«Homofobia» Fic de Monnyca16

Capítulo 11

“Hablando se entiende la gente”

—¿Puedes dejar de caminar en círculos? —Gustav cargó a Heinrich al ver que andaba en círculos al igual que su dueño.

Bill meneó la cabeza de izquierda a derecha, en negación. No podía. Simplemente no podía tomárselo con calma; Tom llegaría en cualquier momento y le estaban dando náuseas por el exceso de nervios, su corazón no dejaba de latir apresuradamente y su cara seguía roja, incluso ya comenzaba a transpirar.

—¿Qué se supone que voy a decirle? Ni siquiera sé cómo comenzar una conversación con él —tronó, levantando las manos y auto abrazándose, buscando con eso sentirse al menos un poco menos histérico.

Gus bufó, amansando al can y viendo fijamente los brillosos ojos de su amigo. Bill jamás se había puesto tan dramático y verlo así le había provocado mucha gracia, sin embargo, no quería reírse porque la situación era seria, o más o menos.

—No digas nada, deja que hable y verás que luego podrás hablar con mucha facilidad. Entiendo tus nervios, pero ya vas a ver que pronto se te van a quitar.

—¿Tú crees? —Instó incrédulo, terminando por sentarse en la cama. Gus asintió—. Lo que pasa es que…bueno.

—¿Qué pasa?

—Yo quiero…ya sabes, quiero que Tom me toque y todo, pero no quiero ir más allá hoy en la noche. No estoy seguro de lo que me dirá Tom, pero de lo que sí estoy seguro es que esta noche no quiero tener sexo con él. Ni esta noche ni otras próximas.

—Ajá. —Movió la mano para que Bill continuara.

—Para el sexo quiero esperar, aunque no estoy seguro si él quiere que tengamos algo sexual. No quiero pasar vergüenzas con él si por alguna razón llegara a ensuciarlo. Estuve leyendo mucho sobre el sexo anal y quiero estar limpio, completamente limpio y preparado antes de hacerlo.

—¿Entonces te daría vergüenza mancharlo de mierda cuando te la meta? —Interpeló, haciendo una mueca.

—No lo digas tan feo, pero sí. Además quiero oler muy bien, quiero estar muy limpio. ¿Tú nunca has pensado limpiarte antes de estar con Georg?

Gustav rodó los ojos, pensativo.

—Nunca me lo había preguntado, pero supongo que antes de tener sexo necesitaría estar muy limpio y preparado para sentir dolor, porque por lo visto duele mucho la primera vez —contó algo asustado, estremeciéndose.

—Por un momento me había olvidado del dolor ¿Dolerá mucho?

—Pues no lo sé, nunca me la han metido, Bill. Si Georg algún día me propone hacerlo, creo que entraría en pánico. Tener sexo es demasiado íntimo, algo más allá de placer ¿Sabes? Se trata de conocer ambos cuerpos, encontrar los puntos débiles, dar y recibir placer y tener la confianza para que vean todas las expresiones excitadas. ¿Será lo mismo estar con un hombre que con una mujer? —Su pregunta lo hizo dudar.

Bill se encogió en su lugar. —Ni idea —murmuró, escuchando el motor de un vehículo. Asombrado, corrió para asomarse por la ventana y al ver que se traba de Tom, se paralizó —. ¡Está aquí! —Echó un gritillo, tropezándose con el pie de Gus cuando quiso coger a Heinrich y esconderse. Por suerte no se cayó, pero eso no le quitó importancia a que Tom estuviese tocando la puerta de Gustav en esos momentos —. Dile que no estoy, que ya me fui y que no sabes a dónde ¿Sí? Hazlo por mí ¿Sí? Gus… ¿sí?

—No, no seas cobarde, Bill. Nada va a pasar, además esta es una buena oportunidad para que hablen. Sólo van a hablar y verse, no es nada del otro mundo, además ya has dormido con él. —Elevó las cejas al recordárselo. Era cierto. No debía estar tan nervioso, sólo era Tom. No debía temer. No debía tener vergüenza. Sólo era Tom…sólo Tom.

Luego de respirar, Bill asintió, cargando a su can y dirigiéndose a la puerta para bajar las escaleras y recibir a Tom. Gustav lo siguió para poder despedirlo

Los pasos de Bill eran lentos, pero no tardó mucho para llegar hasta la puerta y pararse frente a ella para tomar una gran bocanada de oxígeno, logrando sentirse un poco menos nervioso. Su cuerpo temblaba, pero podía soportar esa reacción.

Agarró la manija de la puerta, apartó el seguro y la rotó, abriéndola después. Lo primero que vio fue el pecho de Tom, pero logró –a como pudo-, virar hasta sus ojos.

—Hola —sin estar seguro de qué decir, Bill articuló quedito, notando que Tom lo inspeccionaba bien antes de contestarle.

—¿Por qué tienes los ojos rojos? —Bill infló las mejillas, sabía que debió mirarse al espejo antes de que Tom lo viera—. Despídete de tu amigo, nos vamos a casa.

