«Apostemos» Temporada II
Capítulo 30: Desde Cero
¿Qué te hace a ti feliz?
Recuerdo esa misma pregunta saliendo de los labios de Milagros tiempo atrás. Hoy no sé qué respondería. Creo que habría que empezar desde el punto: ¿qué es la felicidad? Para mí es una sensación… Son esos segundos, minutos, o con suerte días, en que piensas: ‘Para esto llegué a la tierra, para contemplar/hacer esto, ahora’. Qué hermoso es sentir eso, Dios mío. Ver el rostro de alguien en especial, su sonrisa, ese brillo particular en todo su ser, no tiene precio alguno. Esa emoción y orgullo que te invade… ¿Existe sensación mejor? Entre tanta rutina, mal humor y sentimientos negativos, sentir la Felicidad es un regocijo en todos sus aspectos. Pero es más lindo cuando la felicidad te sorprende sin esperarlo, cuando surge de un segundo a otro quizás en tu peor momento. Recuerdo que de pequeño no sentía la felicidad muy seguido, o tal vez no sabía sentirla, pero ahora que he crecido lo suficiente a nivel mental, puedo sentirla en los lugares más recónditos del mundo, en los más marginados, en los más insignificantes. ¿Qué tal? Rodeado de lujos, no hay dinero que compre dicha sensación.
— Estás encerrado desde hace dos horas en este cuarto — dijo Jörg entrando a mi habitación. Volteé la mirada sobre mi hombro y le sonreí de lado. — ¿Pasó algo?
— No, nada… Estaba viendo fotografías, recuerdos.
— Tú no estás bien — afirmó acercándose, con aspecto preocupado. Se sentó en el borde de la cama mientras que yo lo estaba en el suelo, contra la pared de en frente. —. ¿Quieres contarme?
— No me ocurre nada, papá. Despreocúpate.
— Estás viendo fotografías de tu madre… — observó —. ¿La echas de menos?
— Sí, mucho — dije mirando una de las tantas fotos esparcidas por el suelo —, más en estas fechas.
— Se aproxima el aniversario.
— Ya once años — Levanté la mirada y lo vi triste. Siempre tuvo muy presente la fecha de su aniversario; que no lo dijera no quería decir que no lo recordara. Eso pasa con las personas generalmente: Que no demuestren dolor o debilidad, no implica que no sientan o no sean. —. Pero dicen que Dios no cierra una puerta sin abrir una ventana, ¿no? — Me observó. —. Mamá se fue, pero me quedaste tú.
— Hijo… — susurró estirando su mano y tomando la mía, estrechándola —. Lo peor de la ausencia de tu madre, es la ausencia de su perdón. Siempre quise pedirle perdón.
— Ella seguro lo sabe y te habrá perdonado. No era rencorosa.
— De todas formas tu hermano y tú han llenado gran parte de ese bache — Asentí recordando qué me llevó a estar consolándome con los recuerdos felices del pasado… El desplante de mi hermanastro.
— Hoy saldré con Andreas.
— ¿Esta noche?
— Sí… Me invitó a cenar. ¿Crees que sea buena idea ir?
— Eso depende.
— ¿De qué depende?
— De lo que tú quieras hacer — Aquella respuesta me dejó sorprendida. Mi papá siempre fue un fanático de mi relación con Andreas, y hoy me decía que si era lo que quería, estaba de acuerdo.
— Gracias, papá. Te amo.
— Yo también te amo, hijo. Te amo infinitamente — Sonreí, bajé la vista a las fotos y encontré una en donde mi mamá hacía una cara rara.
— ¡Mira esta! — Soltó una escandalosa carcajada y me contagió.
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— ¿Saldrás? — Una voz bastante conocida interrumpió mi conversación con Susan en la cocina. La misma, disimuladamente, dejó su vaso con zumo sobre la mesa y se retiró del lugar.
— ¿Te importa? — Siquiera me inmuté. Continué sentado y tomando la cerveza helada que andaba necesitando.
— Bill, no quiero que me odies — dijo sentándose en frente de mí.
— No te odio. No tengo ninguna clase de sentimientos hacia ti.
— Soy tu hermano.
— Hermanastro — Asintió en silencio y Susan volvió a ingresar a la cocina.
— Billy, ya llegó Andreas.
— Gracias, Su — Me puse de pie sin siquiera mirarlo y me encaminé hacia la sala principal. Tomé mi bolso del sillón y me calcé los lentes de sol.
— Cuídate, pequeño.
— Tranquila — Besé su frente con cariño y me marché de la casa.
