«Wünschen». Temporada I

Capítulo 16: Reira

Su calor corporal me envolvía lentamente, su aliento mezclándose con el mío a medida que nos besábamos aumentaba más la intensidad del deseo. Sus dedos acariciaban mi barbilla y sonreía ante aquel gesto, en mi estómago no había más que mariposas tontas chocándose entre sí debido al ambiente romántico en el que estaban volando.

Nuestros pechos se rozaban, mi respiración entre cortada y sus labios sabor café eran una condenada guerra; quería separarme para tomar aire y a la vez quería que se llevara todo de mí con tan solo un roce de labios. Estaba totalmente cautivado por la situación, y era que lo había extrañado tanto que quería que me besara hasta que nos quedáramos sin saliva.

Bajó su mano por mi espalda desnuda hasta la curva de mi trasero, entonces lo apretujó, atrayendo su cuerpo con el mío, sintiéndolo más dentro de mí. Me estremecí y jadeé dentro de su boca, comenzando a dejarme llevar por la excitación que ya estaba en marcha.

Sus labios se separaron de mi boca y yo hice la cabeza para atrás. Con sus labios iba delineando con suavidad mi cuello, eso hacía de mí un ser armonioso vagando en la más lejana utopía, condenado a las ilusiones, elevándome cada vez más alto. Acorde al roce de su piel con la mía, iba adormeciendo mi peso con cada embestida, liberando chispas de lujuria incontrolables.

Apretaba los párpados, sintiendo como me estremecía con sus movimientos, estaba sumergiéndome en un mar libidinoso, y al mismo tiempo, tenía una emoción que no podía calificarla. Me sentía con ganas de llorar, de reír, y no paraba de pensar, me sentía un idiota por no decidirme con mis emociones.

Y más allá de que me ponía a debatir en vez de disfrutar, la parte corporal se acoplaba a las acciones de Tom, y eso, en una parte de mí, lograba desatarse una calumnia debido a lo excitante que se ponía la situación.

En lo que llevaba la noche, ya era la segunda vez que lo hacíamos y en verdad me estaba sintiendo extraño. No podía negarme a su pedido, yo también lo quería, pero me venía esa sensación rara, más el sentimiento de satisfacción se venía completando con cada roce de su pelvis contra mi cuerpo.

A diferencia del resto de las personas, yo no podía tener la mente en blanco cuando pasaba… eso. Pensaba en todo, ¿Tom qué sentirá? ¿Sentirá lo que yo? Estaba más que claro que me gustaba, ya hasta había admitido estar enamorado de él, claro que solo me lo confesé en el espejo. Pero, ¿Él que sentía por mí? ¿Tenía que preguntarle? ¿Qué éramos exactamente?

Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando sentí nuevamente sus labios sobre los míos, marcando con su lengua mi boca, dejándose llevar por la lujuria que ya estaba por llegar al punto final, porque en mi interior me daba una sensación de cosquillas. Sus caderas conducían mis movimientos, mientras hundía cada gemido succionando sus labios, deseando que jamás terminara.

Y otra vez me iba de la realidad.

El sudor de mi frente descendía por la sien, fruncí las cejas y unos cabellos de Tom se postraron en mis mejillas. Abrí los ojos, él separó sus labios de los míos, entonces cerró los suyos y pude admirar su rostro de satisfacción al estar dentro de mí.

Se me dibujó en la cara una débil sonrisa, no tenía demasiada energía; en la primera se había llevado todo de mí, más ahora estaba usando la de reserva.

¿Cuándo iba ser el momento ideal de preguntarle? ¿Estaba bien si le decía que le quería? Lo quería, demasiado, tanto que podía dar mi alma a cambio de esta noche infinita.

Me erguí cuando su mano se posó en mi miembro y le miré, comprendí lo que quería hacer y solo asentí. Entonces el escalofrío me recorrió la espalda y la piel se me erizó al percibir como me daba ese placer que me retorcía y me aguantaba para no romper el encantamiento. Me mordía el labio mientras sentía como una brisa del infierno me rozaba cada parte de mi cuerpo, llamando a que el final se aproximara más rápido de lo que debería.

Sus embestidas iban acorde a su caricia salvaje, logrando que nuestras respiraciones perdieran el control y esa magia ya comenzaba a desatar su fruto. Oí su glorioso jadeo, y luego, como tomaba una gran bocanada de aire, yo sentía como su esencia se esparcía por mi entrada; eso, de forma inmediata, logró que mi excitación llegara a su punto máximo, entonces me aferré a él mientras le dejaba parte de mí sobre su cuerpo.

Respiraba como si hubiera corrido una maratón de mil kilómetros, exagerado y pidiendo un poco de agua fría para refrescar mi garganta. Pero el cansancio me ganaba, cerré los ojos mientras me desplomaba en la cama, Tom salió de mí y yo me hice un ovillo, él me tapó con la frazada que estaba a los pies de la cama y me besó el hombro. Se levantó luego de rozar nuestros labios, se metió al baño y yo tan solo intentaba recuperarme.

