«Wünschen». Temporada I
Capítulo 8: Adelanto
La fiesta era genial, no había mucha gente como en el concierto, solo un grupo limitado ya que la celebración se llevaba a cabo en un local de tamaño mediano. Dicho local ubicado en un subsuelo, tenía paredes de ladrillos, luces violetas y verdes con sillones de cuero negro y butacas color blanco con mesas de madera. La música estaba a todo volumen y el ambiente era realmente agradable… Si no fuera porque mi preocupación aumentaba con el transcurrir de los minutos. ¿Por qué? Porque Tom no había regresado y se había ido al primer piso a buscar unos posters, que faltaban entregar a las fans que se encontraban en el establecimiento.
Observaba por todas partes mientras movía mi cuerpo, tratando de disimular la incertidumbre pero mi rostro delataba la intriga. La seriedad que tenía no me la quitaba la música de Britney que estaba sonando en el momento, mi cuerpo se deslizaba de un lado a otro ante Toxic, pero mi mente se enfocaba en una sola cosa. Andy hablaba con Blas y unos fans, claramente ellos se comportaban como si fueran amigos, nadie debía saberlo, ellos no querían que se hiciera público.
El resto de la banda se encontraba esparcido por el local, hablando con los fans o haciendo el ridículo, excepto la cantante, ella sonreía y era abrazada por su novio, que jamás la soltaba. Se la veía contenta, había tenido la oportunidad de hablar con ella un par de veces y era un angelito caído del cielo, un amor de persona y tenía esa ternura para hablar que te volvía un idiota. Sonreí, su felicidad era inmensa, me gustaba eso de ella.
— ¿Sabes donde está Tom? —preguntó Shiro, volví en sí y negué con la cabeza, el chistó y tomó un respiro. —Será mejor que lo llame.
—Sé que fue al primer piso, ¿Quieres que vaya por él? —sentía una corazonada, no sabía qué mierda pasaba conmigo. Él me miró y asintió.
—Toma, esta es la llave de la puerta habilitada, es la número tres, solo hay dos copias. —Shiro me conocía, habíamos hablado anteriormente pero él era un tipo raro. Siempre andaba nervioso y observaba a las personas con demasiada seriedad, más no era un mal tipo.
Caminé con tranquilidad y paciencia por el lugar, mirando la llave que sostenía en mi mano. Las cosas entre Tom y yo se habían tornado extrañas, en el sentido de que la confianza iba aumentando cada vez más. No me molestaba por eso tampoco, era solo que me dejaba llevar por el momento y llegué a pensar de que en mí las cosas iban cambiando. Había descubierto que Tom se ponía de buen humor cuando yo estaba a su lado, era un tipo de magia que no se podía explicar con muchos detalles, solo podía decir que, cuando me veía, se calmaba y no se separaba de mí hasta que me dirigía a casa. Y aunque aún permanecía mi intención por preguntarle sobre su pasado, se me olvidaba al ver su sonrisa.
Al salir por un portón oscuro, a mi derecha había unas escaleras que era custodiada por un personal de seguridad, le mostré el brazalete vip que nos habían dado y me dejó pasar, le agradecí y miré hacia arriba mientras ascendía con algo de rapidez. Las paredes grises eran resaltadas por focos suspendidos en el aire por cables, las escaleras negras estaban brillantes, mi corazón latía con prisa cuando subía, me sentía demasiado presionado. Esperaba que no encontrara los posters y lo estuviera buscando por todos lados, pero no dejaba de pensar también que podría estar deprimido. En uno de sus mensajes me había confesado que tenía depresión y lo relacioné con lo que Andy me comentó la vez pasada, a Tom no le pregunté el motivo, me bastaba con saber que no la pasaba bien a veces. No era bueno recordar el pasado.
Al estar en el primer piso, miré un pasillo angosto con poca iluminación, y unas cinco puertas de madera con marcos oscuros. Avancé hasta la puerta número tres y coloqué la llave en el cerrojo, la giré y abrí con un suave movimiento. Lo primero que contemplé fue la oscuridad de la habitación, a duras penas podía notar sillas y una mesa, un sofá y paredes claras. Me adentré con sumisión, queriendo tener visión nocturna para poder encontrarlo, pero no hacía falta ya que lo vi segundos después. Estaba sentado contra la pared, enfrentando un ventanal que daba a un balcón a mi izquierda, cerré la puerta despacio y avancé con lentitud. Su rostro estaba postrado en algún punto en el exterior, lucía pensativo.
— ¿Tom? —le llamé y él volteó a mirarme, me transmitió un escalofrío y una pena. — ¿Estás bien?
