«Wünschen». Temporada I
Capítulo 15: Día catorce
¿En qué momento todo se fue al carajo? ¿En qué momento me descuidé tanto y sentía que todo había sido producto de un hermoso sueño? Había pasado tiempo desde que vi aquella muchacha entrar en el departamento de Tom como si nada, y el mensaje que me envió después de que llegué a casa; desde ese día, él no me llamó ni contestaba mis mensajes, y si lo hacía, respondía con tres horas de diferencia.
Aún recordaba el mal momento que pasé, pesqué una gripe por estar esperando a que pasara a buscarme esa noche. A pesar de ser Sábado, Dieter había cambiado el horario por un pleito que tuvo con los vecinos, así que por un buen tiempo no íbamos a tener abierta la taberna todas las madrugadas de los sábados.
Eran las dos y veinte de la noche, estaba esperando en la vereda a Tom, sentado y muriendo de frío. Zira se había ofrecido a acompañarme a casa pero le dije que vendrían a buscarme, más él no aparecía por ningún lado y ya había pasado como media hora desde que salí del trabajo. Tenía un nudo en la garganta pero intentaba disimularlo mientras cantaba en susurros a Britney. Pero la verdad era que quería ir a casa y taparme hasta el cabello con millones de frazadas, dormir hasta quedarme sin aire.
Él nunca llegó…
Ya estábamos en la quincena de febrero, era tan increíble las cosas que habían pasado en estas últimas dos semanas, pero para mí fueron años.
Pregunté a Andy si sabía de Tom en el estudio, pero él me dijo que la banda estaba de vacaciones hasta Marzo, por lo que nadie iba allí. Eso me preocupaba, si no estaba en el estudio y no me contestaba al teléfono de su departamento, ¿Dónde estaba? Me daban esas ganas de ir a buscarlo y preguntarle qué demonios estaba sucediendo, pero sentía que no podía hacerlo.
Solo había ido un día a su departamento y no me respondía nadie, decepcionado regresé a casa y las dudas no tardaron en aparecer.
Me sentía demasiado angustiado, no sabía nada de él, había desaparecido de la tierra, y solo me limitaba a mirar el teléfono, esperando alguna señal, intentando llamarle con la mente para que se acordara de mí de alguna manera. ¿Estaría pensando en mí? ¿Por qué me tenía preocupado de ésta manera? ¿Por qué mi corazón dolía demasiado por las noches?
Quería quemar todo, romper todo, evaporar todo, me dominaban esas malas vibras y no era bueno, ya que comenzaba a odiar a todo el mundo. Pronto me sentí tan identificado con el Bill de la secundaria, el que se molestaba cuando mi novio, en aquel entonces, se iba con sus amigos sin avisarme, o ni siquiera me contestaba los mensajes porque yo era realmente un rompe bolas profesional. ¡Pero y qué! En ese momento me tenía loco de amor y quería saber cómo se encontraba en el día, en verdad había tenido un primer amor de secundaria que había durado un buen tiempo, y ese mismo, había sido el primero que me destrozó por completo el corazón con una sola frase.
Me dejé caer en la cama cuando recordé porque no me acordaba de mi primer amor de secundaria. Eché un suspiro y extendí los brazos clavando la vista en el techo; mi mente era como la de una jovencita controladora, celosa y con ganas de asesinar a millones, más debía calmarme, ya era grande. Faltaban unos meses para mis veinte y aún me comportaba como una puber.
— ¿Por cuánto tiempo piensas estar encerrado? —la voz de Andy logró que me sentara en un segundo. — ¿No vas a desayunar? Mira que no quiero comerme todo el desayuno que Blas me mandó por este día.
Revoleé los ojos, hoy era catorce de febrero, ¿Saben lo que significa eso? Andy ya tenía su día planeado junto con Blas, y yo, bueno, yo estaba sin uñas por saber de Tom.
Aunque ya me había levantado temprano para ir a por mi taza térmica, tenía la laptop sobre mis piernas, mirando un documental de animales del ártico. Mi mejor amigo me dio una miradita, parecía sorprenderse de la pinta que traía: sin maquillaje, con el cabello totalmente revuelto y el ridículo pijama que usaba cuando andaba enfermo; aún tenía la secuela de la gripe, solo unos mocos y ya, la tos había desaparecido hacía unos días.
