I would die for you 13

«Fic TOLL de lyra»

Capítulo 13

Salió de comisaría cuando era casi de noche, había estado hablando con el forense, que le dio una clase magistral sobre el ADN. No había fallo alguno, la muestra de semen era de Bill por un 90%. Regresó a casa de muy mal humor, que se acrecentó al ver quien estaba cenando en la cocina con su familia.

—¿Qué demonios haces tú aquí?—preguntó sin poderse contener.

—Me ha invitado Bill—contestó Georg con una amplia sonrisa.

—Tom, Georg pasaba por aquí y le invité a cenar—dijo Bill también sonriendo—Espero que no te importe, tus padres han sido muy amables.

A Tom no le quedó más remedio que asentir en silencio, no iba a ponerse a gritar en medio de la cocina. Ocupó su sitio al lado de Bill y su hermana y cenó en silencio, buscando un hueco para llevarse a Bill aparte y decirle lo irresponsable e idiota que había sido.

Pero no tuvo ocasión para ello, tras la cena Georg se quedó a tomar café y cuando quisieron darse cuenta era muy tarde para que emprendiera el viaje de vuelta a Berlín.

—Claro que se puede quedar vuestro amigo—contestó Simone cuando Bill le pidió amablemente que le cedieran una habitación.

Tom miró a Bill con ganas de estrangularle con sus propias manos, ya sabía porque le había llamado. Tenía ganas de divertirse esa noche y tenía dos opciones a mano. Como ya se veía venir, su madre le ofreció a Georg su antigua habitación, con lo que a él le tocaba compartir cama con Bill. Si no era con él, Bill se iría a divertirse a la cama de Georg…

Recogió sus cosas y se mudó a la habitación de invitados, donde Bill le esperaba ya metido en la cama.

—Te ha salido el plan redondo, ¿verdad?—preguntó Tom cerrando al puerta tras él.

—No sé de que me hablas—contestó Bill con un bostezo.

—Eres idiota—estalló Tom—Me preocupo por ponerte a salvo y la cagas llamando a Georg para que venga a echarte un polvo.

—Georg es de confianza—le defendió Bill.

—No, no lo es—dijo Tom con firmeza—Es sospechoso, al igual que Gustav, David y todos los que te rodean.

—Exageras—murmuró Bill—Confío en ellos más que en ti. Gustav es mi mejor amigo, David ha trabajado duro para que yo esté donde esté, y Georg es la persona más dulce y tierna que pueda conocer.

—Ah bueno, entonces eso le quita de la lista—ironizó Tom.

—Ríete si quieres—murmuró Bill dándose la vuelta en la cama—Lo que pasa es que estás celoso.

Eso fue lo que hizo que Tom estallara de nuevo. Dio dos pasos y se inclinó sobre la cama, haciendo que Bill se encogiera en su sitio.

—Entérate, no estoy celoso de nada—masculló bien cerca de su cara—Por mí puedes irte a follar con Georg, lo que está claro es que acostarme contigo ha sido un grave error que no pienso volver a repetir.

Se incorporó y siguió con lo que estaba como si nada. Cogió el pijama que se había puesto la noche anterior y se lo puso ante la indignada mirada que le dirigía de Bill desde la cama. Apagó la luz y se metió a su lado bajo las sábanas.

Se quedó muy quieto, tumbado de espaldas. Le estaba dando tiempo a Bill para que ser adormilara, que estuviera lo bastante atontado para poder descansar él un poco. Aunque no podía dejar de pensar en lo que había descubierto y aún no le había dicho que iba a ser interrogado al día siguiente por su superior. Y él tenía unas cuantas preguntas que hacerle, lo mejor era aprovechar esa última noche que iban a compartir, tal vez Bill se abriera y contara ciertas cosas que aún no había hecho.

Con esa idea en mente esperó hasta que a los pocos minutos escuchó la suave respiración de Bill. Se estaba quedando dormido y decidió actuar antes de que fuera tarde. Maldijo por lo bajo y se movió en la cama. Pero fue rozarle la espalda y sentirle ponerse tenso.

—Perdona—murmuró extrañado.

—¿Qué haces?—preguntó Bill girándose—Pensaba que íbamos solo a dormir.

