«Wünschen». Temporada I

Capítulo 2: Sobre el tipo indiscreto

-Y él estaba ahí, mirándome -le decía a Andreas. -Me daba un poco de miedo, Andy, tenías que verlo.

Bebí un poco de energizante luego de eso, la sonrisa había sido dejada atrás después del sorbo. Andy era la única persona con la que no había podido acostarme, y no me arrepentía de eso, me sentía completamente feliz de que por fin podía tener un amigo, sin dobles intenciones. Pensaba que la edad tenía que ver con la atracción, nos llevábamos por meses, así que debía ser por eso que no me llamaba la atención como los hombres adultos solían hacerlo.

-Tal vez le pareciste sexy, Billa -se cruzó de brazos, estaba parado en el umbral del living comedor, reposado cómodamente y mirándome con esa expresión pícara. -Tú miradita deja mucho qué desear.

-Ay, cállate. -mascullé y me fastidié por eso, aunque en el fondo sabía que se estaba burlando de mí. -De seguro pensaba que era algún pariente o algo así.

-Hm, no lo sé, eh. -me decía vacilando. Enfoqué la vista en él y deshizo la unión de sus brazos -Yo digo, siempre que alguien te echa una mirada de esas, terminas enrollándote, ¿O ya te olvidas de cómo conociste a Alex?

Tenía razón. Bueno, con Alex las cosas habían sido distintas, él no me miraba como si quisiera morderme y ver sangre, más se asemejaba a un lindo corcel que quería que lo acariciaran. Había surgido el interés cuando acompañé a Andreas a una inauguración de tienda de uno de sus amigos, resultaba que ese amigo era el socio de Alex. Al principio parecía ser tímido, la sonrisa que siempre me lanzaba era para derretirse en el momento, y en verdad supo remarla bien, porque en ese entonces él estaba en una crisis con su mujer; me enteré de eso después. Pero no se había notado y disfruté muchísimo de su compañía, su carisma era demasiado para mí, era una persona realmente buena y atenta, creía que eso era lo que me había motivado a seguirle la corriente.

-Pero eso fue otra cosa, él no quería tirarse encima a la primera. -me defendí.

-Ah, pero bien que lo habías disfrutado luego -quería ganarme y los argumentos los tenía. Exhalé el aire malhumorado, Andy era el único que podía ponerme los pelos de punta, pero hablando en el buen sentido, siempre me hacía abrir los ojos y decía las cosas tal como eran, eso se lo agradecía a menudo: el tener un amigo honesto. Para mí era un descubrimiento, pero suponía que todos tenían ese tipo de amigo.

– ¡Agh, pero no se puede hablar nada normal contigo! -me levanté del sofá para dos que teníamos en nuestro pequeño living-comedor. -Mejor me voy, porque para andar aguantando esto…

– ¿En serio? -se parecía a uno de esos cachorritos asombrados por ver una pelotita de tenis, que iba de un lado a otro. – ¿Vas a dejar el departamento para mí esta noche?

Yo asentí con la cabeza, caminé por su lado para ir a mi habitación y tomar las pertenencias, pero no pude concluirlo porque me abrazó por el cuello y me llevó a él, me asusté un poco y posé ambas manos sobre sus brazos. Mi cabeza golpeó su pecho y se mecía de un lado a otro todo contento. Andreas era demasiado demostrativo, y yo demasiado tierno para el mundo, o al menos él siempre me decía eso. No estaba en mis planes ser el creído, pero me agradaba tener una sonrisa que facilitara y diera fuerzas a las personas para continuar.

-Eres el amigo más lindo que puedo tener -decía con una voz chillona que era realmente fastidiosa, fruncí el ceño y me rendí en el intento por zafarme. -Esta noche viene alguien y necesito privacidad.

-Ay, ya no me cuentes más detalles. -me quedé quieto, mi cara inexpresiva de seguro era genial, me hubiera encantado verla en el espejo. -Seguro es Leyla, o Jonathan. ¿Por qué no te decides de una vez?

-Es que no puedo decidir -me soltó con suavidad, me di la vuelta y nos miramos, me acomodé el cabello. -No puedes obligarme a elegir un lado, me gustan los dos y punto.

