
«Wünschen». Temporada I
Capítulo 21: Hogar
Esa música de los años ochenta era realmente pegadiza, Sylvia iba de un lado a otro cantando esas canciones, yo tan solo le observaba junto con Zira, nos reíamos de su número de baile. Sábado por la noche, el último día laboral de esta semana, en verdad se había pasado rápido y yo estaba tan animado que no tenía sueño.
Llevé unas cervezas mientras Sylvia, ya pasada de borracha, empezaba a bailar como una quinceañera, hasta Dieter se divertía con eso y todos estaban en sus cabales, ninguno se propasaba con ella. Era lindo ver la taberna llena de sonrisas y sin pleitos, así se debía llevar a cabo la situación en los demás lugares. Las luces que jugaban en el lugar, paseándose de un lado a otro, ocultaban la sonrisa ebria de Sylvia, aunque Zira ya andaba de quejoso diciendo que debíamos llevarla al vestidor y se quedara dormida, porque tarde o temprano empezaría hacer un streaptease, y eso no sería bueno para la reputación.
Todos andaban entretenidos, eso nos daba más tiempo con mi compañero de lavar los vasos y preparar más tragos. Los dos movíamos la cabeza de un lado a otro, en verdad no me sentía tan bien. Mi corazón latía por muchas razones, ya no sentía esa presión que me dejaba sin aire, ya no tenía la cabeza pensando en cosas que me dejaban al borde del colapso. Ahora estaba tranquilo, con una sonrisa radiante en la cara, con ganas de celebrar todo el tiempo.
Y cuando se trataba de amor, veías las cosas muy diferentes.
— ¿Sigues con el borracho? Hace mucho tiempo que no lo veo por aquí —comentó Zira a mi oído, debido a que la música estaba fuerte.
—Que no es borracho, lo conociste en un momento feo —le sonreí. —Pero sí, estamos juntos.
—En verdad, envidio que el amor te llegué rápido —se enjuagó una lágrima invisible, sirvió tequila en vasos de chupitos. —Yo no encuentro a la mujer indicada.
—Es porque te quejas de todo —destapé unas cervezas. —Si fueras menos selectivo, tu vida sería otra.
— Tomaré ese consejo —dijo, al tiempo que se llevaba la bandeja con los shots. Me gritaron que querían otra orden de aperitivo, entonces fui a la cocina a pedirlo; normalmente después de las doce no se cocinaba, pero como era el último día laboral, los cocineros se empeñaban en preparar los caprichos de los clientes.
Me reposé en la encimera de la cocina, esperando el pedido, no iban a tardar mucho. Movía el pie al ritmo de la canción, simulaba cantarla con todo el sentimiento que existía; me tocaron el hombro y me giré al instante, Zira me miraba un poco desorientado y señaló con sus ojos a un costado, de manera disimulada. Fruncí el ceño y fijé en dicha dirección, sentí un pinchazo en el pecho al ver a Georg, esperando paciente en la encimera de tragos.
—Te están buscando. —sentenció Zira y le dije que se encargara del pedido. Me limpié las manos a los costados de mi pantalón oscuro y decidí caminar, iba derecho, a veces contenía un poco la respiración, otras me sentía agitado debido a su confesión repentina.
Me miró y apreté los labios, sentí un escalofrío aunque aquí adentro estaba agradable. Apoyé las manos sobre la segunda encimera, enfrentándolo. Llevaba el cabello hacía atrás, su rostro impecable, libre de impurezas. Con una camisa a rayas que tenía desabrochado los primeros botones, dejando ver un poco de su piel pálida y las clavículas. No tenía que seguir mirando más allá.
— …. Hola —dije en un tono que se detectó rápidamente como incómodo. Él me fijó y me crucé de brazos, no pude retener la mirada como antes, ya me sentía extraño y sabía el motivo.
