«Wünschen». Temporada I
Capítulo 11: Un bonito deseo
No se escuchó nada más luego de aquello, nuestros ojos efectuaban una danza coordinada, compitiendo por quién no parpadeaba primero. Mi bolso cayó también al suelo, a ninguno de los dos le preocupó. Lentamente, dejando que mi cuerpo terminara de tensarse por aquel beso, él se alejó sin apartar la vista; yo me lamentaba por eso, no me acostumbraba a que me abandonara así, y cuando me encontraba lejos, anhelaba tenerlo cerca. Estiró el brazo, depositando la botella de cerveza sobre un mueble que se encontraba cerca de mí, el alivio reinó al ver que no había ingerido aquello; no obstante, sus ojos me fijaban como si yo fuera un enigma, intentando averiguar mis intenciones, y lo único que podía hacer era sostenerle la mirada. Volvió a acercarse, acortando la distancia, ejerciendo sobre mí una nueva tensión, poniendo alerta todos mis sentidos ante el roce de su piel contra la mía. Su vista descendió a mis labios, ladeando la cabeza, percibí la presión de los suyos, imaginándose algo que yo desconocía, pero que al final por instinto deducía.
– ¿Nunca hiciste algo por olvidarte de lo que te atormenta? -su aliento chocó contra mis labios, haciéndome contener la respiración debido a la cercanía. Con sumisión negué la cabeza, las palabras no salían, todo lo que había estado haciendo me tenía sorprendido. – ¿No quieres intentarlo?
¿A qué se refería? Tragué saliva al ver los centímetros que separaban su boca de la mía, nuestras respiraciones ya iban envolviéndose uno con otro, uniéndose. Me recorrió un escalofrío al querer descifrar la verdadera intención de su pregunta, no era tan difícil, pero me consideraba un lento para las proposiciones. Mi pecho subió, delatando ese suspiro que me daba un poco más de tiempo a darle mi respuesta, pero no sabía si cambiar de opinión debido a la aproximación que teníamos. Miré a ambos lados cuando sentí que mis manos eran tomadas por otras, contemplé nuestros dedos entrelazados; los míos delgados y frágiles, los suyos fuertes y venosos, cálidos y algo ásperos, no importaba. Los llevó hasta que chocaron contra la pared, al mismo tiempo, una leve corriente de aire iba rozando la piel, provocando que se erizara. Sin prisa alguna, comenzaba a levantar mis brazos, sintiendo la contextura fría de aquel concreto, agradándome el contacto.
– Y… Eso… ¿Cómo sería? -pregunté. Él solo rió un poco, sin dejar de mirar como mis labios se movían al hablar, eso lograba ponerme peor y mi corazón volvió a latir con fuerza. La vergüenza tardó en llegar, él se burlaba de mí estupidez al realizar esa pregunta, la verdad era que no podía razonar cuando lo tenía cerca.
No me respondió, entrecerré los ojos, mis brazos estaban en su punto más alto, por encima de mi cabeza, sintiéndome único por eso. Su piercing brillaba, parecía presumir que podía estar pegado todo el tiempo a sus labios, y yo, un poco celoso de ello, quería demostrarle que no iba a ser para siempre. Tomé el valor necesario y di el impulso que faltaba, abrió sus labios justo en el momento adecuado, por lo que no tardamos mucho en acoplarnos el uno al otro. La diferencia de los besos anteriores era que ahora todo se tornaba más brusco, su lengua se aproximó apenas conectamos y eso desató el calor en mis mejillas. Comenzó a buscar la mía, al principio me mostraba con timidez debido a que no sabía si era correcto, pero en cuanto empezó a dar lametones mientras nuestras bocas encajaban al punto exacto, supe que estaba en buen camino.
Su cuerpo se acercó más al mío, presionando un poco, olvidando todo lo que había sucedido antes de llegar a su departamento. Sus manos abandonaron las mías para sostener mi cintura, apretó con firmeza al tiempo que intentaba apegarme más a él. Ladeaba la cabeza, le seguía el ritmo y sus labios eran suaves, carnosos y deliciosos, no podía pedir más. Las manos bajaron por mi trasero hasta tomar un glúteo, di un respingo mientras curvaba mis labios de lo agradable que se sentía, pero los suyos interrumpían la acción; mis brazos se colgaron de sus hombros, juntando las manos. Una de sus piernas se movió y se interpuso entre las mías, la llevó hasta, creía yo, chocar contra la pared y solté un jadeo dentro de su boca al sentir su rodilla rozar mi entrepierna.
