«I’m in love with a ghost»
Capítulo 8: ¿Simples alucinaciones?
Comencé a abrir los ojos, era ya de mañana. Volteé a mi izquierda, creía que Tom estaría ahí, pero el peso de su cuerpo no estaba presente.
— ¿Tom? —dije mientras tocaba su lugar, estaba completamente vacío— Tom, ¿estás ahí? —pregunté con un nudo en la garganta, pero no hubo respuesta.
Mi amigo no estaba ahí en la habitación. ¿A dónde habría ido? ¿Por qué no me había avisado que se iría? ¿O acaso era que sólo fue una simple alucinación causada por todas las cosas que me han pasado en los últimos días? ¡No, no, no! ¡Imposible!
Él era tan irrealmente real que se me hacía imposible creer que fuera sólo una simple visión. Pero entonces, ¿en dónde estaba?
Me senté en la cama y me abracé a mí mismo. Lo necesitaba demasiado a mí lado ahora, me había acostumbrado tanto a siempre tenerlo junto a mí que esto se me hacía muy difícil de afrontar.
El señor Ferdinand, Carolina y Andreas fueron a tocar a mi habitación en diferentes tiempos, preguntándome si estaba bien, si no necesitaba algo. — No, no estoy bien y lo único que necesito es tener a Tom aquí— pensaba.
Toc, toc, toc.
Alguien tocaba la puerta.
— ¡Quiero estar solo! —grité desde dentro.
— Bill, ¡Georg y Gustav vinieron a verte! déjanos pasar, por favor— gritó Andreas desde fuera.
— Está bien— Los tres entraron y de inmediato me vieron muy raro. — ¿Qué? —ladré.
— ¿Cómo estás Bill? —preguntó Georg.
— ¡Cállate! —Exclamó Gustav enojado— ¿Cómo le preguntas eso? ¿No es obvio que está mal? —recriminó y todos nos sorprendimos mucho.
— ¿Qué te pasa Gustav? —le cuestionó.
— ¡¿Qué te importa?!
— ¡Eres un imbécil!
— Pues sí y a ti qué.
— Georg, será mejor que nos vayamos a mi habitación —sugirió el rubio.
— Si Andy, será lo mejor. —Ambos salieron del cuarto y Gustav y yo nos quedamos ahí. Cuando nuestros amigos se habían ido, el de lentes se sentó en la cama y comenzó a llorar desconsoladamente.
— Gus, tranquilo amigo, ¿qué pasa?
— Nada Bill… —contestó entre sollozos.
— Si no te pasara nada no estarías llorando. Vamos, sabes que puedes confiar en mí —Pero él no dijo nada. — Es por Georg, ¿verdad?
— ¿Por Georg? No, ¿cómo crees? —musitó nervioso y muy sonrojado, mientras se limpiaba el rostro.
— Gustav, yo sé que tú lo quieres, ¿no?
— ¿Quererlo? Pero claro que lo quiero, como a ti y a Andy… Son mis amigos.
— Gus, es más que eso, ¿para qué seguirlo negando? te hace daño. Ambos sabemos que lo quieres más que como un simple amigo… Tú lo amas. —Él me miró sorprendido, como si yo acabara de descubrir uno de sus más grandes secretos.
— ¿De qué…? ¿De qué estás hablando Bill? Yo… —Trató de mentirme, de mirarme seguro y de que yo pudiera creerle que no amaba a Georg, pero no lo logró. Bajó la mirada y dijo— Está bien, tienes razón —confesó. Luego de eso se levantó de la cama hacía el pequeño tocador y se paró frente al espejo. — Pero, es imposible que él me haga caso.
— ¿Por qué dices eso? —pregunté.
— Sólo mírame. Georg ha tenido muchas chicas, chicas hermosas, chicas que parecen modelos y ¿yo que soy? Un simple mortal, con nada especial, además…—resopló— Soy un chico… Georg nunca se fijaría en mí.
— ¿En verdad crees eso? —cuestioné y mi amigo asintió.
.
Mientras, en la habitación del extremo contrario a donde se encontraba la mía, Georg y Andreas también hablaban.
— ¡No se qué le pasa! —decía un frustrado castaño— Ni siquiera sé qué le hice.
— ¿Cómo no vas a saber?
— Simplemente no lo sé —musitó mientras se sentaba en la cama del rubio— Ha estado raro conmigo desde la fiesta y no sé por qué. Le pregunté el día en el que Bill golpeó a Harold pero no me contestó nada. Le pregunté cuando fuimos en su auto al funeral de la señora Helena, pero me dijo que nada. Le pregunto hoy y me dice que no me importa, ya no lo entiendo.
— ¿Te importa saber por qué está molesto? —cuestionó Andreas.
— ¡Por supuesto que me importa! Es uno de mis mejores amigos y quiero saber qué fue lo que hice mal para que él se molestara de esa manera y así poder enmendarlo. Pero si sigue con esa actitud no me quedará otra más que golpearlo —decía un poco exasperado, así que Andy tuvo que interrumpirlo.
— Tranquilo, tranquilo, con golpes sólo empeorarías las cosas.
— Pero es que ¿Qué más puedo hacer? —se preguntó resoplando.