La seguridad me escoltó hasta que estuve del otro lado del porche. Desde que empezó el juicio, aun en contra de mi voluntad, mi seguridad personal ha duplicado su insistencia en mantenerme a salvo. Nadie me haría nada, pero vayan a explicarle eso a mi padre. Había liderado decenas de juicios y jamás atentaron contra mí. Y si ocurriese, los años de amistad con Gustav me enseñaron efectivas formas de defensa personal; hasta cómo manejar un arma.
— Si mi padre sale, que John lo lleve y tú los acompañas.
— Sí, señor — dijo Jimmy, el jefe de seguridad de toda la casa.
— Y si alguien viene a verlo, que se identifique y me llamas al radio. Él no está en condiciones de recibir visitas, a menos que sea Albert o Georg.
— ¿El señor Kaulitz se encuentra bien? — preguntó preocupado y, no supe el porqué, pero un escalofrío me recorrió la espalda.
— Mi padre está perfectamente — dije y salí de la casa a paso firme. Andreas estaba fuera del auto, recargado en la puerta del acompañante. Lo saludé con un beso en la mejilla y me abrió la puerta como el gran caballero que siempre fue. Nos metimos al vehículo y lo primero que hizo, fue sonreírme. Su sonrisa… era hermosa.
— Se te ve muy bien, Bill.
— Lo mismo digo.
— Qué bueno poder darnos la oportunidad de charlar, de salir como compañeros y disfrutar un buen momento — asentí.
— Entre nosotros no hay rencores, Andi — Amplió su sonrisa y aceleró.
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By Tom
— ¿Te duele? — Volteé mi rostro y vi a Susan parada en el marco de la puerta de mi cuarto. Me sonreía como sintiendo pena por mí, y yo no supe qué responderle. —. ¿Qué pasa, Tom? ¿Por qué hiciste eso?
— Es una larga historia, Susan — dije sin energías. Volví a mirar por la ventana y el auto de Andreas ya había desaparecido. Había entregado al gran amor de mi vida en bandeja de oro y con un moño en la cabeza. —, y sinceramente no quiero hablar de ello.
— Hablar te hará bien — insistió acercándose —, pero no voy a presionarte. Sólo ten presente que puedes confiar en mí, ¿sí?
— Gracias — Miré sus ojos y le sonreí a duras penas, como mi abatido espíritu me lo permitió. — Andreas merece estar con Bill; él lo ama sinceramente.
— ¿Y tú?
— Yo… yo estoy confundido — respondí simplemente.
— Y si estás confundido, ¿por qué no te das un tiempo a solas para aclarar tus ideas, antes de empezar una relación con Richael? Encima Bill odia a esa mujer, ella le ha hecho mucho daño en el estudio, y sedujo durante mucho tiempo a Andreas. Digamos que no es una buena persona.
— Es difícil de explicar… En serio no quiero hablar de eso — Acarició en silencio mi mejilla derecha y suspiró.
— Cuenta conmigo si así lo quieres, bebé — Bebé… eso me hizo acordar a mi madre.
— Gracias — Me aguanté las ganas de llorar olímpicamente hasta que ella se retiró de mi cuarto y cerró la puerta. Fue ahí cuando, sin vergüenza ni ningún tipo de orgullo, me dejé caer al suelo, adosando mi espalda a la pared, y las lágrimas brotaron de mis ojos como cataratas. En lo que iba del día, había llorado más veces de las que lloré en toda mi vida. Me dolía en lo más profundo del alma, bien en el centro del pecho, en el corazón. Eran espinas… no, eran cuchillos hiriéndome desde lo más hondo de mi ser. Era dolor en su estado más puro. Y lo peor era que no podía dejar de pensar en ese mensaje de texto de Richael que decía que quería verme de nuevo.
Voz en Off.
Qué ironía el curso que las cosas tomaron. ¿Quién lo diría, no? Un día estás al lado de quien verdaderamente amás y creés odiarlo, creés que no existe persona en el mundo que sea más irritable, exasperante… Sin darte cuenta que son los primeros síntomas del amor. Irónico. Ironía solamente.
‘— Eres una mierda. Eres la persona más miserable que jamás he conocido. Eres… eres terrible.
— No me está gustando mucho tu actitud.
— ¡Eres una mierda!
— Bájame el tonito.
— ¡Corrupto!
— Estás en mi despacho, en mi futuro estudio y estoy en un rango notoriamente superior, así que cierra la boca ahora mismo y lárgate.’
Pero de a poco el curso de tu vida cambia, y el verlo todos los días, el compartir con él una vida, hace surgir tu parte humana y te deja en evidencia. Así empieza la confusión.
