo juro.
&
Regresé a la habitación después del baño que me había dado. Ya tenía el pijama puesto y mucho, mucho sueño. Tom estaba sentado en la cama, yo caminé hasta ella y me metí entre las cobijas.
— Tom…
— ¿Qué?
— ¿Los fantasmas duermen? —pregunté con cierta curiosidad.
— Sí.
— ¿En serio? —dije sorprendido.
— Al menos a mi me sigue dando sueño.
— Tonto… ven…—dije golpeando el otro lado de la cama para que se sentara junto a mí. Así lo hizo, aunque no se acercó demasiado. — ¿Puedo preguntarte algo?
— Lo que quieras.
— ¿Alguna vez te enamoraste? —Él asintió levemente y una lágrima cayó por su mejilla hasta que se perdió en las sabanas. ¿Acaso los fantasmas podían llorar?
En ese momento me di cuenta cuan poco sabía sobre ellos. La verdad es que yo nunca creí que existieran o tenía la falsa idea de que eran de color blanco y transparente, o estaban desfigurados. Que sólo estaban en el mundo vagando para espantar a la gente, o simplemente eran un invento de los seres humanos… pero que equivocado estaba.
— Perdón… yo… no quise preguntarte eso, yo…—dije algo apenado.
— No te preocupes Bill… entiendo —suspiró— Lamentablemente sí me enamoré…
— ¿Lamentablemente?
— Sí… nunca creí que el amor pudiera matar… —Amor. Definitivamente sí. El amor puede matar, mi mamá murió por eso, por haber amado al hombre equivocado, por haberse quedado con mi padre y yo contribuí por nunca ayudarla a que nos fuéramos de ahí, que huyéramos… ¡Ah!, cobarde.
— ¿Tú crees que el amor es malo? —Negó con la cabeza— ¿Por qué no? Sí dices que tú moriste a causa de él.
— Amor a la pareja Bill, ése fue el que me mató. El amor a la familia, a los padres o a cualquier otra cosa es lo mejor que puede existir… tal vez fue sólo mi mala suerte. —Bueno, tal vez tenga razón.
— Será mejor que dejemos de hablar de amor —solté y él asintió. Yo no quería hacer que se sintiera mal— Tom… ¿desde cuándo me vigilas? —pregunté y él dio un resoplido mientras sonreía pícaramente.
— Bueno pues… Es una larga historia – respondió haciendo especial énfasis en larga.
— No te preocupes que tengo toda la noche— dije sonriendo.
— Bien, si tanto insistes en saber te contaré.
— Te escuchó.
— Pues yo vivo en la escuela y era el primer día de clases. Las cosas comenzaban a volver a la normalidad. Usualmente en vacaciones me la paso completamente aburrido, a no ser por algún libro de la biblioteca que pueda leer —contaba con una sonrisa en su rostro difícil de interpretar y cada vez se fue poniendo más y más sonrojado— Y bueno, yo estaba emocionado ese primer día porque no me gusta sentirme solo —esto último lo dijo acompañado de un largo suspiro.
— Ajá ¿y? —interrumpí pues no quería que se pusiera a pensar, es que él estaba… bueno, ustedes saben…
— Eres impaciente —rió mientras movía levemente la cabeza— Pues estaba sentado en el pasto lejos de todos, sólo viendo que hacían y si habría alumnos nuevos. Y justo cuando miraba para la calle, vi que se estacionó un auto y luego, segundos después, tu bajaste de el… —Yo lo miraba atentamente, él estaba completamente ruborizado. Quien haya dicho que los fantasmas no pueden apenarse estaba muy equivocado. —Entonces todos se te quedaron viendo muy raro, así que me levanté de donde estaba y comencé a seguirte. Te confieso que al principio yo creí que eras… Bueno, que eras…
— Una chica —completé su frase— No te preocupes en decirlo, la mayoría de la gente piensa eso… pero anda, sígueme contando.
