
Fic de PinkGirl. Temporada I
Capítulo 7: Las últimas fresas
El primer amor a veces es tan frágil…
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—Bill —llamó Helen, su madre—, ven conmigo, debemos hablar.
Había pasado algunas semanas y Helen tenía noticias. Al fin su vida tendría un rumbo. Fue con Bill hacia su estudio y éste se sentó en un sofá, estaba algo nervioso por la seriedad de su mamá.
—Como ya sabes, tenemos problemas en casa, no queremos que esto te afecte a ti ni a Daniela…
—Al grano, mami —dijo pesadamente tratando de no mirarla a los ojos.
—Nos iremos. Daniela, tú y yo a Francia —Bill se sobresaltó y la encaró.
—No puedes, no podemos, es que… yo no quiero irme de aquí, ¿por qué tuviste que buscar un traslado en otro país? —estaba decepcionado, y muy fastidiado. Eso implicaba tener que dejar a Tom del todo.
—En hospital de allá me pagará mucho más que aquí, un médico alemán es más destacado allá que acá, lo hago por ustedes para darles un buen futuro, es algo que debes entender. —A Bill se le aguó la vista, él no quería eso, por ningún motivo.
—¿Y la escuela? ¿Mis amigos, mi vida aquí, mi papá? ¿No cuenta? —Helen suspiró tratando de buscar respuesta.
—Tienes catorce años, lo podrás superar, encontrarás amigos y claro que irás a una nueva escuela, una mucho mejor de la que vas ahora.
—No entiendes… no, ¿y mi opinión no cuenta? No quiero mudarme, menos a otro país, ¡esto no es justo! —salió de ahí mientras escuchaba a su madre gritar su nombre. Estaba decepcionado de ella.
Corrió escaleras arriba y se enceró en su habitación. Él no era de llorar, pero estaba desesperado, imaginarse lejos de su vida, lejos de Tom en un lugar desconocido, hablando otro idioma, terminó por asustarlo y no quería, no lo iba a aceptar… Ahora debía luchar por lo que quería y lamentablemente estaba en desventaja, pues sólo tenía catorce años.
Se sentó en el suelo y abrazó sus rodillas, comenzando a llorar. Helen mandó a Amelia a que hablara con él.
—Bill… —la voz de la señora Amelia, su nana, podía calmarlo, pero él en esos momentos no quería escuchar a nadie, es que nadie podría entenderlo—. Sé que estás mal, lamento que las cosas no salgan como tú quieres, pero es por tu bien.
—¿Qué bien? No veo ningún bien, me alejarán de mi vida aquí, de… de Tom, ¿sabes lo que eso significa? —dijo en susurros dolorosos, no le daba la cara. Ella palmeó su espalda, consolando su llanto.
—Sí, sé lo que significa, es tu primer amor, Bill no siempre funciona, estas cosas salieron así, no podemos hacer nada al respecto, debemos afrontarlo —a ella le costaba en sobremanera tener que decirle eso, ella lo quería como a un hijo.
—No me digas eso… déjame solo, ahora quiero pensar, no quiero escuchar a nadie —ella lo entendió y salió.
Bill faltó a clases al día siguiente, había llorado tanto y no había podido dormir. Amaneció con algo de fiebre, se sentía débil y no contestaba llamadas, ¿qué le diría a Tom? No tenía palabras ni la fuerza para decirle lo que estaba pasando.
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Toda la mañana estuvo angustiado, había intentado llamarlo de todas las maneras posibles… no contestaba, tal vez no quería hacerlo, tal vez se había molestado con él por, quién sabe por qué.
Tom no pudo concentrarse en nada ni en nadie todo ese día. A la hora del recreo buscó hablar con Gustav y Georg, a ver si ellos sabían algo.
—No sé nada de él, ¿tú por qué preguntas tanto? —interrogó Gustav siendo algo evidente, alzando las cejas.
—Es… es mi amigo, pensé que ustedes sabían.
—No —contestó Georg, también mirándolo raro—. De seguro ha viajado… pero nos diría antes, no creo que haya viajado.
Eso le hizo recordar que Bill tenía problemas en casa, que quizá su mamá se lo llevaría… pero cómo saberlo.
Al llegar a casa Simone notó su estado inquieto, ni comía, ni le hablaba, estaba con el celular en la mano de un lado para el otro, intranquilo y sin paz.
—Ya Tom, deja de estar andando de arriba abajo, me mareas —él se sentó en el sofá tratando de calmarse— ¿Qué pasa? ¿No confías en tu mamá? —Tom la miró y recordó que todas las semanas estuvo sin mesada por escaparse a la casa de Bill, a ella no le confiaría nada.
—No me pasa nada, estoy bien.
