«Wünschen». Temporada I

Epílogo

No podía concentrarme en el momento, ni en la música, mucho menos en los comentarios de felicitaciones que los invitados me daban. Mi atención se la llevaba aquel hermoso jovencito que reía, que hablaba como si nada le afectara por adentro; aunque yo había visto otra faceta de él al recogerlo en la estación de trenes.

— ¿Cómo has estado? —me atreví a preguntar, él se quitó las gafas de sol, dejando ver un impecable maquillaje.

Llevaba el cabello completamente oscuro, lacio y largo, le había crecido bastante. Estaba más delgado, puro piel y hueso, se notaba peor si traía esas ropas ajustadas; tragué fuertemente saliva, quería abrazarlo pero sabía que apenas le había convencido para que viniera.

—Honestamente, ¿Tengo que responder a eso?

Frío, estaba muy frío y distante, su mejilla no llevaba marca alguna de esa evidencia, esa condenada evidencia que me llevó a perderlo. Apreté los puños contra el capó del auto, reservándome esas ganas de tirar todo a la mierda; no iba hacerlo porque él no lo merecía, porque ya le había hecho más daño de los que ya tenía.

Se cruzó de brazos, mirando a la gente pasar. No quería tener contacto visual conmigo, lo comprendía, ¿Quién querría mirar al monstruo que se abalanzó sobre él? Hice un vistazo rápido de su anatomía, golpeteaba el pie contra el suelo, lucía esas botas que eran del mismo color que toda su ropa. Había cambiado demasiado en estos dos meses, tanto que me odiaba por ser yo quién había logrado eso.

—No. —Me reí, pero era una innecesaria. —Es verdad, no tienes qué responder.

Sacó su móvil y empezó a teclear, entrecerré los ojos, ¿Con quién estaba hablando? Por mi cabeza empezaban a bombardear un montón de nombres y rostros, escenas que deshice en el instante porque no tenía que ponerme bravo ahora.

— ¿Y? ¿Vamos a ir o no? —me preguntó, me levanté. Le abrí la puerta del copiloto pero él pasó de largo y abrió la de los asientos traseros, se deslizó por ellos. Inspiré entre dientes, lo cerré con fuerza. Di vuelta y me adentré. Lo fijé por el espejo retrovisor y él miraba por la ventana con los dedos sobre sus labios.

Mierda, los deseaba tanto. Quería volver a besarlos, sentir su calor, quería que volviéramos a estar juntos como antes, amarnos sin importar la hora.

La bocina me desconcertó, el auto de atrás estaba esperando para salir. Me asomé a la ventana y le enseñé el dedo mayor, giré las llaves, presioné el acelerador y marché en dirección a casa.

—Que te quede claro, solo estoy aquí porque le tengo cariño a Sara y a tu padre. —habló, en serio, me dolía en el alma que sus palabras tuvieran acidez cada vez que se dirigía a mí. —Ja, no puedo creer que aún no se lo hayas dicho.

—Se lo diré después del Baby shower.

Mi padre no sabía que él y yo habíamos terminado. Tenía la idea de que me lo había llevado al Tour por Francia y España, aún quedaban más presentaciones, solo que había pedido días libres para poder asistir a este evento. Le pedí a Bill que viniera, al principio no quiso aceptarlo, pero luego lo convencí y aquí estaba; solo esperaba que no metiera la pata con el asunto de que las cosas ya no eran como antes entre nosotros.

Al llegar, los dos salimos; había música y globos por todos lados en el jardín delantero. Eché un suspiro, miré a Bill de soslayo, él enfocaba sus ojos en la inmensidad del hogar; no sabía si estaba pensando en la primera vez que lo traje o qué.

—Bill. —le llamé, tragué saliva.

—No te preocupes. —Bajó la mirada, jugaba con la camisa de jean que sostenía entre sus manos. —Puedo fingir por un tiempo.

— ¿Tom? ¿Hijo? —los dos miramos hacia adelante, escuché la risa de Bill y se adelantó. Mi padre lo recibió con los brazos abiertos.

