«Homofobia» Fic de Monnyca16
Capítulo 4
“Striptease”
Quería dormir y no podía. Quería privacidad y no la tenía. Necesitaba largarse inmediatamente de su propia recámara y si se podía, también de su propia casa.
—¿Qué? —Tartamudeó, paralizándose y volviéndose totalmente rojo de pies a cabeza. Le avergonzaba mucho tener a Tom así de cerca, hostigándolo.
Tom le estaba jodiendo y no le gustaba. ¿Qué se creía Tom para decirle tales cosas? ¿Quién era Tom para mandarlo? No era nadie. Nadie. Era cierto que Bill sentía coquillas en la barriga cuando lo veía, que se le revolvía el estómago al mismo tiempo, confundiéndolo, pero tampoco soportaría tanto. ¿Estaba dispuesto a soportarle todo eso a Tom? Bill deseaba dejar de ser un cobarde y luchar para poder cumplir sus planes, sin importar nada más, pero en esos instantes se sentía muy agredido. A Bill no le gustaba que lo humillaran, pero también pensaba que era necesario para poder descubrir qué era lo que precisamente sentía por el rastudo, descubrir y abrir los ojos. Entonces, si Bill necesitaba saber qué era eso que Tom le provocaba, debía seguir, debía proseguir con sus planes y soportar lo histérico que Tom se ponía a veces. Soportaría a Tom hasta cierto punto, se arriesgaría aunque Gustav lo reprendiera al día siguiente.
—Veamos qué tan bueno eres con los striptease —voceó, sentándose en la orilla de la cama.
Pero aunque pensaba obedecer a Tom y soportar todo al menos por algunos días, Bill se negó muy rápido. ¿Un Striptease? No tenía ni puta idea de cómo hacer uno. Ese era el problema. Además, tenía entendido que debía tener preparada una manera para hacerlo correctamente. Debía usar ropa sexy y… y maquillaje. Jamás lo había hecho y nunca le haría un Striptease a Tom. No, no ahora.
—No quiero, no sé cómo hacer uno. —Suplicó con la vista para que se detuviera, para que se fuera, porque sencillamente no podía decírselo con palabras. No quería hacer un Striptease. No quería hacerlo mal. No quería ponerse todo rojo y que Tom descubriera que verdaderamente estaba comenzando a experimentar algo con él, algo que no debía sentir, que no debía crecer en su interior, y que lo confundía.
—Maquíllate, ponte algo decente y te quiero aquí en diez minutos —mandó, señalando el baño y acostándose en la cama. Estaba súper aburrido y era mejor ir utilizando el mes para que Bill realizara cada una de sus órdenes. Tom estaba seguro que con la idea del Striptease, Bill vería las cosas mejor y viviría en carne propia su vida mediocre —. Te quiero con el maquillaje más cargado que el de la vez pasada, pero añade un labial rojo —agregó, respirando hondo, cansadísimo.
Bill ladeó la cabeza, pensante. Por supuesto que no era una puta. No era su puta. No era la puta de Tom. Una cosa era que tratara de seducirlo, pero… ¿haciéndole un Striptease? Tom estaba loco, demasiado loco. Bill se imaginaba algo así por parte de un homofóbico, se imaginaba que ese tipo de personas tratarían de mandar en las vidas de los homosexuales, que buscarían hacerles entender lo que estaba bien y mal, pero vivirlo en carne propia era demasiado aterrador. Tom se creía el salvador de las relaciones heterosexuales y eso estaba mal. Que Tom se encargara de su vida, que le valiera una mierda lo que Bill fuera. Sin embargo era difícil hacerlo entender. Mucho.
—No quiero. —Fue sincero, alcanzando a mover la cabeza de izquierda a derecha, seriamente. Quería detener a Tom, ponerle un alto. Hacerle un Striptease sería demasiado vergonzoso, sería humillante y Bill no quería que se burlaran de él. Bill soportaría otras cosas más fáciles, incluso soportaría que Tom le gritara y dijera marica, pero bailarle y desnudarse era demasiado. Además ¿Cuánto tiempo tenían conociéndose? Casi nada. Incluso si Bill quisiera bailarle y desnudarse, Tom no se lo merecía.