—Si, pero es que…me gusta dormir abrazado—contestó Tom con la primera estupidez que se le pasó por la cabeza.

—Haberlo dicho antes—murmuró Bill, olvidando de inmediato su enfado anterior.

Tom iba a disculparse de nuevo cuando sintió que se le acomodaba contra su pecho. Se quedó sin habla al sentir como su espalda se acoplaba a él y se mordió los labios al sentir sus nalgas rozarle la entrepierna por encima de la tela de su pijama.

No se quería mover, pero parecía que sus manos tuvieran vida propia, pues de repente las tenía puesta sobre la cadera de Bill, atrayéndole más a su cuerpo. Y la cosa no paró ahí, se le acercó más y se atrevió a poner la cara en la curva de su hombro, aspirando ese dulce aroma que de Bill emanaba.

Suspiró sonriendo, escuchando el gemido que salió de los labios de su acompañante…

—Si te molesto…—empezó a decir Tom.

—Para nada—cortó Bill suspirando.

Se quedó en silencio pensando, no sabía como sacar el tema, indagar algo más en su pasado. Solo se le ocurría una cosa, y decidió ponerla en práctica.

—¿Tú cuando…lo supiste?—preguntó conteniendo la respiración.

—¿El qué?—preguntó Bill a su vez.

—Que…que eres gay—susurró Tom carraspeando.

—Desde siempre—contestó Bill acomodándose en sus brazos—Mi madre decía que era muy pequeño para saberlo, pero yo lo sabía…

Tom sintió que se había puesto tenso entre sus brazos, sabía que no le gustaba hablar de su pasado pero era necesario que recordara.

—¿Qué pensaba tu padrastro?—preguntó con los dedos cruzados.

—A él le daba igual—contestó Bill con dureza—Estaba enamorado de mi madre, pero yo solo era una carga para él. Cuando murió, empezó a beber y a decirme lo mucho que se la recordaba.

Calló de repente y Tom obtuvo en su silencio la respuesta que andaba buscando. Si, el padrastro había abusado de Bill en su infancia. Estaba claro.

—Dejemos de hablar del pasado, centrémonos en el presente—susurró Bill cambiando radicalmente de tema.

Le pilló desprevenido, cuando Tom quiso darse cuenta las manos de Bill se perdían por su pijama y sus labios rozaban los suyos.

—Bill…para…—protestó moviéndose.

Consiguió liberar su pijama y que siguiera donde estaba, ajustado a su cadera, al tiempo que giraba la cabeza y recibía el beso de Bill en su mejilla.

—¿Qué demonios te pasa?—estalló Bill en voz alta.

—Ya lo sabes, y baja la voz. No despiertes a toda la casa—susurró Tom.

—¿Es esa chorrada de que no quieres hacer nada en casa de tus padres?—preguntó Bill sin bajar la voz para nada.

—Baja la voz de una maldita vez—siseó Tom poniendo una mano en su boca.

—Tu madre nos ha dado su bendición—susurró Bill sonriendo contra esa mano—Vamos, no hacemos nada malo.

—He dicho que no—insistió Tom.

—Pues entonces vete de mi cama—gritó Bill de nuevo.

—¿Cómo?—preguntó Tom sin entender.

—Que te vayas a dormir al sofá—ordenó Bill dándose la vuelta en la cama.

No se lo tuvo que decir dos veces. Se levantó de la cama como una exhalación y cogiendo su almohada y su arma reglamentaria, de la que nunca se separaba, salió de la habitación procurando no dar un portazo. No sabía como no se le había ocurrido antes, la única manera de librase de las manos de Bill y de sus labios era irse a dormir a otra parte de la casa, ya que no podía ser del planeta.

Ya le daba igual lo que pensaran sus padres, habrían oído los gritos de Bill y al día siguiente terminaría con esa mentira de una vez por todas.

Bajó las escaleras y entró en el salón, tirando con rabia la almohada sobre el sofá. Pero no se acostó en el, sentía hervir la sangre y necesitaba hacer algo. Recordó que su madre le había comentado que el lavavajillas estaba fallando y que llamaría al técnico el día siguiente. Se le daba bien arreglar cosas y pensó que así mantendría ocupada la mente.