—Claro, vayan con cuidado —Gus interrumpió, dándole unas palmaditas a Bill y empujándolo muy lentamente hasta tenerlo fuera de su casa.

Bill sonrió para sí mismo, feliz de estar junto a Tom nuevamente. Ya comenzaba a extrañarlo y ni siquiera llevaban un día separados. —Buenas noches, Gus.

Gustav asintió. —Buenas noches, Bill.

Al oírlos, Tom le sonrió a Gustav y sujetó la muñeca de Bill, llevándolo calmadamente hasta la camioneta. Le abrió la puerta y esperó a que se sentara para abrocharle el cinturón de seguridad y cerrar la puerta. Rodeó el vehículo y fue hasta su puerta, la abrió y rápido se puso el cinturón, mirando de re ojo a Bill, quien miraba la ventana al mismo tiempo que acariciaba a Heinrich.

Tom quiso decir algo, pero prefirió el silencio para pensar muy bien en cómo le contaría a Bill todo lo que pensaba. Quería hacerlo de manera correcta, sin asustar a nadie, relajado y firme. Quería que Bill no saliera corriendo como antes.

&

Los quince minutos de camino a la casa de Tom fueron muy tranquilos para Bill. Había tomado esos minutos para relajarse, para tranquilizarse y fantasear. Después de todo quería escuchar a Tom y ver qué cambios tendría su relación con él.

El frenado de Tom y el motor en descanso avisó a Bill para desabrocharse el cinturón de seguridad. Habían llegado a casa y en esos momentos por fin hablarían seriamente de su situación. Porque ambos sabían que era necesario hablar, discutir algunos puntos y aclarar los malos entendidos. Era hora de ser sinceros y de afrontarlo.

—Yo te abriré la puerta —dijo Tom, deteniendo a Bill, que trataba de abrir la puerta para salir.

—Puedo hacerlo por mí mismo —Bill se sinceró. Amaba que Tom le abriera la puerta, que le abrochara el cinturón, pero podía hacerlo por él mismo. No era débil y no quería ser tratado como uno después de todo. Bill podía, podía hacer ese tipo de cosas.

Tom se quedó callado, dejando que Bill saliera por su propia cuenta con el can en brazos. Luego Tom hizo lo mismo, caminando hasta la puerta de la casa y abrirla, dejando pasar primero a Bill. Éste pasó muy lentamente, percibiendo a Tom tras su cuerpo.

—Siéntate —ofreció Tom.

Bill dejó a Heinrich en el suelo. —Prefiero estar parado.

—De acuerdo. Necesito hablar primero, o tú ¿tienes algo qué decir antes? —Bill se negó—. No sé en realidad cómo comenzar, son muchos los puntos que quiero aclarar —alzó una ceja, mirando directo a Bill, fusionándose de ese modo con él—. El punto principal es que me gustas, me gustas demasiado.

Esa había sido, indiscutiblemente, la segunda vez que Tom se le confesaba. Y Bill estaba agradecido, estaba feliz, porque era mutuo. Ambos se gustaban, los dos tenían muchas cosas que decir y con simplemente mirarse a los ojos podían comprenderse. Su conexión había ido en incremento, beneficiándolos, pero también haciendo que surgieran pequeños conflictos por pensamientos íntimos que diferían.

—Nunca creí sentir algo así por alguien, pero contigo lo hago y ese gusto está creciendo demasiado rápido —expuso tranquilamente, viendo lo apabullado que Bill se encontraba—. Es decir, tengo miedo de dar un mal paso y que te vayas. Temo perderte, por eso te tengo aquí ahora mismo, por eso no quiero que te vayas de mi cama sin avisar. Eres un adolescente después de todo y me gustas así, tu edad y tu físico me hace excitar, me excitas mucho. Demasiado. No sé cómo llegó ese deseo, pero me atraes mucho sexualmente. —Los ojos de Bill se entrecerraron, sorprendido por lo directas que eran las palabras de Tom—. Así que si me he portado distante, es por eso. No quiero dar un mal paso porque recuerdo que apenas estamos comenzando una relación, apenas nos estamos conociendo. Para mí fue demasiado difícil cambiar mi modo de ver las cosas acerca de la homosexualidad, fue todo un descubrimiento, por ello mi idea central era mantener una relación sin actividad sexual, pero al verte esa idea se perdió. Y no entiendo cómo pude proponerme a mantener una relación sin acercamiento sexual si yo no estoy acostumbrado a eso. Yo estoy acostumbrado a mantener relaciones sexuales cotidianamente, y estas últimas semanas simplemente no las he tenido, debido a todos los cambios, a la cancelación de la boda, a mi decisión por tenerte cerca. Pero ahora, cuando estoy contigo, he deseado hacerlo. Deseo tocarte, besarte, conocer todo tu cuerpo y hacerte el amor a cada maldito momento. Pero no quiero que lo malinterpretes. Por eso no me he animado a besarte si quiera, por eso me pongo incómodo cuando te acercas y me acaricias. No quiero que pienses que sólo me gustas de manera sexual, simplemente quiero que alguna vez lleguemos a cruzar la línea sin ningún problema. Quiero tenerte en todos los sentidos, descubrir contigo y tener una relación seria. Porque yo no estoy jugando, yo estoy yendo demasiado en serio contigo. Hace un rato no te rechacé, simplemente estaba seguro que si llegábamos a besarnos no podría detenerme, y no sabía si estabas bien con eso. Ahora quiero que me digas qué piensas de todo esto, del tema sexual, de mí, de tener una relación seria conmigo.

