«Wünschen». Temporada I

Capítulo 22: Pelea interna

—Juro que no puedo moverme más después del helado. —Aseguró Sara, la ayudé a sentarse en esas bancas de madera que había en este trecho tan bonito. Todo estaba lleno de flores de cerezo, ese tono lila resaltaba demasiado con el sol y el azul del cielo.

— ¿Quieres que traiga algo de beber? —pregunté preocupado, para estas cosas soy paranoico. Recordaba cuando la hermana de Andy andaba con contracciones y a mí casi se me salía el corazón por la boca de los nervios. —¿Quieres que llame a Tom?

—Descuida —me sonrió de manera tierna y se la veía tan linda. —Agua estaría bien, de todas formas Tom y Jörg vendrán en unos minutos.

Tenía razón, Sara y yo nos adelantamos con esto de ir al Dippemess; y era que ella quería conocerme sin la necesidad de tener a Tom cerca. Era una buena mujer, había conocido a Jörg hacia unos cinco años, cuando tenía veintidós. Se enamoró enseguida, ni siquiera sabía que era presidente de la discográfica, ella lo conoció en un café; era todo muy romántico como me lo contaba, ya hasta me lo imaginaba como si fuera una novela empalagosa.

Nunca es tarde para amar.

Iba con una sonrisa hacia el almacén más cercano, había uno cerca del parque, cruzando la calle. Caminaba con algo de prisa, no quería dejarla sola, me daba demasiado pánico lo que le llegara a suceder. Al llegar, me encontré con un cartel que decía que estaba cerrado por duelo, miré para ambos lados tratando de localizar otro, más fue imposible. No me quedó otra que preguntar.

—Ah… Disculpe—frené a un señor que venía con su pequeño hijo. — ¿Podría decirme donde puedo encontrar un almacén o algo así?

— ¡Claro! —Me sonrió, fijé unos segundos al niño y me saludó con la manito, tenía una sonrisa idéntica a la del señor. —Lo más cercano aquí es un drugstore, tienes que doblar en esta esquina a la derecha y la encontrarás a media manzana más o menos.

—Muchas gracias… Adiós, pequeño —le saludé y seguí las indicaciones. Debía apresurarme porque Sara estaba sola y quién sabía a qué hora iban a llegar los otros dos.

Cuando logré doblar, me encontré con que la calle estaba cortada, pero los peatones seguían su rumbo, al parecer había una sesión de fotos de alguna cadena enorme. Fijé de reojo y seguí, algunas personas se detenían a ver la sesión, otras iban a regañadientes porque no podían caminar rápido, incluso los motociclistas iban arrastrando sus medios de transporte para que no pasara a mayores. Todo era un caos en esta parte.

Encontré el drugstore del que me había indicado el tipo, así que ingresé y pedí el agua, lo pagué y salí rápido de allí; no me di cuenta y choqué con algo, retrocedí debido al impacto. Negué con la cabeza y me quejé en voz baja, mi mano fue directo a la frente y cerré los ojos unos segundos.

—Oh, lo siento… ¿Bill? —Abrí los ojos de inmediato. Sentí como un torbellino helado en mi pecho y estaba deseando que no fuera quién creía que era, pero esa voz solo le pertenecía a él. — ¿Estás bien? ¿Te lastimé?

Por más que nos encontrábamos en otras circunstancias, aquellas preguntas dieron justo en lo que yo suponía que ya no tenía que ver con él. Apreté los labios y me reincorporé, todo tenía que marchar bien, aparentar que nada había sucedido. Fijé su rostro, había pasado tiempo, estaba más delgado y se había recortado la barba; tenía sus gafas de marco grueso y un collar que… Yo le había regalado. Inspiré profundamente y me erguí, sus ojos claros fueron directo a los míos y el silencio en nosotros fue algo eterno.

—No, quiero decir, estoy bien —fruncí el ceño y miré a otro lado. — ¿Qué haces aquí?

—La campaña de verano —los dos miramos la sesión que se llevaba a cabo. Claro, ¿Cómo no lo había pensado antes? Siempre se adelantaban con respecto a las campañas, una estación antes de la acordada ya hacían las sesiones. —Pero… ¿Tú que haces aquí?

