«Homofobia» Fic de Monnyca16
Capítulo 6
“Miradas”
Fue hasta que Bill se separó por falta de aire que ambos concluyeron el largo y húmedo beso, aunque a los pocos segundos posteriores Bill volvió a ir al ataque, dejando tiernos besos superficiales a la vez que acariciaba las mejillas de Tom, sintiendo de ese modo su poca barba, rosando también su nariz con la de él, sintiéndolo demasiado profundo, intenso. Tom olía maravilloso y su boca parecía tallada por los mismísimos dioses, incluso la barba se sentía bien en la suave y humectada piel de Bill. Y, aunque Bill quisiera ver a Tom a los ojos, no podía porque sentía que Tom lo miraba sin parpadear, que lo analizaba sin ningún despiste durante toda la retahíla de besos.
Tom no lo soportaba, pero se dejaba, dejaba que Bill hiciera lo que quería justo en esos momentos, sintiendo que el sentimiento de vergüenza y enojo le oprimía el pecho. No había dudas de que Bill era una zorrita, un cualquiera que necesitaba engatusar para amarrar a los hombres, pero a la vez que pensaba eso, también se sentía un absoluto traicionero, un asqueroso hombre. No podía creerlo, inclusive al ver que Bill seguía besándolo y siendo correspondido por él mismo. Sí. Eso estaba mal, lo estaba por el simple hecho de pensar que Bill era Amanda, de corresponder el beso pensando y sintiendo que era ella a quien estaba besando. Y es que…joder, los labios y la piel de Bill se sentían tan finos que podían ser distracción para Tom, que deseaba a Amanda. La extrañaba tanto, estaba tan desesperado por tenerla que Bill había sido un sustituto perfecto, pero a la vez asqueroso, horrendo.
Por ello seguía viéndolo, aunque esta vez disminuyendo la opresión de sus labios y la fiereza con la que envolvían los de Bill. Podía culpar a Bill en cualquier momento, podía gritarle que era un sucio cualquiera, destructor de parejas y que era un total y jodido morboso, pero no. No podía hacer eso cuando él había sido un estúpido en corresponderle. Porque aunque los homosexuales para él fuesen personas malas y con actuares pésimos, lo había besado, le había correspondido. Tom había caído en sus encantos, en las garras de un homosexual, y sentía que la historia de sus padres se repetía. Sentía que estaba traicionando a su mayor vocera, que estaba traicionando su propia preferencia sexual, a su esencia como hombre.
Bill no era el que tenía toda la culpa. Tom era el mayor culpable. Era el único culpable por dejarse manipular y por besar lo que no debía. Amanda no se merecía eso. No merecía que Tom la engañara, no. Sin embargo, Amanda no debía enterarse de la traición de Tom. Ella odiaría a Tom, lo aborrecería…y Tom, él tendría que recuperarla si eso pasaba. Pero, en esos instantes los besos de Bill parecían ser guías y lo estaban idiotizando, lo estaban envolviendo y no podía si quiera levantar los brazos y empujarlo. No podía hacer nada al respecto aunque sus manos estuviesen hechas puños, aunque las venas de sus brazos se sobresaltaran, y se sentía estúpido. Un total imbécil al seguir correspondiendo la línea de besos que Bill depositaba sobre sus labios, era un sucio al verlo en todo momento y percatarse de que estaba con los ojos cerrados.
Bill era un menor de edad, un niño de 16 años. ¿Cómo podía competir contra ello? Tom sabía que los niños como Bill eran caprichosos y chiflados, pero ahora esa descripción estaba al borde, y Tom necesitaba poner los platos sobre la mesa, necesitaba hacerle ver las cosas, decirle que eso sólo había sido un error, que podía tal vez estar contento por haber conseguido un beso y que dejara de molestarlo. Quería hablar con Bill de hombre a hombre, gritarle que lo dejara en paz, que no lo soportaba y que le daba asco, que Amanda no se merecía eso y que lo olvidaría todo así como había dejado en el olvido los antiguos acercamientos.
Porque todo era un error, una enorme equivocación que podía poner en juego el futuro y la felicidad de Tom. Y él había trabajado tanto para construir su vida que no quería que algo lo estropeara, por eso sacaría todo lo que tenía para Bill; le demostraría que jamás pondría los ojos en él, que nunca lo miraría como otra cosa, porque amaba a Amanda y porque por nada del mundo quería perderla. Para ello, Tom movió la cabeza de un lado a otro, lentamente, buscando separarse cuanto antes, viendo que era necesario hacerlo, sintiendo la sangre hervir y su corazón bombearla con más fuerzas. Bill, en cambio, no se movió ni parpadeó, sólo siguió con su truco, colgándose excelentemente del cuello de Tom con una mano y restregándose más a su cuerpo, sin ganas de apartarse. Con la mano libre, Bill acarició la mejilla de Tom, rosando con sus yemas una y otra vez su oreja, descendiendo hasta su barbilla y extendiendo la mano para acunarle el pómulo derecho, tanteando los rasposos vellos de su cutis limpio.
Y mientras la lengua de Bill acariciaba la de Tom con demandante lentitud, éste último pudo por fin subir la mano hasta su mejilla para apartarle la palma, apretándosela demasiado fuerte, lastimándolo y bajándola para que dejara de acariciarlo, para que dejara de besarlo, de seducirlo. Para que lo dejara en paz de una vez por todas.