La boca de Bill se abrió. Estaba pasmado, avergonzado. Estaba aliviado, pero también muy sensible por saber que excitaba a Tom; todo el tiempo pensó que quizá no le parecía atractivo sexualmente, pero ahora se daba cuenta que estaba absolutamente equivocado.

Bill curveó los labios, satisfecho. Todo había sido un malentendido, una falsa alarma. Podía sentir su cara roja, pero no le importaba, estaba jodidamente feliz.

—También me gustas mucho —musitó, viéndolo esta vez a la cara—, y tengo miedos al igual que tú. Ahora me siento muy aliviado, pensé que la edad tenía que ver, creí que me evitabas por la diferencia de edad, pero ahora veo que el problema no es ese. Me imaginé de todo, y también estaba avergonzado por portarme lanzado contigo, pero me haces tener impulsos por acercarme y sentirte cerca. Y…por mí no hay problema con que me toques, que me beses, porque yo quiero que lo hagas. —Tom pareció sonreír con lo antes dicho—. Te estoy tomando en serio, nunca serías un juego para mí. Pero hay algo en lo que quiero ser sincero. —Se detuvo, buscando la aprobación de Tom para continuar.

—Dilo.

Bill cerró los ojos con fuerza, respirando muy profundo. Era momento para sincerarse, ese era el gran momento para que Tom supiera la verdad sobre Bill.

—Yo no era homosexual como te hice creer. Nunca, nunca he tenido algo con un hombre. Desde un principio te hice creer que era gay porque, bueno…te quería lejos de Amanda, quería vengarme. Eres el único hombre al que he besado, y el único que me gusta y me ha gustado. —Nuevamente respiró hondo, llenándose totalmente—. Entonces yo soy virgen en ese aspecto, nadie ha metido nada en mí…. Y amm, lo que sí he tenido es experiencia con mujeres, aunque nunca llegué muy lejos con ellas. Es decir, al tratar de penetrarlas siempre pasaba algo que hacía que ese momento fallara. Nunca he estado con alguien totalmente. Por eso, considerando eso, soy virgen. Así que… sobre hacer el amor, tendrá que esperar un poco más hasta que esté listo.

Dubitativo, Tom se lamió el labio inferior, hilando ideas; ahora podía entender más sobre Bill, podía incluso ver que ni siquiera era bueno vengándose de la gente, eso era bastante adorable. Sin más, muy en el fondo, se sintió bien de que Bill no fuese homosexual en el primer momento, porque aun así Bill había sido la persona que lo había puesto de cabeza, haciéndolo pensar en su pasado, en su homofobia, en lo injusto que había sido. Le ponía contento saber que Bill se había fijado en él sin tener gustos por hombres antes. Y aunque fuese difícil controlar sus deseos sexuales, se esforzaría por Bill, porque si Bill quería que fuera especial entonces buscaría que lo fuera. —Entiendo —musitó, metiéndose las manos en los bolsillos delanteros de su pantalón —. Es bueno ser el primero, nunca he sido el primero en algo.

Con esas palabras, la ansiedad de Bill bajó hasta un cinco por cierto. Se había sentido tan bien hablar y decir la verdad, tanto que sonrió mucho, en grande, sin mirar a Tom directamente, pero expresando lo bien que estaba sintiéndose.

Tom quería contarle sobre la raíz de su homofobia, pero prefería esperar un poco más, además era demasiada información por esa noche. Por eso, al ver la agraciada sonrisa de Bill y perdiéndose en ella, Tom se inclinó para mirarlo de cerca, alcanzando a oler su dulce aroma.

Bill se estremeció debido a la cercanía, pero no se apartó. No quería que Tom se alejara, quería continuar, por ello subió las manos a su pecho y las deslizó hacia arriba, hasta sostenerse bien de su cuello. Sus manos temblaban, pero pudo tocar perfectamente las rastas de Tom con las puntas de los dedos. Esa posición le encantaba, porque no era demasiado alto como Tom y le parecía erótico que éste se inclinara para cerrar distancias.

Ya en alerta, Tom posó sus manos en la cadera de Bill, sintiéndolo por primera vez. Sus manos ascendieron lentamente hasta envolver su cintura con cuidado, adorando cuán pequeño estaba, haciendo a Bill sentir el estómago revolotear tras la sensación tan tibia.

Situando los brazos alrededor de la cabeza de Tom, dejando las manos justo sobre su frente, Bill lo acercó un poco más, poniéndose cómodo. Con las yemas de los dedos, tocó las cejas pobladas de Tom, alcanzando también un poco de su frente y mejillas. Al llegar a su barba se detuvo; sabía que si la tocaba no dejaría de acariciarla. Su corazón no dejaba de latir rápido, pero no quería que Tom fuera el único que se esforzara.