Se cruzó de brazos y sentí una presión en el pecho. Tragué saliva, mis recuerdos estaban algo confusos, querían volver y yo no lo estaba negando; actuábamos como si nada, ninguna pregunta sobre lo de aquel día, aunque suponía que ninguno de los dos sabría cómo tocar ese tema.

Necesito un tiempo, sí. —habló un rato después. Suspiró y redujo la velocidad. —Necesito… Necesito pensar, distanciarme de todo.

El desconcierto me tomó de sorpresa, ¿A qué se refería? Acaso estaba hablando de… No. Mi respiración cambió de nivel, sentía la ansiedad recorrer cada parte de mi organismo, preparándose para el golpe mortal. Me estaba pidiendo un tiempo, ¿Qué mierda había pasado en ese viaje? Miles de situaciones se presentaron en mi cabeza, y de la nada, la imagen del último viaje en vehículo que tuve con Benjamín dio aviso de una advertencia muy grande.

¿Me estás dejando? — le pregunté luego de recordar aquello.

No, no es eso —apretó las manos contra el volante. —Quiero aclarar unas cosas en mi cabeza.

Viste a Katherine—sentencié, fue lo primero que se me venía a la mente.

¡No la metas en esto!—se enfureció de repente, me quedé perplejo al ver esa reacción. Frenó el vehículo a lo bruto y sentí que ya debía dejar todo atrás.

Quítale el seguro a la puerta— dije mientras quería abrir. Él comenzó a disculparse pero ya no se podía regresar. — ¡Abre la maldita puerta!

En un suave movimiento, sentí un click y tomé todas mis cosas, salí echando humo del auto, dando un portazo al cerrar. Me detuve un momento, un montón de cosas pasaban por mi cabeza y quería decir absolutamente todo. Volví y me incliné, abrí la puerta nuevamente y Alex me observaba con algo de pena.

Más te vale que no vuelvas a mí cuando hayas aclarado tu cabeza —titubeó algo mientras quería tomar mi brazo pero yo se lo negué.—Porque sé la respuesta… Adiós para siempre.

No sabía si había sido demasiado frío ese día, pero era que el recuerdo de Benjamín me había influenciado tanto que lo dije sin pensarlo, o tal vez quería ver su rostro una vez más y terminar destrozando su corazón como si fuera un plus.

—Estoy con una amiga… Vine a visitar a un familiar —le estaba mintiendo, esto no me lo iba a perdonar. No sabía porqué de repente no quería destruirlo más, suponía que estas cosas eran parte de mí: el reprimir sucesos para no dañar a alguien más.

Pero… tampoco comprendía porqué me ponía de esta manera al ver a Alex, estuve mal, lo reconocí, sin embargo él me había engañado cuando estaba en Los Ángeles.

No…

Fue al revés, recién acababa de darme cuenta. Yo era el entrometido en la relación, él se había peleado con Katherine, y seguramente se habían pedido un tiempo, entonces eso me convertía en un juguete más, ¿Era así? Me hundí en estas cuestiones, pronto comencé a sentirme mal por darme cuenta de esto, Alex nunca me había pedido algo formal, y mucho menos Benjamín. Siempre había sido el segundo plato, el juguete que tenía fecha de caducidad.

Bajé la mirada, tenía un vacío en el pecho que era difícil de tapar con algo en este momento. Parte de mi cabellera fue hacia adelante, intentando ocultar mi expresión.

— ¿Estás llorando?—escuché y alcé la mirada, me encontré con su mano en mi mejilla y barrió aquella lágrima. La vista se me nublaba y la impotencia no me dejaba seguir.

—Lo siento, debo irme —dije, dejando todo atrás. Me llamaba pero avancé de forma rápida, al tiempo que me limpiaba la cara y corría todo el maquillaje; lo arreglé cuanto pude sin saber si estaba en lo correcto, de todas formas podía meter de excusa cualquier cosa.

Regresé al parque y veía a los lejos a los tres de pie, Sara parecía preocupada y en cuanto se giró, su expresión de alivio reinó totalmente. Yo sentía el nudo en la garganta y Tom me miraba como sabiendo que algo no marchaba bien, avanzó hacia mí. Simplemente quería derrumbarme, era horrible darse cuenta de las cosas, era tan destructivo enterarse que solo eras una mentira para alguien más, que solo eras un juguete, que lo único que hacías era rellenar ese hueco vacío, luego te tiraban como si fueras basura.