Bill abrió mucho los ojos al sentir que los huesos de su mano se compactaban y amenazaban con quebrarse. La mano de Tom era muy grande, tan grande y fuerte que Bill chilló de dolor y se tambaleó, bajándose de los pies de Tom y cayendo al suelo, adolorido y sintiendo que sus piernas no tenían fuerza para levantarse. Cuando Tom le soltó la mano, Bill la llevó hasta su pecho, calmándose. Una bola de sentimientos encontrados le explotó en la cabeza, avisándole a su cerebro que necesitaba responder a eso, que era necesario al menos decir algo, pero su voz no salía aunque abriera la boca, no salía por los lacrimosos latidos desenfrenados de su corazón.
La mirada de Tom le avisó y lo hizo sentir sucio, avergonzándolo en demasía. Estaba dispuesto a sostenerle la mirada para encontrar más respuestas, pero sus ojos comenzaron a arder y su mirada decayó hacia el piso, mientras Tom por fin movía los hombros para tronarse la espalda y retroceder dos pasos, alejándose. De pronto el ambiente se tornó tenso, demasiado humillante para Bill, quien seguía en el piso como todo un perdedor. Y Tom seguía viéndolo, sin sonreír, sin exponer ningún gesto que pudiese describir lo que estaba sintiendo, pero en el fondo pensaba que de todos modos ese beso había sido un error y que podía arreglarse, que podían callárselo, que podían vivir con esa carga aunque a él le costara más trabajo aceptar que había besado a un hombre, a un adolescente afeminado. Más sin en cambio, luego recordó que antes hubo varios acercamientos de Bill para con él y se había olvidado rápido de ello, ocultándoselo a su pareja sin ningún problema, lo que significaba que no era necesario sentirse culpable ahora.
¿De qué se debía sentir culpable? De nada. Sólo era un beso, ¿tampoco era para tanto, o sí? Por supuesto que no. Un beso no era la gran cosa. No era la gran cosa porque Bill no significaba nada para él. Ese había sido un beso insignificante, sin ningún sentimiento, sin ningún objetivo; un beso vacío que fácil pudo haberle dado a cualesquier persona y más en su estado necesitado. Al fin de cuentas todo estaría bien si Amanda no se enteraba, y no debía enterarse aunque se sintiera como un cobarde, no debía…ella no debía saberlo porque ese beso era un error, era algo que no tenía sentido.
Cuando los ojos de Bill dejaron de arder un poco, levantó la vista y con todavía la mano sobre su pecho, vio a Tom. Lo miró fijamente, soportándole la mirada, leyendo todos sus pensamientos, que fueron exactamente escalofriantes cuando se los dijo abiertamente:
—¿Esto era lo que querías? —Sus ojos sonrieron, irónicos, luego, sin dudarlo, se llevó la mano a la boca para apartar los restos de Bill —. Pues la respuesta sigue siendo la misma; no soy como tú, y nunca lo seré. No me atraes, no me interesas. Enfréntalo, entiéndelo, Bill. ¿Qué es lo que buscas de mí? ¿Buscas que ponga los ojos en ti? —Sonrió de lado, negándose. Bill también sonrió, guardándose el miedo en las entrañas y levantándose del piso para enfrentar a Tom. Ya había perdido inclusive su dignidad, ¿qué más podía perder ahora? No le quedaba nada y lo mínimo que podía hacer era levantarse del piso y verlo—. He guardado distancia varias semanas atrás para hacerte saber que no te quiero cerca, que ya no me interesa si eres un maldito maricón o no. Pero has llegado a esto y yo te he seguido el juego. Porque lo es, esto es un simple juego, un error. —Bill ladeó la cabeza, esperando lo siguiente—. Todo tiene que quedarse en el pasado, guárdatelo que yo también lo haré. Y no me vuelvas a tocar, no te me vuelvas a acercar porque entonces sabrás con quién te has metido. Puede que tengas todas las de ganar porque eres un mocoso ante la ley, pero tú mismo has buscado esto. Tú te lo has estado buscando desde hace un mes, así que no te hagas el desentendido y enfréntalo. Hazte responsable de lo que ocasionas. Déjame ser feliz con ella, deja de entrometerte y de pensar sólo por ti. Deja que haga mi vida con quien quiera, Bill. ¿Lo entiendes ahora?
Lo entendía. Bill lo comprendía absolutamente. Y se sentía terriblemente egoísta en esos momentos. Debió seguir los consejos de Gustav, debió…debió aceptar que lo que estaba haciendo estaba mal y evitar llegar hasta ese punto, pudiendo haberse ahorrado escuchar todo lo que Tom le expresaba, todo lo que le decía secamente y que le dolía sin explicación alguna.
Esta vez Tom sonaba muy serio, demasiado cansado e irritado. No se le veían ganas de seguir molestando a Bill, joder…no tenía ni ganas de verlo. ¿En qué demonios estaba pensando Bill? Se sentía estúpido. Se sentía como un tonto enfermo. «¿Hasta este punto tenía que haber llegado?» Estaba demasiado avergonzado, enormemente arrepentido y molesto consigo mismo más que con Tom.
