«Homofobia» Fic de Monnyca16

Capítulo 3

“La guerra acaba de comenzar”

El domingo Bill se fugó a la casa de su mejor amigo, cuidando su trasero de Tom. Era cierto que tenían un trato, pero también era verdad que Bill era un cobarde de primera y antes muerto que quedarse el domingo en casa para ver que su enemigo lo tratara como esclavo. Por suerte, Amanda todavía no notaba algo raro; seguía feliz por su futuro matrimonio y Bill necesitaba que Tom se largara, no sólo porque estaba bajo las órdenes de Tom, sino porque también sería terrible tener a Tom de padrastro. ¿Y si Tom también quería la fortuna del viejo Jörg? ¿Y si era un estafador mentiroso? Bill necesitaba echarlo, pero ¿cómo, si Amanda estaba ciega?, ¿cómo, si Bill estaba acobardado? ¿Cómo diablos lo correría de su casa?

Hacerse pasar por gay no había sido una grandiosa idea, aparte que había quedado mal, Tom ahora se estaba vengando. Sin lugar a dudas, Bill tenía que ser inteligente para atacarlo y asustarlo. Sus planes vigorosos estaban a un lado, lo que ahora necesitaba era planificar nuevos puntos para ejecutarlos. Sin embargo, Bill quería llorar por todo lo que estaba sucediendo, porque si no hubiera comenzado a acosar a Tom, entonces ahora sería más sencillo.

Lo peor de todo era que Tom y él ya se habían besado, fuera como fuese, se habían besado, y ningún padrastro era tan íntimo con sus hijastros. ¿O sí? Porque aunque no tuvieran la misma sangre, Bill no podía ser amante de nadie, además le daba mucha pena Amanda, y se sentía muy confundido por el actuar todo extraño de Tom. Quería terminarlo todo, que el mes se terminara y que con ello Tom se largara de su vida para siempre.

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El domingo por la noche regresó a casa, sorprendiéndose al no encontrar a nadie en la sala. Subió las escaleras cuidadosamente y cuando estuvo a punto de entrar a su cuarto, se escucharon unos jadeos provenientes de la recámara de Amanda.

No había dudas, Tom se la estaba follando en casa, y no sabía si sentirse decepcionado, o feliz de que Tom se tomara tan a la ligera el antiguo beso. De repente, los jadeos subieron de volumen, aterrando a Bill. No era que el sexo le asustara, más bien era porque se trataba de Amanda y Tom. Con cuidado se metió a su habitación, se desvistió y se acostó en la cama, tratando de dormir para que el lunes se fuera temprano y así no encontrarse con Tom. No obstante, los gritos de placer se agudizaron, incluso sonaba exagerado por parte de Amanda o quizá Tom era un buenazo en el sexo. Bill no sabía y no estaba interesado en saberlo tampoco.

A como pudo durmió.

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A la mañana siguiente, Bill salió de su recámara ya vestido, encontrándose con Tom en el pasillo del segundo piso. El rastudo lo miró de arriba abajo, pasando por su lado con petulancia y bajando antes de que el adolescente lo hiciera. Bill estaba agradecido por eso.

En el desayuno nadie dijo nada, y por supuesto que Amanda no se disculpó con Bill por sus escandalosos gritos orgásmicos. Por suerte, Bill se sentía perfectamente bien para caminar, y claro, no dejaría que Tom lo llevara a la escuela.

—¿Ya te vas? —Amanda alzó una ceja, notando que Bill se dirigía a la puerta —. ¿Ya no te duelen las piernas?

—Por suerte no, ahora me voy. —Caminó dos pasos, pero Tom chasqueó los labios, descontrolando a los otros.

—El trabajo me queda de pasada y también pasaré por ti en la salida —anunció, abriendo la puerta y saliendo primero, con las llaves de su camioneta en mano.

—Puedo tomar el bus —protestó Bill, pero nadie lo escuchó.

