«Wünschen». Temporada I

Capítulo 14: Intermedio

Nervioso, esperaba afuera del lugar el cual Georg me había citado. Mis piernas temblaban y sujetaba con fuerza el bolso al hombro, me mojaba los labios con urgencia ante la terrible ansiedad. Quería comportarme normal pero hasta por saber el pasado de Tom me tenía temblando, era como si me estuviera preparando para lo peor, y con razón, ya que al parecer era verdad que había tenido un pasado tormentoso. Cuando hablé con Georg parecía entrar en una fase de melancolía o algo así, y terminó confirmando que algo había sucedido, entonces, en ese momento, mi corazón se oprimió demasiado que comenzó a dolerme.

Sospechaba que yo no iba a poder llevarlo bien.

Miré la pantalla del móvil por quinta vez y solo habían pasado cinco minutos desde la hora citada, la impaciencia era mi enemiga y quería que él apareciera cuanto antes.

Tragué saliva y empecé a mirar a las pocas personas que transitaban, prácticamente era demasiado que me quedara a estas horas en la calle. La condición de encontrarnos pronto con Georg era que debía esperarlo en su lugar de trabajo, y como me quedaba de paso en el regreso a casa, decidí aceptarlo.

Me di la vuelta, mirando el local de ropa para hombres, Georg se acercaba con el teléfono pegado a la oreja, me tranquilicé al verlo y mi corazón latió a ritmo normal. Estaba hablando mientras no dejaba de mirarme, siempre con el ceño fruncido.

—Ah… No puedo juntarme hoy, Tom —al escuchar eso, mis ojos se abrieron como platos. El revoltijo en el estómago me hizo estar inquieto. —Es que estoy haciendo un par de cosas y no creo que termine pronto. Lo sé, otro día nos juntamos, más vale que te vayas a dormir… Adiós.

Le quedé mirando, Tom me había llamado en la tarde para preguntar si quería que hiciéramos algo, pero antes ya había hablado con Georg y necesitaba saber esto que me tenía más insoportable. Me sentí culpable entonces, después de haber tenido una hermosa noche, yo decidía hacer otras cosas; luego le recompensaría.

—Lamento ponerte en esta situación —le dije tímido, él solo negó con la cabeza como si no le importara.

—Y bien, ¿Nos vamos a quedar aquí? —me trataba con toda la confianza, sabiendo que antes me quería meter los dedos en los ojos. —Tengo hambre.

Caminamos hasta ingresar a un local de comidas rápidas, aún seguía abierto y yo estaba que me quería comer las uñas, se iba a sentir extraño estar comiendo con el mejor amigo del chico con el que estaba saliendo. Bueno, aunque no debía ponerle mucha importancia a eso, lo estaba haciendo por una causa noble.

Una vez que él tuvo su pedido, y yo solo un refresco, porque no quería comer del nudo en el estómago que tenía ante la curiosa sensación por saber sobre la vida de Tom, antes de conocerle, nos fuimos a sentar a una mesa para cuatro, ya que no pensaba que era correcto hacerlo en uno de a dos, me daba un poco de pavor, ¿Por qué? No lo sabía, solo que no quería que fuera algo demasiado íntimo.

Él empezó a comer apenas puso el culo en la silla, parecía un muerto de hambre, se le hacía agua la boca y yo no salía del asombro al verlo comer, me limité solo a mirar a otro lado mientras le daba sorbos al refresco. No quería ser grosero yendo al grano, entendía cuando uno salía del trabajo todo famélico, así que dejé que se alimentara.

La imagen de Tom con aquella chica se volvió a cruzar por la cabeza y me sentí raro, fruncí las cejas al querer sacar mi propia conclusión sobre lo que podría haber sucedido pero ni yo me lo creía, por ende, necesitaba escucharlo de alguien que estuvo cerca antes que yo.

—Mm… Lo… Siento… —dijo mientras masticaba con la boca abierta, se tapó con la mano y tomó el vaso de plástico para beber, le dio un fuerte sorbo y yo negué con la cabeza. —Es que moría de hambre.

