Nota: Hola! En este capítulo habrá distintos recuerdos de Tom, les aviso por si se pierden.

«Wünschen». Temporada I

Capítulo 18: Su recuerdo

—Tom… Tom… ¡Tom! —oía sus gritos, y en cada llamado se alteraba más, me sacudió con desesperación y por dentro quería reírme de la broma. — ¡Puta madre, voy a vender todas tus gorras!

Abrí los ojos y ella tenía una expresión desconcertante, tenía los suyos brillosos, los labios temblaban y ahogó un gemido al ver mi sonrisa victoriosa. Seguido de aquello, me dio una leve cachetada y no me pude resistir, por lo que entré a reírme mientras depositaba mi palma en la mejilla, sobando un poco por el pequeño ardor que sentía.

—No vuelvas a hacer eso —a regañadientes se levantó de la cama y yo me senté. Ella estaba al borde de la misma, me daba la espalda y veía que efectuaba unos espasmos, oí su sollozo y el modo de burla ya se fue al carajo. —Sabes… lo feo que es eso… Lo sabes…

Se limpiaba con el dorso de la mano y yo me arrastré hasta quedarme a su lado, se cubría la nariz y las lágrimas se sumergían en su sweater gris. Sus ojos color café fijaban el suelo y esas mejillas rellenitas estaban coloradas; me agarró un escalofrío y me incliné a mirarla, ella corrió su cara, haciendo que su cabello lo cubriera para esconderse.

—Hey… Era una bromita —le dije apenado, no quería que se pusiera en ese plan.

Escuché una risa totalmente diabólica y ella se giró con una sonrisa pícara, me vino el alma al cuerpo y el alivio reinó en mí. Reira era peor que yo con las bromas, eso era lo que me gustaba de ella.

Me miró con sus ojos tiernos y su sonrisa era inigualable, me golpeó el pecho y se levantó de un golpe.

—Siempre caes en mis manos —dijo arremangándose la camisa concentrada. Me puse frente a ella, tomando su cintura y mostró esa tímida sonrisa, todas sus sonrisas eran perfectas para cada momento.

—Y siempre caeré. —le dije y la besé.

Abrí los ojos al recordarla, mientras yo seguía vivo ella iba a permanecer en mí, entonces… ¿Por qué dolía tanto el recordarla? Se suponía que debía estar bien, estar a gusto de que ella se quedara en mí mente. Sin embargo, me faltaba el aire cada que la pensaba, y cuando pensé que estaba de regreso, mi cordura se fue al carajo, perdiendo la coherencia y dejándome llevar por lo que creía.

Pero, siguiendo lo que dictaba mi corazón enfermo, llegué a lastimar y preocupar a la persona que ahora quería. Y eso me hacía sentir un miserable, el ser más estúpido de la tierra.

Y era que yo no podía expresarme tan bien como quería, a veces reprimía ciertas cosas y lo trataba de ocultar siendo bromista, creía que así también llegaría a las personas. Lo lograba, pero en exceso era un problema. Bill lo había dicho, él vio que en mí las cosas no marchaban bien, que yo intentaba fingir que nada sucedía, cuando en verdad no podía dejar de pensar en ella.

Jamás se lo hice saber, no porque no quisiera, sino porque no podía. El alma se me desgarraba cada que me hacía la idea de que ella podría estar cerca de mí, como si nada, como si nunca hubiera sucedido aquel día infernal esa mañana de febrero.

Miré la botella de vodka, y lo bebí de un solo estar. Sus recuerdos me atormentaban, me hacían bien y mal, era todo un círculo bipolar que me obligaba a recurrir a esa vía de escape que creía milagrosa.

Ella corría mientras me tironeaba por las escaleras, se reía de manera preciosa y yo tan solo esperaba a que me dijera esa buena noticia. Ingresamos a su habitación y cerró la puerta antes de que su madre nos viera, me aceptaba como el novio de su hija pero no quería que nos encerráramos en la habitación. Me hizo sentar en la cama y ella fue a su escritorio, contemplé el cuarto por milésima vez, era color morado y estaba repleto de posters de bandas indie, también tenía una sección de fotografías en la pared donde estaba su cama. La mayoría eran de nuestro grupo y resaltaban aquellas en las que estábamos los dos, haciendo alguna tontería o dándonos besos y abrazos.

