
«Wünschen». Temporada I
Capítulo 13: Pasado
El susurro del viento que me azotaba la cara, la adrenalina que surgía y paseaba por mis venas, los latidos del corazón que me descolocaban del entorno, fueron acciones que se manifestaron al oír su confesión. El nudo en la garganta me impedía hablar y tragaba saliva para poder desaparecerlo y enfrentarlo. Mis manos se convirtieron en puños por la presión y necesité de un milagro para poder continuar.
—Como… —el hilo de voz que tenía era impresionante, parecía que estaba afónico — ¿Cómo puedes decir eso?
Me alteré, perdí el control, ya nada era manejado bajo mi dominio, ahora la ira brotaba por todo mi brazo derecho. Tomé una gran respiración, no sabiendo qué iba hacer a continuación, más sentí una fuerza bruta por el puño derecho, a lo que me llevó a estamparlo de lleno en la mejilla, errándole y disparando contra su nariz.
— ¡Auch! —me quejé como nunca y agité la mano con rapidez, sintiendo como ésta dolía y se calentaba debido al golpe. Con el ceño fruncido y la alteración en la respiración, miré a Benjamín, quién se había inclinado adelante, quejándose, ocultando con su mano su mejilla y manchándose de sangre.
Alguien venía corriendo y cuando caí en la cuenta, Tom se paró a mi lado, sin entender absolutamente nada, le di un vistazo de reojo y no podía más del dolor en los nudillos.
—Jamás, en tu puta vida, vuelvas a decirme eso. —Le dije mientras le señalaba con el dedo acusador, la ira se desparramaba por mi boca y me enfadé demasiado. Era una persona de mierda, ¿Cómo se atrevía a decirme eso cuando ya había pasado como un año desde que me dejó? ¿Cómo tenía los huevos para confesarse? Y aunque, supuestamente, estaba enamorado, no tenía porqué decirlo, no se daba una clara idea de lo mal que me hacía sentir. — ¡Hijo de puta, no vuelvas a repetir eso!
Tom me sostuvo entre sus brazos mientras quería seguir buscando revancha, estiraba los míos, rozando su abrigo. Benjamín me miraba aún con el dolor en su cara, limpiándose la sangre que brotaba de su nariz; infeliz, te lo merecías por todo lo que me habías hecho sufrir, aunque en realidad debería matarte para hacerte pagar por lo que me hiciste.
— ¡Bill, cálmate! —Tom intentaba tranquilizarme, pero no supe de dónde saqué la fuerza y logré empujarlo, fui directo a Benjamín y le pegué con ambos puños en el pecho. — ¡Bill!
— ¡Te odio, eres una mierda! ¡Ojalá se te caigan rápido! ¡Te mereces eso y mucho más, idiota! —Tom se aferró a mí y me llevó al auto, le pagó a la tipa como pudo mientras yo estaba sumergido en mi venganza.
Cuando él aceleró, yo no paraba de respirar de manera agitada, entonces no lo contuve más y me eché a llorar exageradamente mientras sonreía. No lo entendía, lloraba y me reía, tenía un nudo en la garganta y estaba a las carcajadas. Me limpiaba las lágrimas con cuidado para no dañar tanto el maquillaje, aún me dolía la mano y la miré, agarré tanta fuerza y valor para darle un puñetazo en la cara. Era la primera vez que lograba pegarle a alguien, y encima, había sido a un profesor acosador.
Parecía un lunático, de esos que se acordaban de las hazañas más atroces que habían cometido, mi pecho me dolía y lo ahogaba entre risa y lágrima, era tan absurdo pero cómico a la vez. Me sentía bien pero al mismo tiempo sentía un remordimiento espantoso, quería olvidarlo y no, quería que me lo dijera en su debido tiempo y no. Necesitaba distraerme, sacarlo de la cabeza cuanto antes, no debía volver a pensar en el pasado, no tenía porqué regresar a esos recuerdos, a sus brazos, a él… No.
Ya no.
— ¿Qué ha pasado? —me preguntó, se notaba que estaba demasiado preocupado que esperó, deducía, a que él se tranquilizara para preguntarme. — ¿Quién era? ¿Te hizo daño?