— ¿Qué demonios estás mirando? —avanzó hasta ponerse a los pies de la cama, volteó la laptop en su dirección y me miró sorprendido. — ¿Estás mirando documentales de animales? Qué mierda estas…
Abrió bien grande sus ojos, yo apreté mis labios y volví a cubrirme con las frazadas, bebiendo cómodamente el contenido de mi taza térmica. Él vino a mí y me arrebató la taza, la bebió a la fuerza y luego lo escupió a un costado.
— ¡Es leche tibia! ¡Qué horror! —decía limpiándose los labios con el dorso de su mano. —Tú solo miras y bebes esto al mismo tiempo cuando andas… ¡Oh, dios no!
—Andy, no empieces —le dije en tono severo. —No estoy deprimido… Solo estoy sin ganas de nada.
—No quiero que estés mal, tal vez él tiene cosas qué hacer, ya sabes, el trabajo de productor no es algo fácil, en mi opinión. —sabía que esas palabras eran para animarme, mi autoestima estaba por el suelo, y con la gripe que me atormentaba antes, todo era mucho peor.
Extrañaba hablar con él todos los días, desvelarme por las noches con conversaciones sin sentido, reírnos mientras hablábamos por teléfono a oscuras. Lo extrañaba muchísimo, quería saber, aunque fuera, que él estaba bien. Se había vuelto alguien importante en tan poco tiempo, y si no hablaba con él, sentía que mi cuerpo se iba debilitando de a poco. En parte sentía que por eso me había enfermado, y que por eso también andaba sin energía.
El trabajo me parecía una tortura, aunque había estado una semana con licencia por la gripe, la otra restante no dejaba de mirar la puerta cada que alguien ingresaba, tenía la esperanza de que él entraría y me abrazaría, me pediría perdón por hacerme sufrir de esta manera y todo se arreglaría.
Bill, soñabas demasiado.
—Vamos, tengo toda la mañana para ti —me estiró del brazo y yo parecía un costal de papas. —Anda, no te pongas como un niño, tenemos que hacer la compra mensual.
—Ve tú, siento que la gripe está volviendo —fingía, en realidad me estaba odiando por comportarme como un inmaduro, pero era la única forma de estar aislado de todo, sumergiéndome en las viejas conversaciones con Tom.
—Me importa un pepino, te vienes conmigo —me destapó y la laptop cayó al suelo, el audio del narrador se calló y deduje que se tildó o apagó por el golpe. —Ups.
—Bien, solo deja que me duche y vamos.
—Pero antes desayunaremos juntos —me dio un beso en la mejilla y se fue.
Qué remedio.
Una hora después, nos encontrábamos en el gran mercado. Yo llevaba el carrito y Andy iba hablando solo mientras observaba los productos, me preguntaba cuál era mejor y yo tan solo decía que cualquiera vendría bien mientras no estuviera vencido. Decidimos pasar por la sección de tecnología, porque Andy quería averiguar precios de equipo de música, solo teníamos una grabadora y estaba vieja.
Él se fue a averiguar, yo paseaba con el carrito a medio llenar, miraba los diversos tamaños de televisores, uno más grande y plano que el anterior, en verdad no sabía cómo era que no quedaban ciegos, yo estaría con la retina seca en un segundo. Mi carrito chocó contra alguien y miré hacia adelante. Atropellé a una anciana.
Se armó un berrinche tremendo y le pedí disculpas millones de veces. Me dijo que era un hijo de perra.
Y así está la sociedad hoy en día, señores.
Regresamos a casa con las compras, teníamos centenares de bolsas por todas partes. Las acomodamos y luego Andy se fue para ir a su cita con Blas, yo me encerré nuevamente en la habitación y corrí a ver el celular.
No tenía ningún mensaje de Tom, pero tenía uno de… ¡Georg! También había intentado contactarlo pero me mandaba al buzón directo, con desesperación me senté en la cama y leí el mensaje con algo de calma.
«Lamento no haber contestado antes, estaba en una extensa excursión. Y sí, Tom estuvo conmigo en todo este tiempo, no teníamos señal donde estábamos.»
Sentí que el alma se me volvió al cuerpo de forma bruta, me desplomé en la cama y cerré los ojos, eché un agotador suspiro y quise odiarme nuevamente por crearme falsos rumores en la cabeza. Era demasiado prepotente cuando quería, y solo había sido un mal entendido.
Un momento, si él tenía señal, y supuestamente ya habían regresado, entonces Tom tendría que… ¡Mierda! La última vez le dejé como cinco llamadas y diez mensajes, esperaba que no pensara mal. Me quedé mirando el teléfono, aguardando porque contestara alguno de esos recados.