Me giré cuando ella se emocionó al conseguir lo que quería. Tenía en sus manos la pantalla de su laptop, me le extendió sobre la cara y lo movió de un lado a otro presumiéndolo.

— ¿Adivina a quién aceptaron en la universidad? —Tomé la laptop y lo apoyé en mis rodillas, miré el correo que le enviaron a su cuenta y ahí estaba… La aceptación a la universidad que tanto quería.

Alcé la vista y ella movía su cuerpo de un lado a otro como si tuviera vergüenza, dejé la laptop sobre la cama y, al levantarme, llevé mis manos a su nuca y la besé. Le dejaba cortos besos por toda su carita y ella se reía y movía su cabeza, le divertía, se reía y cerraba un ojo al ver que le besaba el párpado.

—Te dije que lo conseguirías —le besé la punta de la nariz y juntamos nuestras frentes. Oí su sollozo de satisfacción por lograr uno de sus tantos objetivos, la emoción que emanaba no se la quitaba nadie y yo estaba orgulloso de ella.

—Para que sepas, no estoy llorando de felicidad. —se separó de mí mientras se sentaba en la cama y me di la vuelta para verla.

Sus ojos y los míos se encontraron. Ambos sabíamos lo que significaba la aceptación a la universidad, varias veces habíamos hablado del asunto, y ella siempre terminaba llorando mientras yo la abrazaba con fuerza. Ella se ponía sensible con respecto a eso y se le pasaba después de unos cuantos días.

—Reira… —le llamé casi en un susurro y ella suspiró. —si no quieres separarte de mí…

Me incliné ante ella, me observó confundida y se barrió la lágrima que descansaba en su mejilla. Apoyé una rodilla en el suelo y tomé su mano entre la mía, la otra buscó en el bolsillo aquella cajita de terciopelo negro. Oí un gemido de su parte y se acomodó en su lugar. Abrí la cajita y se dejó ver un anillo con diamantes pequeños, con sus bordes bañados en oro.

—Obvio que no voy a pedirte matrimonio porque a la primera me dijiste que no —estaba desanimado por su rotundo no, pero entendía cuando me decía que todavía era joven. Eso me daba esperanzas en el futuro.

—Entonces… —miró el anillo y tenía una sonrisa de oreja a oreja.

—Es un símbolo para pactar que estaremos juntos siempre. —tendió su mano y le puse ese anillo que quedaba precioso en su dedo.

—Nunca eres cursi cuando estás con Hagen y Gus —se cruzó de brazos. —Pero me alegra que lo seas cuando estamos solos.

Extendió la mano para poder admirar la misma y yo no podía dejar de mirarla. Ahora íbamos a estar juntos por siempre.

Por siempre…

Presioné los párpados, el alcohol empezaba a hacer su efecto y la garganta ya no me ardía, el vodka puro hacía el trabajo de adormecer mi cuerpo y sentirme como en el cielo.

Aún no podía aceptar que ya se había marchado, y mucho menos que había regresado siendo otra persona. Era imposible que eso sucediera, era de persona cuerda creer que había regresado a mi vida como si nada, y que yo lo tomara tan a la ligera, cuando a la larga se hacía cada vez más dolorosa.

Bill no merecía sufrir de esa manera, era tan absurdo intentar quererle haciendo de cuenta que era otra persona. No era de persona razonable, sino de una que estaba enfermo de amor por alguien que ya no estaba a su lado.

Me odiaba por eso, cada que hablaba con él más me escabullía en los recuerdos y esa tonta idea, jamás se apartaba de mí el mensaje que Reira, mi Reira, decía ante algún suceso inesperado. Sin embargo, aquel suceso surgió aquella mañana fresca de febrero.

