«Homofobia» Fic de Monnyca16
Capítulo 12 (P.1)
“Explorando cuerpos”
12 de diciembre
—¿Vamos a ver pornografía homosexual? —Tom cuestionó al notar que Georg llevaba en una de sus manos una notebook mientras que en la otra sostenía un tazón enorme repleto de palomitas de maíz.
Minutos antes habían discutido puntos importantes acerca del sexo homosexual y estaban curiosos, aunque de hecho la pregunta de Tom iba más por broma que por curiosidad.
Previo a sentarse, Georg se rió, encendiendo la pequeña máquina, ofreciéndole luego las palomitas a Tom.
—¿Deberíamos ver algo de porno gay? —Al preguntarlo miró a Tom, que pensaba sobre ello. ¿Sería bueno ver pornografía gay? Tom nunca había visto o experimentado una penetración anal, aunque sinceramente le gustaba ver vídeos pornográficos heterosexuales, pero con la ya conocida penetración vaginal, lo común.
—Personalmente, me gustaría conocer a fondo con Bill —musitó, dejando a Georg muy sonriente. Sí, Georg también pensaba eso, pero le parecía bastante divertido hablar de pornografía gay.
—De hecho, pienso lo mismo pero con Gustav. —Suspiró aliviado al recordar los días pasados—. Últimamente hemos llegado muy lejos, Gustav perdió algunos miedos y vamos avanzando considerablemente. ¿Tú cómo vas con Bill? ¿Todo está bien?
—Seguimos en la etapa de besos y caricias equilibradas, me agrada, pero también me pone ansioso. Bill es demasiado adorable cuando comenzamos a darnos un tiempo a solas y de plena intimidad, pero como que está muy raro últimamente, se encierra en el baño por mucho tiempo.
—¿Ni del baño lo dejas hacer? —Se rió, golpeando el hombro de Tom. Éste le contestó con una mueca, irónico.
—Claro que le doy su espacio, no soy tan empalagoso, o eso creo…
—¿Eso crees? No lo dejas ni ver por la ventana, lo he notado. Deberías de darle más libertad, a lo mejor sólo necesitan eso para pasar al siguiente nivel
—¿Lo privo mucho de las cosas?
—Ayer le hablaste por teléfono más de 15 veces cuando fue con Gustav a una tienda comercial —le recordó el dato, afirmando que era muy jodidamente asfixiante.
—Bill no se ha quejado —protestó, echándose un puñado de palomitas en la boca.
—Bueno, si Bill no se ha quejado entonces no te enojes. —Sonrió pulcramente, señalando su portátil—. Mira, acabo de encontrar este blog de recomendaciones para sujetos activos.
Tom ladeó la cabeza al ver la pantalla del computador. Era un blog rosa, una gran comunidad gay. En letras negritas decía: Manual del “activo” perfecto.
Sin dudarlo, Tom se rió al ver la fotografía de un tipo con las piernas abiertas justo a un lado de la información.
—Tengo una idea de lo que tengo que hacer para cuidar de Bill, pero supongo que no está de más escuchar las recomendaciones que hallaste —concluyó con una respiración profunda.
Dando un clic, Georg abrió una página y comenzó a leer:
El listado que se presentará a continuación fue hecho por una comunidad homosexual con experiencia sobre el tema.
Recomendaciones para homosexuales activos:
1. Ábrete sésamo: Es necesario un previo calentamiento para lograr que tu compañero sexual se vaya abriendo a medida que crece la excitación. La lengua y los dedos pueden ser de gran ayuda, utilízalos con ‘cariño’.
—¿Qué mierda fue eso? ¿Se vaya abriendo?—Tom se inclinó para ver el blog que su amigo leía. ¿Qué diablos había sido eso? Sonaba muy rudo ese lenguaje. No le había gustado para nada la forma que utilizaron para expresarse de los detalles.
Georg se burló, pensaba lo mismo que Tom, pero se apresuró para seguir leyendo.
2. Entrando fuerte: Si te topas con un chico difícil (virgen) y quieres inundarlo de placer en su primera vez, puedes utilizar cremas especiales que se consiguen en cualquier sex shop y que tienen un efecto anestesiante. Reduciendo el dolor del pasivo te grabarás para la eternidad el recuerdo de esa primera vez. Nota: Procura que la crema no toque directamente la piel de tu pene porque te anestesiará a ti también y en lugar de dar placer, darás vergüenza.