No podía comprender cómo podía lograrlo, él podía disimular que nada pasaba, actuaba como si jamás hubiéramos discutido y separado. Le veía mientras unos pequeños correteaban por el lugar, la manera en que le tocaba el vientre a Sara y ella toda contenta presumía a mi pequeño hermano.

Envidiaba, envidiaba a todos en esta condenada fiesta, envidiaba a esa vieja cuarentona súper maquillada que le tocaba la mano a Bill, mi Bill. Mi deseo. Odiaba que ese niño le tironeara de la remera y que él le observara con esa angelical sonrisa, aborrecía a esa jovencita que le tocaba el cabello maravillada; detestaba el vaso de cristal porque podía tocar sus labios.

Definitivamente, fue una idea de mierda el haberlo traído aquí, sabiendo que todos podían disfrutarlo menos yo.

Mi tortura duró dos horas más, yo estaba más apegado a mi padre y sus amigos, en ciertos momentos me lograban sacar de ese trance, hablando del culo de las niñeras que los padres manoseaban. Bueno, ¿Para qué censurar esto? Todos los hombres tenían debilidades, algunos más sensibles que otros. Eso me había recordado a lo que Tessa me había propuesto, a pesar de que recién tenía mayoría de edad, la mujer tenía la mentalidad de una perra profesional.

Por supuesto que mi padre no era de esos, yo lo rescataba de aquella laguna libidinosa de hombres insatisfechos por sus mujeres. Además, Sara era muy hermosa, todos lo sabíamos.

Por la noche, Bill y yo en silencio ordenamos las sillas, recogimos todo y lavamos los utensilios. Mi padre estaba con Sara, abriendo regalos y llevándolos al futuro cuarto de mi hermano menor. Yo aprovechaba para mirar al pelinegro, hacía las cosas con mucho cuidado, no había perdido ese toque especial que tenía al realizar las cosas; siempre actuaba como un ángel frente a mí, tenía esa delicadeza al hacer las tareas que me dejaban absorto en sus movimientos.

Estaba arrojando los vasos de plásticos para los niños en una bolsa de residuos, pero me miró de repente y se quedó en esa posición, enarcó una ceja y yo tragué saliva. Se puso erguido, colocó una mano en su cadera, disgustado, y habló.

— ¿Quieres hacer algo? —revoleó los ojos. Por un momento sentí que estábamos bien, como si nada hubiera ocurrido. —Hace media hora que estás parado ahí, no soy idiota.

—Te estaba mirando. —Al decir eso, se llevó una inspiración profunda, seguramente quería decir algo. Casi estaba seguro que sus mejillas tomaron algo de color, pero él bajó la cabeza y siguió recogiendo lo que quedaba.

Finalizamos la limpieza, yo me quedé en el living mientras Bill usaba el baño, cambiaba de canal sin ganas, siempre fijando la entrada de la sala con la esperanza de que él me llamara, pero sabía que no lo haría, yo tendría que dormir aquí porque así habíamos acordado.

—¿Qué pasa, hijo? —Apareció mi padre desde una esquina y me asusté. — ¿Estás bien?

—Ah, sí. Estaba por ir a dormir. —Apagué la televisión, me incliné sobre mis rodillas y suspiré.

No sabía si decirle en este momento, él se sentó a mi lado mientras bebía de su taza. Podía sentir que estaba esperando a que le dijera algo; no quería saber su reacción, por mensajes me decía que Bill era lo mejor que había elegido, que gracias a él yo había regresado. Antes esquivaba a mi padre, no quería verlo pero por Bill, había tomado el valor de volver a donde me crié.

A la mierda, en algún momento lo tenía que saber, ésta era la oportunidad. Mojé los labios, fijando el suelo.

—Papá, hay algo que debo decirte… —Le miré, él estaba confundido. —Verás, Bill y yo…

— ¿Tom? —los dos miramos a la entrada del living.

Ahí estaba él, con una toalla en la cabeza y su pijama, me miraba con seriedad pero sus labios temblaban, lo noté enseguida. Me puse de pie y quería que este momento durara para siempre; carajo, me estaba mirando fijamente a los ojos. Me remontó a ese primer encuentro, cuando me examinaba tal fuera un descubrimiento nuevo, él podría haberlo disimulado, lo habrá intentado pero sus ojos mieles… Ellos delataban total interés en mí.

