«Wünschen». Temporada I

Capítulo 6: Principio del fin

Miraba la entrada del local como si algo me acechara, aunque en realidad esperaba que Tom se presentara. Las pocas personas que pasaban por la vereda se llevaban mi atención cada que aparecían, me hacía la idea de que él iba a venir, entrar y pedir su cerveza. Pero no ocurría, ingresaban otras personas, pedían otra cosa, y el entusiasmo se iba perdiendo con el pasar de las horas. No sabía porque me preocupaba tanto porque apareciera, tenía esa emoción de volver a verlo, de tenerlo cara a cara; me estaba sintiendo bien con su compañía, rápidamente estaba cambiando a Alex por él.

La noche del Lunes era normal, no había muchos clientes, por lo que Dieter dijo que cerraríamos apenas los últimos se irían. Eso me alegraba porque iría a casa temprano y podría cenar con Andy, si era que estaba con ánimos para ser sociable. Él había entregado sus exámenes y solo pudo zafar en dos, el tercero tuvo aplazo y quería tirarse desde la terraza; le decía que en el próximo período podría con ello, y me dijo que así iba ser.

— ¿Bill, me estás escuchando? —me giré, Zira tenía una mano sobre su cintura, y en la misma sostenía un trapo color rosa, nos miramos y no se mostraba contento. —Estás en la luna, ¿Puedes pasarme la botella de vodka?

—Lo siento. —le di la botella y me dio una miradita sospechosa, yo fui a levantar los platos y vasos que dejaron unos clientes.

Apresurado, tomé los objetos y los llevé a la cocina; todos estaban lavando platos y acomodando para el día siguiente. Los últimos clientes pagaron la cuenta y fue ahí que Zira tomó las sillas, colocándolas sobre la mesa para pasar el trapeador luego. Juntos, como buen equipo, comenzamos la limpieza por toda la taberna, mis acciones respondían a lo que debía hacer, pero en mi cabeza todo era distinto. No paraba de pensar en Tom, ¿Qué estaría haciendo? Le había dado mi número pero jamás me llamó, tampoco yo quería molestarlo, tal vez tenía mucho trabajo qué hacer y por eso no tenía tiempo de hablar conmigo. Andy no me comentó mucho sobre eso, estaba más enfocado en aprobar materias que estar con Blas, seguro él lo comprendería.

— ¿Estás bien con Alex? Te noto distraído. —la pregunta de Zira me desconcertó. No había pensado en él mucho últimamente, siempre estaba ese vago recuerdo de cuando me habló cortante. No me llamó más, yo tampoco forzaba eso porque no era insistente, no tenía caso, él estaba haciendo su trabajo, no era otra cosa.

—Es que… Andy está muy mal. —le metí eso para no decirle lo de Tom, sino armaría un alboroto y no andaba para esas cosas a esta hora de la noche. —Rindió exámenes y no le fue como esperaba.

—Ese Andy —dijo mientras paseaba el trapeador de izquierda a derecha, yo acomodaba los vasos en la segunda encimera. —Si no andara enamorado por la vida, no le iría tan mal en el estudio.

—Es su vida, él hace lo que quiere. Pero cuando quiere, puede. —alcé los hombros. —Él no ha tenido unas semanas lindas, tuvo una separación por dos.

—Y al final terminó saliendo con un tercero —dijo Zira. A veces salíamos los tres, y nos hablábamos por teléfono, se enteró lo de Leyla y Jonathan, y le decía, al igual que yo, que debía dejarlos. —La próxima le voy a meter el trapeador por el culo así tiene para rato.

Dijo a modo de broma, con una sonrisa siguió su labor. Las tareas ya se terminaban, Dieter salía con su mochila y el abrigo, era el primero en irse. Los cocineros eran los segundos, y al final, Zira y yo terminábamos cerrando todo. Con nuestras pertenencias en mano, los dos salíamos con un frío que no se esperaba, el invierno ya estaba con nosotros, lo que también nos decía que Navidad se encontraba a escasos pasos.