—¿Qué tienes?—me miró, yo avancé y lo estreché contra mí, apoyé la cabeza en su hombro, abrazándolo como si quisiera que nunca se fuera. Y eso era lo que más deseaba, que no se fuera. — ¿Qué pasó?

No podía decirle que era culpa de haberme encontrado a Alex, no quería que se armara un escándalo y mucho menos que lo hiciera frente a su familia. Quedaríamos mal los dos. Y aunque ya no estaba llorando, parecía percibir que me sentía muy mal, por lo que tomé valor y me dispuse hacer lo que mejor me salía.

—Estoy bien, solo me entró una basurita en el ojo y… —tomé distancia y le miré. Esbocé una sonrisa y él parecía calmarse, me besó la frente y volví a sentirme como nuevo —Te extrañé mucho.

—Yo también —me golpeó la nariz con los dedos y me quejé. —Vamos, tenemos que ir al Dippemess, en la noche habrá fuegos artificiales.

Sara y Jörg no pudieron ir, ella se sentía muy cansada. Nos pidió disculpas por no estar con nosotros, le dije que tomaría fotos de ese momento y luego se los mostraría. Nos despedimos de ellos cuando llegamos al auto de Jörg, luego nos fuimos con la motocicleta al predio donde se encontraba la feria. En verdad tenía demasiado pavor con respecto a esos vehículos, por lo que me aferré demasiado a Tom como si estuviera por caerme de un precipicio.

No pensaba en el reencuentro, realmente el mundo era un pañuelo, no podía creer que podría volver a verlo en un lugar como éste. Aunque tendría que haberlo recordado porque tiempo antes había visto su agenda para futuros planes y lugares como Frankfurt estaban en los mismos. Pero con todo lo que había pasado se me olvidó y tuve que enfrentarlo. No lo hice como quería, tan solo huí porque no sabía qué decirle. De todas formas, suponía que era lo mejor, tampoco quería hablar del asunto sobre nuestra distancia; yo había sido el que cortó la relación, sabiendo que él no me había dicho el motivo concreto. Podría haber sido por Katherine, o por alguien más, yo solo estaba convencido de eso.

No, no tenía que armarme suposiciones, ahora estaba con Tom, y aunque no éramos pareja formal, no hacia falta que me lo pidiera… ¿O sí?

Habíamos pasado por tanto en tan poco tiempo, así que comprendía si aún no estaba listo. A mi siempre me dio miedo preguntar si alguien quería ser mi novio, ¿Por qué? Porque no sabía si iban a aceptar, me enamoraba fácilmente y ellos lo tomaban como ventaja, me refería a Benjamín y Alex. Supieron cómo manipularme, no sabía si se habían dado cuenta de ello pero lo habían descubierto, me ilusionaron, me hicieron creer algo que no era… ¿Tan mal la tenía que pasar?

Pero, ¿Y ahora?

La diferencia con los demás, era que Tom tenía un pasado que apenas estaba dejando, ¿Eso sería como lo que había pasado con los otros? Él estaba aferrado a alguien, al igual que ellos, ¿También lo hacía parte de ese clan?

Apreté los párpados, abrazando más a Tom. No quería que así fuera, no quería que él se arrepintiera después, necesitaba una prueba más para quitarlo de ese bando, requería una pieza extra para sacarlo de ese campo. Mi pecho dolía, era como un hielo que golpeaba bruscamente los huesos y amenazaba con destruirlos, estaba seguro de que volvería a llorar en cualquier momento, más tenía que controlarlo. No tenían que verme en estas condiciones por mis estupideces.

Sentí un aroma a caramelo, entonces miré el casco de Tom y luego hacia adelante. Se contemplaba un hermoso, iluminado y extenso predio; lleno de trucks-food y juegos de todo tipo, había música y demasiada gente. Detrás del casco se me dibujó una sonrisa, nos desplazamos hasta conseguir un lugar donde aparcaban las motocicletas, descendimos, guardamos los cascos en la mochila ya que no eran tan enormes, y Tom lo cargó en su espalda. Me tomó de la mano, entrelazó nuestros dedos con firmeza y empezamos a caminar por la calle hasta dar con la entrada.

La tarde ya se iba, caía la noche y las cosas se ponían más divertidas. No podía creer cuanto entusiasmo podía notar en los niños, y la emoción que algunos adolescentes tenían al ganar algo en la vida. El algodón de azúcar atrajo mi atención y seguí el aroma como si fuera una mosca a la sopa, llevando a Tom conmigo; me planté frente al señor que los estaba haciendo y saqué la billetera de inmediato, pero alguien puso la mano encima.

