«Wünschen». Temporada I
Capítulo 20: Nunca dudes de mí
Pasé los dedos por los cds hasta encontrar algo que me llamó la atención, lo puse en el equipo y la música comenzó a sonar por los parlantes. La voz más que cantar chillaba a lo loco, cantando a todo pulmón versos anarquistas y desprecio por la sociedad burguesa, tenía un ritmo diferente a lo que estaba acostumbrado a escuchar pero no me desagradó para nada.
Ya habían pasado dos semanas desde esa confesión ebria de Georg, y no lo volví a ver. Desde entonces intenté acercarme más a Tom, por lo que todo comenzaba a renacer de nuevo; sabía que su mejor amigo estaba borracho y tal vez en la locura soltó esas palabras, pero había una parte de mí que le creía esa confesión, más me negaba rotundamente. Eso no podía suceder.
Moví la cabeza y disfruté de las canciones, estaba esperando a Tom para cenar, solo faltaba que él ingresara y serviría la cena. KillYa estaba con un merecido descanso, además de que la pareja recién casada se había ido de vacaciones por un mes al Caribe y a diversos lugares, el resto tenía tiempo para estar con su familia y amigos. Blas y Andy aprovecharon entonces a irse nuevamente de vacaciones, aunque solo fuera por unos días ya que debía prepararse para los parciales nuevamente.
Me sumergí en la música, queriendo olvidarme de todo por un momento, más el ruido de la puerta me desconcertó de inmediato, el volumen no estaba tan alto. Al erguirme en el sofá, Tom dejaba su bolso sobre una silla, cerca de la puerta y se arremangó la camisa clara que llevaba puesta. Esbocé una débil sonrisa y él tan solo me miró con ese cansancio que solo el trabajo te podía dar. A paso lento vino hacia mí y me dio un corto beso, luego se sentó a mi lado, desparramándose por el sofá.
— ¿Sex Pistols?—preguntó mientras apoyaba la cabeza en el respaldo. — ¿Te va la música punk?
—Solo quería saber de qué iba —comenté y dejé la cajita del cd sobre el equipo.
—Me recuerda a la secundaria… — dijo con nostalgia, cruzó sus dedos sobre su abdomen y cerró los ojos, dejando que esa gorra militar se saliera de lugar.
Al decir la palabra secundaria, no pude evitar pensar en Reira… ¿Acaso la recordaba también? Tragué saliva y sentí un peso sobre los hombros, me desgané y fijé los ojos en el equipo de música. Jamás podría olvidarla, siempre había una referencia a su persona, y aunque no la nombraba, sabía que una cosa llevaba a la otra. Apreté mis labios y tomé una respiración profunda mientras esa música ocultaba la pesadez de mi suspiro.
— ¿Estás bien? —volteé a mirarle y sus ojos brillaban, estaba inclinado cerca de mí y yo asentí con la cabeza. Sentía algo en mi garganta, era como si quisiera gritar.
— Ah, ya está la cena, por si quieres comer. —me preparé para ponerme de pie, y al hacerlo, sentí su mano en mi muñeca, le miré. — ¿Qué pasa?
—Tienes algo aquí —llevó su dedo a mi mejilla, yo fruncí el entrecejo, al querer llevar mi mano para quitar lo que fuera, fui interrumpido por sus labios que se estamparon contra los míos en un beso lindo. Duró unos segundos, la sorpresa no se me quitaba. — ya está.
Sonreí como un idiota, lograba sacarme de esos pensamientos como fuera. Era cierto que no se podía olvidar tan fácil a alguien, pero percibía que estaba haciendo un esfuerzo, y aunque no me había hablado de eso lo presentía. La música seguía en su rumbo y ya hasta me transmitía esas ganas de querer saltar por todas partes.
—Me siento adolescente cuando escucho eso — habló y acomodó su cabeza entre mis piernas, dejando caer su gorra al suelo, yo le acaricié el cabello. —Aunque también me trae malos recuerdos debido a una loca.
— ¿De qué hablas? — postré toda mi atención.
—Nada importante… — se rió de lado, seguramente se trataba de Reira. Sentía que me estaba por faltar el aire y decidí calmarme internamente. —Bill…
Bajé la mirada, encontrándome con sus ojos color miel que brillaban al verme, no sabía porqué. Enarqué una ceja, a medida que mis labios comenzaban a temblar, mierda, no quería sentirme miserable. Aclaré mi garganta y esperé paciente a que continuara, esto se estaba haciendo eterno.
— ¿De verdad estás bien? —volvió a preguntar, ¿Debía decirle? Era algo que me carcomía la cabeza, pensar que tal vez nunca la pudo sacar de su mente, y cada que hacía o decía algo lo arrastraba a aquel recuerdo.