Tom ladeó el rostro, acercándose más, lento, hasta tocar con la punta de su nariz la de Bill, dejándolo paralizado y con los ojos entrecerrados pero fijos en los suyos. Tras acariciar sutilmente la punta de su nariz, acortó un poco más la distancia, dándose cuenta que Bill se estremeció y terminó por cerrar los ojos.

Bill estaba absolutamente rojo, pero no quería que se detuviera, por tal razón se apegó más cuando Tom lo besó, primero por sobre los labios, luego abriendo la boca y haciendo que la abriera de igual manera, como él. La sensación del vello facial que rosaba con su piel, llegó a estremecerlo, señal que Tom recibió al instante al darse cuenta que por la espalda de Bill había pasado un enorme escalofrío.

El rose de sus labios se había intensificado rápido, agitando a Bill, pero haciéndolo desear más al percibir que la lengua de Tom comenzaba a hacer su aparición dentro de su boca, pasando resbaladizamente para envolver a la suya. Tal acto lo obligó a abrir más la boca, chocando un poco sus dientes con los de Tom, pero logrando acomodarse para una mejor captura.

Había cerrado los ojos y se sentía flotar mientras era sostenido fuertemente por Tom, siguiendo sus besos, dando algunos y respirando aceleradamente, con falta de aire. Los latidos de su corazón habían subido hasta su garganta, debilitándolo muy lentamente, pero los brazos de Tom lo envolvían, dándole de ese modo fuerzas y oxígeno para proseguir.

De un jadeo a otro, Bill pudo fijarse en los movimientos de Tom, sintiendo que sus enormes manos ya no estaban en su cintura, sino en su cadera y que peligrosamente bajaban, tocando el comienzo de su trasero, bajarían un poco más si Heinrich no hubiese ladrado a un costado, interrumpiéndolos.

No supo cómo tomar aquello, pero se separó de Tom para ver a su mascota, que seguía ladrando. Rememoró entonces lo que Tom le había dicho y estaba seguro que si Heinrich no hubiese ladrado entonces Tom no se abría detenido. ¿Hasta qué punto hubiesen llegado? Tom era un hombre y estaba cachondo, y Bill estaba nervioso por eso, más porque le importaba estar preparado para cuando Tom lo acariciara con más intimidad.

—Tiene hambre, no ha comido —se justificó Bill, apartando las manos del cuello de Tom. Éste comprendió, sabiendo que si el perro no los hubiera detenido entonces tocaría en lugares que tal vez no estaban permitidos.

Viendo que Bill sacaba la bolsa de croquetas y se sentaba en el suelo, Tom se acercó.

—Sobre lo que pasó antes ¿hasta dónde puedo tocar? ¿Hasta qué lugar tengo permitido tocarte? —Prefirió cuestionar, notando que Bill pensaba muy seriamente, avergonzado pero contento.

—Puedes tocarme en donde quieras, pero sin ir más allá, ¿me entiendes?

A Tom no le agradaba que le pusieran un ‘hasta aquí’, pero Bill era diferente. Bill era virgen y lo respetaría por completo.

—¿Puedo tocar por debajo de la ropa?

—Bueno…sí, un poco, sí —balbuceó un poco.

—Mejor hagamos esto, cuando te sientas incómodo o no te agrade algo, me lo dices en el momento, ¿de acuerdo? Quiero que me digas todo lo que te parece bien o mal, ¿está bien?

Entonces, una sonrisa apareció en los labios del chiquillo. —Síp, yo te diré todo, no te preocupes. Como por ejemplo: me gusta mucho tu barba, siento cosquillas cuando me besas —se sinceró, mordiéndose el labio.

—Lo que pasa es que eres demasiado suave. Eres demasiado suave y delgado.

—¿Soy delgado feo o bonito? —Levantó las cejas para esperar respuesta.

—Bonito, pero algunas veces siento que si te aprieto fuerte puedo lastimarte

—Yo soy fuerte, Tom. No dudes de ello —admitió firmemente.

Tom respiró profundo.

—No lo dudo, pero supongo que simplemente no estoy acostumbrado a sentirte. Eres demasiado…—Juntó las manos, tratando de idearse una forma—, pequeño, tu cintura la puedo cubrir con una mano extendida.

—Por supuesto que no, no soy tan delgado como para que pase eso —Bill se levantó del suelo y fue hasta Tom, parándosele al frente —, a ver, vamos a ver para verificar —sonrió, sujetando una de las manos de Tom y situándola en su espalda baja, subiendo un poco más para medir su cintura, dándose cuenta que evidentemente su cintura medía igual que la mano extendida de Tom, pero luego recapituló que la mano de éste era demasiado grande.

—Lo ves, y eso que tienes mucha ropa puesta, apuesto a que es más pequeña sin la ropa —indicó, apretando la cintura de Bill fuertemente, atrayéndolo—. ¿Te duele cuando te aprieto así? —Bill dijo que no, meneando la cabeza de un lado a otro, recibiendo el sorpresivo beso que Tom le daba, lento y cálido.