No podía entender la bisexualidad de Andreas, había oído que un homosexual no podía cuestionar las demás orientaciones, y viceversa, pero yo no lo hacía de mala manera, sino que algo no me cerraba de eso y necesitaba respuestas concretas para aclararme las dudas. A él le gustaba dar y recibir, le gustaban los hombres y las mujeres, también jugaba a dos puntas. O sea, no podía entenderlo definitivamente, pero igual le quería, era mi amigo y debía apoyarlo, ¡Pero no comprendía eso! ¡Rarísimo!

-Lo sé, pero en serio, haz las cosas con cuidado, no quiero que te veas envuelto en un problema. -Como perro obediente asintió, sonreí y decidí ir a por mi mochila.

Alex me invitó a pasar esta noche en su casa, los miércoles eran los únicos días libres, y era tan extraño tener un día libre los miércoles, pero ya me había acostumbrado a eso. Además, lo disfrutaba porque era el día en el que ninguno de los dos trabajaba, por lo que nos quedábamos hasta tarde mirando películas o haciendo cualquier otra cosa.

Andreas y yo compartíamos un departamento pequeño de dos ambientes, lo habíamos pintado y decorado a nuestro gusto, me sentía orgulloso al tener mi propio hogar en la ciudad. Cuando mi madre se enteró pegó el grito al cielo, estaba realmente emocionada de ver a su único hijo siendo un adulto. Ella conoció a Andy cuando llevábamos una semana de mudarnos, lo quiso desde el primer momento y nos decía que parecíamos un par de hermanos.

– ¿Volverás en la mañana? -oí la voz de Andreas en la entrada de mi cuarto, me giré y lo vi sentarse en la cama.

-No lo sé, creo que desde su casa voy directo al trabajo. -Cerré mi bolso y le di un golpe al estar todo listo.

-Vas muy en serio con ese tipo, ya son tres meses, ¿No es mucho eso para ti? -le di un vistazo y se encontraba apoyado entre sus codos, observándome algo preocupado, pero él exageraba casi en todo. No se podía diferenciar la seriedad de la burla.

-No lo sé, siento que no pasaron tres meses -me coloqué el bolso al hombro y exhalé el aire -Deberías intentarlo, pasar más tiempo con Leyla, o Jonathan, y no partiéndote a la mitad para estar con uno y con otro el mismo día.

-No lo entenderías, cuando te pase lo sabrás -parecía melancólico. Y no, no podía comprenderlo, tampoco me había pasado eso de meterme con uno y otro al mismo tiempo, siempre había lapsos entre las personas que conocía.

Hubo un silencio luego de eso, pero todo se arregló cuando Andreas se echó una risita para armonizar el ambiente, nos despedimos e hicimos bromas y me vio salir. En el ascensor pensé en la conversación reciente, él estaba confundido con respecto a su elección, y a pesar de eso, jamás le escuché decir si amaba alguno de los dos, solo decía que le gustaba compartir momentos con cada uno. Quería entenderlo, ponerme en su lugar pero era un tema complicado, de igual forma tenía mi apoyo y siempre le daba consejos cuando él me los pedía.

Salí del edificio y caminé hasta la esquina de casa, la casualidad de la vida era que tenía la parada del bus, que me dejaba a media cuadra de distancia del departamento de Alex, cruzando la calle, en la otra esquina. Habían unas tres personas, y el frío que comenzaba a hacer al caer la noche, nos obligaba a todos en la parada a estar abrigados; esperando en una fila y aparentando ser pingüinos. Miraba a las muchachas que tenía adelante, conversaban amistosamente y se sonreían con agradable confianza, podía entender que hablaban de la universidad, me ponía algo vulnerable escucharlas. Aún estaba la cicatriz que Benjamín me había dejado, estuve unos meses intentando olvidarme, pero cada que el tiempo transcurría parecía que los recuerdos se volvían como una garrapata y se me impregnaban en la piel, asegurándose de no separarse de mí fácilmente.

Una de las chicas bajó a la calle y le hizo señas al bus para que se detuviera, aunque era obvio que lo iba hacer. Sacudí mi cabeza para sentirme limpio de recuerdos, lo había logrado en un veinte por ciento. Todos se preparaban para subir en cuanto el bus frenara del todo, uno a uno los pasajeros, me incluía, ascendían con rapidez. Saqué mi boleto y logré sentarme, había lugares vacíos y eso fue un gran alivio, no quería recorrer media ciudad estando de pie, encima este ramal de bus daba demasiadas vueltas pero era el único que me dejaba bastante cerca de mi destino.