Sí, lo había hecho y en qué forma, me había quitado todas mis ilusiones con su despedida, me había utilizado para quitar el estrés, fui manipulado a su antojo y me dejé llevar por sus frases vacías. De nuevo ahí estaba, recordándolo, haciendo un esfuerzo por no volver a llorar, pero era tarde, estaba derramando unas gotas.
—Bill… —susurró, al parecer había notado que comencé a llorar de nuevo. Él frenó el vehículo en un lugar y se quitó el cinturón.
Me tomó de los hombros y me abrazó con mucha fuerza, eso fue lo último que necesité para entrar en un grandioso llanto de película, me aferré a él como si fueran a separarnos, me escondí en su hombro apretando los párpados con todo, intentando desaparecer ese nudo horrible sollozando. Él me acariciaba la espalda con delicadeza, haciendo tiritar mi cuerpo ante su calor corporal, él suspiró mientras me decía que todo iba a estar bien aunque no supiera nada de lo que había sucedido concretamente.
No quería que se separara de mí, quería llorar junto a él, sabía que jamás en mi vida había permitido que otra persona, quitando a Andy, me viera llorar desconsoladamente. No era digno de mí mostrarme así, siempre era Bill, el chico con sonrisa simpática y perfecta, el que sonreía a cambio de nada, el que le gustaba hacer sentir bien a las personas. Sin embargo, esta vez era diferente, Tom me hacía bien y todo se ponía de cabeza, ahora era yo quién sufría y me sentía mejor cuando lo veía sonreír.
—Ya pasó —susurraba y llevó una mano a mi cabello, enredó sus dedos en el mismo y me calmó paseándolos con compasión. —No evitaré que llores, está bien liberar tensión por ese medio, pero quisiera saber el motivo.
Yo moví la cabeza, no podía hablar, sentía que si lo hacía mi voz temblorosa me daría más motivos para seguir con el sufrimiento eterno. Enterré un poco mis uñas en su campera e intentaba tranquilizarme, lo peor ya había pasado.
—Es que… le pegué fuerte y me duelen los nudillos —era la verdad, me dolía como la puta madre y no aguantaba el dolor. Lentamente nos separamos y nos miramos, Tom tenía una expresión entre confusión y divertida.
Buscó la mano con la que le había pegado, la depositó encima de la suya y ambos contemplamos los nudillos rojizos, el mismo temblaba y lucía horrible. Él la elevó hasta que estuvo a una buena distancia de su rostro, me dio una mirada y llevó sus labios a mis nudillos, dejando un inocente y cálido beso en ellos. Le quedé mirando, dejando de gimotear, quedándome quieto como una roca, atesorando esta imagen tan significativa. Mi corazón latía como la de un ratón, pronto una tranquilidad desconocida se apoderaba de mi cuerpo y el dolor en el pecho se desvanecía como agua caliente sobre hielo. Tragué saliva y no sentía más el nudo en la garganta, embobado admiraba como él besaba mis nudillos, queriendo curarlos, y también, queriendo reparar el daño que Benjamín me había hecho.
Tomó distancia y sus ojitos color miel me fijaron, me sentí estremecer y mojé los labios de los nervios, ahora todo volvía como al principio, yo sintiéndome como una niña, tímida y sin saber qué decir. Él esbozó una sonrisa de cortesía, mi mundo volvió a funcionar otra vez, tomaba el rumbo correcto y algo en mí se desprendía, era como una felicidad en su más esplendor.
—Te curaré en casa —me dijo y masajeó mis manos con sus dedos, lo hacía con suavidad y yo solo asentí, anonadado por todo lo que había hecho. Era mágico, me envolvía y quería quedarme así con él.
Al llegar a su departamento, me tomó de la mano que no me dolía y me condujo a su habitación, encendiendo solo el velador. Me sentó en la cama y dijo que me pusiera cómodo, yo tan solo miraba como él se movía por la habitación, buscando algo. Suspiré, parecíamos una típica pareja que comenzaban a convivir, más no debía ilusionarme por eso, apenas y habíamos tenido unas pocas salidas.
—Y bien… ¿Quieres contarme? —dijo arrodillándose ante mí, tenía un spray pequeño de alcohol y algodón. Si bien el dolor era interno, pasarle aquello haría que se desinflamara. Vertió un poco del contenido en el algodón y comenzó a pasarlo con suavidad, el líquido frío me hizo dar un leve respingo. — ¿Te raspaste?