—Descuida. —dije con una sonrisa de cortesía, me crucé de brazos sobre la mesa, inclinándome un poco más… —Puedo esperar el tiempo que quieras, pero claro que no pasará de hoy.

Él masticó despacio cuando le dije lo último, ya no me observaba con el ceño fruncido, más bien se trataba de una expresión entre sorprendida y seria, raro. Dejó lo que estaba comiendo y se dispuso a limpiarse las manos, y la comisura de sus labios, con la servilleta de papel, yo aclaré la garganta y exhalé el aire.

—Siendo honesto —decía mientras se acomodaba en su lugar. —Tom tendría que matarme luego de contarte esto, nadie lo ha sabido de mi boca y es la primera vez que voy a… Traicionarle, por así decirlo.

Yo asentí, aunque estaba en juego su amistad, yo sabría guardar el secreto, o esperaba que así fuera.

—No diré nada, solo quiero saber cómo puedo ayudarlo, y creo que sabiendo su pasado podré hacerlo. —dije preocupado, creería que él me observó con algo de ternura, o de pena, al decir eso.

—Tom tenía una novia… —mi corazón empezó a acelerarse de repente. —Supongo que es la única mujer que tuvo en la vida, o por lo menos eso me contó… Estaba muy enamorado de esa chica, recuerdo que él luchaba demasiado por permanecer a su lado, pero siempre había diferencias entre ellos.

¿Diferencias? ¿Discutían mucho? ¿Sus padres no querían que se juntara con alguien como él?

—Eran amigos antes, nos decían «D’Artagnan y los tres mosqueteros» —se echó una pequeña carcajada mientras hundía unas papas fritas en ketchup. — Lástima que… Ellos tuvieron que separarse.

Dejó de sonreír, enterrando esa papa en salsa roja hasta mancharse nuevamente los dedos, parecía querer enterrar también las palabras que había dicho. Mi corazón se estrujó dentro de mí, ahora estaba por saber la verdad de Tom y sentía un poco de miedo.

— ¿Terminaron? —pregunté en un hilo de voz.

—Algo así —vaciló, se rascó la nuca, luciendo nervioso. —Bueno, ella…

— ¡Chicos! —Los dos nos giramos en la misma dirección. Andy sostenía una bandeja de combos y Blas estaba atrás de él, genial, acababa de cagar el momento. — ¿Qué hacen? ¿Podemos sentarnos con ustedes?

Sabía que él muy jodido ocultaba algo detrás de esas preguntas, la manera en la que lo había dicho era tan de entrometido, pero Georg no lo notó o se hacía el tonto y los invitó a sentarse. Yo le clavé los ojos de una manera voraz, quería que me lo contara, más tendría que esperar, no era conveniente que me lo dijera si estábamos en compañía.

— ¿Y Tom? —preguntó Blas mientras me miraba, estaba sentado a mi lado. Georg y yo nos dimos una mirada, y de reojo observé a Andy, él captó de inmediato la situación y se movió de forma un poco brusca, entonces Blas dio un respingo pero intentó disimularlo con un estornudo falso.

—Ah… Tenía cosas que hacer, supongo —no podía decir una mentira, enseguida me sudaban las manos y mis labios temblaban más de lo normal.

—Es que Tom sabe que él y yo nos llevamos mal, entonces organizó algo así como una cita. —Le miré todo impactado por su comentario, ¿Una cita? Qué mierda, por dios, no.

Lo que sucedió después fue que Georg no pudo contarme sobre Tom, porque no queríamos que los otros dos se enteraran, aunque ya sabían algo. Intentábamos disimularlo con anécdotas, pronto Andy dejó de ser tan arrogante y se unía a la conversación de autos que tenían Blas y Georg.

Cuando todos terminaron de comer, y yo me resigné, salimos. El amigo de Tom se despidió de nosotros y yo tan solo miraba como se iba, dejándome con la intriga en bandeja y la curiosidad cegándome de la realidad. Bufé al fracasar en la misión de querer ayudar a Tom a partir de esta noche, debería esperar hasta la próxima oportunidad. Mi mejor amigo quería saber cuál era el verdadero motivo y le dije que se lo contaría en cuanto estuviéramos a solas.

