II Compláceme 14

Temporada II. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 14

—¿Qué tal su día? Apuesto que todo ha marchado bien— me dice Steve cuando me abre la puerta del auto. Hoy parece más optimista que de costumbre.

—No realmente— me sitúo a su lado para después adentrarnos al hotel.

—¿Qué sucede? Pensé que regresaría de buen humor después de haber descansado todo el fin de semana.

—Lo sé, debería, pero no descansé del todo ¡Ah! No te dije, esta mañana almorcé con mi madre.

—No tiene por qué justificarse, ¿recuerda?

—Ya… Pero en serio debes saber. Me encontré con ella y fue un tanto incomodo ¿Sabes…? muy en fuera de recordar el aniversario de la partida de mi padre…

—Y su cumpleaños— menciona al interrumpirme, pero no presto atención a eso.

—Nuevamente preguntó lo que tú sabes— termino por decir en calma. Le miro por el rabillo del ojo durante un par de segundos hasta que fijo la vista en el alfombrado verde.

—¿Aún insiste en saber más de Bill?

—Necesita saberlo todo, a decir verdad.

—No le entiendo— casi se encoge de hombros cuando llegamos al ascensor.

—Básicamente quiere saber si mis inclinaciones seguirán un solo género, ¿comprendes?

—¿Y eso es todo? Perdón, pero creo que resulta muy obvio.

—Eso mismo pienso— suelto la respiración. Estoy intranquilo. Me muevo dentro del ascensor sin decir nada o dirigirle la mirada a Steve, el silencio se siente como si él quisiera decir algo, pero no lo hace—. Según ella, me he aferrado demasiado a Bill.

—Digo lo mismo— añade cuando las puertas se abren y bajamos en el cuarto piso.

—Pues ya somos tres… En verdad me he aferrado a él.

—Sinceramente creí que usted tenía las cosas claras y que sólo le había buscado por una razón.

Steve ha dado justo en el clavo. No quiero hablar de eso ahora. Me conozco y sé que, si él insiste, me veré obligado a decir cuanta palabrería necesite para deshacerme del coraje que me provoca aquello.

Intento deshacer mi repentino mal humor cuando andamos por un pasillo hasta doblar a la derecha. Le he mirado un par de veces, luce como si en verdad quisiera decir algo. Cuando veo que se decide, le corto antes de que Keana se detenga frente a mí y me de las bitácoras del día anterior. Lo último que quiero es que ella escuche y suelte la lengua a algunas personas.

—¿Necesitas algo más, Tom? —dice ella, le dirijo una mirada furibunda antes de entrar al despacho y niego con la cabeza.

Sabe que ha hecho mal por enésima vez en su jodido tiempo trabajando para mí. Por desgracia no puedo despedirla, es bastante eficiente y también es un buen distractor. Justamente hace un par de noches se fue sin decir nada, no me extrañaba en realidad, pero fue extraño sentir un vacío después del sexo. No un sentimiento de vacío como ya había experimentado en varias ocasiones e incluso con ella, el de aquella ocasión fue realmente peculiar.

—Retírate, tengo algo que tratar con Steve.

Me dedica un asentimiento sin siquiera dirigirme la mirada y abro la puerta del despacho y le permito el paso a Steve. Cuando se encuentra dentro, voy detrás de él, cierro la puerta y me dirijo al mini bar.

—¿Quiere que sigamos la conversación con respecto a Bill?

—Por favor ilumíname, Steve— le pido cuando sirvo un par de tragos—. Según tú, ¿cuál era esa razón por la cual me determiné en buscarle?

—Simplemente recuperarse— responde de inmediato. Le tiendo una bebida y lo invito a sentarse en uno de los sillones del living.

—Tus ideas no están tan perdidas.

—Entonces confiéseme la verdadera razón.