Negué con la cabeza, él continuó su labor, esperando a que le contara. Tomé una respiración profunda.
—Benjamín. —comencé por su nombre, él me dio toda su atención. —Era mi profesor en la universidad. Durante un semestre estuvimos juntos, no era nada oficial y me dejó hace casi un año.
— ¿Te engañó?
—No, más bien, nosotros le engañábamos a su familia —me quedó mirando impresionado. —Lo sé, soy la peor persona del mundo. Él era… Él tenía… No sé, había algo que me atraía de él pero ya no recuerdo.
—Te enamoraste —soltó de repente, noté un poco de indiferencia en su voz y tragué saliva. Retiró el algodón y se sentó en el suelo, yo mordí el labio inferior, esperaba que no se pusiera raro conmigo por admitirlo.
—No lo sé, la pasaba bien, le gustaba mi compañía —evitaba volver a recordarlo pero era imposible. —Y ahora solo necesitaba demostrarle que ya no era lo mismo.
— ¿Aún sientes algo por él? —me preguntó, la curiosidad que tenía por saber mi relación con ese hombre, me daba indicios de algo.
—No voy a mentirte, a veces pienso en él…
—No estás contestando mi pregunta —la voz determinada me hizo sentir extraño, parpadeé antes de volver a hablar.
—Ah… No, de sentir algo así cercano a un sentimiento bueno, ya no. —tomé una respiración profunda.
— ¿Estás conmigo para olvidarte de él?
Me quedé callado, no veía venir esa pregunta. Un silencio absoluto cubrió toda la habitación, ¿Estar con él para olvidarme de Benjamín? Nunca había pensado en eso. Pero, que dijera que estaba con él, ¿Eso significaba que estábamos saliendo? Mierda, para esas cosas era demasiado lento.
—No —dije en voz baja. Fruncí el ceño mientras empezaba a negar con la cabeza de forma repentina. —Eso jamás. Me gusta estar contigo, no eres un método para deshacerme de alguien. No tienes que pensar en eso, promete que no volverás a pensar o decir algo así.
Le dije serio, en verdad, era tonto que pensara de esa manera. Aunque una parte de mi cerebro quería admitirlo, la totalidad de mi corazón luchaba por decir lo que sentía, y la verdad era que Tom había cambiado todo de mí, no estaba con él solo porque sí, había motivos y esos eran los sentimientos que tenía por él.
Con ambas manos le tomé del rostro, una hacía más presión que la otra, lógico, una me dolía bastante. Nuestros ojos se encontraron de repente y me sentí seguro de lo que estaba sintiendo por él.
¿Me estaba enamorando?
Creo que era demasiado obvio.
Presioné mis labios, quería que me mirara y se diera cuenta, no estaba con él porque quería olvidarme de Benjamín, de Alex o de cualquier otra persona, tampoco tenía que ver su deseo, ni mucho menos que él me había pedido que me quedara para siempre a su lado.
Era mi elección, yo quería estar con él, admirar su sonrisa por horas, sentirme a gusto, pasarla de maravilla junto a él.
Quería decirle eso, quería gritarlo pero la experiencia me decía que tenía que ser paciente, o tal vez era el cerebro que aniquilaba al corazón para portarme maduro frente a Tom.
— ¿Tienes alguna duda? —le pregunté después de un rato de estar mirándonos, él movió levemente su cabeza en negación, y sin más vueltas, le besé.
Una infinidad de sensaciones se almacenaron en mí, al tiempo que Tom me correspondía y me besaba de una forma dulce. Me sentía realmente bien a su lado, y cuando lo besaba era como si quisiera que el beso jamás terminara, que mis pulmones fueran eternos y que el tiempo se detuviera. Lo hacía de forma lenta pero pasional, se quedó arrodillado frente a mí mientras me cubría la cintura con sus manos y las mías le sostenían la cara, haciendo un poco más de presión para que la unión de nuestros labios fuera exitosa.
— ¿No vas a pegarme? —me preguntó dentro del beso y yo me reí contra su boca. Separamos los labios, ya que la distancia de nuestros rostros lo manteníamos. —No quiero que me rompas la nariz.