La intensidad iban aumentando, el calor también, lo que había debajo de mi pantalón comenzó a ponerse incómodo y yo fruncí el ceño ante aquello, apretujó mi trasero, empezando un vaivén que me ponía más acelerado y temía por esa pronta erección. Me estaba calentando por un solo movimiento, pero también el sonido de nuestros labios y los pequeño jadeos que soltábamos, eran prueba para aumentar el reciente placer que estaba experimentando. Sus labios abandonaron los míos, nos miramos y recuperé el aliento, la insatisfacción me pedía cumplir con el pedido a gritos, en mí cabeza no cabía otra cosa que los sonidos que hacíamos al besarnos y las respiraciones que tomábamos para no morirnos. Tomó con ambas manos mi culo y, sin avisarme, echó un pequeño gemido al levantarme, obligándome a que enredara las piernas sobre su cadera. Al hacerlo, su cabeza encajó en mi hombro izquierdo, yo abrí la boca, sintiendo la fogosidad recorrerme, precipitando lo que iba a ocurrir en los siguientes momentos.
Me llevó a paso lento por el extenso living, entreabrí los ojos y la iluminación me cegó un poco. Sus labios se depositaron en mi cuello y yo enredé mis dedos en su cabello recogido, despeinándolo un poco. El prisionero de mi pantalón comenzaba a cobrar fuerza, haciendo cuenta regresiva, el calor que sentí en el cuerpo me ordenaba que debía quitarme la campera y todo lo demás. Caí con suavidad sobre el sofá que había visto al ingresar, me acomodó hasta que mi cabeza dio contra el posabrazos, se separó de mí, más no se alejó, porque mis piernas estaban aferradas a su cintura. Se quitó la chaqueta, yo me senté e hice lo mismo mientras no dejaba de mirarlo con seriedad, la suya era más provocadora. Arrojé mi abrigo por detrás del sofá y sus manos tomaron mi rostro, volviendo a unirnos en un beso fogoso, mis manos descansaban sobre su pecho mientras él me dominaba, acariciaba su pecho sobre la tela de su camiseta blanca, notaba con el tacto los músculos que poseía. Descendía con lentitud hacía su abdomen y sonreí ante el gozo de su trabajo por mantenerlo. Mis dedos tomaron el final de dicha prenda y empecé a tironear hacía arriba, se distanció de mí y logré quitársela, ahora podía contemplarlo semidesnudo. La piel algo bronceada y luminosa me invitaba a que fuera tocado por mis dedos, dejando mis huellas en ella, nuestros ojos se encontraron luego de ese vistazo y los suyos estaban fijos, su sonrisa era preciosa pero en el iris se observaba otra cosa. Era como si no tuviera alma, como que había un vacío en ellos; me sentí extraño, algo tenía.
– ¿Sabes que eres el deseo más fuerte que pedí? -mantuvo esa sonrisa radiante y sus ojos se entrecerraban, su mano acarició mi mejilla y el calorcito aumentó un poco más. Yo asentí, emitiendo un sonido de garganta. – ¿Y sabes qué es lo que más deseo de ti?
Negué con la cabeza, admirando esos ojitos que denominaban algo misterioso pero que de igual manera me extorsionaban. Entreabrí los labios, queriendo decir algo, él solo posó su dedo índice, haciendo un poco de presión. Parpadeé intrigado, tal vez no quería mi respuesta, tal vez quería que lo demostrara o que lo averiguara por mi cuenta. Volvió a besarme, cerré los párpados y me dejé llevar, lo atraje para sí, quedando sobre mí. La incomodidad en mis pantalones me hacía presionar más los párpados, él comenzó a moverse sobre mí, refregando su jean con el mío.
Gemí contra su boca, sintiéndome cada vez más excitado por esa fricción. Me estimaban sus movimientos, me ponían en un nivel que hacía tanto no me encontraba, el vaivén lograba en mí el estremecimiento y me aferraba a su cuello con una mano, mientras que la otra se apoyaba en el sofá, sosteniendo mi cuerpo.
El prisionero necesitaba un poco de libertad, yo igual, por lo que me separé solo unos centímetros para cobrar aire, y él aprovechó para tomar de mi pantalón y deshacerse del cinturón que comenzaba a ser un infierno para mis caderas.
