
Fanfic de lyra. Parte III
Capítulo 41
De vuelta con sus padres decidieron emprender el regreso a casa. La ceremonia ya había terminado y todos los alumnos se despedían con tristeza entre ellos.
Tom vio con sorpresa como Georg se le acercaba y le daba un fuerte abrazo deseándole un feliz verano.
— ¿Tú qué vas a hacer?—preguntó Tom con curiosidad.
—Tenía planeado un viaje con Gustav a Nueva York, pero ayer le dejé las cosas claras y creo que se ha cancelado—contestó Georg suspirando.
Tom le miraba sin entender qué podía haber pasado entre los dos, eran muy amigos y por lo que tenía entendido su amistad venía desde que eran niños.
—Reuní las agallas necesarias para contarle que soy gay—explicó Georg—Ayer hizo un comentario horrible sobre Bill y no me pude quedar callado por más tiempo. Es cierto que yo siempre era el primero en atacarle pero con el tiempo me he dado cuenta de lo imbécil que he sido y siento mucho no haber tenido la oportunidad de disculparme con él. Espero que tú se lo puedas decir en mi lugar.
—Bill y yo hemos roto—murmuró Tom arrugando la frente.
—Joder, lo siento mucho—dijo Georg con sinceridad—Hacíais muy buena pareja, me daba mucha envidia veros paseando de la mano por Hillerska demostrando al mundo entero que os amabais y os daba igual lo que pensara la gente. Yo en cambio llevo años ocultando mi secreto por miedo, a Andreas se lo conté en primero después de nuestra iniciación pero con Gustav…no podía hacerlo, para él lo ocurrido solo había sido una broma cuando yo estuve muerto de miedo por las posibles consecuencias.
Tom le comprendía perfectamente, él también hubiera querido que lo suyo no se supiera hasta estar completamente seguro pero gracias a Andreas todo el mundo fue testigo del amor que él y Bill se profesaban.
—Quien sabe si con el tiempo Gustav y yo volvernos a ser amigos, pero ahora mismo siento que no puedo hablar con él como si nada hubiera pasado—dijo Georg con firmeza—En fin, pero no nos pongamos dramáticos. Ahora toca disfrutar de unas merecidas vacaciones y si no tienes nada que hacer ahora que estás soltero…
Tom se le quedó mirando alzando una ceja, ¿le estaba proponiendo lo que él creía que estaba haciendo?
Debió poner una expresión muy rara porque Georg le vio la cara y estalló en risas sin poder contenerse.
—Tranquilo, que no van por ahí los tiros—murmuró Georg entre risas—Quería decirte que si quieres venirte en agosto a la casa que tienen mis padres en Italia, ellos se van a un crucero y cuando estoy solo aprovecho para hacer una reunión con…gente como nosotros. Si te apetece, puedes tratar de olvidar a Bill con algún amigo mío que te presente. Y he de decirte que hay unos cuantos que están muy buenos, y todos son de lo más discretos.
Tom negó con la cabeza agradeciéndole que se preocupara de tratar de animarle pero lo suyo con Bill era aún muy reciente y no creía que volviera estar abierto al amor en mucho tiempo.
Se despidió de Georg con un fuerte abrazo y fue al encuentro de sus padres que le esperaban dentro de la limusina.
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Se pusieron en marcha o al menos lo trataron, en ese momento muchos de los padres habían decidido también marcharse y se había formado un atasco de coches.
Sentado al lado de su madre Tom se aflojaba el nudo de la corbata, hacía mucho calor y aunque el chófer había dado el aire acondicionado apenas se notaba y sentía que le faltaba el aire.
—Mira a Andreas, que bien se lo pasa—comentó de repente su padre.
Tom echó un vistazo por la ventana, Andreas estaba celebrando con sus compañeros de clase el final de ese largo y duro curso. Tom le observaba con cierta envidia, él podía disfrutar de ese día mientras que él se sentía morir por dentro.
Entonces algo estalló en su mente, fue mirar a su primo y como sus padres le observaban entre risas y tomar al fin la decisión que tanto tiempo le había estado costando.
Se volvió en su asiento y se quedó mirando fijamente a sus padres.
—Estamos muy orgullosos de ti—dijo Jörg con una amplia sonrisa—Desde luego ha sido un año terrible, pero has ido superado todos los problemas que han surgido y has tenido la mejor de las recompensas. Unas notas excelentes que harán subir tu media para poder acceder a Humboldt sin problema. Y serás un digno sucesor de la empresa, sé que la voy a dejar en buenas manos.
— ¿Qué pasa si eso no es lo que yo quiero?—preguntó Tom sin poderse contener.