—¡Hey! —Gritó Tom—. ¿Un chico difícil “virgen”? No estoy de acuerdo con eso, que sea virgen no quiere decir que sea difícil, más bien quiere decir que la primera vez tiene que ser importante y cuidadosa —murmuró, escuchando que Georg se partía de la risa —. Tienes que denunciar ese maldito blog, porque habla pésimo de los vírgenes.
—Ay, Tom, son sólo unos pendejos que escriben tonterías. Pero vamos a seguir leyendo que esto es muy divertido…
3. Juego limpio: Siempre es bueno acordar los términos de higiene. No está de más pedir preparación para la faena. Un buen baño, un lavado, lo que sea que decidan estará bien (a menos que les guste el scat* pues en ese caso, si se pueden ir los dos a la mierda) Nota: Si te toca improvisar con el tema, se delicado, a nadie le gusta que le digan que no está limpio. Invéntate un baño en pareja y haz de la limpieza parte del juego sexual
—¿Qué demonios es el scat*? Recuerdo que lo leí en algún lado, pero no lo recuerdo bien, parece poco común —Georg preguntó en voz alta, soltando una carcajada. Ese blog estaba de puta madre.
—Lo leí ayer —confesó Tom, rememorando que había leído mucho para saber todo acerca del sexo anal y de otras prácticas sexuales que iban de la mano—. El Scat es llamado también coprofilia. Eso es una parafilia sexual que se basa en alcanzar la excitación valiéndose de las heces. Es un tipo de fetichismo que suele acompañarse del sadomasoquismo.
—¿De verdad?
—Sí, y de la coprofilia nace la coprofagia que es comer heces.
—¡Qué bien informado estás, Tom! No hay duda que esto es muy interesante, como que estoy aprendiendo cosas nuevas. —Sonrió, dándole un codazo a Tom para que éste escuchara con atención el siguiente punto que redactaba el blog:
4. Cuando penetras: Sin darle tanta vuelta al asunto porque esperar cansa. Comienza con cuidado y luego sí, vuélvete salvaje. Ensaya posturas que hagan sentir a tu compañero como si fuera único. Si te quedas corto de ideas para probar posturas, ensaya algunas del Kamasutra y haz historia en la cama.
—No tendrás problemas, Tom. Tú te sabes y has probado todas las posiciones del Kamasutra —dijo el castaño, codeándolo con alegría. Era cierto. Tom era muy bueno en la cama. A Tom le gustaba llevar el control. El que debía aprender un poco era Georg, pero aprendía rápido, así que no tendría problemas, estaba seguro.
5. Juega con el ritmo: Lo más placentero es llevar la situación a ritmo normal, pero también el movimiento admite variaciones: roces, besos, caricias, pellizcos suaves, mordidas, mamadas, nalgadas, chupetones, etc.
6. Los tragones: Si tu compañero te resulta insaciable y te pide más y más, te toca improvisar con lo que tengas: Dildos, plugs, bolas chinas o en últimas tus propias manos. Usa tus dedos suavemente, pero nunca pospongas el placer del otro, esperando estar mejor preparado para la próxima… a lo mejor después de esta nunca lo volverás a ver.
7. Después de la faena, la recompensa: Hazle saber a tu compañero el nivel de excitación que te produjo. Sabemos muy bien que hay algunos que (Usando condón preferiblemente) se vienen adentro y luego se quedan ‘jetones’ como vacas muertas sin decir nada. ¡Pero no!, saca tu pene justo antes de venirte sobre su espalda, o el pecho u otra parte de su fisonomía que se te ocurra…, para que lo que más recuerde de esto, sea verte desnudo, sudado y con esa sonrisita pícara del deber cumplido.
Al terminar de leer, Georg viró hasta Tom, que se había quedado paralizado. —Bueno, pues…, hemos aprendido algo, no debemos quedarnos ‘jetones’ como vacas muertas luego de acabar. —Sus labios se curvearon en una mueca risueña, inclinándose para reírse con bastantes ganas —. Ese blog está de puta madre, Tom. Esos cabrones expresan tan bien los sentimientos…
—Eso que leíste es inservible, mira. —Le apartó la laptop a Georg para situarla en sus piernas—. Ayer estaba leyendo en un blog muy bueno, con más calidad que el que acabas de visitar.
