«Wünschen». Temporada I

Capítulo 3: Misterioso cumpleaños

Las relaciones con famosos eran las peores, constantemente debía tener cuidado, en Los Ángeles todo era un caos. Los malditos paparazzis nos seguían a todas partes, había sido la primera vez que pisaba suelo americano, y suponía que iba a ser la última porque no me dejaban en paz. Alex tenía que cargar con una nueva relación, la ruptura con la modelo y la colección de verano. Recordaba que ese viaje había sido bipolar: por momentos eran lindos, y otros parecía un infierno.

La suerte de estar en Europa era que no lo conocían tanto, y mucho menos en Leipzig. Por ende andábamos de la mano como una pareja normal, aunque mi camuflaje era perfecto, nadie sospechaba que era un hombre. El centro era lo mejor para un sábado, mi turno cambiaba y tenía tiempo para hacer lo que quisiera hasta la noche, por lo que había decidido acompañar a Alex a comprar más de esas revistas de dibujos japoneses. Últimamente se estaba volviendo muy fan de eso, había terminado con los diseños, pero se interesó tanto en las historias que quería comprar la segunda temporada.

—No puedo creer que en serio vas a comprar toda la segunda temporada, ¿Y si no la tienen? —le pregunté.

—Salió hace unos años, claro que deben tenerla, tal vez en el depósito. —Alex llevaba gafas, con un abrigo de su línea de ropa de invierno, siempre las traía puestas, además de hacer publicidad, era la vestimenta que le gustaba usar.

Sentía que estaba saliendo con alguien menor de edad, porque no era común que un tipo de treinta le gustaran esas revistas, deducía que los leía porque quería salir de la rutina. Aún así, yo le seguiría la corriente, ya que el instante que compartíamos era divertido. Adoraba verlo sonreír, me ponía feliz verlo disfrutar de su momento; siempre buscaba lo mejor para tenerlo conforme, eso me mantenía con los pies en tierra.

—Tal vez encuentres algo que te guste, la autora hizo varios mangas. —sus ojos se enfocaron en mí, y yo esbocé una sonrisa. No podía negarme a la felicidad de alguien, no estaba en mí irrumpir en los buenos momentos de otros. Yo debía ser partícipe de eso, por algo había nacido.

Mi madre me decía que todo se arreglaba con una radiante sonrisa, si me caía debía levantarme y reírme por el golpe, nada de llantos. De ella había aprendido que la felicidad estaba en una buena compañía, complaciendo a las personas, dándoles motivos para sonreír y ser feliz. Pero solo una vez no pude concretarlo, Benjamín no tenía motivos para ser feliz, por más que yo le buscaba alguna solución, se desbordaba al querer implementarla. Él decía que su vida era una mierda, fingía que todo estaba bien pero no era así, su matrimonio se desbordaba y por eso se había involucrado conmigo. En aquel entonces no lo veía, pero luego de replantear la situación me enteré de la verdad.

— ¿Al final te llamó Dana? —preguntó, habíamos quedado en que yo seria el modelo para la nueva campaña, necesitaba la confirmación de ella para aceptarlo. Negué con la cabeza y Alex chistó la lengua contra el paladar.

Él siempre se ponía molesto cuando se trataba de su trabajo, lo comprendía, ser diseñador era su pasión. No era bueno andar cerca en esos momentos, yo solía sentarme a su lado y escuchar los insultos; nadie era perfecto, todos teníamos nuestros días malos, y Alex tenía los suyos de vez en cuando. No por eso dejaba de quererlo, él me había sacado de un pozo que yo creía que era demasiado profundo, me salvó de aquel calvario que atormentaba mi cabeza con recuerdos. Ahora debía ser yo quien debía salvarlo de sus malos momentos.

—No te preocupes, llamará —intenté animarlo y apreté con fuerza su mano para que comprendiera mi mensaje. —De lo contrario, iré hasta Los Ángeles y le plantaré la campaña en la cara.