— ¿Podemos hablar afuera? Es que creo que la música aquí está muy fuerte —elevó la voz. Miré a Zira, quién ya andaba haciendo caras debido a la situación, le había contado muy por encima el asunto con Georg.
Suspiré y asentí, le avisé a Dieter y no tuvo problema mientras fuera por unos segundos, los dos fuimos a la puerta y él me dejó salir primero, le agradecí y me encontré con una fresca madrugada. A pesar de que era primavera, por las noches bajaba la temperatura y necesitabas un abrigo para no enfermarte. Ambos nos enfrentamos y yo miré el suelo, separando un poco mis pies, dejando que los mechones se movieran.
Georg y Tom no se hablaban, cuando le mencionaba al chico de ojos verdes se ponía un poco irritable y me decía que estaba trabajando o que no le mandaba mensajes porque no tenía tiempo. Poco a poco empezaba a creer que había algo más que eso, pero no sabía qué exactamente; además de que no le había dicho sobre la confesión, porque no quería que se pusiera en mal plan, había una sensación de que tal vez estaban peleados por algo.
— ¿Qué sucede?—tomé la iniciativa.
—Necesito pedirte disculpas… Por el alboroto que hice en el casamiento —extraño, fruncí el entrecejo. No me esperaba para nada eso.
Me barrí los mechones detrás de la oreja, analizando lo que acababa de decirme. Si bien luego de aquella confesión desapareció, me parecía raro que apareciera de la nada y viniera a decirme esto; no era que me estaba haciendo otras ideas, era solo que se me hacía extraño. Nos miramos, él con sus ojos verdes que me transmitían algo que no podía calificar por el momento.
—Bueno… — me eché una nerviosa risita —estabas ebrio, creo que era lógico que dijeras tonterías.
Volví a reírme mientras daba cortos pasitos en mi lugar, él enarcó una ceja y su rostro mantenía esa expresión seria. Me miraba demasiado, incluso podía jurar que no parpadeaba, ¿Acaso estaba drogado? Volteé a ver atrás, asegurándome de que no hubiera nadie a mis espaldas, más no encontré a alguien más. Me incliné y enarqué ambas cejas.
— ¿Acaso sigues ebrio?—troné los dedos frente a él y parecía que volvió a la realidad, sonrió y yo me erguí.
—Todo esto fue una confusión, no volverá a pasar —no sabía si creerle, me miraba de una manera que no concordaba con el perdón de sus palabras, ¿Qué debía hacer?
—Ah, descuida… A cualquiera le hubiera pasado.
Suponía que era normal enamorarse de la pareja de tu mejor amigo, era muy cliché. Pero, sentía que había algo más, como si él tuviera que agregar un plus a su disculpa. Sentí que golpearon el cristal, miré y Dieter me hacía señas de que tenía que ingresar de nuevo, asentí y le pedí disculpas a Georg. Pasé por su lado para ingresar, pero su voz me detuvo. Escuché su pesada respiración.
—Tom estuvo enojado conmigo por una tontería que le dije esa noche que estábamos en la entrada… —Clavé los ojos en la puerta de cristal, recordé esa noche que Tom fue a casa y yo estaba con Georg. — Esa tontería es verdad, pero lamentablemente no puede cumplirse… No porque no quiera, sino porque arruinaría la felicidad de mi mejor amigo.
Desplacé la vista, mis ojos se enfocaron por encima del hombro en Georg, comprendiendo a lo que se estaba refiriendo. Sentí como si un balde de agua me estuviera congelando las piernas, y el vacío en mi pecho me transmitió una sensación de angustia.
—Estaba mal conjugado el verbo, ése fue el alboroto.
No, no tenías… ¿Qué estabas diciendo? ¿Por qué cambiaba de idea? ¿De qué estaba hablando?
—Es la segunda vez que me pasa.
