Temporada II. Por Amy-Stalinalsky
Capítulo 2
Y así…, cierro un ciclo, amor.
¡Qué locura! A penas ayer no me sentía listo para olvidarle y hoy quiero intentarlo. Debo estar muy desesperado.
—Nuestra aflicción
J. Madero
Pasé la noche pensando en la mejor solución porque, ¿cómo es posible que exijo hechos a los demás y no puedo hacer eso conmigo? Ya me he decidido acabar con esto.
De lo más pequeño hasta lo más grande, voy afrontarlo todo; es decir, no desistiré hasta dejar a un lado lo que siento por él.
Intento tras intento fallido, ahora no deberá ser así.
Que me bastó solo una noche para poner en verdadero orden todos mis pensamientos con respecto a esto y me di cuenta de ciertos detalles que no encajaban. Tengo un montón de preguntas. No voy hacerme el detective, pero necesito respuestas y la persona que puede dármelas es Alina. Por eso he pedido a Steve que la busque, no ha de ser difícil, seguro que ronda cerca de otro tipo adinerado. Lo difícil, creo yo, será que acepte verme y me diga todo lo que necesito saber.
Necesitaré también pensarme qué haré después. Es cierto que necesitaré algún distractor que me mantenga no muy unido al recuerdo de Bill, pero es que lo llevo a todos lados. ¡No puedo evitarlo!
No quiero volver a las comparaciones, pero es como aquella vez en que terminó mi ‘relación’ con Alina y pasó un tiempo para que volviera nuevamente a la habitación de juegos con alguien. Esa persona fue Bill. Y no. No me parece que deba hacer lo mismo porque podría volver a caer en ello, pero viéndolo así; el trabajar exhaustivamente en el hotel tampoco fue de ayuda y mucho menos el intento fallido de acostarme con Keana.
El sexo ya no es lo mismo y sin importar el género de la persona con quién esté. No es igual y no lo disfruto. Sólo he sentido una vez que hacer las cosas contra mis propias reglas, en verdad era bueno.
De momento me viene a la mente la subasta y todas las preguntas que no le hice a Bill.
Antes y por momentos pensé que no era del todo puro como habían dicho. No sé si me contó toda la verdad o sólo una mínima parte. A estas alturas me doy cuenta que ni él, ni yo, nos conocíamos en verdad. Todo parecía superficial a excepción de nuestros últimos tiempos juntos, pues ya estábamos más unidos que cualquier otra pareja.
Todo fue frenético y sublime.
Todo fue por él.
Bill me quería también. No sé qué tanto, pero me quería. Y lo eché a perder.
Ahora no estoy seguro de si piensa en mí.
Niego levemente con la cabeza y regreso la vista hasta la casa que compartí con él. Aún recuerdo su reacción cuando le traje y ahora, pienso en lo que me ha traído de vuelta aquí; su recuerdo.
—Yo…
No me salen las palabras y suelto la respiración.
Es la primera vez que estoy en casa después de lo ocurrido aquel día de mi cumpleaños y estoy un tanto temeroso. Steve me mira desde el retrovisor. No hemos salido del auto y llevamos aquí diez minutos. Quizás espera a que le diga que dé marcha atrás, pero no, no voy a huir
—No tardo— le digo. Intento escucharme firme.
Salgo del auto, camino sobre el seco césped y me detengo frente a la puerta. Busco la llave en mi bolsillo y al entrar, el polvo me hace toser.
Paseo por la estancia, todo está intacto y ahí está el equipaje de Bill. No le permití irse con nada ¡Soy un imbécil!
¿Qué tal si pasó frío en la calle?
No. No debo pensar en eso ahora. Ya es muy tarde.
Voy escaleras arriba. Una de las puertas está abierta, es de la habitación de Bill.
Me detengo a mitad del pasillo. Saber que estoy a punto de entrar hace que me dé un vuelco el interior y el corazón se me acelere.
—Vamos, Tom. Nada más es su habitación. Es sólo el recuerdo de que estuvo aquí, no es como si lo tuvieses frente a ti mirándote— me digo a mí mismo para guardar la calma, pero me siento más nervioso.
Me desvío y entro a mi habitación.
Todo está intacto. Las sábanas permanecen estiradas sobre la cama, esa que compartimos no sólo en la noche. Me invaden los recuerdos de nosotros ahí mismo y se me sacude el interior.
Y pensar que sólo con él compartí la cama…
Voy hasta la terraza y me quedo de pie, apoyando el hombro en el umbral de la puerta corrediza.
Pareciera que no fue hace mucho cuando le traje aquí. Cuando él salió y lo pasó en la arena casi toda la tarde y esa misma noche había aceptado complacerme.
El morbo experimentado en esta y otras habitaciones, las discusiones, las disculpas que llegué a pedirle y los secretos que le dije están aquí, no han salido de esta casa. ¿Deberé de deshacerme de ella también?
He evitado por completo lugares donde algo haya ocurrido entre nosotros con el fin de no dejar que los recuerdos me invadan. Vine hasta aquí porque quería saber qué era lo que exactamente iba a dejar ir. Lo que no volvería a permitir que me afectara. En sí, dejarle ir por completo.
Pero no me siento tan valiente como creí que lo sería. Me enfurece, pero no puedo dejarle, no aún.
¿He de quedarme en medio?
No. No… Dije que vendría aquí, que estaba decidido en olvidarle y es lo que voy hacer. No dejaré que ese sentimiento me envuelva otra vez.
Ya ha sido suficiente.
A pasos agigantados, me dirijo a su habitación.
«¿Tom?»
Le escucho llamarme. Parece que está ahí bajo el umbral de la ventana. La mirada se me ilumina y todo se limita a estas fracciones de segundo. Me sonríe.
