N/A: el título original del cap era » un paso atrás, dos adelante», pero a la mierdo, quedó este, se entiende mejor(?) Espero que comprendan la trama ;-;

«Wünschen». Temporada I

Capítulo 5: Convicción

No podía apartarle la vista, me asombraba ver cómo se desempeñaba en su trabajo. La seriedad con la que hablaba, la manera en la que fruncía las cejas, o cuando se rascaba la barba mientras se mostraba pensante ante algún inconveniente que había surgido en el instante. La posición de sus manos sobre su cintura, haciendo para atrás la campera de cuero marrón, dejando al descubierto un buzo gris y un pañuelo que adornaba ese bolsillo del pantalón. Era una persona interesante, de esas que te le quedabas mirando con curiosidad para saber qué iba hacer a continuación, no sabía porque siempre lograba mirar sus detalles, concentrándome en sus movimientos, intentando leer su lenguaje corporal, a saber si estaba molesto o a gusto por lo que cometía.

En el estudio, acompañando a Andreas, que a su vez acompañaba a Blas, nos encontrábamos sentados en un largo sofá negro, escuchando el ensayo de los chicos antes de grabar unos temas nuevos que iban a estar incluidos en la versión deluxe de su álbum.

No éramos los únicos, otras cuatro personas se encontraban en la sala de las mezcladoras, un vidrio separaba el estudio donde se hallaban los chicos, Andy no podía sentirse más emocionado, cada dos por tres se ponía de pie y saludaba a Blas como un infante. Y aunque era gracioso verlo tan animado, Mike, el asistente del productor, le mandaba a sentarse para no interrumpir la concentración de todos los presentes.

—No puedo creer que estemos aquí, ¿Debería sacar fotos?

— ¡Ni lo sueñes! —exclamé quitándole el celular, me observó con carita de perro mojado. —Sabes perfectamente que Mike no quiere que saquemos fotos y los subas a cualquier jodida red social… Después se levantan rumores, y van a acecharte pensando que eres un nuevo miembro de la banda.

—O peor, —añadió arrebatando su móvil de mis manos. —pensarán que estoy saliendo con alguno de ellos. Mejor me reservo las ganas.

Ya que Andy había tocado el tema, me comentó que terminó con Leyla, y Jonathan. Dijo que no podía partirse a la mitad, suponía que con eso quería decirme que había elegido su camino; bien, ahora estaba saliendo con Blas. Obviamente nadie lo sabía, excepto los de la banda y el círculo social íntimo; realmente me alegré por él, se lo veía más feliz que cuando tenía que compartir su cuerpo con personas que… ¿Cómo decirlo?, había algo en ellos que no me cuadraba. ¿Cómo podían seguir con Andy sin sospechar que andaba con otro?

—Eso… ¡Eso, Marie! —la voz de Tom me desconcertó, miraba cruzado de brazos hacia el cristal que dividía el sector. Cuando se trataba de su trabajo él se transformaba, quería decir, se volvía alguien serio y profesional.

La noche que me habló de los deseos no la olvidaré jamás. Habían pasado unas tres semanas de ese suceso y todo seguía como si no hubiera ocurrido; eh, para qué mentir, nos seguíamos viendo. Él iba a la taberna, o nos encontrábamos aquí en el estudio, como siempre Andy venía, lógico, su pareja estaba aquí. Recordaba que esa noche también, nos quedamos un rato más en el auto.

Estábamos en la entrada a mi edificio, pero por alguna extraña razón nos habíamos quedado hablando de la música que pasaban en la radio, le comenté que jamás había escuchado rap. Yo solo era Bowie, Britney, la música clásica, y alguna que otra banda pero no pasaba más de eso. Había un tiempo en mi vida que adoraba KillYa, escuchaba sus canciones pero ahora se había vuelto costumbre verlos, que las ganas de escuchar sus canciones en casa ya no eran las mismas. No era que empezaba a hartarme, sino que ya había tenido mi dosis de música nueva, por lo que no hacía falta volver a oírlos en el día.

—Desde el inicio.

Las baquetas de Blas sonaron en todo el estudio, segundos después la música tomó terreno y Andy comenzó a mover la cabeza en tono al ritmo. Yo me incliné hacia adelante, depositando un codo en cada rodilla, elevé un brazo y en la palma de mi mano deposité el mentón.

