
«Homofobia» Fic de Monnyca16
Capítulo 14
“Por completo”
La sopa instantánea pedía a gritos sordos, que sólo Bill intuía, ser vaciada en la olla en la que yacía el agua hirviendo. Los borbotones espesos y ruidos del líquido, consumieron a Bill en un nerviosismo angustiante.
En todo caso, el paso estaba dado. Habían hablado claro, sin demasiados titubeos, y Bill quería ver, medir y probar el pene de Tom, o al menos eso pretendía dejar claro minutos antes al preguntarle si le gustaría que se lo metiera a la boca. Suponía que había sido demasiado obvio con sus cuestionamientos, pero aun así decidió agregar algo debido al silencio existente:
—¿Por qué no dices nada?
Tom mantuvo los labios juntos, perezosos, tranquilos, mientras Bill lo miraba impaciente. A decir verdad, Bill se miraba absolutamente extraño hablando de manera directa. Tom era directo, pero que Bill lo fuese era extremadamente raro, aunque para nada desagradable, de hecho Tom pensaba que Bill ya estaba sintiendo más confianza con los temas sexuales.
—¿Por qué no dices nada? —Insistió Bill, inquieto.
Esta vez los labios de Tom se abrieron para dejar salir algo que Bill no se esperaba —: Sólo estaba pensando en que cuando no hablo dices muchas cosas que no me espero —contestó fácil y simple, ladeando la cabeza, disfrutando el color carmesí que seguía pintando por completo el rostro del chiquillo —. No sé realmente cuánto mide mi pene.
—¿Puedo medirlo?
Por un momento quiso abofetearse por llevar su curiosidad a ese grado, pero cuando Tom soltó una risilla en conjunto con un movimiento de cabeza positivo, se tranquilizó lo suficiente. Se levantó e inmediatamente vertió la sopa y los condimentos en la olla.
—¿Qué es tan gracioso? —Inquirió esta vez, inflando los cachetes. Tom no había dejado de reír y se sentía incómodo—. No te burles de mí, me siento ridículo.
—No, no, no —se apresuró a decir, mirándolo a los ojos—. No me burlo de ti, sólo me pareció irreal. Es decir, te imaginé corriendo en busca de una regla o una cinta de medir. —Suspiró para tranquilizar su mofa, permitiéndole ver a Bill lo brillantes que estaban sus ojos debido a sus ocurrencias —. Nadie ha medido mi pene antes, pero tú lo quieres hacer, eso es inesperado. Supongo que estás en todo tu derecho.
—Y lo estoy. Estoy en todo mi derecho porque tengo que conocer y revisar lo que va a entrar en…—Movió la cabeza de un lado a otro—. Además tú también quieres conocer muy bien aquello que tengo y que… ¡Tú sabes bien de lo que hablo! —Exclamó energéticamente lo último, revolvió la sopa y se fue a sentar en su silla para ver a Tom fijamente —. ¿Crees que hablo mucho? Ya sabes, algunas veces no puedo dejar de hablar y digo muchas cosas estúpidas.
—Nada es estúpido.
—¿En serio? —Ronroneó, inclinándose en la mesa para acercarse más a Tom.
—Me gusta cuando hablas mucho, te apasionas demasiado, exageras algunas cosas, y…—sus comentarios le hicieron darse cuenta de lo idiota que Bill lo ponía a cada maldito momento. Se sentía como un adolescente en plena relación a pesar de ya haber pasado esa etapa—. ¿Qué demonios me estás haciendo?
—¿Qué te hago de qué? —Bill se alejó, frunció el ceño y miró de re ojo la estufa. Literalmente no le había hecho nada, sólo hablaban como siempre —. Yo no te hago nada, ahora eres tú el exagerado. Oye, puse la sopa de pollo, ¿estás bien con ello? No te pregunté si querías de pollo o de res.
Tom diría lo mucho que le gustaba, pero Bill había cambiado el tema absolutamente rápido. Bill parecía no darse cuenta de lo embobado que lo tenía cada vez que lo miraba. Tenía un gran poder sobre Tom, no cabía duda.
—¿Tom?
—De pollo está bien —musitó, prestándole atención a Bill, que se levantaba para apagar la lumbre y empezar a servir—. Bill…
El nombrado volvió sus ojos a Tom.
—No sabes lo mucho que me… —continuaría si no hubiera sido interrumpido por la llamada que entraba en su celular. Bill se quedó quieto esperando a que Tom continuara, pero el celular de éste no dejaba de sonar, obligándolo a contestar.
«No sabes lo mucho que me encantas.»
Al teléfono tenía un número desconocido, que no le apetecía responder, pero lo hizo al notar que la llamada aparentaba ser insistente.
