
«Fic TOLL de lyra»
Capítulo 30
Regresó al lado de Gustav con las manos vacías y sentó a su lado resoplando.
—Le hemos perdido—susurró tratando de no echarse a llorar.
—¿Cómo?—preguntó Gustav asustado.
—Cambió de coche, y el móvil de Bill se caería de donde lo tuviera—explicó Tom—Podemos habernos cruzado con ellos y ni nos hemos enterado.
Arrancó el coche maldiciendo por lo bajo y volvió a comisaría donde explicó a su capitán lo ocurrido.
—Estamos como al principio—murmuró Ford—Es mejor que vayas a descansar, te avisaremos si averiguamos algo.
Tom asintió a regañadientes, salió del despacho de su superior y se reunió con Gustav en la sala de descanso, donde se sentó a su lado en el sofá aceptando el café que le pasaba.
—Gracias—murmuró resoplando.
—Entonces, ¿ahora qué?—preguntó Gustav.
—Siguen trabajando en el caso—contestó Tom tras dar un sorbo a su café—Están en el almacén cogiendo pruebas y más huellas, como las dejadas por el coche en el que van ahora. Nos dirá la marca, pero…eso nos dejará a media población alemana como sospechosa.
—¿No se nos acaba el tiempo?—preguntó Gustav revolviéndose nervioso.
—He podido estudiar los anónimos a fondo, y créeme ese loco querrá…»jugar» con Bill antes de matarle—explicó Tom sintiendo ser tan explícito.
Gustav resopló a su lado, solo esperaba que Bill fuera lo suficiente fuerte para soportarlo hasta que llegara la ayuda. Alzó la mirada al ver que la puerta de la sala se abría y uno de los compañeros de Tom se asomaba y le llamaba.
—Tenemos la marca—le explicó en voz baja.
Tom asintió y cogió el informe que le pasaba, leyéndolo por encima.
—Gracias—murmuró resoplando.
Regresó al sofá y se dejó caer al lado de Gustav gimiendo por lo bajo.
—¿Qué?—preguntó Gustav en un susurro.
—Un Toyota Auris—murmuró Tom cerrando los ojos.
—David tiene uno—dijo Gustav sin pensar.
(hagamos un kit–kat….¡¡¡pues claro que era David!!!! si estaba mas claro que el agua, lo que me ha costado inventarme sospechosos de mentira cuando siempre fue David desde el principio….y hasta me dio pena y pense poner de malo a Gustav, pero seria injusto…él me cae muy bien en ese fic…)
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Abrió los ojos de golpe y se le quedó mirando, viendo como su acompañante le miraba a su vez negando con la cabeza.
—¿Y por qué no?—preguntó Tom poniéndose en pie.
—Pues…porque es imposible—contestó Gustav yendo tras él.
—Ya sospechaba de él y tú me lo acabas de confirmar—dijo Tom con firmeza.
Echó a correr seguido de Gustav y nuevamente entró sin llamar en el despacho de su superior.
—Señor, quiero una orden de arresto contra David Jost—exigió Tom sin aliento.
—¿Qué?—dijo Ford sin entender.
—Se ha llevado a Bill—dijo Tom tratando de mantener la calma—Casualmente tiene un Toyota Auris y…
—Eso no es una prueba definitiva—murmuró Ford carraspeando.
—Es la única que tenemos. Señor, por favor—suplicó Tom mirando fijamente a su superior.
Ford se le quedó mirando, era uno de sus mejores agentes y siempre que se dejaba guiar por su instinto daba con la solución adecuada.
—Haré unas llamadas—accedió Ford—Tendrás la orden en menos de media hora.
—Es mucho tiempo y no pienso permanecer aquí de brazos cruzados—dijo Tom echando mano a su arma—Iré a su casa y…
—Y yo te acompaño—dijo Gustav con firmeza.
—Llévate refuerzos, yo mandaré unos coches patrullas a la discográfica por si acaso—murmuró Ford.
Tom asintió y salieron corriendo de nuevo. Bajaron al parking y entraron de nuevo en el coche, que salió derrapando.
—No me puedo creer que sea David—comentó Gustav tras unos minutos en silencio.
—Debí hacer más caso a Bill—murmuró Tom resoplando.
—¿Es que David ya le había hecho algo?—preguntó Gustav.
—No lo sé—contestó Tom—Se lo pregunté y me contestó con evasivas y se enfadó. Debí haber insistido, Bill se hubiera derrumbado y me lo hubiera contado todo. Entonces no estaría en estos momentos en manos de ese loco.
Gustav asintió en silencio, aún no terminaba de creerse que David fuera el autor de los anónimos y se hubiera llevado a Bill a la fuerza para hacerle…y después matarlo.
—Aún no estamos seguros de que sea David—comentó Gustav todavía sin podérselo creer.