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Ahora se encontraba en el asiento del copiloto, siendo llevado por su peor pesadilla a la escuela. Faltaba mucho por llegar y era muy incómodo pasear junto a Tom, más después de escuchar cómo se follaba a Amanda la noche de ayer.

Se sentía tan incómodo, tan jodidamente fastidiado. ¿Qué era lo que estaba mal? ¿Por qué sentía que Tom lo engañaba si no eran nada? Tom era de Amanda, pero justo en esos momentos deseaba que Tom estuviera soltero ¿Para qué? No sabía, pero le molestaba que Tom se la pasara bien con otras personas.

Bill tenía en cuenta que era muy posesivo con lo que era suyo, y quizá en esos momentos estaba muy sobresaltado por el antiguo beso que antes le dio a Tom. Después de todo, Bill no besaba a cualquiera y Tom había sido un afortunado, y eso dolía, ardía. Todo daba a indicar que Tom se burlaba de lo acontecido, y a Bill no le gustaba que se burlaran de él y mucho menos después de haber besado a esa persona. Además, Bill tenía entendido que sería el esclavo de Tom ¿No? Se suponía que Tom se ocuparía de él para molestarlo o algo más, siempre teniéndolo bajo su mandato, bajo su cuidado, pero al final se daba cuenta que ni siquiera le prestaba atención. ¿Qué era ser esclavo de Tom? Se estaba volviendo loco, se sentía más masoquista que nunca.

—¿Qué tanto escuchaste anoche? —Tom dio un respingo, dando vuelta a mano derecha.

Bill rodó los ojos; por un momento pensó que Tom se había olvidado del trato. Se encogió de hombros posteriormente y enmudeció, ensimismado en sus propios pensamientos. ¿Qué demonios? ¿Tom y Amanda sabían que Bill había escuchado? Eso era imposible, pero de igual modo esa notificación golpeó la cabecita de Bill para avisarle que Tom estaba al pendiente de él.

—No sé de lo que hablas —respondió serio, abrazando su mochila con fuerzas, sintiendo que ahora era el centro de atención. Amaba que le pusieran atención, pero sólo ciertas personas, por ello le sorprendía anhelar ser el centro de atención para Tom.

Tom lo miró de re ojo.

—¿Qué tanto escuchaste? —Insistió, deteniéndose en el estacionamiento de la escuela —. O quizá lo ignoras porque ¿estás celoso?

El cuerpo de Tom esperó paciente por una respuesta. Necesitaba saber si Bill estaba demasiado inclinado por la homosexualidad y de ser así, entonces luego vería cómo solucionarlo.

Por otro lado la incógnita sacudió a Bill. ¿Estaba celoso? Bill jamás se pondría celoso de una mujer y menos de Amanda. No, no y no. ¿O sí? No sabía…

—¿Celoso de qué? ¡¿De qué follen?! —Gritó, abriendo mucho los ojos—. No, no es así, Tom. Estoy molesto porque fue en mi casa, en la casa que mi padre nos dejó a Amanda y a mí. Estoy molesto porque te la follaste en el cuarto que solía ser de mi padre. Estoy molesto porque no tenías que hacerlo ahí y en la misma cama que mi padre usaba para dormir —propinó, tensando la mandíbula y bajándose del vehículo inmediatamente.

Pero después de todo, ¿ése era el problema que Bill tenía? Todo daba a indicar que sí. Más sin embargo, no estaba muy convencido, no ese día.

Tom se tomó unos minutos antes de arrancar e irse. Bill lo confundía mucho, ahora más que nunca debía saber qué era lo que le atraía a su futuro hijastro. Había deseado tener sexo en casa de Bill para ser escuchado y que éste pudiera ir viendo y aceptando que las únicas relaciones verdaderas eran las heterosexuales, y aunque su adiestramiento o “prueba” fuera un poco indirecta, la respuesta de Bill había sido dudosa. Al parecer no sólo Tom estaba confundido, sino que Bill también.