—Perdón, pero creo que resulta muy obvio— menciono en tono burlón al imitar sus palabras. Él lo entiende, pero no dice nada más, ni siquiera le ha dado un sorbo al whisky que le he servido—. Vamos por partes…, hizo lo que hizo y no pude con ello. Pasé meses lamentando tantas cosas, entre ellas haberme relacionado con él. Resultó ser que sí, pasó lo que ya mencionaste; quería recuperarme y para ello debía saber qué ocurrió en realidad— le doy un sorbo a mi bebida y dejo el vaso en la mesita de centro—. Seguro que no necesito decir el resto— él niega con la cabeza y yo continúo—. Esta mañana estuve tentado en llamarte para pedirte un favor, algo que seguro me negarías porque te pedí que lo hicieras hace tiempo.

—¿Quería viajar a Londres tan rápido?

—¡¿Rápido?! Steve, casi es un mes desde que le vi

—Sin contar eso, ha pasado realmente poco desde que tomó la mala decisión de no volver a buscarle y en realidad se veía determinado en cumplir su palabra ¿Qué fue lo que cambió?

Desvío la mirada, tomo mi bebida y la termino de golpe. No es como si el alcohol me hiciera juntar el valor que necesito para responder su pregunta, pero quiero ahogar las demás palabras que se quedan estancadas en mi garganta.

—Si le quiere tanto como dijo alguna vez, ¿qué le detiene?

—¡Él me detiene! —frustrado, me levanto de golpe y ando por el living ida y vuelta—. Es él. Es su estúpida indecisión. Su maldito orgullo. Es lo que le duele y lo que no quiere volver a repetir ¿No te das cuenta? Quiere creer que es feliz con aquél imbécil cuando en realidad no es así ¡Y no puedo hacer nada!

—Casi es un mes desde que le vio en la celebración de Jace y Amara, pero no creí que se diera por vencido así de sencillo.

—¡Bueno! ¿Y qué se supone que haga? —me detengo para volverme a verlo—. ¿Debo seguir perdiendo la dignidad? ¡Le busqué tanto como pude! ¡Le seguí por todo Londres esperando un jodido momento a solas! ¡Lo sabes perfectamente!

—Para usted eso no fue suficiente…

Como le odio, siempre da justo al clavo. Esta vez, aquello me cayó de peso como nada podría.

—No, claro que no era suficiente el tener que esconderme para saber de él o incluso pedir a terceros que ayudaran para que yo pudiese estar un minuto frente a él— es como si la voz me temblara junto con el corazón, avisándome que estaría a punto de perder alguno de los dos—. ¿Sabes…? Ya no creo tener fuerzas para seguir, le busque o no, no me creo capaz de seguir. Y tal vez deba exigirme más, controlar los impulsos de salir detrás de algún rastro suyo y jamás buscarle. Comprendo que ya no tiene caso, él no cederá y yo no voy a obligarle y tampoco volveré a insistir cuando lo ha dejado bastante claro. Lo que haré de ahora en adelante será tomar en cuenta lo que me pidió; no aparecerme de nuevo en su vida porque, es cierto, no tengo derecho a hacerlo.

—Pero…

—Debe ser la mejor opción, ¿no? —le corto. Suelto la respiración y me encojo de hombros

—No debería desistir.

Sé a dónde quiere llegar Steve, el dilema es si sigo con él o me detengo ahora que tengo oportunidad…

—¡¿Y qué más se supone que deba hacer?! ¡Eh! Lo ha dejado más que claro, no quiere ni verme porque ya está con Leo y el muy idiota cree que es feliz. Dime, ¿cómo puedo competir contra eso? Tan sólo quería escuchar una última vez un ‘No’ por su parte y sería todo. No quería desperdiciar más tiempo, no si no estaba conmigo de todas las formas posibles…— termino por decir entre titubeos, me dejo caer en el sillón—. Sólo quería escuchar eso de él para empezar a hacerme la idea de que nada va a cambiar. No puede volver a ser como antes, es obvio. No importa si pasan años, seguiré pensando en lo mismo. No sé si deje de extrañarle algún día, quisiera no hacerlo, pero quisiera dejar de aferrarme a él. Parece que me hace más difícil la existencia ahora que cuando recién pasó aquello.