—Lo es—dijo Tom con firmeza—Dime una cosa, tú has trabajado codo con codo con él, ¿le viste alguna vez mirar a Bill de una manera que no…que no debiera? ¿Decirle algo que le molestara más de lo normal?
Gustav se puso a pensar, conocía a David desde que Bill y él iban al colegio. Él mismo se lo presentó a Bill cuando supo de sus ganas de cantar y en muestra de su agradecimiento pasó a formar parte de su equipo técnico. Recordaba las tardes que se pasaban metidos en el estudio de grabación tras las clases, cómo David estaba con ellos y le explicaba a Bill como poder cantar transmitiendo mil y un sentimientos.
Recordaba…como se le ponía a su espalda y le mandaba cerrar los ojos. Como se le acercaba y apoyaba la nariz en su pelo…
—Será pervertido….—murmuró resoplando.
—¿Gustav?—llamó Tom.
—Me has hecho pensar, y creo que David fue tras Bill desde el primer momento que le vio—explicó Gustav—No sé como no me di cuenta antes, si Bill era consciente y sabiendo lo mucho que le debía se dejaba hacer…
Tom asintió en silencio, era como con su padrastro. Nunca dijo nada por miedo, y con David no iba a ser distinto. Él era un niño y le ofrecían la oportunidad de hacer su sueño realidad. Y David lo sabía, y se aprovechó. Primero empezaría con algunos roces y cuando quisiera ir a mayores…Bill le pararía los pies. Seguro que David tuvo de “compasión” y quiso esperar a que fuera mayor de edad, pero para entonces Bill ya había madurado y ya no le temía a nada ni a nadie…o eso quería aparentar.
—¿Por qué le mandaría los anónimos?—preguntó Gustav de repente.
—Está loco, no hay ninguna explicación—contestó Tom.
—No lo parece, siempre dio la imagen de ser un buen manager…dejando a un lado cuando hacía que Bill se esforzara al límite—comentó Gustav carraspeando.
—Y me mintió cuando hablé con él—dijo Tom sin apartar la mirada de la carretera—Me contó que ocurrió al revés, que Bill se le había insinuado y como él le rechazó, ese era el motivo por el que prescindía de él y firmaba un nuevo contrato. Y yo como un imbécil me lo creí…
—La reputación de Bill le precede—murmuró Gustav resoplando—La vida le ha tratado mal y él solo ha hecho lo que ha podido por sobrevivir, y cuando las cosas le han ido bien, pues solo ha hecho lo que haría cualquiera. No preocuparse de los problemas y divertirse…bueno, él a su manera…
No dijo nada, estaba concentrado en la carretera pensando porque Bill no le había dicho nada. Sabía que podía confiar en él y su trabajo era protegerlo, ¿por qué no pidió ayuda cuando la necesitaba?
—¿Estás enfadado con Bill?—preguntó Gustav tras unos silenciosos minutos.
—La verdad, si—contestó con sinceridad Tom—Si me lo hubiera contado en su momento, se habría librado de muchos problemas.
—Si yo hubiera sabido que le había algo te lo hubiera dicho de inmediato—dijo Gustav asintiendo—Y si hubiera visto algo le hubiera partido yo mismo la cara a David.
—Lo sé—murmuró Tom—Bill tiene la suerte de poder contar contigo, eres su único amigo.
Gustav asintió en silencio, sabía de sobra que Tom era algo más que un amigo para Bill.
Siguieron el resto del trayecto en silencio hasta que tuvieron delante el edificio donde vivía David. Tras ellos aparcaron los 6 coches que los habían seguido por el camino, todos ellos llenos de agentes de paisano. No querían que David les viera por casualidad y actuara sin pensar.
—Vive en el último piso—informó Gustav saliendo del coche—Ático 256.
—Tú te quedas—dijo Tom mirándole con firmeza.
Vio que asentía a regañadientes y volvía a entrar en su coche. Cogió su arma y tras quitarle el seguro hizo una señal a sus compañeros, que le imitaron y fueron tras él. Entraron en el edificio y subieron en los dos ascensores que había. Llegaron a la última planta donde se hallaba el ático en el que vivía David. Prepararon sus armas y tras contar hasta 3 en silencio, uno de ellos dio una fuerte patada a la puerta. Entraron sin pensárselo, quedándose helados ante la escena que había ante sus ojos, el cantante tirado en el suelo medio desnudo con David sobre él apretando su cuello con ambas manos ajeno a sus gritos de que se apartara.
No se lo pensó dos veces y disparó al ver que Bill tenía los labios morados, que sus ojos estaban abiertos como platos y su mirada perdida en la lejanía…rezando que no hubieran llegado demasiado tarde y hubiera perdido al amor de su vida.…
Continuará…