«Apostemos» Temporada II
Capítulo 24: Bonus Track
By Bill
— ¿Por qué tu hermano fue al banco a estas horas? Es muy peligroso.
— Él sabe cuidarse, papá.
— Lo sé, ¡pero qué necio es! — reí
— Estoy feliz de estar de vuelta — volteó a verme —. ¿Sabes?, el tiempo que estuve en casa de Helga noté la diferencia entre ambos mundos. Aquí todo es protocolos, restricciones, obligaciones, horarios, rutina.
— Suena peor de lo que en verdad es.
— Pero aun así, entendí que es la vida que elegí y me acostumbré a ella. No importa cuánta presión haya a mi alrededor, todo está aquí — Toqué mi frente con la punta de mi dedo índice.
— ¿Cuándo fue el momento preciso en que te convertiste en un hombre, hijo? — comentó emocionado, palmeando mi pierna.
— Gracias, papá — Volvimos la mirada al televisor de la sala, viendo no sé qué.
— ¡Oh, casi lo olvido! — exclamó para mi sorpresa y se estiró hasta alcanzar el mando de la tele, cambiando de canal con seguridad, buscando uno en específico.
— ¿Qué recordaste? — interrogué acomodándome más cómodamente a su lado, sobre el sofá.
— Que a las ocho y media empieza una película excelente en TNT; esas de acción que me gustan a mí. Se trata de un tipo que comienza a buscar una… — Mis ojos estaban totalmente abiertos pero sólo veía oscuridad. Estaba anonadado e inerte… Mi sangre era helada, mis extremidades no me respondían y en mi estómago algo empezaba a quemar. —. Ya empezó, no puedo creer que me perdí el inicio — se fastidió y me paré velozmente, acaparando su atención. —. ¿Ocurre algo, hijo?
— Quédate aquí — sólo pude decir saliendo de la sala de a pasos largos.
Abrí la puerta de salida y la brisa helada me chocó justo en el pecho, similar a un balde de agua fría. Se aproximaba una tormenta, los árboles se movían de un lado a otro y el ruido del agua cayendo por las diversas fuentes del porche, sonaba furioso.
— ¡Señor! — gritó Jimmy a un lado de la puerta. Al parecer llevaba tiempo llamándome.
—… ¿Qué?
— Le digo que si piensa salir, sería conveniente que se pusiera un abrigo — Fruncí el seño observando a los demás guardaespaldas y equipo de seguridad distribuidos por el portón del porche. —; ¿se encuentra bien?
— ¿Aquí está todo en orden?
— Sí, señor… ¿Ocurre algo?
— No se distraigan. Sigan trabajando — Éste asintió extrañado y yo me metí a la casa de nuevo. Caminé por el hall totalmente acelerado, empezando a subir las escaleras.
— ¡Bill! — ignoré los llamados de mi padre desde el living y prácticamente corrí hacia las habitaciones.
¿Cómo se había pasado tan rápido el tiempo?
— Diablos — Casi tropiezo en los últimos escalones, pero me estabilicé de inmediato y me dirigí hacia mi recámara. Mi mente estaba en blanco… el terror se apoderaba de mi cuerpo por completo.
— Espera… ¿Ese es el plan de Gustav?, ¿desbordarme?
— Es sólo uno de sus planes. Primero quiere que sufras, que te encuentres sin salidas. A raíz de esto, consumirás y luego quiere a esos tipos fuera. De no cumplirse esto último, me envió órdenes de matar a tu padre. Aunque yo estuve pensando en ese Thomas. Tu papá está viejo y con problemas cardíacos; moriría sólo de la tristeza.
— ¿¡Cómo es que hablas con tanta liviandad de algo tan serio!?
— ¡Lo hubieras pensado antes! Ahora pasarás lo que queda del lapso buscando la solución al problema que tú mismo has creado. Y más te vale que esos tipos queden libres y no hablen, porque entonces obedeceré algunas órdenes y saldrás perjudicado. Y no intentes nada, ¿vale? No te mandes alguna otra extra porque será peor para ti.
