II Compláceme 22

Temporada II. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 22

Estoy nervioso, lo admito. Desinhibirnos de todo había sido fácil, pero hoy que estamos a punto de involucrar a terceros y eso me hace pensar que es lo que puede devolvernos a lo que acostumbrábamos.

La invitación que me fue enviada varios meses atrás, siguió sin una confirmación hasta hace una semana. El aceptarla y dar a conocer que sería participe en otra reunión, fue algo que hice por inercia. Fue por Bill.

Hacía tiempo pensé mucho sobre retirarme del club y no volver a buscar algún otro. No me apetecía el buscar nuevas experiencias si no había con quién compartirlas. Y cuando llegó la invitación, me di cuenta que tal vez volvería a tardar para involucrarme en ello —como cuando ocurrió lo de Alina—, o que, en su defecto, no volviera a hacerlo. Como no estaba seguro y tampoco contemplaba la idea de que Bill fuese a regresar, me tomó un par de días vaciar la habitación de juegos y la ambienté como una habitación más, también me deshice de algunos objetos bien resguardados en la mansión. En su momento fue una decisión precipitada, pero tuve que hacerlo y a estas alturas ya no importa si poseo o no dicha habitación u objetos destinados al placer.

No hace mucho que Bill volvió a mí, y como él sugería, podemos volver a esto que nos gustaba y que era muy nuestro. De esta noche depende que al menos exista una habitación especial para nosotros al volver a Los Ángeles y mi aceptación hacia el sado.

No quiero adelantarme a nada, de momento sólo hay algunos planes para Roma y Venecia, pues los últimos días en Milán fueron interesantes en varios aspectos. Conocimos un lugar que tanto me fue mencionado la última vez que estuve en la ciudad con alguien cuyo nombre me pesa pronunciar. Estaba realmente fuera de cualquier cosa que hubiese imaginado, no sé explicar a detalle cuán insólita era la manera en la que el sexo tenía su lugar ahí. Definitivamente volvería, estoy seguro de que el haber experimentado tales cosas nos hizo bien.

Ya, voy a alejar todos estos pensamientos de mi mente. Tengo que escoger lo que utilizaré esta noche y también plantearme lo que ambos podríamos llegar a disfrutar. Los posibles lugares a los que iríamos en caso de no consensuar con nadie y…

—¿Tom?

Bill me llama, levanto la mirada y veo cuando se aparece bajo el umbral. Luce un tanto desaliñado, por lo que veo, se ha de dirigir a la ducha.

Me causa un ligero subidón la manera en la que sonríe, segundos después, su gesto cambia, pero yo no.

—Aquí estás, creí que… bueno, no importa.

—Dime.

—No es nada, yo sólo quería saber si tenías algo por decirme— se adentra vacilando un poco hasta detenerse frente a mí en la cama.

—¿Algo qué decirte? —hago memoria. Justo ahora no recuerdo si mencioné algo que no concluí del todo, pero no hay nada en mi mente—. Y qué debería decir, Bill.

Tomándolo por sorpresa, le hago subir, se posiciona sobre mí y rodea mi cuello con los brazos.

—¡Tom! —contiene la risa y pone distancia para mirarme.

—Estoy haciendo las cosas un poco más interesantes— respondo ahora cerca de su oído.

—No, me estás distrayendo— se encoge y hace ademán de tomar mi rostro para que le mire.

—Si tú lo dices…— mis manos dejan sus costados para mantenerlas en sus piernas.

—Al contrario, ¿no hay algo que quieras decirme?

Esa insistencia me está haciendo pensar que pude haberme olvidado de algo. Ciertamente me siento algo culpable por haber pasado largo tiempo al teléfono con Steve para ponerme al corriente, eso ayer por la noche.

Le doy un corto beso en el cuello y pongo distancia para mirarle a modo de disculpa.

—Si es respecto a donde iremos después de Roma…

—No es eso.

¡Menos mal!

—¿Es sobre Milán? —apostaría a que sí.

—En parte.

¡Genial! Sus respuestas cortas no son de gran ayuda. Me siento algo molesto al ser parte de su adivinanza, pero no lo hago notorio.

—Es que quiero saber si en algún momento repasarás conmigo las reglas en la habitación de juegos. Estamos a nada de asistir a la reunión y…

Vaya, era eso.

—¿Estás nervioso?

—¿Tú no? —Bill me mira ocultando un exagerado asombro.

—No después de lo que hicimos en Milán.

—Milán fue…— hace una pausa y eleva la mirada—, increíble.

—¿Repetirías todo eso conmigo?

Los recuerdos me vienen de manera fugaz y me carbonizo de tan sólo imaginar volver a intentar ciertas cosas con él.

—Claro que sí— responde de inmediato y su mirada conecta con la mía. En ellos aparece un destello peculiar al que soy realmente débil—. Tantas veces me lo pidas.

—¿Y si no lo pidiera?

Me acerco con lentitud, quiero atrapar sus palabras con mis labios.

—Te provocaría— dice muy apenas pues ya le he robado un beso.

—Se te da muy bien— sonrío cerca de sus labios y me aparto para mirarle—. Y lo haces en varios sentidos.