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Esa mañana Bill no contestó las llamadas de Tom y tampoco las de Amanda. Se dedicó a estudiar, quemando el tiempo de ese modo, que al menos era bastante productivo. Justo ese día las ecuaciones le parecían muy sexys, incluso pensó tontamente en casarse con ellas. Y aunque al menos se entretenía con ese tipo de pensamientos, seguía teniendo miedo a que llegara la hora de salida, porque estaba seguro que se encontraría con Tom.

Durante la hora del almuerzo, Gustav le recomendó algunas cosas y también lo ayudó para que se calmara, poniéndolo a ver vídeos en YouTube. No era la gran cosa, pero al menos Bill se distraía y dejaba de pensar en tonterías.

A la hora de salida y después de despedirse de Gustav, se dirigió hasta la parada del bus, encaminándose lo más pronto que pudo, no obstante, Tom llegó y lo obligó a subir a la camioneta. El acto fue totalmente intolerable para cualquier mortal, pero Bill se acostumbró. Sentía que ya conocía a Tom y sus toscas formas de agarrarle el brazo y jalarlo. Tom era tan cruel con él, incluso al mirarlo.

Durante el camino no dijeron nada, ni siquiera se miraron. Tom pensaba que Bill estaba exagerando, mientras que Bill pensaba que su enemigo era un estúpido. Un absoluto imbécil. Ambos poseían pensamientos diferentes, pero al final de cuentas desaparecieron cuando el mayor tomó la palabra:

—¿Entonces dónde me recomendarías que me la follara? —Pidió por una respuesta. Era mejor ir al grano y exponer el tema sexual sin rodeos. Tom ya se encontraba muy alterado y no podía actuar como era debido si no sabía qué coño era el niño en realidad o al menos saber qué tipo de pensamientos poseía referente al coito entre un hombre y una mujer.

Bill se cohibió, pero con amargura sonrió, percatándose de que Tom no lo miraba, como siempre.

—No sé, quizá en el baño, o en la cocina —opinó, cruzándose de brazos.

Aunque Bill tuviera dieciséis años y no tuviese tanta experiencia sexual, sabía sobre muchas parafilias y fantasías sexuales, las típicas de las personas.

Tom en cambio se sentía muy mayor a su lado. Bill era un niño para él, un niño alto y con mucho intelecto, y al parecer con dulces sentimientos, pero gay. Y eso último le revolvía el estómago.

—¿Tú ya lo has hecho ahí? —Inquirió, mirándolo con el rabillo del ojo.

Bill se alzó de hombros, no quería verse como un perdedor. Por supuesto que sólo había intentado tener sexo en la cama, y unas dos veces, pero quería ponerse al nivel de Tom, por lo cual contestó:

—Algunas veces.

Tal respuesta conllevaba la pregunta más importante, Tom lo sabía y la explayó al instante y sin rodeos:

—¿Con hombres o con mujeres? —Se empecinó, apretando el volante. Si Bill había tenido experiencia sexual con hombres entonces todo sería más difícil.

—No te interesa.

Pero por supuesto que le interesaba, si eso era lo que necesitaba saber para poder ‘educar a Bill’

—Entonces digamos que con mujeres —dijo Tom, buscando con ello persistir.

La boca de Bill se abrió en grande al escuchar lo propinado por el rastudo, pero logró calmarse. ¿Qué se creía Tom para sacar conclusiones? Por supuesto que sólo había tenido algo íntimo con mujeres, sin embargo era mejor asustarlo.

—Fue con hombres —habló con calma, dándose cuenta que realmente había mentido. No sabía por qué, pero lo había hecho y por el momento esperaba una reacción de su acompañante, que tensó la mandíbula. Sí, sería mejor molestar a Tom. Era cierto que ya se había dado por vencido con él en lo que correspondía a seducirlo, pero burlarse un poco no le haría daño a nadie ¿o sí? Así que era preferible confundirlo. Sí. Bill lo confundiría. Bill quería poner celoso a Tom de alguna u otra manera.