Para mi fortuna, la recámara se hallaba vacía. Las sábanas no estaban desalineadas, las maletas a medio deshacer a un costado de la cama y hasta la taza de té vacía sobre mi mesita de noche continuaba ahí desde las seis.
— Gracias a Dios — susurré cerrando los ojos y respirando aliviado —. No… espera, Bill… — me dije a mí mismo recordando un detalle minúsculo e insignificante…
— Sal de mi recámara, Ian.
— Creí que esta ventana daba a la calle.
— No, esa es la de Thomas.
— Oh. Tienes una casa muy hermosa, ¿lo había dicho?
— Ya que no cumpliste tu parte — Giré hacia mis espaldas apenas escuché la primer sílaba. —, vengo a cumplir la mía.
— No… — bisbiseé retrocediendo unos pocos pasos. Con una expresión totalmente desencajada y su traje desalineado al más puro estilo psicópata, cerró la puerta para luego darle una vuelta con la llave. —. Ian, por favor…
— Linda noche para matar, ¿o no, Bill? — Se acercó todo lo que yo había retrocedido. —. Me parece que me cargaré tu cadáver primero y luego el de tu padre, ¿qué te parece el Bonus Track? — Negué con la cabeza con las lágrimas desbordándose de mis ojos incontrolablemente.
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By Tom
— ¿¡Vas a seguir creyéndote el roll de amigo perfecto!? — Otra patada. —. ¡Tú jamás fuiste amigo de Bill, sólo lo perjudicaste y arruinaste su vida, maldito enfermo! — Una más.
— Ya es suficiente, Georg — intervine y el susodicho se detuvo agitado, volteándose y caminando unos cuantos pasos alejados del cuerpo del narcotraficante. Rascó su cabellera y se lo oía maldecir por lo bajo.
— Tu… tu amigo debe… debe aprender a controlar sus nervios… Agh, maldición — gemía desde el suelo. La comisura de sus labios sangraba y su cuerpo temblaba a causa de las contusiones.
— Te metiste con la familia equivocada, Schäfer. Tu amenaza de matar a mi padre fue la gota que rebalsó este vaso.
— ¿Amenaza? Lo que yo… yo entiendo por ‘amenaza’… es una intimidación. Más bien fue un aviso.
— No hace falta que continúes mintiendo, imbécil. El que te teme es Bill, a mí solamente me das asco — Negó desviando la mirada. —. Desde un comienzo supe que todo esto era una pantalla.
— ¿Una pantalla?
— Sí. Una pantalla para intimidar a mi hermano. Felicitaciones, lo conseguiste, pero ahora él y mi padre están seguros en mi casa, con nuestros guardaespaldas y protección personal velando por sus vidas. Ellos están bien y tú tienes tu vida colgando de mis manos — Poco a poco, esa sonrisa de lado que portaba se ensanchó, hasta convertirse en una risa y luego, una carcajada. Se reía con hilaridad y burla.
— ¿En… en serio? ¡Jajajaja! — Georg se volteó para observarlo con confusión.
— ¿¡Qué es tan gracioso, idiota!?
— No, no, espera… ¡Jajaja! En serio… discúlpame — Mi compañero se acercó hasta nosotros y me observó como pidiéndome una respuesta a la actitud que había empleado Gustav a último momento. —. Has cometido el peor error que una persona puede cometer, Trümper. Me has subestimado — Mi expresión cambió y no me pregunten el porqué, pero comencé a sentir un pánico enorme. —; Subestimaste a la persona equivocada, Thomas, porque todo lo que digo… lo cumplo.
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By Bill
— La policía me busca a mí, a Gustav y a los demás socios que participaron en aquel negocio. Pero esos socios no son nuestros amigos, Bill, por lo tanto quieren matarnos a modo de venganza. ¡Y todo esto por tu rebeldía estúpida! — vociferó a centímetros de mi rostro, agitando el revólver que siempre llevaba consigo en su mano derecha.