—¡Qué lo hagas! —Levantó la voz, volviéndose y mirándolo con mucha frustración. Con ese grito, Bill se dio cuenta que si seguía negándose, entonces terminaría siendo peor, así que se decidió a obedecer. Le tenía mucho miedo a Tom. No quería que Tom lo atacara de una manera peor, además, si veía el lado bueno…entonces descubriría que quizá con el Striptease tendría la oportunidad de que Tom se fijara un poco en él y de ese modo avanzaría con su primer objetivo y tal vez aceleraría las cosas para que Tom dejara a Amanda. Si Bill lograba asombrar a Tom con el Striptease quizá podría engatusarlo, podría además descubrir qué era lo que sentía y cómo se sentía al bailarle y desnudarse —. ¡Tienes ocho minutos! —Se lo recordó.
Bill se dirigió a su ropero, sacó algunas prendas sin verlas detenidamente, su caja de maquillaje y se fue corriendo al baño. A como pudo se maquilló primero, quedando radiante y con un negro muy fuerte en sus ojos. Se puso un labial rojo que una de sus ex novias había dejado olvidado entre su maquillaje y para terminar buscó una chaqueta de cuero negra entre el bulto de ropa que había llevado consigo, se cambió los bóxer por unos semi nuevos en color negros y se miró al espejo. Se miraba como una puta. Odiaba verse así. Pero necesitaba relajarse e ir a enfrentar a Tom. Y aunque Bill se sintiera muy mal al ser atacado por Tom, también se daba cuenta que gracia s a Tom se le estaba quitando un poco lo cobarde. Tom lo manipulaba y lo hacía hacer cosas que nunca había hecho, y al menos podría agradecerle pues le estaba dando valor para enfrentarse hasta lo más difícil y humillante.
Llevaba puesto un bóxer y una chaqueta de cuero. ¿Necesitaba algo más? No necesitaba depilación de piernas y axilas porque por suerte no le salía mucho vello. Lo más lamentable era que Bill sólo tenía 16 años, mientras que Tom 24. ¿Eso era un delito o no? Por ahora su deseo era no hacerlo enfadar ni un poquito. Tom no parecía muy violento, pero había algo en él que lo hacía gravemente dominante y sinvergüenza. Y vaya que no tenía vergüenza: poner a un adolescente de 16 años a hacer un Striptease no era normal, y menos si era un homofóbico.
Con mucha velocidad se acomodó el cabello semi lacio y gesticuló frente al espejo, pero no pudo hacer mucho; Tom gritó, diciéndole que ya había pasado el tiempo estimado. Apresuradamente salió del baño, dando un brinquito torpe, sin ver a Tom a los ojos, todavía. El rastudo rodó los ojos para verlo, lo checó de arriba abajo y frunció el entrecejo al verlo muy blanco, sin chiste, totalmente soso. Ya se estaba arrepintiendo de haberle ordenado el Striptease. Bill no tenía culo para mover, ni tampoco senos, no tenía algo que lo hiciera verse sexy. Totalmente era un desperdicio, absolutamente sí. Pero esperaba la función, tal vez se reiría demasiado.
Bill se cruzó de brazos, esperando a que comenzara algo de música. Tenía entendido que la música era importante, pero al no escuchar nada, preguntó:
—¿La música? ¿Por qué no se escucha?
Tom rodó los ojos, pensante.
—Vas a bailar sin música, al fin y al cabo que…eres muy insípido —se sinceró, sentándose cómodamente en la cama y mirando esta vez todo el atuendo de Bill, quien temblaba como un maldito teléfono en modo vibrador.
—¿Ahora? ¿Ya bailo? —Balbuceó, sintiendo que le sudaba la frente.
—¡¿Qué demonios estás esperando?! —Reprendió, poniendo los ojos en blanco.