—Al menos debería intentarlo una vez más— inclina la cabeza y se mueve hasta el escritorio—. Yo…, creo que es algo muy suyo y no debería de hablarlo conmigo. No creo ser la persona indicada para decirle que deba hacer o siquiera atreverme a darle un consejo.

—Fingiré que no dijiste eso— me levanto tan rápido para llegar con él—. ¿No fuiste tú quien me sugirió buscarle en primer lugar?

—Quería respuestas y recuerdo haberle dicho que Alina no sería tan confiable…

—Pero fuiste tú, ¿sí o no? —le encaro y Steve ni se inmuta.

—Sí.

—¿Entonces a qué viene eso ahora? Me ayudaste, lo aceptes o no, lo hiciste. Buscaste a ese tal Oliver Ejiofor quien no deja de enviarnos detalles de la vida de Bill, y también fuiste quien me sugirió darle el anillo, asegurando que eso podría ayudar en algo ¡Y ahora dices eso! Estuviste de acuerdo conmigo en varias ocasiones cuando se trataba de él…

—Lo sé de más, pero no siento merecer el que me tome en cuenta de esta manera— me interrumpe. No quiero perder la paciencia, no con él y tampoco justo ahora.

—Bueno, entonces según tú; debería regresar a con Cimone y decirle a ella. Créeme, te equivocas si piensas que le importa.

—Debería, de otro modo no comprendo su interés por él.

—Quiere saber qué será de mí, si voy a insistir con Bill o si iré a con una mujer para olvidarle. Pese a que Cimone quiere que yo esté bien con quien sea, le importa lo que diga la gente, le importa demasiado el que él me guste. No me parece que podamos estar en sintonía. Cómo se es capaz de hablar con tu hijo sobre hombres, ¿eh?

—¡Bueno! Entonces olvide eso— su tono llama mi atención, hasta podría decir que me bofeteó con sus palabras—. Podría volver a buscarle sólo una vez más— propone.

—Ya hice todo lo posible, lo sabes…, fueron meses en los que los días se resumían en él, en mis intentos fallidos, en quererle y decirle lo que siento hacia él cuando le tuve en frente y no pasó nada ¿Por qué esta vez habría de ser diferente?

—Puede hacer dos cosas justo ahora; buscarle una última vez y si él accede a escucharle, las cosas cambiarán y entonces tomará una decisión, pero si no lo hace, estoy seguro que se arrepentirá siempre.

Me quedo en blanco total. No sé qué responder, qué mirada dirigirle o si acaso que gesto hacer.

Suelto la respiración que he contenido, tuerzo los labios y medio frunzo el entrecejo después de digerir sus palabras. Me lo pienso a fondo al volverme y andar por el living a paso lento.

—Si le busco…

Llaman a la puerta antes de que pueda continuar. Comparto miradas con Steve y entonces él va para saber de quién se trata. No asoma la cabeza ni nada, en cambio, sale y se queda unos momentos allí.

Soy incapaz de comprender qué sucede o porque la puerta sigue cerrada. No es una exageración, sé que solo han pasado unos instantes, pero es que la intriga se junta con la manera en la que Steve me dejó en blanco.

—Le buscan— dice al volver.

Juntando las cejas totalmente, recobro una postura rígida y le miro expectante.

—¿Keana dejó pasar a alguien?

—Keana no está en el mostrador, pero hay alguien detrás de la puerta que quiere verle.

—¿Y quién es?

—No me dijo su nombre— declara.

Eso me inquieta. Pretendo ir a la puerta, pero me lo impide.

—¿Qué? ¿Qué pasa, Steve? ¿Quién es?

—¿Le digo que pase?

