«Fic TOLL de lyra»

Capítulo 22

Estuvieron hablando unos minutos más en donde Tom le expuso más o menos su plan. Asistiría con él a la gala como su asistente personal, puesto que había estado ocupando desde que se entró a formar parte de su equipo. Se encargó de supervisarlo todo con ayuda de Gustav, al que le pidió una lista de las personas que acompañarían a Bill en ese viaje y estarían muy cerca de él. Redujo la lista a la mitad, Bill no necesitaría dos maquilladoras y peluqueras, con una le bastaba y sobraba. También quitó de la lista a dos chicos encargados de llevarle el equipaje, que lo hiciera los mozos del hotel que para eso estaban.

Todos esos cambios fueron aceptados por Bill a regañadientes, que aunque iba a acatar cualquier orden de Tom también se quiso quejar.

—¿Una peluquera sola? ¿Y encima también como maquilladora?—preguntó enojado.

—He hablado con las 4 chicas que trabajan para ti y elegí una que creo que es la mejor—explicó Tom tratando de mantener la calma—Se llama Natalie y al parecer es muy amiga de Gustav, lo que me hace confiar en ella…

—Se lo quiere tirar—explicó Bill esbozando una amplia sonrisa—No hay más que ver las miradas que se dirigen.

—Pues que les aproveche, yo solo quiero que estés rodeado de gente de confianza—dijo Tom muy serio.

—Todos son de confianza, me han sido asignados por la discográfica y han buscado a los mejores—explicó resoplando Bill.

—¿Y qué hay de ese tal Saki?—preguntó Tom de repente—Creo recordar que David lo contrató para tu seguridad cuando empecé yo a trabajar y no le he vuelto a ver.

—David le despidió tan rápido como le contrató—explicó Bill—Dijo que estando tú sobraba un guardaespaldas y estaba claro que a ti no te podía «despedir».

—Y hablando de David, ¿viajará con nosotros?—preguntó Tom mirándole fijamente.

—Él ya se encuentra en Oslo—contestó Bill—Lleva dos días allí asegurándose de que todo está correcto y repasando mi agenda con otros productores. Tengo además una pequeña actuación y una sesión de fotos al día siguiente de la gala, y gane o no gane el premio, me surgirán más de una entrevista.

Tom asintió y dio por terminada la conversación. Había logrado que Bill no pusiera muchas pegas a los cambios que había hecho, aunque en el fondo sabía que se había quejado solo para sacarle de quicio y que acataría cualquier cosa que él ordenara.

Al menos, pudo descansar la noche que pasó en su casa antes de salir de viaje. Bill le respetó y no trató de colársele bajo las sábanas. Pudo dormir un par de horas hasta que su instinto de policía le despertó. No había escuchado nada pero aún así se levantó y dio una vuelta por la casa, deteniéndose en la habitación que había ocupado Georg.

Había sido registrada de arriba abajo tras su muerte, pero no habían hallado nada. Ni un rastro que indicara que Bill y él eran hermanos. Había sido muy cuidadoso en ese tema, y solo hallaron algunos efectos personales que fueron devueltos cuando terminaron de trabajar con ellos.

En esos momentos, la habitación se hallaba con la puerta cerrada con llave, como comprobó cuando trató de girar el manillar…

—Bill lo ordenó—escuchó la voz de Gustav.

Se volvió lentamente, había escuchado a Gustav cuando subía las escaleras después de dar su ronda por la casa.

—Mandó cerrar la habitación con llave—explicó Gustav cruzándose de brazos—Y la cosa no termina ahí, ha puesto la casa en venta. Dice que le trae muchos recuerdos dolorosos…y no solo a él. Georg era un buen chico y no merecía morir de esa manera.

Tom asintió en silencio, dejando a un lado ese oscuro secreto que solo él sabía, Georg le había caído bien y había muerto de una manera cruel teniendo toda la vida por delante.

Iba a volver a su habitación cuando se dio cuenta de un pequeño detalle. Gustav había venido del otro lado de la casa, ocupada por el equipo técnico que viajaría con ellos al día siguiente. No se sorprendió ver que venía de allí, teniendo en cuenta que su habitación estaba al lado de la de Georg.

—Bill ya sospechaba que entre tú y Natalie había algo—comentó carraspeando.

—Pues ha tardado, llevamos meses viéndonos—explicó Gustav sonriendo—Hemos sido discretos, no queremos que nuestra relación afecte a nuestro trabajo, más ahora que Bill está bajo tanta presión.

—No es el primer premio que recibe—comentó Tom—Y yo no dejaré que le pase nada…

—Aparte de eso, ha habido movida en la discográfica y en un par de días firmará un nuevo contrato—explicó Gustav por encima.

—Bill no me ha dicho nada—dijo Tom poniéndose tenso—¿Qué ha pasado exactamente?

—La verdad, no lo sé—contestó Gustav suspirando—Es cosa de Bill, no ha dado más detalles que tras el premio de mañana dará un giro a su carrera.

—Hablaré con él—murmuró Tom.

—Suerte—le deseó Gustav.