Tom tenía razón. Desde un principio Bill había comenzado todo esto, Bill era el mayor culpable por entrometerse. Le daban muchos celos cuando veía a Tom con Amanda, pero ¿Qué demonios le importaba? Tom podía hacer con su vida lo que quisiese y Bill debía respetarlo, tal y como Tom había respetado y guardado distancia por su falsa homosexualidad. En todo caso, Tom había sido mucho más comprensible por darle su espacio y por alejarse, mandándole señales de repugnancia y diciéndole sin pronunciar palabra que no estaba interesado en él. Pero Bill seguía aferrado, seguía intensificando, ilusionándose con Tom. El único consuelo que le quedaba era que no se había quedado con los brazos cruzados y que había intentado todo lo posible para hacer que Tom pusiera los ojos en él, y aunque no lo logró, se sintió satisfecho.
Antes de que Bill pudiese disculparse sinceramente, la puerta de entrada se abrió y de ella apareció Amanda con una maleta en mano y con una sonrisa de infarto. Un dolor inmenso creció en el corazón de Bill, trepándose ferozmente hasta su garganta y ocasionando que sus ojos se llenaran de lágrimas. No logró llorar pues se echó para atrás y apartó la mirada cuando apenas atisbó que Amanda besaba a Tom y que éste le correspondía sin ningún esfuerzo.
Y dolía. Dolía demasiado ver una escena así. Dolía recordar que cinco minutos antes él había sido besado por Tom y que ahora la estaba besando a ella, evidenciando que el beso anterior sólo había sido un acto sin significado alguno. Porque Tom era de Amanda aunque no quisiera aceptarlo.
Ese lado de la casa estaba totalmente tranquilo, lo que facilitó que oyera todo lo que Amanda le decía a Tom, y mientras los escuchaba, su pecho se inflaba sin descuido, presenciando el goce que Tom exponía al tenerla tan cerca. Pero no quería seguir frente a ellos. Era suficiente. Lloraría en cualquier momento, se sentía tan confundido que con agilidad tomó la maleta de Amanda y se fue lo antes posible de ahí; se sentía como un mal tercio, no encajaba…nunca encajaría.
Nadie se dio cuenta de su desaparición, y eso había sido lo mejor de esa noche. Luego de dejar la maleta en la habitación principal, fue a la suya y se encerró, recargándose en la puerta y descendiendo, cayendo hasta el suelo y sentándose. Lloró como un tonto, como todo un perdedor. Y se sintió excelente a los minutos después de sacar todo lo que lo ponía mal.
Lo que Bill nunca pensó que le sucedería, le pasó. El dolor del rechazo inundó todo, llevando consigo un mar de lágrimas. Era cierto que al principio, cuando Tom terminó por rechazarlo por completo, se había sentido terriblemente mal, como si no hubiese algo mejor que Tom o como si no existiera una razón para seguir siendo el Bill de antes. Pero luego sentía que al momento de llorar toda su cabeza estaba hecha bolas y que ahora que estaba relajado ya pensaba con más riqueza. Podía incluso reiterar la razón del por qué había llorado, por la cual se había sentido rechazado; a él le gustaba Tom. Le gustaba mucho a pesar de no conocerlo ni platicar con él. Era la primera vez que le pasaba algo así, pero lo sentía y eso había sido un golpe duro, demasiado fuerte porque también pudo descubrir su bisexualidad y aceptarse aunque Tom fuese el único que le gustara por ahora. Era inexplicable para la mayoría, pero Tom le atraía de verdad, lo hacía sentir nervioso y le interesaba lo que pensara de él. Tom podía lastimarlo de muchas formas y él salir herido, pero en el fondo algo hacía que buscara a Tom, que se interesara en él. Tom era un misterio y a Bill le gustaba. Le encantaba y estaba dispuesto a descubrir hasta lo más absurdo de Tom, pero ahora esa meta no estaba disponible; Tom quería su espacio, quería a Bill fuera, y lo tendría.
Bill esta vez había vivido en carne propia la decepción y el rechazo, dos situaciones que se enlazaban para lanzar una señal al cerebro y reaccionar de una vez por todas. Bill garantizó que era cierto lo que Gustav decía o lo que sus libros cursis expresaban abiertamente: algunas veces las personas sólo reaccionan cuando llegan al límite, cuando algo les hace abrir los ojos, y es entonces cuando todo lo que alguna vez hizo daño, se retroalimenta y se trasforma en experiencia. Un aprendizaje que sólo el ser humano puede crear tras disfrutar de la vida. Porque vivir es más que despertar cada día, más que ver la luz del sol y disfrutar de la luna. Y a pesar de que la vida tenía como principal característica respirar, era más que eso. Era algo más que ir a la escuela. Y las personas debían saberlo, debían descubrir qué era lo que venía detrás de las cosas tristes y las felices, porque todo lo que sucedía tenía un por qué. Bill, por fin descubrió el por qué tenía que pasar por todo eso, soportar a Tom todo un mes, soportarse a sí mismo, y al final de cuentas apreció que estaba adquiriendo conocimientos que evidentemente llegaban como tristezas, pero que lo hacían grande como persona por el simple hecho de haberlos vivido. Por eso se decía que la vida no era fácil. No lo era para todos, pero tampoco era tan difícil.
No importaba qué tanto rogó ni cómo lo hizo. Lo importante era que no había sido un cobarde. Luchó contra todo sin lograr conseguir un buen resultado, pero al menos lo intentó. Por lo menos había hecho un esfuerzo para descubrir qué era aquello que sentía, y, aunque resultó ser atracción, ahora sabía exactamente lo que tenía que hacer.