No lo pensó más y se dirigió a la cocina, quedándose parado en la puerta al ver que había luz en ella. No se imaginaba ni por asombro que fuera Bill, que hubiera bajado a hacer las paces o darle esa disculpa que se merecía. No se rebajaría tanto… No, había alguien en la cocina y desde donde estaba escuchó claramente que estaba llorando.

Cogió aire y tras sujetarse la pistola en la goma del pijama a su espalda, entró del todo en la cocina, descubriendo asombrado a…

—¿Georg?—llamó en voz baja.

El aludido alzó la cara y le miró con las mejillas llenas de lágrimas. Se incorporó y se las secó al tiempo que sonreía con esfuerzo.

—¿Querías algo?—preguntó con la voz tomada.

—Saber qué te pasa—contestó Tom dando un paso.

—Bill, eso es lo que me pasa—contestó suspirando Georg—Le he perdido, y todo por tu culpa.

—¿Yo?—preguntó Tom carraspeando.

—No te hagas el tonto, Bill me lo ha contado—siseó Georg—Me llamó y me dijo que os habíais acostado, pero que tú ya no le hacías caso. Quería que viniera para poder divertirse conmigo un rato, ponerte celoso y que terminaras con él en la cama. Y así ha sido, Bill siempre se sale con la suya.

—Bill me ha echado de la cama—explicó Tom carraspeando—Vengo del salón, pero no me apetece dormir en el sofá.

Georg se le quedó mirando con la frente arrugada. Ya no lloraba, en sus ojos había algo que a Tom no le gustó nada.

—Eres un imbécil—estalló Georg—¿Por qué no tomas lo que te ofrece? Tienes a Bill metido en la cama, desnudo y pidiendo a gritos ser follado y vas y pasa.

No sabía que decirle, no se esperaba ese estallido por su parte. Se cruzó de brazos observándole, estudiando cada uno de sus gestos y palabras para poder hallar una explicación al estado en el que se encontraba.

—Idiota…idiota…—murmuró Georg levantándose sin dejar de mirarle—Deberías aprovechar la oportunidad que te ofrece, no sabes cuanto va a durar. Una mañana te levantas, y Bill pasa de ti…

—¿Es eso lo que te ocurrió?—preguntó Tom arrugando la frente—Gustav me contó que eres uno más del montón, que Bill se lleva un chico distinto cada noche a su cama y solo te llama cuando no tiene nadie más a mano.

—Me está utilizando, después de todo lo que me debe…—se le escapó a Georg.

—Por eso querías asustarlo, ¿no?—siguió diciendo Tom llevando una mano a su espalda por si acaso—Querías que le entrara un miedo intenso, que no quisiera salir de la casa nunca más y así solo te tendría a ti.

—Yo le vi primero—dijo Georg fuera de sí—Le dije que le amaba, pero eso a Bill no le importaba. Pasaba de mí, se reía a mi espalda y yo mientras tragaba y tragaba. Una noche que no estaba fui a su habitación y se la revolví, corriéndome en su cama mientras que él estaba follando con otro.

—¿Fuiste tú?—preguntó Tom arrugando la frente.

—Si yo, el cornudo número uno—rió Georg acercándose a la ventana.

Tom se le quedó mirando pensativo, al principio las piezas encajaban pero tras esa confesión, volvía a tener una gran duda. ¿Qué pasaba con los resultados de los análisis? ¿Ese alto porcentaje de coincidencia entre Bill y…?

Maldijo por lo bajo y se puso tenso, había tenido una idea que no le gustaba la forma que estaba tomando…

—Georg—llamó en voz baja—¿Qué es eso que Bill tanto te debe?

—Dinero—contestó Georg sin pensárselo—Él es famoso y yo no, él lo ha tenido todo y yo nada.

—Bill ha trabajado duro para conseguirlo, sus principios no han sido nada fáciles—comentó Tom—Su madre murió, jamás conoció a su verdadero padre…aunque eso ya lo sabes.

—Yo y todo el mundo—murmuró Georg.

—No, tú lo sabes de primera mano—dijo con firmeza Tom—Porque compartís el mismo padre…

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!