Se me escapó una pequeña carcajada y él me miraba como si estuviera hablando en serio. En realidad no tenía pensado pegarle a Benjamín, fue como un impulso, ahora podría denunciarme y efectuar cargos legales, pero no me importaba, una parte de mí agradecía haberle dado un poco de lo que me había hecho.
—No estaba en mis planes hacerlo, solo salió —le dije mientras me ponía en modo tierno y le dejaba besos cortos en los labios. —Pero a ti, en vez de eso, te atacaría a besos.
— ¿Por qué no empiezas ahora? —me dijo en tono burlón y nos reímos para luego volver a besarnos.
Con cuidado, él se levantó sin separar nuestras bocas, la cosa ya se ponía seria cuando él dejó pasar su lengua dentro de mi cavidad bucal y yo la acariciaba con la mía. El beso había pasado de ser un tierno de película a una de clasificación restringida, sus manos se pasearon por mi espalda y entendí lo que quería hacer, a lo que comencé a arrastrarme hasta quedar en el medio de la cama, él se puso sobre mí mientras nos devorábamos a besos.
Sus manos en mi cintura me acomodaron mejor y yo sentía que el corazón se estrujaba con cada movimiento que él efectuaba. Bajó sus labios a mi cuello y me estremecí, por lo que deposité mis manos en su nuca, masajeando el cabello mientras él paseaba la lengua por mi piel, provocando la excitación…
En plena madrugada, me había despertado debido a que escuché un estruendo, me senté de repente y podía ver el relámpago que ingresaba por la habitación debido a que las cortinas no tapaban la ventana. Miré a mi lado y Tom estaba durmiendo cómodamente, volteé a la izquierda y fijé el reloj, eran las cuatro de la mañana. Genial, por un buen rato no podría dormir debido a los jodidos truenos, los detestaba.
Me arrastré a la orilla y tomé mi ropa interior, me lo puse y logré alcanzar la camiseta de Tom, la dejé deslizar por mi piel hasta que me cubrió por completo y salí de la cama para beber algo. Caminaba de forma lenta por la habitación, no quería que se despertara pero suponía que el ruido de la lluvia, más los estruendos de la tormenta, amortiguaban cualquier sonido que yo efectuara.
Le di una mirada, su cabello no estaba bien agarrado, podía ver como un poco de su melena se desparramaba por la almohada, aquel brazo que estaba detrás de su cabeza y jactaba los músculos del mismo, su torso desnudo, exponiendo esa piel tan cálida que había tocado con mis manos hacía unas horas atrás. Me mordí el labio al recordar lo que habíamos hecho, y mi respiración se agitó un poco, suspiré y seguí con mi pequeño viaje a la cocina.
Salí al pasillo y me quedé en el mismo cuando vi que la habitación de al lado tenía la puerta un entre abierta, me acerqué para cerrarla pero no pude, habían puras cajas de cartón en el interior, por lo que terminé abriendo más la puerta y vi la habitación. Me quedé en la entrada, observando unos muebles viejos, cajas por todos lados y un montón de cosas más. Di una vista panorámica y me detuve al ver una fotografía en un marco de la mesita que se encontraba a mi lado, la tomé con una mano y fijé los ojos en ella.
Era Tom, pero tenía un aspecto extraño, llevaba dreads y tenía el cabello rubio. A su lado… Había una muchacha de ojos marrones y cabello negro como la noche, tenía piel trigueña y una sonrisa encantadora. Ambos estaban mejilla con mejilla y la chica hacía el típico símbolo de amor y paz; mis ojos no dejaban de fijar a Tom, él tenía una sonrisa realmente impresionante, de esas que no se la podían borrar ni aunque le contaras lo peor de la tierra.
Estaba sumamente feliz, me daba esa sensación, sus ojitos estaban muy pequeños, lucía adorable aún con ese aspecto que no me acostumbraba a creer que alguna vez lo tuvo.
El estremecimiento me encerró en esa imagen, la mano de Tom estaba apoyado en el hombro de esa chica con mucha confianza. Inspiré profundo, ¿Era algún familiar? No habíamos hablado mucho de eso, de hecho, no habíamos hablado en sí de su adolescencia, era un misterio.
