Nota: Esta parte ya vuelve a ser narrada por Bill.

«Wünschen». Temporada I

Capítulo 19: Impulso

— ¿Ya tienes todo? —me preguntó Andy mientras se tanteaba los bolsillos de su chaqueta de cuero, yo me acomodaba el collar y suspiré mirándome en el espejo. — ¿Mi teléfono para avisarle a Blas?

— ¿No la dejaste en tu habitación? —avancé hasta la mesa y tomé mi teléfono, tenía un mensaje de Georg y lo leí de inmediato.

«Estoy abajo»

— ¡Georg ya está abajo! —grité, él me dijo que lo esperara, entonces salí y descendí los pisos. Al llegar a la planta baja, Georg estaba de espaldas mientras fumaba, se me dibujó una sonrisa en la cara de manera automática.

Era una hermosa tarde, debíamos ir todos para el lugar del casamiento, y con la primavera a nuestros pies, todo era pura frescura y con aroma a flores. Abrí la puerta y él se giró, al tiempo que arrojaba la colilla del cigarro lejos de mí, liberó el humo e inspiré, acercándome a saludarlo para poder saborear ese olorcito. Le di un beso en la mejilla, y luego le sonreí.

—Te ves raro de camisa. —le dije mientras le observaba, esa camisa blanca arremangada y el primer botón superior sin abrochar, le daban un aspecto bastante masculino.

— Y tú te ves jodidamente bien.

Georg era muy sincero, eso me gustaba, no se guardaba nada. Yo solo negué con la cabeza, tenía una camisa blanca también, la chaqueta por las dudas y un pantalón de jean oscuro… Eso sí, estaba demasiado arreglado en cuanto a maquillaje y accesorios, me gustaba ponerme lindo para mí.

Minutos después, Andy salió y los tres nos fuimos en el carro de Georg. Yo iba ansioso porque me gustaba eso de las bodas y cualquier evento festivo que reunía a toda una familia. Además, necesitaba despejarme un poco de lo laboral, ya que en este último tiempo todo fue demasiado estresante.

Y lo que más me ponía nervioso, era que Tom iba a estar ahí. Anoche le pregunté si iba a ir con su mejor amigo pero me respondió que no porque tenía trabajo, terminaría su turno e iría. Yo no comprendía porqué con él se comportaba diferente ahora, aunque empezaba a sospechar que tenía que ver con ese momento el cuál yo estaba cerca de Georg. Pero no era algo tan comprometedor, solo… Le estaba quitando algo de la cara.

En cuanto a nosotros, diría que la relación mejoró, aunque le estaba dando tiempo y espacio para que lo asimilara. Luego de aquella noche, me pidió perdón por todo lo que me había hecho, y entre besos, abrazos y lágrimas, no sabía cómo, terminamos en la cama.

Qué linda manera de reconciliarse, en serio.

—Bill, ¿Trajiste la cámara? —preguntó Andy, con Georg nos miramos.

—Por supuesto, solo no subas vídeos bizarros a Internet. —le pasé el dispositivo y Georg se echó una carcajada.

Mi mejor amigo era adicto a las redes sociales, publicaba demasiadas cosas. Hasta había metido la pata sin querer con lo de Blas, aunque algunos ya los, ¿Cómo era? ah, «Shippeaban», el tonto lo terminó por confirmar y todo el fandom se revolucionó. No dejaron de seguirlos, bueno algunos abandonaron la hermandad pero llegaron otros y en gran cantidad. El manager quería que terminara la relación con Andy, pero él borró la foto y todo tuvo que ser desmentido, diciendo que solo era una broma y, suponía, se lo habían creído. Pero no duró mucho ya que Blas lo confesó todo, y créanme, todos se lo tomaron para bien.

Al llegar al lugar, tardamos un poco en estacionar porque los invitados eran demasiado y la pareja tuvo que conseguir un establecimiento acorde a la cantidad. Ingresamos a ese hotel carísimo, nos llevaron a la parte del restaurante que era un lujo que se imaginaban.

Una vez adentro, todos se acomodaban para dar iniciación a la ceremonia, saludamos a todos y esperábamos ansiosos en nuestros asientos. Andy se perdió junto con Blas y yo me quedé al lado de Georg.

—Jamás te había visto sonreír de esa manera — comentó el de ojos verdes, estábamos inclinados en nuestros asientos, porque la música de fondo y las voces no me dejaban escucharlo bien.

