«Homofobia» Fic de Monnyca16
Capítulo 13
“Pene por entrada”
Vulnerable y húmedo por lo acontecido, Bill depositó un dulce beso en los labios cerrados de Tom. Electrizado, movió la cadera de izquierda a derecha, disfrutando de la inigualable sensación del pene todavía erecto de éste, justo en la parte intermedia de su trasero, reposando luego del orgasmo.
El falo que yacía entre sus sentaderas seguía palpitando, exaltado y tórrido, y el ano de Bill continuaba tensándose y destensándose a pesar de no haber introducido nada todavía. Bill suspiró, manteniendo los ojos cerrados pacientemente, considerando como agradable el hecho de que Tom llevara sus callosas manos hasta su hombros y descendiera para posicionarlas en su cintura, encargándose con el dedo índice de delinear la línea curvada de su espina dorsal, logrando hundir su dígito entre los hemisferios traseros y acariciar cuidadosamente el esfínter, sintiendo los pliegues por la tensión que Bill ejercía.
Sensible y con las mejillas ardiendo, el cuerpo de Bill se convulsionó ante las pacientes caricias de Tom. Había sido inevitable sentir la yema del dedo de Tom moverse en forma circular en su orificio anal, que seguía cerrándose fuertemente y aflojándose a la vez.
Débil, Bill abrió los ojos lentamente, dejándolos entrecerrados al encontrarse con la mirada de Tom, que emitía satisfacción y erotismo. Bill no se había arrepentido de nada, pero justo en esos instantes la mirada fija de Tom alborotó sus nervios y no evitó avergonzarse. Tom había visto su cuerpo por completo y seguía dándole vergüenza, sólo un poco, pensó que debía ser por haber tenido un orgasmo con alguien con experiencia, de mayor edad y además varón.
Con el dedo puesto sobre el agujero cerrado, Tom ladeó la cabeza para abrir despaciosamente la boca y lamer el labio inferior de Bill, hasta capturar sus labios e iniciar un denso beso acuoso, que se profundizaba y pausaba en momentos. Con ligereza, Bill acarició el cuello de Tom con sus suaves manos, viéndolo a los ojos, finalizando el concentrado beso con un ruido húmedo justo al despegar sus labios.
La erección de Tom todavía no había bajado por completo porque seguía tocando la piel de Bill, sin embargo, ambos sabían que no habría penetración. No hacía falta hacer más cuando explorar sus cuerpos estaba siendo demasiado interesante.
—No me mires así…—imploró Bill, llevándose las manos a la cara para ocultarse. Era ridículo hacer eso, lo sabía, sin embargo Tom había visto su pequeño cuerpo al desnudo y tocado en zonas muy íntimas. Tiempo atrás Bill se desnudó un poco para Tom al tratar de hacerle un Striptease, le avergonzaba recordar tanto aquella vez como la actual, pero la diferencia era que ahora tenían una especie de relación y que antes no se gustaban.
Era normal para Bill buscar la aprobación de Tom con referencia a su cuerpo. Era inconsciente, quería que ambos se sintieran cómodos al tocarse y verse al desnudo, más porque Tom repelía a los homosexuales. Aunque con lo acontecido diría que estaban cien por ciento cómodos con sus cuerpos, sus necesidades e inclusive hasta con sus sentimientos, porque Bill había sentido que su corazón no dejaba de bombear sangre velozmente y que su estómago se llenaba de mariposas cada vez que Tom lo envolvía y besaba.
—¿Mirarte “así”?, ¿Así cómo?
Los pulmones del chiquillo se llenaron de oxígeno cuando inhaló ruidosamente.
—Estoy desnudo…—murmuró, encogido de hombros y con los ojos ocultos tras sus manos extendidas—, me da vergüenza.
Tom curveó los labios en una media sonrisa y se alistó para cerrar los ojos.