— ¿Vienes con nosotros? —me dijo Andy mientras me tiraba del brazo, volteé a mirarle. —Blas nos llevará a casa.

No supe porqué tenía un mal presentimiento, en mi pecho se almacenaban cosas tristes que me hicieron sentir pésimo. Inspiré profundo y decidí que lo mejor era ir a ver a Tom, pasar la noche allí, le dije que iría a lo de él y Blas se ofreció a dejarme.

Así fue como me dejaron en su departamento en unos minutos, les di las gracias y ellos desaparecieron. Apreté el timbre y su voz se escuchó de inmediato. Al decirle mi nombre él accionó un botón para que la puerta se destrabara e ingresé, me metí al ascensor enseguida y subí los pisos, cuando llegué, la puerta se encontraba entre abierta, entonces me adentré sin más.

— ¿Tom? —pregunté una vez adentro, todo estaba apagado y había olor a humo de cigarrillo, inspiré profundo y sentí un olorcito también a alcohol. Rápidamente me alarmé. — ¿¡Tom!?

Me dirigí al pasillo, miraba que la puerta donde había encontrado las fotografías estaba totalmente abierta, entonces me apresuré e ingresé. Tom estaba sentado contra la pared, bebiendo una botella de whisky puro, corrí a él y se lo arrebaté, por impulso lo había hecho, él levantó la mirada y me tironeó del pantalón.

— ¿Qué estás haciendo? —le pregunté, me puse de cuclillas frente a él.

—No podía dormir, y pensé que tomando un poquito lograría dormirme —sonrió, aquella sonrisa no era más que una producto del alcohol, estaba ebrio y me sentí realmente mal por haberle dejado solo. — ¿Dónde estabas?

No sabía qué contestarle, no quería mentirle pero tampoco quería que supiera que estaba husmeando sobre su pasado. Le acaricié el cabello mientras se lo arreglaba para atrás, él tan solo cerró los ojos y depositó la cabeza contra la pared.

—No tienes que beber, no sin un motivo en concreto, y en todo caso, tendría que ser de felicidad —le dije, no me gustaba verlo así, me dolía en el alma.

—Estoy condenado a beber, no hay remedio para eso.

—Pero si tienes voluntad lo puedes lograr —abrió los ojos para mirarme desde esa distancia, tragué saliva, quería abrazarlo hasta que no pudiera más, decirle que no lo iba a dejar nunca.

Él se rió por eso, yo le quedé mirando. Probablemente la voluntad la tenía o no, y no podía contra ello debido a lo que le atormentaba.

A la mierda, quería saberlo.

— ¿Por qué bebes?

—porque me gusta —exhaló el aire abatido y yo deposité el trasero en el suelo, dejando una pierna sobre otra.

—Si te gustara no estarías encerrado en una habitación como el ser más deprimente de la tierra —arrugó la nariz al decir eso y se lo frotó con los dedos. —Estarías rodeado de gente que te quiere y reirías con ellos mientras bebes, porque sabes que estás pasando un buen momento.

—Rodeado de la gente que me quiere —dijo en un susurro y mis ojos se postraron en su expresión. Lanzó una débil sonrisa, aquella que parecía viajar a través del tiempo y quedarse con algún recuerdo de alguien cercano a él. —Lástima que las cosas pasan y ellos ya no están.

— ¿Por qué lo dices? —llevé mi mano a su rodilla, haciendo un poco de presión para que comprendiera la contención que le estaba brindando.

Deslizó su rostro a mí, enfocando esos rojizos y aguados ojos color miel en los míos, transmitiéndome una sensación que me dejaba al borde del abismo, rogando por no lanzarme al vacío de manera repentina. No parpadeé por unos segundos, aprovechando que me observara de esa manera, preparándome para algo, anunciando un momento. Él se inclinó, tomando mi mano entre las suyas, cubriéndola como si me estuviera congelando, mis mejillas comenzaron a calentarse debido a los nervios y me sentí un estúpido.