— Me gustan este tipo de eventos.

Buscaba con la mirada a Tom, más no lograba encontrarlo. Capaz tenía que volver a su casa y darse una ducha.

— ¿No quieres casarte conmigo? — dijo con una sonrisa y me reí. — Lo digo en serio.

De los nervios me reía, negué con la cabeza y sentía sus ojos en mí. Nos fijamos por un rato y escuché una voz que reconocí al instante, elevé la vista y contemplé a Tom hablando con otro de los productores, al parecer recién había llegado. Aclaré mi garganta y me erguí en el asiento, Georg también volteó a mirarlo y exhaló el aire, eso me llamó la atención.

—Dime, ¿Pasó algo entre ustedes? —mi conciencia me decía que era un error hacer esa pregunta, pero quería saber. Él se mojó los labios y me miró.

— Nada, solo que aún me quedó el disgusto de que te haya hecho sufrir de esa manera —me di cuenta que no estaba muy convencido de lo que estaba diciendo, como si fuera que su mente estaba en otro lado y su boca se movía por voluntad propia. —Siempre tenemos ese tipo de peleas, no te preocupes.

Tom dirigió su mirada a mí y sentí, nuevamente, ese revoltijo de estómago que solía experimentar las primeras veces. Esbocé una tierna sonrisa, se veía muy bien, con camisa gris, saco y pantalón oscuro y unos tenis, él siempre con su estilo tan original. Me devolvió el gesto, sonriendo de medio lado y juraba que casi me derretía en el asiento, pero en cuanto vio que Georg estaba conmigo, su rostro se transformó y desvió la mirada a otra parte.

Algo estaba pasando con estos dos y no sabía qué.

Me acomodé y miré hacia adelante, mis manos se rozaban por los nervios y la angustia de no saber el comportamiento raro que tenía hacia su mejor amigo. Las personas conversaban tranquilamente a la espera de que la ceremonia comenzara.

Lentamente llevé mis ojos hacia Tom, él estaba contra la pared con unos conocidos, hablaban de algo serio al parecer pero su vista estaba postrada en mí, yo sentí como si mi cuerpo comenzara a arder y apreté mis labios para contener esa sensación que me hacia sentir cada que me observaba. Demonios, ya empezaba con ese berrinche de nuevo. Volví a mirar adelante, sentía como el corazón latía con demasiada fuerza, ¿Cómo era posible que él me hiciera sentir de esa manera? ¿Cómo podía suceder que este sentimiento perdurara, aún cuando me había hecho sufrir como un condenado por su pasado? Esto tenía que ser del bueno entonces, otra cosa no podía pensar.

Un jovencito de traje avisó que la ceremonia estaba por comenzar, entonces vimos al ministro acercarse al estrado decorado y todos nos pusimos de pie. Alcancé a ver que Tom se situó del otro lado del alfombrado rojo, una fila delante de mí, me dio una mirada y le saludé en un susurro, él tan solo enseñó una simpática sonrisa.

El novio se presentó y todos aplaudieron, oh dios, esto me encantaba. Estaba impecable con ese traje negro y el cabello peinado hacia atrás, por dentro ya comenzaba a emocionarme al borde de explotar en lágrimas pero debía calmarme. Y era que me gustaban los casamientos, bautismos, cumpleaños y todo lo que a uno se le pudiera ocurrir festejar.

Recordaba que el cumpleaños de Tom había sido algo sorpresivo, porque no estaba enterado y apenas le conocía, me hubiera encantado haberle preparado una buena fiesta, para esas cosas yo movía cielo y tierra para que quedara todo perfecto. Seguro que la próxima se lo haría cumplir.

La música clásica comenzó a sonar y juraba que casi me ponía a gritar de que hayan escogido canon pachelbel, a pesar de ser muy utilizada, era una pieza bastante conmovedora. Aplaudía mientras sonreía y la novia se hizo presente. Aquel hermoso vestido blanco deslumbraba, contrastaba su cabello teñido de violeta y la piel de porcelana que llevaba, ya estaba con lágrimas a medida que pasaba del brazo de su padre y todos regalaban sonrisas, era un momento realmente importante para ella.