Ante el grito, Bill asintió, sintiéndose estúpido. Los gritos de Tom eran muy fuertes, muy aterradores, demandantes, prepotentes. Más sin embargo, lo que más le preocupaba era que no sabía cómo demonios posar sexy y desprenderse de la poca ropa que llevaba. No obstante, logró respirar profundamente, mirar a los ojos a Tom y comenzar con una inclinación, movimiento que tentaba deslizar el cierre de la chaqueta de cuero para enseñar un poco sus pezones. Se irguió y se dio la media vuelta, meneando la cadera de manera lenta y con un ritmo marcado, como si en verdad hubiese una pista. Bajó por completo el cierre de la chaqueta y la deslizó lentamente, frotándose el cuero con la piel, de manera que Tom pudiera ver por primera vez su espalda.
Tomando mucha fuerza de voluntad, Bill se volvió hasta Tom, comenzando a caminar para bailarle más de cerca, pero lo que no esperó fue que éste se riera en su cara y a carcajada exagerada. Tom se reía de Bill y eso era lo más humillante del mundo. Le estaba bailando y mientras hacía todo lo posible para que le saliera perfecto, Tom se reía en su cara con bastantes ganas, viéndolo de pies a cabeza y negándose, tratando de estabilizar su estado risueño.
—Esto ha sido demasiado ridículo —masculló, levantándose y yéndose poco después.
Bill se cubrió el cuerpo con las manos, horrorizado. ¿De verdad había sido ridículo? Si Bill se hubiera imaginado que pasaría algo como eso y que se sentiría repugnante, hubiese mandado a la mierda a Tom, lo hubiese golpeado y sacado a patadas de su habitación. Era un estúpido en tener algo de esperanza en que Tom quizá se sentía un poco atraído por él. Era un completo tonto al pensar en que tal vez con ese baile Tom se sentiría atraído al menos por su cuerpo o su cara bonita. No. Y Bill no merecía ser humillado de esa manera, se suponía que Tom se pondría duro y lo disfrutaría, pero sólo se había burlado y eso había sido lo más sorprendente que le había pasado a Bill esa noche. Pero, ¿por qué demonios Bill quería ponerlo duro? No. Bill no lo soportaba, sí… Bill nunca soportaría a Tom. Esa era una señal para que dejara de sentirse confundido sentimentalmente por culpa de Tom.
Con muchos sentimientos encontrados, Bill se apartó el maquillaje, se bañó y cuando terminó, se esparció crema en todo el cuerpo. Se durmió diez minutos después de atrancar la puerta y sentirse seguro.
Al día siguiente se cambió lo antes posible, queriendo irse a la escuela bajando por la ventana para no ver a Tom, así que preparó todo y la abrió, respirando hondo. Ya lo suficientemente listo para bajar trepando, sacó una pierna y cuando apenas estuvo a punto de irse, Tom lo sujetó fuerte, haciéndole daño. Lo apartó de la ventana y lo cargó como un costal de papas. Bill pataleó, pero al ver que Tom no lo bajaba, se resignó.
Era temprano y mientras Tom conducía, Bill se miraba las uñas, buscando con eso no toparse con la mirada de Tom, además una de sus uñas tenía tierra y no sabía cómo quitársela, así que sacó de su mochila un pasador. Tom lo miró de re ojo.
—Amanda vendrá dentro de un mes —avisó Tom, sonando un poco confundido. Bill podía notar que la extrañaba y mucho. Y por supuesto que se sintió celoso, en todo caso, Tom no estaba solo y siempre se divertía haciéndolo sufrir ¿entonces por qué la extrañaba tanto? El cuestionamiento sólo tenía una respuesta rápida: la amaba.
Tom amaba a Amanda y Bill sentía náuseas cada vez que se lo recordaba mentalmente.
—Eso es genial —espetó Bill, poniendo los ojos en blanco. Tom se quedó callado —. Ella no es lo que piensas, Tom. Ella es…
Nuevamente diría que era una zorra y añadiría una de las tantas situaciones que había sufrido por culpa de ella, pero Tom lo detuvo con un puñetazo en la cara, pidiéndole con ese golpe que jamás volviera a insinuar que Amanda era la mala del cuento. Bill se quejó un poco, sobresaltado y más dañado que nunca, pero no volvió a decir nada. No podía creer que Tom le había pegado. No… no podía ser posible. El plan ya se estaba saliendo de control; la violencia física estaba comenzando y Bill no quería que aumentara el nivel de agresión. No quería ser dañado por Tom. No quería que Tom volviera a ponerle una mano encima. Y aunque sintiera mucho coraje y anhelara regresarle el puñetazo, tenía miedo de recibir uno más fuerte. Era mejor dejar las cosas y aguantarse la indignación. Sólo por esos minutos, sólo por ahora.