No obstante, el rastudo no estaba celoso, más bien, decepcionado. Tom tendría que actuar lo más rápido posible. En esos instantes, Tom Trümper se estremeció y volvió al hombre humillador de antes, el antiguo Tom se enfureció y aplanó al actual, queriendo con ello golpear a Bill ahí mismo. Pero aunque sus puños estuvieran listos y sus nudillos blancos de tan apretada que tenía cada mano, se contuvo.

El sentimiento de odio contra los homosexuales lo llenó por completo. Los hoyuelos de la nariz comenzaron a aletearle, haciéndolo respirar duramente y que el pecho le doliera. Recordaba los gritos de su madre, decirle una y otra vez que los hombres homosexuales estaban enfermos y que debían ser internados en psiquiátricos, pero que antes debían ser heridos de tal manera que se arrepintieran de todos sus pecados.

—¿Dabas o recibías? —Preguntó con mucho esfuerzo, apretando los dientes con fuerza. Sentía un nudo en el estómago que subía astutamente hasta su garganta, aplanándosela e impidiéndole respirar.

—¿Eso qué importa? —Volvió a alzarse de hombros, restándole importancia.

—¿Entonces? ¿Pasivo o activo?

—Pasivo —dijo, dándole lo mismo. En realidad necesitaba intimidar a Tom y al parecer por el semblante que despedía, lo estaba haciendo enojar. Eso al menos podía desencadenar que Tom nunca jamás volviera a la casa de Bill y por ende sería fantástico. Muy maravilloso. Bill sonrió por dentro, sintiéndose poderoso. Sí, lo único que quería era eso. Lo único que deseaba era que Tom dejara a su madrastra y con ello también a él. Si Tom se iba, las cosas serían más fáciles para Bill, y lo más importante: se sentiría menos confundido.

Tom pensó un poco en la respuesta de Bill. Se creía que Bill fuese el pasivo en una relación sexual homosexual.

—¿Por qué te gustan los hombres? —Cuestionó, tratando de comprender al adolescente, porque realmente no lo hacía. No entendía cómo era que los hombres podían caer tan bajo y mantener una relación con otros. Eso era muy complejo para Tom, era muy absurdo, muy asqueroso.

—No me gustan, Tom —murmuró, mordiéndose los labios, sincerándose.

—Me besaste. —Le recordó, intimidando a Bill por lo sombría que sonó su voz.

—Besarte no significa que me gustes o que me gusten los hombres. —Pensó inteligentemente. Y era cierto. Besar a alguien no siempre significaba que sentía algo, un beso no decía nada concreto.

—Pero dejas que te follen —insistió.

—¿Y qué? Joder por el culo es diversión, me gusta la diversión —complementó, rodando los ojos y sintiéndose muy listo. En esos momentos había sonado como todo un mujeriego y demente, y era divertido, era genial jugar con Tom en esos momentos, más porque sentía que con sus cuestionamientos Tom estaba interesándose en él, y aquello significaba que Bill se vengaría de Tom, significaba el fruto de la grandiosa idea principal de Bill. Significaba que Bill estaba en proceso para cumplir con el objetivo del plan (plan que había abandonado, pero que ahora pensaba retomar debido a las circunstancias), el cual era lograr que Tom lentamente cayera en sus redes y que con ello dejara a Amanda. Bill sabía que estaba haciendo mal, pero esta vez quería demostrarle a Tom que podía seducirlo y ya no le importaba el Karma, ni Amanda, ni nada, en lo único que se centraría sería en Tom y en su confusión de sentimientos. Porque Bill sentía algo cuando tenía a Tom cerca, sentía algo que lo confundía demasiado, quizá era curiosidad o masoquismo, pero por primera vez y sólo por esta ocasión sería egoísta para poder descubrir qué era lo que Tom le provocaba.

—¿Entonces por qué me besaste?

Bill pensó un poco, mordiéndose el labio. Luego contestó:

—Porque nada perdía con no hacerlo.