— Ah…—mi voz sonaba horrible y podía sentir como mis labios temblaban. — ¿Sigues pensando en ella?
Sus ojos se abrieron de par en par, me quedó mirando como si se hubiera enterado de algo horrible. La música ocultaba aquel silencio incómodo, era como si un viento realmente congelante hubiera pasado sobre nosotros y nos azotó de forma brutal. Sentía ese nudo de mierda en la garganta y como si hubieran puesto nitrógeno en mis pulmones, lo que me dificultaba demasiado respirar; más lo que me desconcertó fue que los ojos de Tom estaban fijos en mí pero sabía que en realidad se estaba yendo con las imágenes de Reira.
— ¿Por qué preguntas eso?—habló segundos después, tomé una respiración profunda y mojé mis labios. Él se separó de mí, se puso de pie, fue directo al equipo y apagó la música dejando que todo el peso del silencio estuviera atento a sus palabras.
Junté ambas manos sobre mis piernas fijando las mismas, sintiendo por dentro la angustia y esas inmensas ganas de llorar. Usualmente evitaba estar demasiado tiempo con él, ¿El motivo? Porque sabía que dentro de sí no podría lidiar con aquel fantasma, y aunque peleaba con ello, me cegaba esa absurda idea de que no lo lograría. Por momentos me ilusionaba con que ya lo había superado, pero rápidamente me ganaba ese demonio que gritaba que aún pensaba en ella.
—Solo… Quiero saber. —esto se estaba poniendo frustrante, sentía que en cualquier momento iba a estallar. La respiración se me aceleraba entonces —Porque me estoy sintiendo…
No, no debía decirlo, se suponía que debía guardármelo. No obstante, no sabía cuanto tiempo iba aguantar si lo contenía en mi pecho. Mi pecho subía y bajaba debido a la adrenalina y empezaba a sentir calor debido a eso. Él se fue a sentar en el escritorio que estaba al lado del equipo, me miraba y me ponía más nervioso. La tensión aumentaba y su seriedad me provocaba escalofrío, pronto el ambiente se volvió frío, y quise tragarme todas esas palabras.
— ¿Qué estás sintiendo? —habló y sentí como mi labio inferior comenzaba a temblar. Mierda, odiaba sentirme así. —Que tienes…
—Siento que solo me estás usando para olvidarte de ella.
Listo, lo dije. A la mierda todo.
Lo más incómodo y doloroso fue el silencio luego de aquello. Aquel trecho interminable entre mi estado de ánimo, el razonamiento de mi confesión, sus recuerdos, el que me mirara intensamente, tratando de buscar una respuesta coherente antes de prender fuego todo. Yo desvié los ojos hacia otro lado, ocultando esa lágrima que ya delataba que mi alma no podía tolerarlo más; siempre había evitado estar mucho tiempo con él por esto, y luego me ponía a llorar en mi cama, en silencio para que Andy no sospechara nada.
— ¿Qué te hace pensar eso? — no le contesté, no quería empezar una discusión, tampoco quería hacerle sentir mal pero… Pero mi pecho dolía muchísimo y no resistía. — ¿Por qué crees que no la olvidé?
Porque aún tenías sus cosas en esa habitación. Aquellas cajas, esas fotografías, todo ese recuerdo aún seguía allí, esperando a que una botella de vodka u otra cosa lo llevara a la nostalgia, reviviendo esos momentos que se hicieron añicos al enterarse de la horrible noticia. Solo quería que pensaras en mí al oír canciones, que yo fuera el protagonista de esas sonrisas espontaneas, de esas miradas perdidas cuando andaba distraído.
¿Acaso siempre fui yo a quien mirabas cuando lo hacías? ¿O había otro motivo para hacerlo?
Abrí más grande los ojos al darme cuenta de algo…
—Yo no estoy destinado a alguien — dije triste, en verdad todo esto me estaba ganando. No quería demostrarme débil ante él, pero la situación me llevaba a hacerlo. Suspiré con pesadez, llevándose de mí esa mala vibra.
—Bill…—Oí llamarme, nos volvimos a mirar y sentí algo caliente rodar por mi mejilla, sequé esa lágrima al instante y el morrito se me estaba por soltar. La puta madre.—Promete que jamás volverás a decir eso.
— ¿Cómo asegurarlo? ¿Y si en el futuro vuelve a suceder?
—Haces las mismas preguntas.—dijo tapándose la cara, ocultando una sonrisa y algo más…
Entonces… Eso era. En todo este tiempo estuve pensando que era por mí que hacía las cosas, pero no fue así.