—Vamos, Tom, al menos pasamos un rato agradable. Pero…, se ve que no había necesidad de mostrarte sugerencias porque pareces muy bien informado sobre el tema.
Tom lo arremetió con un codazo fuerte, sacándole el aire, pero se alistó para leerle lo que había encontrado en un blog que sí lo convenció.
Al hallarlo, le señaló el monitor a Georg para que lo viera y cuanto antes comenzó a leer:
Bienvenido al blog, a esta nueva entrada que podría ser la solución a todos, o la mayoría de tus problemas.
¿Eres homosexual y tienes dudas acerca del sexo anal? Has dado clic al blog indicado.
La lista contiene algunos consejos, sugerencias y uno que otro truco para que las parejas disfruten.
-Placer mutuo, ¿Qué te da más placer?: La posición que ocupa un hombre gay en la cama está determinada por el placer que siente, es decir, qué le da más placer, penetrar o ser penetrado. La fisionomía del ser humano es muy individual. Además del placer físico, hay un componente mental, por lo tanto hay hombres que disfrutan el rol de pasivo y otros el rol de activo. Contrariamente a lo que piensa la mayoría de las personas, homosexuales y heterosexuales por igual, la posición en la cama no está determinada por la conducta y apariencia del hombre gay.
Ser más masculino no te hace activo y ser más afeminado no te hace pasivo.
El tamaño del pene tampoco determina la posición
La persona más dominante en la pareja por su personalidad fuera de la recámara tampoco necesariamente es el activo en la cama.
Algunas veces es bueno experimentar y si tu pareja lo desea, los papeles sexuales se pueden invertir si los dos están de acuerdo.
-Importante saber: Es muy importante la limpieza por ambas partes, haciendo uso del condón para evitar infecciones de transmisión sexual. Es importante estimular manualmente la zona del ano antes de la penetración del pene para permitir que se adapte a las sensaciones y también llegue a dilatarse con miras a prevenir el dolor. Este es uno de varios consejos para un buen sexo anal entre hombres gay. Claro que toma tiempo para que la persona que es penetrada se acostumbre y es a veces, como dicen muchos, un “gusto adquirido” con el tiempo: duele las primeras veces y luego va gustando más y más. En todo caso, un poco de práctica y la experiencia ayudan muchísimo. Hay un cierto nivel de refinamiento y una serie de técnicas que van más allá de introducir el pene en el ano, lo cual hace que el coito entre dos hombres sea satisfactorio y no una experiencia negativa. El hombre que penetra o aquel activo en la relación, debe saber que si se centra en los deseos de su pareja puede cosechar recompensas para ambos.
-Dilata el ano con lubricación: Como el ano y recto no secretan lubricación natural que facilite la penetración, es sugerido utilizar algún tipo de lubricante a base de agua, no de aceite. La aplicación del lubricante debe ser parte del juego sexual, antes de esto se puede usar la lengua, siempre que se tomen medidas de limpieza, y posteriormente introducir suavemente los dedos con el lubricante para reducir el dolor inicial de la penetración. Así se va logrando la expansión progresiva del esfínter para conseguir una dilatación cómoda antes del coito.
-Introduce el pene paulatinamente: El esfínter de la persona que está siendo penetrada debe ir adaptándose gradualmente, por lo tanto la introducción del pene debe hacerse lo más lento posible. Luego la pareja activa puede ir empujando poco a poco. Para los principiantes, a veces es difícil lograr que la punta del pene ingrese al ano. Para ello, la persona que penetra debe identificar bien el orificio del ano de su pareja con el dedo y sujetar la base de su pene para poder introducirlo. De lo contrario no entra, especialmente si el pene no está completamente erecto.
-Logra el orgasmo durante la penetración: En el coito anal, el placer de la persona penetrada se logra mediante la estimulación de la próstata. Durante el acto sexual, la pareja pasiva puede estimularse a sí misma, masturbándose o siendo masturbada por su pareja, lo cual contribuye al relajamiento y a intensificar el placer. La caricia del pene en la próstata incita a la pareja pasiva a eyacular y a contraer fuertemente, durante el orgasmo, la musculatura anal, lo que a su vez ejerce presión sobre el pene de la pareja y facilita su orgasmo. Es un beneficio mutuo.
