«Homofobia» Fic de Monnyca16

Capítulo 15

“Entre sábanas”

El calor que expelía la húmeda lengua de Tom y que utilizaba para besar el cuello de Bill, iba en aumento. Las suaves manos de Bill permanecieron apretando con fuerzas el pene de Tom, mientras su dedo pulgar frotaba el glande cubierto. Y Tom, que movía las caderas, ebrio de codicia, resopló justo en la garganta de Bill, excitado

Por un instante Tom se detuvo y se separó un poco para ver el rostro de su acompañante, el cual lucía sonrojado y complacido, expuesto. Llevaban varios minutos besándose a la vez que se frotaban con libertad, pero aun así Tom quería ver con sus propios ojos que Bill estuviera completamente bien con ello. Sabía que, en un descuido, su comportamiento había pasado de cuidadoso a urgido, desesperado y confianzudo.

Bill entornó los ojos al contemplar a Tom de cerca. Vio sus rastas negras, su vello facial y esos ojos de tórrido café, que brillaban de excitación pura. Entonces supo que Tom deseaba saber si se encontraba bien; como siempre, estaba preocupado y trabajaba para que su primera vez fuera especial.

Con el corazón palpitando alto y sin oxígeno en sus pulmones, Bill asintió lentamente, levantando la cabeza para abrir la boca y atrapar la de Tom, en un beso tímido y tembloroso. Tom, que había cerrado los ojos, los entreabrió al percatarse que la boca de Bill temblaba de nervios. Para tranquilizarlo se separó un poco, apagando el beso, luego le acarició la nariz con la suya, meloso, y respiró profundo. Bill lo imitó y respiró hondo, expulsando el dióxido de carbono por la boca, soplando su dulce aliento en el grueso cuello de Tom.

—Hueles a fresas con crema —Tom le susurró en el oído, sorprendiéndolo. La piel de Bill se estremeció, poniéndose de gallina por lo varonil que se oía la voz de Tom en combinación con el aliento caliente que depositaba en su oreja al respirar.

El pecho de Tom subía y bajaba, aunque más tranquilo que el de Bill, y éste, al escucharlo supo que Tom trataba de calmarlo con una plática.

Bill suponía que la erección de Tom dolía, por lo que sonrió, torpe, bajando en pausas aquello que cubría el falo que latía contra su palma, hasta quitárselo. Al tener la carne alzada desnuda frente a sus manos, la sujetó con suavidad, su mano extendida totalmente, y decidido movió la mano de arriba hacia abajo, cubriendo y descubriendo el glande con tortuosa lentitud. Tom abrió la boca y soltó un jadeo reprimido sobre la oreja de Bill, impulsando al mismo tiempo su pelvis, vencido a la mano que le acariciaba.

—¿Fresas con…crema? —susurró Bill, sonriente. Tom inhaló hondo, conteniendo un divertido jadeo—. Tú hueles…—olfateó el cuello de Tom, fundiéndose en el agradable y embriagador aroma masculino. No sabía cómo describirlo—, varonil… tan varonil. —Una risilla nerviosa salió de entre sus labios, al mismo tiempo que se atrevía a acelerar el movimiento de su mano, que envolvía el craso pedazo de carne, para después dejar un beso cargado de cariño justo en la base del cuello que tenía en frente.

Tom tensó con crueldad los músculos de sus brazos y su abdomen. Movió la cabeza, y tras dejar su nariz junto a la de Bill, jadeó sobre sus labios, cerrando los ojos con fuerzas. Jamás había deseado tanto poseer a alguien, y estaba a un momento de acelerar la situación, no obstante, Bill abandonó su falo y logró salir por debajo de su cuerpo. Tom lo observó, y entendió, recibiéndolo apenas se lanzó sobre él con cuidado, quedando ambos totalmente recostados en la enorme cama, Bill esta vez sobre su cuerpo, atacando sus labios en un tierno beso húmedo.

Sus lenguas se encontraron y entrelazaron, hábiles, con pasión, consumiéndolos y logrando que el tiempo se detuviera totalmente a su alrededor, sólo envueltos en sus jadeos, en el calor de sus bocas y el aroma de sus cuerpos que, sin poderlo evitar, impregnaron por completo la habitación.

Bill abrió los ojos, hallándose con los parpados de Tom, tranquilos debido a sus ojos cerrados. Tomó entre sus manos sus rastas y descendió, sujetándole el rostro y afianzando más el caluroso beso. De repente, Bill terminó el beso y le sacó la playera. Depositó un beso casto en su mejilla al concluir, y comenzó así a bajar, deslizando las manos por entre los abdominales y el comienzo del vello púbico de Tom.