—Ten el candado. —me dijo cuando todas las rejas estuvieron abajo, lo sostuve y mis manos estaban demasiado frías como para sentir el material. El vaho de nuestras respiraciones formaban un círculo y se dispersaban en el aire, siendo llevados por el viento que nos azotaba con crueldad.

Mi concentración se iba, la atención se postraba en algo que anteriormente no había escuchado. Voces que insultaban, alguien que se resistía, tomaron la curiosidad en mí. Fruncí el ceño y me crucé de brazos, comencé a caminar a la esquina más cercana que teníamos, Zira luchaba contra la traba que se había atorado y no podía ponerle el candado. Me quedé parado en dicha esquina y una brisa volvió a azotarme, me giré para mirar a la izquierda, entonces vi que había unos tipos que estaba golpeando a otro. Me asusté de inmediato, ¡Le estaban robando! Quería irme de ahí, quería decirle a Zira que debíamos correr, ¿Y si tenían un arma? ¡Ay, por dios!

La desesperación y la ansiedad aumentaron su nivel, no podía apartar la vista de la víctima, estaba en el suelo y siendo golpeado por esos tipos que querían algo. Entrecerré los ojos para poder aclararme el panorama, en la oscuridad no podía ver bien. Me dio una presión terrible cuando vi que el tipo que estaba siendo atacado, era Tom. Comencé a trotar en dirección a Zira, lo empujé y puse el candado tan rápido como podía, entonces él me quedó mirando y los gritos fueron cada vez más elevados, se dio cuenta y me observó exasperado.

— ¿Qué está pasando? — me preguntó inquieto, le tomé del brazo y lo llevé conmigo.

— ¡Tienes que ayudar a un amigo! ¡Le están robando en este momento! —lo conduje a la esquina y presenció lo mismo, la alteración no podía ser controlada, lo estaban moliendo a golpes y él se resistía a sacarle lo que fuera que querían.

Cuando quería mirar a Zira, él se echó a correr en dirección a ellos. Les gritó y, a pasos apresurados y sin decir más, le plantó un puñetazo en la cara a uno. El otro quería defenderlo pero mi compañero reaccionó enseguida, comenzó con golpes y los tipos tiraron objetos al suelo, probablemente le pertenecían a Tom. Corrí hasta inclinarme ante él, mientras que Zira tiró su mochila cerca de nosotros y empezaba a golpear como quién tenía el demonio adentro.

Tomé el rostro de Tom con ambas manos, esa sensación de querer verlo tanto era porque algo malo iba a suceder. Quería que sus ojos me miraran como siempre lo hacían, pero no podía coordinar bien, parecía estar mareado o algo así. Le salía sangre de la nariz y tenía hinchado el pómulo. Esperaba que no fuera grave, el estallido fue inesperado y los nervios me comieron vivo.

— ¿Te lastimaron en otro lugar? —preguntaba, la impotencia me ganaba y eso me provocaba un nudo en la garganta. — Tom, ¿Te hicieron algo más?

Él no podía responderme, su cuerpo iba y venía, sus ojos no coordinaban bien. Tenía olor a cigarrillo, alcohol y un poco de su perfume, entonces caí en la cuenta de que estaba borracho y que esos estúpidos aprovecharon su vulnerabilidad y quisieron asaltarlo. Me arrastré por el suelo, tomando las pertenencias que habían arrojado, Zira los corrió un poco. La suerte era que él practicaba boxeo, y anteriormente estuvo en karate.

La billetera de Tom estaba medio vacía, la documentación permanecía en su interior, por lo que solo le habían quitado el dinero. Regresé a él y Zira me ayudó a levantarlo, lo cargamos a nuestros hombros, él apenas podía ponerse de pie. ¿Qué te había pasado? ¿Por qué bebiste? Esa angustia jamás me abandonó, menos mal que los había visto, sino pobre de él.