—De acuerdo, ya cerré los ojos —dijo Tom, aguantándose una carcajada. Le parecía adorable que Bill fuera penoso luego de un encuentro íntimo, de todos modos lo entendía. Tom a diferencia, no comprendía cómo podía estar bajo control a comparación, suponía que porque era más grande que Bill y porque debía poner el ejemplo, o simplemente por sentirse cómodo y tener experiencia en los momentos calurosos.
Sorprendido, Bill se apartó las manos del rostro y ya más calmado observó que Tom mantenía los ojos cerrados. Desde esa vista, el chiquillo vio tranquilamente el rostro de Tom, escaneando cada rincón y sintiéndose eternamente complacido al reiterar lo guapo que era. Cada vez le gustaba más, por eso sintió un impulso travieso por besarle los labios tranquilamente, con castidad. Sujetó la cabeza de Tom con las manos y luego de depositar el primer beso, dejó el segundo. Lo que más disfrutaba de besarlo era ser correspondido con el mismo interés, era como si se pusieran de acuerdo, como si se conocieran de años.
Terminando de premiarlo con cortos besos ruidosos, sonrió, rosando sus nudillos con los pómulos de Tom, bajando un poco más para palparle el vello facial. —No abras los ojos hasta que te lo pida, ¿sí? —La voz de Bill no sonaba a mandato, más bien a ruego. Tom hizo un sonido de aprobación y seguido dejó de sentir los dedos de Bill sobre su cara.
Con sumo cuidado, Bill descendió del cuerpo bien formado de Tom, rosando con su suave y delgado muslo el pene medio despierto que previamente descansó en la parte trasera de su medio cuerpo. Tom no se movió, el chiquillo agradeció eso. Entonces, con los pies desnudos en el suelo, se agachó para sujetar su bóxer, sus mallas y su suéter, vistiéndose primero con la corta prenda interior y luego con el suéter. Era extraño sentir su propia humedad en todo su aparato reproductor; su pene lucía flácido y mojado, tibio, mientras que las caras internas de sus nalgas se frotaban entre sí por el semen de Tom. Era incómodo caminar con una sensación resbalosa entre el trasero, inclusive daba cosquillas cada vez que avanzaba o retrocedía un paso.
Aun así, caminó hasta la enana mesilla central para coger de la caja acartonada algunas toallas de papel. Se limpió con ellas el líquido que se hallaba entre su trasero y posteriormente se talló suavemente el escroto y el tallo de su pene para retirar la viscosidad, viendo de re ojo a Tom sentado en el sillón; él permanecía con los ojos tranquilamente cerrados y con las piernas abiertas pero con los pies bien puestos en el suelo. Sus ojos vagaron por todo su cuerpo, capturando cada parte en su hipocampo, llegando de ese modo a su entre pierna que llamaba toda su atención. El pene de Tom se miraba prominente a pesar de ya estar flácido, pues permanecía recostado sobre sus grandes testículos mientras el escaso vello púbico y sus gruesos muslos aumentaban ese toque varonil que poseía y que Bill amaba con locura.
Y a diferencia de Bill, Tom no sentía vergüenza al mostrarse desnudo.
Bill ya conocía el cuerpo de Tom antes, durante y después del orgasmo, no era necesario sentir miedo. Pero el pudor siempre existía, y Bill estaba seguro que luego de unos intentos más se acostumbraría a mostrarse sin ropa frente a Tom sin sentir vergüenza.
—Ya puedes abrir los ojos —dijo Bill, poniéndose inmediatamente a horcajadas sobre él, situando las manos en sus mejillas para volver a sentir sus vellos faciales.
—No sabía que estabas depilado —comentó, posando las manos en los delgados muslos que se seguían acomodando a cada lado de los suyos. Bill ronroneó, paseando la punta de su nariz por su mejilla, depositando un dulce beso después.
—Ahora lo sabes. —Fijó sus brillantes pupilas en las de Tom y sonrió, sabiendo que no hacía falta hablar de lo bien que se había sentido el orgasmo, pues con sus mimos lo dejaban en claro.
—Estaba pensando en bañarnos juntos hoy.