‘— Entonces… ¿en qué estábamos?
— En que dormiré.
— Conmigo.
— Chúpala. Es mi cuarto, mi cama, mis reglas.
— Últimamente en todos lados rigen tus reglas.
— Vuélvete a Nueva York, pobretón.
— Eres demasiado complicado.
— Gracias.’
Las idas y las vueltas te hacen dudar, te hacen sentir nuevas sensaciones que creías enterradas en lo más recóndito de tu cuerpo. ¿Creías que no volverías a sentir esas cosquillas? Pues ahí están de nuevo… con algo tan simple como una sonrisa.
‘— Te sorprendería la poca fuerza de voluntad que tengo.
— ¡Jajajaja! ¿Será que te puedo mucho?… Tom.
— Ya conseguí lo que quería.
— ¿Eh?
— Te hice sonreír, aún cuando creías que no había razones para hacerlo. Digamos que encontré a quien buscaba.’
Y cuando ya te ves enamorado, totalmente perdido en tus sentimientos, sólo queda resignarse y entregarse de lleno a ese amor.
‘— Te quiero, Bill
— Te quiero, Tom. Estás abarcando todo en mí.
— Guarda todas esas hermosas palabras para decírmelas al oído mientras te haga el amor.’
Pero a veces el amor que crees, será para toda la vida, dura lo que tarda una herida en sanar, y cuando cumple su objetivo, se marcha. Todo concluye al fin, pero cuando algo termina es por una razón, y la mayoría de las veces se debe a que su momento de ser terminó.
— ¡Licenciados, por favor, una fotografía! — gritan los paparazis a la flamante pareja que se luce antes de entrar a uno de los restaurantes más famosos de Alemania.
— Sonríe amor — le dijo la morocha a su novio, quien forzó una sonrisa para los flashes y entrelazó sus dedos a los de la mujer que tenía al lado.
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… Los dos toman sus caminos. Sus vidas se hacen independientes de la del otro y no vuelven a cruzarse. Solamente quedan los recuerdos, las sensaciones que quedan exclusivamente para sentirlas uno mismo, son únicamente de esas dos personas que las vivieron. Cada lugar, cada costumbre que tenían, cada sabor, cada olor, los llevará de nuevo al tiempo en que vivían ese amor intensamente. Y aunque duela ahora, aunque cueste acostumbrarse a la ausencia de nuestra otra mitad, de a poco deja de doler, de a poco nos acostumbramos a la nueva persona que está a nuestro lado, o a la soledad misma, y esa historia de amor pasa a ser un cuento breve que has de leer miles de veces. Será una linda historia para contarle a alguien algún día.
— ¡No has dejado de ser un demente, Bill! — gritaba el rubio en una carcajada mientras manejaba a toda velocidad por la carretera despejada. Sin dejar de conducir, admira a quien tiene al lado. Bill con la mitad de su rostro fuera del auto, por la ventanilla totalmente abierta, y su brazo extendido hacia afuera. La fuerte brisa de la tarde Alemana le pegaba de lleno en su rostro relajado, con los ojos cerrados y una débil sonrisa asomándose. Andreas simplemente callaba y contemplaba a ese ser que jamás dejó de amar, de sentir suyo. Hoy tenía esperanzas. Hoy sentía que la vida le daba una revancha y podía volver a ser feliz a su lado; después de sufrir pensando en la felicidad de su acompañante, hoy la vida lo recompensaba.
El amor es así. No conoce de barreras, ni de tiempos. Si dos almas están destinadas a estar juntas, entonces se encontrarán. Quizás haya una vida de por medio, pero en el momento en que menos se lo esperen, se verán y sabrán que todo lo pasado valió la pena si pueden escribir una historia juntos. El amor no distingue sexo, raza, ni edad.
— Ya estoy en la esquina.
— Ahí salgo, amor — dijo la mujer y la breve comunicación telefónica terminó. El ojiverde esperó paciente pero ansioso, tranquilo pero nervioso. Movía sus dedos sobre el volante sin coordinación, simplemente a modo de tic. Hasta que la vio aparecer doblando en la esquina, donde tenía lugar el local de la florería. Con su cabello castaño claro suelto al viento, largo hasta su cintura, y un vestido anaranjado que marcaba sus caderas. Sonrió al verla. ¿Quién iba a pensar que Georg Listing se enamoraría al fin? Un anti-amor por excelencia caía rendido a los pies de una mujer veinte años más grande, poniendo en peligro su trabajo en el estudio jurídico, su carrera, y hasta su vida. No le importaba la esposa de quién fuera, no tenía miedo, sólo le interesaba tenerla a su lado la mayor parte del tiempo posible.