—Haces las mismas preguntas.
Yo… Yo era el reemplazo de Reira.
Me tapé la boca y salí disparando al baño, la rapidez con la que me desplacé fue inigualable. Cerré la puerta tras mi paso y me eché a llorar desconsoladamente, apoyé la espalda y el dolor punzante en el pecho no lo soportaba, más nada podía hacer. Era horrible enterarse de esto después de tantas cosas que se habían vivido.
Le había prometido a Tom ser feliz, cumplir su deseo, pero no me estaba dando cuenta que, mientras buscaba su felicidad yo me destruía. Creía que era a mí a quién besaba, a quién quería, y no caí que solo era un espejismo de alguien que ya no estaba aquí, ¿Cómo podía continuar a eso? ¿Cómo podía seguir adelante sabiendo que había sido cegado de una forma tan bonita? Me tapé la cara con ambas manos ahogando mis sollozos, suspiraba como nunca y las lágrimas hacían el trabajo de hacerme sentir patético. Tanto tiempo cargaba con esto, poco a poco me iba dando cuenta pero me negaba, no quería que fuera verdad. ¿Acaso éste era el precio por enamorarse perdidamente? ¿Tenía que ver con la maldición del jodido Benjamín Kuhn?
— ¡Bill! Abre la puerta. —Tan pronto como golpeaba la puerta, las ganas de llorar fueron enormes. —Por favor, solo hazlo.
—Dime la verdad.—hablé hacia la puerta, él dejó de golpearla para escucharme. — ¿Aún la sigues queriendo?
Mis labios temblaban, sentí un golpe y supuse que Tom se apoyó contra esa delgada línea de madera que nos separaba. El pecho me dolía bastante y eso me daba impotencia, las lágrimas salían por voluntad propia y sentía esas ganas de rendirme, tirarme en el suelo y dejar que todo fluyera. Presioné los párpados, apartándome un poco de la puerta, creyendo que Tom lo haría del otro lado. Con el silencio de fondo, con mi pecho ardiendo, con la eternidad a mis pies, llevé la mano hacia la zona donde se contenía el dolor. Tomé una gran respiración, al tiempo que escuchaba su voz.
Fue ahí que me quedé perplejo, con la boca abierta, el corazón en la garganta, y sin poder creer su respuesta…
Abrí de inmediato los ojos, desorientado por el lugar que me rodeaba, sintiendo la garganta seca y un pitido molesto que amenazaba con destrozar mis oídos. Pronto me di cuenta que se trataba del teléfono, por lo que me senté de inmediato, mareándome un poco y reconociendo la habitación de Tom; toqué el teléfono y dejó de sonar no sabía como. Todo estaba medio oscuro, al parecer afuera estaba nublado. Recordé aquel confuso sueño y quise estar seguro de las últimas palabras, más se me hacía muy difuso y me volví a acostar, fijando el techo.
¿Por qué había soñado eso? Llevé ambas manos a la cabeza, y decidí que debía refrescarme para poder pensar con claridad. Eso hice.
Minutos después, escuchaba de fondo las canciones de los Sex Pistols, otra vez regresé al sueño e intentaba rescatar las últimas palabras antes de despertar; imposible. Eché un bostezo y me sorprendió que él apareciera de repente, extendiendo una taza de un aromático café y lo recibí anonadado. Llevaba una camiseta blanca que le iba suelta y estaba rasgada, el cabello recogido y unos joggins oscuros, estaba impecable como siempre.
Me dio un beso en la frente y cerré los párpados ante ello, automáticamente se me dibujó una sonrisa en la cara. Pronto recordé lo que mi subconsciente trataba de decir y desvanecí todo gesto afectuoso, separándome de manera rápida; le di un sorbo al café y avancé por el living.
— ¿Descansaste?—me preguntó cuando me sentaba, yo asentí e hice una vista panorámica de todo, retrocedí al ver unas cajas cerca de la puerta principal. Tom al parecer se dio cuenta de ello, al notar que no le respondía. —Ah… Cuando termines el café quiero que me acompañes a un lugar.
Esas cajas…
— ¿Qué vas a hacer?—lo miré y él se cruzó de brazos. Era una pregunta tan estúpida al principio, pero luego sentí que le estaba hiriendo más en el pecho.
No me contestó, solo me dijo en una nerviosa sonrisa que me preparara para salir. Al cabo de un rato, ya con las cajas en la parte de atrás del auto, los dos nos dirigíamos a un lugar que por el momento desconocía totalmente; Tom no quiso decirme y lo que me ponía más inquieto eran las cajas que estaban atrás. Aquellas mismas que contenían, suponía, todos los recuerdos de Reira; todo lo que alguna vez tuvo oportunidad de guardarlo, atesorarlo.