— ¡Detente, detente!
— Sólo hay dos finales para mí… O pudrirme en una cárcel, o terminar con dieciocho balazos esparcidos por mi cuerpo. ¡Gracias, Kaulitz!, me condenaste.
— Yo… yo puedo darte dinero. ¿Cuánto te da Gustav?, puedo darte más, puedo darte el triple si quieres.
— ¡¿Crees que todo pasa por el maldito dinero?! Dime, ¿de qué me serviría ser millonario si de todas formas acabaré como el culo? — Volvió a alejarse. Así estuvo desde un principio, totalmente desquiciado, caminando por toda la recámara y amenazándome con una pistola sin el seguro puesto. Era una bomba de tiempo.
— ¡Por favor, Bill, ábreme!
— ¡Hijo, abre la puerta! — gritaban del otro lado Susan y mi padre, golpeando la madera y tragándose las lágrimas —. ¡Ian, desgraciado, deja en paz a mi hijo o yo mismo te mataré!
— Tu papá quiere jugar al héroe.
— No, no, no — Me aproximé hasta su figura, sujetándolo por el saco del traje y casi suplicándole con la mirada. —. No lo lastimes, por favor.
— ¡Suéltame! — Un empujón y mi espalda chocó contra la cajonera de madera. Ahogué un gemido de dolor y allí me quedé, estático. —. Haré lo que se me antoje; no tengo nada que perder.
— Por favor…
— Si yo me hundo, tú te hundes conmigo, Kaulitz.
(Capítulo 18.- Alianzas- escena inconclusa)
— Vale. Juguemos a que eres un chico grande y fuerte, capaz de tomar cualquier decisión, veamos qué tan corajudo eres — Su rostro se puso serio de un momento a otro y del bolsillo interno de su cazadora, sacaba una cajilla blanca frente a mis ojos. A penas verla, una sensación familiar venía a mi mente, como un deja vú. Conocía ese tipo de cajitas, solían llamarme mucho la atención. Antes veía su contenido como la puta gloria, un magnífico escape. Ahora lo veía como una cagada, algo que me monopolizaba.
Dejó el objeto frente a mí, sobre el escritorio y sonrió cuando notó la alteración que reflejaba mi rostro.
— Nos veremos luego, Bill — dijo conteniendo la risa e irguiéndose en su sitio. Luego se volteo noventa grados y se marchó enfilando la caminata lenta hacia la puerta.
Una vez que desapareció, dejé caer mi cabeza sobre mis manos, rendido por el hartazgo y el dolor de saber que sería yo toda mi vida, que nunca escaparía de mi karma. Y era el momento cuando una pequeña ventana de esperanza se abría; una ventana de un diámetro suficiente como para colar un dedo dentro. La esperanza trataba acerca de esa cajita… Era la prueba que mi tratamiento andaba necesitando. Tal vez era demasiado temprano aún para toparme de frente con uno de esos obstáculos, pero de todos modos, por ciertas razones del destino, allí estaba toda para mí. Era una pequeña ventana abierta y no creía caber por ella…
— Mierda — La tomé desesperadamente, abriendo la caja como si… […]
(Capítulo 18.- Alianzas- continuación)
[…] mi vida dependiera de ello para continuar con su curso normal. —. Vamos, vamos — Moría de ganas por consumir de ese, para mí, antídoto a tanta mierda.
— Disculpe — Cerré la caja con manos inútiles en medio del susto y la escondí entre un montículo de papeles, lo que dejaba a mi escritorio completamente desordenado.
— Tania, ¿cuántas veces te he dicho que debes…? — ¿Por qué estaba molesto con ella? ¡Acababa de salvarme la vida sin siquiera saberlo!
— Lo sé, señor. Discúlpeme.