Aunque no quisiera aceptarlo literalmente con Gustav o con Tom, había aprendido mucho. Había salido del caparazón y había hecho cosas que nunca creyó hacer; había besado a un hombre, había sentido gusto por uno, disgusto, incluso había llorado. Nada era negativo cuando al final se aprendía algo. ¿Qué era la infidelidad? Sin dudarlo, Tom lo sabía ahora al ser uno de los tantos hombres que engañaban a sus parejas. Y Bill, él también logró ser parte, y descubrió además lo que se sentía ser el otro al menos por unos minutos. Y se sentía horrible ser el otro, se sentía pésimo ser plato de segunda mesa. Bill podía imaginar que Tom se sentía como una mierda por haber engañado al amor de su vida, y estaba consternado por ello, mas no se lamentaría para siempre, porque después de todo Tom finalizó eligiéndola a ella.
La actitud cobarde de Bill había desaparecido un poco y su lado experimental afloró en menos de un mes. ¿La había cagado por completo? No. A pesar de todo logró conocerse más y remendar las cosas antes de que la situación empeorara. Y, después de todo, había sido divertido enfrentarse a cosas que jamás pensó hacer. Incluso era sorprendente lanzarse y hacer algo que luego no enfrentaba al cien, porque de eso se trataba, de aprender a lanzarse y descubrir el otro lado de lo que se hacía de manera ordinaria. Así que no era momento para reprocharse, lo importante era darse cuenta que no estaba logrando nada y que debía detenerse. Era hora de parar. Era hora de pensar con madurez y motivarse con otras cosas.
No todo estaba perdido ¿O sí? Bill era muy joven para estancarse. Después de todo, era cierto lo que Tom le decía. Y mientras Tom se mantuviera callado, Bill no diría nada. Ese beso y esos acercamientos homosexuales quedarían en el pasado, serían un aprendizaje más, lo llenarían de sabiduría. Bill no diría nada, no haría nada, no se entrometería aunque sintiera algo por Tom. Gozaría como un buen luchador y se ocuparía de otras cosas que lo mantuvieran entretenido. Saldría a divertirse, viviría su adolescencia sin preocupaciones; sería feliz como su padre quería. Sí.
Bill sería feliz, porque después de lo que pasó no todo estaba perdido. Había muchas buenas noticias como lo era terminar su semestre en la escuela y salir con buenas notas. No dejaría que su corta e inexperta vida se convirtiera en un martirio. Si Amanda era feliz ahora, entonces estaría feliz por ella, la apoyaría. Apoyaría a Tom aunque no tuviese el valor de verlo a los ojos por ahora.
La raíz de su antiguo plan quedaba completamente arrancada con esto, entrando a uno nuevo, el cual era disfrutar lo que ahora tenía.
&
—¿Me estás diciendo esto en serio? —Gustav sonrió en grande al escuchar a su mejor amigo decirle tan positivas palabras.
—Claro.
—¿Entonces Tom ya no te va a molestar?
—Él ya había dejado de molestarme desde muchas semanas atrás, pero yo insistí.
—Pero al menos lo intentaste, joder, lo intentaste. No fuiste tan cobarde y aunque no todo resultó bueno, al fin podrás gritar a los cuatro vientos que no te quedaste con los brazos cruzados y que te arriesgaste. ¿Porque sabes? Es mejor decir que hiciste algo a contestar que jamás tuviste los huevos para enfrentarlo. Por eso estoy orgulloso de ti, Bill. Jamás te habías empeñado tanto en algo, …¿Y sabes qué? ¡Ya sé lo que vamos a hacer todas estas vacaciones!
—¿No me digas que escribir? —Bufó, viendo que Gustav se negaba frenéticamente —. ¿Entonces qué?
—Mi vecina tiene tres hijos que necesitan ser cuidados.
—¿Y eso qué?
—¿Cómo que qué? Ya le dije que podía cuidarlos contigo y aceptó. Pagará bien, y sé que no necesitas el dinero… pero ¿Has pensado qué se sentiría ganarte el dinero? Además son niños, dos son gemelos y la mayor es una niña muy tierna. De este modo te mantendrías ocupado y además ganarías tu propio dinero. Bill…sé que lo disfrutarás. Así te vas a distraer y no te toparas con Tom tan seguido.
—En eso tienes razón, pero ni siquiera me sé cuidar…—Desconfiaba un poco en la manera que utilizaría para entretener a los niños —. Pero lo intentaré. ¿Qué se puede perder?
Nada se podía perder, salvo la paciencia.
&
Luego de conocer a los niños, Bill fue hasta su casa para ponerse algo más cómodo y luego ir a su primer día de trabajo. Lo bueno fue que el trabajo se haría en la casa de la vecina de Gustav y en eso no tendrían ningún problema. Los niños que cuidaría eran muy hermosos, los gemelos tenían 2 años mientras que la hermana mayor tenía 6. Eran muy amigables y Bill sentía que el corazón se le derretía con los gemelos. Además la señora parecía confiar demasiado en Gustav y esos eran puntos extras. No era cualquier cosa que alguien le soltara sus hijos a dos muchachitos ¿o sí? Pero Gustav era muy buen estudiante al igual que Bill y la señora tenía buen lazo con la familia de Gustav.
—¿Cómo te fue en la escuela? —Amanda inquirió apenas entró a la casa, con Tom a un lado. Bill se giró para contestar, recordando que ni siquiera le había dado la bienvenida y que no se la daría, por supuesto. Apenas ayer había llegado y además Bill no tenía nada que decirle. Sintiéndose aún incapacitado para articular algo, Bill pudo sostener su infinita felicidad. La verdad era que estaba muy entusiasmado, demasiado como para deprimirse al ver al rastudo.