Me dije en ese instante que era mutuo.

— ¿Vamos a dormir? —soltó con una sonrisa.

Luego de que mi padre nos diera las buenas noches, los dos subimos las escaleras. Estaba claro que solo quería hacer bien el papel, podía ser que no quería que se lo dijera mientras los dos estuviéramos en casa.

—Supuse que tu padre sospecharía si no venías a dormir aquí, no quisiera ver el rostro de Sara al enterarse —dijo triste, se cruzó de brazos sentado en la cama.

Se quitó la toalla de la cabeza, lo dejó sobre la silla y volvió a la cama, la destapó y se dejó caer, dejando su cuerpo a un lado de la misma. Yo estaba parado frente a él, no sabía qué hacer, él me observó sin expresión definida, se cubrió hasta el torso.

— ¿Qué haces? Ven a dormir. —Me sorprendí y él suspiró de mala gana. —No te voy hacer dormir en el suelo, no soy tan malo.

Antes de acostarme a su lado, fui a darme una ducha. Quería que el agua se llevara todo el pasado, todo el daño que le había hecho, quería que al regresar él me tratara como; si yo no hubiera reaccionado de aquella manera con Georg todo habría sido diferente, más en ese estado de furia no podía pensar en otra cosa que no fuera dejarle en claro que Bill me pertenecía.

Eso duró solo unos minutos.

Me cambié en el baño, regresé a la habitación mientras me secaba el cabello con la toalla, miré a Bill dormir cómodo, en verdad, era lo más hermoso que me había tocado admirar. Fui del lado opuesto, donde se encontraba la ventana, me tapé hasta la cintura y me quedé mirando un punto unos extensos instantes.

Esto no era para nada lindo, esta condenada tortura de tenerlo a centímetros y no tocarlo; estaba pagando de manera horrible. Me sentía como aquel ladrón mirando por la grieta la luz del sol que le daba de lleno en uno de sus ojos, sintiendo una pizca de felicidad solo por admirarlo sin rejas que obstruían tan grandioso momento.

Después de esto no iba a poder verle jamás, porque yo tendría que irme a otra ciudad y luego a Estados Unidos, él seguiría aquí, condenado a olvidarme solo por un error mío. Me dolían las entrañas de pensar que fui el imbécil en cagarla, quería golpear la pared hasta que mis nudillos sangrasen de la rabia, así podría encontrar el alivio.

Me giré despacio, cambiando de posición. Miré la silueta de Bill, su cabello lacio y largo quería llegar hasta mí pero aún le faltaban centímetros. Su cuerpo subía y bajaba debido a la serena respiración, no sabía si estaba durmiendo, no me importaba, quería tener esta última imagen en mi cabeza, aunque solo fuera de su espalda.

—No estás durmiendo. —Habló, yo levanté la cabeza y él se volteó completo en mi dirección. —Duerme.

—Sabes perfectamente que no puedo —solté, era un acercamiento peligroso. Yo me apoyé sobre el brazo mientras nuestros rostros se admiraban entre sí, él tragó saliva, mantenía sus ojos en mí, no quería bajar a mis labios por miedo a no contenerse. Pero yo tampoco podía hacerlo sino terminaría mandándome otra cagada.

Sin avisarle, pasé la mano libre sobre su cabello húmedo, barriéndolo hacia atrás, él estaba quieto como una roca, mirando cada detalle de mi brazo. Cada parte de mi cuerpo recuperaba el calor que solo él podía otorgarme, y eso sucedió con un simple roce. Su respiración era diferente a la mía, yo me encontraba nervioso pero él estaba relajado.

—Tom… —Susurró, no tenía aliento a pesar de que no estaba agitado. Yo bajé la mano para acariciarle la frente con el dorso.

Por dentro me cubría una manta de nostalgia, tantas veces habíamos estado así, pero ahora se encontraba un muro, uno al cual estaba dispuesto a romper si él me lo permitía.