Descendí, poniendo una rodilla en el suelo, inclinándome ante él, sus ojos estaban enfocados en mí, haciéndome sentir un tonto, el ser más insignificante del mundo. Me hacía acelerar el corazón, la tensión aumentaba y podía entrar en calor en un segundo; me daba cuenta que era como si me estuviera acercando al fuego, sintiendo su temperatura, queriendo acostumbrarme pero debía soportar el calor al principio.
—Solo quería estar un poco alejado del trabajo. —decía con algo de cansancio. No sabía cómo era la vida de un productor, suponía que más atareada que la de los músicos, porque ellos debían hacer el doble. Capaz que estaba al borde del colapso y necesitaba relajarse un poco, el descarte de ataque depresivo había desaparecido.
Se corrió un poco, dejándome un lugar a su lado, ambos nos sentamos contra la pared, mirando el ventanal. Se veía una porción de la ciudad, otro edificio enfrente y luces encendidas que reflejaban en el interior de esta habitación. De fondo se oía la música de abajo pero solo los drops, el silencio quería seguir gobernando el lugar.
Mi mano fue a parar al suelo, y cuando quería extenderla, logré rozar su dedo meñique, lo aparté mientras fijaba en esa dirección y elevé la vista, nos miramos directo. A esta altura no sabía cómo tenía fuerzas para seguir vivo, los sentimientos de amistad no eran los mismos, sentía la necesidad de que me observara siempre, de que fuera al único que mirara de esa forma. El egoísmo tomaba lugar en mí, yo no era así pero con él sentía la intención de serlo, porque él realmente era de esos tipos que le gustaba hablar sin importar el grado del tema, se asemejaba a ese mejor amigo incondicional, el mejor de todos los tiempos.
Algún día haré algo que lo echará todo a perder, me dijo en un mensaje. En ese instante desconocía su motivo, pero ahora, el latido de mi corazón me advertía a gritos lo que podría ser aquello. Se desataban los nervios, ¿Por qué me sentía así en momentos tensos? ¿Por qué pensaba que algo más sucedería cuando no iba ser de esa manera? Todo era raro, pero a la vez bonito.
—Si necesitas algo sabes que puedes pedirlo —le dije, no nos dejábamos de mirar.
—Deseo algo que me haga feliz. —dijo en voz baja. Parpadeé al escuchar la última palabra, esa que era la indicada para activar mi buena voluntad, para hacer lo que debía desde que nací. En mí renacía de las cenizas la fuerza que debía otorgar para complacer a las personas.
— ¿Qué es? —pregunté, dispuesto a cumplirle su deseo.
—Que te quedes conmigo. —soltó con serenidad. —Para siempre.
Mis ojos se iban de un lado a otro, enfocando cada uno de los suyos, la proximidad de nuestros rostros era un desafío. El juego parecía tomar partido en esto y las cartas ya estaban sobre la mesa. No podía explicar como lo quería, el porqué de sentirme así con respecto a él, no sabía si eran las charlas diarias por teléfono, los buenos momentos que pasábamos cuando nos juntábamos los días que no trabajaba, o la sonrisa radiante y ocultadora que siempre me lanzaba cada que descubría que lo observaba más de la cuenta.
—Así será. —sellé el deseo, y la promesa de permanecer a su lado. Suponía que se debía efectuar una acción para darle el toque final pero no sabía qué hacer.
Acto seguido, él se abalanzó a mí y me abrazó. Mis manos quedaron apoyadas en el suelo mientras él me rodeaba por el cuello con las suyas, me quedé mirando el techo, sintiendo su perfume por toda la piel y queriendo que se quedara por más tiempo en la misma. Su respiración chocaba contra el lado izquierdo de mi cuello y eso provocó que mi piel se erizara, me erguí ante eso y poco a poco elevaba mis manos para rodearle por el torso. Cerré los ojos para disfrutar más de esa cercanía, ¿No podía ser eterno este momento? Era incomparable a otras veces, era mágico cada centímetro de su piel, lo tocaba y me paralizaba. Apreté con suavidad su espalda, sintiendo el material de su campera entre mis dedos.
Fruncí el entrecejo al rememorar sus malos ratos, sus expresiones que delataban que algo no marchaba bien y luego… Luego aparecían esos en los que él sonreía, aparentando que nada malo pasaba en su vida, queriendo decirles a los demás que todo estaba perfecto. Sin embargo, yo decía que había algo que ocultaba; él era como yo en ese aspecto, reprimía sus malestares para no hacer preocupar a los demás. Tantas cosas teníamos en común, pero a veces sentía que éramos muy diferentes.
Percibí algo húmedo en mi cuello y abrí los párpados, enfocando la vista nuevamente en el techo. Rápidamente me di cuenta que se trataban de los labios de Tom, que estaban besando mi cuello; me quedé quieto ante tal gesto, porque en mi interior se avecinaba un torbellino de calor, que por el momento era contenido por las señales del cerebro. Lo hacía de forma intensa, haciéndome sentir incómodo porque no me lo esperaba, no obstante, recibí pequeñas descargas que lograron que mi piel se erizara, apoyé el mentón sobre su hombro y sus intenciones se definieron enseguida.