—Bien, este último día fue fenomenal —explayó, sintiéndose extraño al hablar con Amanda tan bien a pesar de haber besado a Tom. Se sentía extraño recordar que Tom la había engañado y con él.
—Eso es grandioso. —Aplaudió por lo bajo, acercándose un poco más—. ¿Y a dónde vas?
Bill tomó su suéter del sofá y comenzó a ponérselo con calma, haciendo un poco de tiempo, y sintiendo que Tom lo miraba de pies a cabeza. No evitó ponerse nervioso; Tom tenía la mirada muy profunda y eso algunas veces lo ponía absolutamente colorado.
—Con Gustav. —Se planchó el pantalón con las manos, sintiendo mucho frío de repente —. Voy a mi primer día de trabajo —agregó, centrando la vista en la pareja y encontrándose fácilmente con la mirada de Tom, pero esquivándola muy rápido y prestándole toda la atención a su madrastra.
Todavía se le hacía difícil conectar su vista con la de Tom, pero estaba seguro que luego ya no tendría tanto problema con verlo a los ojos.
—¿Tú? ¿Trabajando? —La pregunta de Amanda hirió a Bill. Era cierto que tenían una gran posición económica, pero eso no significaba que Bill fuera un mediocre. Por supuesto que podía trabajar, podía mantenerse solo —. Eres muy bueno para la escuela, pero eres muy torpe para centrarte en algo como lo es trabajar.
«¿Qué? ¿Torpe?» Quizá Bill era algo torpe y débil, pero eso no quería decir que sería un desastre trabajando. No.
—Pero…«Yo puedo, claro que puedo hacerlo»
Quiso decir aquello, pero fue interrumpido por ella:
—Te quejas de muchas cosas y jamás ensuciarías tu ropa de marca, Bill. ¿En qué vas a trabajar? Ni siquiera tienes experiencia en algo. ¿En qué podrían contratar a una persona como tú? Sólo mírate, parece que en cualquier momento te cansarás y te quebrarás.
Hacía demasiado tiempo que Amanda no le hablaba de ese modo a Bill. Tiempo atrás se la pasaba diciéndole débil, pero luego lo fue dejando, hasta este momento. ¿Por qué lo hacía ahora? Incluso le decía todo eso frente a Tom. ¿Qué tenía que estar escuchando él? No tenía el derecho a decirle algo así. Bill era débil en algunas cosas, era algunas veces cobarde y muy limpio como para ensuciarse. Odiaba sudar y oler mal, odiaba el descontrol y se le acababa la paciencia rápido, pero podía trabajar.
—Pues me han dado y pagan bien —dijo, sonriendo igual de bien que antes, tomando su mochila y acomodándosela en la espalda.
—¿Cuál es tu trabajo? —Persistió ella.
Bill se detuvo.
—De modelo —mintió. Sabía que Amanda siempre había querido ser modelo y que en muchas ocasiones la rechazaron y que a Bill le habían ofrecido el puesto.
—¿Modelo? —Abrió mucho la boca.
—De ropa interior —complementó, dirigiéndose a la puerta, viendo de re ojo que Tom lo seguía con la mirada.
Al salir soltó una risotada y se fue directo a la parada del Bus. Ver la cara de envidia de Amanda no tenía precio. Bill sabía sus puntos débiles y no se quedaría callado nunca. Si ella lo agredía, él se defendería de manera cautelosa.
—No durará mucho —comentó Amanda, frente a Tom.
—¿Quién? —Dudó un poco con lo acontecido, esperando, sinceramente, salir de una curiosidad que jamás lo había invadido.
—Bill. ¿Qué no lo escuchaste? No tiene lo suficiente para ser modelo. Es demasiado flaco y no tiene chiste —siguió, tocando los hombros de su novio, que la miraba fijamente, sorprendido.
¿Amanda hablaba así de Bill? Era muy extraño para Tom, pues cada vez que ella hablaba de su hijastro lo nombraba bien, sin tanto desprecio. ¿Amanda sabía algo sobre el antiguo beso para hablarle así a Bill? Tom lo pensaba, pero luego se negaba. Era imposible que Amanda supiera.
&
Después de casi dos semanas trabajando y llegando cansado a casa, Bill se encontraba en viernes, a punto de recibir su primera paga. Estaba muy nervioso y cansado, pues Gustav lo animó, días atrás, a ejercitar las piernas y las pompis. Decía que para que consiguiera novias… y Bill había aceptado porque quería que los pantalones se le vieran mejor. Era simple vanidad, además, Bill tenía que hacer algo por su trasero y sus piernas delgadas.
Durante esa primera semana y media, Bill pudo conocer el idioma de los niños, comprenderlos, y también cambió muchos pañales, sintiéndose realmente genial por poder hacerlo. Disfrutaba reír junto a Gustav y contarle chistes sin sentido. Algo sorprendente había sido que ya podía soportar la cercanía de Tom y de verlo a diario. De hecho comían juntos, en la misma mesa y no se sentía tan devastador. Sin embargo, nunca hablaban, sólo compartían un mismo espacio y aunque pareciera muy gélido, era un gran avance para llevarse bien. Amanda seguía comportándose un poco ruda, amigable algunas veces, pero a Bill ya le daba lo mismo.