— Y… luego llegaste al salón y te sentaste. Pero ese tipo tonto… Harold, se acercó a ti y comenzó a molestarte, así que salí del salón e hice que Georg llegará lo más rápido posible, entonces el té defendió. Yo no podía dejar de verte en todo el día y decidí seguirte a donde fueras, salir de la escuela por primera vez en casi cinco años, y así lo hice. Así lo he hecho desde hace más de un mes. —Y simplemente no pude evitar sonreír.
— Pues muchas gracias por lo que hiciste por mí, por obligar a Georg a que se apresurará al salón pero dime… ¿Cómo lo hiciste?
— Bueno, solo me concentro lo más que pueda en la persona y en lo que quiero que haga, créeme que es ¡muy cansado! —Contestó y yo bostecé— Uhm, y al parecer tú ya lo estas…
Reí con los ojos un poco llorosos debido al bostezo. — Algo…
— Será mejor que ya te duermas…—asentí.
Estiré un poco mi mano y apagué la lámpara que tenía a mi derecha. Luego me recosté y miré un poco más a Tom en medio de la oscuridad. A los pocos minutos me quedé dormido.
&
Los dos días siguientes se pasaron muy, muy rápido, hasta que el sábado llegó.
Era de mañana y yo comenzaba a despertar. Tom estaba recostado a mi lado, era invisible cuando dormía, de eso me había dado cuenta. Sólo se escuchaba su respiración lenta y profunda. Sonreí ante eso, era lindo… lindo hasta donde lo raro lo permitía.
Mi amigo comenzó a aparecer de repente.
— Hola —saludó.
— Hola Tomi —contesté y él abrió sus ojos muy, muy grandes.
— ¿Cómo me has dicho? —preguntó.
— Tomi —respondí— ¿te molesta?
— No, no… —Musitó mientras se incorporaba— Sólo que hacía mucho tiempo que nadie me decía así.
— Oh, ya entiendo… puedo preguntar ¿quién te decía así? —suspiró y se quedó callado, parecía que se debatía entre decirme y no hacerlo.
Luego de un momento resopló. Yo ya estaba sentado y lo veía, pero el sonido del teléfono de la casa sonando no permitió que Tom contestara lo que había preguntado.
— ¿Quién será? —me levanté rápido de la cama y salí de la habitación rumbo a la de los papás de Andreas, sentía mucha curiosidad sin razón aparente. Ya cuando estuve en la puerta pegué mi oreja a ella.
— Sí, es aquí —contestó Carolina. Hubo un silencio breve y luego dijo— Oh, ya veo. Ahora mismo llamo a la funeraria para que vayan a recoger el cuerpo y hagan lo necesario… Sí, sí. Muchas gracias señorita.
— ¿Quién era? —preguntó el señor Ferdinand.
— Creo que tendremos que hablar con Bill.
— ¿Por qué?
— Terminaron de hacerle la autopsia a su mamá y tenemos que ir a recoger su cuerpo… — Me tape la boca y por poco me caigo. Lo único que me sostuvo fue la pared. Me enderecé como pude y regresé corriendo a mi habitación, azoté la puerta y me permití llorar.
Pocos segundos después tenía a Tom frente a mí abrazándome, hacía círculos en mi espalda y dejó que llorara.
— Tranquilo cariño, tranquilo… —Me desconcertó un poco que me dijera cariño, pero no estaba para pedir explicaciones o algo por el estilo, sólo quería sentirlo ahí junto a mí— Ya pasó Billie, ya pasó…
&
Esa mañana no desayuné ni salí de mi habitación para nada. El hecho de saber que mi mamá estaba… muerta, no le quitaba peso a que pronto estaría bajo tierra. Era difícil, era triste.
Tom estuvo conmigo todo el tiempo, trató de animarme, pero no había nada que lo lograra, estaba desecho por dentro.
Continúa…
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