Miré mis manos, temblaban y no por la leve brisa de primavera, sino por temor a algo que no sabía qué podría ser. Rápidamente lo relacioné con ese sueño, mi lado egoísta se daba a conocer y podía interpretarlo como si yo quisiera que él fuera solo mío, que no estuviera atado a nada ni a nadie. Pero en realidad no era así, no me gustaba la idea de ser posesivo, sin embargo, en algún momento, sin darte cuenta, te volvías lo que te negabas a ser.
— ¿Por qué estás muy callado?—habló y volteé a verlo, la música reinó nuevamente en mis oídos, eso de sumergirme en mis pensamientos me apartaba de todo.
—Pensaba… En las cosas que debo hacer mañana. —Solo era ir a trabajar y volver a la condenada rutina de siempre.
—Mmm… Sabes, hay días festivos en esta época, ¿No quieres ir?
— ¿Hablas de ir a Stuttgart? —Fruncí el entrecejo. Sentí como si una extraña sensación, que luego la calificaba como niñez, se almacenaba en mi pecho creando algún tipo de satisfacción.
—Eh, no. Hablaba de ir a Frankfurt —frunció el entrecejo y demostró una sonrisa. Quizá ese lugar no le gustaba. —Además, quiero que conozcas a mi padre…
Miré por la ventana, me daba cuenta de que estábamos alejándonos del centro de la ciudad y nos adentrábamos a los barrios más tranquilos. Sentí que el corazón se oprimía al oír eso, el que yo fuera a conocer a su padre significaba algo, pero, entonces, ¿Qué iba hacer con esas cajas?
— ¿Estás seguro?
Volví a mirarle y me deleité atesorando ese perfil, él asintió sin apartar la vista del parabrisas. Ni mi amor de secundaria, ni Benjamín o Alex habían hecho una propuesta como esa; realmente no mentía cuando decía que mi corazón se volvía más pequeño con las palabras que decía, era como si fuera una amenaza de que en algún momento iba a estallar. Por favor, no quería eso.
Volvimos al silencio, y eso me intrigaba sobre el final de esas cajas. Y por otro lado, la emoción de conocer a su padre se hacía difícil de contener, más la inseguridad y lo que pensara de mí me atormentaron rotundamente, entonces me encontré en un dilema.
La eternidad en el auto se terminó cuando frenó frente a una casa de dos pisos, como eran la mayoría. Él salió y yo le seguí, fijé el rostro de Tom y estaba totalmente sumergido en vaya uno a saber qué; miré a mi alrededor y me transmitía algo de nostalgia, suspiré y fui detrás de él. La casa a la cual se dirigía era blanca, sus puertas y ventanas llevaban el color marrón y por alguna razón inexplicable podía familiarizarlo con algo.
Él subía lento las escaleras del porche, se detuvo al ver unas sillas que estaban desocupadas. Deslicé los ojos a la puerta, al lado de la misma encontré una placa que decía «Familia Williams». Me quedé mirándolo, recordé a Erica, aquella tumba, esas fotografías y todo lo que pudiera relacionar; mis piernas flaqueaban y contuve la respiración un segundo más.
El sonido del timbre me desconcertó, segundos después, reconocí la voz de Erica. Al abrir la puerta, nos quedó mirando, tenía el teléfono en su oreja pero lo apartó, llevaba el pijama y tenía el pelo recogido en un rodete desarreglado.
—Volviste con tu familia—comentó Tom y ella bajó el teléfono, asintió y dio una cínica media sonrisa. — ¿Está tu tía?
¿Por qué estábamos en la casa de su familia? ¿De qué iba todo esto?
Erica nos dejó pasar, yo con toda la timidez que existía caminaba por la casa y no pude evitar mirar los cuadros con imágenes de dos niñas que iban creciendo, siempre con una sonrisa. Tom parecía estar incómodo ya que fijaba de un lado a otro, aún no se presentaba la tía de Erica.
Un momento, ¿Y su madre, su padre?
Nos hizo pasar al living, todo era tan acogedor, la decoración me causaba mucha ternura, el sofá estaba forrado de una tela con rosas estampadas.
Había un hombre mirando la televisión y al vernos se quedó perplejo, yo estaba atrás de Tom y Erica nos observaba; sentía un clima de tensión y quería volver por donde había entrado. El hombre se acercó y lo abrazó con todas sus fuerzas, yo no sabía qué hacer, ¿Por qué me trajo aquí?