Su rostro quedó a escasos centímetros del tumefacto falo enrojecido y húmedo y, capturándolo entre ambas manos, levantó la cabeza. Tom lo observaba, impaciente, semi sentado en el colchón con las piernas extendidas, haciéndole espacio para que se pusiera cómodo. Entonces, sin temor, Bill arqueó la espalda y se puso en cuatro patas e inclinado, directo a la entre pierna ajena.

Había visto el pene de Tom antes, pero la situación era distinta. Esta vez ese enorme pene estaba demasiado cerca, tanto, que podía olerlo, tan cerca que la punta de su nariz tocaba el pellejo mientras que los prominentes testículos rozaban su afilada barbilla. Dicha carne exudaba líquido pre seminal que chorreaba desde la rendija hasta el saco escrotal, bañándolo.

Bill cerró los ojos y sujetó con una mano el pene, apretando fuerte para luego suavizar el agarre, percibiendo lo duro y caliente que estaba. Al soltarlo, hundió la boca en la base, situando una de sus manos extendidas a un costado, viendo de re ojo que el largo de su mano era más pequeña que el pene erecto. Seductor, dejó un beso en una de las venas que tenía la erección y sacó la punta de la lengua para probarlo.

Sintió el miembro palpitar contra sus labios y su lengua, animándolo a continuar. Besó esta vez como si la longitud fuera otra boca que lo recibía y ascendió, en pausas, hasta tener frente a sus labios la cabeza, glande que brillaba en insinuante atracción. Fijó la vista en Tom por un momento, dejando el glande justo en su mejilla, reposando.

Tom esperó con paciencia y vio, luego de varios segundos, cómo la boca de Bill se abría para adentrar el pene y, pese a ser un inexperto, Bill consiguió alejar los dientes del prepucio y chupar lo poco que entró. Sus mejillas se pusieron rojas de repente, sin detenerse, más bien prosiguió moviendo la cabeza de arriba abajo, con ritmo, cuidando la velocidad y acariciando con la lengua la hendidura donde brotaba esperma.

El pene de Tom sabía salado, y los rizados vellos púbicos olían a sexo, una mezcla de emanaciones de uretra y jabón aromático. La entrada de Bill se contrajo ante el pensamiento de ese gran pene en su diminuto interior, asaltándolo una y otra vez, tocando su próstata con urgencia y apasionamiento. Gimió con la boca llena y abierta, ejerciendo presión con sus labios en un orgasmo mental. Su gemido salió acompañado de un caluroso aliento que golpeteó el glande que permanecía en su boca. Tom movió las caderas hacia adelante, empujándose para hacerse más espacio en la cavidad bucal, apreciando el gesto extasiado que Bill exponía, acompañado de un movimiento sensual de caderas, dejando sus piernas más abiertas y su redondo trasero más levantado y sensible.

Tom contuvo la respiración por tres segundos, deleitándose con la imagen erótica de Bill en conjunto con la sensación de asfixia que mantenía a su pene preso en su pequeña boca. Bill destensó su entrada y sus labios, echándose hacia atrás para sacar el falo de entre sus dientes, hundiéndose esta vez en la bolsa escrotal, en la piel suave y cálida que mantenía cubiertos a dos testículos hinchados y palpables.

Lamió la corrugada piel, permitiéndose adentrar un testículo a su boca con cuidado, besándolo como si la protuberancia le respondiera, tan sensual que Tom echó la cabeza hacia atrás. Sus rastas se desataron de la liga que las ataba y cayeron en su espalda y hombros, su estómago se contrajo y lo hundió. Bill lo estaba haciendo demasiado bien, eyacularía en cualquier momento si no fuese porque Bill se detuvo y lamió desde la base hasta la punta de su pene.

Tom volvió la cabeza hacia Bill y le acarició el cabello con la mano derecha, atrapando su barbilla para atraerlo. Bill gateó hasta Tom y, de rodillas en la cama, correspondió el beso apresurado que Tom le ofreció. Sus dientes chocaron por la prisa, pero sus labios embonaron al tomar el ritmo, aumentando la intensidad cuando Tom, vehemente, le apretó el trasero con las manos, tan fuerte que Bill gimió alto.

Tom, con los ojos entrecerrados, tumbó a Bill en la cama, visiblemente ansioso. Apartó la playera que cubría el pecho de Bill y sin cortar el largo beso, bajó cuidadosamente su bóxer y su pijama hasta dejarlo completamente desnudo.