Casi al final de todo, contra la ventana, el lugar perfecto me esperaba, me agarraba de los asientos mientras avanzaba, el conductor estaba un poco loco como para ser mitad de semana. Al llegar, me desplomé y me arrastré hasta dar contra el cristal, veía como avanzaba en las calles y se alejaba de las personas que transitaban con tranquilidad, otras con prisa. Acomodé el bolso sobre las piernas, deposité mis brazos encima y me apoyé contra el asiento, sintiendo el alivio; el viaje tardaría media hora o más, dependiendo del tráfico que nos esperaba en el centro. Estaba cerca de ahí, dos paradas más y llegábamos a donde la gente se volvía loca. Aproveché la tardanza para cerrar los ojos, había hecho el aseo durante el día y eso me tenía muy agotado, a pesar de ser un departamento pequeño, la mugre que se juntaba era extraordinaria.

La brusquedad y la vibración del vehículo era lo que me mantenía despierto, no dormía pero tenía los párpados cerrados, relajándome. Unas imágenes se me venían a la mente, de cuando Alex me recibía con los brazos abiertos en su departamento, lancé una sonrisa como si lo tuviera frente a mí; me gustaba que fuera amable y atento conmigo, Andreas decía que dejara de comportarme como un sumiso con él, porque estaba seguro que Alex esperaba que sacara las uñas y se las clavara en la espalda, pero había algo que me impedía hacer eso, más allá de que había sucedido, y solo una vez, no quería arruinar lo bueno que habíamos creado. No quería que me utilizara como los demás, me reprimía en ocasiones, suponía que eso lo mantenía en el misterio, envolviéndose más.

En Alex podía encontrar un tipo de tranquilidad, ¿Por qué tipo? Porque era diferente al que estaba acostumbrado, o al que pensaba; su compañía me recordaba lo que alguna vez fue un buen momento con Benjamín, me hacía pensar que no todo estaba perdido, que había otra oportunidad.

-Si los ángeles tienen alas, ¿Por qué tomarían el autobús?

Me giré para la izquierda, el sujeto que estaba en el pasillo me obligó a que levantara la vista para encontrarme con su rostro; al cometerlo, el flashback de la taberna venía a mí. Recordar la manera en la que habíamos hecho contacto visual, y su constante seguimiento con respecto a mí, me hicieron sentir un escalofrío que me obligó a mover los hombros de forma ridícula. Su mano estaba apoyada en el asiento de adelante, la otra cargaba una campera de cuero marrón. Regresé a su rostro, él enarcó ambas cejas, esperando a mi respuesta; más no me salía palabra alguna, mis labios emitían un leve temblor y no sabía su razón. Me acurruqué en mi lugar y miré el asiento de al lado, él no esperó más y se sentó. Una ola de calor y adrenalina se expandió con lentitud, no lo comprendía, no sabía si era por el temor de lo que me había dicho ese día en la taberna.

-Ya te dije que era una broma sobre lo del loco -me decía en confianza, yo fruncí el ceño mirando la parte de atrás del asiento que estaba frente a mí, llevaba unos garabatos, había nombres e insultos a diferentes personas, también nombres gracioso que seguramente les pertenecían a esas bandas que estaban a la moda.

-Lo siento, es que me ha tomado desprevenido -intenté disculparme de forma sumisa, en mi interior comenzaba a gobernar la calma y eso me hizo sentir mejor. Suspiré mirando por la ventana y acaricié mis dedos para disimular el brote de nervios.

-No me hables de manera formal, no soy un viejo -me decía con un tono de voz que denominaba molestia.

-Es que no suelo estar acostumbrado a encontrarme a conocidos en el bus. -agregué sin despegar la vista de la ventana, por el reflejo del cristal podía ver su rostro inclinado hacia mí.

– ¿O sea que ya formo parte de tu círculo social? -Volteé a verlo. Considerando la distancia entre nuestros rostros, y el contacto visual directo que efectuábamos en el momento, me hizo sentir algo familiar, no obstante, se desvaneció enseguida.

Estaba por decirle que no solía tener amigos, que siempre terminaba en rollos o algo peor, pero no tenía que ser tan seguro de lo que iba a decir, sobre todo porque no lo conocía bastante. Hice una mueca y chisté la lengua entre dientes, por su parte oí un suspiro; no sabía si lo ofendí, daba igual, no era nada mío.