Los votos fueron los más tiernos que había escuchado en mi vida, en serio que ya estaba llorando, pero me calmaba por el tema del maquillaje. A la hora del beso, estallé de emoción y me desbordé en llanto de nuevo. En verdad, era demasiado patético y sentimental cuando de amor se trataba.

Luego de un pequeño intervalo, nos trasladaron a otra parte del hotel. Los novios fueron a cambiarse y nosotros solo debíamos disfrutar del catering, luego tendríamos que ir a la enorme terraza, donde la fiesta se iba a dar a conocer. Fui directo a los aperitivos dulces, estaba demasiado ansioso y nervioso que necesitaba calmarme.

—Cálmate, nadie vendrá a matarte —comentaba Georg, bebía su copa como todo un seductor experimentado, yo casi me atraganté con el brownie y me recuperé al instante.

Tom venía hacia nosotros y noté que el de ojos verdes suspiró, bajó la copa y me dijo que iría a hablar con Blas y los demás, yo asentí y miraba como se marchaba, en serio, eso me estaría preocupando. Al girar la vista, me observaba un poco cerca y yo retrocedí al instante, tragando de inmediato el brownie que faltaba.

—Hola… — saludé acomodando mi garganta, dándole golpecitos con los dedos.

Él se acercó y me dio un beso en la mejilla, pronto sentí su perfume envolviéndome y cerré los ojos para disfrutar, me incliné un poco y logré rozar mis labios sobre su piel. Se me erizó todo y ladeé la cabeza, al separarnos, Tom volvió a sonreírme y le quedé mirando, podía ver por sus ojos que los míos brillaban como si hubiera encontrado un tesoro inimaginable. Su pulgar se posicionó sobre la comisura de mis labios y barrió algo, me lo enseñó y tenía un poco de migas de brownie, se lo llevó a la boca y mi mandíbula casi se iba al suelo.

Tenía que dejar de ser tan baboso, no podía comprender cómo era que llegaba a pensar en este tipo de cosas en un evento el cuál era pura ternura y flores.

— Actúas como si estuvieras en un embarazo —le miré y me reí bajito. — ¿Por qué comes demasiado? ¿Acaso Georg te dijo algo que te pusiera nervioso?

La confusión reinó totalmente, moví la cabeza y él parecía haber metido la pata con algo.

— ¿De qué hablas? —me acerqué, él bebió la copa de vino de un solo estar y yo se lo arrebaté de inmediato, nos miramos, sentí la tensión y el miedo a que volviera a eso. — ¿Qué pasa?

— No, nada — enseñó una sonrisa cínica y yo suspiré. —Quiero que esta noche estés solo conmigo.

— ¿Por qué piensas que no voy a estar contigo? —me incliné y él bajó la mirada al suelo, ¿Qué demonios estaba pasando? Tomé una copa de champagne y la bebí hasta la mitad.

— Señores, en grupo nos iremos trasladando a la terraza, por favor, podría acompañarme un grupo de diez…

Todos escucharon al jovencito de hacia un rato y le hicimos caso, avancé pero Tom me tomó del hombro y volteé a mirarlo, bajó esa misma mano por todo mi brazo hasta encontrar mis dedos y los entrelazó. Empezamos a ir del lado contrario a toda la multitud y no me quejé por ello; pronto me di cuenta de que estábamos por ir a las escaleras. Tom sacó un cigarrillo de su paquete y lo encendió apenas pisamos las escaleras.

—No puedes fumar aquí —le reté y él empezó a subir mientras volvía a tomar mi mano. —Tom, ¿Por qué estamos yendo por las escaleras?

Nuestros pasos eran rápidos y el aire se me estaba acabando, lo peor de todo era que debíamos ascender como veinte pisos y no comprendía porqué él había decidido tomar este camino. Le llamaba pero no me hacia caso y eso comenzaba a irritarme un poco, le pedía que descansáramos un rato pero él seguía, mis piernas ya no daban más, apenas íbamos como siete pisos y yo estaba hecho mierda.

— ¡Tom, mis piernas! ¿Qué te sucede? — me zafé, no sabría como, pero me detuve en el piso diez y él me arrinconó contra la pared de manera veloz.