Se echó a reír, seguíamos caminando por el centro, buscando ese lugar de revistas japonesas. Minutos más tarde, nos detuvimos frente a una tienda que tenía las paredes color naranja, y un cartel con letras pixeladas que decía MangaTK. El tirón de Alex me advirtió de que debía seguirle, y así fue; los dos nos adentrábamos con algo de desesperación, jamás lo había visto tan animado, pronto me hacía la idea de que debía lidiar con su faceta de adolescente. Eso ya no lo veía bien.

—Bienvenidos a MangaTK, me pueden consultar cuando quieran. —nos habló una joven de cabello castaño y ojos color avellana, Alex no perdió la oportunidad y le preguntó sobre la segunda temporada de su adorado manga. Se alejó de mí, separando la unión de nuestras manos, un vacío la barrió en su lugar y me encontraba solo segundos después.

Me dediqué entonces a mirar el interior, la iluminación era demasiada, pero sabía que era a propósito para que resaltaran las revistas, emprendí una caminata turística, llevando un pie delante de otro, como solo los modelos podían hacerlo. El control del equilibrio era mío, miraba de arriba hacia abajo los estantes que tenían miles y miles de revistas con nombres en inglés, alemán, japonés y quién sabrá qué otro idioma. A duras penas podía ver algunas portadas, todas eran de dibujos japoneses, tenían la misma técnica, algunos ojos un poco más pequeños que otros, pero no abandonaban ese estereotipo que ellos habían creado.

— ¿Puedo ayudarte en algo? —Detuve mi viaje al oir su pregunta. Me giré de inmediato y parpadeé repetidas veces para confirmar al responsable de esa reconocible voz.

Me sonrió al instante, sin embargo, en mi mente se presentó su rostro angustiado e ido de la realidad. No sabía porqué se había puesto en ese plan cuando bajé del bus, pero ahora estaba frente a mí, sonriéndome como lo había hecho aquella vez, como también había pensado la primera vez que le vi en la taberna. Retrocedí dos pasos para mantener un poco la distancia, la sorpresa me agarró de forma repentina y no podía evitar sentirme algo confundido por haberlo encontrado en este lugar. Su cabello estaba mojado, o tal vez era gel que lo dejaba impecable, sujetado con una coleta, dejando al descubierto una frente pulcra y pálida. Me negaba a contestarle, algo me lo impedía, era como si solo quisiera quedarme mudo y verlo sonreír. Otra vez la buena sensación se apoderaba de mí, sintiéndome idiota por manifestarlo.

—Ah… ¿Trabajas aquí? —ignoré por completo su pregunta, pero él se rió, tal vez me había observado desde que ingresé, y yo como estúpido miraba todo como un novato. Qué vergüenza.

—Por el momento —miró las revistas que estaban a su alcance y comenzó a sacarlas, yo miraba sus manos, me llamaba la atención el tatuaje que tenía en una de ellas. 1989. Seguramente era por la caída del muro, yo no había nacido en ese entonces, andaba por los testículos de fuera uno a saber qué hombre. Mi madre jamás me dijo quién fue mi verdadero padre, fui criado por un hombre que llevaba la etiqueta de papá, pero a los doce mi madre me confesó que no era su hijo. — ¿Qué hay de ti? ¿No trabajas los sábados?

—Solo por la noche. —Quitaba algunas revistas y las colocaba en otro lugar, suponía que las estaba ordenando. Todo era prolijo en el interior, no había ningún error, era perfecto, justo como a mí me gustaba tener el departamento: sin ningún rastro de suciedad y con jerarquía absoluta.

— ¿Y qué te trae por aquí? ¿Te gusta leer mangas? —colocó las manos en los bolsillos de su pantalón, llevaba una camisa de algodón sintético color azul marino, que tenía el logo de la tienda y su nombre en letras pixeladas en la parte derecha de su pecho, se me hacía gracioso.

—Ah, la verdad no. Bueno, no lo sé —fruncí el entrecejo al sentirme como un tonto por dudar en la respuesta, fijé otras revistas —Estoy acompañando a…

— ¿Tu novio? —se desató una ola de nervios, le miré con algo de pánico pero intenté disimularlo tras una sonrisa. Alex no era en definitiva mi novio, estábamos en una relación un poco rara; él no me había pedido ser oficialmente su pareja todavía, yo le respetaba porque habían pasado unos pocos meses desde la separación con su ex mujer.