Pasaron diez minutos, y nada. Me fui a preparar el almuerzo y regresé a verificar, nada. Limpié mi habitación, tiré la bolsa de pañuelos y mocos, volví, nada. Llegué a ver una película que hacía años no miraba, fijé la pantalla, y nada. El día se pasó volando y él aún seguía sin contestarme. Yo tenía unas ganas de llamarle o enviarle algo, además, era día de San Valentin, ¿Era correcto decirle Feliz día?
No, no éramos nada, ¿O sí? Bueno, no tenía que dudar ante eso, teníamos una relación no aclarada, más no me sentía seguro, ¿Y si le metía presión? Mierda, ¿Por qué actuaba como un estúpido? Por estas cosas me odiaba. Pero por otro lado, siendo honestos, me alegraba ser así, había pasado mucho tiempo desde que había sentido lo que ahora, y sabía que era culpa de Tom.
La necesidad de estar con alguien, el deseo de ser correspondido, de que se preocuparan por ti, todo eso tomaba lugar nuevamente en mi interior. Por instantes me sentía bien, y otras inquieto, y eso tenía que ver con lo que mi corazón idiota sentía por alguien. El amor te hacía un imbécil, pero un imbécil lindo, porque le mostrabas una sonrisa honesta a los demás al confesarles que estabas… Enamorado.
¿Qué irónico, no? Hacía unos días tenía el autoestima por el subsuelo, y ahora tenía esa esperanza de volver a compartir buenos momentos, suponía que así era como las cosas se daban. O por lo menos esto era lo que me pasaba cuando quería mucho a alguien, me volvía un tipo bipolar, pero de la clase idiota, como Alex me había dicho aquella vez.
Estaba tan desesperado que empecé a leer apuntes de la universidad. Lo raro era que ya no recordaba tanto a Benjamín, solo cuando Andy me hacía caras, demostrando que ya quería irse. Sonreí ante esos recuerdos, podría decir que extrañaba un poco cursar por las mañanas e ir a la biblioteca en las tardes. Eran momentos únicos porque encontrabas la paz cuando leías, todo era silencioso y perfecto, nadie te molestaba, se respetaba el lugar.
Me recosté en la cama, leyendo los apuntes y no supe en qué momento, me quedé profundamente dormido…
Me exalté cuando oí un estruendo espantoso, mi pecho subía y bajaba y escuchaba la lluvia, ¿En qué momento se largó? Estaba todo oscuro y salí de la cama caminando como un zombie, Andy todavía no había llegado, suponía que tampoco iba a llegar hoy.
Fui a buscar el celular para ver la hora, somnoliento, refregando el ojo con el dorso de la mano, quitando el maquillaje, miré la pantalla. Había un mensaje de Tom, así que rápidamente, y decía rápidamente porque por estúpido se me cayó el celular al ver el remitente. Me agaché y lo tomé entre las manos, leí el mensaje con los latidos del corazón en mi cabeza.
«¿Estás en tu casa? Estoy yendo»
Miré la hora en la que lo había enviado. 22:46. Fijé la hora actual. 23:38.
¿Habrá pasado algo?
Salí al comedor, bebí la botella de jugo de naranja que dejé en la tarde, por el ventanal se veía la ciudad y la tormenta que se había largado, relámpagos y truenos se apreciaban. No le tenía miedo, solo era una simple tormenta, pero habían quienes no podían dormir, no sabía porqué les daba pavor las tormentas, solo era agua.
Marqué a Tom. De a poco caía en la cuenta de que me había contestado, aunque solo fuera uno de trescientos en todos estos días, lo que importaba era que estaba bien, y que vendría a verme. Tal vez se le había complicado por el tema de la tormenta, ¿Y si algo le había pasado?
La adrenalina me golpeó y la incertidumbre me llevó a marcarle como un condenado repetidas veces, pero todas me llevaban al buzón. Carajo, ¿Y si le había pasado algo? Llamé a Georg, pero tampoco me atendía, ¿¡Qué mierda estaba pasando!?
Paranoico, comenzaba a ir de un lado a otro, quería salir pero no sabría a donde ir, aunque eso no me importaba, con tal de intentar rastrear a Tom como fuera me bastaba. Sí, eso iba hacer. Me importaba una mierda si recién me recuperaba de una gripe, lo más primordial ahora era encontrar a Tom.
Me calcé mis botas, me puse el abrigo de invierno sobre el pijama, me importó un bledo todo. Descendí por el ascensor mientras jugaba con el peso de mi cuerpo llevándolo de un pie a otro, tenía el celular en el bolsillo del pantalón por las dudas; sabía que estaba hecho un desastre, más no era tiempo de arreglarse.