Yo sabía que debía acompañarla, ella no estaba bien, yo tampoco porque la veía demasiado triste, pero cuando recibió ese correo se podía notar un poco de esperanza en sus hermosos ojitos. Era un momento duro para ella y su madre, el imbécil de su padre brillaba por su ausencia y ellas intentaban salir adelante sin importar los problemas que se les presentaban.

—Llueve demasiado… —decía mientras yo gruñía y giré para tomarla de la cintura y hacer que se acostara de nuevo.

Reira siempre se levantaba demasiado temprano cuando tenía un asunto importante, y hoy era uno que la ayudaría a salir de ese aprieto con su madre.

Sentí sus labios en mi pecho desnudo y luego sus diminutos brazos que rodeaban mi torso buscando algún refugio acogedor en ésta fría mañana de febrero. Dibujé una sonrisa en mi cara pero no podía verlo, su perfume floral me despertó enseguida y me encontré con la mañana más gris de febrero, y aún así ella quería seguir adelante.

— ¿Quieres que te acompañe? —le pregunté y ella negó con la cabeza. —Pero te pones nerviosa en las entrevistas.

—Y me pongo peor si tú estás cerca… —no pude evitar sonreír ante eso y su risita fue música para mis oídos.

—Solo quiero que llegues bien.

—Llegaré, mi amor —besó la comisura de mis labios. —y luego podremos seguir festejando, porque estoy a un pie de que mi madre salga adelante.

Su madre estaba enferma, además se estaban atrasando con el tema de la renta. Le presté dinero, bueno mejor dicho, fui yo a pagarle al casero el mes que debían; ahora solo quedaban comprar los medicamentos y yo estaba dispuesto a ayudarla. Pero Reira quería hacer cosas por su cuenta, tomaba la iniciativa y siempre ponía pecho al asunto. A pesar de que siempre era despedida porque tenía un temperamento, vamos a ser honestos, horrible, ella no se rendía y buscaba trabajo en donde fuera.

Ésa era mi Reira, firme, decidida y jamás se dejaba caer.

Me daba escalofríos cuando recordaba ese frio quince de febrero. Era un puñal en la espalda, una bala sorpresa perforando el músculo más sagrado. Cada que recordaba… ¿Por qué mierda no la acompañé de todos modos? Me invadía una culpa inmensa y siempre me echaba en cara eso; y bebía porque no quería seguir atormentándome, no quería seguir cargando con eso en el pecho aunque era demasiado tarde.

Y eso era lo que Reira me había dicho. Con ella podíamos hablar de cualquier tema sin importar qué tan cursi o estúpido fuera. El tema de la muerte era algo interesante en aquel entonces, siempre nos preguntábamos qué se sentía morir, si nos íbamos al cielo o al infierno, si reencarnábamos o si solo veíamos negro por el resto de la eternidad. Sin dolor, sin pensar, sin sentir absolutamente nada.

También era mi mejor amiga, porque antes de que fuéramos novios lo era, así que la confianza en nosotros era plena; tal vez por eso teníamos esa facilidad de hablar sobre cualquier situación que se nos ocurriera hablar, hasta de contenido adulto y morboso.

—Yo creo que te mueres… y vuelves convertido en un perro —dio un sorbo a su batido y yo me eché a reír. — ¿Qué?

Enarcó una ceja de forma provocativa y yo negué con la cabeza. La muerte a menudo solía ser nuestro nuevo tema de conversación, y todo por un documental que cazamos a las tres de la mañana después de haber tenido acción de la buena.

— ¿Por qué un perro? —pregunté confundido mientras miraba como mis rubias rastas caían por sobre mi hombro.

— ¿Y por qué no? —Me sonrió y tomó una de mis rastas. — ¿Quieres que las arregle?

Me acerqué más y le di la aguja para que pudiera hacer el trabajo. Dejó a un lado su batido ya casi terminado y me dio un beso en la mejilla antes de continuar, sentí su perfume y juro que quería tirarme encima de ella en ese instante.