Mi cuerpo se movía debido a la brusquedad del vehículo, aunque no era de manera violenta, logró desconcertarme de aquel recuerdo. Tom tomaba mi mano mientras conducía con una sonrisa encantadora; se lo veía tan tranquilo y a gusto de tenerme a su lado, eso me animaba demasiado, pero había otra parte de mí que se sentía miserable, ¿El móvil? La confesión de Georg. No sabía si decirle a Tom al respecto, aunque su mejor amigo me había dicho que no mencionara que había ido a verme.
—Mi padre está muy ansioso por conocerte. —Habló, yo le miré de soslayo perdiéndome en sus facciones. Y me daba cuenta de que jamás iba a cansarme de ver su rostro. —Te llevarás bien con su novia, tiene nuestra edad.
Se rió, capaz se trataba de una jovencita rubia con un buen cuerpo, con voz chillona y rizos que la hacían quedar como una muñequita. A su padre no podía siquiera imaginarlo, era todo un misterio. Sin embargo eso parecía no molestar a Tom o ya habría hecho algún comentario ofensivo para esa chica, suponía entonces que tenían una buena relación.
Llevó el dorso de mi mano hasta sus labios y dejó un cálido beso, me estremecí y sentí como si me soplaran la nuca, acto seguido sonreí y mis mejillas se tornaron algo calentitas. Pronto me invadió la culpa, y todo porque no podía decirle lo de Georg; ahora me cerraba todo el tema entre ellos, el porqué de no hablarse. Tom fue demasiado discreto, supo desde un principio lo que estaba sucediendo. Tal vez esa noche hubiera sido diferente de no haber sido por su aparición, no estaba confirmando que me iría con su mejor amigo pero… Dada las circunstancias que estaba atravesando en el momento, era algo que podría haber surgido.
De todas formas, me sentía también un poco molesto por no habérmelo dicho, aunque seguro había algo más, Georg decía que era la segunda vez que le pasaba, ¿Se refería a enamorarse de la persona que estaba con su mejor amigo antes? ¿Tenía que ver con Reira?
Se me cruzó por la cabeza alguna fotografía que había visto de pasada en la casa de la tía de Erica, una en la que estaban Georg, Gustav, Reira y Tom. El de ojos verdes estaba al lado de la jovencita, la sostenía de la cintura de manera caballerosa, su rostro estaba sonriente, Reira tenía las mejillas coloradas y la expresión de Tom no cuadraba con el resto. Parecía como si estuviera molesto. ¿Acaso había pasado algo entre ellos?
—Si quieres puedes descansar, aún nos quedan como tres horas de viaje —Asentí, últimamente me andaba distrayendo con Georg y eso no era para nada bueno. Se suponía que debía dejarlo atrás, lo había prometido al minuto de escucharlo. —Te ves pálido, ¿Comiste?
Negué con la cabeza, me recosté contra la ventana y él tomó el volante con ambas manos, me cubrí con su campera de cuero, tenía su perfume y me lo puse hasta la nariz para que pudiera lograr que olvidara lo de Georg, no tenía que ver conmigo, él solo era amigo nuestro, nada más.
Me dormí lo que restaba del viaje, desperté antes de que Tom lo hiciera y ya nos encontrábamos frente a una casa que no destacaba tanto como las demás, pasaba desapercibida, era como si no quisieran que la encontraran nunca. Tenía un jardín delantero cubierto de arbustos altos que cercaban, como si evitaran que se viera desde afuera. Al salir los dos del auto, él fue abrir esa puertita de reja que emitió un sonido chillante, a lo que segundos después se oyó ladridos de perros y Tom se rió.
—Hola, bebé, ¿Cómo has estado?—dijo al inclinarse apenas abrió la puerta. Un perro color blanco con manchas oscuras se paraba en dos patas y lanzaba hacía él, buscando mucho afecto. Tom se lo daba, le acariciaba con sus manos la cabeza y le sacudía las orejas con orgullo. —Te presentaré a alguien…
Me miró e hizo una seña para que me acercara, me dio un poco de pánico interno al tratarse de perros, no era que no me agradaban sino que temía porque me mordieran al ser un desconocido. Tragué saliva y avancé hasta ingresar al jardín delantero poniéndome de cuclillas como Tom, él lo sostenía del hocico.