Besarse con Tom había pasado de ser algo cotizado a algo muy común entre ellos. Tom simplemente tenía ganas de besarlo y Bill de que lo besara.

Nuevamente los ladridos de Heinrich fueron la causa de su separación.

—Creo que está celoso —asumió Bill, besando nuevamente a Tom, dejando varios besos continuos y ruidosos, pegajosos, hasta detenerse e ir por Heinrich para cargarlo.

—Ahora el celoso es otro —mencionó el rastudo, siguiendo a Bill y sentándose en el sofá junto a él y Heinrich –el can en medio, separándolos.

—¿Quién? ¿Tú? —Se rió, prendiendo la TV y virando a su acompañante de re ojo. Quería ver las noticias para saber a cuántos grados estaban porque comenzaba a sentir mucho frío.

—¿Quién más? —Ironizó, acercándose lo suficiente a los labios de Bill y escuchando que Heinrich gruñía, enfadado.

Simplemente midiendo la distancia, Tom le puso una mano en la cabeza al perro para hundirlo en el almohadón y calmarlo.

Al ver los ojos de Bill, Tom supo que algo andaba mal. A Bill no le había parecido lo que había hecho con su perro, por ello soltó al animal y escuchó con atención lo que el chiquillo le espetaba:

—¡No le hagas daño, pudiste matarlo, Tom! —Agarró al can y lo puso sobre su pecho —. No le vuelvas a poner una mano encima.

Un silencio los embriagó a los dos, asustando a Bill.

—De acuerdo. —Cuando apenas Tom contestó, se paró y fue a la cocina para comenzar a limpiar un poco el desorden. Bill desde su lugar lo vio, acarició la cabeza de su mascota y posteriormente la dejó en el suelo, permitiéndose ir con Tom.

—¿Estás enojado?

—No

—¿Estás seguro? No es que prefiera a Heinrich, es que…—Tom lo escuchó mientras ponía en una gran bolsa las cajas de pizza—, sólo no lo toques tosco, yo sabré qué hacer cuando nos interrumpa.

Dejando a un lado las cosas, Tom fue hasta Bill, acorralándolo en la cocina integral, hasta hacer que sus narices se tocaran y sus ojos hicieran conexión.

Bill se paró de puntas para besarlo primero, dejando un beso rápido y dulce, de disculpa. Tom devolvió el beso lentamente, probando el sabor de Bill. Sabía a dulces y no sabía por qué si ni quiera había comido ninguno. Pero lo que no podía entender totalmente era el hecho de estar con Bill de una forma normal, dándose besos de la nada y fácilmente.

Heinrich volvió a hacer su aparición, ladrándole a Tom, incluso tratando de morderle el zapato, pero Bill fue esta vez quien lo detuvo. — ¡Heinrich, detente! ¡Estoy saliendo con Tom, así que detente.

De los labios del rastudo salió una risilla. Bill era tan adorable que le hablaba al perro como si fuera una persona. Para suerte de ambos, Heinrich se fue con la cola entre las patas de la cocina.

—Nunca lo había regañado ¿Estará bien? —Le preguntó a Tom, alarmado.

—Estará bien, sólo que lo consientes mucho. Lo tratas como si fuese como nosotros.

—Es como nosotros, Tom —refutó, plantándole un beso rápido y cariñoso. Ya no le daba vergüenza, no sentía que hacía mal porque sabía que Tom quería ese tipo de relación.

Tom le acarició la mejilla con las yemas de los dedos. Sus manos no eran suaves como las de Bill, de hecho estaban callosas, sin embargo, al chiquillo parecía gustarle ese tacto, porque se dejaba hacer, casi como un gatito, ronroneando.

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Ambos decidieron tomar una ducha, Bill lo hizo primero y seguido de él fue Tom. Se bañaron por separado porque sería demasiado rápido verse desnudos y estar compartiendo la regadera. Tom sabía que Bill quería las cosas lentas y divertidas, y eso quería darle.

Terminando de secarse las rastas y ponerse el bóxer, Tom fue hasta su habitación, visualizando a Bill desde la puerta. Ya estaba dormido y cubierto. Se acercó hasta sentarse a un lado para verlo, apartándole algunos cabellos de la frente y besándolo ahí, sintiendo cómo su pene comenzaba a ponerse rígido.

No quería ser un pervertido, pero estaba excitado y mucho. Más al ver que Bill tenía un hombro descubierto. Le subió la manga sorpresivamente para evitar verlo. Porque Bill no se merecía eso, porque era muy puro, dulce, y merecía que lo respetaran.

Depositó un beso en su mejilla y fue al baño para ocuparse de sus testículos adoloridos. Al llegar, se quitó el bóxer y envolvió rápido su erección con el largo de su mano, amasándose, desde el glande hasta la base, apretando fuerte y luego suave. Acarició la hendidura de su pene con el pulgar, trazando círculos rápidos y bajando, esparciendo de ese modo el líquido seminal que salía a borbotones de su rejilla.

