«Homofobia» Fic de Monnyca16

Capítulo 2

“Bill es jodidamente paranoico”

Después de las ocho de la noche, Bill giró el pomo y abrió la puerta, encogido de hombros y con medio cuerpo inclinado hacia adelante. Amanda fue a recibirlo al igual que Tom, sólo que este último se mantuvo a una distancia mayor a un metro y medio.

—¿Estás bien? —Preguntó ella, viendo chorros y chorros de sudor brotar explosivamente del cuerpo de Bill. Sus camiseta estaba húmeda y su cabello todo despeinado. Si Bill tuviese que describirse, diría que se veía asqueroso.

—No —murmuró apenas audible. Se irguió y respiró profundo, dejando ver su rostro todo mojado, absolutamente empapado de sudor —. Hace mucho calor —adujó con mucho esfuerzo, echándose aire con la mano de manera dramática. Tom desencajó la quijada, fijando su vista en las pronunciadas mejillas sonrojadas de Bill. Tenía chapitas y se veía terriblemente infantil mostrando ese comportamiento extraño—. Apesto, así que déjenme pasar y disculpen —exageró, pasando entre sus observadores. Tom se echó para atrás, aunque para ser sincero, Bill no despedía mal olor, de hecho seguía aromatizado igual que por la tarde.

—Eres tan exagerado, Bill. —Se bufó Amanda, viéndolo subir los peldaños, sin fuerzas.

—Ahg, soy un desastre —espetó Bill, agarrándose del barandal de la escalera. Le dolían demasiado las piernas y era un milagro que todavía estuviera de pie. Amy y Tom se le quedaron viendo, perdiéndolo de vista. A los pocos segundos, ambos escucharon los quejidos de Bill muy concentradamente; era muy común para Amanda ver a Bill y oírlo gritar como una nena por estar sudado, pero para Tom era nuevo. Porque para éste, ese comportamiento era otro punto negativo.

—Se lo dije, es imposible que haga ejercicio. Pero ya se acostumbrará —añadió la mujer. Tom ladeó la cabeza, no creía que Bill se acostumbrara a estar sudado en los siguientes días.

Después de cuarenta minutos, Bill bajó para alimentarse. Era muy tarde para cenar, pero moría de hambre. Apenas bajó y se tiró en el sillón. Tenía su pijama puesta y se había perfumado mucho para no sentirse exudado y sucio.

—Pero si te echaste toda la botella. —Amanda llevó los platos a la mesilla de la sala. Era pizza y Bill amaba la pizza.

—Para nada, sigo oliendo horrible —agregó Bill, metiéndose un pedazo de pizza a la boca y comiéndose la mitad de una mordida. Tom se quedó petrificado, tontamente impactado. Bill no era específicamente muy educado para comer y menos cuando estaba hambriento. Esta vez era poco femenino aunque tuviese ese fino rostro.

—Quemas calorías y las vuelves a obtener con este tipo de comida… —La voz de Tom sonó como un regaño, quiso decir algo más, pero Amanda levantó la mano, impidiéndole pronunciar palabra.

Bill hizo una mueca y se contuvo de contestar; Tom ni siquiera se había atrevido a mirarlo, pero seguía señalándolo. Bill no tenía por qué ser como Tom, ni tener un cuerpo perfecto,… por supuesto que no. Bill era muy descuidado con su alimentación y estaba seguro que tardaría mucho tiempo en tener un cuerpo marcado como el de Tom, y lo tendría si se le pegaba el deseo y se alistaba para ejercitarse. Por el momento, con su cuerpo delgado estaba bien. ¿No era tan malo, o sí? No necesitaba un six pack para verse sano y fuerte, ni mucho menos para sentirse sexy.

—Pero él no quiere estar en forma, mi amor. Así que déjalo comer tranquilo —Amanda intervino. Bill movió la cabeza, estando de acuerdo, era mejor que lo dejara comer en paz.

A los diez minutos posteriores, Bill se acabó diez pedazos de pizza, dejando a Tom con la boca abierta. No era posible que Bill comiera tanto y que no se cansara ni se inflara.

—¿Qué tanto hiciste en el gimnasio para llegar todo cansado? —La mujer lo interrogó.

—Pero si me había salvado, Amanda —contó Bill, como un niño pequeño—. En el gimnasio no hice ni una mierda, sólo me mantuve presente y ayudando a Gustav. Pero cuando salimos de ahí, a Gustav se le ocurrió correr y me obligó. Yo tuve que correr y ahora no me puedo levantar ¡Lo juro! No puedo ni caminar, me duele todo y no sé si estaré recompuesto para el lunes.

Al concluir, Bill se sorprendió por la facilidad que había tenido para contarle ese dato a su madrastra. Supuso que ya estaba acostumbrándose a tratarla bien; a pesar de todo lo que le había hecho, Bill nunca se ocupó de guardarle rencor, ni lo haría.

—Puedo llevarte y traerte de la escuela el lunes, claro, si Amanda y tú quieren —opinó Tom, de nuevo sin dedicarle una mirada, tomando esa como una oportunidad para poderlo tener por un momento a solas. Sinceramente no tenía idea lo que decía, pero Bill era muy interesante, y además lo había provocado primero, así que tenía que aguantar, porque el que jugaba con fuego, se quemaba.