.
Gustav seguía conmigo en mi cuarto y me había confesado todo lo que sentía por Georg, incluso me dijo como fue que entendió que estaba enamorado del castaño. De alguna forma le agradecía que lo hiciera, no porque fuera un chismoso que se quería enterar de la situación por morbo, sino porque de alguna manera, hizo que dejará pensar en Tom por un rato.
De repente, el celular del de lentes comenzó a sonar en tono de mensaje, de inmediato hizo una mueca.
— Lo siento Bill, ya debo irme —dijo mientras se levantaba de la cama y guardaba su celular en el bolsillo trasero.
— ¿Por qué? —pregunté con algo de tristeza.
— Es la hora de comer, papá me está esperando. —Mi amigo sonrió levemente y luego se despidió de mí.
Gustav vivía sólo con su padre, ya que había perdido a su mamá hacía unos cuantos años atrás, cuando ambos viajaban por la carretera. Un auto los chocó y su madre perdió el control de su propio carro, lamentablemente ella murió. Gustav sólo tuvo algunas pequeñas lesiones y bueno, su padre se encarga de él desde ese entonces. No es que antes no lo hubiera hecho, pero se la pasaba viajando de un lugar a otro, aunque Gus nos dijo que su progenitor había decidido abandonar ese trabajo por uno en donde pudiera quedarse en una sola ciudad y en donde pudiera hacerse cargo de él.
Ese sí que era un buen padre, no como el mío que mató a mi propia madre, a su propia esposa, a la mujer a la que le juró amor por siempre, con la que tuvo un hijo…
Sacudí mi cabeza cuando comencé a tener esos pensamientos rondando por mi mente.
Cuánto necesitaba a Tom, cuánto necesitaba de su dulce sonrisa y de su suave voz. Lo extrañaba mucho… Aunque bueno, tal vez regresaría más tarde, tal vez sólo había salido a tomar aire o a dar un paseo, porque los fantasmas también necesitan distraerse ¿no?
Porque él no podía ser sólo producto de mi mente enferma ¿verdad?
Pero las horas siguieron pasando y Tom no regresaba, fue ahí cuando comencé a perder cualquier rastro de esperanza que aún guardara.
Todo el eterno día me quedé en mi habitación, no salí ni me moví para nada. Cuando la noche llegó, sólo apagué la luz y me metí a las cobijas, aunque la verdad es que ni siquiera pude dormir.
Lunes.
Estábamos en clase, pero yo no me podía concentrar del todo bien. Gustav me había preguntado si estaba bien, obviamente respondí que sí, que sólo estaba un poco deprimido por lo de mi mamá, aunque ellos no me creyeron.
Bueno, ni modo de contarles toda la verdad — Ah sí, estoy mal porque mi amigo, el fantasma, ha desaparecido y ahora creo que posiblemente sólo fue producto de mi imaginación.
Suspiré.
¿Dónde estaba Tom? Comenzaba a preocuparme, ¿Qué tal que algo le había pasado?
Pero pff, ¡Por Dios Bill! ¿Qué le pudo haber pasado a un fantasma? Nada, nada.
Martes.
Tres días sin Tom, habían sido por segunda vez los tres peores días de mi vida. Largos, eternos, solos, sin color.
Mi amigo era el único que estaba conmigo todo el tiempo, que me apoyaba, o al menos así lo sentía yo. Puede que tenga a Andreas, a Georg, a Gustav o incluso a los padres de mi amigo el rubio, pero no era lo mismo.
Miércoles.
Hoy definitivamente ni siquiera fui a la escuela, cuando quise despertarme tenía una fiebre muy alta y mi garganta dolía demasiado.
Carolina me cuidó por la mañana, aunque tengo que decir que prácticamente me la pasé durmiendo, cosa que agradecía, ya que llevaba cuatro días con insomnio y además porque pude despejar mi mente de la imagen de Tom.
Jueves.
Aunque ya me sentía bien, la señora Carolina no me dejó ir a la escuela.
Claro, sólo diré que me sentía bien en cuanto a salud, porque seguía triste por lo de Tom.
Comenzaba a creer que realmente sólo me lo había imaginado y que él no existía.
Bueno, prefería creer eso a terminar volviéndome loco preguntándome si fue real o no.
Viernes.
Mis amigos estaban preocupados por mí, decían que parecía un zombi porque estaba pálido, muy, muy pálido.
Pero yo les explicaba que no me pasaba nada, que sólo era porque los rayos de sol no me habían dado. Ellos se rieron ante mi comentario y no volvieron a preguntar nada.
Sábado.
Hacía ya una semana que había hablado con Tom por última vez y desde que se marchó, yo no me he dejado de preguntar si es que él fue sólo algo que mi mente inventó para no sentirse tan sola.
Y entonces, recordé algo…
Tomé rápidamente la laptop de Andreas, él no estaba en casa pues había ido a comprar algunas cosas junto con sus padres.
La prendí y por suerte no me pedía contraseña ni nada por el estilo.
Abrí el buscador y tecleé con las manos temblorosas: Thomas Trümper. El internet no me podía mentir.
Continúa…
Gracias por visitarnos y leer el fic. Te invitamos a comentar.