—No, si no me dices nada y él no tiene nombre, entonces que no pase.

—Tal vez debería decírselo usted…

Vuelve antes de que pueda detenerle y abre las puertas de par en par. Cuando estoy detrás de Steve, del otro lado Bill aparece a medio pasillo y se vuelve al escuchar cuando Steve le llama, pero no le dirige la vista a él, sino a mí. Me mira detenidamente mientras en sus labios se forma una sonrisa apenas visible. Me hago espacio para andar hasta él sólo un par de pasos, pero aun estando confuso, le escaneo con la mirada. No puedo con la manera en la que luce…, es perfecto ¡Es él! ¡Está aquí! ¡Que se ve precioso! Se ha teñido de negro, su mirada luce más intensa a como la recordaba, viste de blanco y veo como en su mano tintinea el anillo que le he dado.

No puedo, en verdad no puedo. Que el corazón me late frenéticamente y me da un vuelco el interior, uno muy tremendo, uno que casi arrasa con todo.

—Hola, Tom— su tono de voz oculta la seriedad detrás del nerviosismo.

—Q-Qué… ¿Qué haces aquí? —cuestiono y lanzo un vistazo detrás de él, pero no hay nadie más en el pasillo excepto nosotros.

—Vine a contigo— responde de inmediato y acorta la distancia—. ¿Podemos hablar?

Lanzo un suspiro, muerdo el interior de mis mejillas y bajo la mirada fugazmente hacia sus manos, tentado en tomarlas y mirar más de cerca el anillo. Quiero comprobar que es real y que lo lleva justo ahora. Quiero saber desde cuando empezó a usarlo y quiero saber por qué decidió ponérselo. Qué le hizo cambiar de opinión. Qué le hizo venir hasta aquí. Qué espera escuchar de mí y qué quiere tratar conmigo.

Tengo preguntas y cada segundo transcurrido se arremolinan más en mi mente que no puedo pensar con claridad. Estoy entre nervioso y sorprendido. Mínimamente asustado, pero ansioso en saber de qué se trata todo esto.

—¿Hablar? —me aclaro la garganta, fijo mi vista en la suya y oculto las manos en los bolsillos—. ¿De qué quieres hablar?

—De nosotros.

Ese «nosotros» se me clava en la garganta al momento en que lo repito en voz baja y se estanca de inmediato en mi pecho cuando el corazón me retumba ante aquella palabra.

No sé siquiera cómo debería reaccionar ante su petición. No sé siquiera cómo empezar la conversación. No quiero silencios incómodos. No quiero estar sujeto a tener malos entendido por acercarme de más. Debo ser prudente en todo y ¡JODER! Que no tenía una idea de esto, a que Steve lo arregló y ahora me siento en desventaja. Siento que esto se me saldrá de las manos más temprano que tarde.

—No pretendo quitarte mucho tiempo, solo esperaba que pudiéramos hablar, aunque pensándolo bien…

—Está bien. Tengo un tiempo disponible, ¿subimos al pent-house?

Le veo desviar la mirada y se muerde el labio inferior. Sin poderlo evitar, llevo mi mano a su barbilla para hacer que me vea nuevamente, pero su mirada me dice que no debí hacer aquello. Rompo la cercanía y espero su respuesta.

—Antes que nada, prométeme algo.

—¿Qué cosa?

—No me mires como si fuera un extraño.

No siento que le esté mirando como su fuese un extraño, le miro como lo que ya no es de mí. Podría no mirarle si me lo pidiera, pero sé que no lo haría. Estoy absorto en él y sé que debo disimular un poco.

—Reconozco que tenías razón, en verdad sí que estaba harto de tener que estar lejos y fue estúpido negarme a verte.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión? —me atrevo a preguntar.

Bill me mira con un terrible asombro, intenta disimular y no puede. En su lugar, retrocede y sin dejar de mirarme dice: — ¿Subimos al pent-house?