—Es un tema complicado —dije casi en un susurro. Él volvió a sonreír y me sentí extrañado al ver eso. Enarqué una ceja pero le valió que lo hiciera, seguía regalándome esas curvas encantadoras que le enternecían su mirar.

—Entiendo. —infló el pecho y exhaló el aire motivado.

—Am… Soy nuevo en esto de leer esas revistas. —quería espabilar el ambiente y el que habláramos de Alex, no me sentía muy cómodo hablando de eso con él. —Leí Between the Amnesia, solo la primera temporada, es muy predecible la segunda parte. ¿Hay algo que me puedas recomendar?

— ¡Por supuesto! —estaba con buenas energías, podía percibirlo. Me hizo señas con la cabeza para que le siguiera, él iba adelante y miraba su andar. Caminaba como todo hombre activo, a paso firme y decidido, esa espalda un poco ancha me hizo quedar sumergido en recuerdos difusos de alguna noche con Benjamín. Moví la cabeza para olvidar eso por completo, él no tenía que ver con el profesor, pero su espalda me era familiar. — ¿Te gustan los vampiros?

—En la secundaria solo leí un libro sobre eso. —le contesté, él asintió y cruzamos el local, llegamos a una sección que se encontraba al fondo del lugar, él observó hacia arriba, con un dedo sobre sus labios, entrecerrando un poco sus ojos.

—Éste te gustará —tanteó con sus dedos cada tapa de revista hasta tomar uno. Me enseñó la portada. Eaaruma, ¿Qué clase de título es ese? —Eaaruma, manga sobre vampiros y lobos, ¿Sabes lo que es Yaoi?

—Ah, no, ¿Es algo sangriento? —él negó con la cabeza. Me explicó lo que significaba sin filtros, también me comentó la trama y me enseñó algunas páginas. Se trataba de un vampiro que debía buscar a su amor eterno, y sabiendo el final de su destino, se arriesgaba a hacerle recordar sus antepasados. Me eché a reír de la trama, era algo patética y predecible.

—Es un buen regalo. —dijo mientras ocultaba la risa tras mi mano, le observé con unas pequeñas lagrimitas en los ojos y no entendí lo que quería decir. Me compuse y tragué saliva.

— ¿A quién le puedo regalar esto? —mantenía mi buen humor, en serio había logrado producirme una carcajada.

—No me refería al manga. —mi sonrisa desapareció en ese momento. Podría ser que… —El que vinieras y me sonrieras es un buen regalo.

Absorto en la confusión, preso de la vergüenza y muerto como una hoja seca, ya no sabía qué hacer para dejar de sentirme así estando cerca. Ladeé la cabeza y apreté mis labios, sus ojos postrados en mí me decían algo, me pedían a gritos una cosa que por el momento desconocía. Era como un soplo en la nuca, escalofriante y lleno de intriga. ¿Por qué un regalo? ¿Acaso era su cumpleaños? Me sorprendí de haberme dado cuenta de la respuesta tarde, quería confirmarlo pero oí la voz de Alex y todo se tornó extraño para mí, en el sentido de que me sentía tan sumergido en nuestra conversación, que me había olvidado la existencia de Alex.

—Lo lamento, ya debo irme. —le dije mientras me alejaba, me sentía apenado de dejar las cosas así, aunque debía admitir que me estaba poniendo algo nervioso. No era que me desagradaba que me dijeran ese tipo de cosas, lo que sí era que yo me ponía como un maldito y no sabía qué responder, ni siquiera podía controlar mis reacciones, la impresión siempre me delataba primero.

Me susurró algo que me costó comprender, más al final no lo capté. Fui a paso rápido hasta donde se encontraba Alex, sobre la mesada de donde se pagaba y embolsaban esas revistas, casi en el medio del local, descansaba una caja tamaño mediano. Le miré y él se mostraba contento, eso me hacía sentir bien, porque sabía que el día de hoy estaría de buen humor. Terminó de pagar y lo cargó entre sus manos, nos despedimos de todos en el lugar, yo miré a lo último en dirección a Tom, él asintió con la cabeza.