Tom se burló por dentro, viendo a Bill directamente a los ojos. No se creía lo último. Lo que más le alteró fue que Bill tomaba el papel de la ‘mujer’ en la relación con un hombre y eso significaba que lo atacaría con ello. Años atrás, Tom se ocupó de algunos homosexuales activos, y solamente uno pasivo. La madre del rastudo decía todas las noches que los hombres que se dejaban poseer como una mujer, eran los que idiotizaban con el morbo a los que disfrutaban de meterla por el ano, lugar que sólo estaba destinado para expulsar heces. Eso quería decir que personas como Bill debían dejar de existir. La madre de Tom estaría orgullosa de él por querer adiestrar a su futuro hijastro y llevarlo al camino del bien. La madre de Tom estaría muy contenta si su hijo lograba convertir a Bill en un verdadero hombre.

—¿Entonces lo has hecho para echarme de la vida de Amanda? ¿Estás usando tu jodida homosexualidad para amarrarme a ti y dejar a Amanda sola? Estás enfermo —Jugueteó con lo que verdaderamente creía era la razón. Y si era esa, con muchos más ánimos le demostraría a Bill que jamás dejaría a Amanda por un niño que intentaba ser mujer. Tom nunca dejaría a Amanda. Tom no quería ser como su padre. Tom se daba cuenta que los homosexuales eran unos egoístas que disfrutaban romper relaciones heterosexuales para amarrar a un hombre y no quedarse solos, porque homosexuales había pocos y encontrar a alguien que los quisiera costaba mucho.

—Por supuesto que sí —Bill atinó a musitar, viendo hacia el frente, asegurándose de que estuvieran justo estacionados afuera de casa. Tom, que abrió mucho los ojos, quiso hablar, pero antes de que logara sacar una palabra, Bill se le acercó, mirándolo de cerca —. Beso mucho mejor que Amanda… —susurró lascivo, acortando el espacio y alcanzando con ello a robarle un beso.

Ese era su segundo beso después de mucho tiempo y no sabía cómo logró besarlo, pero lo hacía. Al ver que Tom no correspondía, Bill le acarició la nuca con la mano extendida y persistió hasta clavar su lengua en la boca entre abierta del rastudo. La juguetona lengua de Bill vagó hasta la barbilla de Tom, subiendo de nuevo hasta sus labios y sentir que en ese instante Tom comenzaba a moverse, queriéndose apartar lo antes posible. Y a pesar de las edades, Bill besaba como un experto, lo sabía, las novias de Bill lo sabían, ¿qué acaso Tom no lo notaba? Bill se impresionó por su comportamiento lanzado, pero ya no había marcha atrás. Tom no correspondió, pero sabía que estaba en la boca del lobo, y Bill era el lobo hambriento precisamente.

Sin aire en los pulmones, Tom se separó de Bill, lanzándolo lo más lejos posible. Bill sonrió, alzando una ceja y preparándose para tomar su mochila y salir de la camioneta. Cuando estuvo casi a punto de azotar la puerta, Tom objetó, agitado:

—Amanda besa mejor que tú.

Ante la aclaración, Bill apretó los labios y cerró la puerta, violento, logrando entrar a casa lo antes posible.

Al llegar a su habitación, se encerró y acostó en la cama. Nuevamente se sentía arrepentido, no por sus nuevos planes, sino porque le había asegurado a Tom que besaba mejor que Amanda, pero al final se sentía humillado al recordar que el mismísimo Tom le había dicho que Amanda era mejor.

«Por supuesto que ella es mejor», pensó Bill. Ella era guapa y sexy, Bill ni siquiera tenía trasero y aunque se viera bien con maquillaje no podía compararse con Amanda. Ahora Bill sentía que se estaba pareciendo a su madrastra en lo fácil. Pero se calmaba al recordar que sólo besaba a Tom, tampoco era para tanto…sólo eran besos, nada comparado con lo que Amanda hacía con otros cuando Jörg estaba vivo.

Se sentía terriblemente humillado por un homofóbico. Y no sólo eso, también sentía que se estaba volviendo menos cobarde cuando se proponía besar a Tom.