Cuando se saben hacer bien y con cuidado, el juego y sexo anal pueden ser adiciones maravillosas, saludables e intensamente placenteras.
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Un día antes del desfile se había hecho su primer enema, desde ese día conoció el proceso de limpieza anal, y le había agradado la experiencia. Bill conocía cada paso luego de buscar en internet cómo sucedía tal proceso, incluso se había comprado su Kit de irrigación y justo después de diez días volvería a poner manos a la obra, la única diferencia era que no lo haría solo. Gustav le haría compañía, pero no sólo estaría presente, sino que también se haría uno, su primer enema.
Horas atrás habían ido a comprar el Kit de Gustav, que al igual que el de Bill, consistía en un lubricante a base de agua, una bolsa plástica para retener el líquido, y una manguera delgada con cánula. Bill le había comentado a Gustav que todo aquello era sagrado y que debía tener paciencia y estar preparado.
—¿Traigo más toallas? —Gus inquirió al ver que Bill revisaba su baño. Esa mañana estaban solos en casa del rubio y era momento para tener un súper momento, parecido un poco a su reunión pasada de depilación.
—Síp, ya tengo todo listo para ambos, lo bueno que tienes dos inodoros en este cuarto de baño —premió Bill, riéndose.
Gustav se rió también. ¿Quién demonios tenía cuartos de baño con dos inodoros? Según la madre de Gus, era muy necesario estar prevenidos y por ello el cuarto baño de la planta alta tenía dos retretes, que estaban separados por un cancel solamente.
—Mira, el agua tiene que estar a tu temperatura, ni fría ni muy caliente. Si está fría pueden darte calambres y si está muy caliente puede dañarte los intestinos. —Bill dio un respingo al mencionarlo, tomándose eso como un dato importante. Abrió el grifo y con su mano comenzó a checar la temperatura del agua, hasta tenerla lista e irla vaciando en las bolsas plásticas con las mangueras y cánulas puestas —. Vamos a ponerles dos litros de agua, pero obviamente sólo usaremos la que necesitemos.
—Suenas como un jodido maestro de la limpieza anal, Bill.
—Esto es muy importante, Gus. —Afirmó el pelinegro, con una sonrisa, terminando de llenar su irrigador. Gustav se puso a un lado de Bill y también echó agua al suyo —. Ahora colgaremos estas bolsas en alguna parte —murmuró, viendo que había ganchos para la ropa incrustados en las paredes. Por suerte había ganchos justo arriba del retrete de cada uno. Bill colgó el suyo y Gus fue a su sitió a colgar el suyo también. El cancel los separaba, pero Gustav seguía escuchando las indicaciones de Bill —. Ahora, en las toallas que pusimos en el piso, recuéstate boca abajo, con una pierna flexionada para que dejes expuesto un poco tu trasero. Y justo ahí, metes la cánula que acabamos de lubricar, y con ayuda de los niveles le mueves y te adaptas a uno.
—¿Me lo meto por el culo? —Se lo imaginaba, pero a simple vista parecía ridículo. Al parecer ya estaba completamente acostumbrado a todo lo que tuviera que ver con la limpieza rectal.
—Sí, sí, pero relájate. —Suspiró.
—Sí, ya me estoy relajando —jadeó al sentir la punta del objeto en su ano. No se sentía raro, de hecho era casi imperceptible cuando alcanzó a deslizarlo lo suficiente; era jodidamente delgada esa cosa —. Ya siento el agua fluir, Bill…—contó emocionado, sintiendo que le daba un ataque de risa, pero no podía reírse. No, no ahora, por ello se aguantó todo lo que pudo.
—Bueno, y cuando te den ganas de ir al baño…te quitas la cánula y te sientas en la taza y ya, expulsarás todo.
—¿Así de fácil? —Cuestionó irónico. No se podía creer que los enemas fueran tan fáciles.
—Sí, así de fácil —comunicó, sintiendo también el agua fluir. Era una sensación extraña, refrescante, pero que en el fondo lo ayudaría a mantenerse totalmente limpio.
—Oye, Bill, ¿y siempre qué hiciste con Tom ayer? —Preguntó, sacándole plática, pensando que el enema sería más satisfactorio si hablaban un rato.