La velocidad de su mano aumentó al darse cuenta que eyacularía en cualquier momento, pero se sentía tan bien que quería más aunque su pene estuviera sensible y no soportara más la fricción. Incluso después de haber evacuado semen el movimiento de su mano no se detuvo, sólo hasta que su espalda se arqueo duramente, en ruego para que se detuviera.

Terminando respiró ruidosamente, con sed, se duchó nuevamente, esta vez sólo del cuerpo y fue hasta su habitación.

Esa noche durmió con Bill, abrazándolo por la espalda, cuidándolo más que antes.

&

Una semana después…

Miércoles 3 de diciembre.

En su último día de trabajo, ya listo para sus vacaciones, Georg llevó a Gustav para que conociera un poco más de su oficio. Ese día no tenía pacientes, pero guardaría los expedientes y terminaría de hacer su horario junto a su secretaria.

Y como siempre, Gustav sintió muchos celos cuando Elvia hacía chocar sus manos con las de Georg por accidente, y sabía que ella lo retaba, porque le echaba unas miradas engañosas, de repulsión.

Impaciente, Gus se contuvo y esperó a que todo terminara, pero no logró aguantarse más cuando Elvia le dio un abrazo de ‘feliz navidad’ a Georg. Todavía no era navidad, pero ella no podía aguantarse las ganas de abrazarlo. Gus no pudo aguantarlo porque no era un abrazo cualquiera ni de colegas, era un abrazo que para ella significaba algo diferente; lo abrazaba por el cuello y miraba a Gustav, retándolo por milésima ocasión.

—Como sea, feliz navidad y feliz año nuevo —Gus interrumpió, jalando a Georg y abrazándolo, acaparándolo por completo. Le dio un sorpresivo beso en los labios y dejó caer la cabeza en su pecho, sonriendo en grande al percatarse de que Georg depositaba un beso en su pelo.

Estaba feliz porque Georg lo prefería a él y no a Elvia. Había ganado.

—Nos veremos el otro año, Georg —dijo ella, sonriente, saliendo del lugar.

Gus respiró estridentemente y se separó de Georg, tomando aire.

—Eso fue de mala educación.

—Ella quería violarte —espetó, contradiciendo, viéndolo fijamente, pinchándole el pecho con el dedo índice —. Y tú eres mío. Simplemente tengo que cuidar lo que es mío.

—¿Y qué me dices del mensaje que te llegó hace como dos horas? ¿Cómo se llama? ¿Paula? ¿Estefany? ¿Claudia? —Arremetió, agarrando la muñeca de Gustav.

—Era una amiga que me invitaba a ver el desfile de navidad, pero le dije que mi novio me acompañaría. —Levantó la ceja derecha, pícaro.

La voz de Gustav se escuchaba lo suficientemente normal para tranquilizar a Georg. Al parecer Gus no tenía vergüenza por ser gay.

—¿Aceptaste ser mi novio y ni siquiera me lo comentaste? —Río, recordando que días atrás le había propuesto que fueran novios. Había sido luego de un largo beso húmedo. Llevaban tiempo que se tocaban e incluso durmieron juntos todo un fin de semana, sin pasar a tener sexo, pero ya eran tan cercanos como Bill y Tom al menos a la hora de dormir.

—Quería que fuera sorpresa —canturreó Gus, jugando con las mejillas de su ahora novio —. Sólo lo sabe Bill y unos cuantos más si es que pasaron el chisme, mi familia no lo sabe todavía, pero no se los quiero decir en estos momentos, ya viene navidad y se las arruinaría. Estoy seguro que no estarán de acuerdo, además soy un menor de edad, posiblemente quieran quitarte el prestigio y meterte a la cárcel —complementó, plantándole un beso en los labios, sonriendo—. Por eso hay que esperar a que tenga 18 ¿sí?

—Me parece bien, pero cuídame bien —se rió, devolviendo el beso—, yo te cuidaré.

&

Llevaban una semana en el proceso de conocerse, semana que utilizaron para besarse, ver películas, salir, comer juntos, dormir juntos, jugar videojuegos y tocarse un poco, pero sin excederse. Todavía no tenían relaciones sexuales, pero había días que Tom metía las manos por debajo de camiseta de Bill y lo acariciaba, y otras en las cuales le agarraba el trasero y se lo apretaba, pero nada pasaba después de ahí.

Para los dos había sido muy gracioso convivir porque se divertían mucho y se entendían a la perfección en todas sus pláticas y miradas. Eran tal para cual y eso había sido gratificante y que compensaba muchas circunstancias. Frank inclusive había visitado la casa de Tom para ver cómo estaba viviendo Bill. Amanda no se había parado ni aparecido ningún lado. Pero eso no importaba, lo que realmente importaba era el progreso que ambos estaban teniendo.

