
Fic TWC de Aelilim
Capítulo 14: (De) Restos e inmisericordia
Tom está enfermo. Cuando Bill le dice que va a ir a buscar algo que pueda ayudarle con la fiebre, se niega. Luego, empeora y entre alucinaciones y sudor, no logra encontrar fuerzas para detener a su hermano.
Es una enfermedad viral y se curará pronto con líquidos y buen cuidado, pero Bill no soporta verlo en ese estado y sale a la búsqueda. ¿De qué? No está muy seguro. Va con cuidado y trata de no alejarse demasiado, esperanzado en que alguno de los almacenes que han recorrido de pies a cabeza tenga alguna droguería que no haya sido completamente devastada.
De algún modo, tiene suerte. Casi puede saltar de felicidad al entrar a una farmacia, o lo que queda, y comprobar que algunas estanterías contienen una que otra pastilla y jarabe de utilidad. Guarda en su abrigo lo que puede y reemprende el camino de vuelta.
Es entonces cuando lo escucha: el llanto de un bebé que rompe el silencio pesado. Suena muy cerca y desvía un poco su trayecto. Sabe que no debería, que lo mejor sería que hiciera oídos sordos y llegara a Tom… sin embargo, llega a la fuente del ruido y ve que en efecto es un bebé envuelto en harapos y llorando con todos sus pulmones, y el corazón se le encoge.
¿Cómo habrá llegado ahí?
Bill se arrodilla y acaricia la piel tersa del niño, pasmado cuando el pequeño atrapa su dedo corazón entre sus deditos y comienza a chupar la punta. Seguro está hambriento y tiene frío. Sabe que no puede llevarlo a casa y que está destinado a morir.
Al oír risas burlonas muy cerca, murmura un “lo siento” y se incorpora inmediatamente, atento.
—Es carnada. Inteligente, uh.
Es una mujer que roza los cuarenta. Tiene el cabello largo y su cara está muy sucia. Su ropa está hecha girones grises y marrones. Sus ojos, verde penetrante, son los mismos del bebé.
—¿Carnada? —repite.
Ella asiente, mostrando sus dientes amarillos y sacando de entre sus trapos un cuchillo; está preparada para atacar. Bill es más rápido y saca el arma de su abrigo en donde anticipadamente estaba su mano. La mujer no se amedrenta y se lanza, y Bill no tiene más remedio que disparar. Hay eco y el gimoteo del bebé se hace más intenso.
Bill se limpia las gotas de sangre que le han salpicado, intentando no pensar en nada. Mientras menos piense, menos remordimiento tendrá, y en el mismo entumecimiento, otro disparo más viola el silencio.
Después no se escucha ruido alguno.
Tom no cuestiona nada, ni siquiera cuando mejora y le cuenta en susurros lo que tuvo que hacer. No le juzga, no le pregunta. Le entiende. Han llegado hasta donde están en base a muchos sacrificios y seguirán adelante porque ahora es la sobrevivencia del más fuerte. Y Tom y Bill son fuertes.
Continúa…
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