Las puertas se abrieron y salí corriendo, podía oir el sonido sin piedad de la lluvia golpeando los suelos, de las ráfagas de viento que azotaban lo que podían. Miré al exterior y parecía el calvario eterno, me armé de valor y coloqué la llave, la giré y al abrirla me saludó un viento feroz. Entrecerré los ojos y unas gotitas ya me empapaban el rostro.
Me abracé mientras transitaba lentamente, quería inclinarme para ver la calle y no fue posible, ya que una mano se estampó contra la pared de mármol del lugar, fijé la misma y reconocí ese tatuaje, también el objeto que tenía en la mano. Estaba toda mojada, sus venas le recorrían toda la piel y se notaba mucho, acribillaba contra la pared un pequeño ramo de rosas que estaban algo destruidas, algunas con pocos pétalos y otras que ya estaban por caerse. Deslicé la vista por su brazo hasta conectar con su rostro.
Su respiración era agitada, estaba completamente empapado y me observaba a los ojos de forma directa, unas gotitas descendían por sus cejas y se colgaban de sus pestañas, pero eso no le molestaba. Me quedé sin aire, lo tenía frente a mí después de varios días sin verle, estaba tan anonadado que apenas podía respirar con normalidad. Bajé la vista al brazo que colgaba y tenía un oso totalmente bañado, un poco sucio, vaya uno a saber qué demonios había sucedido.
Volví los ojos a él, parecía que no aguantó más y se me tiró encima, abrazándome, mojándome por completo. Me quedé mirando el edificio del frente mientras él se sumergía en mí, sintiendo la calidez de su cuerpo contra el mío, la coordinación de nuestros latidos me advertían de algo.
Los dos estábamos contentos de volver a vernos.
Lentamente, mis brazos buscaban su espalda, se desplazaban tomándose el tiempo del mundo, mientras sentía su prenda fría entre mis dedos, al encontrar el lugar perfecto se aferraron y lo estrujé contra mí, sintiendo nuevamente su perfume, su calor. Cerré los párpados, aguantando esa incomodidad en la garganta, evitando cualquier acción estúpida de mi parte.
No hacía falta decirnos algo, el que estuviera dándome este abrazo de reencuentro lo hacía innecesario. Tragué saliva dos veces para aparentar que no estaba por llorar de la emoción, lo había extrañado tanto que temía porque fuera parte de un sueño.
—Lo siento… —habló, luego de eso un estruendo se apoderó de nosotros. —No he podido comunicarme contigo y en verdad lo siento.
Tragué fuerte, estaba a punto de desmoronarme si no fuera porque él me sostenía entre sus brazos, quería que permaneciera así todo lo que restaba de la noche, soportando el frío, mojándome aún más con el pasar de los minutos. Con tal de que Tom estuviera así conmigo, podía soportar lo que fuera.
Y era que te habías vuelto parte de mí.
—Estás temblando —dije en un susurro, sintiendo como su cuerpo tiritaba contra el mío. Nos separamos y le sequé la cara con mi abrigo, pasando el puño con delicadeza. —Entremos y hablaremos más cómodos.
Buscó su mano con la mía y la entrelazó, ambos miramos la unión y sentí que mis mejillas se pusieron demasiado cálidas, apreté mis labios, ingresamos al lobby y nos metimos al ascensor. No perdí la oportunidad y conseguí abrazarlo otra vez, él dejó que lo hiciera y me acurrucó como pudo. Anhelaba tanto cuando me sentía bajo sus alas, era toda una experiencia que aprovecharía cada que pudiera.
Sentía unas gotas que viajaban por mi frente, pasando muy cerca de mis ojos, estaban fríos y mi piel se erizó por aquello. Me dolía en la zona del pulmón derecho, era una constante punzada, no sabía si era de felicidad o estaba por morirme en este instante de volver a verlo.
Al llegar al piso, fuimos en silencio a mi departamento, dejó el oso y el ramo sobre la mesa del comedor, lo llevé apresurado a mi habitación y le di una toalla. Él comprendió que necesitaba un baño caliente y se metió sin decirme nada, la situación se llevaba sin conversación, con el único sonido que provenía de la tormenta y de nuestros pasos.
Cerró la puerta y yo me quité el abrigo, hice lo mismo con el pijama y me puse una ropa de entre casa, comencé a buscar prendas para Tom. Encontré unos joggins que me había comprado para ir al gimnasio, algo que nunca hice, eran nuevos y a mí me iban un poco grandes. También encontré una remera lisa que le pertenecía a uno de mis primos, y un sweater enorme negro desgastado de algodón, que usaba a menudo en la secundaria en esos días de intenso invierno.