Era maravilloso ahora, Bill se sentía muy bien al poder distraerse con cientos de actividades. Aunque era cierto que le incomodaba un poco que Tom lo viera, porque lo miraba mucho últimamente, pero podía con ello. Mirar a alguien no era para tanto. Todo el mundo podía mirar lo que se les diera la gana, y era bastante normal para Bill. Ver a la gente era muy común.
Bill podía con todo ahora. Lo supo al sostener su paga con mucho aprecio. Se sentía realmente bien recibir una recompensa. Había hecho un buen trabajo y lo tendría como para unas tres semanas más, así que tendría dinero suficiente para comprarse su propio regalo de navidad y uno para Gustav…también con su propio dinero le compraría flores a su padre y se las llevaría a la tumba. Bien. Aquello era jodidamente genial. Su padre de seguro se sentiría muy orgulloso de él en estos momentos. A Bill le hubiese gustado que su padre estuviera vivo para que lo viera tan activo y entusiasmado, más sin en cambio, de todos modos se sentía orgulloso de sí mismo, no cabía ninguna duda.
Luego de despedirse de Gustav, Bill cruzó la avenida principal, sonriendo como estúpido, casi saltando como cordero, sonriéndole a todos los que pasaban a su alrededor y diciendo un hermoso: “Buenas tardes” “Que le vaya bien” Se sentía tan contento que podía llorar de felicidad…y, aunque hiciera mucho frío, no se encogía ni temblaba porque su pecho tibio le calentaba todo el cuerpo con bastante facilidad.
Ese había sido uno de los mejores días de su vida, estaba seguro de ello, salvo que algo interrumpió su andar. Un pequeño perro atacaba su zapato, mordiéndole las cintas, desabrochándoselos, y lo hacía con tanto esmero que Bill se quedó helado, quieto, observando al pequeño animal. Bill era fanático de los perros, pero esta vez ese animal le estaba haciendo guerra. Y aunque era divertido, tenía miedo de que el enanillo lo fuese a morder, por lo cual mantuvo su distancia, observándolo de lejos.
Era un pequeño dálmata. Estaba inmoderablemente chiquito, quizá tenía uno o dos meses de vida. Se miraba muy flaquito y al parecer tenía hambre. Viendo eso, Bill se agachó, tocándolo y dándose cuenta que el pequeño huía cada vez que lo acariciaba, como si tuviera miedo. Pero Bill no quería hacerle daño, sólo quería tocarlo. Además hacía mucho frío y era muy peligroso que anduviera por las calles a esas horas de la tarde. Estaba a punto de anochecer. ¿El perrito tenía familia? Bill hizo un puchero con los labios, estirando la mano para llamarlo. El canino se tambaleó y corrió hasta Bill, que lo esperaba con calma. Con ojo crítico, Bill percibió que el dálmata pasaba por su palma, acariciándose con ella y sacando la lengua, lamiéndole la capa interna de la mano.
¿El perrito estaba encariñado? ¿Agradecido? Bill no dudó esta vez en cargarlo, recibiendo muchos lengüetazos y mordiscos leves en su chamarra. No había indecisiones, el bebé tenía hambre. Mucha hambre. Cerca de un minuto en plena concentración, Bill se decidió a llevarlo a casa y dejarlo dormir en su cuarto, tal vez en su cama… ¿no había nada de malo o sí? Pero antes de pretender cuidarlo, tenía que conseguirle alimento, por lo que fue a una tienda a comprar croquetas para remojarlas con leche o agua. ¿Eso funcionaría? Esperaba que sí.
Al salir de la tienda de animales, notó que la oscuridad invadía cada rincón y que bajaba cada vez más la temperatura. Pero nada de eso fue impedimento para llegar sano y salvo a su casa. Ya con croquetas en su mochila y con el perrito dentro de su chaqueta, sacó la llave para abrir la puerta principal, pero no pudo si quiera mover las manos al encontrarse de manera automática con Tom, quien ya iba de salida.
—Uhg, hola —Bill habló con confianza, quedándose quieto. Era como la segunda vez después de casi dos semanas que saludaba a Tom.
—No hay nadie en casa, Amanda me dio una copia de llaves —comentó, sintiendo que debía aclarárselo.
Amanda le había dado muchas confianzas a Tom, y eso era raro. De todos modos, Tom nunca abriría una casa que no era suya, al menos que fuese importante, demasiado importante.
—No hay problema. —Fijó los ojos en Tom, y sonrió, entrando rápido y dejando la puerta abierta para que se fuera cuanto antes de ahí. Jamás se quedaban a solas y si eso pasaba esa noche, entonces sería jodidamente incómodo para Bill.
Sin esperarse mucho tiempo, dejó la mochila en el sillón y sacó la pequeña bolsa de croquetas especiales, llevándose consigo al perrito. Se dirigió a la cocina y en un vaso metió agua al microondas para calentarla. Vació un poco de croquetas en un platito que también había comprado para su nueva mascota y luego de que el microondas sonara, le echó el agua caliente, empapando las croquetas y dejándolas así por un momento para luego aplastarlas con un tenedor.
Sin embargo, cuando molía las croquetas pudo oler el varonil perfume de Tom. Era acaso que… ¿Todavía no se iba? Para corroborarlo, levantó la cabeza, encontrándose con Tom a unos dos metros y recargado en el refrigerador con los brazos cruzados hasta la altura de su pecho y viendo sin ningún despiste lo que hacía. Momentáneamente al chocar miradas, Bill la bajó rápido, nervioso, siguiendo con lo suyo.