— ¿No es el que te trajo el otro día? —me preguntó mirándolo, yo asentí. — ¡Ajá! Ya sabía que se traían algo.

—Solo somos amigos. —dije sin estar molesto, me preocupaba más el estado de Tom. No lo había visto así jamás. —Ayúdame a tomar un taxi.

Unos minutos después, los tres nos encontrábamos en dicho taxi, llamé a Andy, diciéndole que preparara mi cama porque iba a llevar a Tom. Comenzó a cuestionarme la razón pero le dije que apenas llegaba le iba a contar, Zira tronaba sus dedos, al parecer aún seguía con las ganas de querer darles un poco del daño que le habían provocado a Tom.

—Gracias por ayudar, otra persona no hubiera reaccionado como tú —me contempló y asintió. Tom estaba inclinado en mi dirección, su cabeza apoyada contra mi hombro; me apenaba verlo así, desconocía totalmente esta faceta de él.

Se movió un poco, entonces logró abrazarme por la cintura, yo elevé los brazos y miraba cómo él me rodeaba. Con Zira cruzamos miradas e hizo una mueca sin entender nada, yo miré la cabeza del productor y tenía los ojos cerrados. Se acurrucó en mí, al tiempo que aguantaba la respiración de ver semejante acto; parecía un niño en los brazos de su madre, sintiéndose seguro y protegido bajo sus alas. Poco a poco, mis manos se depositaron en su cuerpo, una sostuvo su espalda y el otro su cabello. Le daba palmaditas suaves, mi reacción asombrada no se apartaba del todo.

— ¿Qué le sucede? —preguntó Zira, yo negué con la cabeza mientras no apartaba la vista de Tom.

Algo comenzaba a sonar, vibraba un objeto en su campera, por lo que lo tomé entre mis manos y vi el remitente: Georg. Ok, esto no iba a ser bueno pero no tenía que ocultarlo tampoco. Atendí la llamada, por favor, dame fuerzas para lidiar con esta persona.

— ¿¡Tom, donde mierda estás!? —lo cabreado que estaba me hacia sentir culpable. Tragué saliva y Zira me miraba intrigado.

—Ah, no soy Tom, soy Bill. Lo acaban de asaltar pero ahora está conmigo en un taxi. —dije con un poco de nervios.

— ¿Qué? ¿A dónde lo llevas? Iré por él.

Eso, en parte, me provocó una sensación fea, un malestar que no debía experimentar. No podía decirle que no a su amigo, al fin y al cabo él lo conocía más y mejor que yo. Me sentía con impotencia sin una razón específica, apreté los labios mientras propagaba la calma en todo mi cuerpo, Georg era alguien bastante cercano, así que no tenía porqué impedirle ese gesto. Pero, en mi interior egoísta, estaba esa esperanza de que él me dejara tenerlo en casa, aún así no podía hacer nada, yo no le pertenecía, él no era nada mío.

Le di la dirección de mi departamento, me decía que lo esperara en la puerta, que él iría a buscarlo lo más pronto que podía. Me cortó sin despedirse, no me lo esperaba tampoco, sabía que tenía un poco de celos porque, tal vez, pensaba que quería robarme a su amigo.

— ¿Quién era?

—El amigo de Tom, creo que estuvieron discutiendo o algo así —dije confundido. —Estaba enojado.

El resto del trayecto fue eterno, y quería que siguiera así porque él me sostenía como si fuera que me escaparía. Sus brazos me estrujaban, yo me acostumbré enseguida a eso y tan solo jugaba con un mechón de su cabello. Lo enredaba entre mis dedos y lo volvía a desarmar, una y otra vez, recordaba entonces sus actitudes opuestas a las que siempre enseñaba. ¿Tendría que ver con eso? ¿Por qué estaba borracho? ¿Acaso ese Georg le puso de esa manera?