&

A la mañana siguiente, Tom no lo llevó a la escuela y tampoco lo recogió. Eso mismo pasó en muchos días posteriores, en los cuales la lejanía de Tom había sido agresiva. Incluso Bill se sentía extraño por no verlo. La única persona que veía a Tom era Amanda, pero nadie más y Bill se sentía molesto. Justo había pensado que Tom mostraba indicios de gustarle, pero al parecer no era correcta su suposición.

Habían pasado exactamente 9 días de 30 y Tom todavía no le ordenaba nada, eso al menos era suerte para el pequeño, quien encendió la televisión para relajarse. Eran las cinco de la tarde y estaba solo, no sabía por qué, pero cuando escuchó que alguien tocaba el timbre, fue a abrir.

Era Tom. Bill abrió la puerta con majadería, miró a su alrededor para ver si Amanda venía también, pero al ver que sólo era Tom, se apresuró a cerrar la puerta. Simplemente le dio miedo, pánico. Se sentía nervioso y rojo de la cara. Sin embargo, Tom fue más rápido y a como pudo logró abrir la puerta y entrar a la casa.

—No está Amanda, así que vete. —Levantó el brazo y señaló la puerta. No podía mentir, sentía una sensación de alivio al verlo, pero algo le decía que Tom veía a destruirle la existencia. No quería que Tom lo viera sonrojado.

Tom evitó verlo, pero al notar que Bill se movía de un lado a otro como un demente, lo miró.

—Amanda salió de la ciudad por un asunto personal y me ha pedido que cuide de ti hasta que regrese —anunció.

Bill frunció el entrecejo. ¿Qué? Tom estaba loco, estaba loco de remate. El rostro de Bill sonrió completamente, de nervios, realmente era gracioso…demasiado chistoso. Bill nunca se imaginó que Tom tuviera sentido del humor. No obstante, cuando se detuvo a mirar seriamente a Tom se dio cuenta que éste no mentía, así que con lentitud dejó de reír como loco. Tom no mentía. Tom no estaba jugando con él. Tom no tenía sentido del humor. Debió de habérselo imaginado antes. ¿No podía ser peor? Eso no podía estar pasándole a él.

Inclusive Bill pensó que a Tom se le había olvidado que tenía a un pequeño esclavo cobarde, pero no. NO.

—Me puedo cuidar solo, lárgate —prosiguió Bill con bastante seriedad, haciéndose del rogar quizá, abriendo la puerta y dejándola de ese modo para que Tom se fuera, pero el rastudo lo ignoró.

Esta vez Tom surcó los labios en una media sonrisa poderosa y pedante. Bill era absolutamente patético, le parecía de hecho más patético que antes.

—Es mejor que comiences a hacer la cena. Lo único que tienes permitido es seguir mis órdenes —espetó, cerrando la puerta con fuerzas y asustando a Bill.

El primer paso era exigir que Bill hiciera “cosas” que estaban destinadas a las mujeres, según la madre de Tom. No importaba si Bill no sabía, se trataba de hacerlo repudiar las actividades ‘femeninas’, luego iría con la de ‘usar maquillaje’ y después lo de sentirse ‘mujer’ a la hora del sexo. Su cuerpo le exigía hacer eso.

El pequeño pelinegro debía arrepentirse de sus malas acciones y Tom ayudaría a que aceptara que era un hombre que estaba destinado a encontrar a una mujer para casarse y tener familia.

—No sé cocinar ¿cómo quieres que lo haga? —Su pulso se aceleró—. Le diré a Amanda cuando llegue.

—Dile, no me interesa. Ella quizá se quede un mes en donde está y puede que cubras lo que tienes pendiente conmigo.

—Pero Frank nos vigila, Frank tiene que saber que Amanda se ha ido a resolver un asunto privado…

—Él ya lo sabe. —Razonó—. Y está de acuerdo que sea tu niñero. Él fue el primero en pedírmelo.

¿Tom conocía a Frank? No, no podía ser posible.

No. Tom no podía… No.

—Y si no sabes cocinar, entonces sabrás que ese trabajo no te corresponde. Quiero pasta y mandaré por unas pizzas.