Con la mejilla en su antebrazo, acosado cómodamente, Bill gimió, marcando un ‘Mmm’ —. Vimos películas de terror, pero como no me podía dormir porque tenía miedo hablamos hasta muy tarde. Hablamos de cosas muy estúpidas, pero me divertí. Pasar el tiempo con Tom es genial, porque él sabe cosas que yo no, y mientras hablamos aprendemos del otro.
—¿Entonces todavía no se tocan más íntimamente?
—Nop.
—He visto a Tom algo raro últimamente, como que ya deberían de tener más momentos a solas.
Bill asintió.
—Creo que nos falta más comunicación.
—Pues ponte las pilas, Bill —Gus sonrió, animándolo —. Habla más con él, ten más momentos con él. ¿Qué es lo más íntimo que te ha hecho Tom?
—Lo más íntimo que Tom ha hecho es agarrarme el trasero por como cinco segundos y acariciarme la cintura. Todo va bien, él me respeta mucho, aunque una vez me hice el dormido y sentí que Tom… como que me acariciaba las piernas por sobre el pijama. Ayer por la noche también me hice el dormido después de platicar y sentí que me besó en los labios y seguido que fue al baño. Al parecer se estaba masturbando… —dijo con simpleza, tomando eso como algo muy común entre hombres. Una masturbación no era nada fuera de lo normal, inclusive a Bill le parecía tierno que Tom se excitara y no lo obligara a tocarlo o ir más allá—. ¿Tú cómo vas?
—Ayer le hice sexo oral a Georg.
—¡¿Qué?! —Gritó, sintiendo de pronto los intestinos llenos. Ya era momento, le habían entrado ganas de ir al baño y no estaba seguro si aguantaría llegar al inodoro. Gustav también ya se estaba poniendo de pie para ir al retrete y sentarse, ambos tenían ganas de desechar en medio de una plática importante. El punto positivo era que a ninguno le daba vergüenza hablar mientras cagaban —. ¡Ay no! ¿Y qué tal fue?
—Fue muy bueno, no pensé que chupar un pene me hiciera feliz, pero lo estaba. No me sentí extraño cuando pasó, fue muy cómodo estar con él, supongo que porque somos novios.
Bill asintió. Era tal vez cierto. Poseer el lugar de ‘novio’ o ya formar una relación como esa daba muchas más confianzas. Bill todavía no era novio de Tom, y éste tampoco se lo había pedido. Ambos creían que era demasiado pronto para un título, además ya hacían cosas de novios. Pero, ¿qué se sentiría que Tom lo presentara como su novio y viceversa? Bill estaba ansioso por saber.
Luego de un suspiró, siguió. — ¿Entonces piensas hacerlo todo con Georg hoy?
Gustav lo pensó un poco.
—Lo cierto es que me da miedo, no sé. Georg no me obliga a nada, pero si esta noche cuando vaya a su casa a dormir nos ponemos calientes quizá y lo haga con él. Hemos hecho muchas cosas antes, ya conocemos nuestros cuerpos y sus reacciones…
—Me pongo feliz por ti, recuerdo cuando no le hacías caso y él andaba detrás de ti. Ahora las cosas entre ustedes van muy bien, han pasado muchas semanas desde que salen, te enamoraste rápido de él, eh…Georg te embrujó. —Sonrió, oyendo que Gustav se reía desde el otro lado del cancel.
—Suena ridículo, pero no dejaré que Georg se vaya con alguien más. Antes le doy una patada en el culo —Bill esta vez se burló. Gustav podía ser muy celoso a veces, así que era mejor que Georg tuviera cuidado.
Pero a pesar de burlarse, Bill sentía lo mismo: no dejaría que Tom se fuera con otra persona, no pensaba permitir que alguien destruyera lo que estaba logrando esas últimas semanas.
Entre risas y momentos de intimidad extrema, Bill y Gustav se limpiaron y se dieron una ducha, juntos, ya bastante acostumbrados a verse desnudos. Más tarde comerían un chocolate y después a Bill lo recogería Tom.
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Dos horas más tarde, Bill tenía en las manos su lubricante a base de agua. Bill había vuelto de la casa de su amigo y había dejado Tom dormido en uno de los sillones de la sala de estar. Por su parte había subido al segundo piso para ir al baño, encerrarse, sacar las cosas necesarias y ver si los enemas funcionaban como la mayoría decía.