Pensaba que Tom ya se había marchado, suponía que estaba solo y no. No lo estaba, y no sabía por qué. Hacía aproximadamente días que Tom le había dicho que no se acercara a él, que no se entrometiera. Y ¿No lo hacía o sí? Según Bill, no. Pero ahora era Tom quien no dejaba de verlo desde que llegó Amanda. ¿Por qué lo veía tanto? ¿Acaso no se daba cuenta que lo ponía muy nervioso? O ¿Bill tenía algo en la cara? No…de hecho se había puesto un poco de lápiz café en los ojos y máscara para pestañas, pero sólo porque con el frío se miraba muy pálido. Pero su retoque no estaba muy exagerado como para llamar la atención de Tom.
«¿Estoy llamando la atención de Tom? No. Por supuesto que no»
Bill se mordió el labio inferior, terminando por sacar al perro de su chaqueta para verlo y enseñarle su alimento. En todo caso, si Tom quería verlo alimentar al perro, entonces dejaría ser visto. El perro pareció comprender pues comenzó a alocarse. Bill subió al perro a la barra y lo amansó mientras comía, viendo que el chiquillo se resbalaba, subiendo las patas al mismo tiempo, terminando por caer sobre la comida. Bill se rió, tomando al perro y volviéndolo a poner en su lugar, captando que volvía a pasar lo mismo. ¿Qué demonios? Era súper chistoso.
—¿Ya tiene nombre? —La voz de Tom sonó por fin. Bill se limitó a levantar la cabeza, y se negó, contestando:
—Aún no. —Luego de responder levantó el rostro para mirar a Tom—. Soy malo para ponerle nombres a los animales.
Su facilidad para comentar eso había sido un logro. Después de todo, no había nada de malo con platicar con Tom, ¿o sí? Además Tom había comenzado, y no lo dejaría hablando solo; era de mala educación hacer algo como eso. Hablar con Tom no significaba que se entrometía en su relación con Amanda…porque serían como familia o algo así.
—¿Dónde lo compraste?
Ante la segunda pregunta de Tom, Bill sonrió tontamente, mirándolo, luego dirigiendo su cansada mirada hasta el perrito —. Me lo encontré en la calle, estaba mordiendo mis zapatos…y bueno, tenía hambre.
—¿Tenía hambre y lo trajiste a comer? —La inquietud pareció estúpida, pero Tom estaba curioso. La mayoría de la gente ignoraría a un perro con hambre.
—No, primero le compré comida y luego ya lo traje —alegó, diciendo puras tonterías. Estaba muy nervioso y no quería tartamudear. Y era horrible, acaso… ¿acaso le estaba contando toda la historia a Tom, todo aquel trayecto que hizo para por fin albergar al perro?
—¿Por qué? —Sorprendió a Bill de nuevo.
El pelinegro se estremeció, ¿Por qué, qué? No lograba comprender. Tom era estúpido o qué. Era obvio que Bill recogería al perro y que se haría cargo de él.
—¿Cómo que por qué? —Su rostro mostró mucha sorpresa —. Está muy pequeño, además mordió mis cintas e inmediatamente tuvimos una conexión. De ese tipo de conexión que te hace sentir especial, como un complemento…—contó, moviendo las manos y terminando por mirar a Tom, que no movía ningún músculo facial. Bien, era obvio que Tom no entendía de qué tipo de conexión hablaba Bill, pero era una muy especial, lo suficientemente especial para llevar al perrito a su casa —. Si yo fuera un animal perdido y con hambre en medio del frío, me gustaría que alguien me recogiera, me alimentara, me quisiera y me hiciera un lugar en su casa. —Concluyó, acariciando al perro.
Tom no contestó nada después de eso. En sus 24 años de edad jamás había escuchado que alguien se comparara con un animal y que se pusiera en el lugar de uno.
Fue así que diez minutos pasaron, minutos completos que Tom utilizó para observar a Bill, como siempre. Bill podía sentir su mirada, pero no decía nada. Era mejor mantener ese tema fuera, porque tenía miedo a la respuesta. Dentro de ese tiempo Bill jugueteó con el animal, cargándolo después de comer como si fuera un bebé y besándolo en la cabeza, dándose cuenta que no estaba tan sucio. Últimamente estaba siendo más cuidadoso por su trabajo y estaba agradecido de que el perrito no llorara como un bebé humano.
—Entonces…—Tom volvió a abrir la boca, ocasionando que el corazón de Bill se acelerara más de lo que ya estaba —. ¿Desde cuándo te gusta el modelaje?
El rostro de Bill se puso todo rojo, evitando al mismo tiempo ver a Tom. ¿Acaso Tom quería preguntarle cómo le estaba yendo en el trabajo, pero con una pregunta diferente? ¿Tom estaba interesado en eso? Pues claro…él lo había rechazado…y sería su futuro padrastro, era obvio que se preocupara por su futuro hijastro, o al menos eso pensaba Bill.