Tom danzaba su cabeza de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, sintiendo la música. Uno de sus pies golpeteaba el suelo, sus manos lo hacían en el sector de su estómago. Mis ojos tomaban esa imagen, viéndolo de pies a cabeza, concentrado en su trabajo. Sentía algo en mi interior que me reconfortaba, una agradable sensación de alivio, suponía que se trataba de un aviso, de que Tom estaba bien, disfrutando de lo que le gustaba hacer, si eso era lo que en verdad le gustaba.

Era cierto que no lo conocía, no como sus amigos, no había una convicción absoluta de por medio, pero podía detectar cuando las cosas andaban mal. No entendía cómo era que podía lograr algo como eso, suponía que era un don que había heredado de mi madre. Y con esto aplicado, podía saber si en verdad Tom andaba bien, porque jamás se apartaba de mí aquella imagen de él sintiéndose solo en el bus. Quería saber sobre su vida, o por lo menos saber si algo malo había sucedido anteriormente. Sin embargo, me decía que no debía escarbar en vidas ajenas, estaba esa espina molesta que amenazaba con clavarse más sobre mi pecho si me metía en asuntos que no me correspondían; pero me intrigaba saber sobre su persona.

Su rostro volteó de forma repentina en mí dirección, como dos imanes que debían complementarse si o si; parpadeó un par de veces sin abandonar sus acciones, depositando toda su atención en lo que veía. Dejaba que lo demás no importara, como si solo fuera la única persona en el mundo a quien admirar. Adoptó la confusión un segundo al ver que le seguía la corriente, y que lo miraba antes de que él lo hiciera conmigo; entonces me invadió una vergüenza absoluta, sentía la sangre caliente correr por mis venas, cubriéndome toda la anatomía. Me erguí en el lugar al notarlo, siguiendo con las miraditas y él elevó la curva de sus labios en una inocente sonrisa. Al parecer, también le tomó por sorpresa el secreto que, hasta el momento, era mío.

No obstante, comenzó a hacerse el gracioso moviendo sus hombros de manera ridícula, exagerando a más no poder. Parecía un sujeto poseído por la música, hacía lo que dictaban las letras, movía su boca como si él cantara las canciones con voz femenina. Me causaba gracia, por lo que oculté un poco la risa, presionando los labios y mirando a otro lugar. Me sobé la nuca para despistar, mirando a Andy que negaba con la cabeza y se puso de pie para abandonarme, quedando fuera del entorno. Maldito Andreas, me dejabas en un aprieto.

Por el rabillo del ojo rezaba porque ya no me observara, más no podía lograrlo como quería, por lo cual terminé mirando de nuevo y él continuaba bailando para mí. Apenado, mi risa no podía ocultarse, así que lo hice moderadamente, mi cuerpo se movía debido a eso y Tom no paraba de sonreír. Un objeto comenzaba a vibrar en mi campera, me advertí en el segundo, borrando toda escena bonita en la que estaba metido.

Agarré el móvil y vi la pantalla: una llamada entrante de Alex. Mi corazón dio un latido brusco, descolocándome del rumbo y mis manos comenzaron a sudar, era todo un asco. Por asombro, la emoción me hizo entrar en un colapso, a lo que me puse de pie y no sabía donde meterme. No me había llamado en estos días, le dejaba mensajes y no me los contestaba; suponía que el trabajo lo mantenía atareado, alejado del único medio de comunicación que tenía conmigo, porque las redes sociales no eran lo mío.

Más no lo culpaba por ello, de hecho me ponía contento, en parte, porque él se concentraba en su objetivo. Me quedé mirando alrededor, tomé el abrigo y salí sin dar aviso a Andy, dejando todo atrás. Por el pasillo veía unas personas que transitaban en sus rumbos, yo les saludé al tiempo que presionaba el botón para atender la llamada. Escuché su respiración, eso me alteró un poco. Lo extrañaba, extrañaba que me respondiera las preguntas estúpidas, que me cocinara como los dioses, que me tratara bien. Un vacío se almacenaba en mí al recordar esos momentos, inspiré profundamente, queriendo olvidar.

¿Bill? —apreté los labios al oírlo. Demonios, Alex, ¿Qué estabas haciendo conmigo?

—Ah, sí. Aquí estoy. —me reí nervioso. Caminé derecho, al final del pasillo observaba un balcón, ese era el lugar perfecto para hablar. — ¿Cómo estás?

Un poco cansado —pensaba que estaría recién despertando, la diferencia de horario era bastante. —Perdón si no contesté tus mensajes, en estos días estuve demasiado ocupado.

Su voz sonaba diferente, no tenía la buena energía de siempre. Tal vez el esfuerzo se le estaba yendo al traste, podía ser que también las cosas iban mal y por eso no estaba de buen humor.

—Descuida, debe haber mucho trabajo.