—¿Bañarnos juntos?
Tom asintió. —Te dije que iba en serio con lo nuestro.
Una sonrisa cálida apareció en los todavía hinchados labios de Bill.
—Es cierto, aunque me sigue dando vergüenza con tan sólo pensar que me vas a ver sin ropa. Es decir, sé que es estúpido decir eso luego de habernos tocado y visto minutos antes. —Movió la cabeza alocadamente, cerrando los ojos—. No es que desconfíe de mi cuerpo, o que no te tenga confianza, no es nada de eso…Lo que quiero decir es que me pones muy nervioso y cuando me miras desnudo siento que voy a explotar en cualquier momento. Necesito acostumbrarme a eso para no portarme como un tonto. Lo cierto es que ahora no sé cómo comportarme contigo, ya compartimos un orgasmo y nos tocamos, pero no sé qué sigue. Luego de bañarnos juntos, ¿qué va a seguir?
Tom entrecerró los ojos. No estaba confundido, más bien engatusado por lo adorable que Bill era de pies a cabeza.
—Yo tampoco sé qué sigue, así que no te preocupes por ese tipo de cosas. Luego se nos ocurrirá algo.
Pensativo pero ya más relajado, el chiquillo asintió y premió a Tom con un beso en la mejilla. Seguido, Tom lo besó en los labios y lo derribó en el sillón para recostarlo. Bill soltó una risilla, acomodándose en el sillón mientras Tom se separaba y se subía el bóxer y con ello los pantalones. Y, sin descuido, Bill miró cómo se vestía de la cadera hacia abajo.
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Su tarde doblemente exploratoria comenzó después de buscar ropa para ponerse luego de tomar la ducha, su primera ducha con Tom. Y éste a su lado hacía lo mismo, cuidadosamente, cada quien con sus pertenencias. El silencio de la recámara de Tom tensó la atmósfera, porque aunque bañarse juntos parecía algo común y corriente para muchos, para Bill y Tom era un símbolo vital, un gran paso para su relación.
Encaminándose, Bill tropezó en el camino, Tom no lo vio porque seguía en la recámara, pero desgraciadamente había sido vergonzoso. Riéndose de su tontería, se adentró al cuarto de baño y se miró al espejo, escuchando desde su sitio que Tom caminaba directo hacia él. Al segundo posterior, Tom entró y dejó su ropa en uno de los ganchos que decoraban las paredes de mármol. Bill hizo lo mismo, lentamente, haciendo tiempo, viendo de re ojo la manera que Tom usaba para despojarse de la ropa.
Bill debía hacer lo mismo, así que tomó la punta de su suéter y se lo levantó hasta sacarlo por su cabeza, aprovechando que su acompañante giraba la perilla para que el agua comenzaba a brotar de la regadera y cayera en la tina. Se bañarían parados ese día, Tom se lo demostró al entrar en la tina y situarse bajo el chorro de agua, haciendo que inmediatamente sus rastas se mojaran y su cuerpo se fuera consumiendo con el vapor que derrochaba el agua tibia, posición que por supuesto ayudaría para que ambos disfrutaran de ver el cuerpo ajeno.
Bill alzó la mirada para ver si Tom lo observaba y cuando se dio cuenta que sí, un temblor recorrió su espina dorsal. Los ojos de Tom trazaban frases cargadas de deseo sobre su cuerpo y tal acto lo hizo sonrosarse. Sin embargo, no huiría, por ello sujetó con sus dedos el contorno superior de sus pantalones ceñidos elásticos, comenzando a bajárselos ante los ojos fijos de Tom, quedando sólo en su ropa interior. Rodó los ojos para ver a Tom, y, cuidadosamente, moviendo inconscientemente su cadera de izquierda a derecha, los bajó, quedando absolutamente desnudo ante Tom, que mantenía su vista en sus ojos y cuerpo a pesar de que las pesadas gotas de agua caían sobre sus pestañas, queriéndolo obligar a mantener los ojos cerrados.