—Creo que mañana tendré con qué entretenerme. —Alex me desconcertó del contacto visual con Tom. Ya hasta estaba en confianza que le nombraba con seguridad. —Lástima que tu tienes que trabajar.

—Podré leerlo cuando regrese —decía con algo de seriedad. No sabía si se dio cuenta de que hablaba con el tipo, pero seguro pensaba que le estaba consultando algo.

—Hay algo que debo decirte, pensaba hacerlo cuando vuelvas de trabajar pero estaré en el estudio junto con Dana, y no te podré ver hasta mañana.

— ¿Qué sucede? —me acomodé el cabello y él miró hacia adelante. Caminábamos con una pared invisible en el medio, él cargaba la caja mediana con ambas manos; su rostro se puso más serio de lo que siempre estaba acostumbrado a ver, suponía entonces que tenía que ver con la campaña.

—Sabes que debo ir a Los Ángeles de nuevo con esto de la nueva campaña. —Yo asentí, eso lo sabía, más no comprendía qué tenía que ver. —Bueno, iré antes de lo esperado.

Le quedé mirando unos segundos, él parecía algo apenado. Katherine estaba metida en la nueva campaña, claro, ella era la cofundadora y fue modelo antes de eso. Lo entendí al instante, él se reencontraría con ella; habían pasado meses desde su separación, no se habían visto desde que él se instaló aquí en Alemania por inauguraciones de su línea de ropa en tiendas por todo el país. Una preocupación se avecinaba por el horizonte, no era que me ponía celoso de las personas, jamás había manifestado cambios estúpidos cuando alguien trataba de arrebatarme algo o alguien. Me dejaba llevar, me importaba poco eso, yo no era dueño de las personas, yo formaba parte del círculo social personal, nada más.

— ¿Cuánto tardarás? —pregunté hundido en su confesión sobre la ruptura con la ex modelo.

—Más o menos un mes, pero solo iré a trabajar, y la relación con Katherine solo será laboral.

—No debes darme explicaciones, Alex —emití una sonrisa cínica, claramente por dentro comenzaba a sentirme raro. ¡No debía ponerme así! —Yo estaré esperándote aquí.

Por la noche, cuando ya me encontraba en la taberna, el ambiente en la misma era digna de jóvenes y hombres dispuestos a emborracharse hasta caerse de sus sillas. La música estaba un poco subida de lo normal, relajando a todos, haciendo que gritaran en los oídos de los demás para poder conversar. Yo estaba sonriente debido a que todos andaban de buen humor, si uno se ponía violento el resto también.

Zira era molestado por algunos tipos, lo conocían desde hacia tiempo y bromeaban porque él no sonreía para nada, a él se le permitía estar serio porque no podía cambiar ni aunque le aumentaran el jodido sueldo. A nuestro turno de los sábados, se sumaba Sylvia. Una muchacha rusa, de ojos color almendra y cabello rubio natural; ella era la que ligaba peor, sin embargo, sabía como llevar las conversaciones. Ella les terminaba haciendo bromas a los clientes, seduciéndolos y toda la cosa. Dieter no se enojaba por eso, decía que atraía a más personas, él sí que era un codicioso.

— ¡Bill, otra ronda de cervezas! —habló bien alto el líder de la pandilla de borrachines que ya los tenía fichados. Asentí y fui directo a sacar las botellas de cervezas, las conté en mi cabeza, al tiempo que se enfriaban mis manos debido a que estaban heladas. Afuera el otoño parecía invierno, más aquí adentro todo era acogedor y no se sentía el frío.

Las coloqué en la bandeja y, con mi equilibrio y dominación perfecta, transitaba por la taberna con una sonrisa y tarareando la música electrónica. Los muchachos gritaron emocionados al verme entrando en su ronda, los ocho utilizaban una mesa que en realidad era para cuatro personas, el apretujamiento no les impedía el buen momento. Comencé a pasar las botellas mientras me agradecían, ellos se mostraban contentos con mi presencia.