El enema se lo había hecho a las doce del mañana y ya eran las dos de la tarde. No había ido al baño en todo ese tiempo y tampoco le habían entrado ganas de ir. Lo único que quería era checar si su recto estaba realmente limpio.
Temeroso se quitó los pantalones, seguido el bóxer, quedando completamente desnudo. No estaba para nada excitado, pero si se miraba podía presumir que se miraba bonito. Era bastante delgado, Tom tenía razón, pero el ejercicio de pierna que había hecho meses atrás había funcionado. Llevó una mano hasta su trasero y se tocó un poco, calificando la firmeza que tenía. «Bien», se dijo a sí mismo al terminar de evaluar sus nalgas. No eran tan grandes, sino pequeñas, pero redondas y blancas como la nieve.
Ya más animado se acarició la espalda baja y bajó hasta su trasero de nuevo, con las dos manos, checando la suavidad. Estaba suave, ¿eso le agradaría a Tom? Tom había dicho que era suave y que le gustaba, pero debía dejar de pensar en cosas raras y hacer lo que tenía por misión.
Respirando hondo, se metió en la bañera, sin agua, por supuesto. Abrió las piernas, poniéndolas en los costados de la tina, exponiéndose, y tomó el botellín de lubricante, vertiendo un poco en sus dedos y llevándolo inmediatamente a su entrada. Esparció lo suficiente fuera de ella y dejó a un lado la botella, respirando profundo para relajarse. No funcionaría si estaba tensionado.
Con el dedo índice de la mano derecha acarició alrededor del esfínter, tratando de estimularse, introduciendo apenas la yema de su dedo, sacándolo inmediatamente debido a la extraña sensación que percibió. Era demasiado diferente si lo comparaba con la inyección del enema para lavarse a profundidad. Su recto estaba muy apretado, rígido, y le había dolido meter la punta de su dedo, pero agarró fuerzas y volvió a introducir sólo la punta, abriéndose paso y sintiendo que su dedo estaba siendo apretado en demasía y que las paredes, de lo que alcanzaba a tocar de su ano, estaban lisas, resbalosas.
Dejó la punta de su dedo ahí para acostumbrarse un poco, haciendo respiraciones para concentrarse, llegando a meter un poco más su dígito, teniendo ya medio dedo dentro. Dolía demasiado, pero era sólo un dedo y sabía que sus dedos eran demasiado delgados. Nervioso, dejó caer la cabeza hacia atrás de la tina, buscando relajarse y meter un poco más su dedo, sabiendo que ya no resistía más. Inmediatamente se lo sacó, con cuidado, su esfínter lo botó rápido, para volverse a cerrar y latir despacio. Estaba perturbado.
Ahora quería ver lo más importante de su experimento. Cerró los ojos y levantó la mano, específicamente el dedo que había introducido en su interior, dejándolo frente a su cara. Estaba muy nervioso, pero aun así logró abrir un ojo, viendo borroso primero, pero después enfocando bien. Sonrió como tonto al ver que su dedo estaba completamente limpio, no había restos de excremento.
—¿Bill? —Desde el otro lado de la puerta, Tom tocó —. ¿Bill? —Persistió, alarmado.
Bill había jurado que había dejado a Tom dormido.
—¡Ya voy a salir! —Gritó Bill desde la tina, cerrando frenéticamente las piernas, haciendo temblar sus testículos.
—¿Estás bien? —Insistió el rastudo, pegando la oreja en la puerta, tratando de escuchar lo que fuese.
El color carmesí consumió a Bill por completo, dejándolo absolutamente colorado. No, no estaba bien, porque se había metido un dedo en el ano y le dolía mucho. Jamás se imaginó hacerlo, pero era jodidamente necesario verificar si los enemas estaban funcionando.
—Estoy bien, Tom. ¡Ya, ya voy a salir! —Anunció, levantándose rápido y cambiándose cuanto antes, bajándole al retrete para que Tom se hiciera a la idea de que había ido verdaderamente al baño y no a meterse el dedo en el ano. Se abrochó los pantalones y corrió a lavarse las manos con mucho jabón, impaciente.
Tom seguía del otro lado de la puerta, esperando a que saliera. Casi temblando, Bill recordó que traía el lubricante y no saldría con eso en las manos. No, por supuesto que no. Debía esconderlo, debía…
—¿De verdad estás bien? Llevas como cuarenta minutos ahí —la voz de Tom retumbó en los tímpanos de Bill. ¿Cómo demonios se había dado cuenta? Bill no tenía ni puta idea, pero incluso Tom le había contado el tiempo.