En pausas, Bill caminó hasta Tom, levantando y flexionando su pierna derecha para meterla en la tina. Ya estando dentro, capturó con un breve pestañeo que Tom daba un paso hacia atrás, cediéndole de ese modo el agua tibia. Bill entendió y avanzó, logrando que su cabello se empapara automáticamente bajo el chorro. Entonces, sintió que Tom ponía la esponja y el jabón sobre su piel para bañarlo, y nadie nunca lo había bañado.
Creyó que era un sueño, pero fue real cuando se encontró con Tom al abrir los ojos después de tanto entornar los ojos. De hecho tampoco se quedó atrás al momento que le arrebató la esponja y divertidamente hizo espuma al friccionarla con sus pectorales y abdominales. Y al igual que Bill, nadie había bañado a Tom.
Tom sabía que no era un momento sexual, más sin embargo, sí uno íntimo, y lo agradeció dado a que ese aspecto era uno de tantos que Amanda evitaba con él. Además de no besar con lengua, ella se negaba a bañar a Tom o ser bañada por él, porque decía que era ridículo y que no eran unos niños. Tom jamás creyó tonto ser bañado o bañar a alguien en la regadera, más bien era un acto de convivencia que podía ser divertido y por supuesto, ser guardado en el álbum mental de recuerdos, porque no muchos tenían pareja para hacer ese tipo de cosas.
Además de evitar cualquier contacto en la ducha con Tom y sentir asco por los besos de lengua, Amanda odiaba que durante el sexo Tom la besara o hiciera mucho más íntimo el momento. Pero lo más importante era que su momento sexual era frustrado porque ella era una amante de hablar en cada penetración, gritar y lograr que “hacer el amor”, se transformara en “una follada pornográfica” Y Tom aborrecía hablar durante el mero acto sexual, porque creía que ese momento era para comunicarse solamente con el contacto visual, el cuerpo y los gemidos.
Y esa tarde Bill le había demostrado que no le gustaba hablar en medio de la excitación y que amaba el contacto visual y unir sus labios durante y después del orgasmo, dándole de ese modo más de diez puntos positivos.
Bill era diferente a ella, diferente en muchos sentidos. Exactamente, no había punto de comparación, pero era inevitable contrastar mentalmente y darse cuenta que a pesar del poco tiempo que llevaba viviendo con Bill, su relación estaba mucho más estable que cuando le pidió matrimonio a Amanda.
—Pero qué impecable estás quedando, Bello corcel —canturreó Bill al terminar de apartarle el jabón del cuerpo. Tom le masajeó el cuero cabelludo con champú y cuidadosamente se lo enjuagó, dejándole un beso en el pómulo al terminar.
La sonrisa dibujada en los labios de Bill se agrandó gracias al acto dulce, que fue el punto final de la ducha, pues salieron de la regadera y se secaron, Bill ya sin vergüenza al mostrarse desnudo. Fue rápido el secado y el hecho de vestirse cómodos para ir a dormir a pesar de no haber cenado aún.
—¿Pedimos algo o quieres que cocinemos? —Tom inquirió, tomando una toalla y dejándola sobre la cabeza de Bill para secarle el cabello.
—Podemos cenar sopa instantánea, compramos muchas la vez pasada. Y aparte podemos tomarnos un café o un chocolate caliente, ¿te parece bien? Mis habilidades culinarias no son grandes y no han mejorado, y prefiero comer algo bueno a un intento de alimento.
—Estoy de acuerdo, además ya es muy tarde como para esperar a que nos traigan algo a domicilio.
Bill asintió, contento, poniéndose el enorme suéter tejido que usaba para dormir. Dejó su cabello húmedo suelto y tomó la mano de Tom para ir a la cocina. Ya frente a la estufa, vació agua en una olla y la puso a hervir mientras sacaba la sopa instantánea y los sobres de condimento que venían incluidos.
—Ahora toca esperar un poco —musitó, sentándose en una de las sillas de la pequeña mesa de la cocina. Tom sacó del refrigerador la botella de jugo de naranja y sirvió en dos vasos, entregándole uno a Bill.