-Y… ¿A dónde te diriges? -me preguntó y detecté que no apartaba su vista de mí. Otra vez venía con lo mismo, la sensación de incomodidad se desprendía.

-Ah, iré a visitar a un pariente -no le estaba diciendo una mentira. – ¿Y tú?

Me quedó mirando al continuar la conversación, y que no le tratara de manera formal. Sus ojos iban de arriba hacia abajo, y viceversa, examinando toda mi cara, eso me ponía en aprietos, sentía un cosquilleo en el pecho y le esquivé la mirada para dejar de sentirlo. Lo había logrado.

-Acabo de salir de mi trabajo. – respondió con serenidad, me sentía extraño hablando con alguien que solo había visto una vez, con esta dos, y que todo fluyera con un poco de naturalidad, yo me comprimía cada tanto, su mirar de hito en hito me sofocaba.

Luego de eso nos quedamos callados, yo miraba por la ventana, jamás había deseado tanto haber estado cerca de la ventana, usualmente me gustaba viajar del asiento que estaba del lado del pasillo, y no comprendía porqué ahora venía a sentarme en la ventana, debía ser que por eso había sucedido lo del encuentro, tal vez era porque había tomado una opción diferente y el karma actuaba. Dios, ¿Por qué siempre armaba escándalo por todo?

– ¿Hoy no trabajas? -su voz me desconcertó de la concentración que tenía en las personas que caminaban, y de los coches que se pasaban alguna señal por apuro en el regreso a casa. Yo negué con la cabeza. -Qué pena, estaba pensando en pasar a tomar algo.

-El local sigue abierto, no cierra solo porque yo no trabajo. -le dije sin pensarlo. Cuando caí en la cuenta de lo que había dicho, y yo pensando que estaba hablando conmigo mismo, una avalancha de vergüenza me cubrió hasta la frente. Oí como si alguien se hubiera ahogado, pero luego se convirtió en una oculta risa. Observé al tipo y se tapaba la boca con el dorso de su mano, me quedé mirando su barba por unos segundos, quería preguntarle si usaba alguna loción; Alex utilizaba uno que le permitía dar un buen aspecto, pero consultarle sería irse a la mierda.

-Puedes aparentar ser malo y reprimido a la primera, -decía mientras veía como unas arruguitas se le formaban al entrecerrar los ojos, escondiendo esa sonrisa detrás de sus dedos, aquellos mismos poseían tinta, el número 1989 descansaba sobre su piel casi pálida. -Y luego a la segunda eres un buen comediante.

Bajó la mano y enseñó sus dientes. Algo parejos y blanquecinos, presumiendo algo de color negro en la parte inferior de su labio: dos piercings orgullosos lo acompañaban. En la secuencia me perdía, iba de sus ojos a su sonrisa constantemente, quedando anonadado ante una inocencia distinta; la expresión manifestada me había dejado en trance, sintiendo en mí una satisfacción que no podía explicar en detalles, porque no lo comprendía. Esa sonrisa, por más confundido que estaba, me dejaba en claro que eso no importaba, porque la comodidad que me transmitía era lo importante.

En mi cabeza la idea de confianza iba ganándole a la inseguridad, cedía poco a poco a las intenciones que dictaba, me adormecía el cuerpo para sentirme relajado. Todos decían que yo tenía una sonrisa simpática, algunas mujeres me preguntaban si no me cansaba de sonreír, les decía que no, que estaba en mi costumbre hacerlo siempre, y no era por compromiso al trabajo, sino porque la vida tenía que enfrentarse con una buena sonrisa, importando una mierda lo que viniera. Sin embargo, en ésta ocasión eso se revertía, ahora quién se sentía a gusto con una sonrisa era yo, ¿Acaso así se sentían ellos cuando les sonreía? ¿Acaso esta sensación de satisfacción y conformidad era lo que les mantenía cómodos?