Su determinación, o más bien, su distracción, logra apartarme de la curiosidad por unos momentos y le dedico una sonrisa.

Siento algo muy diferente entre nosotros, tal vez es la extrañeza que me da el que Bill haya puesto de su parte o la impresión que me llevé al verle aquí. Ni siquiera vuelvo la vista hacia atrás, no interesa en realidad. Codo a codo y en silencio, nos dirigimos al ascensor. Él no dice nada aún, simplemente me mira. Noto el nerviosismo y la osadía que salen por sus poros. Me aclaro la garganta cuando le cedo el paso y una vez dentro, oprimo el botón del último piso. Al verle por el reflejo de las puertas, se me vienen bastantes recuerdos y me cuesta creer que en verdad está aquí en son de paz esperando charlar de nosotros y quizás algo más. Quizás ya se ha decidido en volver a conmigo.

—Lo siento— dice al romper el silencio. Le miro extrañado y junto las cejas.

—¿Por?

—Supe lo de tu padre y… Casi ha pasado un año, ¿cierto?

—Casi— respondo en un tono más bajo. Estoy tentado en volver a acercarme, pero sé que no es posible, al menos no ahora.

—¿Lo llevas bien?

—Es difícil, pero puedo con ello.

Me encojo de hombros y desvío la mirada porque le he mentido y no quiero que lo note. No quiero empezar mal ahora que podría haber una posibilidad de volver.

Le pregunto qué fue de él en este tiempo, pero en vez de responder, me pide que nos olvidemos de todo, que por un momento pasemos por alto las faltas del uno tanto como del otro y sólo hablemos de lo que realmente es importante. Veo que Bill está más que decidido a resolver las cosas, estoy sorprendido en realidad, no creí que él fuese a tomar la iniciativa.

Cuando llegamos a nuestro piso y andamos por el pasillo hasta entrar al pent-house, me dice el primer recuerdo que se le viene a la mente. Verle sonreír después de mucho tiempo calma todo en mi interior. Le ofrezco algo, pero niega, solo quiere ir al balcón y ver la ciudad. Le sigo, parece que él ya tenía todo planeado. Bill bromea sobre mi aspecto, jura que aquella vez que le vi en New York para su cumpleaños yo estaba tan cambiado que le costó ligeramente el reconocerme. Prefiero no tocar el tema, si lo hago, podría preguntarle sobre Leo y sé que eso lo incomodaría tanto hasta llegar al punto de arrepentirse por estar aquí y terminaría yéndose. Siento que ahora, al tenerle cerca, ha vuelto con más fuerza mi exagerada obsesividad por adelantarme a los hechos. Intento pensar que es sólo porque no quiero que nada salga mal. No tenía un plan para esto, ni siquiera fantaseé con un momento así y mucho menos preparé mentalmente lo que quería decir. Estoy en desventaja total, pero no parece ser tan malo ahora que quiero dejarme llevar por la reciente confianza que surge entre nosotros.

El tiempo transcurre tan lento o tan rápido. Hay tantas cosas de las que hemos conversado. Se ha reído, yo también lo he hecho. Se ha inclinado hacia mí, le he imitado. He acariciado su mano, él no se ha negado o retrocedido como lo hizo al inicio. Le veo bien y yo estoy bien. Me siento jodidamente bien con él. Pareciera que en realidad no ha pasado nada malo entre nosotros, ha vuelto a ser el Bill de antes. Volví a sentirle mío gracias a la confianza que ha mostrado, pero siendo realista, esto no duraría para siempre.