Me calmé, dejé de quejarme y aguanté ese sopetón contra la pared. Miré el rostro de Tom y su frente chocaba con la mía, sus ojos estaban cerrados y respiraba igual de agitado que yo. Sentí su perfume y el tabaco, encontré el calor que tanto extrañaba en ese encierro; me estremecí ante el contacto y me quedé quieto. Lentamente apoyé mis manos sobre su pecho y arrugué los bordes de su saco con mis dedos, esperando a que hablara.

— ¿Qué pasa, Tom? —Susurré. Había demasiado silencio, solo nuestros movimientos se podían oír. Me abrazó con demasiada fuerza, no comprendía nada, más dejé que lo hiciera. Me hundí en su hombro y cerré los ojos para disfrutar.

—No quiero que estés con él, no puedo tolerarlo — ¿Él? ¿A quién se refería? —Maldigo el momento en que te dejé solo, porque ahora veo que estás más cerca de él.

Un momento…

— ¿Estás hablando de Georg? ¿Qué pasa con él?

Logré separarlos de mí para que me mirara a los ojos, al hacerlo, me besó de manera intensa. Cerramos los ojos al mismo tiempo y sus manos bajaron a mi cintura lentamente, mis brazos quedaron colgados de su hombro y solo me entregué a ese gesto. Su cintura me presionó más contra la pared y se rozaron nuestras entrepiernas. Su lengua y la mía danzaban en perfecta coordinación y ladeaba la cabeza de un lado a otro para encontrar un mejor gozo.

Olvidé absolutamente todo, la pasión se demostraba y esas ganas ya comenzaban a tomar poder en nosotros. La respiración se agitaba, su mano fue directo a mi trasero y lo apretó con fuerza, atrayéndome más a él, me moví contra su cuerpo mientras no separábamos nuestras bocas, y pude sentir como un glorioso escalofrío azotaba contra mi espalda.

Levantó mi pierna y logró que se enredara en su cadera, me presionó más y ahogué un gemido contra su boca. Mis manos sujetaron su rostro y sus labios se separaron de los míos para poder bajar hasta encontrar el lugar perfecto en mi cuello. Volví a estremecerme al sentir su lengua en mi piel y me reí con los ojos cerrados, su aliento chocaba y presionaba más su cuerpo con el mío.

Comencé a sentir que todo mi organismo empezaba a calentarse, y una cosa llevaba a la otra, terminé metiendo mi mano debajo de su camisa, sintiendo su torso cálido y esa musculatura tan hermosa que poseía. Los barría hasta dar con su espalda baja y los mantuve por ahí un rato.

El móvil empezó a sonar en el bolsillo de mi chaqueta, sabía que estábamos tardando demasiado y que algún imbécil se atrevería a buscarnos, no me importó nada y continué besándolo, dejándome llevar por ese impulso lujurioso que nos encendía cada vez más. Me valía si el lugar no era el correcto, cuando hay calentura de por medio estas cosas no debían ser interrumpidas… ¿O sí?

Dejaron de llamar y me sentí más calmado, pero todo se estaba yendo al carajo entre nosotros. Y otra vez, sonó el celular pero no era mío, sino de Tom.

Nos llamaron tres veces en total, y la excitación ya estaba sobre nosotros; en el cuarto intento, ninguno lo resistió entonces nos separamos, yo acalorado y él agitado, buscó el móvil en el bolsillo del pantalón y lo tenía en el trasero, entonces me reí porque pensaba que lo tenía en el delantero, ustedes entienden.

— ¿¡Qué!? —su pecho subía y bajaba, yo me toqué el pecho y mi corazón latía con prisa, con la yema de mis dedos barría los bordes de los labios, deshaciéndome de la evidencia. —Pasó algo, estamos subiendo por las escaleras… Sí, en un momento estamos allí.

Cortó de mala gana y se paseó la mano por la frente, tomamos una adecuada distancia y me acomodé el pantalón. Todo era un jodido desastre.

Al mirarnos, la diversión nos invadió, por lo que empezamos a reírnos como dos cómplices. Nuestra carcajada era lo único que se podía apreciar en esas escaleras, él se acomodó la camisa y el saco, yo la chaqueta y el cabello. Pero antes de que subiéramos, él tomó mi rostro con delicadeza, lo fijé, estuvimos así por un rato y mis mejillas empezaron a enrojecerse. Odiaba ponerme como tomate, era su culpa y lo sabía.

Acercó sus labios nuevamente a los míos, se rozaron en un beso tierno, no como el anterior que denominaba salvajismo puro, éste era más dulce.