Bill se había tomado esa semana para pensar en su sexualidad. Llegó a investigar en internet sobre la limpieza anal, leyendo anécdotas y comprando todo para hacerse enemas en casa, mientras Tom dormía. Justo ayer se había hecho su primer enema mientras se bañaba. Tom se había quejado por haberse tardado, pero no importaba. Era secreto y necesitaba ir acostumbrándose a los enemas para que su recto estuviera limpio. Imaginaba que debía meterse los dedos para verificar que su esfínter estuviese totalmente limpio, pero todavía no estaba listo para ello. Quería que el primero que lo tocara ahí fuera Tom, pero también quería estar muy limpio y era necesario checarse antes de permitir que Tom lo tocara.

Otro aspecto importante había sido la depilación. Bill no tenía mucho vello, pero igual ayer había ido a la casa de Gustav para depilarse junto a él. Los dos se depilaron el poco vello que tenían cerca del escroto y alrededor del ano. Había sido doloroso porque no era con rastrillo sino con cera. Y había quedado grandioso, los resultados habían sido excelentes. Sentía que cada vez más estaba listo para Tom. Quería que todo saliera perfecto cuando tuvieran su primera vez.

—¿Entonces qué haremos para navidad? —Bill gritó desde la sala, al ver que Tom bajaba las escaleras, soportando los ladridos de Heinrich.

El can lo odiaba cada vez que se acercaba a Bill, pero ambos creían que Heinrich se calmaría cuando se acostumbrara a la relación sentimental que tenían.

—Pavo no quiero —Tom opinó—, estoy harto del pavo ¿y si cenamos pizza esa noche?

Bill asintió rápido. —Pero hecha por nosotros. ¿Ya tienes lo que le vas a pedir a Santa?

—Santa no existe —objetó el más alto, deteniéndose para ver de cerca a Bill.

—Seré tu Santa, así que pide y yo te lo traeré. Pero tú también debes de ser mi Santa.

Tom curveó los labios, formando una sonrisa tranquila. Le encantaba lo dulce e ingenuo que Bill era a veces. Lo cierto era que Tom ya tenía pensado ser Santa Claus para Bill sin recibir nada a cambio.

—Seré tu Santa no te preocupes. —Tom le palmeó suavemente la cabeza, perdiéndose en sus ojos, notando también que estaba un poco maquillado, sólo un poco. A Tom no le molestaba en lo absoluto, de hecho era quien se preocupaba por las veces que no se maquillaba. Le gustaba Bill en todas sus formas, antes y después de dormir, sucio o limpio, grosero o gentil. Seguía gustándole aunque fuera dramático y algunas veces enojón.

—Falta poco para que pase el desfile y no me he cambiado —dijo Bill, mirándose a sí mismo.

—Te vez bien con lo que traes puesto.

Los oscuros ojos de Bill brillaron al oírlo, porque para Tom siempre se miraba bien. Esa noche traía unas pantuflas, mallas súper calientes y un grandísimo suéter negro, de Tom, por supuesto. En sus manos tenía unos guantes de perritos de peluche –color rosa y café, que usaba para jugar con Heinrich. Tom los había comprado porque a Bill le parecían bonitos y vaya que los disfrutaba, además eran muy tibios y lo mantenían cálido.

—¿Qué es eso? ¡Tom! ¡Es el desfile! —Gritó al escuchar que las canciones navideñas comenzaban a sonar por los altavoces. Saltó dos veces en su sitio y corrió hasta la puerta, sin quitarse los guantes de perrito. Heinrich se fue a acostar en el sillón, sumiéndose bajo uno de los almohadones, dejándole a Tom el camino libre para ir con Bill.

Tom tomó dos bufandas y fue hasta Bill, poniéndole una rápidamente. Bill estuvo impaciente, pero salió disparado apenas Tom se la acomodó. En el camino Tom se puso la suya, siguiendo a Bill, que caminaba rápido para ver el desfile que pasaba por las calles. Justo en una grande avenida y con gente reunida, llegaron a tiempo.

Tom se situó tras Bill, comenzando a ver la función. Eran bastantes carros decorados, gente vestida de ángeles, de árboles, campanas, esferas, vestidos del propio Santa Claus. Había mucha luz y regalos que aventaban mientras pasaban. Y Bill estaba emocionado, Tom lo sabía por cómo les decía ‘adiós’ -a los participantes del desfile- con las manos enguantadas. La gente se le quedaba viendo por sus bonitos guantes de perros, pero a Bill no le importaba, y a Tom tampoco.

Por suerte Bill alcanzó una lamparita de colores que aventaron desde el centro del desfile. Estaba muy oscuro, pero estaba seguro que con su lamparita nueva tendrían luz para cuando todo terminara.

Durante cinco minutos Tom observó cuan emocionado estaba Bill, lo miró con esmero. Le gustaba cómo se miraba ese día, y también lo feliz que las fechas navideñas lo ponían. A pesar de llevar poco tiempo juntos estaba seguro de que había tomado la mejor decisión al intentarlo con él. Había sido placentero poner sus sentimientos en orden y darse una oportunidad con un chico, con Bill.

