Hasta el fin del mundo 5

Fic TWC de Aelilim

Capítulo 5: In decrescendo

And as we’re falling down, and in this pool of blood
And as we’re touching hands, and as we’re falling down
And in this pool of blood, and as we’re falling down
I’ll see your eyes, and in this pool of blood
I’ll meet your eyes, I mean this forever
[y mientras vamos cayendo, y en este charco de sangre
y mientras estamos tomándonos las manos, y mientras caemos
y en este charco de sangre, y mientras caemos
veré tus ojos, y en este charco de sangre
encontraré tus ojos, esto significa para siempre]
Demolition Lovers – My Chemical Romance
.

El polvo que se había levantado era tan denso que apenas podía respirar y no veía muy claramente qué sucedía a su alrededor o en qué estado había quedado el lugar. Los pulmones le quemaban y tenía el sabor a tierra en la boca y las fosas nasales taponeadas. Pero debía seguir avanzando si quería encontrar a Tom, y lo hacía paso a paso, cuidadoso y ayudándose de fragmentos de pared que todavía se sostenían cuando tentaba con su mano y hallaba alguna. El piso bajo sus pies había cedido y Tom había desaparecido en un abrir y cerrar de ojos, sin embargo, él se había agarrado por reflejo de una viga sobresaliente. Habían sido escrupulosos como siempre, no entendía qué había salido mal y por qué ahora estaba ahí, a punto de ahogarse en sollozos y prohibiéndose pensar en el cuerpo inerte de su hermano.

Se talló los ojos y tosió. Tom estaba malherido en alguna parte pero seguía vivo. Si fuera diferente, habría sido el primero en saberlo. Aquella seguridad lo hacía seguir. Se había golpeado una pierna muy fuerte y tenía dos heridas profundas, una en el brazo izquierdo y otra en el hombro, y el dolor pulsaba aguerrido, queriendo llamar su atención. Bill hacía lo mejor que podía para ignorarlo y cuando llegó a un desnivel que le indicaba la presencia de una escalera, se confortó más. Tom solo podía estar dos pisos abajo. Bajó dos, cuatro peldaños y de súbito quedó interrumpido el camino. Una porción de gradas se había desmoronado y tendría que saltar una buena distancia. El polvo estaba más disipado y el oxígeno ya llegaba sin tantos problemas a sus pulmones. Podría hacerlo.

Dio un brinco con todas sus escasas fuerzas. Llegó a su meta pero no bien parado, y su pierna ya previamente adolorida, se quejó con más ímpetu, un alarido sofocado desgarrando el silencio de muerte. Las lágrimas escocieron, sin embargo, se las limpió de un manotazo y siguió adelante. El descanso estaba intacto, al igual que la segunda tanda de escaleras y llegó al primer piso. Estaba cada vez más cerca y su corazón corría una carrera desbocada por la ansiedad. ¿En qué estado estaría Tom? Esquivó los numerosos trozos de concreto, muebles viejos y diversos objetos caídos de los pisos superiores hasta que llegó a donde quería, reconociendo inmediatamente la máquina expendedora que habían estado desmantelando a golpes para vaciarla de sus últimos chocolates. Estaba reducida a pedazos. Tom se encontraba cerca, hecho un revoltijo sanguinolento e inconsciente. Ahora sí no impidió que las lágrimas rodasen por sus mejillas.

Pero había tenido razón: estaba vivo. Aunque a un ritmo muy lento, su pecho seguía subiendo y bajando. Las heridas eran numerosas y era muy probable que tuviera alguna parte rota. Bill se sentó en el suelo irregular y puso la cabeza de Tom encima de sus piernas después de llegar a él. No estaba consciente y la sangre no paraba de salir de algunas laceraciones a lo largo de su cuerpo. Las gotitas rojizas mancharon sus manos y la sangre de los dos se juntó, coagulándose y formando una costra en ciertos lados mientras se quedaron ahí, Bill sabiendo que tenía que superar su propia debilidad y dolor, y llevar a rastras a Tom al piso en el que se refugiaban. Y debía hacerlo ya. La noche estaba tan próxima que incluso los vándalos se habían guarecido.

Una tonada de cuna se coló de sus labios sin que se diera cuenta y la tarareó, meciéndose levemente. Estaba mareado por la falta de energía… No podía cargar a Tom. No podía salvarlo, y entre salvarse él solo y perecer los dos, optaba por la segunda opción sin premeditaciones. ¿Por qué seguir viviendo si se estaba solo y en el puto infierno? La nana pronto dejó de serlo y mutó a una de las letras de sus canciones de cuando el mundo todavía estaba servido en bandeja de plata ante ellos y Tokio Hotel tenía la oportunidad de ser grande. Las lágrimas que habían seguido cayendo se intensificaron y fueron acompañados por hipidos, por desesperación. La sangre seguía manando y cuando abrió los ojos al sentir un apretón en su brazo, incluso la sintió dándole sabor a su boca y ocupando el lugar de la tierra. Pero no importó porque Tom había despertado. Y, entonces, supo que seguirían adelante. Los dos.

Continúa…

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