—Promete que no me dejaras —parecía suplicarme, el tono de su voz concordaba con la expresión de su rostro. — Y que vas a estar conmigo siempre.

Anonadado, mis ojos iban de un lado a otro fijando los suyos, sentía una especie de emoción incontrolable que obligaba a que el iris se hidratara de por más y estuviera a punto de desbordar el líquido por los lagrimales.

— ¿Lo prometes? —me insistió, y yo estaba con algo atorado en el pecho que me hacían dar ganas de llorar, más no lo entendía.

—Si… Estaré para ti, no importa qué —le dije embobado, perdiéndome en su mirada, cautivado por lo que me hacía sentir en este momento.

Él se arrastró un poco hasta abrazarme, lo hizo con tanta fuerza que temí porque me faltara el aire. Me quedé mirando la pared, sintiendo su calor, hundiéndose en mi hombro mientras me llenaba de su perfume, del whisky y el tabaco. Hundía sus dedos en mi espalda y cerré los ojos, apoyando mi mejilla en su hombro, disfrutando de aquel gesto.

Tom, en serio quería ayudarte, quería comprenderte y que fueras feliz, que no dependieras de la bebida, que no te impidiera continuar en tu camino. Sabía perfectamente que tu pasado tenía muchísimo que ver, y aunque tenías evidencias de ello a mi alrededor, una parte de mí me decía que no debía entrometerme.

— ¿Por qué mejor no vamos a dormir? —pregunté y él se separó de mí, lo ayudé a levantarse y salimos de esa habitación.

Lo acompañé a la cama, le quité los zapatos y dejó caer su cuerpo en la cama, a rastras se acomodó en su lugar y se quedó dormido enseguida. Yo tan solo le miraba, no había podido conseguir que él me lo dijera, ni mucho menos que su mejor amigo lo confesara; en verdad, todo estaba en mi contra, tal vez debería rendirme con esto de querer saber porque no podía oírlo completamente.

No había dormido en toda la noche, estuve sentado cruzado de piernas frente a la puerta, con un vaso de agua, mirando la confección de la misma, debatiendo de si entrar y sufrir las consecuencias, o aguardar hasta el momento indicado. Tampoco podía tener la certeza de si Tom me lo iba a contar alguna vez, y sabía que teníamos poco tiempo entre nosotros, pero esa necesidad no me dejaba en paz.

El amanecer llegó sin darme cuenta, me había quedado toda la madrugada mirando esa condenada puerta como un pequeño esperando la llegada de Santa Claus. Me levanté cansado, no había pegado el ojo y mis piernas temblaban debido a que estuvieron flexionadas toda la noche, caminé lentamente por la cocina, si tomaba un poco de café lograría despertarme, de igual forma debía regresar a casa para darme un baño y salir nuevamente al trabajo.

Puse la cafetera eléctrica, y mientras esperaba a que estuviera listo, decidí ordenarle un poco la cocina, al parecer se había hecho la cena y dejó todo un desastre. Me mojé la cara para despabilarme y empecé: lavé los utensilios, coloqué todo donde creía que se debía guardar y pasé la escoba. Unos minutos después, me senté a beber solo café. Y de repente, el timbre sonó, estaba por ir a ver el speaker pero golpearon la puerta del departamento.

Con la taza en mano fui a abrir la puerta, y sentí un escalofrío que me azotaba la espalda.

—Sé que debía avisar antes de venir… —estaba tomando sus cosas, yo la miraba. Llevaba el cabello largo color chocolate y estaba con un saco de invierno. —Pero tú nunca contestas mis llamadas, así que…

Se quedó callada cuando alzó la vista y se encontró conmigo, abrí bien grande los ojos y tenía ganas de salir corriendo. Era… ¡Era como la chica de la fotografía! Bueno, solo que no tenía la piel trigueña, era un poco más pálida y sus ojos no eran marrones, los de ella eran color avellana. Se desató una ola de adrenalina al pensar, por un instante, que era la novia a quién tenía en frente, pero era idéntica a ella, ¿Quién era?

