
Fic TWC de Aelilim
Capítulo 12: Verano II
Años atrás había sido una casa de lujo. No muy grande, eso sí, solo dos pisos en doscientos metros cuadros con pocas habitaciones con sus baños respectivos, una sala-cocina amplia y una terraza de madera encerada con escaleras que descendían directamente a la playa. Ahora, como todo, es un fantasma triste y gris de lo que era. Todo lo que el mar había avanzado, invadiendo la costa, fue retrocediendo paulatinamente, pero el desastre ya estaba hecho, y la casa… o mejor dicho, las paredes que siguen en pie cargan aroma a peces y a algas, a madera podrida. A decadencia. Sin embargo, para ellos es perfecta por su ubicación, y desde que por casualidad la descubrieron un verano, han vuelto infaltablemente cuando empieza la temporada. Se ha convertido en su pied-à-terre.
Un par de días de los trescientos sesenta y cinco que pueden relajarse de verdad.
—Eso es maravilloso —comenta Bill, dejando que el agua fría del mar moje sus pies.
Tom sonríe unos metros atrás, sin bajar la guardia. Acaban de llegar y deben cerciorarse que no haya peligros acechándoles. Sin embargo, cuando su hermano súbitamente corre hacia él y lo jala hacia el agua, se deja llevar sin pelea. A diferencia de Bill no se quitado el calzado y éste se moja… Están siendo doblemente irresponsables. Con su seguridad y con algo tan preciado como son los zapatos que están en sus últimas y esperan pasar a ser botados en la basura. Es una lástima que Tom no pueda darse aún ese lujo.
—¿Verdad que es maravilloso?
Las pequeñas olas siguen avanzando y retirándose, y sus pies enfundados en sus medias y zapatillas ya húmedas para ese momento siguen empapándose. No es una sensación agradable. Pero Bill tiene los ojos cerrados, sintiendo la brisa marina en su rostro, y sus dedos están entrelazados brindándole corrientes eléctricas diminutas como anticipación de lo que ocurrirá. ¿Es maravilloso? Claro que lo es.
—Lo es —murmura.
Una revisión de los alrededores a mucha conciencia les toma tres cuartos de hora, y es satisfactorio confirmar que realmente están solos a kilómetros a la redonda y que la casa en ruinas sigue siendo demasiado alejada de la ciudad como para que sea usada de refugio por alguna pandilla de malnacidos.
No pueden quedarse ahí demasiado tiempo por la falta de provisiones, y no pueden llevar demasiadas provisiones porque tienen que recorrer ligeros el largo camino por las amenazas constantes, pero mientras adecua una de las estancias mejor conservadas de la casa, Tom se obliga a no cavilar los aspectos negativos y así agriarse lo que representa una de las mejores cosas del año. No le gusta tener a Bill fuera de la vista, sin embargo, tampoco había pensado en interrumpir su contemplación de las olas reventando en el horizonte y de los colores naranjas y rojizos del atardecer. Es un espectáculo que sabe que su gemelo ha aprendido a apreciar de corazón.
—Tomi…
El mencionado levanta la vista y sonríe al ver a Bill en el umbral del hueco en el que antes estaba la puerta.
—¿Está todo bien? —pregunta Tom son una sonrisa gentil y sin verdadera preocupación.
No recibe respuesta y no intercambian más palabras porque Bill se pasa primero las manos por el cabello y luego lo desciende a la cazadora rojiza oscura que tiene puesta, quitándosela en un movimiento fluido. Debajo tiene una camisa muy ajustada color negro que por lo bajo que están sus pantalones deportivos deja ver su tatuaje de estrella. Tom traga duro, sintiendo la intensidad en los ojos de Bill y agujas de excitación en su entrepierna, las cuales se multiplican por mil cuando el otro hombre empieza a desabrochar botón a botón, revelando su pecho y estómago cremosos.
—Bill… —jadea.
—Tomi.
No se queda quieto y se endereza, avanzando hacia Bill y paseando sus manos por cada pedazo de piel al que llega, pegando sus labios al cuello de su hermano y succionando. Bill suelta un quejido contra su oído y pierde la poca racionalidad que tiene. Su primer encuentro de la noche es apasionado y furioso, y arranca todos los sonidos de placer que se han retenido en su garganta durante mucho, destrozando el mutismo y dejando moretones leves y arañazos. Tom y Bill lo necesitan así, sentirse y saber que todavía se desean como años antes y lo cual no pueden demostrarse tan seguido como quisieran. Para el segundo cambian de posición, y es muy lento, pausado. Amoroso. Las embestidas de Bill son profundas y no depara en dejar besos mariposa en la mejilla caliente de Tom y en sus labios abiertos de par en par.
En solo dos días establecen que esa parte tan esencial como olvidada adrede y por necesidad, sigue ahí vibrante como siempre. Es brutal y es suave. Es vivir su amor.
Continúa…
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