—Sería genial que ayudaras a Bill de esa manera. —Amy meneó la cabeza de arriba abajo—. Además te queda de paso al trabajo. ¿Qué dices, Bill?

Bill se rascó el cuello y movió la cabeza verticalmente, casi como robot. ¿Qué tanto perdía? Nada. Tom sería su padrastro y tenía que olvidar el beso. Debía olvidar ese beso insignificante. Pero, ¿qué pensaba Tom del beso? ¿Le había gustado? Aquello era malditamente imposible. No. Además ¿cómo gustaría un beso infantil y sin lengua? El besito apenas había durado 3 segundos y era imposible que Tom se sintiera atraído por Bill después de eso. Pero a diferencia de Tom, Bill sentía que ese beso había sido lindo a pesar de la angustia que sintió antes y después de dárselo. Los labios de Tom eran suaves, rosas, gruesos, muy tibios…Pero no. Tom no le gustaba. ¿Cómo podía gustarle si ni lo conocía? Tom no le gustaba. No.

Bill se volvería loco en cualquier instante. Solamente los idiotas se sentían atraídos por sus presas, por sus peores enemigos. Bill era realmente masoquista y estaba comenzando a pensar en tonterías. Pero necesitaba despertar, caer en la realidad y recordar que Tom estaba muy cabreado con él y que era doble cara para de ese modo cuidar su relación con Amanda.

Cuando Bill terminó de comer y se acercó a las escaleras, vio que había una araña en compañía de una cucaracha. Aquella imagen le hizo sentir pánico. Odiaba a las cucarachas más que a las arañas. Sin embargo, esta vez esos dos insectos molestos se habían aliado y Bill tenía miedo a que la cucaracha fuera a volar, caer en su cabello y hacer una casa mientras que la araña tejía para construir las ventanas. Bill recordaba haber leído que las arañas eran excelentes para mantener al mundo sin tantos insectos molestos, pero esta vez no quería dejar viva a esa grande amenaza. Bill no evitó dar un salto hacia atrás y gritar con todo el pulmón. Sentía que se desmayaría en cualquier momento.

Amanda corrió velozmente, trayendo a Tom consigo. Ambos posaron los ojos en Bill, que yacía en el piso.

—¡Mátalas! ¡Mátalas ahora! ¡Me quieren comer!

El grito marica de Bill había sido el colmo, Tom se asomó y aplastó fácilmente a la cucaracha. Era algo muy estúpido, el insecto medía como medio centímetro y la araña estaba muerta y aparte era muy pequeña, pero Bill seguía atemorizado.

—Ya no hay nada —avisó el rastudo, viendo que esta vez Bill se encontraba arriba del sillón, parado y con un almohadón en brazos, temblando. No podía ser posible… Bill no podía ser tan exagerado con cosas insignificantes. Tom odiaba a las personas así y más si esas personas eran hombres.

Para Tom, los hombres debían ser fuertes siempre y no llorar. Su madre le había enseñado que los hombres no lloraban ni se volvían débiles. Y que Bill fuera todo lo contrario a un hombre, lo frustraba enormemente.

—Él ha tenido malas experiencias con las arañas y las cucarachas —dijo Amy, excusando el miedo de Bill. Era cierto, Bill de pequeño había sido acosado por cucarachos voladores y enormes arañas.

—De acuerdo. —Tom se relajó, yendo hasta Bill. Lo miró de arriba abajo, percibiendo que el chiquillo estaba pálido. Se veía muy torpe, era demasiado estúpido para Tom.

—Llévalo a su cuarto, Tom. Sé que no querrá pisar el suelo después de esto. —Amanda empujó a su novio para que atendiera a Bill.

Tom quiso negarse, pero su novia estaba ahí, viéndolo, esperando lo mejor de él. Entonces, Tom se estremeció ferozmente, sintiendo una horrible sensación en todo su cuerpo. Bill le daba asco, no quería tocarlo, sin embargo, le abrió los brazos y lo obligó a soltar el cojín para que se colgara a su cuerpo. Al sostenerlo, Tom lo llevó a su recamara cuidadosamente.

Cuando llegaron al cuarto, Tom rápidamente depositó a Bill en la cama y éste inmediatamente se separó de un empujón, cayendo ya en sus cinco sentidos. No entendía cómo era que se había comportado como un niño con Tom, pero ahora que estaba alejado de los insectos, caía en su jodida realidad.

—Vete. —Apuntó la puerta y se separó todavía más, desplomándose al otro extremo de la cama. Rápidamente se levantó y se hincó en el piso, sacando la cabeza por sobre el colchón para cerciorarse de que Tom saliera de su recámara. Para su sorpresa, Tom siguió ahí, cruzado de brazos con pedantería, pensando en lo ridículo que su futuro hijastro se veía —. ¡Vete ahora mismo, Tom!

Sin sonrisas socarronas, Tom contestó:

—Debería pedir mi recompensa, después de todo te he cargado hasta aquí.