— ¡Estamos de festejo, Bill! —comentó uno de barba como la de Alex. —Es el cumpleaños de Mino.

—Oh, ¿De verdad? —me toqué el pecho, no quitando la sonrisa de mi cara. Mino sonrió y asintió, entonces yo le llamé con la mano para que se acercara, la suerte era que se encontraba a mi lado, por lo que me incliné y lo abracé con un solo brazo, el otro cargaba la bandeja de plata redonda. — ¡Feliz cumpleaños, Mino!

—Muchas gracias, Bill. —nos separamos y mi cara de felicidad era inalcanzable. Todos aplaudieron, yo era amigo de ellos, siempre la pasábamos bien los sábados. Ellos bebían hasta que ya no daban más y bailaban en el pequeño lugar, o jugaban a la máquina tragamonedas que había en un rincón.

—Le diré a Sylvia que te traiga un cupcake de cumpleaños. —le hablaba con suma confianza.

—O mejor que se lo traiga Zira, a ese le sacaremos el jugo —todos se rieron. Yo los dejé y fui a por el pedido, veía por el rabillo del ojo que unas personas ingresaban, volteé a ver y una pizca de miedo me atrincheró el pecho.

Tom ingresaba con dos personas, todos observaban el ambiente, los que ya habitaban el lugar los miraban porque eran nuevos. Yo tomé un respiro y fui directo a la cocina, Zira estaba en la encimera así que él les atendería. Mientras pedía que mandaran un cupcake con Delia, recordaba lo que había sucedido en la tarde; Tom había mencionado algo sobre un regalo, y eso tenía que ver con mi sonrisa. Le pedí dos al chef y le dije que me avisara, así los llevaba. Iba a regalarle uno a Tom por su cumpleaños.

— ¿Ya viste el galanazo que entró? —me decía Sylvia, situándose a mi lado, se apoyaba en la encimera que conectaba la cocina con la taberna. La miré de soslayo y llevaba una auténtica sonrisa, sabía que había postrado los ojos en algunos de los tres. Hice lo mismo, junto con Tom se mostraron dos sujetos, uno con gafas de marco grueso oscuro y rubio, otro de cabello castaño corto y ojos claros, no podía verlo bien por la iluminación. —Ese tipo de cabello corto es un sueño.

—Ay, Sylvia. Tú siempre te babeas por los alemanes —emití el comentario, ella siempre idolatraba a todos los que ingresaban, en parte por eso coqueteaba con los clientes. Claramente ella ponía los límites, porque sino esto se convertiría en un prostíbulo.

—Agradezco a mi padre por haberse trasladado aquí. —la volví a mirar y se mordía el labio inferior, era como si estuviera teniendo sexo con el tipo de cabello corto con solo mirarlo. ¡Qué mujer!

—Los cupcakes están listos, solo les añadí la crema y las chispas de colores. —me dijo el chef, yo asentí y los tomé. Los dos tenían una vela roja pequeña, le di uno a Sylvia para que llevara a la mesa de los borrachines y no le dije para quien era el otro, sino me armaría harto escándalo solo para que ella lo entregara.

Caminé por el sendero que me conducía al área de tragos y botellas, Zira terminaba de darles unas cervezas, veía como ellos chocaban las mismas y sonreían. Fue ahí que me quedé fascinado por la sonrisa de Tom, otra vez me veía absorto en esa acción que me hacia olvidar de todo. Me quedé parado un momento en mi lugar, guardando esa imagen; si así era como uno se sentía al mirarme sonreír, entonces agradecía que así fuera. Gracias karma.

Segundos después, me encontraba frente a ellos. El primero que me clavó la mirada fue el de cabello castaño, no me observaba con buena onda, parecía ser indiferente ante mí. No me importaba, elevé la mano por la encimera, deslizando la misma por el material, al tiempo que el tipo observaba cada acción que efectuaba. Con mi dedo índice logré alcanzar la tela del abrigo de Tom, su codo estaba apoyado en la encimera, su cuerpo estaba en dirección a unos tipos que hacían competencia de baile. Su cabeza se movía al compás de la música; la pena comenzaba a cubrirme, la presión y el constante seguimiento de su compañero comenzaron a ponerme un poco paranoico. Terminé por agarrar con el pulgar e índice su prenda, y tironeé un poco, él se giró de inmediato, enfocando directamente sus ojos en los míos.