El calor que me recorría por el cuerpo ya era normal para mí, pero cada vez iba aumentando y lo que tenía entre las piernas comenzaba a dolerme y calentarse. Nuestras respiraciones ya iban aceleradas, me ponía a mil el oír sus gemidos contra mi boca, eso me volvía completamente un loco y el estómago se me revolvía de los nervios. Bajó la cremallera de mi pantalón y su mano se metió por debajo del boxer, al sentir sus dedos deslizándose por mi ingle, la piel se me erizó por completo y aparté los labios, jadeando sobre los suyos.
Cada palpitación provocaba que diera un corto espasmo y llegó a tomar mi miembro, por lo que encorvé el cuerpo y su mano lo cubrió con firmeza, comenzando a dar suaves masajes.
-Ahhh… -solté el gemido al notar como el placer de que me masturbara comenzaba a hacer efecto en mí. Podía sentir unas pequeñas gotitas que iba por mi cuello, y solo era el comienzo. Su frente se juntó con la mía, abrí los ojos y él ya me miraba, apreté los dientes al sentir el placer que me daba con su mano, su aliento y el mío se cruzaban y eso me encendía más.
Su mano se separó para tomar de cada lado del pantalón y lo deslizó hacia abajo con el boxer, me irritó un segundo que el momento caluroso debía ser interrumpido solo para quitarme los pantalones, pero para no hacerla más larga, él aprovechó para quitarse los suyos. Ahora estábamos desnudos, a excepción de que lo único que yo tenía era mi remera, pero el sudor que bajaba por el pecho la empapaba. Me la quité y la dejé a un lado, respirando agitado, con el miembro pidiendo más de sus roces, erecto y sediento.
Eché un vistazo a su cuerpo desnudo, ¿Cómo había terminado en esta situación? El recuerdo de cuando lo había visto por primera vez venía a la mente, yo era de esas personas que no dejaban de pensar cuando andaba en actos sexuales, simplemente no podía.
La manera que tenía de mirarme, el misterio que llevaba en sus ojos por saber de su vida, los encuentros casuales y este último encuentro, todo pasaba como un torbellino por la cabeza y mis mejillas se sonrojaron.
-Que deseo más bonito -utilizó un tono dulce, me miró con esos ojos tan intimidantes, iguales a los de aquel felino que fichaba a su presa, listo para atacar en el mejor momento. Se inclinó y con sus dedos dibujó el contorno de mi cara hasta desembocar en la barbilla, la tomó con suavidad y estampó sus labios contra los míos en un beso inocente. -Todo un deseo para mí.
La fogosidad volvió cuando su lengua pasó dentro de mi boca y buscó la mía, otra vez el calor se apoderó del cuerpo y las palpitaciones se aceleraban. Los lametones empezaron y las bocanadas de aire cada vez eran más salvajes, los movimientos que efectuaba con mi cadera para sentirlo más cerca, la excitación que se desprendía de mis poros como sudor; absolutamente todo comenzaba a hacerme perder el control, y desataría lo que Benjamín había enterrado con su despedida.
Apreté los párpados al recordar aquel momento, la última vez que estuvimos en esas condiciones había sido como una despedida, en ese entonces no lo sabía, pero me había tratado de una forma distinta. Me acariciaba la cara y no dejaba de mirarme, es más, no quería que cerrara los ojos mientras estaba en mí, quería que lo observara fijo, grabando en su memoria todas mis expresiones de lujuria que él provocaba. Si tan solo hubiera sabido que esa noche iba a ser el fin de ambos.
Mi cuerpo se estremeció, el escalofrío abrigó mi columna al sentir que tanteaban mi entrada, elevé la cadera, sentí unas cosquillas y la curva de mis labios se extendieron en una vaga sonrisa, Tom bajó sus labios a mi cuello mientras empezó a penetrarme con lentitud. Volví a gemir, ya no podía controlarlo, el cuerpo me pedía a gritos que todo sucediera rápido, y al mismo tiempo, quería que nunca terminara. El placer que sentía no era suficiente, y mordí mi labio al mover mis caderas de un lado a otro. Sus jadeos eran lo mejor que podía escuchar, me ponía la piel de gallina y pedía con ansias, a base de besos, que lo hiciera.
Tenía que admitir que me encendía al instante, y todo porque hacía tiempo que no tenía relaciones. Todo se me hacía más ligero, era como cuando uno no bebía por un período largo, y volvía y se emborrachaba solo con dos botellas de cerveza. Mis manos pasearon por su hombro, ansioso por apretujar su piel.