—Yo pago —me sonrió y yo me sentí avergonzado; no sabía porqué parecíamos una parejita adolescente. Bueno, yo seguía siendo un puberto, aunque pronto cumpliría veintiuno.

Al tener el algodón de azúcar rosa en mano, le di el primer bocado y me sentí en el jodido cielo. Lo dulce siempre te borraba la acidez y amargura.

—Yo también quiero. —Tom se puso frente a mí y yo le hice amague de no agarrarlo, me miró pícaro y conteniendo una sonrisa.

—Bien —saqué un trocito y él abrió la boca, sonreí mientras miraba como lo tomaba entre los dientes y lo saboreaba con gusto, yo me llevé los dedos a los labios y los limpié.

Fuimos a ver como jugaban a los caballitos en el área de juegos, me ponía nervioso y Tom quería jugar para ganarse ese oso rosado, pero le dije que no lo hiciera. Al final, terminamos entrando varias veces al Domino y luego pasamos el rato intentando ganar algo en las casitas de juegos. Tom, victorioso y por pensar que no confiaba en él, ganó un perro de peluche al que rápidamente le puse de nombre Pumba. Con el perrito en mano, caminábamos por el área de juegos, de esos que te dejaban mareado como si hubieras bebido; veíamos como las personas gritaban o se reían, yo moriría del infarto, Tom tampoco pedía subir, de seguro la iba a pasar tan mal como yo.

Los fuegos artificiales se iban a llevar a cabo en cualquier momento, esto era algo que hacía tanto no veía. Por el tema del trabajo, y además de que andaba atrás de Alex todo el tiempo, no tenía un momento para mí, o por lo menos no hacía lo que realmente quería. No obstante, sentí que con Tom sí podía, quería venir al Dippemess y aquí estaba.

—Vamos a meternos por aquí, supongo que encontraremos un mejor lugar —me tironeó suave y le seguí, llevé al pecho a Pumba y miraba como nos adentrábamos dentro del pequeño trecho que formaban las casitas de fortuna y los puestos de comida. Estuvimos recorriendo por un rato largo, hasta que parecía que ya no escuchaba a la gente hablar y la cuarta creciente quería brillar más de lo que la luna llena lograba.

— ¿Por qué estamos tan alejados?—pregunté mientras él caminó varios pasos lejos de mí, miré su espalda, la mochila, y su vista parecía estar postrada en el cielo nocturno.

Pronto escuché un chirrido, segundos después una explosión que logró hacer compañía al cuarto creciente. Alcé la vista y veía como esos destellos se extendían lo más que podían, dando comienzo al show de fuegos artificiales; me quedé como un tonto admirando esos diversos colores, sentía algo en el pecho y no sabía si era de alegría o tristeza. Definitivamente Tom había escogido un buen lugar para contemplarlos, los sonidos y explosiones eran cada vez más seguidas y la iluminación era una obra maestra.

—Es hermoso… — susurré, no pude evitar sonreír. Le tomé varias fotos con el teléfono para enseñarle a Sara después.

Hacía tanto que no veía algo como esto, solía ir a la fiesta de Año Nuevo en Munich con mamá, cuando andaba de novia con un señor, y recuerdo que esa noche ella estaba muy feliz, pero no sabía si era porque estaba con el tipo o qué. Ese día lo recordaba siempre porque ella sonreía como nunca, y ver esto me hacía recordarla. La extrañaba.

Yo decidí vivir solo porque mamá necesitaba de su espacio, luego de que mi padre desapareciera atravesó tiempos difíciles, estuvo con tantos hombres pero no encontró al indiciado, hasta hacia tres años. Conoció a un tipo de su edad y hasta ahora se llevaban muy bien, por eso decidí aislarme de ella, no quería que estuviera tan pendiente de mí, además de que seguramente le recordaba a mi padre, no quería que siguiera sufriendo. Por eso me mudé a Berlín con Andy, y mandé la excusa de la universidad, aunque al principio si asistía.

— ¿En qué piensas?—bajé la mirada, Tom estaba frente a mí. Me tomó de las mejillas con ambas manos y las acarició con suavidad.—No tienes bonita cara, ¿Por qué no sonríes?