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Bill cenó solo y Tom, que había tratado de hacer algo para cortar la llamada inesperada, comió su cena luego de que Bill terminara la suya. Y, cuando se vio libre para continuar con la plática que había dejado antes, encontró a Bill dormido en el sofá.
Por alguna razón se sintió culpable y necesitado. Esa noche habían planeado intensificar sus sesiones de descubrimiento sexual y Bill, que suspiraba pesadamente, se miraba indispuesto. Profundamente dormido.
Tom lo tomó en brazos y lo llevó a la recámara, acostándolo con cuidado y sin cabellos en la cara. Escudriñó sus largas y oscuras pestañas, acariciándole con los dedos la comisura de la boca y la barbilla. Palpar la suavidad de la piel de Bill, alborotó sus hormonas, su pecho se aceleró, y por largos minutos respiró ruidosamente, resoplando constantemente con tan sólo verlo en calma.
Inclinó la cabeza y tras abrirle la boca con las yemas de los dedos, lo besó en pausas, lamiendo lentamente el labio inferior y provocando con ello que Bill moviera la cabeza y las piernas, en modo atacante. Seguía dormitando, la diferencia era que le incomodaba ser besado en ese estado. Tom se separó cuando Bill abrió la boca y dijo algo casi mudamente, acompañado de un jadeo.
Tom comprendió y se separó para dejarlo respirar abiertamente, tocando con la punta de su nariz la de Bill, respirando su aroma característico. Seguía oliendo a dulces, a ingenuidad. Y Tom se embelesaba con ello, con todas las facciones de Bill, que aunque en ese momento parecieran en reposo, seguían causando reacción en sus testículos y pene.
Bill lo estaba volviendo completamente loco.
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13 de diciembre
—¿Prefieres un árbol de navidad grande o chico? —Bill inquirió apenas entró a Home Depot junto a Tom.
Eran aproximadamente las once de la mañana y Bill se había levantado muy energético, decidido a ir de compras navideñas. Les faltaba decorar la casa, el auto de Tom, y pronto sería navidad. Bill necesitaba todo bajo control y a su gusto, y Tom…bueno él necesitaba que Bill consiguiera su cometido ese día para que no se frustrara.
—¿Qué prefieres tú?
—Yo prefiero… —Se pausó para pensárselo unos segundos más. Tom lo miró de re ojo y frunció el ceño al ver que Bill estaba indeciso. La sala de estar de Tom era bastante grande y un árbol grande sería hermoso, pero también pensaba que decorar un árbol grande era demasiado trabajoso para dos personas —. Uno mediano estaría bien y con esferas de colores por todos lados. —Extendió las manos, imaginándose el diseño personalizado.
Tom miró los precios y ladeó la cabeza, asintiendo. Estaba de acuerdo.
—Voy a ver las luces mientras tú te encargas de las esferas —dijo al ver que Bill se ponía en cuclillas y miraba una caja de esferas diversas. Bill respondió con un sí que sonaba despreocupado, y volvió a lo suyo mientras Tom anduvo por las luces, todos aquellas formas inmensas rodeadas de mangueras de luz, y cascadas de foquitos. Había inclusive un Santa Claus de un metro veinte que hablaba, y pensó que si lo compraba sería demasiado extravagante.
Achinó los ojos y caminó por el pasillo, alcanzando a oír a dos mujeres hablar sobre alguien que físicamente se miraba afeminado, dos trabajadoras que veían a Bill sin despiste y mencionaban que uno de sus compañeros de trabajo había puesto inmediatamente los ojos en él.
Tom las miró, ignorándolas y prestando atención a las luces.
—¿Puedo ayudarle en algo? —Una señorita de mediana estatura se puso a un lado de Tom, mostrando muchos deseos de trabajar ese día. Tom levantó la cara y se negó cortésmente, sonriéndole, también retrocediendo un paso para ver qué hacía Bill. Éste seguía en cuclillas, viendo las esferas, revolviendo algunas cosas en plena concentración —. Últimamente se nos están vendiendo mucho los…
Tom, que la había mirado nuevamente, alzó una mano para que ella guardara silencio. Bill no estaba solo como segundos antes. Volteó completamente hasta Bill y al verlo acompañado de un trabajador, se quedó estático, erguido y con el mentón alzado.
Observó cómo el trabajador estaba en cuclillas junto a Bill, mostrándole pacientemente unas cajas de esferas que parecían ser lo que Bill estaba buscando, lo supuso al ver el alegre gesto de agradecimiento que Bill hacía, una sonrisa enorme acompañada de un sonrojo muy peculiar cuando estaba emocionado.