Salí al bacón deslizando la puerta, la cerré con sutileza y un viento me saludó. Avancé hasta inclinarme sobre el barandal, apoyando los brazos en la misma, esperando a que continuara la conversación.

Si… Es por eso.

—Y, ¿Vuelves la semana que viene? —coloqué el móvil entre mi hombro y la oreja izquierda, al tiempo que me ponía la campera, lo hice en un movimiento rápido y volví a sostener el teléfono con la mano.

Ah, de eso quería hablarte. —fruncí las cejas, la seriedad ocupó el lugar y me sentía incómodo. —Iré recién en dos semanas, aún…

Alex, ¿Ya despertaste?

Me puse derecho al oír esa voz femenina, un escalofrío azotó mi columna al imaginarme la escena. El nerviosismo por su parte se notó, comenzando a titubear, yo no lo comprendía, ¿Qué hora era allá? Deducía que las siete de la mañana.

Tengo que dejarte, hablamos después.

Cortó la comunicación antes de que reaccionara, ni siquiera se había despedido como solía hacerlo; un nudo en la garganta me dejó con la boca abierta, fijando la vista en el tejado de un local que se encontraba frente al edificio. ¿Quién carajo era esa tipa? Sabía que no debía meterme en sus asuntos de trabajo, yo no era experto ni nada por el estilo, por eso no me unía a sus cosas, pero esa tipa… ¿Acaso estaban conviviendo? ¿Pero cómo?

Una impotencia me ganó de antemano, bajé el celular con la vista desorientada, sin saber enfocar bien lo que me rodeaba, mis ojos dieron unas vueltas hasta que quedé plasmado ante la pantalla del móvil. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué de repente me llamaba para tratarme de forma cortante? ¿¡Qué estaba pasando en Los Ángeles!?

— ¿Todo bien? —miré atrás y el teléfono se me cayó de la mano ante la sorpresa. Acto seguido, él se agachó para rescatarlo, me miró desde abajo, y yo aún no podía salir de lo que acababa de oír. No quería hacerme una idea incorrecta, pero eso no era nada normal.

—Oh, lo siento. Soy un idiota. —me dio el móvil y lo guardé. Tragué saliva mientras esa idea daba vueltas en la cabeza, ¿Y si era Katherine? ¿Y si estaba con ella de nuevo? Una bomba de nervios y ansiedad esperaban el momento adecuado para explotar, pero mandé la señal de que aún no lo era, porque no me encontraba solo.

—Pregunté si estabas bien. —insistió, cruzamos miradas y sus ojos, que ahora podía verlos perfectamente de color miel, fueron los responsables de que me sintiera sensible.

—Lo estoy.

—Tu rostro no dice lo mismo. —¿Acaso él también tenía ese don materno?

—No es nada, solo llamadas inesperadas. —Me barrí el cabello para atrás, aparentando que nada había ocurrido.

Tom sacó su paquete de cigarrillos y tomó uno, lo depositó en sus labios y con el encendedor dio por inicio su tranquilizante, así decía Andy que era. Inhaló y exhaló con suma calma, yo solo me hacía el tonto observando los autos pasar por la avenida. No era bueno divulgar mis problemas con las personas, yo no era de dar pena ni nada, me las arreglaba solo. Lo que me ponía en aprietos era que me descubrieran, temía porque Tom lo hiciera; sin embargo, él no mencionó nada más, se limitó a disfrutar de su cigarrillo, mientras que yo sentía ese rico, y para algunos asqueroso, humo portador del infierno.

— ¿Ya terminaron de ensayar? —pregunté para cambiar el ambiente. Deposité ambas manos sobre el metal y le miré, él estaba como yo hacía unos momentos atrás, fumando tranquilo.

—Sí, ahora están grabando el tema nuevo, pero no me gusta quedarme a ver eso, es de mala suerte. Shiro lo está supervisando.—Productores y sus cábalas. — ¿Trabajas hoy?

—Sí, ya me estaba por ir.

—Puedo llevarte, ellos se tardarán un buen rato. —Volvimos a mirarnos y exhaló el humo, entrecerrando sus ojos.

—No quiero molestarte. —me miró de mala gana, como si fuera un discurso preparado en el que ya sabíamos como iba a terminar. —Está bien.

Un rato después, nos encontrábamos saliendo del estudio, Tom se colocaba su campera mientras observaba a ambos lados con el cigarrillo sobre sus labios, yo me cubría con la bufanda hasta el cuello, hacia un frío de la mierda y yo no estaba bien abrigado. La tarde se alejaba, las luces se encendían en las calles y me sentía un poco mejor, no se me vería mucho la cara disgustada por la llamada. Caminamos hasta su vehículo, nos subimos y yo tomé el cinturón de seguridad.