Al bajar del taxi, nos quedamos los tres. El viento nos pegó fuerte, eso pareció despertar del todo a Tom, por lo que se separó de mí al reconocer donde andaba, la borrachera estaba desapareciendo pero no del todo. Nos quedamos mirando a los ojos, parecía confundido o algo así, yo solo esperaba que no se pusiera a gritar porque lo habían robado; uno nunca sabía lo que podía hacer en estado de ebriedad.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó mientras se sobaba la frente, entrecerrando sus ojos, soportando el dolor de cabeza.

—Quisieron robarte, ¿Estuviste bebiendo? —Se quedó quieto, era como si rescatara todo lo que había pasado. Andreas también se ponía así cuando bebía demasiado, andaba con amnesia y libertad pura, pero luego preguntaba dónde estaba o porqué no recordaba nada. El alcohol te borraba la memoria, como si fueras un comodín y podías hacer lo que quisieras hasta que caducara.

Extendió un brazo, dejando al descubierto su muñeca, exhaló el aire abatido y llevó sus manos al rostro, refrejando un par de veces. Zira subió a la vereda y se sentó en las escalinatas del edificio, oímos un vehículo y Tom miró en la dirección. Insultó por lo bajo, no podía ocultarle eso.

—Me llamó y quiso venir a buscarte.

—Lamento causarte problemas —estaba molesto, su voz denominaba impotencia. No quería preguntarle más, tan solo nos quedamos esperando a que Georg se acercara, abrió la puerta apenas nos encontró. Tom se giró a verme y yo me crucé de brazo. —Te veré mañana.

Se fueron, su amigo le dijo algo pero él tan solo le ignoró. La tranquilidad volvía a mí, por lo menos ya no se veía como hacía unos momentos atrás. Zira se despidió de mí al no tener que hacer más, le agradecí por todo lo que había hecho y solo sonrió, me dijo que le debía un favor. Ingresé al edificio, en el ascensor no dejaba de pensar en todo este acontecimiento; si bien no empezó de la mejor manera, me alegraba saber que Tom estaba en buenas manos. Y aunque quería saber el motivo de su estado, y más sabiendo que se había puesto así un día lunes, debía morderme la lengua.

— ¿Qué pasó? ¿Y Tom? —el cuestionario de Andy no terminaba nunca. Me siguió hasta que me tumbé en la cama.

Al día siguiente, por la mañana, todo me parecía un sueño. Caminaba por el pequeño pasillo como si hubiera tenido una noche de pura fiesta, pero la realidad era que todo mi cuerpo se había tensado que terminó por gastar todas mis energías. Andy estaba sentado en la mesa para dos que estaba en el living-comedor, me saludó de mala gana, no pensaba que era por haberlo mantenido despierto la noche anterior, suponía que era porque hoy comenzaba su semana de finales.

— ¿Estás filoso para los exámenes? —me senté, la taza me esperaba. Vertí la cafetera mientras ese aroma a café iba directo a mis fosas nasales.

—Esta es la parte que odio de la cursada. —se tapaba la cara con ambas manos. Se ponía en plan de víctima, a veces me lo imaginaba como si los apuntes y exámenes tuvieran patas y lo acorralaban al pobrecito en un rincón.

—Tranquilo, todo irá bien. —fue lo último que dije y comenzamos a desayunar. Miré el móvil para ver la hora y estaba un poco atrasado, por lo que aceleré el paso.

Me fui a cambiar y arreglar, tardando media hora en el baño. Pensaba también en lo que podría estar haciendo Tom, seguramente seguiría durmiendo, quería hablar con él, preguntarle si todo estaba bien. Le mandaría un mensaje para cuando mi turno terminara, ahora debía concentrarme en llegar o era hombre muerto.

Salí del edificio con rapidez, colocándome la campera y el bolso al hombro, una bocina me asustó de mis acciones y me quedé estático, viré con brusquedad y el auto de Alex estaba ahí, ¿Qué? ¿Acaso no faltaba una semana para que viniera? La ventanilla bajó y su rostro se presentó, no tenía buena pinta, creía que algo malo había sucedido. Decidí ingresar, cerré la puerta y una sensación extraña se apoderó de mí, apreté los labios y deslicé los ojos en su dirección. Me ponía un poco tímido cuando se trataba de reencuentros, no sabía si abrazarle, besarlo, o simplemente saludarlo.