Hemos aclarado ciertas cosas, surgieron unos cuantos silencios incómodos y las palabras se me han estancado en la garganta en varias ocasiones. El corazón se me aceleró tanto y detuvo de golpe, fluyendo al ritmo de la conversación. Lamentablemente comenté algo que no debía, Bill puso mala cara al escucharme decirle que esta misma noche tenía pensado en volver a Los Ángeles. No sé si lo haya hecho porque ha recordado lo último ocurrido allá o si sea porque he arruinado sus planes. Quizás pensaba quedarse aquí un par de días y pretendía pasarlo conmigo, seguro que piensa que un día no hubiese sido suficiente. Ha pasado tanto tiempo, nos hemos limitado justo ahora en tratar ciertas cosas. Faltaría vida para poder hablar sobre lo nuestro en su totalidad y aún más, faltaría valentía para poder hacerlo. Sé que, si digo algo respecto a que vuelva, lanzaré una bomba y todo podría irse a la mierda.

No quiero. Me niego totalmente. Quiero que Bill pueda sentirse bien conmigo. Quiero que crea en mi palabra, aunque justo ahora me haya limitado en sólo hablar ciertas cosas. Bill no ha profundizado tanto, y yo tampoco, quiero evitar que salga de aquí corriendo, pero debo hacerlo, sino, en cualquier momento algún comentario se escapará de entre mis labios y la habré cagado. Como cuando hablé respecto Alina, cuando le vi y me aclaró las cosas, él guardó silencio. Su enfado era obvio, tanto como cuando confesé que había estado con alguien más en este tiempo. No dijo nada que yo hubiese querido escuchar respecto a eso, simplemente mencionó que el tiempo siguió sin nosotros totalmente.

Eso quisiera. Me gustaría que él entendiera que podemos estar juntos de nuevo si así lo decide…

Ya anocheció y él no deja de ver la hora. No le entiendo, ¿ahora parece ser tan importante? A que sólo lo hace por lo que dije sobre volver a Los Ángeles. Le he aclarado que en todo este tiempo no había vuelto por temor a que los recuerdos fueran demasiado fuertes como para poder conmigo y hacerme polvo, pero se ha quedado callado.

Se formó un silencio entre nosotros que no supe cómo romper durante largos minutos. Me limité a verle; Bill tenía la vista fija al frente, sus ojos no se despegaban de un punto invisible y jugaba con sus manos una y otra vez, rasguñando incluso la tela de sus jeans. Suelta la respiración y se encoge un poco. Es entonces cuando decido no quedarme callado ni un segundo más. Me aclaro la garganta y le pregunto en calma: — ¿Por qué jamás me dijiste que te ofreció dinero?

Mis palabras llaman su atención. Se queda estático y no dice nada.

—Bill…— mi mano va hasta su hombro e intento hacerle volver a verme, pero se resiste e inclina la cabeza hacia el lado derecho. Paso detrás de él tan rápido para llegar al otro lado y poder mirarle, pero es hábil y me da la espalda—. ¿Por qué?

—No hablemos de eso.

—Bill, hemos hablado de tantas cosas menos lo más importante.

—¡Lo hicimos! —protesta al volverse—. Hemos hablado de tantas cosas y está bien. Ahora que sabes todo ya no hace falta entrar en detalles.

—Pero necesito saberlo, por favor— le pido y le tomo por los codos para acercarle—. Todo este tiempo creí en bastantes cosas. Sé de boca de otras personas lo que sucedió, pero necesito saber eso mismo de ti.

Siento como ha temblado mi voz y trago pesadamente para deshacer el nudo que podría formarse.

Él me mira detenidamente y sin decir nada. No puedo con su silencio, así que insisto una vez más de manera paciente.

—En verdad quiero saberlo ¿Podrías, por favor, olvidarte un segundo si tu respuesta podría dolerme o incluso a ti? Bill, te lo pido—mi agarre se hace un poco más fuerte—. ¿Por qué si Leo fue a buscarte y aceptaste lo que sea que te haya propuesto, no me dijiste nada? Pudiste haberlo hecho. Pudiste también decirme que te viste con mi padre, que Luche te buscó también… ¿por qué no lo hiciste?