Otro dedo más se asomó a mi entrada y ya comenzaba a palpitar lo que vendría, mi pene ya no podía más de la excitación y llevé una mano para darle un poco de atención. Miré un momento su miembro erecto y eso me excitó demasiado, por lo que comencé a agilizar la mano y abrí la boca por el placer. La frente de Tom chocó contra mi hombro, entonces me di cuenta de lo que estaba por hacer. Sus dos manos tomaron mi cintura y se acomodó mejor, yo llevé ambos brazos, aferrándose a su espalda.
-Aahh… -volví a gemir al sentir como su pene se introducía sin prisa, fruncí el ceño y lo abracé, mis pies descansaban sobre el sofá y comenzaron a temblar. Di un pequeño brinco, debía acostumbrarme, y en el trayecto, él efectuaba embestidas suaves, llevándose mis gemidos y el sudor. La locura comenzaba a apoderarse de mí, esa lujuria me obligaba a disfrutar sin culpa lo que Tom me estaba haciendo.
Cuando ya había terminado de acostumbrarme, sintiéndome como si fuera virgen, él empezó a llevar un poco más el ritmo, y entonces, todo lo que yo creía tener controlado, se desplomó y a la mierda. El sudor ya bajaba por la frente, mi cabello ya andaba empapado y el calor de las mejillas me ponían inquieto. Soltaba jadeos contra su oído y él mordía mi hombro, estremeciéndome; mi mano se enredó entre sus cabellos, deshaciendo ese perfecto peinado sujetado con la coleta, sintiendo el sudor en los mismos.
-Tom… -solté en un susurro, sus jadeos me llevaban a otro nivel, uno por encima de lo que ya estaba acostumbrado a escuchar. Era grave, autoritario, me dominaba y me poseía, me volvía loco.
Parecía haber entendido lo que quería decirle, entonces aceleró y empezó con esas embestidas rápidas, a lo que yo abrí la boca, conteniendo el gemido y gozando de lo más bonito. Clavé las uñas sobre su espalda a medida que la otra sujetaba con más fuerza de su cabello. Me movía de arriba hacia abajo debido al frenesí que me llevaba al borde de la satisfacción plena. El cosquilleo, el estremecimiento, la comodidad y el placer se juntaban en una bolsa y se hinchaban, esperando el momento perfecto para rebalsar.
Mojé mis labios con lascivia, saboreando su saliva que había quedado, exagerando al respirar. Ya no podía concentrarme en otra cosa, más que en los gemidos de Tom y la erección que ya amenazaba con deshacerse de mi placer en líquido. El que mi miembro rozara con su ingle me dejaba conmocionado, sintiendo un hormigueo en la base debido al estrujamiento contra su piel.
Mi mente se puso en blanco, cerré los párpados y la liberación deseosa llegó a mi cuerpo, acabé sobre el abdomen de Tom y la satisfacción reinó en mi cara en forma de una débil sonrisa, gimiendo de gusto. Pero él no había llegado todavía, y eso me dejaba seguir disfrutando de sus embestidas. Continuó unos segundos más, sus gemidos eran entrecortados y me sentía morir, poco después sentí que algo descendía por mi entrada.
Retiró su miembro despacio y aprecié un poco de su semen adornándolo. Dejé caer el cuerpo para atrás, recobrando el sentido de todo. El porqué había llegado acá, lo que sucedió antes de que nos involucráramos, mojé mis labios, mi pecho subía y bajaba constantemente, me sentía vacío, en la nada misma. Cerré los ojos un momento, intentando descansar, oyendo como Tom suspiraba mientras lo sentía moverse por el sofá, inspiré profundamente y luego…
Me removí en un lugar cómodo, suave y cálido. Sin abrir los ojos esbocé una sonrisa y extendí mis brazos, comprendí que estaba en una cama matrimonial, entonces poco a poco empecé a parpadear para aclarar la vista. Al abrir los ojos por completo, caí en la cuenta de que me encontraba en la cama, sin la remera y con los pelos desparramados por toda la cara. Me los corrí y sentí que algo vibraba, me senté en la cama, sintiéndome desconcertado un instante, tratando de recordar qué paso anoche y… ¡Oh!
Observé que mi bolso y la ropa descansaban en una silla, entonces me envolví con la frazada y corrí a tomar las pertenencias, toqueteé todo el interior del bolso y el celular no paraba de vibrar, lo tomé y me di cuenta que tenía tres mensajes, y diez llamadas, once con la entrante que le pertenecía a Andy. Decidí atender.
