
«Fic TOLL de lyra»
Capítulo 5
Decidió dejar el interrogatorio por ese día, Bill seguiría bajo los efectos del sedante suave que se estaba tomando sin que él lo supiera. Le había dicho que era un simple analgésico, pero le quería fuera de combate para que no diera problemas y no le quedara más remedio que quedarse metido en cama mientras que algunos de sus compañeros investigaban quien podía haber soltado una serpiente tan peligrosa en el almacén.
Decidió tomarse un descanso y se estiró en la cama. Paseó la mirada por la habitación y no teniendo nada que hacer, se levantó y se acercó a la ventana. Veía la gran piscina que había en el jardín y una idea cruzó por su mente. Bajaría a nadar un poco, así podía pensar mientras hacía ejercicio. Bill estaba bajo el cuidado de Georg y dormido, no daría guerra hasta la hora de la cena.
Se separó de la ventana y abriendo un armario cogió el bañador que había metido por si acaso. Se lo puso y unos minutos después hacía largos en la piscina mientras que su cerebro trabajaba en el caso.
Había llamado al capitán Ford para ponerle al corriente de los antecedentes del padrastro, le informó que su plan era averiguar si a Bill le había sucedido algo parecido cuando era un niño. Podían partir de la base que el que estuviera tras él podía ser alguien de su pasado, alguien muy cercano y que hubiera sido rechazado…
Siguió nadando con esa idea en mente, hasta que sintió que su cuerpo ya no resistía más. Entonces salió de la piscina y se secó con la toalla que había dejado sobre una tumbona para no ir dejando un rastro de agua por la casa. Subió a su habitación y tras ducharse y ponerse ropa más cómoda decidió bajar a la cocina. Era ya de noche y su estómago protestaba. Se imaginaba que Bill ya se habría despertado y cenado, y estaría descansando en la cama viendo la tele, leyendo o lo que hiciera para distraerse.
Salió de su habitación y bajó a la gran cocina que tenía Bill. En ella se encontró con Gustav, que también vivía en la casa, al parecer le gustaba rodearse de la gente que trabajaba para él, además como ya le contara, Gustav estaba con él desde que empezó y puede que fueran amigos además de «compañeros».
—Buenas noches—saludó Tom entrando.
—La cocinera ya se ha ido, pero siempre hay comida en la nevera—explicó Gustav señalándola.
Tom asintió y la abrió. En ella había comida para un regimiento, pero conociendo la manera de ser de Bill, lo más seguro era que le hubieran preparado de todo para que pudiera elegir. Se sirvió un plato de macarrones con queso parmesano y cogiendo una botella de agua se sentó a cenar al lado de Gustav.
Su plan era hacerlo con Bill en su habitación, pero entonces se le ocurrió que le podría sacar alguna información a Gustav…
—¿Qué tal está Bill?—preguntó Gustav antes de que Tom se decidiera a hablar.
—Bien…unos días de descanso y volverá a ser el de antes—contestó Tom resoplando.
Gustav le imitó, sabía bien a lo que se refería. Bill se ponía a veces imposible pero había momentos en que era la persona más encantadora del mundo.
—¿Desde cuando le conoces?—empezó a interrogarle Tom.
—Oh, desde el instituto—contestó Gustav sonriendo.
—Tenía entendido que abandonó los estudios…—dejó caer Tom.
—Si, yo iba dos cursos por encima de él pero nos conocíamos de vista. Sabía de su afición a cantar y cuando pasó un cazatalentos por la zona me enteré por casualidad y no paré hasta que el escuchó cantar—explicó Gustav.
—Entonces, puede decirse que te debe mucho—murmuró Tom.
—Bill es muy agradecido—solo dijo Gustav.
Tom se le quedó mirando con la frente arrugada. ¿Qué había querido decir? ¿Qué con él también se lo había montado?
—No es nada de lo que estás pensando—dijo Gustav con calma, sin sentirse ofendido para nada—Cuando le hablaron de grabar un disco, no se olvidó de mí y me consiguió un puesto dentro de su equipo técnico. Tengo buenas ideas y superviso todos sus videos.
—Ah…perdona, no te quise molestar—se disculpó Tom, consciente de que había metido la pata.
—No pasa nada, considero a Bill como uno de mis mejores amigos, pero entre los dos nunca habrá nada. Yo soy hetero, y nadie me hará cambiar de opinión—dejó bien claro Gustav.
—Y… ¿qué hay de Georg?—preguntó Tom alzando una ceja.
—Georg—repitió Gustav suspirando—Bill se encaprichó de él, salió en uno de sus videos y le metió en su casa de la noche a la mañana. No tardó ni dos días en tenerlo en su cama, pero no va en serio con él. De hecho, con ninguno…
—¿Con ninguno?—repitió Tom atragantándose con el agua que iba a beber.
—Si, Bill no es ningún santo—comentó Gustav de nuevo suspirando—Al final de cada actuación se suele llevar a un fan a su cama, no hay ni una sola noche que la pase solo. Quitando cuando está grabando o tiene una sesión de fotos o entrevista importante. Es muy responsable en su trabajo, y solo lo hace cuando… no hay que madrugar al día siguiente.
Tom sonrió asintiendo. Le entendía perfectamente.
—¿Y Georg, entonces…?—insistió en el tema.