—¿Me crees tonta? Sé que estás así por… por ese amigo raro que tienes —Tom la miró serio, no iba a permitir que hablara mal de Bill—. Es simpático, lo admito, pero…
—Mamá, no sabes por todo lo que él pasa, sus padres están por separarse, su papá golpeó a su mamá y él está en medio de los dos, no sabe con quién quedarse, soy su amigo y me necesita, es sólo eso. —Simone pestañeó seguido, su rostro se compungió, se compadeció en cierta forma, el otro niño tenía la edad de su hijo. Vio de buena manera que Tom quisiera consolar a su amigo, le pareció noble de su parte.
—De acuerdo cariño, pero… ten cuidado, en estos últimos tiempos a veces se está dando casos en que… —se puso nerviosa— bueno, casos de gente homosexual —Tom dio un salto en su asiento y se sonrojó—. Ten cuidado.
—Él no me hará nada. Mamá es un amigo, deja de pensar todo de esa manera, me estresas —trató de salir del tema, aunque no podía ocultar lo nervioso que estaba.
Tom fue a su habitación ahí se recostó, suspiró y volvió a intentar llamarlo. Nada, no había respuesta.
Cayó en una especie de sueño, y aún no era la noche, pero no tenía ánimo ni ganas de hacer algo… se sentía muy mal.
—Tomi… —una vocecita lo despertó, se agitó en su cama y miró hacia la puerta, estaba Bill ahí, no podía creerlo, ¿Simone lo había hecho subir? Cómo era posible tal cosa.
—¡Bill! —se pasó los puños por los ojos, estaba un desastre, pero no le importó. Salió de su cama y fue a abrazarlo— Te extrañé, no sabía nada de ti, no sé qué está pasando… —Bill no le decía nada, sólo quería que ese abrazo durara para siempre. Se separó de él y tomó su rostro, le dio un pequeño beso y luego lo miró a los ojos —¿Estás bien?
—Sí —sonrió tímido—. Escapé y estoy aquí. —Tom tomó sus manos sintiéndolas heladas, se preocupó mucho.
—¿Escapaste? ¿Pasó algo malo? —hubo un silencio grande, Bill no lo miró, agachó la cabeza—. Bill…
—Sólo quería verte y por eso vine, estuve enfermo, una pequeña fiebre, pero ahora estoy aquí.
—¡Tom y Bill! —Gritó Simone desde abajo— ¡Vengan por su cena!
—Tu mamá es muy divertida, estuve viendo fotos tuyas de cuando eras bebé —Tom enrojeció, su madre era… ¡ella era tan impertinente, cómo no le pasó la voz antes y cómo pudo mostrarle sus fotos de bebé en pañales!
—¿Desde qué hora estás aquí?
—Hace media hora… ella dijo que estabas descansando y por eso, hablamos de ti, jijiji.
—Ella me las pagará —Bill rió relajado y Tom suspiró un poco aliviado, aún no soltaba sus manos. Se acercó a Bill y le dio otro beso, mordiendo ligeramente su labio inferior—. Te extrañé… mucho.
—¡Tom y Bill! —su madre era demasiado impertinente.
Ambos chicos bajaron y se encontraron con un pastel de fresas sobre la mesa, que detalle.
—Hasta que al fin bajan, compré un pastel de fresas por ti Bill —éste sonrió emocionado.
—Muchas gracias.
—No hay de qué, eres nuestro invitado hoy. —Bueno, Tom podía pensar que su madre era impertinente porque lo era, pero a la vez, ella era como él en cierta forma, no daría la espalda a alguien que necesitaba ayuda. Tom le sonrió y ella parecía estar de buen humor.
Los tres se sentaron a la mesa y disfrutaron ese pequeño pastel. Bill suspiraba pensando y deseando que así fuese su familia alguna vez… ¿de qué servía el dinero si no había amor? Eso no se compraba con dinero ni comodidades.
El celular de Bill sonó por milésima vez y éste se angustió mucho, miró a Tom y tragó saliva presionándolo para apagarlo.
—¿Te escapaste o algo así? —preguntó Simone mirándolo seria y él sólo pudo agachar la cabeza.
—Regresaré a casa, no se preocupe —Tom miró molesto a su madre y ella entendió.
—Descuida, no sé exactamente lo que puedas estar pasando en casa, pero si en algo puedo ayudar, lo haré, pequeño.
Luego de eso, Bill le dio su celular para que ella hablara con Amelia, él no quería regresar a casa, no en ese estado sabiendo que pronto se iría fuera del país.
Escuchó como Simone hablaba amenamente con la otra persona en la línea, al parecer habían llegado a un acuerdo. Tom tomó su mano por debajo de la mesa y Bill la presionó. Le susurró un “gracias”. Simone le pasó el teléfono a Bill, y éste explicó que no quería regresar, Amelia lo entendió y le dijo que le diría a su mamá que estaba en casa de Georg y que pasaría la noche ahí supuestamente. Bill agradeció mucho ese gesto y luego colgó.
