I just want you here tonight

Notas de la autora: Basorexia oficialmente está en hiatus, pero no aguanté las ganas de escribir sobre la navidad de los Tumper-Kaulitz. Espero que les guste.

Resumen: Con Val en L.A. las perspectivas de Nick de tener una «Feliz Navidad» eran inexistentes, y los chicos pagaban las consecuencias.

«Basorexia» Capítulo especial

I just want you here tonight (Holding on to me so tight)

-8 de diciembre-

Era la enésima vez que Tom regañaba a Bill por comerse los bastones de caramelo. —Son para decorar el árbol, Mauschen—. Le recordó, meneando la cabeza al quitarle la golosina.

Con ese pucherito adorable en sus labios pegoteados de dulce, Bill parecía un niño travieso. «Mucho de travieso y nada de niño», pensó, mientras era atraído a un beso azucarado que borró todas sus protestas.

¡Las manos donde yo pueda verlas! Hay mucho por ordenar todavía.— oyeron una voz autoritaria que surgió de algún lugar en la cocina.

Ambos adolescentes gruñeron por lo bajo al separarse, Nick se había ido tornando cada vez mas irritable en la medida que se acercaban las fiestas de fin de año. Todos extrañaban a Val y comprendían cuán difícil resultaba la separación para el veterinario, empero el grado de empatía que este les despertaba fue decreciendo paulatinamente en los últimos días. No podían besarse o siquiera realizar la mínima demostración de afecto en su presencia sin que este reaccionara de mala manera.

Nick no acababa de caerle bien del todo, sin embargo Bill no podía desconocer el apoyo que les brindó en momentos en que su relación atravesaba por una crisis, ese era el único motivo por el que no implementaba ninguna de las infantiles venganzas que rondaban en su cabeza.

Aunque su nivel de tolerancia estaba a un pelo de rebasarse.

El adulto las arremetió contra Tom cuando descubrió un bastón colgando de una de sus rastas. Los regañó con dureza por perder el tiempo, y los apremió para acabar con el árbol, puesto que aun les restaba poner las luces en el exterior.

Los chicos rodaron los ojos, compartiendo una mirada fugaz y similares pensamientos acerca de dónde Nick podía guardarse sus guirnaldas de luces.

Bill terminó de decorar el arbol por su cuenta— ya que Tom se había atrincherado en el baño, intentando quitarse el bastón de caramelo  pegado en sus rastas— esa tarde no estaba resultando para nada como lo esperó.

Era la primera Navidad sin Val desde la muerte de sus padres y la nostalgia a ratos le ganaba partida, por ello Tom lo llevó a su casa esa tarde con la promesa de animarlo, pero la amargura de Nick era contagiosa.

Saltó nervioso en cuanto su móvil comenzó a sonar, le tomó exasperantes minutos encontrarlo, perdido en algún lugar entre el desastre en que se había convertido la sala. Cuando finalmente consiguió contestar, una voz chispeante lo saludó del otro lado de la línea.

Tenía el corazón acelerado y una sonrisa desplegada de oreja a oreja, quería actuar como un adulto, mostrarse cool, indiferente incluso, pero la emoción lo superó desparramando mil palabras por minuto. Sólo consiguió calmarse cuando su interlocutor, entre risas, le pidió por tercera vez que respirara. Escuchó en silencio las indicaciones, contendiendo los chillidos ante cada palabra. Lo que no pudo evitar fue el: «Yo también te amo» que se escapó por la pura costumbre.

Es un parpadeo (con tropiezo incluido) Nick estuvo a su lado preguntando con voz anhelante y un brillo esperanzado en su mirada: «¿Es él?».

No fue por malsana venganza, de verdad su hermano había colgado antes de que él tuviera siquiera oportunidad de pasarle el móvil a Nick, aunque quizá pudo ahorrarse las palabras finales: «Awn. ¿Querías hablar con él? ¡Será para la próxima!».

Sin disimular una sonrisa perversa Bill se fue a ver por qué Tom demoraba tanto en el baño, dejando a Nick en medio de la sala con la sensación de que el aire de sus pulmones se había desvanecido.

&

Hacía tres días que no hablaba con su pareja, la última sesión a distancia fue breve y extraña. Val adujo encontrarse demasiado cansado, y de verdad lucía signos de agotamiento, se limitó a darle tres nuevas instrucciones, dos atingentes a su vida cotidiana:

«Quiero que duermas en casa, en mi cama, hasta el día de Reyes». Nick comprendió que esa era su manera de pedirle que le echara un ojo a los chicos durante las fiestas, Tom pasaba cada minuto de su tiempo libre en el pent house.