Se lo di y fui casi corriendo a la cocina. Mi corazón latía con mucha fuerza, la adrenalina no me dejaba en paz y todo porque lo había vuelto a ver. Preparé café y corté el budín que Andy me había obsequiado por San Valentin. Al tener todo listo, los puse en la bandeja y fui al comedor, lo deposité en la mesa con sumo cuidado y aumenté la calefacción. Encendí el televisor, lo dejé en un canal al azar y me senté en el sofá para dos, aguardando a que Tom saliera.
Miraba de manera constante el pasillo, abrazando una de mis rodillas, apoyando el mentón en ella. No dejaba de temblar de los nervios, la molestia de la garganta empezaba a desaparecer y se trasladaba al estómago.
Oí el sonido de la puerta al cerrarse y me erguí en el sofá, tragué saliva y me hacia el de mirar la tele, pero no pude evitar ver de reojo cuando se asomó. Tenía el cabello mojado y suelto, con la toalla rodeándole el cuello y vestido con lo que le había dado, le iba bien. Inspiré profundo al admirarlo de esa manera, la última vez que había podido verle así fue la noche anterior a su desaparición.
—V-Ven, hice café. —titubeé y quise morirme. Me levanté y los dos nos sentamos en la mesita pequeña. —Toma un poco, estabas muy frío.
Quería hablarle, pedirle disculpas por el centenar de mensajes y llamadas que le había dejado, por querer odiarle sin razón alguno, por pensar mal de él y de la chica, por crearme un falso cuento en la cabeza, por tratar de mentiroso a Hagen al sospechar que los estaba cubriendo. Quería decirle que lo sentía, me estaba haciendo una mala suposición debido a que había tenido relaciones pésimas anteriormente, y me habían dejado ese trauma de desconfianza y abandono.
Tomábamos las infusiones con calma, pero yo no lo estaba, ¡Claro que no! Me moría de ganas por hablarle, más no comprendía porqué no lo hacía. Movía mis piernas como si tuviera frío, miraba el oso que estaba mojado y con algo de suciedad, las rosas que parecían haberse topado contra una jauría hambrienta.
—Tom…
—Bill…
Los dos nos miramos, mis mejillas ardieron y sonreí, él hizo lo mismo. Me sentí nuevamente en el jodido cielo, o en aquella utopía a la cuál solía viajar cuando necesitaba un poco de calma y salir del estrés laboral. Una sensación conformista y llena de alegría se almacenaba en mi pecho, dejando otra de sus semillas para que volviera a crecer aquel buen augurio.
— ¿Qué ibas a decir? —le cedí el lugar, se mojó los labios luego de beber un poco, y suspiré.
—Feliz día de San Valentin… —Estiró su brazo para tomar esos dos objetos que traía consigo cuando le vi empapado. —Mi auto se quedó a mitad del camino, decidí venir corriendo como en una película romántica y me tropecé… dos veces.
Sostuve entre mis manos los regalos, él lucía apenado pero para mí esto tenía un valor altísimo. ¿Cuándo había sido la última vez que me habían obsequiado algo así? Mejor dicho, ¿Alguna vez me habían regalado algo? Benjamín era un descarado, Alex no era de regalar cosas, solo me hacía cenas exquisitas. Pero esto…
Lo dejé de forma rápida sobre la mesa y me paré, fui a él, me incliné y lo besé.
Nuestros labios se deseaban tanto que se acariciaban con tanta hambre, sintiendo ese aroma a café dulce, devorándonos todo lo que no habíamos podido hacer en estos largos días. Él se puso de pie, tiró de la toalla cayendo al suelo y su silla chilló, meneaba la cabeza de un lado a otro, sintiendo su lengua dentro de mi boca, marcando territorio de nuevo. El nudo en el estómago iba desapareciendo, las estúpidas mariposas revoloteaban, mi corazón latía con prisa al tener este contacto y en mi cabeza se había creado un torbellino.
Me abrazó por la cintura y me llevó hasta la mesa, donde mi trasero chocó con la misma y yo di un pequeño salto. Me reí dentro del beso y continué besando sus labios, rozando su pecho contra el mío, sintiendo que nuestras respiraciones se agitaban cada vez más por la intensidad.
Lo había extrañado horrores, y quería que permaneciera conmigo despierto esta noche.
Y ojalá fuera eterna.
Continúa…
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