Asintió y regresó a su habitación donde trató de descansar lo que quedaba de noche. Se tenían que levantar muy pronto al día siguiente, el avión salía a las 12 pero tenían que estar dos horas antes en el aeropuerto y conociendo a Bill tendrían que levantarse otras dos horas antes para que les diera tiempo.

Y cuanta razón tuvo, antes de las 8 ya estaba despierto cuando escuchó a Bill taconear por el pasillo. Le escuchó pararse ante la puerta de su habitación y se movió con rapidez, aunque no la suficiente. La puerta se abrió y Bill le pilló levantándose de la cama, llevando solo unos ajustados boxers grises.

—¿Ya estás despierto?—preguntó Bill, no pudiendo evitar dirigirle una penetrante mirada.

Hacía mucho tiempo desde la última vez que le había visto en ese estado, llevando casi nada de ropa. Su cuerpo apenas había cambiado en ese tiempo, sus músculos seguían bien definidos en su ancho pecho y sabía que su espalda seguiría igual de suave, como ya comprobara cuando se abrazó a ella con fuerza y acarició las dos veces que Tom le hizo el amor…

—¿Querías algo?—preguntó Tom carraspeando.

Se sentía incómodo ante su atenta mirada, sin poder volverse y coger la sábana para cubrirse con ella sin parecer algo brusco.

—¿Desayunamos juntos?—preguntó Bill tras un silencioso minuto.

Le vio asentir y entonces salió de la habitación, cerrando de nuevo la puerta tras él y soltando el aire retenido en un profundo suspiro. La verdad era que estaba algo enfadado con Tom, le había estado esperando toda la noche y no se había presentado. Por un momento llegó a pensar que el verdadero motivo de su presencia era que se había pensado mejor lo suyo e iba a por una segunda oportunidad, que él le daría encantado.

Pero nada, se había pasado toda la noche desnudo bajo las sábanas y Tom no se había presentado. Por eso se había levantado a las 7 para ducharse y empezar a arreglarse en vista de que le habían dejado plantado. Fue derecho a su habitación a exigirle una buena explicación, pero verle medio desnudo ante sus ojos hizo que se le olvidara y el cabreo se le pasara.

Le daría una oportunidad más, la última. Esa noche tras la gala habría una fiesta y Tom iría porque él no se la pensaba perder. Le emborracharía si era necesario, porque algo le decía que esa noche la pasaría acostado en la cama a su lado…

Una vez a solas, Tom se dio toda la prisa que pudo. Lo primero fue una buena ducha, no sabía como Bill no se había dado cuenta de su estado, medio duro de solo escucharlo taconear. Se lo había imaginado paseando por el pasillo sin llevar nada de ropa, contoneando las caderas con descaro al tiempo que movía sus pies enfundados en unas botas de cuero negras que le llegaban hasta media pierna…cuando la puerta de la habitación se abrió se asustó, por un momento sus ojos le engañaron y le hicieron creer que era verdad todo eso que se había imaginado.

Pero no, Bill iba vestido y arreglado y le preguntaba si estaba despierto…cosa que aún no sabía con certeza, si lo estaba o tenía un dulce sueño…

El agua de la ducha le ayudó a espabilarse y arregló su problema de inmediato. Se secó y vistió con rapidez, dejando la maleta que llevaría bien cerrada. Se ajustó la pistola en la funda que llevaba en la cadera y cogiendo la cazadora de la mano bajó a la cocina a reunirse con Bill.

Pero no estaba solo, Gustav se terminaba un bol de cereales mientras que Bill solo tomaba un café con tostadas.

—Buenos días—saludó entrando en la cocina.

—Tienes café, zumo de naranja, tostadas o tortitas—explicó Gustav señalándole la mesa.

Asintió y él mismo se sirvió una taza de café y un plato con tortitas, sobre las que echó nata.

—Recojo vuestras maletas y nos vemos en el coche—dijo Gustav a modo de despedida.

Sentía que sobraba en la habitación, fue al ver bajar al cantante con una mezcla de felicidad y mal humor. Y sabía que el culpable de su raro estado era Tom, así que decidió poner tierra de por medio en cuanto le viera entrar por la puerta.

—¿Has dormido bien?—preguntó Tom como si nada.

—Pues no—contestó Bill, recordando que estaba enfadado.

—Procura descansar en el avión, esta noche tienes que estar radiante—comentó Tom.

—¿Es que ahora no lo estoy?—preguntó Bill sintiéndose ofendido.

Sabía que si le contestaba entraría en su juego, y no estaba en condiciones de lidiar con él a tan temprana hora de la mañana. Se bebió el café de un sorbo y cambiando de idea, cogió una tostada y salió de la cocina comiéndosela por el camino.

La puerta de la casa estaba abierta, pero no pasaba nada. Gustav salía en esos momentos cargado con 4 maletas y se apresuró a coger dos de ellas, no reconociendo la suya por ningún lado.

—Ya la he guardado—explicó Gustav, como si supiera lo que estaba pensando—Estas son de Bill.

Asintió y le siguió hasta el coche, que resultó ser una furgoneta plateada. Normal, si solo uno de ellos llevaba un equipaje para un mes entero…

Continúa…

Gracias por la visita.

por lyra

Escritora del fandom

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