— No, olvídalo. Dime qué querías.
— Venía a decirle que saldré a hacer un mandado que me ordenó el Sr. Markett, y quería preguntarle si iba a necesitar algo más.
— No, ve tranquila.
— De acuerdo.
— ¿Mi hermano aún está en el estudio?
— Sí, en su oficina… bueno, la de su padre.
— Vale. Es todo, Tania. Puedes retirarte.
— Con permiso — Cuando estuve solo de nuevo, tomé la caja entre los papeles y la metí en el bolsillo interno de mi saco. Me puse de pie y me encaminé hacia la puerta.
¿Qué fue de la existencia de esa caja? Recuerdo que después de que Ian me la dio, casi me inyecto esa maldita droga, pero Tania llegó para hacerme reaccionar. Luego…
— ¡Cállate, viejo imbécil! Dios… ¡Dile a tu padre que se calle, me está poniendo más nervioso aún!
… ¡oh, sí! Luego fui a ver a Tom a su oficina y lo ayudé con todo el trabajo acumulado que tenía… Después. ¡Rayos! ¿Qué hice después?
— Es un hecho, hoy mueren ambos.
… Ya recuerdo… Yo vine aquí, a mi cuarto. Iba a preparar las maletas porque me iría con Tom a Nueva York. Entonces…
Me senté en el borde de la cama queriendo que el mundo atrás de esa puerta se detuviera. ¿Cuántas veces quise eso? O mejor pregunta aún, ¿cuántas veces lo conseguí? La solución a todos mis problemas e inquietudes estaba en el bolsillo interno de mi saco, esperando por entrar a mi sistema y paralizarme. Porque era yo quien se detenía, no los demás. Mi mundo se detiene.
Pero aquella era una solución temporal. En cuanto el efecto se pasara volvería a recaer sobre mí todas y cada una de las cosas de las que huí por unas horas. Así esto era una cuenta regresiva.
Me puse de pie inflando mis pulmones de valor y saqué de mi saco la caja maltratada por un largo día ahí dentro. Le quité la tapa y dentro estaba la jeringa con la heroína ya preparada para mí. Gustav jamás me había regalado drogas, pero parecía que ahora esa era su nueva estrategia para hacerme ‘pisar el palito’.
Dejé la caja sobre la cajonera y en el tercer cajón de la misma, guardé la jeringa. ¿Por qué? No lo sé. Supongo que no estaba muy seguro de mí mismo, no tengo la determinación adecuada. Mi fuerza de voluntad no es tan fuerte como pensaba. De todos modos ahí estaba y estaría hasta que tocara fondo algún día no muy lejano. Dios quiera que una mañana me levante con el valor necesario para negarme y lanzar esa mierda por la ventana. Ojalá fuera tan fácil… lanzar mi adicción por la ventana.
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By Tom
— ¡Habla! ¡¿Dónde está Ian?!
— En tu casa.
— ¡Mientes!
— Está en tu casa, Trümper. Mientras más tiempo tardes en creerme, peor para ti y toda tu familia — Expulsé el dióxido de carbono con ira y me arrodillé a su altura, quitándole el seguro al revólver y hundiendo la punta de la misma en su pecho. —. Ian espera mi llamada antes de las diez para saber qué debe hacer — Observé a Georg desesperado, sin escapatoria. Había llegado hasta ese lugar con la seguridad de hierro, y ahora me sentía un gusano suplicándole al ave que no se lo comiera.
— ¿Y si no lo llamas? — intervino el de pelo largo.
— Si no lo llamo, Georg, él sabrá que me pasó algo malo y los matará igual.
— ¿Matará? Creí que matarían a mi padre.
— Es una opción… En realidad nunca lo charlamos muy en serio — Entreabrí mis labios. —. Ian está desesperado; la policía está detrás de nosotros por culpa de Bill, lo que más quiere es verlo muerto. Así que no dudo que se cargue a ambos.