—Ah… ¿Y Tom? —me preguntó dudando, yo miré el interior y sentí unos pasos, volteé a ver y los dos miramos como él caminaba medio dormido por el living, sobándose la nuca.

Nos miró y abrió bien los ojos, la jovencita pasó frente a mí con apuro, me empujó un poco y se tiró sobre él, abrazándolo. No entendía nada, ¿Quién era esa tipa? Dejé la puerta abierta y pasé por su lado mientras oía como ella le decía unas cosas, fui a la cocina a dejar la taza, comencé a sentirme extraño y necesitaba salir de aquí cuanto antes.

Caminé a la habitación, tomé mis pertenencias y me puse el abrigo, una molestia en mi pecho amenazaba con explotar, una bronca se atoraba en mi garganta y hacía las cosas con prisa. Salí a paso apresurado y la jovencita aún le seguía recriminando en la cara.

—Bill… —me llamó y me detuve en el camino. —Ella es Erica, es… Una amiga de la vieja escuela.

— ¡Encantada! —Extendió su mano y la estreché. Noté enseguida que me estaba sonriendo de manera forzada, el apretujamiento fue demasiado intenso a mi parecer. — ¿Tú eres el cantante de KillYa?

Miré a Tom, y él se sobó la nuca, ¿Por qué lucía nervioso? ¿Qué estaba sucediendo aquí?

—Eh, no, lo siento. —le dije frunciendo el ceño. —Tengo que irme, adiós.

Tom me miraba como indicando que no me fuera, tampoco me daba la cara para interrumpir el momento que la chica le estaba brindando, ella se había disculpado por la confusión y empezaba a enumerar quién sabía qué cosas. Saludé con la mano en alto y decidí salir antes de que sintiera que iba a explotar.

¿Por qué me sentía así? ¿Acaso fue por el pequeño susto de encontrarme con quién yo pensaba? ¿Por qué huía de esta manera? Me odié en silencio mientras descendía por el ascensor, sabía que estaba actuando como un idiota. De todas formas, tenía que irme porque no quería llegar tarde en el cambio de turno.

El móvil comenzó a sonar y lo busqué entre todas las porquerías que solía llevar en el bolso, lo tomé entre mis manos y el casero me abrió la puerta, le agradecí y miré la pantalla: Tom.

— ¿Qué sucede? —pregunté mientras caminaba a la parada del bus.

— ¿Por qué te fuiste rápido?

—Entro en una hora y necesito asearme —dije mientras iba atento a las pisadas, no quería caerme de cara al suelo o torcerme el tobillo, esas eran las situaciones más probables cuando hablaba por teléfono.

— ¿Acaso Erica te dijo algo malo antes? ¿Qué te dijo? —la desesperación en su voz me hizo frenar los pasos, aclaré la garganta.

—No, no me dijo nada — le respondí seguro. —Solo que al parecer se sorprendió de ver a alguien más en tu departamento.

—Yo… Ni siquiera sabía que iba a venir —exhaló el aire y yo apreté mis labios. —Te pasaré a buscar cuando salgas de tu turno.

Cerré los ojos, recordando su comportamiento de anoche, no quería negarle ese permiso, estaba haciendo un esfuerzo para no decirlo. ¿Por qué de repente sentía que me estaba por desmoronar? Suspiré y asentí constantemente.

—Esta bien —susurré y mojé mis labios, bajé el teléfono y lo bloqueé.

¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué me comportaba de esta manera si no había pasado nada malo? ¿O sí?

Al final del día, luego de haber estado con una laguna mental toda la jornada, mientras esperaba a Tom en medio del frío, me llegó algo:

Mensaje de: Tom. Sábado, 2:29 a.m

«Lamento no haber ido a buscarte, surgió algo de urgencia y no tuve tiempo de avisarte. Te llamaré después.»

Continúa… 

Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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