—Ya sé, te provoco al hacerte enfadar, al preocuparte, hacer que te mueras de deseo por mí…

—Que pretencioso— le critico a modo de broma—. Pero admito que es cierto.

—¿Me dirás entonces?

—¿Qué cosa?

—Las reglas.

—Bill, si estás dispuesto a todo…

—Sabes que sí— me corta de inmediato.

Al mirarle y procesar lo que hemos dicho hace que algo me cruce la mente, es una idea un tanto peligrosa pues no sé cómo vaya a reaccionar ante ella, pero tal vez entienda el cómo me hace sentir y quizás con eso yo también sienta más confianza hacia lo que, posiblemente, nos espera esta noche.

—No deberías estar nervioso, sólo déjate llevar. Me sorprende que siendo tú, no hagas eso precisamente ahora. Pero vamos a ver, ¿qué te puede más? El saber qué pasará o el no saberlo.

Se lo piensa durante unos segundos y espero a que diga algo, pero no se anima.

—Tú sabes lo que a mí me puede, ¿cierto?

Se muerde el labio antes de dirigirme un asentimiento.

—Quiero que veas algo— menciono después de dudar un poco.

Le aparto de momento para estirarme sobre la cama y alcanzo el móvil con los auriculares. Vuelvo y él se sienta de modo indio cerca de las almohadas. Bill me mira curioso mientras busco un vídeo en especial y le tiendo uno de los auriculares.

—¿Es lo que creo que es?

—No ¿Por quién me tomas? No voy a estimularte con porno.

Nos reímos al unísono. La verdad, yo considero esto mejor que el porno.

—Cierra los ojos.

Lo hace y pongo el móvil a buena altura para que ambos podamos ver.

«Quiero que después veas lo que ha sucedido»

Escucho mi voz y enseguida la imagen se mueve hasta tener más altura y enfocar a Bill en el diván. Él abre los ojos y mira la pantalla cuando salgo del cuadro de la cámara y de regreso tengo un par de sogas y una caretilla, me puse en cuclillas e hice los nudos en sus tobillos.

Desvío la mirada de la pantalla del móvil y veo cómo Bill se muerde los labios y sus ojos no pierden detalle de lo que está viendo justo ahora. Doy por hecho que está reviviendo el recuerdo de esa parte tan candente.

Regreso la vista y me veo acariciando su piel con ayuda de una pluma y la carretilla. Sus gestos ante aquellas sensaciones me están provocando querer hacerle lo mismo justo ahora.

Es sensual.

Luce exquisito.

Se ve cuanto lo disfruta.

«Azul…»

Bill sonríe con picardía al escucharse decir eso. Apuesto que repite la palabra en su interior porque ver aquello le ha gustado. Y lo hago yo también. La idea de volver a escucharle decir «azul», pasa por mi mente de una manera fugaz.

Tentado, vuelvo a mirar la pantalla.

«Az-Azul» Vuelvo a escuchar. Y regreso esos segundos del vídeo para ver la manera en la que mueve los labios. Me enciende.

Me gusta el tono en que lo dice y logra erizarme la piel.

Llevo una mano hacia su espalda y poco a poco desciendo. Bill lleva una mano hasta su boca y oculta el cómo jalonea su labio inferior y como después de verse disfrutar tanto y haberse escuchado jadeando, chupa la punta de uno de sus dedos hasta morderlo ligeramente.

Mi voz suena un poco más grave en el vídeo, pero causa efecto en Bill de igual manera. Se le ha erizado la piel cuando me escucha decir que le deseo, cuando hablo de lo mucho que me pone ver su piel enrojecida y como me carboniza ver que intente hacerse el difícil, porque eso le hace ver aún más delicioso.

Quisiera que, por una vez, Bill se resistiera a mí, que me pusiera las cosas difíciles y me hiciera enfadar. Me encantaba follarlo estando así. Me mataba la idea de poder tenerle inmóvil debajo de mi cuerpo y castigar sus faltas.

El sado me llama, es evidente, pero no siento que sea el momento adecuado para ello.

Cuando miro la pantalla ya he descendido con besos y lamidas hasta su ombligo, luego voy a su estrella y me detuve para besar su tatuaje. Me reincorporé un poco, subí en él para empezar un camino de besos siguiendo las marcas rojizas que le dibujé y lamía algo que rocié en su piel. Me veo ir nuevamente a su estrella y sé que viene ahora. Regreso la vista a Bill y no le quito la mirada de encima.

«Eres delicioso. No tienes idea de cómo te disfruto»

Escucho como susurra mi nombre al sentir mi mano en sus nalgas, pero se le va el aliento al escuchar un jadeo por su parte. Le veo abrir los ojos ante la sorpresa y noto que sus mejillas ya se han ruborizado. Llevo la mano hasta su rostro y siento la tibieza que irradia su rubor.

—Precioso…

Justo ahora el audio del vídeo llega a lo más profundo de mis oídos. Sus jadeos eran incontrolables y gimió mi nombre a causa de la felación que le hacía en esos momentos. Regreso esa parte del vídeo para deleitar mis oídos con sus sonidos de placer, pero Bill llegó a su límite gracias a una de mis acciones y ahora algo estalla en mi interior al escucharle decir «rojo».