— ¡Son unos desgraciados! — gritó Georg para luego tomarlo desprevenidamente de la cazadora y ponerlo de pie a la fuerza. Gustav parecía disfrutar de cada insulto, golpe o maltrato, ya que delataba lo acorralados que estábamos. Sí, tiene la mente de un psicópata.
— Sólo necesita mi llamada antes de las diez. — Georg le proporcionó un fuerte puñetazo en la mejilla izquierda, haciendo que éste volteara en dirección contraria y escupiera un poco de sangre al suelo.
— Georg, no — Lo detuve bajando la guardia con respecto al arma que tenía en mi mano.
— ¿¡Y qué tienes en mente, Thomas!? ¡Ese enfermo está en tu casa haciendo ta-te-ti con tu padre y mi amigo! ¿¡Cuál es tu brillante idea!? — me gritó acercándose hacia mí.
— Que haga la llamada. Eso.
— Al fin dices algo coherente, Trümper — cuchicheó el malherido que apenas podía estar parado gracias a que el carro le servía de sostén.
— Saca tu celular y llama a tu amigo. Dile que se vaya de mi casa sin tocar a mi hermano, ni a mi padre.
— ¿Y si no lo hago qué pasa?
— Te mataremos — contestó Georg por mí, mirándolo a los ojos con desafío.
— Él dijo que no lo haría — contraatacó refiriéndose a mí.
— Pero yo sí voy a hacerlo — Sin percatarme de su accionar, Georg me quitó el arma de las manos, apuntando con temblor al rubio.
— ¡Oye, espera! No cometas una locura.
— ¡Cállate Thomas! — me gritó alterado —. Has esa llamada o disparo.
— Nunca sujetaste un revólver en tu vida, Listing. Las armas nunca fueron tu fuerte.
— Entonces deberías tener más miedo — Como dice Bill: touché. —. La llamada.
Gustav borró su sonrisa y lo más rápido que su brazo lastimado lo dejó, sacó su teléfono celular del bolsillo de sus jeans. Marcó un cierto número y llevó el aparato a su oreja, esperando.
— Dile que se marche, nada más. Sin trucos, sin trampas — dije y asintió mirando al suelo.
— Ian, soy yo… Escucha, hay un cambio de planes, algo surgió — comenzó —. No puedo explicarte demasiado, pero debes irte de ahí… No. Aquí está el hermano y el mejor amigo de Bill y… Exacto. Deja a Bill en paz, vete — Nos observó intercaladamente y luego volvió a hablar. — Sí, así que vete de la casa, ¿entiendes?… Genial, entonces ya sabes lo que debes hacer — Alejó el aparato y lo guardó de nuevo. —. Listo.
— ¿Le quedó claro que debe irse ahora mismo? — interrogó Georg.
— Sí, ¿qué parte no oíste?
— Bien, eso es todo — Mi compañero dejó de apuntarlo y yo me quedé quieto, observando a Gustav directo a los ojos. Cuando los conectó conmigo me pareció que por una fracción de segundo, sonrió de lado. —. ¿Nos vamos o le damos un par de golpes más?, yo todavía tengo algo de bronca acumulada — dijo Georg pero yo no le presté demasiada atención. Algo andaba mal… Algo había en sus ojos que no dejaban de observar los míos, como diciéndome miles de cosas.
— No te creo, Schäfer — hablé decidido y, ahora sí, sonrió.
— La conversación fue clara.
— Tus palabras fueron claras, pero no las de él — Georg me observó desencajado y perdido.
Sin perder más tiempo, lo empujé de encima del auto y me metí en el asiento del piloto. Georg se apresuró a subir antes que acelerara, acompañándome en el asiento de junto.
— ¿Qué se supone que haces? ¿Vas a dejarlo así, sin darle un merecido disparo en una pierna o algo?
El motor rugió y las ruedas derraparon en el asfalto mojado por la llovizna que había empezado a caer.