—Ah… ¡Hola! —no sabía si había gritado mucho, si había exagerado en saludar, o si mi sonrisa era estúpidamente alegre, que me quedó mirando como si fuera algo nuevo. —Eh… ¡Feliz cumpleaños!

Con la otra mano deposité el cupcake sobre la mesa, los nervios ya habían desaparecido y tomé el encendedor que llevaba dentro de mi uniforme de mozo. Lo encendí y se lo acerqué. Lo que me impresionó de él fue que me mirara con ternura, emitiendo una inocente sonrisa, solo elevando las curvas un poco, nada de enseñar sus parejos dientes. Con sus dos manos agarró el postre y lo levantó; sin dejar de mirarme, colocó a la altura de mis ojos la vela encendida, susurró algo, y luego lo sopló. Sentí una brisita a menta fresca sobre mi rostro, me hizo sentir como nuevo. Parecía que estaba mascando chicle. El humo se disipaba sobre nosotros y yo no podía sentirme más satisfecho, había dado justo en el blanco.

—Qué bueno que lo recordaste, aunque no te hubieras molestado. —Bajó el cupcake y miró a los otros dos que nos observaban atónitos por la escena. —Ellos son mis amigos, él es Georg, y el rubio es Gustav.

El tono de su voz era casi divertida, y un poco se le barrían las palabras. Pronto deduje de que tal vez había estado bebiendo antes de ingresar aquí. Les saludé, el de gafas me devolvió el gesto, pero el otro solo me quedó mirando como si fuera lo más horrible de la tierra. Y no podía juzgarlo por ello, no había nacido diva como para que a todo el mundo le cayera bien.

—Así que estás de festejo. —comenté luego de aquello, evitando la mirada del tal Georg. Él asintió y bebió su cerveza.

Empezamos a hablar del manga, y de mi carcajada al querer leerlo. Le decía que me parecía estúpido, además era todo raro porque se cometía necrofilia, zoofilia y quién sabía qué otras cosas más. Era absurdo. Tom decía que esas historias eran buenas, no muchas personas podían lograr armar algo entretenido, siempre terminaban fracasando o solo emitían unos capítulos y luego le ponían el final adelantado para no dejarlo inconcluso. Eso me había recordado a mi carrera en la universidad, yo estaba en filosofía y letras, y lo dejé casi a la mitad, todo por un profesor mediocre.

Los amigos de Tom se pusieron a beber y el de gafas se hizo amigo de Mino cuando fueron a la máquina tragamonedas, me alegré por ellos. Por lo menos no estarían tan solos después de todo.

—Me gustaría quedarme toda la noche hablando contigo, pero quedé en ir a bailar a un club con otros amigos también —me comentó mientras miraba lo que quedaba del cupcake, sus ojos denominaban algo ajeno a su sonrisa, le quería preguntar. Eso de ver algo que no cuadraba con él comenzaba a ponerme en intriga.

—No hay problema, espero que la pases de maravilla con tus amigos. —Nos miramos y volví con mi sonrisa, él negó con la cabeza enseñando la suya, y yo me sentí el más idiota. Yo sonreía para que él también lo hiciera, y así contemplarlo tan cerca como podía, era algo que se me estaba volviendo costumbre; sin embargo, no me sorprendía de la rapidez con que las cosas transcurrían, era natural que fuera así. Demasiado confianzudo para el mundo.

—Siempre tienes una buena imagen, Bill. Envidio eso de ti. —me dijo asintiendo y entrecerrando un poco sus ojos. ¿A qué se refería? —No me hagas caso, a veces pienso en voz alta. Am, iré a avisarle a mis amigos que es hora de irnos.