Bill se levantó y sonriendo, le llevó a Tom las cajas que el trabajador le había conseguido. Tom lo vio caminar y cuando lo tuvo a menos de una pulgada, lo examinó bien, angustiado por verlo tan feliz. Bill era muy amigable con todos y mostraba tantas de sus facetas a cualquiera.
—Hay de estas en todos los colores que ni siquiera te podrás imaginar —musitó Bill, viendo todavía las cajas de esferas que cargaba en sus brazos. Tom no le respondió, sólo se quedó mudo, viéndolo con una ceja alzada —. ¿Te sientes mal? —Tocó con su minúscula mano la frente de Tom y cuando lo hizo, el gesto indignado de Tom se borró.
La señorita seguía ahí, con su uniforme y todo, viendo la escena.
Tom definitivamente debía pedirle a Bill que fuera su novio. Hasta el momento su relación no tenía nombre y prefería que Bill se sintiera totalmente satisfecho para que no se fijara en alguien más. En esos momentos entendió que era necesario hacer las cosas más serias para sentirse más seguro con Bill y darle el lugar que se merecía.
—¿Tom? —Bill se acercó más, dejando las cajas de esferas a un lado, sujetando el rostro de Tom con las manos y atrayéndolo al suyo. Tom reaccionó y acortó la distancia para besarlo. Bill cerró los ojos rápidamente y se paró de puntas, juntando sus labios con los de Tom.
El beso fue casto, algo rápido y húmedo al mismo tiempo. Cuando Bill abrió los ojos, Tom miró a su alrededor. En su entorno había siete personas, y por milésima vez no le interesó andar con Bill y que los demás los vieran. Volvió su vista hacia Bill y le acarició el cabello con los dedos.
—Estás todo raro —le dijo, volviendo a agarrar las cajas de esferas. Tom lo detuvo, acercándose a su oído.
—Me encantas —susurró, frotando su nariz con el lóbulo de la oreja izquierda de Bill.
El rostro del chiquillo se puso totalmente rojo, y sus piernas flaquearon. No se esperaba un comentario así.
—Tom… —Bill le golpeó el pecho con los puños cerrados, en puchero —. También me encantas.
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Las compras completas terminaron en alrededor de dos horas, e inmediatamente Tom pagó, se dirigieron a casa para poner manos a la obra. Bill se adelantó con el árbol, situándolo en una esquina para armarlo y extender las ramas verdes. Uno natural hubiera sido mejor si Tom no hubiera querido guardarlo como recuerdo de sus primeras compras navideñas juntos.
Pero aun así Bill seguía entusiasmado. Amaba la navidad.
Tom hizo su parte colgando las luces en las afueras de la casa, con cinchos y mucha paciencia. Habían elegido luces blancas, rojas y verdes para la decoración exterior, mientras que para la interior involucraba más colores. Para cuando Tom terminó fue hasta Bill, que permanecía en oculto del frío. Lo vio arriba de una mini escalera para poner las esferas en la parte superior.
Bill bajó de la escalera y fue rápido por la estrella. Tom lo siguió con la mirada, sin perder de vista su redondo trasero.
—¿Se ve bien? —Bill señaló lo que parecía una obra de arte.
Al oír a Bill, miró el árbol y asintió, encendiendo las luces de ahí para que lo vieran terminado y prendido. Bill aplaudió, y sin todavía bajarse de la escalera, sintió que Tom se ponía a su lado.
—Bill. —El nombrado volteó y se quedó en espera, sonriente—. Lo que somos es algo más que un simple nombre, pero quiero pedírtelo de todas formas. Ha pasado un tiempo y nunca había estado tan seguro como ahora lo estoy contigo. —El rostro del chiquillo mostró confusión, y la sonrisa que pulía su rostro decayó por el nerviosismo—. Me gustaría que cuando te preguntaran si tienes pareja, dijeras que sí, así como a mí me gustaría decirlo también. Para mí, nosotros siempre hemos sido novios, hacemos cosas de novios, dormimos juntos y te conozco de pies a cabeza. Pero, estoy seguro que debo preguntártelo. —Bill sólo ladeó la cabeza, como si estuviera a punto de colapsar. Tom hablaba tan serio y seguro de sí mismo y de su relación, que lo hacía sentir orgulloso—. ¿Quieres ser mi novio? ¿Mi pareja en todos los sentidos?
La respuesta estaba en la cabeza de Bill, en su corazón, en su boca, pero su corazón acelerado, martillando su pecho, lo puso tan nervioso que no pudo hablar por un momento. Tom lo esperó tranquilamente, viéndolo directamente a los ojos.
Entonces Bill parpadeó varias veces, abriendo la boca y situando una de sus manos en el pecho de Tom. Sintió con sus dedos el palpitar firme y fuerte contra su palma y sonrió, avergonzado.