Después de eso, todo tomaba un giro, la conversación se alargaba y la confianza reinaba en ambos. Hablábamos de cosas que no tenían que ver con nuestras vidas, él siempre que tenía la palabra gesticulaba con sus manos, o movía un hombro en señal de poca importancia por el asunto, también ladeaba la cabeza cuando algo parecía gracioso y juntaba sus dedos, chocando cada índice de los mismos, formando una V. Miraba todos sus detalles, todo lo que hacía. Yo pensaba que había algo en él que se parecía a Benjamín, aunque en realidad no se asemejaban en nada, pero yo lo pensaba de esa manera. Era algo raro, no sabía si solo a mí me sucedía esto de confundir a alguien con otro por algo que no los unía en absoluto, suponía que mi mente se las ingeniaba bien, y buscaba cualquier excusa para no olvidarme de ese idiota. ¿Y por qué siempre tenía que relacionar a todos con él? ¡Qué mierda de vida!

Me sobre-exalté cuando la media hora se volvieron cinco minutos, en realidad era que el tiempo se pasó volando mientras hablaba con el tipo; ya estaba a unos metros de la parada donde debía bajarme. Insulté en un susurro y tomé el bolso, me lo coloqué en el hombro y me puse de pie.

– ¿Ya tienes que bajar? -Asentí, él colocó de costado sus piernas y yo pasé por su lado con dificultad, temiendo por caer encima, todo porque el conductor estaba demasiado loco. -Bueno, fue lindo conversar contigo.

-Lo mismo digo. -me acomodé el cabello para atrás y le brindé una amable sonrisa.

-Hasta la próxima -extendió su mano en mi dirección, esperando a que le saludara, lo hice y la tomó con firmeza. La corriente que me transmitió me hizo despabilar la mente, refrescando las neuronas y sintiéndome como nuevo. -A propósito, soy Tom.

-Bill. -sentencié luego de saber su nombre, era muy común ese nombre, yo más me iba por algo raro pero no me sorprendía de oírlo. Deshice la unión una vez estrechadas las manos, me alejé de él mientras me tomaba de la parte superior de los asientos, pidiendo permiso a algunas personas que obstruían el paso.

Al descender, troté hasta estar seguro en la vereda, corrí la cara en dirección hacia la ventana, al tiempo que acomodaba unos mechones que me impedían la vista clara, para ver a Tom. Quería saludarlo y no lo logré, ya que su rostro mostraba algo diferente a lo que venía observando. Ahora estaba contra la ventana, donde había estado yo antes, mirando hacia abajo con una expresión vacía; era como si estuviera sumergido en un océano profundo, oscuro y frío. Me daba esa sensación de que había perdido el rumbo, de que solo había fingido. El bus arrancó y lo vi alejarse de la parada. Mi desconcierto fue mayor entonces, la incertidumbre no me abandonó jamás desde esa mirada, mi pecho se contraía y me molestaba. ¿Qué le había sucedido? ¿Por qué de repente se volvía alguien distinto? ¿Acaso tenía que ver conmigo?

Incomprendido, me quedé viendo el autobús, no sabía cómo era que podía agarrarles confianza a la primera; en parte también era por eso que me enamoraba, pero no tenía que ver con lo que acababa de suceder, ¿Qué motivo tenía para poner esa cara? Me calificaba como un tipo que se preocupaba por todo, aunque solo fuera un mínimo detalle, y era que no me gustaba ver sufrir a las personas, todo porque yo había sufrido también y sabía cómo se debían sentir.

Encaminé los pasos en dirección al hogar de Alex, solo dar unos cuantos ya que su departamento estaba cruzando un bazar. Saludé amablemente a unos chicos que siempre estaban afuera del local, ellos me sonrieron; deducía que entre esos dos había algo, quería creer que solo era pensamiento mío, pero sus actitudes y gestos que tenían al hablar conmigo, cuando me quedaba con ellos después de comprar unas cosas, me eran pruebas suficientes para la hipótesis.

Retiré la llave del bolsillo de mi campera, y la introduje de inmediato en el cerrojo apenas coloqué un pie en las escaleras. Ingresé y un aroma a lavanda me dio la bienvenida, seguí el transcurso hasta meterme al elevador, oprimí el tercer botón. Me apoyé contra la pared y me sumergí en la mirada de Tom. ¿Y si le desagradaba? ¿Y si se había dado cuenta de que era un idiota? ¿Y si tenía mal aliento? No, esperen. Formé una curva con mi mano, colocándolo a la altura de mi boca, soplé y… No, no era eso, ¿Entonces qué? El indicador hizo timbrar el cubículo, las puertas se abrieron y salí, me acerqué a la puerta indicada, la abrí y un aroma a café me dio un alivio tremendo. Estaba que me cagaba de frío, pero lo aguantaba porque solo era momentáneo.