Y…

«Quiero que te hagas reflejos».

No le agradaba modificar su cabello, en toda su vida tuvo solo tres estilos: corto, cornrows y el actual; largo, que tomaba en un moño o bien dejaba suelto para deleite de su novio. Pero Val dijo reflejos y sus órdenes no se cuestionaban.

La tercera instrucción era de tenor absolutamente íntimo.

-20 de diciembre-

Mordisqueó por inercia la cabeza de un hombre de gengibre, no tenía apetito, tampoco ganas de ver «Love Actually», pero sus alternativas no eran muy variadas. Podía escoger quedarse en casa —al igual que Tom, Nick consideraba el penthouse como su segundo hogar, aunque Val no se encontrara en el— y que el recuerdo de su amado lo asaltara con cada video musical, serie, película o spot que viera o bien podía salir al mundo exterior y ahogarse en una marea de compradores de último minuto, HO-HO-HO’s pregrabados y poinsettias de plástico.

Suspiró con melancolía al ver a las parejas en la pantalla que se abrazaban al llegar al aeropuerto, llorando, riendo…

Esos deberíamos ser nosotros— se dijo, descorazonado.

Por desgracia, todos sus intentos por conseguir un pasaje a L.A.  («¿Ninguna cancelación? Por favor, revise nuevamente, señorita. No me importan las escalas») fueron inútiles. Al parecer todos los vuelos estaban vendidos con al menos dos meses de antelación.

La separación lo estaba desgastando, estaba infinitamente agradecido de que la tecnología les permitiera hablar, verse, incluso masturbarse mutuamente. Pero ninguno de los gadgets o juguetitos que Val compartía con él conseguían emular su tacto, la calidez de su cuerpo contra el suyo ni las cosquillitas que le provocaba su aliento sobre su piel cuando murmuraba palabras afectuosas a su oído.

Apagó el televisor, llevó la bandeja con los restos de su tentempié a la cocina y aprovechó para servirse un vaso de leche de soya que cargó consigo al dormitorio. Eran apenas las diez y un cuarto de la noche pero no estaba de humor para permanecer despierto, los chicos se habían largado hacía mas de media hora y, a juzgar por el entusiasmo que parecía no caberles en el cuerpo, sus planes —que no le quisieron revelar—eran bastante excitantes.

Aunque era innecesario recalcarle a su hermano pequeño que cuidara de Bill —luego de la reconciliación, el celo con que velaba por este llegaba a extremos empalagosos— la fuerza del hábito pudo mas y le envió un último mensaje.

«Diviértanse, cuídense y pórtense bien».

Sonrió ante la respuesta que no tardó en llegar.

«Decídete, ¿nos divertimos o nos portamos bien?»

En menos de un año Tom cumpliría la mayoría de edad, pero para muchas cosas continuaba siendo un crío.

-21 de diciembre-

5:00 am

La puerta del cuarto se abrió despacito, como si quien entrara en ella fuera un habilidoso ladrón, o alguien con la delicadeza suficiente para deslizarse en su interior sin despertar al hombre que dormía inquieto aferrado a la almohada.

El intruso encendió una luz muy tenue, apenas suficiente para moverse por la habitación con fluidez, se quitó sus botas de tacón, la chaqueta de piel sintética, y el resto de la ropa, dejándola al descuido a los pies de la cama, sobre el chaise longue.

Al acercarse al cuerpo del durmiente rozó sus brazos suavemente con la punta de sus dedos y murmuró muy bajito, con cariño—»pobrecito, espero que puedas perdonarme»—.

Tuvo un viaje extenuante y el jet lag se enseñoreaba en su cabeza pero en ese momento nada mas importaba, todos los escollos que tuvo que enfrentar las pasadas semanas se justificaron en el instante en que se acurrucó contra el cuerpo cálido de su novio, quien —quizo creer que al reconocer su aroma en medio de la inconciencia— trocó su ceño apretado por una expresión placida y sonriente.

Esa noche por fin podía dormir al abrigo de sus brazos, arrullado por el calmo latido del corazón de aquél hombre gentil y apasionado al que amaba con locura.

Sonrió ante el pensamiento cliché que acudió a su mente: aquél era el presente que mas anhelaba esa Navidad.

F I N

Administración: Estos especiales tienen la fecha de publicación original, pero no sabemos exactamente dónde calzan dentro de la segunda temporada, por esa razón serán publicados como «Especiales de Basorexia». Lamentamos las molestias y gracias por la visita.

por Haruxita

Escritora del Fandom

Un comentario en «I just want you here tonight»

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