— ¿Tom? —ellos se separaron, aquella voz femenina me causó un escalofrío leve, entonces se presentó una señora que tenía ciertos rasgos a Reira y a Erica, era bonita y de baja estatura. Se acercó al productor y se fundieron en un abrazo, todo este momento me producía tanta empatía.
—No te sientas presionado —Erica apoyó una mano en mi hombro.—Tom no te hubiera traído sin un propósito.
Luego de eso, Tom me presentó ante los parientes de Reira, ellos me saludaron amablemente y nos sentamos en los sofás coloridos. La tensión aún seguía en mí, Erica lo notó y se sentó a mi lado, dándome palmaditas en la espalda.
—Veo que aún conservan estos sofás —dijo Tom mientras paseaba la mano con delicadeza, miré a los padres y la mujer sonrió, tenía la misma sonrisa que Reira.
—A Reira le gustaban, no podíamos cambiarlas —Habló quién después entendía, se trataba de su tío, sentí algo en la garganta pero no era el momento de aclararla.
Tom bajó la mirada y sonreía, esos ojos me decían que andaba recordando esos momentos de juventud, cuando ella estaba a su lado y yo hacía mi vida, la sufría como un idiota por dejarme llevar con promesas. Erica desapareció cuando su tía le dijo que trajera algo de beber, yo junté mis manos y sentía mi corazón latir con fuerza.
—Saben… Les he traído algo —Alzó la mirada y ellos le pusieron toda la atención—Estuve intentando buscar el valor para hacerlo, pero no podía conseguirlo.
Giró a verme y mis mejillas comenzaron a arder.
—Hasta ahora…
Pude ver como sus ojos brillaron, entonces me percaté de algo en uno de los míos y empezó a darme comezón, tragué saliva y miré a los tíos de Reira, la tía no me quitaba los ojos de encima, pero no lo hacía de mala manera. Tom dijo que regresaría en un momento, momento que fue eterno pero Erica apareció y me tendió un vaso de jugo, lo bebí lentamente mientras esperaba.
Al verlo, los tíos de Erica se pusieron de pie, la mujer se tapó la boca. Tom miró la caja y una solapa estaba abierta, por lo que se dejó ver un marco que contenía una fotografía de Reira disfrazada de bruja, haciendo el gesto de amor y paz, sonriendo de manera tierna. Caminó hasta dejarlo sobre esa mesita de café que separaba los sofás, la mujer fue directo a abrirlo y el marido le sostenía el hombro, como si se estuviera preparando para lo que iba a suceder a continuación.
De ella sacaron unos libros, muchas cosas que lograron que la tía de Reira comenzara a llorar. Tom le susurró algo a Erica y los dos desaparecieron, yo tan solo observaba como ella derramaba lágrimas por su sobrina, iba quitando de esa caja todo lo que a ella le pertenecía.
Me dio una intriga absoluta, por lo que me puse de cuclillas ante la mesita y pedí permiso, el tío asintió y tomé una bufanda color bordo, tenía una rica fragancia.
—Esa bufanda era su favorita, su madre se la tejió —habló la mujer con lágrimas en los ojos, tenía compasión por ella y le quedé mirando, quería saber qué le había pasado a los padres de Reira.
—Su madre… No soportó la noticia, ella estaba enferma —el tío empezó a hablar —Nadie podía creerlo.
No hacía falta decir más, lo entendí al instante.
La mujer se hundió en un mar de lágrimas, yo presioné la bufanda contra mi pecho, pidiéndole perdón en mi mente por el sufrimiento. Me puse sensible en un segundo, y de la nada unas lágrimas salieron y las barrí de inmediato al escuchar que Tom regresaba junto con Erica, traían las cajas que faltaban y las dejaron cerca del sofá. Yo no quería mirarle, no quería que me viera llorar por enterarme del pasado de su chica.
La situación se agudizó, Tom ya decía que era tiempo de marcharnos, todos lo comprendieron. La tía de Reira nos acompañó hasta la puerta, yo la saludé con una abrazo y me susurró un Gracias que no comprendí de qué iba, pero de igual forma lo acepté y fui el primero en bajar las tres escaleras del porche. Esperé a Tom en el sendero.
—Ya puedes seguir… — le acarició la mejilla. —Ya la estás dejando ir, eso es lo que ella hubiera querido.
Se abrazaron, ella volvió a llorar.
—Qué bueno fue volver a verte.
Sonreí, y mi mente encontró lo que en mi sueño Tom había dicho:
— ¿Aún la sigues queriendo?
—Decidí dejarla ir, ahora es a ti a quién amo. —Hizo una pausa. —Nunca dudes de eso.
Continúa…
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