Notas: Este es un especial de los GS, que me pidieron.
«Homofobia» Fic de Monnyca16
Capítulo especial: G’s
—Georg, me dan cosquillas —Gustav se rió bajito, estremeciéndose entre las sábanas y el fornido cuerpo sobre él. Georg lo había llevado a la cama a pasos torpes mientras se besaban con vehemencia. Gustav trastabilló incontables veces, sin embargo consiguió llegar al cuarto de su acompañante y acostarse en la cama, siendo guiado con impaciencia —. ¡Para! —gimió, apretándole los hombros. Georg entreabrió los ojos y se separó, escuchando la agitada respiración de Gustav, que se reía como loco —. Mi cuello se ha vuelto sensible —añadió, suspirando —. Pero, demonios. ¿Quién dice algo así cuando va a tener sexo por primera vez con su novio? —se reprendió, irónico, abrazando a Georg por el cuello.
—Hacer el amor —corrigió el otro, soltando un resuello —. No es sólo sexo.
—Hey —susurró contra sus delgados labios mojados, en consuelo —. Lo sé, mi amor, lo sé —entrecerró los ojos, relamiéndose los labios —. ¿Entonces qué? ¿Me vas a hacer el amor? ¿Aquí? ¿Ahora? —Su boca se curveó y sus mejillas se encendieron. Le agradaba ser coqueto porque cada vez que lo hacía la respiración de Georg se aceleraba desaforadamente.
Le gustaba ponerlo sí, como loco. Y a Georg le encantaba sentirse de esa manera.
Inmediatamente Georg le quitó la playera que cubría su torso y emprendió paso a desabrocharle los pantalones de mezclilla. Gustav cerró los ojos y se acostó plácido sobre la cama, percibiendo cómo su novio lo iba desprendiendo de su ropa sin miedo.
Lo habían hablado. Ya conocían sus cuerpos, se habían acariciado, Gustav ya sabía qué sabor tenía el pene de su novio y llegado incluso al orgasmo sin penetración. La única diferencia ahora era que esta vez Georg metería su pene en la entrada.
Georg días antes ya había usado sus dedos para penetrarlo, usaban lubricante y asumían que su vida sexual era común y de confianza. Gustav era el único que temía tiempo atrás, pero con la sensación de los dedos de Georg en su recto ese temor consiguió esfumarse. Ahora no tenía miedos al intentarlo, más bien quería hacerlo, experimentarlo.
Al tenerlo completamente desnudo, se acercó para besarle los labios al mismo tiempo que Gustav le bajaba los pantalones y el bóxer, dejando su miembro viril al aire, alzado y duro, palpitante. Gustav gimió, complacido al verle endurecido. Adoraba la forma del pene de Georg; se trataba de un falo rosado, grueso y de glande llamativo del cual escurrían grandes cantidades de líquido preseminal, sus testículos parecían de tamaño promedio, más grandes que los suyos, y su pubis mostraba poco vello púbico, rubio y corto.
Desesperado Georg se sacó la camiseta y pataleó su bóxer para quitarlo del camino. Sujetó la cadera de Gustav, descendiendo lentamente, se inclinó y lamió su pene, metiéndoselo por completo a la boca. Las manos de Gustav apretaron el castaño cabello de Georg y lentamente movió las caderas, jadeando alto.
Georg lamió su glande y se hundió por completo, moviendo la cabeza de arriba abajo, apretando con los labios el prepucio del más joven. La boca de Gustav se abrió y gimió ahogado, estirando la mano para alcanzar el cajón más cercano, extrayendo de ahí un bote de lubricante y dos condones. Días pasados juguetearon con ellos, inclusive Gustav le puso algunos, de sabores, para hacerle sexo oral. Sin embargo, los condones que tenía en la mano eran normales, unos que le había comprado a Georg personalmente para que usara en esos momentos.
Cuando la boca de Georg abandonó su pene, Gustav estiró ambas manos para alcanzarle el suyo. Con una masajeó los testículos mientras que con la otra masturbó con fuerza su miembro. Unieron sus bocas en un beso húmedo, ansiosos, entrelazando sus lenguas con habilidad y degustación, soltando gemidos contra los labios ajenos. Apretó la cara interna de su mano con la longitud regordeta y en pausas lo masturbó, logrando que con la presión de su mano el prepucio cubriera y exteriorizara la testa, y que el pre semen se escurriera por entre sus dedos.
Separándose un poco, llevó el sobre metálico del condón a su boca y lo rasgó, abandonó sus manos del miembro ajeno y ante los ojos de su novio extrajo el condón del empaque hasta llevarlo al pene que lo usaría. Apretó con un dedo la punta del látex y, experto, lo posó en el glande de Georg, deslizándolo hacia abajo para cubrir lentamente el pedazo de carne rígido que temblaba al contacto con sus manos.
Dejó la orilla del condón en la base del miembro, por arriba de los testículos, se los acarició y enseguida vertió lubricante en su palma y en el pene ya protegido. Georg por su parte, se inclinó para besarlo de nuevo, arrebatándole la botellita para esta vez embarrar sus dedos y llevarlos a la pequeña entrada palpitante de Gustav.