Bill sabía que estaba mal hablar mal de las mujeres, pero Amanda era un demonio, era una persona hipócrita y aunque Bill no fuera encomendado para hacérselo saber a Tom, igual insinuaba con hacerlo. Necesitaba que Tom supiera lo hipócrita que era Amanda.
Aunque lo cierto ahora era que Amanda estaba muy feliz con Tom y que ya no era la misma frívola de antes. Tom la había cambiado y aunque el pequeño pelinegro sintiera que era injusto, la vida le había dado a Amanda otra oportunidad para ser feliz y esa oportunidad era con Tom Trümper.
Viendo que ya estaban en el estacionamiento, Bill bajó sin que su futuro padrastro lo viera a la cara, sólo se fue sin mirarlo y ardiendo de coraje porque sentía un dolor horrible en el ojo izquierdo. Fue a los baños rápidamente y se encontró con una marca en la cara. Tom le había dado un golpe duro y necesitaba unas pastillas para el dolor.
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—Ese hijo de puta… ¿Por qué te golpeó? —Gustav apretó los labios, tocando el rostro de su mejor amigo con las yemas de los dedos.
Bill se encogió de hombros.
—Insinué que Amanda es una puta —respondió, alzándose de hombros, confundido —. Si Tom la hubiera conocido antes ¿Crees que se hubiera enamorado de ella?
Gustav rodó los ojos. Ahí iba Bill otra vez…
—No lo sé. Yo alcancé a ver a la Amanda de antes y me daba mucho miedo porque te miraba con odio al igual que a mí.
Bill asintió.
—Pero ahora incluso nos sonríe y nos desea un bonito día —canturreó Bill, pensando más a fondo —. Amanda es muy afortunada. Antes era tan mala y ahora tiene a un hombre que la ama. ¿Por qué la vida es así? ¿Por qué siempre los malos se quedan con los buenos? ¿Por qué los hombres buenos se enamoran de las mujeres desgraciadas? No entiendo a Tom. No sé qué le vio.
—¿Por qué estás tan preocupado?
Bill abrió mucho los ojos, negándose repetitivamente con la cabeza. Por supuesto que Bill no estaba preocupado ¿o sí?
—¿Qué? ¡Yo no estoy preocupado!
—¿Acaso te gustaron los besos que te diste con Tom? —Gustav lo tomó de las manos, viéndolo fijamente —. Dime la verdad, Bill ¿Te gusta Tom?
—¿Cómo puede gustarme una persona así? Te lo conté antes de venir a la escuela, él me obligó a bailarle y luego se burló de mí. Y con lo que le dije cree que soy muy homosexual y por eso se venga. Es un homofóbico de primera, Gustav —comentó, más confundido que antes.
Gustav rodó los ojos, pensando un poco más:
—Pero no eres gay, ¿o sí?
Los ojos de Bill evitaron los de Gustav.
—¡No! Yo no…, pero me molesta mucho que quiera a Amanda. Ella es mala, Gustav. Ella es mala y la ama mucho. Me molesta que la ame. Pero Tom es un desgraciado también… y…y…Sólo no quiero que esté con ella.
—Eso quiere decir que te gusta. Tal vez te gusta Tom —terció el otro, mordiéndose los labios.
Bill estaba demasiado confundido, estaba volviéndose completamente loco. Y se suponía que sería cuidadoso, que nunca se enamoraría de Tom, que nunca le gustaría, que sólo se encargaría de alejarlo de Amanda por venganza, para hacer justicia, pero debido a la situación, todo estaba empeorando y de un plan habían salido muchos otros, pensamientos y actitudes que nunca imaginó tener. La vida de Bill estaba dando un giro importante y aunque Gustav lo apoyara, no sabía si era bueno que Bill conviviera más tiempo con Tom.