—No lo hagas. —dijo mientras sus ojos se aguaban. —Sabes que después de esto cada uno seguirá con su vida.

—Precisamente por eso, quiero recordar tu rostro lo más que pueda. —Frunció un poco el ceño, sus labios se formaron una línea, estaba a punto de llorar.

Habíamos quedado en que tampoco íbamos hablar del tema que nos separó, tan solo tendríamos que actuar como si nada, yo estaba aprovechando eso porque creía que así podría tener la oportunidad de demostrarle que aún lo seguía queriendo, y mucho.

Me incliné sobre él, llevé los labios a su frente dejando un beso, fruncí las cejas, tragándome la mierda que estaba manifestando; había experimentado una vez más el lado sentimental a su lado, antes no me importaban lo que las chicas sintieran; más ahora Bill había dejado salir aquel adolescente enamoradizo, sin embargo esto se estaba yendo. Mi antiguo yo de a poco volvía a abandonarme, y todo porque quien me daba motivos para mantenerlo conmigo se marchaba de mi vida, tal vez para siempre.

Bajé a besar sus mejillas, aquella que había sido dañada fue la que más recibió de mí. Al alejarme, él me miraba con lágrimas en los ojos, sus manos se apoyaron en mi pecho, el silencio fue necesario entonces, quería recordar su rostro, quería tenerlo en mi mente para siempre, aunque solo fuera así.

Pero él cometió el error ahora. Besó mis labios, los suyos temblaban y sollozaba. Lentamente se rozaban, guardando su sabor, su calor, atesorando la intensidad. Me quería, me seguía queriendo. Me acomodé sobre él mientras el beso tímido comenzaba a desesperarse, con uno y otro beso, la situación se fue de control.

Terminamos haciendo el amor. Tal vez nos merecíamos esta despedida, después de todo, habíamos comenzado casi de la misma forma.

Caí en la realidad, entonces me encontré con el panorama diurno, mis ojos se fijaron en el techo que brillaba debido a la brillante luz que venía de afuera. Suspiré profundo, ese sueño se repetía constantemente, no podía apartarlo de mí, por más que intentaba distraerme, a la hora del sueño se escabullía y me atormentaba.

Me senté en la cama con las piernas flexionadas, desvié la vista y unas curvas se ocultaban bajo las sabanas, el cuerpo de Tessa descansaba después de un arduo trabajo. Había tenido una jornada de grabación para el nuevo videoclip y terminó exhausta.

¿Cómo cambiaron las cosas, no? Ella antes era solo una compañera de trabajo, y ahora estaba en mi cama. Aunque debía admitir que no era algo serio, solo estábamos pasando el rato, ella lo sabía. Sin embargo, cada que me encontraba desnudo con ella, no podía evitar pensar en Bill, ¿Qué estaría haciendo? ¿Estaría con alguien más?

Yo había sido el idiota en mandarme esa mierda, yo fui quien le dio motivos para que me terminara y la verdad que me arrepentía no sabían cuánto. Ese día, en el Baby Shower mi padre se enteró de la verdad, por supuesto que me mandó al infierno unas cinco veces, Sara no podía creerlo pero se apartó del tema por su bebé. Mi padre me había dado un buen zarandeo de palabras que jamás pensé que iba a volver a escuchar; en algún punto me remontaba a la adolescencia pero se hacía medio confuso.

De Bill no supe más nada, a excepción de que estaba estudiando algo, todo esto gracias a Shiro que mantenía contacto con él. A mi no me daba la cara para llamarlo siquiera, sentía que ya me había borrado de su vida.

Ya pasaron dos años y meses desde la última vez que lo vi, en la estación de trenes. Jamás me perdonaré por eso, fui una mierda al hacerlo sin pensar en las consecuencias. Los días siguientes Andreas me llamaba solo para insultarme y demás, pero al final siempre me decía que Bill no estaba bien, que había cambiado mucho, sus palabras expresaban tristeza; eso me daba una impotencia terrible porque no podía hacer algo al respecto, si aparecía frente a él, lo más probable era que me mandara de nuevo a la mierda.