Aquel recto ya conocía los dedos que acariciaban alrededor y se comprimía cada vez que Georg presionaba la yema de su dedo índice, buscando adentrarse. Cuando el dedo entró lentamente, las paredes anales de Gustav lo apretaron, asfixiándolo en aceptación. No dolía, más bien se sentía demasiado placentero como para hacerlo con cautela.
Georg movió su dedo, de adentro hacia afuera, sacándolo para volver a acariciar en círculos alrededor del ano, volviéndolo a incrustar cuando Gustav movió la pelvis, deseoso de más contacto. Apresó sus labios y aumentó el vaivén, dejándolo tendido totalmente sobre la cama, invadido por su musculoso cuerpo.
Gemidos ahogados y ruidosas respiraciones fueron el detonante para que Gustav tomara la iniciativa, se sentara sobre la cama y cayera sobre el cuerpo de Georg, que lo sostenía con las manos. Tomando aire, Gustav situó las piernas en los costados de la pelvis de su acompañante, alzó el trasero, se sostuvo con una mano, ayudándose de su mano contraria posada en los pectorales marcados y, con la sobrante tomó el craso pene hasta presionar la punta contra su agujero.
El glande entró con lentitud, abriéndose paso y forzando a que el esfínter se dilatara suavemente. Al tener toda la punta en su apretado interior, posó esta vez sus dos manos en el pecho de Georg y lo miró a los ojos. Dolía. Los dedos quizá no le causaban esa sensación tan ardiente, pero el pene abriendo su recto sí. Sus aguados ojos causaron una conmoción enorme en el más grande, quien le acarició el trasero con ambas manos y se incorporó un poco para besarlo en los labios.
Fue de ese modo que las tibias y firmes manos de Georg le sostuvieron la cadera y lo hicieron descender con cuidado, logrando que el pene se adentrara por completo. La boca de Gustav tembló sobre los labios de Georg, pero ninguno apagó el reconfortante beso. Ambos tardaron unos segundos antes de comenzar a moverse.
Georg esperaba con paciencia a que Gustav se acostumbrara y cuando eso sucedió, sintió cómo su pene se frotaba con el ceñido interior, resbalándose con facilidad. Gustav se había movido de arriba abajo, cabalgando sutilmente el miembro que invadía su entrada y la velocidad, aunque pareció lenta en un principio, se aceleró apenas el falo golpeó su punto, sacándole gemidos altos y fogosos.
Las caderas de ambos chocaban mientras sus bocas seguían apresándose, apasionados. Gustav terminó por acostar completamente a su pareja y se inclinó con más confianza, meneando su cadera circularmente y de arriba abajo con fuerzas, iniciando aquel sonido húmedo que a los dos les encantaba. Sus gemidos se hallaron descontrolados y el movimiento de sus sexos cada vez más rítmico cuando olas de placer los consumió. Georg acarició el pene que se rosaba contra su trabajado abdomen y tras apretarlo con fuerza, recibió el semen caliente en su estómago y pecho.
Entonces, luego de varias embestidas duras y profundas, sintió el clímax llenarlo por completo. Eyaculó con el condón puesto y sin salir de dicho interior que lo apretaba descomunalmente, disfrutó de la estreches y besó castamente la mejilla sudada de Gustav, lo abrazó por la cintura y quedaron recostados así, calmando sus respiraciones aceleradas.
Gustav suspiró, complacido. Sentía que a cada segundo que pasaba se enamoraba cada vez más.
&
El año nuevo llegó tan de repente que Gustav no lo creía. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para pasarlo con su familia y con Georg. Todavía no podía invitarlo a su casa ni mucho menos anunciarle a sus padres que mantenía una relación con él. Pero a pesar de eso, para Georg no hubo problema. De todos modos se las arreglaron para pasar el día juntos a escondidas y lo disfrutaron incluso más de lo considerado.
Tener relaciones sexuales se hizo cotidiano. Cada vez que se veían y salían a una cita o simplemente para verse, hacían el amor, al principio tardaban un buen tiempo, disfrutándose, sin embargo, en otras ocasiones debían hacer esa especie de “rapidines” en los cuales ni cinco minutos duraban. La última vez que lo habían hecho había sido contra la mesa del comedor antes de la cena. A veces experimentaban otros lugares, excepto vía pública.
Ahora estaban a 25 de enero y mientras jugaban y conversaban acerca de sus preparativos futuros, Gustav recibió un mensaje que al principio no vio por estar jugueteando con Georg, que le hacía cosquillas y lo perseguía por toda la cocina.
—Espera, espera… creo que es Bill —pidió tregua, acariciándose el estómago para calmar su risa.
—¿Cómo sabes que es él?
Gustav observó su móvil, la pantalla decía “Nuevo mensaje de Bill”
—Porque cuando Bill manda algo tengo su canción favorita para que suene —explicó, recibiendo a Georg por la espalda. El castaño se inclinó lo suficiente, oliendo su cuello y miró lo que había causado una sacudida en Gustav:
“¡La madre de Tom está aquí! ¡GUSTAV!”
Continúa…
Gracias por la visita. Todavía queda un especial.
Wtf la vieja loca homofobica 😡😡😡😡😡