Bill no entendía porqué de tantas confianzas, hasta que recordó el beso y se negó repetitivamente con la cabeza, buscando borrar esa escena de su cabeza hueca. No quería recordarla; lo hacía sentir muy avergonzado.

—Nadie te lo ha pedido. —Memorizó.

Tom chasqueó los labios. La necesidad de hacer entrar a Bill en razón y ayudarlo a solucionar su aparente problema de desviación sexual, combinado con su felicidad con Amanda, lo obligó a que cargara a Bill y que buscara una manera para poder llevarlo por el buen camino. Después de todo, Tom se casaría con Amanda y lo mejor era comenzar a ayudar a Bill con sus problemas y qué mejor que tenerlo bajo sus órdenes. Esta vez, Tom se había prometido a sí mismo ser paciente, convivir con Bill y al mismo tiempo guiarlo.

Tom realmente anhelaba que las cosas salieran bien, que Bill viera su error y que hiciera actividades de chicos, que tuviera una novia guapa y que dejara de ser un niño con problemas. Lo único que quería era eso. Y aunque Bill le diera asco y le causara un terrible enojo por el simple hecho de existir, quería entablar una relación de amistad con él, quería ser un buen padrastro en el futuro, deseaba nunca fallar con un ‘hijo’. El gran sueño de Tom era ser un buen padre, tener hijos y amarlos, porque él sabía lo que se sentía no tener papá. Y estaba dispuesto a mantenerse a escasos centímetros de Bill si era necesario, pero su deber era cambiarlo, transformarlo en algo normal, deseaba que fuera sano y que también experimentara ese deseo de ser padre algún día, porque lo más correcto era eso. Lo más correcto era que sólo las personas heterosexuales se sintieran ‘padres’ de verdad.

—¿Entonces, me cobro a la mala? —Interrogó, viendo a Bill directamente a los ojos, permitiéndoselo al fin.

Bill tembló, desviando la vista hasta fijarla en la sábana de la cama.

—¿Qué quieres como recompensa?

—Que sigas mis órdenes por un mes. —Ofreció, prometiéndose a sí mismo enseñarle a Bill que besarse con hombres estaba mal y que la mayoría de los adolescentes tenían problemas con el tema de su preferencia sexual desde los 13 años. Tom sentía que todavía podía ayudar a Bill para que éste no terminara mal. Lo ayudaría desde el principio, si Bill no aceptaba, entonces tendría que hacerlo a la fuerza e inmediatamente optaría por comenzar la humillación, que según Tom, servía para que los homosexuales vieran lo difícil que era enamorarse y vivir feliz, recalcando con ello lo enfermo que era ser gay. Tom había humillado a muchos homosexuales para que éstos vieran que era insano ser gay, y había funcionado. Muchos de los homosexuales a los que molestó terminaron consiguiendo novia y haciendo una vida equilibrada. Lo que Tom no sabía era que simplemente esos homosexuales se habían cerrado y acatado a una vida “perfecta”, en la cual los hombres y las mujeres siempre tenían que ser pareja sentimental solamente para no ser juzgados y atacados por personas como Tom Trümper.

—¿Qué tipo de órdenes?

—Las que un hombre como yo, puede ordenarle a un adolescente con desviación sexual como tú.

La voz de Tom lo hizo temer.

Bill nunca creyó ser el acosado. Bill jamás pensó en ser el dañado y Tom se miraba muy decidido. ¿Qué tipo de órdenes recibiría? ¿Qué pasaría si no las cumplía?

El asunto de los insectos era algo mínimo para lo que Tom trataba de hacer con Bill, y lo sabía, pero un trato era un trato y además el chiquillo se sentía arrepentido y quería que todo terminara lo antes posible.

—Le diré a Amanda —propinó Bill, asustadísimo hasta los huevos. Algo le daba mala espina y cuando eso pasaba, siempre se cumplía.

—Sería demasiado cobarde. Tú fuiste el que comenzó todo y necesitas hacerte responsable de lo que empiezas, más si quieres que me olvide de tus insinuaciones y que deje de insistir con lo mismo.

Pero Bill era un cobarde. Y pensaba que Tom ya lo sabía, pero a la vez quería que Tom no viera cuan cobarde podía ser a veces.

—Si sigo tus órdenes por un mes… ¿Me dejarás tranquilo?

Eso era lo único que Bill necesitaba saber, aunque era precisamente esclavitud. Sí, seguir órdenes era ser esclavo, no había dudas.

—Absolutamente tranquilo, pero sólo si veo buenos resultados —musitó, marchándose de la habitación lo antes posible.

Y aunque Bill no entendiera una mierda lo que había dicho Tom, no quería armarse historias y pensar como un tonto. No obstante, lo que se le había colado a la cabeza en esos instantes era el posible gusto del rastudo para con él. ¿Le gustaba a Tom? ¿Por qué Tom quería tenerlo como esclavo? ¿Qué significaba ser un esclavo para Tom?

Continúa…

Gracias por leer.

por administrador

Publico con autorización del autor

Un comentario en «Homofobia 2»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!