—Sí —soltó veloz, desesperado por apenas lograr musitar la corta afirmación—. Sí, sí, sí.
Sonrió para Tom e inmediatamente se separó de la escalera, estirando los brazos para colgarse de su cuello y abrazarlo fuerte, tan fuerte que sintió sus huesos débiles. Tom lo recibió en sus brazos, sosteniéndolo de los muslos para que rodeara con fuerzas su cadera.
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Tardaron más de cinco minutos abrazándose, incluso Tom pensó que Bill se había quedado dormido, pero para su suerte, no fue así. Eran novios oficiales y se sentía común. Bill suponía que era porque ambos ya hacían cosas de novios y aquel era sólo un título. Pero de igual modo se sintió bien al ya tener una respuesta para cuando le preguntaran si tenía pareja.
Con la casa encendida y brillante, se dieron una ducha, juntos.
Eran las siete de la noche y Bill no lucía cansado para nada, no cuando en su cabeza estaba concluir con algo importante, algo que ayer no pudo por quedarse dormido. Las dudas y el morbo que el pene de Tom le inyectaba, seguía en su cabeza, y la idea de que le diera un beso negro lo deleitaba en silencio. Eran fantasías que quería cumplir. Necesitaban terminar con la tensión sexual que los rodeaba; eso era lo que no los dejaba hablar más libremente, conllevando a que se comportaran como idiotas al no saber cómo continuar el día juntos.
Precipitado, Bill se enjabonó las manos y hundió una en su trasero, cuidadosamente para limpiar su entrada. Tom lo miraba fijamente, en un juego cómplice. Bill, que se había adentrado al agua cayendo, se limpió el jabón, quedando a escasos centímetros de Tom.
Se miraron el uno al otro, tan profundo que los ojos de Tom tuvieron que entornarse dos veces. Sin embargo, no cruzaron la línea. Bill sonrió, fresco, sabiendo que estaba en etapa de cortejo. Tom no le haría nada si Bill no quería, y Bill sólo tendría que controlar lo deseoso que estaba para continuar con lo que quedaba pendiente.
Al salir de la ducha y secarse el cabello, Bill se dirigió al cuarto, donde Tom se encontraba acostado, pero no dormido.
Tardó para subir a la cama; el nerviosismo lo consumió en cuerpo y alma, y su corazón estaba vuelto loco, palpitando como nunca antes. Estaba consciente que esa noche pasaría lo más importante hasta el momento, y quería, lo anhelaba, pero al mismo tiempo no podía controlar su estado acelerado. El corazón latiendo en su garganta le impedía respirar, y se sentía asfixiarse.
Respiró profundo y subió a la cama, gateando, acostándose a su lado y dándole la espalda. Estaba nervioso, mucho. Sabía que Tom estaba en su mismo juego, en el preludio. Lo corroboró al sentir que lo abrazaba por la espalda lentamente, acomodándose.
Con cuidado, Bill respiró y llevó la mano de Tom por dentro de su camiseta para crear contacto. La mano de Tom se extendió por completo y se quedó en pausa, buscando tranquilizar a Bill un poco. Luego, cuando lo sintió más tranquilo, acarició de arriba abajo con suavidad, atrapando con dos de sus dedos uno de los pezones de Bill, endureciéndoselo inmediatamente.
Bill se arqueó, empujando su trasero hacia atrás, chocando con el falo endurecido de Tom, frotándose con él a un ritmo cargado de sensualidad. Dejó escapar un jadeó y en esa misma posición, expulso el cuello, permitiendo que Tom hundiera la boca en él y comenzara a besarlo. Nuevamente, los vellos faciales de Tom sacudieron su cuerpo, pero deseó más, y apretó las piernas y su pequeña entrada apenas Tom se apartó para ponerlo boca arriba y caer sobre su cuerpo, entre sus piernas, con los brazos alrededor de su extensión y tensos mientras le besaba la boca de manera lenta.
Bill correspondió con torpeza, tocando con las manos los abdominales de Tom, y bajando considerablemente lento hasta sus genitales. Tom movió las caderas hacia adelante, frotando su pene cubierto con las manos de Bill, desesperado, excitado en demasía. Mordió con los labios la afilada barbilla de Bill y lamió la línea de su mandíbula hasta besarle con desenfreno el esbelto cuello. Bill abrió la boca y jadeó alto, apretando con las manos la longitud del palpitante pene caliente que seguía entregándose a sus manos.
Sin dudarlo, Bill no arruinaría esa noche; cumpliría todas sus fantasías y las de Tom también. No sentía vergüenza ni miedo, estaba dichoso por ese hecho, más ahora que deseaba entregarse por completo.
Continúa…
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