— ¿No llegabas en una semana? —miré hacia adelante. Comenzó a conducir, ya sabía que me iba a llevar al trabajo.

—Solo vine a llevar unas cosas. —estaba distinto, hasta su perfume había cambiado. Tenía inmensas ganas de saber cómo le había ido, pero el ambiente pesado dentro del auto me impedían hacerlo con seguridad. — ¿Tú estás bien?

—Si, preocupado por el desempeño de Andy en sus exámenes —bajé la vista a mis manos, ¿Por qué tenía esta extraña sensación? Parecía que, si le miraba a la cara, algo en mí iba a romperse; tragué saliva ante esa incomodidad. — ¿Y tú?

—No sé como decirlo —le miré, paseó su mano por su cabello, barriéndolo hacia atrás. Se mordió el labio con desesperación y negó con la cabeza. —En realidad, no sé cómo empezar. Tú eres una buena persona, te preocupas demasiado por los demás.

—No estoy entendiendo lo que dices. —fruncí el entrecejo en señal de confusión, me miró un segundo y eso me bastó para sentir un vacío. No me transmitía lo de siempre, era como si una barrera nos separaba y no podía enviarme esas señales que siempre mandaba. —Alex, ¿Qué está pasando? ¿Necesitas más tiempo en tu trabajo?

No me contestó, odiaba cuando las personas me dejaban con la intriga en la garganta, me ponía nervioso e impaciente que no me dijeran todo de una sola vez. Miré por la ventana, tratando de armonizar mi persona, queriendo creer que no era nada grave. El trabajo lo debía haber dejado agotado, con mal humor y un estres incontrolable, así que no tenía que agitar las aguas o terminaría explotando.

—Necesito un tiempo, sí. —habló un rato después. Suspiró y redujo la velocidad. —Necesito… Necesito pensar, distanciarme de todo.

El desconcierto me tomó de sorpresa, ¿A qué se refería? Acaso estaba hablando de… No. Mi respiración cambió de nivel, sentía la ansiedad recorrer cada parte de mi organismo, preparándose para el golpe mortal. Me estaba pidiendo un tiempo, ¿Qué mierda había pasado en ese viaje? Miles de situaciones se presentaron en mi cabeza, y de la nada, la imagen del último viaje en vehículo que tuve con Benjamín dio aviso de una advertencia muy grande.

— ¿Me estás dejando? —le pregunté luego de recordar aquello.

—No, no es eso —apretó las manos contra el volante. —Quiero aclarar unas cosas en mi cabeza.

—Viste a Katherine —sentencié, fue lo primero que se me venía a la mente.

— ¡No la metas en esto! —se enfureció de repente, me quedé perplejo al ver esa reacción. Frenó el vehículo a lo bruto y sentí que ya debía dejar todo atrás.

—Quítale el seguro a la puerta —dije mientras quería abrir. Él comenzó a disculparse pero ya no se podía regresar. — ¡Abre la maldita puerta!

En un suave movimiento, sentí un click y tomé todas mis cosas, salí echando humo del auto, dando un portazo al cerrar. Me detuve un momento, un montón de cosas pasaban por mi cabeza y quería decir absolutamente todo. Volví y me incliné, abrí la puerta nuevamente y Alex me observaba con algo de pena.

—Más te vale que no vuelvas a mí cuando hayas aclarado tu cabeza —titubeó algo mientras quería tomar mi brazo pero yo se lo negué. —Porque sé la respuesta… Adiós para siempre.