Preferiría dejar las cosas así como estaban

La alarma sonó, ya era hora de ponerse en marcha, teníamos que grabar la última escena del nuevo videoclip de estas niñas. Le di una palmada en el trasero a Tessa y ella se movió regañando, se tapó la cabeza con la almohada y yo busqué mi teléfono. Localicé una canción, subí el volumen y se lo puse cerca del oído; el ruido de batería no lo pudo soportar, entonces se sentó aturdida y me tiró la almohada, yo me dirigí a la cocina pasando por el televisor que teníamos en la mesada. Lo encendí y dejé en el canal de música que solían pasar las canciones de la banda de Tessa.

Quería saber de Bill, si él estaba mejor ahora que ya no me tenía a su lado, por un momento deseé no haberle conocido nunca de saber que al final terminaría lastimándolo. Sabía lo que Shiro me contaba, y era que él estaba haciendo su vida estudiando una carrera. Me había comentado que estaba estudiando Letras, cuando éramos amigos, y que por culpa de un profesor mediocre había abandonado dicha carrera.

Para hacer eso, el muy hijo de puta tendría que haberlo destruido… Al igual que yo.

Entonces comprendí porqué se había alejado, me había tomado algo de tiempo descubrirlo y enterarme así, me convirtió en un dependiente de la bebida pero mantenía los tantos cada vez que recordaba su hermoso rostro.

—¿En qué estás pensando? —Los labios de Tessa besaron mi espalda desnuda, me abrazó por la cintura y escuché una risita. Yo suspiré.

¿Cómo podía estar haciendo esto? ¿Cómo podía actuar como si nada hubiera pasado, cuando aún seguía pensando en él?

—En que regresaremos a Alemania muy pronto. —solté con suavidad, ella gruñó, tomó una taza mientras se iba a la mesa. Yo estaba preparando café. — ¿Piensas que todo irá bien allí?

—Nacimos allí —dijo orgullosa, Tessa era la típica niña creída, aparentaba inocencia pero cuando algo quería sacaba las uñas para obtenerlo. —Es obvio que nos va a ir bien, no puedo esperar a regresar, mi madre quiere verme.

Apenas podía ver a su familia, pero pronto se acomodó a los lujos y dinero que obtenía con tan solo utilizar su voz, creería que esto sería una banda humilde pero resultó ser que la señorita era una ambiciosa y siempre quería más en todos los sentidos que se podían tomar.

El teléfono empezó a sonar, y era aquí donde la vida rutinaria comenzaba. Nos faltaba hacer unas escenas, luego podríamos preparar las maletas y volver a Alemania, donde tendríamos la agenda algo apretada, aún seguíamos con la gira, ya estábamos por las últimas fechas; al final, tendrían un descanso y se volverían a grabar en unos tres meses, por lo que todos estaríamos trabajando sin parar este año.

Lo que más deseaba al regresar a Berlín era poder encontrarme con Bill, buscaría la forma de dar con él sin tener que salir perdiendo de nuevo; arreglaría todo, estos dos años me sirvieron para reflexionar y quería que al menos, en caso de que no saliera según lo planeado, comprendiera que no era mi intención dañarlo de esa forma.

Ojalá pudiera comprenderlo, ojalá… siguiera pensando en mí.

FIN de Temporada

Administración: No se preocupen, tenemos la trilogía completa. A estar atentos al rescate. Gracias por la visita.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

2 comentario en “I Wünschen. FIN”
  1. Mis respetos para la autora, la historia estuvo muy bien escrita y con una muy buena trama. Empaticé mucho con Bill y me dio un poco de cólera Tom al final de la historia. Mil gracias a los que subieron esta historia completa, es muy agradable no tener que esperar actualizaciones capítulo por capítulo. Sin dudar, lo recomendaré a mis amistades si es que termina bien en las otras temporadas 🤭 Ellas son muy sensibles y no soportan los finales tristes.

    1. Muchas gracias a ti, Sofía, no sólo por leer, sino por parar un momento y dejar estas bellas palabras. Pronto tendremos disponibles el resto de las temporadas 😉

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