Me mira.
Se ve precioso. Siempre que viste de blanco luce precioso.
El corazón se me exprime en el interior. Quiero decirle que se quede conmigo un instante en cuanto me acerco extendiendo la mano para tomar la suya, pero se desvanece y en su lugar toco la cortina polvorienta.
Maldigo por lo bajo y entonces, con un dolor insoportable en el pecho, me doy la vuelta y veo cómo es que quedaron las cosas después de nuestra discusión. Pareciera que escucho nuestras voces llenas de furia resonar no sólo en las paredes, sino también en mis oídos. Es algo que me hace estremecer.
Avanzo unos pasos. Las sabanas parecen movidas al pie de la cama y las cosas de Bill están desacomodadas en el tocador. No sabía que hasta eso tiramos.
Me muevo, exhalo y me hago aire. Me siento sofocado y el recuerdo de lo que sucedió terminará por asfixiarme, estoy seguro de ello.
La puerta del closet está abierta, pretendo cerrarla, pero en su lugar, miro al interior. Es muy sutil, pero percibo su aroma y todas sus prendas, pero cierro de golpe la puerta para poder recargarme en ella.
—Ya basta…— me digo al cerrar los ojos con fuerza—. Basta, Tom. No creo ser capaz de olvidarle si es que me quedo aquí.
Me apresuro a salir y algo cruje bajo mis pies. Miro lo que sea que he pisado y entonces el corazón me sube hasta la garganta.
Es el collar de Bill, ese que le regalé. Es su estrella.
Es él.
Lo tomo y veo que la cadenilla está rota. Le doy la vuelta y ahí está el grabado.
—Precioso…
Hace mucho que no pronuncio esa palabra. Ni siquiera en sueños.
—Precioso— repito con los labios temblorosos y la voz baja. Me obligo a contener las emociones que esto me produce. El anillo que iba a regalarle debe estar aquí por algún lugar.
¿Dónde?
¡Dónde!
¡Que lo necesito con urgencia!
Busco debajo de la cama. En las esquinas. Detrás de la puerta hasta que lo encuentro detrás de la mesita de noche.
Algo se sacude en mi interior. Me siento morir justo ahora, pero ya que me he sentenciado, no hay vuelta atrás.
Voy a mi habitación y busco entre cajones algo para guardar ciertas cosas que quiero llevarme hasta que encuentro algo en verdad que llama mi atención y dudo sobre llevar o no. Es la vídeo cámara de la habitación de juegos, hay cosas ahí, no sólo el sado.
Me lo pienso en verdad y la tomo. Es en otro cajón donde encuentro algo y meto los objetos dentro. Regreso a la habitación de Bill, soy débil y me llevo su fragancia y su prenda favorita.
Dejo todo como estaba antes. Lleno el bolso con lo que encuentro a mi vista y salgo de ahí.
Al estar fuera, me detengo en seco. Miro hacia atrás y estoy tentado en devolver las cosas porque así seré incapaz de dejarlo ir, pero me entran unas ganas inmensas de contradecir todo justo ahora.
¡A la mierda lo que se supone me hará mal! Ya no está aquí, no sé qué pueda ser peor que eso.
—Steve, quiero que la casa esté habitable— le digo al entrar al auto.
—¿Piensa volver a aquí? — se oye bastante impresionado.
—No lo sé, pero haz lo que te pido— acomodo todo a mi lado y del bolsillo externo, tomo el dije y lo entrelazo en mis dedos.
—¿Y quiere que me deshaga de las cosas del joven Bill?
—No— le miro por el retrovisor—. No las tires, por favor.
—Entiendo. ¿Igual en la mansión?
—Sí, también ahí. Es más, pienso volver a la mansión, me estoy cansando del hotel. Me dedica una ligera sonrisa, pero sé que nota algo más en mí y no arranca.
—¿Me permite hablarle de algo?
—Pero conduce, por favor. Es tarde y los accionistas llegarán antes. El salón de eventos no ha de estar…
—Es como yo, escuda ciertas cosas detrás del trabajo— me interrumpe.
—Conduce y te escucho.
¿Yo? ¿Condicionando a la ligera? Me he de parecer a Bill.
—Sé que nadie duda de su capacidad para liderar, le he visto y lo hace muy bien, pero… En todo este tiempo en que se ha encargado del hotel, se ha apartado de todos— me dice al arrancar. Vamos de regreso al helipuerto.
—Esa era la idea.
—¿Por qué? ¿Tanto le ha durado el duelo?
Miro la costa por la ventana hasta fijar la vista en el horizonte.
—Seguro sabes que…
—No le estoy juzgando, pero en verdad me sorprende su cambio repentino— vuelve a interrumpirme.
—Me he cansado, Steve. Me he cansado de mí y de todo, ya no podía dejar que siguiera así, ¿entiendes?
—Si ahora está lleno de preguntas, ¿no cree que no sirve de nada buscar a la señorita Alina? Ella podría solo aclarar las sospechas que usted tenga, pero resolverlo todo… No lo creo.
—¿Me sugieres que busque a Bill?
Steve se detiene en una luz roja y me mira por el retrovisor una vez más.
—Dice necesitar respuestas. Yo sólo creo que debe buscarlas con la persona indicada y, perdóneme que lo diga, pero la señorita Alina no me parece que lo sea.
Buscarlo…, no lo sé.
No estoy seguro de cuánto podría afectarnos a ambos.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.
Ni se te ocurra Tom .deja al niño quieto hisite que se sintiera una mierda y vas por mas jodido egocéntrico
Son las 11:29 PM
Tom, si llegas a buscar a Bill te juro que te arranco un huevo y hago que te lo comas por PT!!