—Es que… La última vez que vi fuegos artificiales fue cuando estaba con mi madre —tragué saliva e hice mala cara, mierda, estaba a punto de llorar. —La extraño pero no quiero molestarla porque está haciendo su vida con alguien más.

— ¿Por qué le molestarías? Eres su hijo—se inclinó ante mí y chocamos nuestras frente, sollocé para no derramar lágrimas. Bajé ambas manos, una sostenía a Pumba con firmeza —Si la extrañas, tendrías que ir a verla. Podría aprovechar e ir yo también, quiero conocerla.

Se rió y apreté los labios. Sentí los suyos sobre mi frente y me sentí mucho mejor. Tenía que ver a mi madre, mi cumpleaños se acercaba y ella seguramente iba a querer verme; de más está decir que no me hablaba porque le había dicho que no lo hiciera a menos que yo se lo pidiera, de vez en cuando lo hacía, le mandaba dinero y esas cosas, jamás me olvidaba de ella.

—Tienes algo aquí—Tom frunció el ceño.

—Dond…

Me besó. Cerré los ojos y escuchábamos el sonido de la pirotecnia, más el destello que brindaban al público. Una mano sujetó su campera, la otra no perdía de vista al oso; y empezó esa danza que solo las bocas podían otorgar. La presión en el pecho desapareció, la angustia también, todo lo malo se había ido.

Su lengua acariciaba la mía y pronto sus manos fueron a mi nuca para hacer presión, yo le abracé por la cintura entrometiendo una de mis manos por debajo de su campera, aferrándome a su cintura. Lo estreché contra mí para sentir su calor, necesitaba mucho de él, quería buscar alguna prueba de que esto iba en serio y que no iba a terminar como el resto. No soportaría que alguien me rompiera el corazón de nuevo.

El besó se cortó antes de que se despertara la lujuria, era buena idea, porque sino andaríamos desnudos por todo el Dippemess y no quería hacer el ridículo. Dejó un inocente beso luego del anterior y nos miramos a los ojos.

— ¿Ya sabes que eres mi novio, verdad?

Mis ojos comenzaron a arder y parpadeé al instante. Esa frase no la había escuchado antes, solían decirme cosas lindas pero nada se comparaba a esto. Mis labios empezaron a temblar e iba de un lado a otro fijando los suyos; estaba completamente anonadado, en un estado vegetativo que solo se podía regresar con la afirmación de lo que había escuchado. Mi corazón se aceleró salvajemente y el nudo en la garganta volvía a aproximarse.

—T-Tom…—estaba en trance, no podía salir de aquello. Él me enseñó una adorable sonrisa y me besó la mejilla. Las lágrimas salían sin control, en serio que no podía controlarme; me tiré entre sus brazos y me puse a llorar, en verdad, esto no me lo esperaba para nada, realmente me tomó por sorpresa.

—Tengo el novio más hermoso del mundo — susurró a mi oído y sentí un agradable escalofrío que logró estremecerme hasta el lugar más recóndito de mi ser.

Mis mejillas se pusieron tan rojas que sentía que la cara iba a explotarme de la vergüenza, él me miró y yo llevé a Pumba de lleno a mi rostro, ocultando la expresión.

¿Quería una prueba?

¿Por qué la vida me sorprendía así?

—Estás demasiado sonrojado—le miré, él parecía tranquilo, pero cuando me había besado estaba temblando al igual que yo. —A decir verdad, no sabía cómo pedírtelo… y toda esa gente me estaba poniendo nervioso.

Carraspeó y miraba como se volvía un niño en un minuto. En serio que amaba todo de él, hasta cuando se ponía en plan de pequeño; suspiré, aún con lágrimas en los ojos, aún con ganas de volver a escuchar que dijera esa palabra.

— ¿Soy tu novio?—pregunté de forma estúpida mientras no creía lo que decía. Él me miró y me robó un beso entre risas, me tomó de la cintura y nos balanceamos mientras juntábamos nuevamente nuestras frente.

—Si lo eres —cerró los ojos y nos quedamos así por un momento.

Sonaba a berrinche de colegiala, pero me ponía demasiado sensible con estas cosas. Internamente estaba llorando de felicidad, por fuera no podía estar más que feliz.

Suponía que la pelea interna acababa de finalizar.

Continúa… 

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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