La situación era cruel. Sí, demasiado cruel.
Ideándoselas, quitó la tapa del tanque del retrete muy cuidadosamente, dejándolo en el suelo sin hacer ruido y metió el lubricante ahí. Era un bote pequeño, de una pulgada de largo, así que debía ser algo así como invisible. Cubrió el tanque y respiró raídamente, inspeccionando el baño para que no hubiera nada que lo delatara. Se miró al espejo, se arregló el cabello un poco y fue hasta la puerta para quitarle el seguro y salir.
Se encontró con Tom inmediatamente, chocando con su pecho, haciendo que su cabeza revotara y su cabello se despeinara. Más patético no podía ser. Sonrió con chiste, subiendo una mano para acomodarse despistadamente el pelo.
—¿Te sentías mal? —Tom lo monitoreó, viéndolo con esmero para ver si encontraba algo raro.
—No, no…no —respondió, insertando las manos en medio de los dos, para que Tom se alejara sólo un poco. Estaban demasiado cerca y Bill estaba muy avergonzado y nervioso.
—¿Por qué mientes?
—¿Eh? —Las esperanzas de que Tom le creyera se habían ido a la mierda. Bill supo desde esos momentos que debía aprender a mentir en situaciones como esas —. ¿No puedo venir al baño? Supongo que a cualquiera le pueden dar ganas de ir al baño… ¿o no? Estaba estreñido, por eso no salía.
Sí, esa había sido la peor mentira, la más ridícula de su vida, pero no le importó. No era nada malo hacerse enemas, y Tom tenía derecho a saberlo. Y no lo mantendría en secreto, simplemente no quería decírselo justo cerca del baño y en una situación que lo había tomado por sorpresa.
—¿Y ya te sientes mejor? —Al cuestionar, Tom elevó las manos y acunó con ellas el rostro de Bill, inspeccionándolo más de cerca.
—Sí.
Duraría un poco más su cara llena de vergüenza, pero una cosa lo hizo morirse de la risa. Y no era precisamente que la cara de Tom fuera graciosa, más bien era la situación.
Le parecía divertido el hecho de haberse encerrado, picarse el culo, llenarse de felicidad por estar limpio, y luego esconder todo apresuradamente dado a que Tom lo espiaba afuera, siendo que lo había dejado dormido en el primer piso.
—¿Qué es tan gracioso? —Tom se aclaró la garganta, viendo cómo Bill le daba golpecitos en el pecho con las manos, riéndose escandalosamente —. Bill…
Pero Bill no lo escuchó, lo que hizo fue doblarse y ponerse rojo totalmente, con falta de aire. Incluso el pecho se le había acelerado, pero le parecía tan jodidamente gracioso y ridículo que no paraba. No lo hizo hasta que algunos segundos más pasaron y miró a Tom, que lo observaba neutralmente.
—Ay, Tom. Si me cargas en tu espalda y me das un paseo por toda la casa, te diré —propuso, poniéndose de puntas y soltando un brinco en su sitio.
Tom no lo pensó, le dio la espalda a Bill y se acuclilló. Bill sonrió y dio un paso hacia adelante, trepándose en Tom y rodeándole el cuello con los brazos.
Asegurándolo bien, Tom pasó las manos por detrás de sus muslos, dejando ambas piernas rodeándolo. Bien seguro de tener a Bill en su espalda, se irguió.
—Wooh —Bill gimió. Tom era alto y se sentía en las nubles —. Anda, arre bello corcel —canturreó, moviéndose con esmero para darle ánimos a Tom, deseando que se echara a andar.
—¿Qué demonios? ¿Un corcel?
—Un bello corcel —corrigió, encajando la barbilla entre las rastas de Tom.
Sin más, Tom dio dos saltos para terminar de acomodar a Bill y caminó por el pasillo, escuchando cómo el chiquillo comenzaba a reírse, no como antes, sino más ruidosamente, como loco.
Continúa…
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Cuanto aprendi de sexo gey aqui 😂😂😂
Y muero de ternura como es Tom con Bill🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰😍😍😍😍😍😍😍😍😍😘😘😘😘😘