— Hola amor — Saludó ella y besó efusivamente los labios de su joven amante. Luego arrancaron exaltados por la situación hacia el fin del mundo si era necesario. Como tantas otras tardes, aquella era de ellos dos solamente. Un amor furtivo que los encontraba heridos. Él golpeado por la soledad durante mucho tiempo, probando mujeres de a montón pero sin encontrar a la indicada, cansado. Ella descuidada por su marido, harta de tanto lujo y vida de excentricidades, buscaba un poco de emoción y se topó no sólo con eso, sino con el amor en un hombre que podía ser su hijo, pero que la trataba mejor que su propio esposo. Un hombre que la hacía sentir mujer.
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… Pero cuando algunos ganan, otros pierden. Cuando alguien es feliz, otro sufre en su soledad…
— ¡Maldita! — gritó el rubio sentado en su cama, empapado en lágrimas y sudor, con una jeringa en sus manos, en un estado deplorable —. ¡Yo te amaba, Richael, yo te amo todavía!
Solo. Totalmente solo en el departamento en donde vivió los mejores momentos con quien creyó que sería el amor de su vida. En medio de tanto dolor, cree que la única solución es escaparse hacia alguna otra realidad. Pero todo adicto sabe que es un escape momentáneo, que el dolor está ahí después del efecto y es más pesado todavía. Cuando se fuerza a una persona a permanecer a tu lado, el resultado nunca es bueno. Lo mejor que se puede hacer, es dejarla ir y resignarse…
— Te extraño, Simone — susurró acariciando el rostro de su difunta esposa en la fotografía que siempre permanecía estática sobre la mesita de luz —. ¿Cuánto más debo vivir con esta tristeza?
— Permiso — interrumpió la voz de Susan ingresando al cuarto —. ¿Aún en la cama? ¡Arriba, Jörg!
— No, Su… Hoy no tengo ganas — respondió sonriendo de costado.
— No acepto esa respuesta. Haremos licuado de multifrutas, ese que tanto te gusta, y lo beberemos en el jardín porque el día está precioso — Caminó hacia el hombre y le extendió su mano. Resignado a la perseverancia de oro de su fiel mucama, se puso de pie, se calzó sus pantuflas y caminaron juntos a la salida de la oscura habitación.
— ¿Por qué estás aquí?, hoy es tu franco.
— No voy a dejarte solo, Jörg — respondió bajando las escaleras y ahora sí pudo sacarle una sonrisa sincera.
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Encontrarás amor en el lugar menos pensado, el día menos pensado y en quien jamás imaginaste. Eso es lo bello de la vida: que te sorprende a cada instante.
— ¿Qué películas te gustan?
— Las comedias románticas. ¿A ti?
— Las de acción. ¿Y qué música escuchas? — preguntó el muchacho de ojos oscuros, que se había desprendido de su porte de abogado y ahora disfrutaba de un día de sol al aire libre en un parque lleno de niños, con un helado en la mano y en compañía de quien administraba sus quehaceres los días de semana.
— Me gusta mucho el rock.
— ¡A mí igual! ¿Y sabes bailar?
— Oh, no — rió modesta.
— ¿Cómo que no? A ver, ¡arriba! — El muchacho se puso de pie y la animó a imitarlo.
— ¿Qué haces? — interrogó anonadada, poniéndose de pie y siguiéndole la corriente.
— Quiero bailar contigo.
— ¿Aquí? ¿En una plaza llena de gente?
— Sí, ¿qué tiene de malo? — Y haciendo unos pasos de baile al más puro estilo John Travolta, tomó su cintura y de a poco le fue contagiando su espontaneidad. Bailar en una plaza, algo que la tímida recepcionista jamás hubiera imaginado.
— ¡Lucas! — se carcajeó al ritmo de un rock and roll que sonaba solamente en sus cabezas.
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Pensándolo en frío… La vida era muy distinta hace sólo tres meses, ¿verdad?
Continúa…
N/A: Hola gente! Cómo están? Se acerca el final de temporaaaaada!
Ojalá puedan entender la ‘Voz en Off’. Es una voz en tercera persona &, mientras ésta se reproduce, va mostrando distintas escenas en donde aparecen distintos personajes & todo transcurre en el mismo momento. Ej: Mientras Richael & Thomas están saludando a los fotógrafos en la puerta del restaurante, Andreas & Bill viajan en auto por la carretera. El objetivo es mostrar los distintos caminos que tomaron todos. Espero les haya gustado (:
Buena Vida .