No todo era color de rosa, pero estaba seguro que si todo fuera perfecto entonces nada sería divertido. Bill tenía lo que él necesitaba y le daba paz. Era increíble aceptarlo, pero así era. Bill y él eran el uno para el otro, estaba seguro de ello. Muy seguro de quererlo solo para él cuando vio que un chico no dejaba de ver a Bill. Y no era la primera vez que otro hombre miraba a Bill, tampoco era la primera vez que se enojaba por ello.

Estaba celoso, lo aceptaba. Porque cuando miraban a Bill estaban llenos de morbo, porque no lo miraban como lo que era: un chico lindo y noble. Y esa noche, frente al desfile, pudo ver que visualizaban a Bill con curiosidad y morbo, viéndolo desde los pies a la cabeza, sin importar que estuviera ridículamente vestido.

Bill no se daba cuenta, nunca lo hacía, pero Tom sí y le molestaba que otros pusieran los ojos en él a pesar de ver que ya estaba acompañado. Tom no era invisible ni idiota, pero tampoco era un busca pleitos, así que simplemente se apegó totalmente a Bill para situar las manos en su cadera,

Al sentirlo, Bill echó la cabeza para atrás, justo en su pecho, para mirarlo, sonriente. Luego le prestó toda su atención al desfile. Hasta que todo terminó y la mayoría de la gente se fue a sus casas. Bill y Tom fueron de los últimos en marcharse, y lo habían hecho sólo porque tenían hambre y porque Tom insistía en que Bill no estaba bien abrigado.

—Que no me enfermo, Tom. No tengo frío, de verdad —dijo por enésima vez, durante el camino. Tom lo dudó —. Pero estuvo grandioso, ¿verdad? Y mira, esta cosa está genial. —Levantó la lamparita y la prendió. Tom asintió, agarrando la mano enguantada de Bill para que no se adelantara al caminar.

—¿Por qué no le pones a tu camioneta algunas luces? Se vería muy bien, oye, por cierto, no hemos puesto el árbol de navidad. Ya lo quiero poner, y también tenemos que decorar la casa, urge ir de compras —canturreó, sintiéndose feliz porque amaba las compras y más porque Tom no se detenía con ellas. Tom no era tacaño y le compraba todo lo que quería.

—Pues tenemos toda el tiempo para hacerlo, pero tienes que levantarte temprano —Bill hizo un mohín. Los últimos días se había despertado muy tarde, y le costaría trabajo madrugar. Iba a reprochar sobre el tema de ‘levantarse temprano’, pero algo llamó su atención. Era la mano de Tom y la suya juntas, unidas por primera vez, como una verdadera pareja.

Con la boca abierta, se detuvo, deteniendo también a Tom, apretando su mano con la de Tom y levantando ambas palmas entrelazadas. Tras zangolotearlas varias veces, pudo hablar:

—¿Cuándo lo hiciste que no me di cuenta?

Tom enarcó el entrecejo, confundido. —Hace como…No sé, ¿dos minutos?

Bill parpadeó dos veces, decepcionado, pero sin soltar la mano de Tom.

—¡Tom! ¿Por qué no me di cuenta? Se suponía que ese momento sería especial y ha quedado arruinado. Se suponía que yo sentiría que rosabas tu mano con la mía y que después de varios roses me agarrabas la mano suavemente mientras caminábamos, hasta entrelazar nuestros dedos y luego reír estúpidamente después de un silencio tormentoso. ¿Por qué ha pasado de otra manera? Había soñado con ese momento y no pasó como quería.

—Bueno, tienes la mano enguantada, ¿podría decirse que no cuenta? —Le soltó la mano rápido, dándose cuenta que Bill se encogía de hombros —. Sólo olvida que te agarré la mano y listo, la tenías enguantada y no cuenta —pidió cuidadosamente, tratando de animar a Bill—. Joder, Bill, es que no me comentaste cómo querías que pasara esto.

—No se cuenta, Tom. ¿Cómo te contaría lo que yo esperaba de ese momento? —Dijo inquieto, aturdido.

—No pensé que fuese tan importante —se justificó, agarrando a Bill por los hombros.

—Había soñado con ese momento desde que me gustaste.

—Pero hace un momento no dejabas de hablar, estabas tan emocionado que no te diste cuenta —comentó, tratando de solucionarlo.

—¿Me estás echando la culpa?

—No ¡No! Sólo…mierda, esto es algo que no me esperaba.

—Ni yo —declaró, alzándose de hombros, resignado por fin. Tom se sintió relajado cuando vio que Bill sonreía como tonto—, de todos modos supongo que es lindo que me agarraras de la mano cuando estaba distraído ¿No es así?

Lo era. Tom asintió para confortarlo, agarrando la mano de Bill para quitarle el guante, rosarla un poco con sus nudillos, extenderla y entrelazarla. Bill sonrió, coqueto, viendo lo bien que se miraba su mano unida con la de Tom.

—Sólo te lo perdonaré por esta vez —Bill bromeó, jalándolo.

Tom le apretó la mano, comenzando a caminar de la mano junto a él, por primera vez.

Continúa…

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Un comentario en «Homofobia 11»

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