—Georg se convirtió en su asistente personal, cuida de que se alimente bien…aunque salta a la vista que Bill pasa de él, lleva su agenda al día, es el que habla con David cuando Bill necesita un descanso o que le muevan una actuación a otro día…y siempre está dispuesto a pasar una noche con él cuando Bill se acuerda de que existe…
—Vamos, que Bill sabe que le tendrá esperando sea la hora que sea—aclaró Tom, viendo como Gustav asentía con la cabeza—No sé como lo aguanta Georg…
—Él simplemente espera—explicó Gustav.
Tom asintió y siguió cenando en silencio mientras pensaba. Gustav era de plena confianza, no ganaba nada perjudicando a Bill. Todo lo contrario. En cambio Georg…podía actuar como el novio celoso, no estaba clara su relación y saltaba a los ojos que sentía algo por Bill, aunque el sentimiento no era correspondido.
Terminó de cenar y aunque Gustav le dijo que dejara los platos en la pila, que ya serían fregados al día siguiente, Tom se empeñó en fregarlos antes de irse a la cama. Así se lo había enseñado su madre.
Terminó y se despidió de Gustav, que se subía a dormir. Aprovechó que estaba solo y se puso a mirar lo que había en la cocina. Dio con un armario lleno de dulces y pensando en que tenía con Bill una conversación pendiente, preparó una bandeja con dos vasos de leche y un plato con galletas, bizcochos y magdalenas de chocolate.
Se dirigió a su habitación y entró sin llamar. Georg se puso en pie nada más verle entrar, no se había movido de su lado tal y como le había prometido. Bill descansaba de nuevo en la cama, recostado en las almohadas y mirando la tele con gesto de cansancio.
Sobre la mesilla había otra bandeja con los restos de la cena. Apenas la había probado, se había limitado a picotear de los 3 platos distintos que le habían subido…
Chasqueó la lengua y entró del todo en la habitación.
—Ya te puedes ir a descansar, ya me encargo yo—dijo pasando al lado de Georg.
No esperó respuesta alguna, le escuchó maldecirle por lo bajo y al poco un ligero portazo dado con la puerta…seguido de una carcajada procedente de Bill.
—Le tienes contento—ironizó Bill.
—Me trae sin cuidado—contestó Tom encogiéndose de hombros.
Eso hizo que Bill soltara otra carcajada, lo que le hizo sonreír a Tom. Se le veía algo más animado, pero una vez que se le acercó y sin decir puso la bandeja sobre sus rodillas, se fijó más en sus ojos. Los tenía enrojecidos, señal de que estaba aún bajo los efectos del sedante.
—¿Qué es esto?—preguntó Bill apagando la tele.
—Un vaso de leche y algo para picar—explicó Tom con calma—No te acuestes sin cenar nada.
—Ya he cenado—dijo Bill señalando la otra bandeja.
Tom le ignoró y se acomodó con toda naturalidad a los pies de la cama. Cogió su vaso de leche y bebió un sorbo mientras escogía una gran magdalena de chocolate.
—¿No te gusta?—preguntó alzando una ceja, al ver el gesto de Bill.
—Odio el chocolate—murmuró Bill desviando la mirada.
—Pues a mi me encanta…más si está derretido y sobre unas sabrosas fresas…—explicó sonriendo pícaramente.
Los ojos de Bill se clavaron en Tom, que le miraba sonriendo y alzando una ceja.
—¿Me estás tirando los tejos?—preguntó Bill para nada escandalizado.
Tom negó con la cabeza al tiempo que mordía su magdalena, consciente de que Bill no le quitaba los ojos de encima. Sabía que los tenía fijos en sus labios, podía ver como separaba inconscientemente los suyos y suspiraba…
Le guiñó un ojo, lo que provocó que Bill desviara de nuevo la mirada y cogiera una galleta para distraerse con ella. Empezó a mordisquearla, pero cuando se quiso dar cuenta se la había comido entera e iba a por una segunda.
Tom sonrió al verle comer con ganas. Se terminaron las magdalenas y tras beberse la leche Tom dio por finalizado el tentempié.
—Hora de dormir—dijo recogiendo la bandeja de sus rodillas.
La dejó al lado de la otra en la mesilla y sin decir nada retiró hacia atrás las sábanas. Bill volvía a llevar solo sus boxers oscuros, pero no era eso lo que le preocupaba. Sus ojos se centraron en la venda que cubría la herida. La pierna no estaba hinchada y al día siguiente iría una enfermera a cambiarle el vendaje y ver que tal estaba.
—Hace frío…—comentó Bill de repente.
Tom carraspeó y le tapó de nuevo, se había perdido en sus pensamientos y llevaba más de un minuto con las sábanas alzadas.
—¿Te vas a quedar a dormir?—preguntó Bill dejándose arropar.
Tom asintió y enseguida acercó la misma butaca a la cama, donde pasaría otra incómoda noche como la anterior.
—Hay sitio en mi cama—murmuró Bill con una sonrisa en sus labios.
Tom negó con la cabeza de inmediato.
—Prometo ser bueno—dijo Bill riendo—Vamos Tom, esa butaca te romperá la espalda y te necesito en perfectas condiciones para protegerme.
—La butaca está bien—insistió Tom—Tienes que descansar y conmigo en la cama sé que no lo harás.
—Tú mismo—murmuró Bill encogiéndose de hombros.
Se acomodó mejor en la cama viendo como Tom la rodeaba y ocupaba la misma butaca que la noche anterior. Cerró los ojo suspirando y se dispuso a dormir, más tranquilo al saber que había alguien cerca protegiéndole.
Continúa…
Gracias por la visita.