— Lo subestimé una vez… no lo haré de nuevo.
— ¿Subestimarlo? ¡Estás dejándolo ahí sin su merecido!
— ¡Y mi familia puede estar muriendo ahora! — grité sin dejar de conducir como un demente —… No quiero correr ese riesgo.
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By Bill
El teléfono celular de ese desquiciado empezó a sonar y, no sé por qué, pero el nudo en mi estómago se hizo más grande.
— Justo a tiempo. Lo pondré en altavoz para que te enteres quién morirá primero, ¿sí? — susurró y contestó. Los gritos de mi padre y Susan y sus intentos inútiles por abrir esa puerta rota, resonaban en el cuarto y mi cabeza.
Con disimulo, a mis espaldas, palpé el cajón donde debería estar la jeringa. Imploraba a Dios que no se diera cuenta y que mi cara no me delatara… debía estar calmado.
— Hey.
— Ian, soy yo.
— Gustav, dime.
— Escucha, hay un cambio de planes, algo surgió.
— ¿Qué?, ¿de qué hablas? — fruncí el seño al oír eso. ¿Será que estaba salvado? ¿Será que algo bueno pasaría en esta noche de mierda?
— No puedo explicarte demasiado, pero debes irte de ahí.
El cajón estaba abierto y mis dedos palpaban su interior… ropa, ropa, ropa… ¡jeringa!
— ¿Me estás hablando en serio, Gustav?
— No — La cara de Ian y la mía cambiaron de repente… ¿No? ¿Cómo que no hablaba en serio cuando decía que se marchara de aquí? ¡¿Qué significaba ese ‘no’?!
— Aquí está el hermano y el mejor amigo de Bill y… — ¿Tom? ¿Georg? ¡No, por Dios!
— Oh, ya veo. No puedes hablar, ¿cierto?
— Exacto. Deja a Bill en paz, vete.
— Entonces me encargó del padre.
— Sí, así que vete de la casa, ¿entiendes?
— Perfectamente.
— Genial, entonces ya sabes lo que debes hacer — Lo próximo que se oyó fue el tono de colgado.
— ¿Oíste? — Se dirigió hacia mí con una sonrisa de satisfacción en la cara.
— Ian, por favor… No cometas una locura.
— Ninguna locura, sólo cumplo órdenes — Se paró frente a la puerta, dándome la espalda, y giró la llave en la cerradura. Cuando giró el pomo, la puerta no se abrió. —. ¿Qué carajos…?
— Olvidé mencionarlo — dije blandiendo la jeringa en mis dedos y acercándome sigilosamente hacia él —… la cerradura se traba — Cuando se dio vuelta para mirarme, de un movimiento rápido y sin pensarlo demasiado pasé mi brazo por sus hombros e hinqué la jeringa en su cuello, para luego bajar el émbolo por completo.
— ¡Aaaahg! — se lamentó llevando su mano ahí, en vano.
Sus ojos quedaron totalmente abiertos y fijos en los míos, mientras que su cuerpo perdió fuerzas de a poco, cayendo lentamente.
— Parece que te hundirás solo, hijo de puta — murmuré en su oído antes de soltarlo y dejarlo tirado en el suelo sin vida ya.
— ¡Bill, Bill! ¿¡Qué ha pasado!? — gritaba mi papá desesperado al oír el golpe del cuerpo contra el suelo —. ¡Bill respóndeme por favor!
Respiré agitadamente observando el cuerpo de ese sujeto en el suelo, con un charco de sangre alrededor de su cabeza y la jeringa clavada en él. Había matado a un hombre… Maté a una persona.
— Dios mío… por favor, Billy — sollozaba Susan.
— Estoy bien — dije sin apartar mis ojos de esa escena horrible —. Necesito que abran la puerta, está trabada.
— ¡Hijo, te encuentras bien!
— Que Jimmy abra la puerta.
Continúa…
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