
Fic TWC de Aelilim
Capítulo 15: Familia
El primer perro que tuvieron fue a raíz de una discusión. A veces el motivo que originaron los gritos y los objetos atravesando el aire se pierde.
Y a veces no.
Bill había sacado una vez más el tema “nada es para siempre, Tomi”, y Tom había respondido con el usual, “excepto que tú y yo sí somos para siempre”.
Eran pensamientos distintos. Bill tenía miedo y Tom ya estaba dispuesto a dar el todo por el todo.
Pero lo que ninguno de los dos olvida es que Bill salió dando un portazo y el rugido del motor de su auto resonó en los oídos del mayor de los gemelos por largos minutos, amenazantes.
Pasaron dos horas, dos largas horas, y Tom siguió esperando… así como siempre lo haría por la convicción de que Bill siempre volvería.
Así fue, Bill regresó, y no regresó solo: traía entre sus brazos un cachorro.
—¿Qué…? Pero… pero… —Tom parpadeó confuso.
Bill se sentó en la alfombra y dejó que el cachorro juguetera con las correas de sus botas mientras le acariciaba la cabeza.
—Es nuestro.
—Uh… Bill…
—Es nuestro —repitió Bill—. Él también ahora es de nuestra familia porque… —calló de improvisto y suspiró—. Sabes que no estoy tan seguro en cuanto a lo que vendrá pero tú sí y eso basta por ahora, Tomi, así que este será nuestro hijo.
Tom sonrió, a pesar de no estar demasiado convencido y se dejó caer al lado de su gemelo, también acariciando al animalito.
—No quiero que se sienta solo cuando no estemos en casa —pensó en voz alta al cabo de unos minutos.
—Quizá deberíamos tener otro —sugirió Bill.
Tom parpadeó lentamente, asimilando la idea. Le gustaba.
—¿Por qué solo dos? —preguntó envolviendo en sus brazos a Bill—. Deberíamos tener cuatro. Siempre dijiste que querías una familia grande.
Era verdad. Pasado.
Bill siendo un crío de diez años había sentido una debilidad única por los bebés pequeñitos e indefensos, ofreciéndose de niñero cuando alguna de sus tías o primas lo requería, y clamando a quien quisiera escuchar que le gustaría muchos hijos.
Esa mentalidad había cambiado drásticamente con el paso de los años, sin embargo, ante las palabras de su gemelo, asintió.
Sabía que Tom era el que quería tener muchos perros.
—Entonces cuatro. Cuatro serán.
Y cuatro fueron.
Y de los cuatro, tres desaparecieron bajo una pared de concreto entre aullidos desgarradores. Uno sobrevivió, casualmente ese que había sido el primero en llegar a la vida de los Kaulitz, pero no por mucho. La parte inferior de su cuerpo estaba atrapado y se quejó en lamentos de desesperación y dolor por horas antes de finalmente dejarse vencer.
Tom y Bill nunca los vieron porque estaban en el estudio.
Una semana después, al visitar las ruinas de lo que una vez había sido su casa, vieron los pedazos de la vida que había estado tratando de construir y el cuerpo de su primer perro en descomposición.
Continúa…
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