—Porque temía que me dejaras y no sirvió de nada, aun así, lo hiciste— responde en un hilo de voz—. ¿Sabes que lo tienes todo?

—No tengo nada porque tú no estás conmigo, ¿lo entiendes?

—Tienes amigos, familia…, gente que te quiere y yo no. Cuando me fui, no perdiste nada en realidad.

—Pero que estúpido eres…— le suelto y retrocedo—. Estúpido y egoísta.

—¿Sabes…? Temía que, si venía a buscarte y hablábamos, llegáramos a este punto. Así que lo siento, yo no voy a quedarme aquí a escuchar tus reclamos cuando es evidente que la culpa jamás fue mía.

—¡¿Y si no lo fue cómo es que estamos parados aquí después de tanto?! Tú como yo sabes que esto nos corresponde a ambos. La culpa es tanto tuya como mía.

—Tienes un vuelo dentro de una hora y no voy a detenerte— intenta pasar de largo, pero le detengo y acorralo en el antepecho del balcón—. Déjame ir…

—No quieras huir justo ahora. Viniste a buscarme por una razón, si no te pasó por la cabeza que llegaríamos a tocar este tema, evidentemente no estabas dispuesto a todo.

—Si lo estaba— me encara al forcejear para hacerse espacio, pero le corto la movilidad.

—Yo creo que no. Y ya sé que no te has dado cuenta de nada, pero te lo diré; yo perdí mi orgullo por ti, me deshice de mi dolor y prejuicios para buscarte y creí perder la dignidad, o la estoy perdiendo justo ahora Bill, porque te amo, aunque tú no sientas nada por mí, yo te amo. Puedes deshacerte de eso también, sólo una vez, sólo por nosotros.

—Fue muy estúpido venir…

—¡Dime a que le temes! —exijo al poner todo mi peso contra su cuerpo

—¡A nada!

—Dímelo— no puedo retenerlo más y pasa de mí—. Dime a que le temes… ¿Es a Leo? ¿Te ha hecho algo? Bill…

—¿Y tú crees que no?

—Que no, ¿qué?

—¿Crees en serio que no siento nada por ti?

Se me detiene el corazón. Su mirada se inunda en lágrimas y sé que lucha por controlar el tono de su voz para no romperse ante mí. Sé que el orgullo le puede y él preferiría mil veces no hacerlo.

—¿Crees que fue fácil para mi digerir todo lo malo que dijiste de mí? ¿Crees tú que fue fácil ser visto como basura por ti y por tu padre? ¡No! Y tampoco fue fácil estar sin ti, no tener donde ir y perderlo todo. Si tú no estabas conmigo, en serio que yo no tenía nada y siempre supiste que eso era lo que más temía al estar contigo; si te daba todo o nada, podrías echarme de tu vida. Terminaste haciéndolo y yo acepté la ayuda de la primera persona que me tendió la mano. Pasé días intentando olvidarte, tuve la posibilidad de aminorar todo lo que sentía al estar con alguien más, pero no te engañes o pienses que no le quiero, porque sí lo hago.

—¿Y entonces…?

—No quería verte. Me negaba porque sabía que iba a flaquear— se encoge de hombros y limpia sus ojos—. Me sentí exactamente como si fuese nada.

—Pero lo eres todo…— le interrumpo. Sin controlar mi desenfreno, de un largo paso estoy frente a él y le abrazo con todas mis fuerzas, como si él fuese a extinguirse o como si estuviera yo a punto de hacerlo.

—Yo quise buscarte recién tuvimos problemas— me corta de inmediato—, pero sabía que ibas a hacerme a un lado. Después de todo sí que me dejaste— se aferra a mí con fuerza que pareciera que nada nos sostiene—. Y si me decidí hacerlo ahora fue porque acepté lo que durante tiempo había intentado ignorar…, fue muy estúpido fingir que no te quería.