La volví a cerrar, caminando a toda prisa, queriendo asimilar la situación pero todo daba vueltas en mi cabeza, era una bomba flotando en agua, haciendo cuenta regresiva, esperando impaciente ser detonada y acabando con todo a su alrededor. Me barrí las lágrimas, no quería llorar pero ya era tarde; no quería sufrir pero no había visto las señales, aquella llamada había sido un paso para el fracaso, pero me negaba aceptarlo, quería confiar en él. Realmente pensaba que no iba a terminar así, tan rápido… Pero claro, se trataba de mí, de un chico que no le duraban las relaciones, ¿Qué había de malo en mí?

Un infierno, toda la jodida jornada fue un infierno. A duras penas podía seguir con una sonrisa, la debilidad me ganaba y varias veces me iba al sanitario a echar una que otra lágrima. Zira me preguntó si estaba bien, más no quería que otras personas cargaran con mis penas, por lo que le decía que estaba por agarrar una gripe y solo me daba tazas de té con limón. Me habían dejado y sin decirme la razón, de todas formas no hacía falta que me lo dijera, lo sabía perfectamente. Esa Katherine aprovechó la oportunidad, aunque yo no podía hacer nada, se suponía que cuando él estaba conmigo, le había pedido un tiempo a ella.

Yo solo era un segundo plato, un postrecito que se tomaba el tiempo de ser devorado, para que al final me enviaran directo a la basura junto con las demás sobras. Yo debía cargar la parte fea de una relación, y era que siempre había uno que se sentía liberado y otro adolorido. Uno de los dos debíar recordar y llorar, ése era el lema de las parejas recientemente separadas.

—Puedes irte, Bill. —Habló Dieter mientras pasaba el trapo a una de las mesas, por suerte ya había finalizado el martes y mañana no trabajaría. —Toma algo si te sientes peor.

—Ah, pero…

—No. —Mal interpretó mi malestar, maldito Zira, siempre ibas con los chismes al superior. —Puedes irte, te veré el jueves.

Eché un suspiro, solo me quedó asentir y abandonar cualquier cosa que estaba haciendo. Fui a cambiarme, alejando esos malos pensamientos sobre Alex, ahora debía enfocarme en llegar a casa, aparentar que todo estaba bien para no alterar a Andy y dormir mordiendo la almohada de la impotencia. Cerré el casillero y colgué el bolso al hombro, coloqué la bufanda sobre mi cuello y los guantes, el frío de la noche ya no se aguantaba, debía combatirla como fuera. Salí de la sala de empleados y caminé por todo el local, Zira se interpuso en mi camino con el trapeador en la mano.

—Afuera te espera el ebrio. —me sentí avergonzado por eso, miré al exterior. Podía ver a Tom abrigado y con un cigarrillo en los labios. Aclaré la garganta, tragando toda vergüenza ajena y fui a la puerta. Al salir, él tiró el cigarrillo al piso y puso sus manos en el bolsillo delantero de su pantalón, mi rostro se congeló al instante y nos miramos por un instante.

— ¿Puedo llevarte a casa?

Me subí sin responder, temía porque me saliera el sollozo si hablaba. Tom no me preguntó si me encontraba bien, pero mantenía sus ojos en mí, queriendo deducir mi estado. Era demasiado obvio en esas cosas, no podía disimular para nada. En el auto, escuchando algo de rap, aunque no sabía qué mierda estaba diciendo porque cantaban rápido, me olvidaba de todo lo sucedido en el día. Él era bueno para esas cosas, lograba que no recordara nada o no le diera importancia, porque todos mis sentidos iban en su dirección.

—Quiero pedirte disculpas por el berrinche de anoche, fui un estúpido. Todo se salió de control. —me dijo apenado y entre cortas risitas.

—Descuida, todos tenemos problemas. —quise animarlo, compartiendo la vergüenza. Recordé cuando me abrazó como si fuera un osito de felpa, entonces la curiosidad brotó de mí boca: —Am, ¿Tuviste una mala noche?

—Prefiero no hablar de eso. —miré su perfil, adoraba verlo sonreír, era un acontecimiento que no se podía reemplazar. La manera en la que sus labios formaban una curva, cómo sus ojitos se ponían; parecía un pequeño niño. — ¿Qué hay de ti? No te ves bien.