Me propuse descansar un poco hasta que Tom saliera, me daría una ducha y dormiría.

Pero esos planes se llevaron a cabo al revés.

Me desperté cuando la jodida alarma comenzó a sonar, di vueltas en la cama como un pionono dulce y estiré el brazo para apagar ese condenado aparato. Había algo raro en mi desplazamiento, hubiera pasado encima de alguien, pero ese alguien no estaba. Abrí los ojos y me senté de repente, estaba desnudo y el cabello parecía un nido de ratas.

Miré a mi lado, Tom no estaba. Fui a la orilla y tomé lo primero que había encontrado, fui en pantalón por la habitación. Pasé por el comedor y todo estaba como la noche anterior, el oso estaba acostado debido al golpe brusco que habíamos dado al besarnos, las flores parecían traídas de un funeral. Ingresé a la cocina y no había rastros de él, volví a mi cuarto y busqué el celular: lo encontré tirado en una esquina.

Tenía un mensaje de él, entonces lo leí de inmediato.

«Tengo que hacer unas cosas en el estudio, luego te llamo.»

Me tenía preocupado el hecho de que su mensaje no derrochara nada lindo, quiero decir, anoche pasó algo, ¿En verdad pasó? Pronto me sentí nostálgico, Benjamín me trataba de esa manera y un vacío se apoderó de mi pecho, haciendo que retrocediera hasta dar mi espalda contra la puerta, anonadado y perdido entre el tiempo y mi sensibilidad estúpida.

No, no debía hacerme suposiciones, tal vez estaba dormido y salió apurado. Tampoco podía pensar cosas tan negativas, solo fue un impulso apresurado, ¿Verdad?

¿¡Por qué me hacía drama por todo!? Ni yo me entendía porque armaba cuentos que no eran.

Me metí al baño para ducharme y sacarme toda la negatividad. Y era que esto había surgido desde que esa chica se paró en la puerta del departamento de Tom. Aún no sabía quién era exactamente y el hecho de que él desapareciera justo cuando ella se presentaba, hacía que mi cabeza no dejara de pensar cosas que, preferiría y por el bien de mi estado mental, no fueran nada malo.

Al salir, escuché la puerta, como un tonto fui corriendo y la decepción me ganó, Andy ingresaba con una sonrisa de oreja a oreja.

—Eehh, ¿Qué es esa cara? —me preguntó.

—Tom vino anoche… —me miró con seriedad. —Y se fue temprano en la mañana.

Le conté muy por encima lo que sucedió, desayunamos juntos y él me dijo que podríamos ir a estirar las piernas. El día estaba lindo, y ya que me había levantado temprano un sábado, tenía que aprovechar.

Cerca del mediodía salimos abrigados, aunque milagrosamente no hacía tanto frío. Andy quería comprarse un cd así que fuimos a la tienda caminando. En el trayecto, él me comentaba la noche romántica que había tenido con Blas, se lo veía tan feliz que sonreía solo porque lo veía contento.

—No entiendo como es que esperé tanto para terminar saliendo con él —decía mientras fumaba tranquilo.

—Tal vez solo querías estar seguro de lo que sentías.

Al llegar a la tienda más cercana, mi mejor amigo se emocionó demasiado al ver la pancarta de KillYa en la pared, y como si fuera una entrada anunciada, de fondo se oía una de sus canciones. La emoción que emanaba de su rostro no se la quitaba nadie. Fue corriendo a preguntar por el CD y yo solo miraba y movía la cabeza al ritmo de la música.

Mi móvil empezó a vibrar en mi campera, como un loco lo saqué de bolsillo y miré la pantalla, una llamada de Georg. Me exalté y atendí al instante.

— ¿Hola?

Hola, Bill, ¿Tom está contigo?

—Ah… No —el tono de su voz era preocupante, pero para tener mejor comodidad decidí salir afuera. —Se fue en la mañana, ¿Por qué?

Es que estoy llamándolo y no me contesta, ahora mismo estoy yendo a su departamento. —me decía alterado, ¿Por qué lo estaba?

— ¿Qué sucede?

Ah, hoy es un día complicado para él, por eso debo ir a verlo de inmediato.

Me quedé mirando la calle, ¿Qué había pasado? Un dolor punzante acribilló mi pecho y me dieron esas ganas de ir a verlo cuanto antes, le dije a Georg que iría y que me esperara, él dudoso lo aceptó. Al cortar, entré para buscar a Andy y ya venía con su bolsita de plástico y el cd adentro, le dije que me acompañara y juntos nos fuimos al departamento de Tom.

Por mi cabeza pasaban las peores cosas, ¿Y si estaba en el estudio? Pero en todo caso Georg lo hubiera sabido, ¿Qué era lo que estaba mal? Me encontraba impaciente, con un nudo en la garganta terrible y mis labios temblaban. Andy parecía notarlo y se ponía nervioso también.

Cuando llegamos, Georg nos saludó y llevaba una expresión realmente alarmante.

—Recién llego, toqué el timbre y nadie me atiende —paseó su mano por la cabeza, ¿Por qué estaba de esa manera?