-Preparé café, y traje los cupcakes que te gustan. -Alex apareció frente a mí, la cocina estaba al lado de la puerta de entrada, yo le sonreí y dejé el bolso en la silla que se encontraba en la esquina. – ¿Hace mucho frío?

Yo asentí y comenzó a quitarme el pañuelo del cuello, tirité un poquito al sentir la brisita fresca del lugar, luego tomó las mangas de mi campera y tironeó de una primero. Ese era su ritual, quitarme el abrigo cuando llegaba, suponía que era costumbre de su anterior relación; recordaba que la primera vez que había estado aquí, él me quitaba el abrigo y yo armé harto escándalo pensando que se quería acostar conmigo. Efectué un giro de ciento ochenta para deshacerse del resto, lo tomó entre sus manos y yo fui directo a sus labios, lo besé por un rato y luego pasé al living. Estaba todo ordenado y limpio, me gustaba eso de él, teníamos en común la obsesión por la limpieza y otras chorradas más.

– ¿Qué es eso? -en mi panorama algo no cuadraba, había unas revistas en la mesita que tenían dibujos animados. Me acerqué, deposité el culo en el sofá y me incliné a tomarlos.

-Dana quiere que diseñe unas prendas al estilo de los personajes de ese manga. – ¿Manga? Le eché un vistazo, pero decía Continuará en la primera página, ¿Acaso era como ese libro de páginas mezcladas? Escuché la risa de Alex y se sentó a mi lado, me puso el libro de otra forma, al revés. -Se lee así.

– ¿De atrás para adelante? -pregunté confundido.

-Y de izquierda a derecha. -Agregó, pasó las dos primeras páginas y esos dibujos con personas de grandes ojos, y vestimenta algo rara, se presentaron. -En Japón se leen los mangas de esta manera.

– ¿Pero a quién se le ocurre algo así? -pregunté incomprendido. La revista parecía interesante, me llamaba mucho la atención como estaban dibujados los personajes. Era la primera vez que veía algo así.

-No lo sé, pero ella está obsesionada con estas cosas, así que me dio todos los tomos de la primera temporada.

Me gustaba hablar de cualquier cosa con Alex, porque yo siempre era el curioso y él tenía las respuestas a mis preguntas estúpidas. Me quedé con el manga un buen rato, al principio no comprendía la historia, pero trataba de un chico que había tenido un accidente, y confundió a su mejor amiga con su novia, por lo que debían hacer un esfuerzo por cambiar papeles hasta que todo tomara su lugar; la desgracia era que hasta ellas se confundían. No sabía como era que del manga, pasé a la imagen del autobús, ¿Tom no estará atravesando algún mal momento? Aunque sabía que no debía meterme en asuntos ajenos, sentía curiosidad por saber.

– ¿Crees en la gente bipolar? -pregunté de repente, Alex venía con la bandeja y las tazas de café, las depositó en la mesita y puso sus manos sobre la cintura.

-La bipolaridad es una enfermedad seria, mucha gente se lo toma como cambios repentinos pero en realidad actúan como idiotas. ¿Por qué?

-Curiosidad. -fui a por la taza. – ¿Y cómo actúan ellos? Digo, los que de verdad tienen esa enfermedad.

-No lo sé, están bien un momento, y al otro se hacen daño o se sienten melancólicos. No puedo definirlo bien porque no soy especialista en eso. -A él no le molestaban mis preguntas, reiteradas veces le dije que si le molestaba que me comportara como un niño, que me lo dijera, pero él decía que le gustaba responder, porque era como una terapia después de extensas horas de trabajo. -Podemos buscar juntos en internet si quieres.

-No, no vale la pena -endulcé el café a mi gusto y él me pasó un cupcake. -Solo quería una pequeña definición, ya sabes que pienso en muchas cosas.

Bebí el café y él se acercó para darme un beso en la mejilla, cerré los ojos ya que su barba me provocaba cosquillas y un escalofrío, se separó y encendió la televisión. Me quedé pensando en esas cosas, ya sabía que me estaba yendo al extremo con eso de la bipolaridad, había sido lo primero que se me venía a la cabeza. Tal vez él quería ser amable, como había salido del trabajo, no quería ser descortés y dejarme a la deriva. Yo hubiera hecho lo mismo; en eso coincidíamos.

Continúa… 

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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