—Los perros son bonitos —comenzó, veía su cabello rojizo mecerse contra el viento de primavera. —Yo digo que los bulldog eran abogados, personas serias en otra vida.

—Para mí tienen cara de suegra —solté y me dio un codazo. —Pero claro que no hablo de mi adorada Mane.

Ella se rió y yo tan solo miraba como la tarde pasaba por nuestros ojos, hacía un año que salíamos y yo lo creía bastante tiempo; no era común en mí salir por una largo período con alguien, aunque me recordaba siempre que andaba con chicas para darle celos a Reira, y no lo conseguía, o tal vez ella los ocultaba perfectamente… Eso era muy probable.

—Mi amor… —oí su voz y me giré, el tono que utilizaba era distinto. —Si yo muriera, ¿En qué crees que reencarnaría?

—No digas esas cosas, sabes que no me gusta hablar de eso —le respondí serio.

—Pero siempre hablamos de la muerte en general —se mojó los labios lentamente y yo aclaré la garganta. —También entra en el tema sobre nosotros… Anda, ¿En qué seria?

Nos miramos a los ojos, ese brillo que poseían los suyos jamás se apartaban ni aunque estuviera pasando un mal momento. Se me pasó todos nuestros momentos por la cabeza, antes y después de ser novios, todo era como un sueño. Entonces… ¿Qué podría ser?

Ya lo sabía.

—Mmm… Creo que serías un sueño. —ella me miró sin comprender. —O tal vez un deseo.

Un deseo… Ella regresó en forma de deseo.

El teléfono empezó a sonar, un poco mareado tanteé la mesa y logré tomarlo de forma torpe entre mis manos. Se trataba de una llamada de Georg. Últimamente él era mi comunicación con Bill, no me daba la cara para llamarle o mandarle un mensaje, o siquiera ir a verle. Temía porque me mandara a la mierda, aunque suponía que en su mente ya lo estaba haciendo.

Dudaba de si contestarle o no, a veces me llamaba para salir pero no tenía ganas, siempre iba al estudio y de ahí a casa, o viceversa. Ignoré la llamada y volví a beber, evitando respirar para dejar de sentir esa culpa que atormentaba mi pecho de forma vil.

Me movía de un lado a otro debido al infernal sonido del teléfono, Reira había cambiado mi melodía a una canción de post-hardcore que me daba un infarto por las mañanas. Busqué con la mano sobre la cama y no estaba, me estiré y fui a la mesita de luz, tampoco estaba; medio dormido me levanté de la cama y fui al escritorio: era una llamada de ella, y ya eran las nueve y media de la mañana. ¿Acaso terminó tan rápido la entrevista?

Me estiré como un león al tiempo que miraba por la ventana y colocaba el teléfono en la oreja, oí sonidos raros del otro lado y eso me alertó de inmediato. Pero lo peor fue la voz que escuché a los segundos de atender.

— ¿Usted es Tom? —la voz era autoritaria, algo ronca. Le respondí que sí. —Éste es el último número al que la señorita ha llamado…

—Eh… No estaría entendiendo. —dije confundido. — ¿Con quién hablo?

—Soy el Oficial Romanov… la señorita Reira acaba de sufrir un accidente…

Literalmente, el mundo se me había ido al demonio cuando terminó de hablar. Salí corriendo tomando un sweater, bajé las escaleras de casa y mi padre preguntaba malhumorado qué mierda estaba sucediendo. No, no quería creer lo del accidente, no quería creer que estaba demasiado grave pero el oficial me lo había confirmado.

En la calle, corrí sin mirar, solo yendo al lugar donde me indicaron. No podía creerlo, cada paso que daba era como si un recuerdo se fuera de mi mente y no quería eso, no era una buena señal. ¿Por qué Reira? ¿Qué estabas haciendo? ¿Acaso alguien te estaba lastimando? Pronto me sentí una mierda por no haber ido con ella, y yo que tanto le había insistido en eso y ella…

Frené de golpe al llegar, no estaba lejos de casa.