—Dice que puedo quedarme —Tom sonrió junto con él y Simone se levantó de la mesa.
—Bien jovencito, algunas veces mi hijo se ha quedado allá, así que voy a alistarte una cama…
—No —interrumpió Tom—. Él dormirá en mi habitación, yo lo haré en la sala.
—Como quieras —dijo ella.
Pero no era muy tarde para dormir, así que los dos se acurrucaron en el sofá de la sala para hablar de ellos. Simone rondaba por ahí, pero al ver la hora, cerca de las diez de la noche, decidió subir a su habitación a ver su telenovela favorita. Dijo claro a Tom que ya se vayan a dormir, pero ellos no lo harían tan temprano.
Tom abrió sus brazos y Bill se pegó más a él—. Gracias por estar aquí —le dijo sonriendo.
—Mañana deberé regresar, Tomi… —susurró algo apenado—. No sé a dónde iremos —Tom abrió los ojos asustado…
—¿A qué te refieres? ¿Salió el traslado de tu mamá? —Bill se separó un poco de él y agachó la cabeza.
—No… —mintió demorando en contestar— Sólo que… creo que será difícil que nos veamos —Tom abrazó a Bill, y prácticamente lo cargó sobre él.
—No importa si nos separan Bill, nadie cambiará lo que siento por ti.
—¿Crees que el primer amor dura para siempre? —Tom asintió.
—Lo creo, porque quiero que dure para siempre, es nuestra elección, no la de otros.
—Pero… —Tom se acercó más a él y lo besó, sellando sus labios en un silencio. Bill subió sus manos hacia su cuello y lo rodeó. Tenía tanto temor, pero trataría de estar el mayor tiempo posible cerca de él, tanto como se le sea permitido.
—Superaremos esto, lo juro…
Luego de una hora, la escalera sonó por las chancletas de Simone, ambos chicos dejaron de besarse, tenían los labios hinchados de tanto hacerlo. Se alejaron un poco y fingieron ver televisión.
—Ya chicos, son las once, es muy tarde, está bien que mañana sea sábado, pero igual aquí se duerme a las diez, se han pasado una hora. —Tom no pudo contradecirla y acompañó a Bill a su cuarto, acomodaría todo allá antes de que él durmiera en su cama.
Simone le dio unas frazadas a Tom y se despidió de ambos chicos dándoles las buenas noches, miró sería a Tom.
—Ya sabes, Tom —le hizo una seña que indicaba que lo vigilaba, Tom puso los ojos en blanco ante eso—. Debes dormir abajo.
—Sí… —contestó pesadamente.
Simone salió de ahí y Tom se acercó tímido a Bill. Le daría las buenas noches. Lo abrazó y pegó su frente en la de él.
—Hasta mañana mi Príncipe —pudo notar un estremecimiento de parte del otro, y vio como tragó saliva sonoramente— ¿Qué pasa?
—No me dejes… —apenas pudo decir, trataba de ser fuerte y no llorar, no delante de Tom. Y no lo hizo pues Tom lo besó tan dulcemente.
Tom no podía creer lo necesitado que estaba Bill. Eso lo llenó de todo un sentimiento de desesperación por no saber exactamente lo que le pasaba y por no saber cómo calmarlo. Pero no lo dejaría, no esa noche porque veía real el miedo del otro, podía palparlo y sentirlo en el pulso de su pelinegro. Era un miedo intenso, una inseguridad.
Bill se recostó en la cama y se puso un pijama que Tom le prestó. Tom trataba de no mirarlo, pero habían llegado a un grado de confianza que pasar ciertos límites no les traía problemas de nerviosismo como antes.
Tom le dio un beso en la frente y le dio las buenas noches. Caminó hacia la puerta y apagó la luz, miró hacia atrás, hacia su cama en donde Bill reposaba, en plena oscuridad vio sus ojos brillar intensamente, ¿qué pasaba? Se angustió y cerró la puerta con seguro, luego regresó a la cama y se sentó.
Todo estaba tan oscuro, pero aún así el reflejo de lágrimas se hacía presente y el suspiro agitado de Bill resonaba en la habitación. Tom se asustó, pero dejando ese miedo a un lado fue atraído hacia la cama recostándose a su costado para abrazarlo. Le besó la cabeza con cuidado y trató de consolarlo.
—Estoy aquí, Bill…
—Prométeme que siempre será así, dilo. —Tom lo miró sorprendido, claro que sería así para siempre.
—Lo será… sin duda lo será —sintió a Bill besarle y hasta lamerle los labios. Sus movimientos empezaron a ser rápidos y demandantes—. Bill… —jadeó correspondiéndole a todo aquello. Tom no estaba muy seguro de qué era lo que Bill quería.