Suponía que esta foto era de aquella época, seguí mirando la mesita y había otra foto más, la tomé y me quedé helado. Era la misma tipa y él la estaba besando. De fondo se apreciaba un panorama realmente armonioso, una noche y luces de la ciudad eran el segundo plano, lo que destacaba era la acción que los dos estaban cometiendo.
Mi corazón empezó a acelerar descontroladamente, sentía una ansiedad terrible atorada en el pecho. Un flash de luz se presentó por la ventana y me asusté, entonces le acompañó el estruendo y me quedé observando la imagen. No comprendía porqué empezaba a sentirme mal, como si fuera una sensación triste la que se apoderaba ahora de mí. Apreté los labios, y dejé todo como estaba, me faltaba la respiración y necesitaba salir de ahí.
Fui por el pasillo mientras trataba de asimilar lo que acababa de ver, pero se ponía peor cuando recordaba lo que Andy me había comentado acerca de su frustrante pasado.
Y luego se me venía la frase que él me había dicho que prefería la compañía masculina, sin embargo, en esa imagen estaba con una jovencita. Podía ser que… No, no estaba seguro de eso, necesitaba más pruebas para poder defender mi idea.
Al estar en la cocina, bebí dos vasos de agua por la desesperación. Había algo raro en todo esto, ¿En esa habitación tendrá cosas de su adolescencia? Quería volver y averiguarlo todo en el momento, pero no era entrometido y no quería ser irrespetuoso, aunque ya lo había hecho al abrir de por más la puerta.
Eché un suspiro y la luz se prendió de golpe, me asusté y volteé a mirar: Tom estaba en el umbral solo en boxer, mi corazón se aceleró por la adrenalina.
— ¿Qué pasó? ¿No podías dormir? —me preguntó, le miraba con toda la curiosidad, preocupación y angustia. — ¿Estás bien?
Tan solo asentí, no me salían las palabras. Le di la espalda y bebí otro vaso más del grifo. Un segundo después, sentí su respiración en mi nuca y se me erizó la piel de repente, apoyé ambas manos sobre la mesada y me quedé quieto, esperando a que me dijera algo.
—Vamos a dormir… —me dijo en un susurro, dio cortos besitos en mi cuello y yo volví a asentir. Me tomó de la mano y los dos salimos de la cocina.
En el pasillo, contemplaba como era su andar, parecía que se refregaba el ojo mientras iba tambaleante de un lado a otro. Me invadía una nostalgia que no sabía de donde podría haberla sacado, pronto me sentí un idiota por hacerme tanto drama por algo que era errado. No tenía que ponerme así por algo que había sucedido en su vida, él me había dicho que había tenido una novia, entonces, ¿Por qué me afectaba tanto? ¿Por qué me sentía tan extraño?
Estaba tan al borde de querer preguntarle pero me mordía la lengua, no era mi asunto. No obstante, necesitaba, con todas las fuerzas, saber lo que le atormentaba.
¿Tenía que ver con ella?
Otra hipótesis tomaba lugar.
Él se detuvo en la entrada a su habitación, al ver que la de al lado seguía abierta, ¡Mierda! me había olvidado de cerrarla.
—Hm, juraría que la había cerrado —dijo pensativo, la cerró con fuerza y me atreví a preguntar.
— ¿Qué tienes ahí? —mi voz tembló, le miraba la espalda y él no se giró a verme.
—Cosas viejas, muebles que me dio mi abuela antes de morir —la voz derrochaba una pizca de indiferencia.
Ingresamos al cuarto y cerró la puerta, me abrazó por atrás y besó mi cuello, los dos nos fuimos de nuevo a la cama. Pero ahora no podía hacer lo de hacía unos minutos atrás, me sentía ido, sumergido en aquellas fotos.
Luego de varios besos, que por un segundo lograron hacerme olvidar de lo que tenía en mente, él me abrazó y los dos nos cubrimos con las sabanas y frazadas. Mi cabeza estaba sobre su pecho y podía sentir los latidos de su corazón, el ritmo de su respiración y la piel cálida que poseía. Observaba la puerta e intentaba comprender la manera en la que se había referido con respecto a la habitación de al lado.
Me odiaba por ser tan curioso, pero no podía evitar saber sobre su vida antes de conocerme.
Suponía que Georg podría ayudarme, al despertar lo llamaría.
Si era que podía dormir lo que quedaba de la noche.
Continúa…
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