—Bien, él es mi chico —señaló con una sonrisa, el perro le miró y yo igual. —Él es Bill…
Le dio un empujón y el perro directamente se abalanzó a mis brazos, dándome lametones por la cara. Al principio casi me daba un paro pero luego noté lo entusiasmado que estaba y me reía por eso. Logró empujarme y caí sentado mientras evitaba que siguiera babeando mi cara, lo único que podía escuchar eran mis quejas entre risas y a Tom diciéndole a su chico que se calmara.
— ¡Scotty, ven aquí!—gritó y otro ladrido escuché mientras acariciaba al perro que estaba contento de ver a su dueño. Vino corriendo uno de color negro y directamente me lamió la cara, pronto me encontraba riéndome de no poder apartarlos y escuchaba que Tom se reía mientras le pedía algo de ayuda.
Momentos después, de la mano ingresamos a la casa y había un rico aroma a comida. Por el living vimos a, quien yo suponía, el padre de Tom; la casa estaba amueblada con cosas antiguas, era algo a lo que no estaba acostumbrado pero se veía lindo, lo que le diferenciaba eran los discos y fotos de algunos famosos que reconocí al instante. El hombre, que miraba su celular, elevó la vista al vernos, a lo que yo me escondí detrás de Tom y oculté la unión de nuestras manos; el tema de presentar a la pareja siempre había sido algo espeluznante para mí.
—Pensé que no vendrías hasta la noche—dijo contento el hombre, Tom soltó mi mano para ir a abrazarlo y me sentí avergonzado, no sabía donde meterme. Fijé el afecto que se tenían, un lazo que yo jamás había experimentado debido a que mi padre se marchó apenas había nacido.
Sentí algo en el pecho, una punzada, e hice mala cara, más logré componerme cuando oí que Tom me llamaba. Me sacudí la melena y sonreí como solía hacerlo, avancé de forma rápida y extendí la mano cuando me presentó; tenía el mismo color de ojos, el mismo lunar en la mejilla y sonreía de la misma forma. Sin dudas era el padre, me quedó mirando unos segundos, yo comenzaba a entrar en pánico.
—No saludaré… a mi yerno de manera formal… Ven aquí —acto seguido, me abrazó fuerte y yo estaba inmóvil, Tom me miraba con su sonrisa, enarcó ambas cejas a modo de que no estuviera asustado. Al parecer él ya sabía lo que iba a pasar, lógico, pero yo temía por este encuentro.
Me palmeó la espalda y también lo abracé, podía sentir algo tan familiar en él, era como si un pozo dentro de mí se llenaba con algo que me transmitía. Mi pecho se contrajo y sonreí también, me estaba sintiendo cómodo con la situación. Con Tom nos miramos y él parecía embobado con la escena, luego nos separamos y observé al padre.
—Puedes llamarme Jörg o papá… Mejor papá, eso me haría feliz —me sonrió mientras me sostenía del hombro. Asentí con entusiasmo, si eso le hacía bien entonces se lo cumpliría.
—Papá — sentencié de inmediato. Orgulloso él nos miró, entonces empezó a gritar el nombre de una mujer, se trataba de su novia.
No obstante, el haber dicho papá hizo que un nudo en la garganta se aproximara, entonces la aclaré y Tom me preguntó si me encontraba bien, él no conocía mucho de mi vida y yo apenas estaba sabiendo la mitad de la suya. Todavía nos quedaba un largo camino por recorrer, yo estaba dispuesto a hacerlo, pasara lo que pasara.
— ¿Dónde está ese cretino?—la voz de esa mujer logró que volteara y nos esperaba con una sonrisa, Tom se tiró en sus brazos. Era verdad cuando decía que tenía nuestra edad, o por lo menos la de él, yo le daba de unos veinticinco años más o menos. — ¡Hasta que al fin decides aparecer!