Se alejó de mí, yo miré como se iba. ¿Qué tenía mi imagen? ¿Acaso tenía que ver con la simpatía? No podía evitarlo, me gustaba que las personas se sintieran bien, eso me hacía sentir de la misma manera, porque lograba que el ambiente de desconfianza desapareciera, y ellos se sentían a gusto. Bufé y comencé a limpiar la segunda encimera, acomodando vasos y copas, llevando los que estaban sucios al fregadero para lavarlos de inmediato. Abajo de la mesa descansaban unas cuantas botellas de cervezas, vinos y champagne vacíos. Era una noche larga, aún faltaban como cuatro hora para que todo terminara, y cada uno pudiera irse a casa.

—Disculpa, ¿Puedes darme un poco de agua? —Me di la vuelta, el amigo de Tom me miraba con el entrecejo fruncido. Su cara fue así desde que le vi, capaz que esa era su expresión a diario. Asentí, le serví un poco y le llevé el vaso, él lo agarró y bebió un poco. Al bajar el vaso, habló: — ¿Puedo preguntarte algo?

—Dígame. —adopté lo formal, con Tom eso se había ido a la mierda, pero fue petición suya que no lo tratara de esa forma; yo haría lo que me pidieran, no quería hacerles sentir mal.

— ¿Siempre eres así de fácil? —fue como un puntapié en mi pecho, ¿Qué significaba eso? Incomprendido, ladeé la cabeza, él lo notó y se rió. Hubiera preferido que no lo hiciera, su sonrisa era intimidante y frívola. —Me refiero a que… ¿Siempre tratas a las personas como si fueran tus mejores amigos? Apenas conoces a Tom.

—Ah, ¿Disculpa? —el flashback tomó su lugar en mi cabeza, cuando Tom me preguntaba si siempre le sonreía a desconocidos. Por lo menos él había sido decente, este tipo me hablaba como si fuera un arrastrado; maleducado de su parte, no tenía ni un poco de respeto, no lo disimulaba. — Yo estoy haciendo mi trabajo, y en mi trabajo actúo como tal y como corresponde.

—Ya veo. —enarcó una ceja y los dos miramos que venían los demás. Él me miró de soslayo y yo no podía contener la paciencia, estaba haciendo un esfuerzo tremendo por soportarlo. —No te acerques a él, no lo conoces.

Cambió su rostro cuando Tom y el tal Gustav se acercaron, les dedicó una sonrisa y yo estaba más perdido que la mierda. Pagaron y se despidieron de mí; Tom me guiñó un ojo mientras se alejaban, yo tan solo asentí. Por otro lado, ¿Qué quería decir ese idiota? ¿Por qué se comportaba como si fuera una hermana celosa? Acaso… Ay, mierda. Díganme que ellos no eran lo que estaba pensando.

—Hijo de puta. —me susurró Sylvia. —Tuviste la suerte de hablar con el tipo de ojos claros, ¿Son verdes, no?

—No lo sé, pero es un idiota —mascullé molesto.

Observé lo que quedaba del cupcake, la vela estaba inclinada dentro de la cuarta parte que restaba de esa delicia. Era algo deprimente que no se lo terminara, pero me alegraba saber que le había gustado el que le saludara.

Recordando lo último que había sucedido, resoplé y salí de la taberna para dirigirme al sanitario, necesitaba mojarme la cara, despejarme de toda esta confusión que apenas podía comprenderla. Solo esperaba no crear alguna discusión entre esas dos personas que desconocía realmente el vínculo que les unía, aunque Tom me había dicho que era su amigo, pero suponía que el otro no lo tenía muy en claro a eso. Todo era un misterio ahora, la relación de ellos se encontraba en suspenso por el momento.

Continúa… 

N/A: Espero que vayan comprendiendo a Bill, y la trama en general xd. Con respecto a la mención de Eaaruma, solo es un sarcasmo (Aunque la verdad lo sentí así xD soy un asno para esas historias). Nada, quiero que entiendan la trama como yo, me estoy esforzando por dar mensajes subliminales(?), y porque se entienda la historia. Espero que estén bien! Nos vemos la próxima!

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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