—Podemos con esto, es algo nuestro, Bill y podremos con esto, solo quiero que…

—Entonces vuelve conmigo— se separa de mí para tomarme del rostro y acercarse tanto hasta chocar las narices—. Empecemos de nuevo aquí o vayamos a casa, pero no me dejes, Tom… no me dejes.

Su petición hace que mis ideas se detengan, que cada célula de mi cuerpo responda ante sus palabras. Me parece poco creíble que haya dicho aquello, que estemos así de cerca y ahora estoy vuelto loco por aceptar cuanto antes. Quiero decirle que sí. No, quiero gritar que sí acepto. Quiero dejar de sentir ese cosquilleo electrizante que me latiguea desde adentro y poder responder, pero soy incapaz de hacerlo.

Rompo la poca cercanía que existía entre nosotros, besándole como un maldito desesperado. Había deseado esto hace tanto tiempo y no voy a detenerme un segundo.

Mis manos pasan de sus hombros a su cuello y después hasta su cabeza, entrelazando los dedos en su cabello oscuro y haciendo presión en el beso. Me quedo sin aire a los pocos segundos, pero no me separo de sus labios. Mi lengua acaricia la suya y él se apega más a mi cuerpo. Le llevo contra el umbral, me sujeto con fuerza de ahí mientras que él lucha por seguirme el mismo ritmo. Me toma con fuerza por el cuello de la camiseta hasta que sus manos descienden por mi pecho para situarse en la cinturilla de mis pantalones. Mis manos imitan sus movimientos, pero la diferencia es que yo decido dirigirme hasta su espalda baja y seguido, mis puños se cierran en sus nalgas y le impulso hasta que queda sobre las puntas de sus pies. La acción hace que se restriegue contra mi cuerpo, me separo de él al jalonear su labio inferior y mis jadeos chocan contra sus labios cuando él gime por lo bajo.

Me dirijo en cortos besos por su mejilla, siguiendo la forma de su quijada hasta llegar a su cuello es cuando me detengo. Aspiro su aroma profundamente, intentando saciarme de él, pero evidentemente es imposible. Beso su cuello, jaloneo su prenda para poder llegar hasta su hombro, le doy un pequeño lametón y un mordisco diminuto, recordando los lunares que yacen en su piel. Al abrir los ojos, sonrío completamente extasiado por verlos. Quiero volver a recorrer todos y cada uno de sus lunares. Quiero decirle que, durante innumerables noches, recorría su cuerpo y mis manos junto con mis labios, sabían exactamente donde se encontraban sus lunares. Quiero decirle que esas eran las mejores fantasías en su ausencia.

Bill busca mil labios y entonces impone su propio ritmo, uno más frenético que el mío. Me sujeta con la misma fuerza con la que le sostengo, mis manos se deshacen de sus prendas y él de las mías. Me invita a tocarle. Me invita a buscar los límites del encuentro, pero yo sé que no existen. Sus brazos rodean mi cuello y se vuelve a restregar contra mí. Muerde mis labios, los chupa y me dedica sus sonidos de placer hasta que pongo distancia y le miro detenidamente. Sus labios están enrojecidos, sus mejillas ruborizadas, su cabello está completamente despeinado y eso le hace ver jodidamente irresistible. La mirada que me dirige logra encender mi interior, me da un vuelco de excitación y mi corazón arde totalmente. Mis manos van a su rostro, le reconozco acariciándole. Bill cierra los ojos y hunde su mejilla en la palma de mi mano. Los labios le tiemblan repentinamente y los aprieta para detener lo que no es capaz de controlar.

—Te quiero para mí, Precioso— menciono muy cerca de él y poco a poco vuelve su vista a mí—. Nada va a importar si te quedas conmigo. Bill, compláceme una vez más.

Él lanza un suspiro, sus manos suben hasta mi cuello y descubre que llevo puesto su dije, lo toma con la punta de sus dedos para después inclinarse y sellar mis labios con un beso.

—Una vez más, Tom.

Continúa…

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