El cuerpo de Bill reaccionó al entrar en contacto con el de Tom y su tórax subió y bajó, agitado, ligeramente Tom le dio la media vuelta y lo puso en cuatro patas. Hundió la cabeza en la cama, volteó hacia Tom y cerró los ojos, alzando imposiblemente más su trasero. Tom juntó sus piernas y sostuvo sus nalgas, separándolas con los dedos. Bill inclinó su pecho un poco más y apoyó sus piernas juntas mientras Tom, cariñoso, acariciaba con la punta de su nariz la curvatura de su nalga derecha, besándola y alcanzando a morderla con los labios, consiguiendo que Bill sacudiera su cadera de izquierda a derecha, complacido y al mismo tiempo desesperado.

La boca de Bill se abrió para soltar un jadeo de complicidad apenas Tom dejó su entrada a la intemperie, y se derrumbó en ella, lamiendo al principio tentativamente para después seguir probando. Tom se alejó un poco del bonito trasero para mirarlo, descubriendo lo pálido y suave que era. Incluso el ano lucía blanco, limpio y sin rastros de vellos. La entrada de Bill olía a jabón aromatizado y no tenía sabor alguno, por ahora, y al lamer, percibía la carne y la excitación en cada contracción.

Bill tensó los músculos anales cuando Tom, apasionado, abrió más la boca para intensificar el beso húmedo, dejando la entrada empapada con su saliva y resbalosa, lubricada y tierna. Ante la boca de Tom, el interior de Bill se abrió y se cerró herméticamente, dejando entrar una pequeña porción de la lengua que lo estimulaba.

Con firmeza, Tom apretó los muslos del pelinegro, y se los separó. Bill meneó la pelvis, deseoso de más contacto, empujándose hacia atrás cuando Tom, nuevamente, metió la punta de su lengua en el estrecho agujero.

Bill engarzó las sábanas con sus palmas, fuertemente, sus nudillos se hicieron blancos y su estómago vibró de placer, acalambrándolo. Jadeó alto y gruño, desesperado, moviendo sus caderas para acelerar el beso que Tom seguía intensificando en su entrada, hasta desarmar su cuerpo en una vigorosa convulsión que no pudo contener más. Tom situó una mano en su espalda baja y la llevó, resbalándola, hasta su ano, posicionando un dedo ahí.

Bill sintió a Tom sobre su espalda y un dedo hacerse terreno en su interior mientras que a su vez, la mano sobrante de Tom se dirigía a su pene para masturbarlo. El dedo de Tom, ya con un centímetro dentro, se detuvo. Bill comprimió su recto y oprimió el dedo de Tom, impidiéndole, por un momento, penetrar por completo.

Los delgados brazos de Bill flaquearon, azuzando a que sus rodillas se enterraran en la cama para sostenerse. Tom aguardó un momento, sintiendo cómo las lisas paredes de Bill se relajaban, y, como recompensa, le besó el hombro al tiempo que terminaba de embestirlo con el dedo.

La respiración acelerada que salía de la nariz de Bill y la gesticulación confusa que trasmitía su rostro, le hizo saber a Tom que la intromisión había dolido. Sin embargo, Tom prosiguió, esta vez moviendo el dedo para que se acostumbrara. A falta de lubricación, sacó el dedo para lamerlo y volverlo a incrustar, tardando poco para hallar la próstata de Bill, que acarició con la yema de su dedo e hizo que el cuerpo esbelto de Bill se sacudiera de goce.

Los ojos de Bill se abrieron y apenas al mirar a Tom, una ráfaga de satisfacción envolvió sus sentidos. Y Tom, que no había despegado los ojos de su rostro, lo besó, por sobre su hombro derecho, aprovechando el momento para esta vez adentrar otro dedo.

Con dos dedos moviéndose en su interior, Bill empujó sus caderas en aceptación y jadeó, sintiendo por primera vez el placer en su ano, dicha que hasta el momento podía hacer realidad.

Dos dedos ahora no le parecían suficientes, ni tres, lo supo cuando Tom, con cuidado, incluyó otro dedo. El cuerpo de Bill necesitaba sentirse lleno, deseaba el pene de Tom en su recto, anhelaba que aquel falo tibio entrara y desatara incontables espasmos en su organismo. Jadeó nuevamente, con la boca abierta y el pecho agitado, llevando una mano a su trasero para detener a Tom y pedirle, con la vista nublada de placer, que entrara en él de una vez por todas.

Tom sacó los dedos del ano ya dilatado, y recostó a Bill boca arriba. Estiró uno de sus brazos hasta el buró que había a un lado de su cama, abrió el cajón y extrajo de ahí un pequeño bote de lubricante a base de agua que recién había adquirido, y un condón.

Bill se mordió el labio inferior y observó a Tom.

Cuando sus miradas chocaron, Bill sonrió, abriendo las piernas un poco más, flexionándolas cuando Tom llevó dos de sus dedos a su agujero para lubricarlo. Metió un dedo y al introducir el segundo, Bill estiró el cuello y gimió, aceptando la intromisión. Tom se inclinó para juntar sus labios en un beso urgente.