—Déjame ayudarte con eso. —me dijo apenas cerró la puerta tras su ingreso. Tomó la labor y le observaba mientras juntaba las piezas para mantenerme seguro, sentía su loción mezclado con el humo del cigarrillo, era hipnótico, se me impregnó de inmediato en el olfato. Mis brazos estaban arriba, como si fuera un policía que estaba haciendo limpieza. —La vida del copiloto siempre es importante.

—Como si fuéramos a chocar. —le dije con sorna, sonreí y nos miramos. Mis ojos iban de un lado a otro, fijando cada iris de los suyos, una sensación inestable se produjo en mi pecho, me hizo sentir asfixiado, por lo que me moví un poco en el lugar. Se alejó lentamente, ¿Acaso dije algo malo? Le seguí con la vista hasta que él se puso en su lugar, sus manos se situaron en el volante; la mirada estaba perdida, en otro mundo menos este. Movió su cabeza como un perrito, enarcó las cejas y suspiró, volviendo a la realidad.

Sin decir nada, el vehículo dio marcha a mi destino. Mis ojos jamás se apartaron de su imagen desde que cambió de actitud, tragaba saliva y apretaba sus labios de vez en cuando, ¿Qué hice mal? La impaciencia no me dejaba tranquilo, la intriga me comía vivo, la incertidumbre por su estado era incomparable. Lo peor de todo era el silencio, el condenado silencio que habitaba entre nosotros era horrible; yo no sabía qué había hecho, quería preguntarle pero no sabía cómo.

— ¿Cómo andan las cosas con tu amigo? —me preguntó de la nada, me impresioné al ver que su expresión había cambiado.

— ¿Con Andy? Pues bien.

—No me refería a él. —me miró de reojo, hablaba de Alex. — ¿Él era el de la llamada?

—Psi. —dudé en responder y salió cualquier cosa.

— ¿Están peleados? ¿Ya regresó de su viaje? — ¿Por qué tanto interés en mi relación? ¿Acaso quería saberlo? Para empezar, sabía sus intenciones, o me hacia una vaga idea, y yo no me reprimía. Mejor dicho, no le seguía la corriente pero tampoco le esquivaba.

—No, tiene mucho trabajo. —volver a recordar la conversación me dejó callado un instante. Miré por la ventana, queriendo convencer de no pensar mal sobre Alex. No era una mala persona, no lo veía como esas que cometían infidelidades o cosas así.

—No pongas esa carita, ya te dije que eso no va contigo.

¿Desde cuando éramos tan amigos? ¿En qué momento surgió la confianza como para hablar así? Vacilé un poco y le miré, manejó hasta frenar debido a que un vehículo idiota se detuvo adelante, me miró esperando a que efectuara lo que ya sabía. Entonces lo hice, le sonreí y él también lo hizo. Cielos, si me acordara de tu sonrisa, sonreiría a menudo para verte hacer eso de nuevo. Pero algunos problemas me invadían, por lo que me bloqueaban este hecho tan bonito que… ¿¡QUÉ!? Dios, Bill, tú no cambiabas nunca.

— ¿Así está mejor? —dije con algo de exageración.

—Perfecto.

Y de la nada todo se tornaba normal. Hablábamos de las canciones de KillYa, de lo grandioso que sería escucharlos en vivo. Realmente me había olvidado de todo, como si me hubieran golpeado la cabeza y ahora me encontraba con el productor de KillYa por casualidad, simulando ser amigos desde antes de la amnesia, actuando como si nada. Sus expresiones eran opuestas a las que había registrado unos minutos atrás, esa mirada ida, tal cual a la del bus, me advertían. Necesitaba saber de él, y para eso, necesitaba estar más tiempo con él.

—Dime, Tom. ¿Tienes novia, esposa, amiga íntima? —solté de la nada.

—No, no sé qué te hace pensar que me gusta la compañía femenina. —Ok, eso sí que no lo veía venir. Me quedé perplejo, queriendo asimilarlo. Claro, tenía sentido, pero suponía que solo lo hacía por broma pero… — ¿Quieres que sea más específico?

—No, no. Lo entendí —dije apresurado. —Pero… ¿Entonces tienes novio?