—Oye, Tom…
—¿Mmh?
—Tengo curiosidad.
Tom le dio una breve probada al jugo y luego de saborear, lo miró, contestando:
—Yo también estoy curioso de muchas cosas.
Para Bill había cosas que necesitaba platicar en ese momento y otras después, cuando el momento se prestara. En ese instante su curiosidad era una completa tortura, eran preguntas perversas, pero que lo llenaban de incertidumbre.
—Entonces vamos a hacer una pregunta cada uno —opinó Bill, sonriendo de lado, rodando los ojos para vigilar que el agua todavía no estuviera hirviendo.
—De acuerdo, comienza tú.
Dubitativo, el chiquillo se cruzó de brazos y se recargó en la mesa. — ¿Desde cuándo haces ejercicio para tener ese cuerpo?
La ingenua pregunta de Bill no era nada parecida a lo que Tom deseaba cuestionar, por ello se tensó. Esperaba que Bill le preguntara cosas mucho más intensas, pero a lo mejor estaba equivocado, al fin y al cabo era la primera pregunta y seguramente era para entrar en calor. Y evidentemente era así, sólo tenía que esperar un momento más para descubrirlo.
—Desde hace un año, pero ya no le dedico tiempo al gimnasio, me ejercito con otro tipo de cosas.
Bill sabía exactamente a qué otro tipo de cosas se refería. Después de todo, el sexo era un ejercicio excelente. Sonrió, jamás había platicado con Tom usando doble sentido, y era interesante.
—Dime, Bill. ¿Qué opinas sobre el beso negro?
Por otro lado, ese tipo de preguntas esperaba Bill, de hecho él quería preguntarle lo mismo pero no tan drásticamente. Si tomaba eso en cuenta, entonces podía gritar que ambos querían hablar sobre sexo
—Creo que…es sexy, por eso he estado practicando la limpieza; me gustaría intentarlo alguna vez. —La penetrante mirada de Tom lo estremeció—. ¿Qué opinas tú?
—Quisiera practicarlo contigo, esta noche quiero intentarlo. La única parte que me falta por ver, es tu entrada. —El rostro de Bill pasó de pálido a rojo de un segundo a otro, pero Tom no lo molestó por eso, porque sabía de antemano que solía ser directo todo el tiempo —. No quiero que enlaces esto con lo anterior, pero, ¿tienes mucho miedo a que te penetre?
—Yo…—murmuró, viendo directo a la mesa—. Claro que tengo miedo, pero sólo a que duela mucho, aunque sé que el dolor pasará luego. Sobre el beso negro, yo también quiero que lo intentemos esta noche, por eso me alegra que lo preguntaras primero, no sabía si querías hablar sobre nuestros planes sexuales. ¿A ti te gustaría que me metiera tu pene a la boca?
El ilegible rostro de Tom logró que Bill se encogiera mucho de hombros ante su propia pregunta. Pero eso no era lo principal que quería saber, Bill deseaba preguntar lo más importante, y no le importó que no fuera su turno para preguntar, necesitaba añadir la siguiente cuestión, porque se suponía, era predeterminadamente la primera que debió salir de entre sus labios.
—Tom,… ¿Cuánto mide tu pene cuando está erecto? Parece ser muy grande. Y cuando pienso en ello siento que va a ser muy difícil que entre, porque quiero ser el de abajo, ¿O nuestro lugar todavía no está establecido? Digo, yo deseo siempre usar ese rol o como se llame.
En esos momentos el agua hirviendo causaba ruido, pero Bill no se quería mover de la mesa, quería una respuesta, o si Tom le daba permiso, estaba dispuesto a medirle el pene para acabar con su malévola curiosidad.
Continúa…
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Que Risa Bill es tan inocente jajjaj que deja en hake a Tom me lo imagino midiendole en pene a tom con una regla jajajja haber si le entra hajj😂😂😂😂😂🤞