—Me gusta mucho el modelaje —contestó, sintiéndose estúpido por no contestar lo que preguntaba Tom, pero era imposible mantenerse concentrado —. Desde hace años —complementó, respirando profundo, tranquilizándose. En esos segundos de silencio pensó en platicar más, Tom era de pocas palabras y Bill un hablador de primera, así que…—. Pero no trabajo de modelo, por si me querías preguntar cómo me va. —Razonó, mordiéndose el labio inferior, sin mirar a Tom —. Mi trabajo no tiene nada que ver con el modelaje —propinó, levantando el rostro y viendo a Tom, encontrándose con su poderosa mirada —, la verdad es que soy como niñero o algo así. Trabajo con Gustav cuidando a 3 niños y es muy interesante, de hecho hoy me pagaron y se sintió bien.
Tom no contestó nada, sólo que esta vez fijó la vista en el perro. Bill no sabía lo que significaba eso, así que prefirió abandonar la cocina lo antes posible, cargando al perro y sentándose esta vez en el sillón de la sala, sacando su móvil para que Tom se fuera lo antes posible. ¿Qué demonios estaba pasando? Era la primera vez que hablaba con Tom sobre algo. De hecho, era la primera vez que sostenía una plática con Tom sin discutir. ¿Qué significaba eso? Antes de que pudiera mover un dedo, la puerta principal se abrió y entró Amanda con bolsas de comida china en las manos.
Eso sólo quería decir que era hora de la cena y que Bill tendría que compartir de nuevo la mesa con Tom. Lo más jodido era que no sabía por qué estaba tan nervioso si toda la semana anterior habían compartido la mesa, pero lo cierto era que antes no había platicado tanto con Tom. ¿A qué demonios le tenía miedo? Sólo era Tom…el homofóbico, el hijo de puta que lo rechazó y que lo había hecho llorar, tampoco era para tanto, mucho menos si ya había compartido la mesa con él antes.
&
Durante la cena, Amanda no paraba de hablar, platicando acerca de su vestido de novia, que estaba súper fantástico y que su llegada tarde se debía a que justo había separado los arreglos florales y el salón. Tom mantenía una conversación con ella, una muy común y corriente, sonriendo de vez en cuando y en otros momentos mirando a Bill, como siempre. Todo iba muy bien, de hecho iba bastante bien, hasta que Bill giró la cabeza hacia Tom, capturando una escena que nunca se imaginó presenciar. Y no era capaz de aceptar lo que pasaba, no sabía qué pensar al detectar que los ojos de Tom se entornaban mientras miraba sus labios.
Bill no exageraba. No era su imaginación. Tom miraba sus labios. Los miraba, lo hacía. Con los nervios de punta y la confusión a punto de explotarle en la cabeza, Bill rodó los ojos para observar esta vez a Amanda, encontrándosela mirando atentamente a Tom, dándose cuenta que Tom lo miraba a él. La presión se instaló en su pecho, logrando que su boca se abriera y luego la cerrara lentamente al ver que Amanda esta vez lo observaba fijamente.
Aquello era la perdición. Era lo más extraño de ese día y Gustav tenía que saberlo. Demonios. Gustav tenía que saberlo ahora mismo, Bill necesitaba contárselo a alguien, necesitaba… saber lo que estaba pasando. Sin embargo, también su cabeza le gritaba que no se hiciera ilusiones. Todo podía ser una malinterpretación, todo podía ser una falsa alarma.
Frente a tal conflicto, Bill miró hacia otra dirección, pero no se aguantó las ganas y volvió a virar hacia Tom, que esta vez lo miraba a los ojos, como si nada pasara.
¿Qué mierda estaba pasando? Dudándolo, Bill siguió comiendo. Todo era su imaginación. Sí. Era su jodida imaginación. Pero, ¿qué significaba que te miraran los labios? ¿Qué significaba que se te quedaran viendo? ¿Bill tenía comida en los dientes? ¿En la boca? ¿Se veía chistoso? Para cerciorarse, agarró una servilleta y se limpió la boca con bastante tranquilidad, dándose cuenta al final que la servilleta no se había manchado.
Bill muchas veces se les quedaba viendo a las personas que le gustaban o que le llamaban la atención. Era demasiado para él hacerse este tipo de pregunta mentalmente, pero ¿le gustaba a Tom? ¿Le estaba comenzando a gustar?
Bill movió la cabeza de izquierda a derecha. Era muy difícil saberlo. Tom jamás mostró interés en Bill y sería demasiado imaginar que en tan poco tiempo le gustara o algo. ¿Cuánto había pasado? Una semana y media exactamente, tiempo demasiado corto como para que Tom comenzara a sentir algo. ¿Entonces por qué lo miraba mucho? ¿Tenía algo que decirle? ¿Qué pasaba por la cabeza de Tom? ¿Ahora en qué estaba pensando? Quería saberlo cuanto antes aunque por dentro se dijera que no debía importar. Se suponía que ya no debía interesarle nada sobre Tom, pero en esos momentos era imposible hacerse el desentendido cuando por dentro se quemaba, cuando las flamas lo envolvían y lo hacían recordar que Tom le gustaba. Le seguía gustando y más cuando lo miraba de esa forma tan misteriosa, tan profunda y sin miedo.
Lo más sorprendente era que Tom no se escondía y no se avergonzaba cada vez que Bill lo cachaba mirándolo. Tom ni siquiera se movía, no se impactaba ni mucho menos disimulaba. ¿Qué era lo que pasaba?
Bill quería que se lo tragara la tierra.
Continúa…
Gracias por leer. Te invitamos a comentar.
Este tom tan hetero y homofobico y terminara enamorado de Bill😲😲😲😱😱