—No soy gay —se excusó Bill. No tenía nada en contra de los gays, pero él no lo era. No lo era. No le gustaban los hombres, sólo los veía como amigos o como simples personas. Sin embargo, Tom lo ponía de cabeza y no quería sentirse atraído por un idiota y cabezota hueca como Tom. Incluso no tenía ninguna razón para gustar de Tom. Tom se portaba mal con él, lo humillaba, le gritaba y esta vez le había pegado. Pero a pesar de todo, cada vez que lo veía le entraban ganas de besarlo. A lo mejor era cierto cuando se decía que lo prohibido era lo más interesante y deseado. Quizá por eso Bill quería que Tom pusiera los ojos en él, porque a pesar de todo a Bill no le gustaba perder, porque no le gustaba que lo rechazaran y aunque sonara estúpido, era la primera vez que Bill había besado a un hombre y eso significaba mucho.
—No, pero quizá bisexual sí.
—No quiero que me guste Tom. Le tengo miedo a Tom. Algunas veces le tengo mucho miedo, pero otras siento que me cuida. Aunque lo último estoy seguro que es por Amanda. Él cuida de mí por ella —dijo, buscando refrescar todos sus pensamientos y emociones.
—Ay Bill. Si no lo hubieras besado por primera vez, nada de esto estaría pasando. —Gustav se cruzó de brazos, triste.
—Él hubiera no existe, Gustav. —Bill se acurrucó en la mesa de la cafetería. Tenía muchas ganas de llorar. Pero era verdad, si Bill no hubiera seducido a Tom, entonces ahora tal vez serían buenos amigos. Quizá si Bill se hacía amigo de Tom, entonces éste lo trataría mejor. Lo intentaría. Intentaría hacerse amigo de Tom para que las humillaciones terminaran, pero después, ese día no lo haría.
Ahora su nuevo objetivo era ese.
—¿Me puedo quedar a dormir en tu casa? —Interrogó el pelinegro. Gustav movió la cabeza verticalmente, diciendo que sí.
Luego de las horas de estudio, Bill y Gustav se fueron juntos. Bill no quiso pasar por el estacionamiento para encontrarse con Tom, así que se fueron por un atajo. Al llegar a la casa de Gustav, Bill sintió que su celular sonaba, así que contestó aunque fuese número desconocido.
—¿Dónde demonios estás? —Alguien gritó por la otra línea. Bill se estremeció. Reconoció la voz de Tom y colgó. Apagó el celular y le quitó la batería, despistadamente, aunque realmente fue dramática la forma con la que alejó el celular de su cuerpo.
No quería que lo encontrara, así que se quedó de ese modo, hasta que las ocho de la noche dieron. Estaban a punto de dormir cuando tocaron el timbre de la casa de Gustav. La madre salió e inmediatamente Bill se escondió. Era Tom. No sabía cómo demonios había llegado ahí, le hizo señas a Gustav para que le dijera a su mamá que le echara una mano y no lo delatara, pero era muy tarde. La madre de Gustav dejó pasar a Tom y gritó el nombre de Bill con urgencia.
—Aquí estás —musitó la madre del rubio. Gustav se puso a un lado de Bill para darle apoyo —. Tu padrastro ha venido a buscarte, ¿por qué no pediste permiso para poder quedarte?
—Yo no lo conozco —explicó Bill, negándose a ir con Tom —. Yo no tengo ningún padrastro.
—Él todavía no acepta que lo soy, quizá por eso está molesto —comentó el rastudo, dirigiéndose hasta Bill para jalarlo y sacarlo de la casa. Sin embargo éste se le escapó de las manos, negándose muchas veces con la cabeza.
—No, yo no lo conozco. Por favor, señora, no deje que este desconocido me lleve.
—Pero ha traído una hoja que dice que está haciéndose cargo de ti —alegó la madre de Gustav.
Tom movió la hoja en el aire, retándolo.
—Él no es nada mío —Bill persistió, alejándose de todos —. Yo no me quiero ir con él.
—¿Te vienes o te saco? —La voz del Tom sonó muy dura. Estaba enojado y si Bill seguía con lo mismo, entonces se daría por muerto.
El adolescente asintió, dirigiéndose a la puerta de salida y despidiéndose de Gustav con la mano al igual que con la madre de éste.