Aquellos carnosos y cálidos labios abrían paso a una calamidad. Apreté los míos al sentir la manera en la que lo hacía, presionaban con densidad pero dejaban una pizca de deseo en cada rastro. Inspiré profundamente mientras pasaba sediento mi lengua por los labios, esperando que con eso desapareciera la presión que estaba teniendo. Más fue imposible, porque él continuó con su labor y esta vez se había pasado, succionó por un tiempo, sintiendo su lengua en mi piel; no obstante, mis manos presionaron el cuero, tomando de ellos como si fuera a caerme en un precipicio. El clima no era el mismo de hacía unos momentos, la situación era bastante comprometedora y mis manos apretujadas contra su campera eran las delatadoras de lo que sentía.
Me estremecí al notar las maravillas que podía realizar con su lengua, no lo soltaba porque no quería que eso tuviera su fin, me sentía cohibido. Sus manos bajaron con prisa a mi cintura, dirigiendo mi cuerpo, yo avancé de rodillas hasta que comprendí lo que quería hacer, entonces me senté sobre él, con mis piernas a los costados de las suyas. Las palmas de mis manos se abrieron al depositarse contra la pared, me elevé mientras me acomodaba. No paraba de besar mi cuello y yo estaba a punto de soltar un gemido, a la mierda como habíamos llegado a esto, lo que estaba sintiendo en este instante era más importante. Podía sentir los latidos del corazón por mi cabeza, los sonidos de sus labios al separarse de mi cuello para volver hacer lo mismo segundos después, y mi respiración que empezaba a dar evidencia de mi respuesta.
Me pidió que permaneciera a su lado, deseó que apareciera en su vida y aquí estaba, junto a él, aceptando las condiciones, envolviéndome en su deseo. Me sodomizaba su tacto, me volvía a su merced con un solo movimiento, era algo tonto y sumiso de mi parte, pero no podía evitarlo, sentía que éste era mi deber. El esfuerzo que tenía para evitar pedir algo más era utópico, pensaba en sus palabras, me concentraba en ellas para no perder el equilibrio.
Corrí mi cara, logrando chocar mis labios sobre su mejilla, podía sentir nuestras respiraciones mezclarse y el magnetismo que nuestras bocas pedían eran incomparables. Una acción llevaba a la otra, era ley, y los dos queríamos realizar lo que venía a continuación. Parecía que él esperaba que efectuara el movimiento, porque tal vez yo no lo quería o me sentía sumergido en el momento que no podía reaccionar. Sin más, me separé un poco, logrando rozar nuestras narices, enfocamos nuestros ojos uno a otro, sintiendo la afinidad, desafiando al tiempo. Yo no podía retroceder, no quería, se sentía muy bien.
Llevé mis labios a los suyos, pactando el deseo, dando comienzo a su felicidad. Él correspondió y tomó mi labio inferior entre los suyos, deleitándome con su manía. Menta y cigarrillo se ensalzaban, prisionero de su mandato, bajo su dominio me sentía inesperado, entre sus brazos me tenía anhelado. Sus manos aproximaban mi cintura a su cuerpo, haciendo que yo me sintiera el rey de la montaña, sujetando su cuello con mis manos, acariciando un poco de su cabello. Esta noche me rendía ante él, le prestaba mis servicios con el fin de hacerle sentir mejor, sin importar los motivos, solo quería estar con él y que la pasara bien.
El deseo iba convirtiéndose en otra cosa, las cosas bonitas tomaban forma de llamas y a mi alrededor la temperatura era igual al fuego que desprendía Tom al estar cerca. Mi corazón se detuvo cuando se escucharon unos golpes, provenientes de la puerta, por lo que nos separamos y me puse de pie rápido. Al mismo tiempo, abrían dicha puerta y Shiro nos miraba un poco sorprendido, le tendí la mano a Tom para que se pusiera de pie y todavía tenía el rastro de sus labios sobre los míos.
— ¿Qué pasó? —preguntó, al parecer no había visto lo anterior. — ¿Los posters?
—Aquí están —dijo Tom al oír su esfuerzo por levantarse. —Tropecé y Bill vino a ayudarme.
Shiro nos miró con detenimiento, yo me estaba aguantando la risa. El productor le tendió el rollo de posters que estaban sujetos con un listón rojo, pasó de la mano de Tom a la de Shiro y a mí me invadió una vergüenza. Mis mejillas pronto se sintieron calientes y me reí bajito, mirando al ventanal. Se fue, dejándonos solos de nuevo, estaba más concentrado en entregar esos posters que la tensión entre Tom y yo, cuando cerró la puerta, me barrí el cabello hacia atrás y quise caminar para ir al ventanal. No lo logré, porque Tom me tomó del brazo y me llevó, en un rápido movimiento, contra la pared; me acorraló con su cuerpo y sus ojos me miraron fijo.
Volvió a besarme y me entregué completamente a eso, mi cabeza chocó contra la pared mientras sentía el peso de Tom presionando contra el mío, cerré los ojos para dejar que la imaginación hiciera el resto. Se debía concretar muy bien el pacto y él había comprendido que lo anterior quedó inconcluso. Me había olvidado de todo, ni siquiera recordaba cuáles eran mis problemas que se debatían en la cabeza todos los días.
Las bocanadas de aire y jadeos que se presentaban ya era común en nosotros a los minutos de empezar. Me acariciaba la espalda mientras yo me aferraba a su cuello o acariciaba su cabello, sintiendo esa necesidad de que permaneciera así conmigo. Se suponía que no se debía pensar cuando estas acciones ocurrían, para mí era imposible, pensaba en todo y eso me hacía poner más tenso de lo normal.
El goce de sus labios era una fiesta, que solo los estuviera sintiendo yo me hacía el ser más egoísta del planeta; con Alex no pasaba, era como si él solo fuera un escudo protector y Tom era el gladiador que estaba dispuesto a dar su pecho por mí. Me exitó un poco esa idea, por lo que sonreí dentro del beso y la intensidad aumentó un nivel más, mis piernas flaquearon pero él me sostuvo con las suyas, el sofoque y la hinchazón de nuestros labios comenzaron a presentarse, la satisfacción que empecé a experimentar era simplemente sublime, nunca había sentido algo similar.
Con una eterna separación, abrí los ojos y él los suyos, mi respiración estaba acelerada por falta de aire, me latía el corazón demasiado fuerte, a eso sumarle que la lujuria estaba a la vuelta de la esquina pero aún era reprimida por el cerebro. ¿Qué era el invierno cuando había una intención bastante caliente? Parpadeé para desaparecer todo ese camino que había sido abandonado bastante tiempo atrás, esbocé una pequeña sonrisa y mojé mis labios, llevando dentro de mi organismo las huellas de Tom. Sus ojos brillaron ante aquello y también sonrió, ¡Por dios, te estoy queriendo un poquito más!
—Será mejor volver, o Andy me cortará el cuello.
Asentí, no podía decir la liberación que tenía en el pecho, todo lo malo había desaparecido en mí. ¿Qué clase de persona eras, Tom? ¿Algún personaje mágico ficticio de libros? Los dos salíamos, cerró la puerta y me tomó de la mano, entrelazamos nuestros dedos y bajamos las escaleras con tranquilidad. El de seguridad nos miró, sin entender absolutamente nada, o tal vez ideando alguna situación en su cabeza. Daba igual, no lo sabía con certeza. Ingresamos nuevamente, la música reinó totalmente en nuestros oídos, una electrónica inundaba el ambiente y las personas disfrutaban, otras bailaban, acorde al ritmo.
Nuestros amigos nos vieron y nos llamaron para ir con ellos, nos soltamos antes de llegar y pronto todo volvía a la normalidad, nada había sucedido entre nosotros, todavía no era tiempo. Necesitábamos hablarlo antes, así que debíamos hacer como si no hubiera pasado algo.
La música era realmente encantadora, trataba de un encuentro en una noche, entonces comenzamos a bailar. Blas hacía movimientos graciosos exagerando con la canción, Andy y yo nos reíamos, Tom también le acompañaba y estallé en carcajadas mientras movía mi cuerpo de un lado a otro, disfrutando del momento. Mis brazos se elevaban en el aire, Andy meneaba las caderas y Tom aplaudía contento; sin lugar a dudas, pasar de un momento a otro con él era realmente nuevo para mí.
La gracia era que se trataba de la misma canción que había escuchado en el celular de mi mejor amigo, entonces todos comenzamos a cantarla, yo cerrando los ojos, como un ebrio a punto de llorar por recordar a su ex. Daba pequeños saltitos mientras me mecía de izquierda a derecha, los ojos de Tom no se apartaban de mi cuerpo, y presentí que ése era otra parte de su deseo de felicidad. Por ende, comencé a mirarle mientras danzaba, y recordaba aquel beso intenso que había tomado lugar en el primer piso.
Corrí mis cabellos hacia un costado e hicimos contacto visual, estábamos a unos centímetros del cuerpo del otro, pero la gente que había a nuestro alrededor nos impedía el acercamiento que queríamos obtener. Él se debía conformar con lo que veía. Le regalé una sonrisa mientras giraba en mi lugar, su mirada se tornó pícara y eso provocó un revoltijo en mi estómago.
Sin pensarlo, o no del todo, acababa de meterme de lleno en el deseo; yo era el deseo, y debía asegurarme de fomentarlo como quería.
Continúa…
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