—Tampoco quiero hablar de eso —me puse sensible al instante, junté mis dedos y comencé a tronarlos, odiaba eso pero me calmaban los nervios.

Miré hacia adelante, veía unos puntitos blancos que chocaban contra el parabrisas, un manto de pureza nos daba la bienvenida. Tom activó el limpiaparabrisas y me quedé maravillado ante semejante escena. Él condujo un poco más, pero frenó el vehículo, le miré y salió, dio la vuelta y abrió mi puerta.

—Ven. —extendió su mano, la tomé y me ayudó a salir. Un viento logró volar mi cabello y los copos de nieve caían sobre nosotros, cubriendo el coche y nuestras cabezas. Caminé un poco, levantando las manos, con razón hacía bastante frío en estos días.

Había estacionado el vehículo en una calle, veíamos como toda la nieve cubría el mismo. Por fin algo bueno dentro del calvario, lo agradable de este momento se desataba. Miré a Tom y me observaba con los brazos cruzados, apoyado en el capot de su auto, la primera nevada antes de Navidad; mi madre solía decir que las nevadas eran buenas, porque obligaba a que las personas compartieran anécdotas y chocolate caliente, celebrando un instante de paz y unión.

Más tarde, los dos estábamos sentados en el capot, mirando como caía la nieve, Tom fumaba tranquilo, yo refregaba las manos una con otra para que sintieran calor. Alex ya formaba parte del pasado, me olvidé de él por completo con este hermoso paisaje que nos daba la naturaleza. Por eso me gustaba el invierno, me encantaba la nieve. Pero, no obstante, para otros el invierno significaba tristeza y recuerdos de momentos lindos, era ahí donde todo se derrumbaba, volviendo a esos sucesos compartidos con Alex.

— ¿Por qué crees que debemos enamorarnos? —pregunté misterioso, volteé a ver a Tom y él liberó el humo. Apretó sus labios y desenmascaró una sonrisa. Sus ojos brillaban, yo no sabía si quería llorar o estaba emocionado por algo.

— ¿Por qué tienes que respirar? —me preguntó, me sostuvo la mirada y yo me puse a pensar en eso. Para vivir, le hubiera contestado. Asintió, asumiendo mi derrota y entendiendo, capaz, el porqué de mi estado de ánimo. —Sabes, no estamos solos, cada persona está destinada a alguien.

Ojalá Alex hubiera creído en eso. Todas mis relaciones eran una mierda, terminaban dejándome; Tom estaba equivocado en eso, era más soñador que yo con respecto a ese tema. La decepción hizo que bajara la mirada, sintiendo un nudo en la garganta, acechando a mi corazón para que soltara las lágrimas.

—Yo no estoy destinado a alguien. —dije triste, en verdad todo esto me estaba ganando. No quería demostrarme débil ante él, pero la situación me llevaba a hacerlo. Suspiré con pesadez, llevándose de mí esa mala vibra.

—Bill… —oí llamarme, nos volvimos a mirar y sentí algo caliente rodar por mi mejilla, sequé esa lágrima al instante y el morrito se me estaba por soltar. La puta madre. —Promete que jamás volverás a decir eso.

— ¿Cómo asegurarlo? ¿Y si en el futuro vuelve a suceder?

—Haces las mismas preguntas. —dijo tapándose la cara, ocultando una sonrisa y algo más. No entendí eso último, me sentí completamente desorientado. Me incliné para querer mirarlo de cerca, él apartó la mano y se encontró con mi rostro, me asusté, me dio un torbellino de nervios en el estómago, más no me aparté.

— ¿Estás bien, Tom? —pregunté al ver su rostro asombrado.

—Nunca estuve mejor. —me dijo. Volvió a sonreír y yo me fasciné por dentro. Me estaba sonriendo de cerca, muy de cerca.

Continúa… 

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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