De camino a casa Tom no dijo nada, Bill tampoco. No tenían ningún tema de conversación, como de costumbre, así que el mayor comenzó uno:
—Amanda estaba muy preocupada porque no te encontraba por ningún lado. —Bill lo ignoró, viendo a la ventana y cerrando los ojos —. No debes mortificarla, Bill. Ella te quiere mucho.
Tom solamente era cálido cuando hablaba de Amanda.
Amanda.
Amanda.
Amanda estaba por todos lados y Bill estaba harto. Ni con Amanda lejos podía sentirse feliz. Nuevamente se preguntó: ¿Qué tenía ella que Bill no tuviera? Quizá Amanda tenía mejor cuerpo, pero Bill era mil veces mejor que ella, ¿por qué Tom no lo veía?
—Amanda no se va a morir si me pierdo, Tom —espetó, cruzándose de brazos —. Amanda anteriormente me quería ver muerto, a mí y a mi padre. Ella trató de envenenarme con agua. Planeaba hacer lo mismo con mi padre para quedarse con todo, y luego hacerse la desentendida y decir que era un adolescente con baja autoestima, y que mi padre era un anciano con una vida complicada. Yo la escuché. Trató de robarnos todo, ella engañaba a mi padre con muchos hombres menores que mi padre y se los follaba en mi casa, en mi puta casa, Tom —confesó por primera vez, recapitulando aquellas veces que escuchaba a Amanda hablando por teléfono y confesando todo aquello, recordando también que había tirado toda el agua que Amanda había preparado para él y que desde ese momento cuidaba y checaba todo lo que se comía. Pero ahora Amanda ya no tenía intenciones de nada, ya no actuaba como antes, por Tom. Porque Bill sabía que Amanda amaba por primera vez a alguien. Bill había escuchado a una Amanda arrepentida hablar por teléfono con alguien, la había escuchado hace meses decir que esta vez haría bien las cosas, que estaba arrepentida y que lo había descubierto al conocer a Tom, pero ¿Quién le aseguraba que no trataría de atentar contra Bill de nuevo? Bill estaba solo, ya no tenía a su padre y no podía confiar en Tom. No podía confiar en nadie. Y quería que pagara, quería que Amanda pagara por serle infiel a su padre. Quería que supiera lo que se sentía. Quería justicia. Sólo eso…estaba mal, pero quería hacerlo. Bill no era nadie para hacer justicia, pero en la vida la justicia no llegaba rápido y quería adelantarla. Pero Tom no le creía, lo decían sus manos que se apretaban en poderosos puños —. Tú realmente no la conoces. Tú no sabes nada de esa puta. —Levantó la voz en la última palabra, enfatizando ‘puta’ —. Eso es lo que es, una puta y nada más. Una perra malagradecida.
Cuando Tom detuvo el auto, Bill supuso que era su fin. Eso había sido suficiente. Bill había abierto de la boca de más.
—Seducir al novio de la madrastra que ha dado todo por ti, es lo más asqueroso que he visto. El malagradecido aquí eres tú, porque ella te ha dado todo lo que necesitas. —La mandíbula de Bill se apretó. No importaba si le decía la verdad sobre Amanda, Tom jamás le creería. Porque ella era una hipócrita y lo había embrujado con sus encantos —. La única persona que da asco, eres tú, maldito homosexual.
Dicho eso, pisó el acelerador. Los marrones ojos de Bill querían salpicar lágrimas por doquier, pero no podía frente a Tom. El rastudo anteriormente lo había golpeado en la cara y no le importaba que Bill tuviese una marca muy notoria en su ojo, lo único que le interesaba era Amanda. Se desvivía por ella y Bill no quería aceptarlo. Bill no quería que Tom amara a su madrastra.
Por eso, si antes Bill pensó en ser amigo de Tom, cambiaría sus planes a ignorarlo en todo momento. Ignorarlo sería lo mejor
Bill ya no se dejaría pisotear por Tom.
Continúa…
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Ay, como me duele ver a billyberto así se equivocó al inicio pero sigue siendo un niño😭😭 , Tom es un imbécil que se deja llevar por su fobia que no le permite razonar 😠😠
Eres un puto homofobico Tom deja a Bill tranquilo 😡😡😡 odio como lo trata mal