El rostro del pequeño Bill palideció. La voz que su futuro padrastro soltaba le revotaba en los tímpanos, lastimándolo. Su volumen era violento y su mirada irradiaba odio. Todo daba a indicar que Tom estaba muy irritado y Bill sabía que era por su culpa. Así que sin más, se apresuró para tener las cosas listas y cumplir amablemente con todo lo que aquel hombre le mandaba porque era mejor mantener paz y ya no hacer más grande el problema.

&

—Amanda es mucho mejor que tú en muchas cosas —Tom insultó a Bill al ver que tenía la cocina en total descontrol. El agua estaba hirviendo y todavía no vaciaba los espaguetis. Y ¿qué demonios se le echaba después? ¿Tomates? ¿Queso? ¿Mayonesa? ¿Mostaza? ¿Champiñones? Bill no sabía y su enemigo lo observaba.

—Entonces vete con ella —tronó Bill, mordiéndose ferozmente el labio inferior.

—Ella sabe follar, cocinar, besar…

—Sí, por los gritos que emitía yo diría que la estaban asesinando cruelmente.

Tom resopló. — ¿Envidia?

Cargado de indignación y mucha más humillación, Bill cerró los ojos, tenuemente, pidiéndose mentalmente no llorar ahí mismo. A Bill lo ponía sensible que las personas hirieran sus sentimientos y que hablaran mal de las ‘cosas’ que con mucho esfuerzo hacía. Ya con más calma, le espetó:

—Para nada. No la conoces lo suficiente como para defenderla tanto. Ella es una…

Iba a decir puta, pero Tom lo detuvo:

—¿Hablas de ella a sus espaldas?

Y era cierto, no debía hacerlo. Ni las mujeres ni los hombres debían hablar mal de las personas y menos a sus espaldas; era una falta de respeto. «Además, si Amanda es una puta ¿qué soy yo? Yo también estoy siendo una especie de Amante o algo así…» Se debatió Bill, estando consciente de su posición también. Bill sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero no era momento para arrepentirse, todavía faltaba descubrir ‘aquello’ que Tom le provocaba.

—Lo lamento —Bill se disculpó, cortando un pedazo de cebolla, rebanándose un dedo con un corte no muy profundo. Ante lo sucedido no soltó ningún chillido y prosiguió con su labor.

En veinte minutos la pasta estaba hecha, pero no se veía bien, de hecho parecía vómito de perro. Bill sirvió dos platos y ambos se pusieron a comer. Tom separó el plato de él y evitó comerlo. Se enfermaría si lo hacía. A diferencia de él, Bill si comió todo su plato, tomando también el que le había servido a Tom. No desperdiciaría nada, incluso se había cortado con el cuchillo y no podía quedar ningún resto de pasta.

Luego de comerse todo, Bill se levantó y lavó los platos, pasó a un lado de Tom y subió a su recámara para dormir. No le interesaba si Tom seguía abajo o no, mañana tenía escuela y al menos imaginaría que se encontraba solo y descansaría. Se dio una ducha rápida, escogió la ropa que se pondría mañana, le mandó un mensaje a Gustav para desearle bunas noches y cuando estuvo a punto de cerrar la puerta con seguro, Tom entró a su cuarto, viendo a su alrededor para conocer un poco más la habitación de Bill.

—Voy a dormir, así que adiós. —Bill lo empujó, buscando sacarlo a la fuerza. Bill odiaba que le quitaran horas de sueño, además estaba enojado con Tom por lo anterior…

Tom se cruzó de brazos, viendo los patéticos esfuerzos que Bill hacía para echarlo. Bill no tenía fuerza y aunque golpeara con todo, Tom no se movía con nada. Y aunque para Tom fuese mejor no estar cerca de Bill, necesitaba enfrentarlo y cumplir con su nuevo proyecto. No se rendiría y menos si Bill sería su hijastro. Ni muerto tendría a un hijastro homosexual.

—No te he dado permiso para dormir. —Sonrió—. Ahora quiero que me demuestres por qué eres mejor que Amanda.

Continúa…

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