Me encontré con una escena espantosa de película, había una ambulancia, dos patrullas de policía y gente chismosa que no perdía más que el tiempo.

—¡Reira! —grité con todo y un policía que estaba cerca vino a mí. Corrí pero me impidió el paso, le decía todo alterado que mi novia estaba ahí, entonces me acompañó y vi el horror.

El vehículo… tenía una línea de sangre y el parabrisas estaba destruido. Un viejo que estaba apoyado sobre la puerta del volante me miró y el otro policía que le estaba haciendo preguntas hizo lo mismo. Dicho viejo me observaba todo atormentado y no entendía nada.

—¿Usted es pariente de la señorita? —me daba la vuelta cuando vi que una camilla era deslizaba en dirección a la ambulancia.

El brazo frágil de Reira danzaba en el aire y con líneas de sangre, tenía una mascarilla y una frazada para cubrirla del frío. En mi mente todo estaba pasando rápido y no podía comprender, salí disparando y la paramédica me acompañó por detrás.

—¿¡Qué le pasó!? ¿Quién fue el hijo de puta? —estallé y logré tomar la cabecera de la camilla pero los enfermeros me apartaron.

—¡Cálmese joven! —automáticamente me di la vuelta y fiché al viejo, ya sabía que ese hijo de puta había sido el responsable de esa desgracia.

—Maldito… —mascullé y fui directo a él con puñetazos, me valió mierda la policía.

—Joven, ¡Joven! —la paramédica se interpuso y le miré. —Puede acompañar a su novia si lo desea.

Todo cobró sentido, entonces aturdido fui a la ambulancia y me adentré con ella. Me quedé arrodillado mientras veía su hermoso rostro, y luego esa sangre que me dejaba absorto en la misma…

Recordar aquello logró que empezara a llorar en silencio, el final de esa memoria no era para nada agradable, era mejor dejarlo ahí.

Cerré los ojos, presionando con fuerza los párpados, queriendo buscar la solución a este problema. Yo quería vivir de nuevo, quería amar sin estar perseguido por un fantasma, aunque ese fantasma yo mismo lo había creado. Eché un suspiro, ese pasado debía dejarlo, debía evitar herir a Bill de cualquier forma… Más estos sucesos se presentaban en mi mente cada que podían.

—Eres un idiota —dijo mientras tomaba otra de mis rastas.

—Pero te gusta este idiota —presumí y ella buscó mis labios para besarlos. Al separarnos, continuó con su labor.

—Sabes… Creo que si yo muero…

—Y sigues con eso —le dije a regañadientes.

—Déjame terminar. —aclaró su garganta. —Bien, si muero vas a tener que continuar sin mí… Quiero decir, reencarnaré en alguien más y me encontrarás.

—¿Y cómo voy a estar seguro de que serás tú? —le seguí la corriente mientras se me dibujaba una sonrisa en el rostro. —Si reencarnas en alguien igual a tu persona, entonces pensaré que no moriste.

—Seré otra persona, en el momento que me veas te darás cuenta… Habrá algo que te atraerá e irás a por ello. —Hizo una pequeña pausa —Pero luego pensarás, ¿En verdad es Reira encarnada? Pues no, solo es tu corazón dándole la oportunidad de volver a amar, porque nunca se debe dejar de hacerlo; ése es mi deseo. Y no porque estaré muerta no vas a tener la libertad de amar, tienes que vivir, dejar el pasado atrás.

—Creo que solo salgo contigo porque dices cosas tan patéticas —me burlé de ella y no me respondió en un largo rato.

No, no estaba diciendo cosas patéticas, ella me estaba dejando un mensaje. Su deseo era que yo continuara adelante pasara lo que pasara, disfrutar de cada momento; suponía que a ella no le agradaría verme así…

Y me había llevado tiempo llegar a esta conclusión, siempre lo recordaba pero nunca había tenido un significado importante hasta que conocí a Bill.

Dios, tengo que ir a buscarlo y no dejarlo ir nunca más.

Continúa… 

Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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