Wow, era raro preguntar eso a un tipo que… Vamos, él no parecía de esos como yo, Andreas y millones de hombres más. Comprendí que él era de aquellos que le gustaba dar, bien, esto estaba tomando un camino diferente y una curiosidad tremenda tomaba lugar en mi cabecita. Debía mantenerme firme y serio, si se me escapaba la risa de la vergüenza era hombre muerto.

—Tampoco, aunque debo admitir que me estoy acercando a las playas de alguien. —Odiaba las metáforas, muerte a ellas.

Mientras quería sacarle información, él se negaba, o me decía cosas que no tenían que ver a mis preguntas. Era divertido hablar con él, la tranquilidad reinaba y mis problemas se habían ido a la mierda por un instante. Era una lástima que ya estábamos llegando a destino y yo tenía que trabajar. Tom aparcó en un lugar y apagó el motor, apoyó su cabeza en el espaldar e hicimos contacto visual.

— ¿Ahora somos amigos? —preguntó, yo asentí con una mirada divertida. — ¿Entonces no te molesta si me das tu número?

—Qué va. —le pasé el número, él hizo lo mismo con el suyo.

—Cuando quieras hablar, sobre cualquier cosa, puedes llamarme —me dijo al entregarme el celular con su número agendado.

—Lo mismo para ti. —guardé el móvil. Abrí la puerta pero me quedé allí un momento, había algo que me impulsaba a cometer una acción que no sabía cómo calificarla. Se trataba de un movimiento efectuado por mi parte, quería separarme de ese magnetismo, pero cuanto más me alejaba del asiento, más se acumulaban las ganas. ¿Acaso era un deseo? A la mierda, si no lo hacía después se volvería una horrorosa carga.

Volví a entrar, cerré la puerta, Tom me observó entre extraño e intrigado. Nos contemplábamos, cómplices de algo que se desconocía, sintiendo un revoltijo en mi estómago, tal vez era hambre o ganas de vomitar pero estaba esa sensación. Mis brazos se movían, inquietos; mojé mis labios, evitando el impulso. Pero, ya estaba de nuevo en el vehículo, por ende, ya no podía volver atrás. Me cago en la puta madre.

El rostro de Tom parecía un espejismo, algo irreal. Y solo fue irreal hasta que el deseo ganó, por lo que me abalancé a él, llevando mis labios a una de sus mejillas, preferentemente a la derecha. Sentí su barba, su piel, su perfume, todo me envolvió en un segundo. Mis labios presionaron un poco para dejar la marca, si me iba a despedir lo tenía que hacer bien. Al separarnos, nos dimos una mirada incomprendida, él seguramente no entendía nada, pero yo solo quería saludarlo. No era para nada formal, no me gustaba dar manos estrechadas, esas cosas eran para el trabajo, si eras mi amigo entonces te saludaría con un beso o un abrazo.

—Suerte con la banda. —le dije y salí de inmediato, corrí hasta estar en la vereda. Su reacción fue darme una sonrisa leve, parecía desconcertado de lo sucedido. Apoyó la mano sobre el volante y me saludó elevando tres dedos, el vehículo se encendió y lo vi irse.

Si algo te estaba sucediendo, esperaba que me lo dijeras. Y si había cometido aquello, lo del beso en la mejilla, era para que te abrieras conmigo.

Ingresé al lugar, Zira estaba parado frente a mí, cruzado de brazos, con una mirada sospechosa. Yo le observé con indiferencia, acababa de meter la pata. Había un par de personas, no estaban todavía los borrachines, me aliviaba, se ponían bravos cuando no estaba presente.

— ¿Ése no era Alex? ¿O sí? —preguntó de metiche, yo le esquivé la pregunta y caminé por la taberna. —No me ignores, andas con alguien más y no me lo cuentas.

Refunfuñaba y yo lo tenía que soportar. Me siguió hasta el vestuario, le ignoraba sus preguntas y acusaciones, Zira se iba a la mierda con sus ideas, pero, tal vez, eran otros finales a la acción cometida por mi parte. ¡Que no! Solo era un saludo de amigos, con Andy hasta le besaba el ojo. Sí, gracioso pero real.

— ¿Ya andas con el cliente? ¡Ay, pero qué envidia la tuya! —me golpeó el hombro.

—Zira, no es como piensas, no armes películas en tu cabeza. —cerré mi casillero y me limpié la cara con algodón y crema, quitando todo el maquillaje del rostro. —Solo es un amigo.

—Por tu parte, porque él no te mira de esa manera. —revoleé los ojos. —Tú siempre eres amable pero los hombres son duros contigo.

—Ay, basta. —dije de mala gana, tiré el pedazo de algodón al tacho y salí para comenzar otra noche de trabajo.

Continúa… 

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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