– ¡Hasta que por fin atiendes, hombre! -dijo con un gran alivio y yo volví a la cama, me cubrí nuevamente ya que me encontraba desnudo. ¿Dónde estaba Tom? – ¿Por qué mierda no me atendías antes? ¿Se puede saber donde andas? Anoche Zira me llamó diciendo que te fuiste y no se supo más nada de ti.
-Andy, lo siento, anoche tuve un reencuentro con Alex y… -me sobé la frente con algo de pena y apreté los dientes. -Lamento no haberte avisado, es que…
-Me lo cuentas después, ahora te dejo porque estoy en el programa del viejo canoso, la banda dará la entrevista, ¿Recuerdas? Gracias por acompañarme, mal amigo. -dijo con un tono bromista, se rió al final y me sentí un poco mal. -Hey… no te pongas a llorar porque te dije eso, pero en serio debes darme un explicación.
Era verdad, hoy Killya tenía una entrevista pero… ¿Acaso era mediodía? Miré el móvil y no mentía, eran las doce y media, me agarró la desesperación y salí de la cama. Desnudo y con algo de frío, comencé a ponerme el boxer.
– ¡Mierda, que es mediodía y no me di cuenta! -exclamé mientras deslizaba hacia arriba la ropa interior.
-Ah… Creo que ya sé de qué va todo esto -oí la voz pícara del otro lado, mis mejillas se sonrojaron por eso. -De hecho, ahora que veo a Tom en este momento, se lo ve tan resplandeciente como el sol. ¿Qué le hiciste, Billy?
– ¡Idiota! -me irrité, pero el solo imaginarme a Tom con su sonrisa y hablando con tanta naturalidad hizo que me mordiera el labio. -Te veré en casa.
Le corté antes de que siguiera hablando y me fijé las otras llamadas. Cinco eran de Alex, dos de Zira y tres de Andy. Los mensajes eran: uno de Alex, otro de Zira y el último de Tom. Mi corazón latió con fuerza al leer su nombre, no lo pensé dos veces y le di Leer:
Estabas tan bonito durmiendo, y no quise despertarte. Puedes desayunar y ducharte si quieres, yo debo ir a trabajar. Más tarde te llamo.
¿Me iba a llamar? ¿Por qué mi corazón latía con rapidez con un simple mensaje? ¿Acaso tenía que ver todo lo ocurrido anoche? Anoche… ¡Dios, qué me pasaba!
Me puse toda la ropa, recién en casa me daría una ducha, ahora debía salir de aquí. Mi corazón se descolocó al recordar lo de anoche, admitía que su intención era hacerme olvidar el mal momento, pero tampoco negaba que me había gustado; fue lo mejor de este año. Me acomodé el pantalón y un suave dolor en el culo me avisó que debía ir con cuidado, sonreí como tonto al aire por lo que había sucedido, y así, todo contento, abandoné el departamento de Tom.
El teléfono volvió a vibrar, un mensaje de él. Con una sonrisa estúpida lo leí.
Espero que no sigas durmiendo, te echaré de mi casa si sigues estando allí, jajaja.
Me reí y comencé a teclear.
Estoy despierto y estoy yendo a casa 🙁
Se lo envíe, con el celular iba caminando hasta buscar un taxi, ni rogado tomaba el bus. El celular vibró.
¿Por qué esa carita triste? Te dije que eso no se ve bien en ti.
Le respondí cuando subí al taxi:
😀 ¿Así está bien? Em, ¿No deberías estar con lo de la entrevista?
Me contestó enseguida.
¡Así me gusta! 😉 Yo no soy el famoso, solo ando supervisando. ¿Trabajas más tarde?
Apreté los labios y eché un suspiro.
Nop, estoy libre.
Apoyé el teléfono sobre la rodilla mientras miraba por la ventana. La agradable sensación se depositó en mi pecho, el móvil vibró y los nervios se dispararon, dudando leí el mensaje.
Perfecto, entonces saldrás conmigo. Te llamaré luego.
Sonreí al teléfono, después me di cuenta de la manera en la que actuaba y miré el espejo retrovisor, el taxista estaba concentrado al volante, menos mal que no veía mi actitud… infantil. Guardé el móvil y me quedé mirando la ventana. ¿Qué me estaba pasando? Actuaba como si estuviera.. ¿Acaso me estaba enamorando en serio? ¿Qué tipo de relación teníamos ahora? ¿Qué estaba sintiendo verdaderamente? ¿Admiración, enamoramiento, gusto? No lo sabía, pero adoraba sentir esta sensación tan bonita… ¿O qué era en realidad?
Continúa…
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