—Te quiero solo para mí —dijo al separarnos, yo mojé mis labios, llevándome todo de él. Asentí sin más, obedeciendo sus reglas.

En unos minutos llegamos a la terraza, el primero que nos encontró fue Andreas, quién nos miró de manera pícara, comprendiendo la desaparición. Yo le hice ademán de que hablaría luego con él y se nos unió en una conversación bizarra. Todos estaban ya entretenidos, la pareja recién casada bailaba en esa hermosa pista iluminada. Se podía decir que la fiesta había empezado sin nosotros, pero Tom y yo habíamos hecho nuestra propia fiesta.

Busqué con la mirada a Georg, lo encontré minutos después, hablando con unos amigos del hermano de Blas, al parecer ya estaba algo entonado porque reía a cada rato. Pronto la voz de Tom diciendo que no me acercara a él tomó lugar en mi mente, y quise saber el motivo de aquello. Algo más había pasado con su desaparición, no solo era que estaba lidiando con el pasado, sino que además tenían una cuenta pendiente.

Todos andaban bebiendo y bailando a lo loco, Tom y yo estábamos sentados, él conversaba con sus colegas mientras sostenía mi mano con la suya sobre mi rodilla, y yo tenía apoyado el mentón en mi otra mano, sobre la mesa. Fijaba como la pareja se divertía como nunca, se sonreían tan enamorados y eso me llenaba de ternura, todos lucían felices, algunos por la bebida, otros por la pareja, y estaban aquellos que ligaban algo en una esquina, también esos que jactaban sus anécdotas al tiempo que bebían cervezas.

Y de pronto, estaba Georg, mirándome sin disimulo, fingiendo oír a los que le rodeaban pero él solo me observaba. Fijo, serio, con esos ojos verdes que pondrían nervioso a cualquiera, más yo me sentía normal. Lo único era la curiosidad de la separación con su amigo, antes se los veía demasiado unidos, incluso Georg me mezquinaba a Tom. Sin embargo ahora era distinto, parecía que él me mezquinaba, muy raro todo.

Tom me llamó y me di la vuelta, me dijo que iría al baño. Su grupo se levantó con él, algunos le acompañaron y otros se unieron a los demás; yo me quedé solo, Andy andaba divirtiéndose con su novio. Tomé la copa de champagne y me bebí lo que quedaba, lo saboreé antes de ingerirlo por completo y sentí que alguien se sentó a mi lado. Al darme cuenta, Georg no se veía muy bien.

—Estás muy bonito hoy — le miré con ojos bien abiertos y enarqué una ceja.

— Creo que estás ebrio —esbocé media sonrisa y me erguí en la silla. Verifiqué que Tom no estuviera tan cerca pero ya había desaparecido. —Deberías dejarlo ya, sino te llevaran a rastras hasta tu casa.

Él solo se rió y le miré algo apenado, se recostó en la silla, cruzando las piernas como solo los hombres podían hacerlo. Yo suspiré y deseaba por dentro que Tom se tardara un buen rato, o tendría que salir corriendo para mantener la distancia con Georg.

—Tú puedes llevarme, y si quieres, puedes quedarte a dormir conmigo —confundido, negué con la cabeza y le miré serio.

— En serio, deberías dejar de beber, estás diciendo incoherencias. —me incliné sobre la mesa y empecé a jugar con la servilleta color beige, otra vez se rió y ya estaba buscando a alguien con la mirada para que me ayudara a llevarlo a casa, o que por lo menos tomara un taxi y llegara vivo.

—Bill… Sé que empezamos con el pie izquierdo —habló, yo me sumergía en extender la servilleta lo más que pudiera. —Pero este tiempo que compartí contigo me hizo dar cuenta de algo.

— ¿De qué estás hablando? — me giré con brusquedad ante la incomprensión de sus palabras, y al hacerlo, su rostro rozó el mío, mejor dicho, su mejilla con la mía. Sentí su aliento rozando mi oreja y una sola frase logró darme un terrible escalofrío.

—Me estarías gustando….

¿Qué?

Me alejé lentamente, con los ojos bien abiertos y sin respirar. Él se volvió a recostar en la silla y se rió de nuevo.

No hablaba en serio, ¿Verdad?

Continúa… 

¡Qué viva el drama! ¡Y el dr.Lemon! XD

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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