—Por favor Thomas…otra vez no—pidió con firmeza Jörg—Ya lo hemos hablado…
—No lo estoy diciendo para empezar otra discusión—empezó a decir Tom—Es lo último que quiero, entiendo que os cueste tomarme en serio porque lo he dicho más veces fruto de una de mis rabietas, porque estaba triste o por impulso pero…tampoco hemos tenido la oportunidad de hablar seriamente sobre el tema.
—Entiendo que tengas dudas y sentimientos encontrados, a mí me pasó lo mismo cuando tu abuelo dejó en mis manos la empresa—dijo Jörg tratando de mantener la calma—Pero…vamos, no es el peor de los destinos que te pueda tocar.
—De eso se trata—apuntó Tom con firmeza—Es nuestro destino, no hemos podido elegirlo por nosotros mismos. Y he visto como te ha hecho sentir, como has tenido que sacrificar a la familia por la empresa. Has trabajado muy duro en ella abandonándonos a mamá y a mi, sé que lo has hecho para que no nos faltase de nada pero eras tú quien nos faltaba.
Jörg no podía negar que su hijo le estaba dando una lección con sus palabras, era la primera vez que podían mantener una conversación sobre el tema sin llegar a discutir. Ambos estaban manteniendo la calma y expresándose sin subir el tono de voz o exigiendo al otro que dejara que se explicara.
Veía con orgullo todo lo que había madurado su hijo en ese tiempo en Hillerska y en lo acertada que había sido su decisión de enviarle a ese internado.
—Thomas, entiendo que lo de Bill te haya cambiado la vida y…—empezó a decir Jörg.
—No, no es por él—cortó Tom mirando fijamente a su padre—No se trata de Bill, es el futuro que has planeado para mi. Quieres que haga todo lo que has hecho tú, que me convierta en una réplica tuya y tome las riendas de la empresa familiar cuando es lo último que quiero hacer.
Jörg escuchaba en silencio a su hijo, quería que terminara de explicarse porque nunca antes le había dado la oportunidad. En otras circunstancias, llegado a ese punto habría cortado su discurso alzando la voz para exigirle que dejara de hablar de tonterías y se centrara en lo único que era importante en su vida. Una empresa en la que él se había dejado la piel.
—Y sé que crees que con el tiempo voy a cambiar de opinión pero te juro que no lo voy a hacer—dijo con firmeza Tom—Si crees que es importante nacer en la familia adecuada, el heredero de Empresas Kaulitz lo tienes ahí fuera.
Tom le señaló la ventana desde donde podían observar a Andreas divirtiéndose con sus amigos.
—Siento mucho si os defraudo a los dos, pero esta es la verdad—insistió Tom—Os quiero mucho pero…tengo que hacer lo que creo que es correcto y empezar a vivir mi vida y no la que vosotros me habéis elegido.
Simone no podía más que escuchar en silencio a su hijo, sentía los ojos llenos de lágrimas al ver en lo que se había convertido. En todo un hombre capaz de tomar sus propias decisiones, y ellos no podían hacer nada para impedirle ser feliz.
—Os quiero mucho a los dos—dijo Tom poniendo una mano en la puerta del coche y abriéndola—Y os doy las gracias por todo lo que habéis hecho por mi.
Sus padres le miraron con orgullo asintiendo con la cabeza, si ese era el deseo de su hijo pues que así fuera.
Tom les sonrió ampliamente y salió con rapidez del coche. Ante él se encontraba Saki dispuesto a hacerle entrar de nuevo en el coche pero la voz de su padre resonó con firmeza.
—Deja que se vaya—pidió Jörg.
Y así lo hizo Tom, echó a correr ante la atónita mirada de Andreas entre los coches que esperaban su turno para salir de Hillerska yendo al encuentro de la persona sin la cual su vida no tenía sentido alguno.
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No podía dejar de correr aunque sintiera que los pulmones le iban a estallar, a lo lejos había divisado el coche de Clarisse tomando un camino de tierra tratando de atajar para evitar el atasco y fue tras el sin poder evitar llamar a Bill desesperado.
— ¡Bill!
Pero estaba lejos y no podía escucharle, Clarisse había acelerado y en unos segundos vio como el coche se alejaba cada vez más sin que él pudiera hacer nada por impedirlo.
— ¡Espérame, Bill!—gritó con su último aliento.
No podía más, le dolía el pecho y le costaba respirar. Tuvo que darse por vencido y frenando su loca carrera se paró inclinándose sobre sí mismo con las manos apoyadas en las rodillas mientras trataba de recuperar el aliento con los ojos llenos de lágrimas.
Le había perdido para siempre, se marcharía de viaje sin saber que lo había dejado todo por él. Que ambos se merecían otra oportunidad más antes de dar por perdido una relación que era lo mejor que les podía haber sucedido a los dos.