—Tom…—Bill murmuró sobre sus labios mojados.

El nombrado fijó los ojos en él.

—Sin condón. —Pidió, parpadeando y regalándole un beso ruidoso, que aceptó.

Si Bill quería que fuera sin condón, así sería. Tom confiaba y Bill le demostraba que estaba muy seguro de su petición, por lo que estuvo de acuerdo.

Bill respiró muy alto, atronadoramente y relajó su extensión al percibir que Tom sacaba los dedos de su entrada, también masturbándose en espera, frente al rastudo, acariciando con su mano sobrante un de sus pezones. Tom lo miró, contento por ese detalle. Estaba seguro que esta vez Bill no se cohibiría.

Firme, las manos de Tom sujetaron la cintura de Bill y, guiando su voluptuoso pene a la abertura, tensó su pelvis y empujó su miembro, pasando dolorosamente el primer anillo. Bill cerró los ojos, y sus manos, que estimulaban su cuerpo, agarraron las sábanas de la cama y se hicieron puño.

Dolía. Le dolía mucho.

Tom se detuvo, disfrutando la estrechez de la embocadura al mismo tiempo que escudriñaba el rostro de Bill. Se reclinó hacia él, en su cuello, besándole ahí y masturbándolo lentamente y, sin previo aviso, se empujó un poco más, esta vez hasta el fondo, terminando por encerrar su erección en la ceñida entrada mojada.

Bill luchó por no contraer su ano, motivado por los besos y las caricias que Tom confiaba a su cuerpo. Tom, por su parte, ladeó el rostro, viéndolo fijamente, a una pulgada, besándolo en los labios, con salvajismo, notando que Bill le abrazaba la cadera con sus piernas, comprimiendo imposiblemente mucho más sus cuerpos, sus respiraciones que iban al compás.

Ya listo, Bill meneó su trasero desde abajo, recibiendo como respuesta que el regordete pene saliera de su hueco y entrada con ímpetu, duro y lento, tocando fondo.

El cuerpo de Bill se meció con dicha embestida y continuó con las siguientes, hasta sentirse lleno. Tom aceleró la penetración, entrando y saliendo por completo, fogoso, presionando los labios y rosándolos con los contrarios, fundiéndose en un beso correspondido que se cortaba por falta de aire, pero que, luego de respirar, continuaba con facilidad.

Los parpados de Bill temblaron y su boca se abrió en grande, dejando escapar un gimoteo reprimido, casi silencioso. Y Tom, que lo observaba, embistió fuerte, profundo y apasionado para salir de su interior y posicionarlo de espaldas a su miembro.

Con una pierna flexionada, Bill recostó la cabeza en una almohada, y boca abajo, recibió a Tom por detrás con renovada fuerza hasta permanecer en un ritmo constante y certero, en el cual la próstata de Bill era estimulada sin dificultad por el caliente y enrojecido pene que, expertamente, lo poseía.

El rostro de Tom cayó en el hombro izquierdo de Bill, y sus labios dejaron besos ahí, ascendiendo hasta su cuello. Agarró la pierna flexionada de Bill y la acarició, penetrando esta vez más lento, incesante, logrando que sus testículos dejaran de chocar con el trasero que asaltaba.

Los gemidos que Bill emitía aún no cesaban y ante esa melodía, Tom se apresuró a masturbarle. Bill, sensible en demasía, eyaculó, llenando la mano de Tom y las telas que cubrían la cama. Un escalofrío recorrió su columna vertebral y los dedos de sus pies se enroscaron, con ello contrayendo su entrada con fortaleza, obligando a Tom a llegar al clímax. El orgasmo agotó los sentidos de Tom, que sintió claramente cómo sus testículos hormigueaban y el semen era expulsado por su hendidura en las paredes anales de Bill.

El calor del semen trasparente y espeso terminó por impregnarse en el interior de Bill, en una reacción placentera que lo llevó a jadear de satisfacción. Su cuerpo seguía débil, lo supo al ladear la cara para recibir el beso que Tom buscaba darle. Un beso en los labios que pese a los gozosos calambres, no se apagó.

Los labios de Bill se curvearon en una sonrisa, una linda curva que significaba dos cosas: la primera; Bill había tenido su maravillosa primera vez, y la segunda; ya sabía cuánto medía el pene de Tom.

“22 centímetros” Se repitió mentalmente, albergando todavía en su entrada el agraciado falo exaltado. Estaba seguro que si no se hubiese aprendido la medida de su mano y la distancia en centímetros, entonces jamás lo hubiera sabido antes de tener su primera vez.

Continúa…

Gracias por la visita.

por administrador

Publico con autorización del autor

Un comentario en «Homofobia 15»

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