Las manos de Tom viajaron por debajo del pijama que Bill tenía y luego éste se dio la vuelta pegando su espalda a su vientre. Ambos jadearon y Tom tragó saliva, dudando.
—¿Estas seguro? —susurró agitado entendiendo la indirecta. Bill temblaba tanto pero no se despegaba de Tom. Ambas de sus manos fueron hacia el colchón y ahí se aferró. Y Tom tomó sus caderas, pegándolo más a él.
—Por favor… —no dijo nada más. la propuesta estaba hecha.
Tom sintió todo ese calor y una especie de adrenalina por lo que estaba por ocurrir. Se sumergió en la noche y en el calor del cuerpo de su primer amor. La situación empezó a hacerse intensa y desesperante. Las manos de Tom recorrieron el cuerpo de Bill de una manera que nunca pensó hacer; y Bill, él no imaginaba todo lo que podía sentir con sólo el roce de sus dedos sobre él y en él. Sus respiraciones y movimientos se descontrolaron cada vez más y Bill mordió la almohada tan fuerte acallando todo lo que quería gritar mientras Tom trataba de complementarse con él.
Una mano de Tom fue sobre la suya que presionaba en colchón y se la tomó. Intentaron hacer silencio aunque esto era un poco difícil, y cuando todo acabó se sintieron en las nubes, algo así de intenso nunca pensaron vivir. Tom se removió de él con sumo cuidado, Bill aún temblaba.
Bill lloriqueó por el dolor, cada músculo de su cuerpo dolía en cierta forma. Pero Tom lo abrazó, aún temblando, aún con la mente pensando en todo lo acontecido.
—Lamento que haya dolido —se disculpó Tom al escucharlo quejarse y jadear de dolor en cuando todo había acabado— .Hubiera sido mejor algo resbaladizo, no lo sabía.
—Descuida —besó sus labios y luego ocultó su rostro en el sudado cuello de Tom y no dijo nada más.
—En serio, lo siento —pasó una mano por el trasero de Bill, queriéndole acariciar directamente en la zona afectada. Bill se removió.
—Eso no me duele tanto como… como lo que me dolerá mañana, todo yo —Tom no entendió su punto.
—Lo haremos con más cuidado la próxima vez, lo juro —besó su frente y sintió a Bill temblar —¿qué pasa? Lo lamento mucho Bill… si te duele tanto podría… no sé, curarte, ver la forma —quiso encender su lámpara pero la mano de Bill se lo impidió y estaba sollozando—. Déjame verte, puedo curarte, no quiero que estés así —lo abrazó desesperado.
—No, no es eso… —estaba llorando por primera vez delante de él— Mañana me voy a Francia. —Y aquello fue como cuchillos en su corazón… Bill se iría a otro país lejos de él y Tom no podía hacer nada para impedirlo.
Se sintieron pequeños e impotentes, incapaces de hacer o salvar algo. Tom lloró tanto como Bill aquella noche, no podía ser más el fuerte, eso había sido devastador.
Vieron el amanecer juntos y antes de que su madre se levantara, Tom se vistió y bajó a la sala y se recostó en el sofá.
Su corazón latía tanto mientras los minutos pasaban… cerca de las ocho de la mañana, un auto se estacionó frente a su casa y tocó el claxon.
Simone abrió y saludó a Amelia, ella pasó y pudo ver a Tom tan triste. Supo que le había contado.
Ambas señoras hablaron un poco mientras Bill se alistaba arriba.
Se sentó en la cama y apreció el lugar de su primera vez, nunca lo olvidaría, ni nunca olvidaría al chico que tanto quería. Pero no podía quedarse más tiempo. Escribió una nota y la puso debajo de la almohada de Tom y luego bajó listo para irse.
Simone abrió la puerta para que se vaya, y Bill corrió donde Tom para abrazarlo, temblando por no poder contenerse.
—Siempre me tendrás, siempre, no importa la distancia —le susurró al oído y Tom no pudo decir nada. Sólo vio como el gran amor de su vida cruzaba aquella puerta y luego ésta se cerró.
Tom corrió hacia su habitación con el corazón roto, pero prometió que nunca lo olvidaría…
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El olor a fresas le recordaba a Bill. Sentado en el sofá su casa después de meses, comía un platillo las últimas fresas frescas. Cerraba sus ojos recordando como sabía los labios de Bill y como se sentían sus manos al tocar su suave piel. Como lo extrañaba…
En sus manos tenía la nota que le dejó.
“Cuando tenga dieciocho años te buscaré, y saldremos por un helado de fresa otra vez… es una promesa. Te amo Tom, y nunca te olvidaré”
La volvió a leer y suspiró, él también lo esperaría.
Fin Temporada I
Como duele terminar una historia. Gracias a todos por leer. El primer amor nunca se olvida, ¿verdad?
Gracias por la visita.
Llorooooo 😭😭