Era una familia muy alegre, a pesar de la diferencia de edad, no había límites para enamorarse. Llevaba una remera ancha y cuando se separó de Tom, logré notar una pancita; luego la mujer se presentó como Sara y rápidamente me adoptó como otro hijo más. Era muy tierna, llevaba el cabello largo color chocolate y tenía piel trigueña, era de la misma altura que Jörg y no tan delgada.
—Oh hijo, antes que desaparezcas — le abrazó por el hombro y me miró—Uno nunca sabe cuando los hijos toman su rumbo, a pesar de que trabajamos en la misma compañía disquera nunca lo encuentro.
Yo me reí y Tom se sobó la nuca, le dijo que tenía que enseñarle algo en el garage, entonces los dos se fueron. Sara me dijo que le acompañara a la cocina para que le ayudara con el almuerzo, en verdad, no podía haber pedido algo mejor, esto realmente era el jodido cielo.
—Es muy difícil coordinar horarios con esos dos—comentó mientras tomaba el cuchillo para picar verduras en una tabla de madera. —Menos mal que pudieron juntarse para estos días, ¿Te gusta el curry?
—Sí, me encanta —me puse a su lado —En especial si es de…
— ¿Pollo?—me miró, yo asentí.—Es riquísimo, mi madre me lo preparaba todo el tiempo, así que decidí darles la bienvenida con esta delicia.
—Gracias —sonreí.
—Al contrario… —dejó de picar, se puso frente a mí y me miró a los ojos—Tengo que agradecerte mucho, Tom no ha estado por aquí en un buen tiempo. Y no quiero que te sientas incómodo, puedes tutearme, no soy una vieja…
Era muy tierna esta mujer, me daban ganas de que me abrazara todo el tiempo, me recordaba a mi madre cuando era más joven.
—Tampoco te juzgaré, el mundo es libre, mi madre era hippie así que… ya sabes — se rió y volvió con su labor. —Me gusta que Tom se vea feliz, y eso es gracias a ti.
Mierda, estaba a punto de llorar. Simplemente no podía creer con la clase de familia que había dado, quiero decir, ojalá todos fueran así, que no juzgaran, no veían mal que dos personas masculinas se amaran, no les importaba, solo la felicidad que su ser querido obtenía. Necesitábamos más gente así en el mundo.
Le ayudé en todo, me contó que estaba embarazada de seis meses y que tenía mucho miedo ya que era madre primeriza. Le brindé unos pocos consejos que había escuchado cuando la hermana de Andy estaba embarazada, también me invitó al Baby Shower y encontramos varias cosas en común. Ella era como yo, con una sonrisa y siempre brindando confianza, seguridad a las personas, y transmitía tanta paz.
Cuando la mesa ya estaba lista para poder servir en los platos, fui a buscar a Tom, en el camino me encontré a su padre y le dije que ya estaba todo listo, le pregunté donde estaba y me lo indicó. Salí afuera y lo encontré jugando con los perros, él estaba sentado en el césped, los perros corrían tras de una pelota de tenis. Suspiré y avancé sin apuro, él me vio y uno de los perros, Scotty, vino a mí con la pelota. La tomé y la arrojé, llegué a Tom y me senté a su lado.
— ¿Te sientes cómodo aquí?
—Nunca me había sentido mejor—le contesté y nos miramos. —Ya está la comida.
Me tomó de sorpresa y me abrazó por el hombro, estábamos de frente a la casa, los perros corrían jugando. Miré una motocicleta en el garage, al parecer de eso le estaba hablando su padre. Apoyé la cabeza sobre su hombro y cerré los ojos, había dormido demasiado pero el sueño aún seguía en mí, no quería abandonarme.
—Quiero que este día no termine nunca…
Yo tampoco.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.