Entonces alzó la mirada y observó con alegría que el coche había parado y Bill salía de el. Se le quedó observando caminar a su encuentro, se había quitado la chaqueta del uniforme y también la corbata. Corría una ligera brisa que hacía que su largo pelo ondeara al viento y no podía estar más guapo.
Bill no podía creerse lo que estaba haciendo, fue escucharle llamarle por su nombre y girarse en el asiento para verle correr tras él. Por unos segundos pensó en decirle a Clarisse que acelerara, que no podía escuchar lo que le tuviera que decir porque sabía que le iba a tratar de convencer de darse otra oportunidad y no quería volver a pasar por lo mismo. Su familia siempre estaría encima con sus condiciones y prohibiciones, y él no podía vivir esa vida.
Pero…algo en la voz de Tom llamándole le hizo cambiar de opinión y tras pedirle a Clarisse que parara salió del coche y fue en su dirección dispuesto a escuchar lo que le tenía que contar.
Y ahí le tenía, a dos pasos de distancia mirándole con la respiración agitada de haber ido corriendo tras él.
—No quiero trabajar en la empresa de mi padre—soltó Tom sin aliento—No quiero ser su heredero, se lo he dicho a mi padre…y lo ha aceptado.
Bill no podía creerse lo que estaba escuchando, al final Tom había hecho justo lo que le había dicho semanas atrás. Lo había dejado todo por él.
— ¿Lo has hecho por mi?—quiso saber Bill.
—No, por mi mismo—contestó con firmeza Tom—Porque es lo que en el fondo quiero, vivir una vida normal y labrarme mi propio futuro. Y sobre todo, quiero estar contigo Bill.
Bill le escuchaba en silencio sin moverse de su sitio, sintiendo que los ojos se llenaban de lágrimas con sus palabras.
— ¿Ya no quieres estar conmigo?—preguntó Tom en un susurro al ver que no reaccionaba.
— ¡Tú qué crees!—contestó Bill rompiendo a llorar sin poderse contener.
Tom sonrió al escucharle y corrió a su encuentro fundiéndose con él en un fuerte abrazo. No podía describir cuánto había echado de menos volver a tenerle entre sus brazos, acariciar su espalda mientras le sentía llorar contra su cuello al igual que él, que sentía las lágrimas rodar por sus mejillas.
Alzaron ambos la cara y se fundieron en un profundo beso saboreando en sus labios las lágrimas de su contrario.
—Te quiero—dijo Tom sonriendo.
—Te quiero—repitió Bill suspirando.
Se quedaron mirando con la respiración entrecortada, volviendo a unir sus labios sin poder dejar de besarse ni abrazarse, como si tuvieran miedo de que el otro se esfumara y todo fuera el resultado de un hermoso sueño.
Pero no era así, y los gritos y silbidos de Clarisse y Alex rompieron ese maravilloso momento haciendo que sus labios se separaran y se les quedaran mirando.
— ¡Ya era hora!—exclamó Alex sin poderse contener.
— ¿Quién se viene de viaje?—dijo Clarisse a su vez.
Bill se volvió en los brazos de Tom y le interrogó con la mirada. Tom asintió con la cabeza, le apetecía mucho hacer ese viaje con su novio y sus mejores amigos. Todo lo que habían planeado sus padres para ese verano había quedado cancelado, y sería Andreas quien tuviera que pasarse todo el verano formándose en su lugar mientras que él podía tomarse todo el tiempo del mundo para poder disfrutar de una vez por toda de la compañía de la persona a la que amaba con toda su alma.
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Sentados en el asiento de atrás Bill y Tom no podían dejar de mirarse y sonreír mientras entrelazaban sus manos sobre el asiento. Entonces Bill se desabrochó el cinturón y se sentó lo más cerca que pudo de Tom, quien pasó un brazo por sus hombros y le atrajo haciéndole recostar sobre su cuerpo.
Sentía su cara puesta en la curva de su cuello donde Bill le dejó un suave beso. Suspiró al sentir los labios sobre su piel, inclinó la cabeza y la apoyó contra la ventana mientras emprendían el que iba a ser el mejor viaje de su vida.
Porque con Bill a su lado, Tom sabía que era capaz de hacer todo lo que se propusiera. Y cogiéndole con firmeza de la mano cerró los ojos suspirando, pensando que no iba a dejar que nada ni nadie los volviera a separar.
Su destino siempre había sido ese, estar juntos para siempre.
F I N
N/A: Os dejo uno de mis videos con la maravillosa escena final de la serie, que he tratado de describir con palabras pero siento que me he quedado corta, es mejor verla y hacerse mejor una idea: