«Wünschen». Temporada I

Capítulo 9: Quiero ser

Podría estar envuelto en llamas y no reaccionaría, podría estar ahogándome y no pediría ayuda, podría estar en la miseria y nadie se daría cuenta, así estaba luego de aquella noche. Fuera de la realidad, sumergido en aquel recuerdo intenso, cautivado por aquellos labios que lograron desequilibrar mis pasos. La impaciencia se comía mis uñas, esperando un mensaje suyo cuando le contestaba, a veces respondía y otras me llamaba, no importaba si lo hacía en la madrugada, no pegaba un ojo hasta saber sobre él. Solo habían pasado cuatro días de eso, pero parecía que fueron siglos.

En mi turno, me aguantaba las ganas de revisar el celular y ver su mensaje, pero Zira siempre me llamaba la atención porque me veía distraído, lo entendía, me estaba comportando como un idiota sin saberlo. Me había visto tres veces agarrar el celular y en la última se cansó, como un adolescente en penitencia me quitó el móvil, lo apagó y lo puso en el bolsillo de su pantalón. Era una medida algo infantil para mí, pero tenía razón cuando me decía que no estaba haciendo algo productivo. Le pedí disculpas y volví a retomar el trabajo.

La noche de sábado se llevaba a cabo de manera normal, lo mismo de siempre y la música a todo lo que daba. Iba de un lado a otro, llevando cervezas y aperitivos, conversando un poco con los borrachines del fondo, riendo con Sylvia y obedeciendo las ordenes de Zira. Debía enfocarme en el trabajo, cumplir el horario y ver el mensaje de Tom… ¡Mi celular! Palmeé los bolsillos, luego recordé que Zira me lo había quitado. Bien, lo merecía. Trabajo era trabajo; ni siquiera con Alex sucedía, tampoco él me mandaba mensajes o llamaba, respetaba mi horario laboral. Él era demasiado organizado en sus cosas, muy independiente y seguro de las decisiones, pero no lo fue a la hora de dejarme. Por lo menos me hubiera dicho la verdad de manera directa y no hubiera estado dos días deprimido.

Me libré de las entregas y pasé a la encimera. Unos tipos adultos me pidieron otra ronda de cervezas y yo, a paso veloz, se los entregué en mano, para esas cosas ya era todo un experto. Deslicé el trapo rosa por la segunda encimera, llevando los vasos utilizados al fregadero. Los enjuagaba con jabón líquido y agua, para secarlos, y mientras lo hacía, Sylvia se encargaba de tomar mi lugar en la encimera. Me quedé viendo una botella de vodka que estaba a la mitad, no podía evitar las imágenes que se venían por sí solas.

La botella de vodka descansaba en la mesita ratona mientras que yo la observaba, acurrucado en los brazos de Alex, sintiéndome protegido de aquella tormenta que azotaba contra el ventanal. Las luces estaban apagadas, solo la televisión sin transmisión era lo que iluminaba lo poco que podía. Alcé el rostro para mirar a Alex, él estaba durmiendo cómodo mientras me apretujaba suavemente, se encontraba bastante relajado y era que había tenido un día bastante agitado. Y para rematarlo, nos habíamos puesto a beber y ahora nos encontrábamos tumbados en el sofá; yo tenía un leve mareo.

—No estoy dormido. —oí y abrió los ojos. Me enseñó una tierna sonrisa y yo se lo devolví.

— ¿No quieres ir a la cama? —le pregunté mientras apoyaba el mentón sobre su pecho. La mano que descansaba en la misma le dio suaves palmaditas, efectuábamos el contacto visual al tiempo que nuestras respiraciones iban en una perfecta coordinación.

—No, quiero estar así contigo. —se movió para abrazarme más a él y reí bajito al corresponderle, cerré los párpados disfrutando de aquello y no podía contenerme de su felicidad. —Me gusta tenerte de esta manera.

«Y todo lo que pidas, si te hace feliz, lo cumpliré», siempre había querido decirle eso, era la verdad, la felicidad de las personas me hacían feliz también, hacer lo que fuera por ellos para ver una sonrisa era mi combustible. Pero solo debía conformarme con realizar sus peticiones, estaba esa parte de mí que impedía hablar como quería, y todo por miedo a no ser contestado como se debía. La secuela de Benjamín logró reprimir mis palabras más preciadas, tenía un poco de pavor que me dijera otra cosa, que cambiara de tema o se quedara en silencio.

Elevé la curva de mis labios al tiempo que me acomodaba sobre su pecho, sintiéndome a gusto, protegido y cómodo. Sentía los latidos de su corazón y el sonido de su respiración, aquel perfume que jamás se apartaba de mí también formaba parte, y la calidez de su cuerpo me mantuvieron en perfecta sintonía. Desde que lo había conocido todo fue mágico, era como un sueño, una utopía de la cual no quería bajarme. A veces me preguntaba si estaba vivo, no entendía cómo una persona podía ser tan atento, educado, bromista y protector. No cabían esas cualidades en una sola persona, o por lo menos no había conocido uno como Alex anteriormente.

Abrí los ojos y los enfoqué nuevamente en la botella, acomodé mis piernas, que estaban enredadas con las de Alex, y eché un condenado suspiro. Ojalá esto durara un buen tiempo…

La música volvía a tomar lugar en mis oídos, las voces de los clientes hablando fuerte lograron que volviera del recuerdo. Me quedé mirando esa botella por un rato, sintiendo una presión en el pecho, ¿Acaso extrañaba a Alex? Me invadió un vacío existencial, como si no tuviera órganos dentro y solo había piel y hueso, un escalofrío se paseó por mis hombros y los moví en un corto balanceo.

— ¿Bill? —Sylvia apoyó su mano en mi hombro y giré a verle. Ella lucía desconcertada al mirarme, frunció las cejas y no comprendía. — ¿Estás bien?

—Ah, sí, solo que estaba pensando en algo —dije moviendo las manos, espabilando ese mal instante. Me giré para ver a los de la encimera y la sorpresa de ver a uno de los amigos de Tom hizo que dejara todo atrás.

—El tipo de la otra vez quiere hablar contigo —decía Sylvia con algo de soberbia. —Menuda suerte tienes, pregúntale si tiene novia.

Le miré con mala cara y ella solo se marchó, volví a ver al tipo y tenía un vaso de tequila, se lo llevó a los labios y de un solo tiro bebió el contenido. Al bajarlo, enfocó sus ojos en mí, por lo que yo tomé valor y aire para enfrentarlo, ¿A qué se debía su charla? Se me venía a la cabeza lo de no interferir en la vida de Tom, no pensaba que podría ser por eso, además, ¿Por qué no lo permitía?

Me quedé parado frente a él, nos fijamos por un instante y luego él golpeó suavemente el vaso contra la encimera, comprendiendo que quería otra ronda. Le serví un poco más y dejé la botella por si acaso. Apoyé las manos sobre la segunda encimera, esperando a que me dijera lo que tuviera que decir. Sus ojos eran claros, como verdes, y siempre tenía el entrecejo fruncido, o por lo menos mantenía esa mirada cada que nos encontrábamos.

—Vine hablar sobre Tom. —me dijo mientras barría ese copete para atrás. Yo tomé una respiración profunda.

— ¿Quieres que me aleje de él? —pregunté cruzándome de brazos. Enarqué una ceja al ver que sus ojos se mostraban fijos ante mí, con una expresión bastante seria.

—No. —deshacía la unión de mis brazos al oír su negación, ¿Qué quería decir? Juntó sus manos sobre la mesada y las miró un instante, yo me sentía confundido. —Precisamente por eso quiero hablarte.

— ¡Bill, necesito más cervezas! —Gritaron desde el grupo de borrachines, me alejé mientras miraba a Georg, él tomó la botella y se sirvió por su cuenta. Me observó y movió sus ojos en señal de que hiciera lo mío.

Llevé las cervezas, más esa respuesta rondaba por mi cabeza, ¿Qué era precisamente lo que quería hablar conmigo? ¿Acaso le había sucedido algo? ¡Necesitaba mi celular! ¿Y si le pasó algo y por eso estaba su amigo aquí? Con desesperación entregué las botellas, quería saber lo que tenía que decirme, mi corazón se oprimió ante aquella posibilidad, ¿Y si así era? Mis nervios me llevaron a trotar por la taberna, Sylvia me observaba con preocupación y me preguntó si estaba bien antes de volver a la barra, le dije que estaba bien, que no pasaba nada. Volví a ponerme frente a Georg y le pedí que siguiera.

— ¿Le pasó algo a Tom? —fue lo primero que le pregunté y él negó con la cabeza. Pude respirar tranquilo y el alma volvió a su lugar en el interior de mi cuerpo.

—Mira, no voy a negarte que estés con él —se sobó la frente con sus dedos, parecía cansado, ¿Habrá discutido con él? —Sinceramente me agrada que él la pase bien contigo, ¿Me explico?

La confusión me dominó, era como estar en el desierto, sin saber para qué lado correcto ir y no adentrarse más al infierno eterno. Abrí la boca, más las palabras no salían, solo agarré un poco de aire y mis cejas se fruncieron. Volvió a mirarme y mantenía esa seriedad que ya se me estaba haciendo costumbre, apreté los labios mientras quería deducir qué quería decir exactamente.

—Por favor. —le cedí la palabra y deposité toda la atención en él.

—Tom no la ha pasado bien en estos últimos años, —comenzó, eso no era nada nuevo para mí ya que Andy me había comentado sobre aquello, lo que desconocía era el motivo de su malestar, rogaba porque Georg lo dijera. —siempre lo cuidé como si fuera un hermano pequeño para mí. Evité que se metiera en problemas, o a veces lo salvaba de su peor final.

Negó con la cabeza, parecía que había recordado aquellos momentos que yo no sabía cuáles eran, chistó con la lengua y se sirvió un poco más; lo bebió como si fuera agua y aclaró su garganta al sentir el alcohol fuerte pasar por la misma. Tragué saliva, el verlo tomar me indicaba que había surgido algo. Sin embargo, no me daba la cara para preguntarle, primero debía saber qué le había pasado a Tom en el pasado, porque realmente me preocupaba y quería saber cómo ayudarlo.

—Interferí en sus ligues, no quería que nadie se le acercara porque temía que saliera lastimado de nuevo. Pero… No siento la necesidad de hacer eso contigo —suspiró y se llevó las manos a la cabeza, en el cuarto trago ya te podías marear un poquito y parecía que a él ya le estaba haciendo efecto. —A la primera te lo advertí porque pensé que eras como los demás. Por dios, es tan estúpido lo que estoy diciendo.

—No lo es, te preocupas por tu amigo y lo entiendo. Créeme que en tu lugar haría lo mismo —le dije para animarlo, él esbozó una sonrisa mientras se refregaba los ojos con sus dedos, ¿Acaso quería llorar? ¿¡Alguien me podría explicar en detalles lo que estaba sucediendo!? Echó otro suspiro, y yo mojé mis labios en desesperación.

—Él me habla muchas cosas sobre ti, y solo una vez lo había visto de aquella manera. Es como un Déja Vú. —se quedó mirando un punto fijo y yo tan solo le observaba, ¿Qué significaba eso? Él continuó hablando mientras no apartaba la vista de su punto: —Tú le haces bien, no ha tenido problemas desde entonces y es difícil aceptar porque, hasta hace poco, había tenido una recaída.

— ¿Recaída? —La curiosidad salió disparando, eso provocó que Moritz volviera a mirarme.

—Tom es alcohólico. Cuando no se siente bien recurre a la bebida, es por eso que siempre intento acompañarlo a los eventos, no puedo permitirle salir, en parte eso le hace bien, pero debo cuidarlo de que no beba en exceso.

De pronto, la imagen de encontrarlo siendo robado por aquellos tipos venía a mi cabeza, ¿Por qué estaba ebrio en ese momento? ¿Y por qué justo estaba cerca de la taberna? Acaso… ¿Acaso quería entrar aquí? La culpa me invadía, yo le daba cervezas sin saber el problema que tenía, y así él había pedido su felicidad. No obstante, yo se la arrebataba dándole eso que era su perdición; el pecho se me oprimía y empecé a temblar un poco.

—Yo… No tenía idea —me salió en un hilo de voz. —Prometo ayudarlo cuanto pueda.

—Necesito que seas honesto conmigo y lo cuides en serio, él no ha estado tan bien desde… Hace algunos años —balbuceó en lo último y quería saber porqué. Me estaba ocultando algo más, el móvil por ese comportamiento que lo llevaba a beber sin medirse.

— ¿Qué le pasó? —me atreví a preguntar.

—No soy yo quien deba responder esa pregunta.

Me sentí decepcionado, por un momento pensaba que iba a obtener esa respuesta que tanto me carcomía la cabeza, estaba a un paso de saber sobre su pasado. Minutos después, Georg se despidió de mí, andaba tambaleante y le pregunté si se iba en taxi, me contestó que sí y, por primera vez, me lanzó una sonrisa ganadora, aparentando que nada malo había sucedido. Con admiración guardé esa sonrisa en mi memoria, quién sabía cuando iba a volver a verlo sonreír así.

A las cinco de la mañana, nos encontrábamos cerrando el local, tenía mucho sueño y no sabía si iba a poder caminar hasta la parada. Zira me devolvió el celular y yo, ansioso por saber si Tom me había contestado, me llevé la sorpresa de que no había sido así. No tenía nada de él, solo unas notificaciones de juegos de una red social, apreté los dientes, no sabía porqué lo había hecho, era una molestia. Bueno, tal vez estaba cansado y se quedó dormido, esperaba que fuera eso y no una salida. No era que lo controlaba, si no que, con lo que Georg me había contado, temía que saliera solo.

Algo desganado marché a la parada, era el único que esperaba el bus ya que los domingos solo eran de descanso. Me abracé a mi mismo mientras esperaba, soportando el frío y pensando en la conversación con Georg. Sentí que cada vez estaba cerca, pero al mismo tiempo me sentía lejos de la verdad de Tom; tampoco era correcto preguntarle de forma directa, aunque no negaba que me moría por hacerlo apenas lo veía. Pero, como siempre, terminaba preguntando o comentando sobre otra cosa.

También me jugaba en contra el que nos habíamos conocido hacía poco, pero… ¿Nunca habían oído hablar de la confianza a primera vista? Era raro, suponía que ahora todo el mundo se trataba así, y yo formaba parte de ello, no podía ocultarlo. A veces Andy me regañaba por eso, porque siempre terminaba sabiendo todo sobre otra persona a tan solo un día de conocerlo, me sentía mal por eso, porque así también me iba.

Eché un suspiro mientras recordaba esa confianza que tenía al conocer a Alex. Habíamos empezado con un chiste, fue muy extraño aquello ahora que lo recordaba, porque ni siquiera se consideraba un chiste pero me había reído igual para no ser descortés. Y desde ese instante, la confianza entre nosotros había surgido de forma tal, que en menos de hora y media, andábamos a las carcajadas y hablando como si fuéramos amigos de toda la vida. Andy nos quedaba mirando como si fuéramos unos locos de mierda. No iba a descartar que casi moría ese día también de tanto reírme, me había atragantado con una galletita glaseada y Alex me golpeaba la espalda mientras demostraba harta preocupación. Hm… Linda manera de gustar de alguien. Por dios, debía parecerle un idiota.

El bus no tardó mucho en llegar, de camino a casa intenté dormitar y no lo conseguía, por lo que me limitaba a mirar por la ventana y tratar de contar cuantas personas habían en la calle hasta llegar a mi destino: eran quince. Una vez que bajé, caminé a paso rápido para meterme en el edificio, necesitaba dormir y dormir hasta el año siguiente, estaba cansado. En el ascensor cabeceaba y me despertó el aviso de que había llegado al piso indicado; salí a paso lento, era una satisfacción llegar a mi departamento. Coloqué la llave pero me quedé inmóvil al oír unos gemidos, ay, espero que Andreas no estuviera haciendo lo que imaginaba.

Dudando entré, y se me aclaró todo. Los gemidos de mi mejor amigo me decían a gritos que no estaba solo, el desgraciado estaba disfrutando de un mañanero casi a las seis de la mañana. ¡Me cagaba en ti, Andreas! ¡Hijo de puta, yo quería dormir! Puse los ojos en blanco mientras aún permanecía en el pequeño living, no sabía si meterme a mi cuarto corriendo, o salir e irme a dar una extensa vuelta por el barrio. Me quedé mirando el techo mientras debatía, entonces mi móvil comenzó a vibrar y lo tomé entre las manos, con sumo cuidado y sin hacer ruido. Se trataba de un mensaje de Tom, automáticamente se me dibujó una sonrisa en la cara, pero todo se fue a la mierda cuando la pasiva de Andy gimió más alto.

«Me quedé dormido, ¿Ya saliste del trabajo? ¿Quieres que te pase a buscar así desayunamos? ;)»

¡Me quería venir a buscar para desayunar! ¿¡Mierda, quién hacía eso un domingo a las seis de la mañana!? ¿¡Dónde estabas, eh!? Bien, tenía que tranquilizarme o gritaría de la emoción y Andy lo descubriría, le pedí un pequeño favor mientras salía del departamento: que viniera a salvarme del depravado de Andreas. El sueño se me había pasado y solo quería que me respondiera que sí.

«Perfecto, en quince minutos estoy en tu departamento»

Decidí bajar por las escaleras para hacer más tiempo, y mientras descendía, pensaba en cómo debía encararlo. Ahora sabía que no la pasaba bien en ocasiones, que había sufrido por algo y que conmigo se sentía a gusto. La incertidumbre y angustia no me dejaron tranquilo hasta que salí del edificio, hacía demasiado hincapié en ese tema porque parecía que le estorbaba demasiado. Salir de un vicio o un problema grave no era fácil, lo sabía por lógica, pero intentar ayudar a olvidarlo era una posibilidad de superación próxima. Sí, quería hacer eso, ayudarlo a que fuera feliz, para eso estaba.

Me senté en las escalinatas del edificio, mirando como empezaba a aclararse de forma densa la ciudad, o un pedazo de ella. Respiré profundo, quería que él llegara pronto, quería curarle sin decirle lo que sabía. Yo quería que él me lo dijera en el momento adecuado, si era un tema delicado tenía que reprimir esas ganas y aguardar, con paciencia se podían lograr las cosas. Tom me necesitaba, y yo estaba casi convencido de que lo necesitaba también, ¿Por qué casi? Porque una parte de mí aún quería reprimir eso que andaba negando desde que había terminado con Benjamín. No sabía cuándo se iba a disparar, solo estaba seguro de que lo haría sin previo aviso.

El silencio me obligó a formar parte, sin pensar miraba a mi alrededor, esperando su llegada. Era tanta la intriga que el estómago se me revolvía, y mi corazón se aceleraba, me desesperaba con el pasar de los minutos. Abracé mis piernas para darme un poco de calor, el frío de la mañana era lo peor si me encontraba solo, así que me esforcé por no pensar en ello para mantener la temperatura y no empezar a temblar.

Y de la nada, escuché un motor y me puse de pie de inmediato, ¿Tan rápido pasó el tiempo? ¿O era que pensaba demasiado y lograba distraerme del horario? Reconocí el auto, coloqué el bolso al hombro y junté mis manos, esperando como un niño obediente. Aparcó justo frente a mí, no apagó el motor y salió un poco apurado, me miró y sonrió, yo hice lo mismo… Y fue ahí que sentí una presión en el pecho. Mi corazón latía de forma densa, y no podía evitar sentirme un poco mal por el problema que tenía que atravesar. Tragué saliva, queriendo alejar ese nudo en la garganta pero no quería irse, mordí el labio inferior en desesperación, el cerebro me decía que actuara pero mi corazón parecía paralizado. Parpadeé unos instantes, tomé aire y fui impulsado por algo mágico: la simple atracción que tenía hacía él.

Comencé a caminar, parecía que todo iba lento en ese momento, mis brazos iban de atrás para adelante con algo de temor, mis cejas un poco fruncidas le advertían de mi próxima acción. Mi corazón de a poco iba acelerando su ritmo y podía oír sus latidos con claridad; el sonido de la ciudad pasaba a distorsionarse, para dejar que solo él y yo fuéramos protagonistas del entorno. Mis brazos se extendieron y sentí un cosquilleo en mi estómago al tomar de su chaqueta, estaba frío pero no importaba. Mi cabeza encajó justo entre su pecho y cuello, el perfume hizo lo suyo y yo cerré los párpados al instante, dejando un claro mensaje. Mis manos se aferraron a su espalda, abrazándolo fuerte, evitando llorar por lo que me había enterado.

— ¿Pasó algo? —preguntó, sentí su respiración cálida sobre mi frente y negué con la cabeza sin separarme de él. Ejercí un poco más de presión sin lastimarlo o asfixiarle, quería quedarme así, haciéndole saber que intentaría curarlo de alguna manera, que no iba a permitir que cayera en eso de nuevo.

—Quiero cumplir tu deseo —solté en un susurro. Los latidos de su corazón eran tan sublimes que podía morir para escucharlos eternamente. —Quiero hacerte feliz.

Luego de aquello, sus brazos se ubicaron por mis hombros, apretujándome un poco también. Percibí que su mentón se apoyó en mi cabeza y disfruté al ser correspondido, sumergiéndome más en su perfume y la temperatura de su cuerpo, tratando de que su aroma se quedara en mí. Oí como su garganta emitía un sonido divertido, parecía una pequeña risa, yo suspiré.

—Ya me haces feliz… —abrí los ojos y me separé lentamente de él, me soltó con suavidad pero no nos distanciamos del todo, nos quedamos a centímetros del otro. El contacto visual logró que sintiera esas maripositas y los nervios rondar por mis pulmones.

¿Se podía enamorar alguien en un lapso corto de tiempo?

Continúa… 

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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