— ¿Pero pasó algo? ¿Por qué lo buscas? —fruncí el entrecejo, observaba como él se mojaba los labios con desesperación, yo negué con la cabeza. Acaso… ¿Acaso tenía que ver con su pasado?

Caminé y toqué repetidas veces el timbre. No, no tenía que ser por eso, ¿O sí? Apreté los labios al no conseguir respuesta y continué con mi impulso masivo. Entonces oí como descolgaban y Georg se puso a mi lado.

— ¿¡Ah, quién es!? —era una voz femenina, me quedé mirando esa placa dorada como si fuera lo más desconocido del mundo. Aquella voz le pertenecía a esa jovencita que había visto, tragué saliva fuerte, el nudo en la garganta provocaba que la molestia se fuera a mis labios y comenzaran a temblar de la impotencia.

— ¿Erica? ¿Dónde está Tom? —miré a Georg.

—No lo sé, recién me despierto. —hablaba como una niña caprichosa.

— ¡Ve a su habitación, y si no está, te quiero abajo en cinco minutos! ¡Hoy es quince de febrero!

Se alejó mientras buscaba algo con mucha prisa, Andy al parecer lo captó y le tendió su paquete de cigarrillos. Genial, el confundido era yo. Intenté tranquilizarme pero no paraba de temblar, estaba con el corazón en la boca y no entendía absolutamente nada.

— ¿Qué está pasando? ¿Por qué no me dices nada? —le pregunté mientras iba en su dirección, entrecerró sus ojos mientras inhalaba.

—Sé donde puede estar Tom…

Íbamos en el auto de Georg, Erica estaba sentada adelante mientras llamaba a Tom, era más histérica que cualquier mujer que conocí en mi vida. Insultaba al teléfono cuando lo mandaba al buzón y se odiaba por haberse quedado dormida y no haberse dado cuenta de esta fecha. ¿Quince de febrero? ¿Por qué tanta importancia a este día?

Andy miraba por la ventana y yo ya no tenía uñas, me las había comido de nuevo, me molesté conmigo por haberlo hecho. A la mierda, todo esto me estaba frustrando, lo hacía peor porque ninguno me decía exactamente a donde estábamos yendo. Me recosté, inquieto, moviendo mi pierna como si fuera el vibrador del celular, mojando mis labios de la ansiedad, deseando que Tom no estuviera en una situación grave.

La confusión fue peor cuando reconocí que estábamos llegando al cementerio. El vehículo se detuvo en el estacionamiento y yo sentí un escalofrío recorrerme la espalda, miré adelante y los dos se dieron un vistazo, Georg asintió y salió.

—Es aquí, niños. — ¿Niños? ¿Ella nos decía niños? ¿Cuántos años tenía?

Al salir del auto, se podía detectar una brisa de invierno, mezclado con una pizca de primavera. Las paredes de ladrillos altos y gruesos cubrían el refugio de los muertos, la reja de barrotes de hierro negro, daban un aspecto de película de terror. Ellos empezaron a caminar y yo les seguía, Andy tenía la cabeza gacha, y yo no entendía nada.

Miraba la cantidad de casitas a mi izquierda, todas con estatuas y diseños casi similares, con los apellidos en las partes delanteras, lucían demasiado abandonados, de seguro eran los más antiguos. Erica parecía sollozar y Georg le daba palmaditas en la espalda, me provocaba tanta empatía su estado, todo este ambiente me ponía un poco sensible.

Nos metimos por el sector de galerías diecisiete y dieciocho, y miles de cruces o placas de mármol con adornos se esparcían por todo el cementerio. Habían unas cuantas personas que se encontraban en el lugar, y Georg pareció suspirar de alegría cuando reconoció a Tom. Estaba lejos, apartado de la realidad, donde las cruces y las tumbas ya no habitaban una al lado de la otra.

Se encontraba de rodillas, con la vista clavada al suelo, en su mano tenía… Una botella. Dios, ¿Cómo era posible? Empecé a trotar, empujando a Andy que estaba adelante, juré que oí una advertencia de Georg pero la ignoré por completo, también que Erica le decía algo a él. No me importaba, quería saber qué estaba sucediendo con Tom.

De trotar pasé a una carrera, mis piernas respondían por si solas, mi cabello se movía de forma violenta y mi respiración se aceleró al instante. Tom seguía ahí, ido de esta tierra, al acercarme, noté que tenía el rostro rojizo, como si estuviera llorando por años.

Me detuve al instante, a unos cuantos pasos de frente a él, recuperando el aliento. Mirando más de cerca como lloraba con desesperación, sus espasmos fueron puñales, su expresión me lo decía todo. Tragué fuerte y caminé despacio, pisando el césped húmedo debido a la tormenta de la noche anterior.

—Lo siento… —susurró él, su voz estaba quebrada. No me había notado sino segundos después, cuando alzó la mirada y se encontró con la mía. Me quedé estupefacto ante sus ojos, emanaban una pena que me comía el alma.

Miré la placa en cuanto estuve cerca.

Reira Williams…

Continúa… 

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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