De un movimiento rápido aparto el móvil de su vista y le quito el auricular. Ambos los deslizo hasta debajo de las almohadas y Bill hace amago de ir a por ellos. No se lo permito. Le alcanzo de inmediato y hago subir sobre mí hasta lograr que me mire. Lo hace, pero su gesto es uno que marca la confusión con algo de vergüenza para ocultar la excitación.

—¿Y bien?

Se muerde los labios y no me responde. Luce mínimamente agitado.

—¿No crees que llegarías a ser un buen actor porno?

Finjo un par de carcajadas sólo para no hacer notar el bochorno que estoy sintiendo, así como aquello que intenta crecer en mis pantalones.

—¿Crees…?

—Puede que sí.

—No. Quiero decir, ¿crees que podamos hacer eso otra vez? —dice de repente.

—Sí me apetece, en serio que me consumen las ganas de hacerlo ¡Dios! Que con el simple hecho de mirarte e

imaginar que…

—¿Pero podríamos? —me corta.

—No, no necesitamos el sado para decir que disfrutamos el uno del otro. Pero si tus acciones lo ameritan…

La mirada que le dirijo, ha podido con él y no me aguanta el contacto visual. Está nervioso y seguramente no sabe que pensar de este cambio de opinión que he tenido. Podría decir que está tan confundido que no sabe cómo tomar ventaja de esto cuando días anteriores hasta habíamos discutido por el sado.

—Bueno, podríamos también videograbar otro encuentro. No tiene por qué ser sado, ¿sí?

Me toma por sorpresa lo que dice, pero no lo hago notar. Siento como si sus ideas se hubiesen quedado con mi antigua opinión al respecto.

No digo nada, espero que mi mirada hable por si sola. Mis ojos conectan con los suyos hasta que paseo mi vista por su cuerpo. Observo cada detalle y le imagino desnudo. Dirijo mis manos por su espalda, llego a su cintura y logro deslizar las puntas de mis dedos debajo de su camiseta. Cuando subo a su rostro, acaricio sus mejillas, le tomo por la barbilla y le atraigo, enseguida mi pulgar acaricia su labio inferior y lo jaloneo hacía abajo, aun observando minuciosamente.

—No sabía que tenías ese vídeo— menciona para distraerme—. Definitivamente podría ser un actor porno, me pagarían bien— se ríe a carcajada limpia, pero noto algo de nerviosismo en ésta y Bill termina por cubrirse la boca—. Lo siento— dice después de haber guardado silencio por unos instantes ya sin sus manos cubriéndole y muestra una sonrisa—. Era un juego, lo sabes ¿no?

—Lo sé.

Suelta la respiración y baja la mirada. Mi diestra que permanecía inerte en su mejilla, desciende por su pecho y siento sus latidos acelerados.

Sé que puedo aumentar sus latidos un poco más.

Bill vuelve a soltar la respiración, negar que está excitado no le es de mucha ayuda. Se forma un silencio entre nosotros, pero no extingue lo que nos hizo sentir.

—Vamos, Tom…— ahora sus manos van a mis hombros—. Dime cómo hacer para que aceptes jugar conmigo de esa manera. ¿Me visto de maid y te incito con el plumero?

Sin poder evitarlo, mi mirada hacia él cambia. Ahora me imagino lo que ha dicho, le escaneo de arriba-abajo un par de veces y lo visualizo casi desnudo, vistiendo únicamente el mandil con encaje de una maid, la cofia en la cabeza y un plumero en la mano.

Estoy considerando el follarlo con esa imagen en mi mente.

—Obueno,quetalunosguantesnegrosdelátexquemelleguenhastaloscodos.¿Tegusta?Usaríaunsombrerito negro y unas botas altas a juego, ¡ah! Pero vestiría nada más eso.

Su mirada se intensifica, porque apuesto que su primera propuesta no le resultaba tan atractiva como a mí. Ahora no estoy seguro de que en realidad quisiera romper la tensión sexual que habíamos creado anteriormente, antes de que provocar una distracción, según él.

—Pero si prefieres, me pongo un abrigo blanco, espeso y afelpado; subo a tus piernas justo como estoy ahora y…

—Todas tus propuestas me harían querer filmar el momento, pero yo agregaría a ésta última aquellas largas orejitas que te van a la perfección.

—¿Sí? —luce extrañado. Su gesto me puede. Le tomo con fuerza y hago que quede tendido en la cama para poder subir a él—. ¿No prefieres que baile para ti? Puedo hacerlo ahora— susurra a medida que me acerco a sus labios.

—Vamos, Precioso, y desperdiciar la oportunidad de consensuar con alguien dentro de un rato ¿eh? —me separo un poco para poder mirarle—. Creo que ya sé cuál será la propuesta de esta noche.

—Nonono, si voy a bailar, lo haré sólo para ti.

—¿Existe alguna razón para ser así de egoísta? —me burlo, pero eso no le va en lo absoluto.

—Porque no lo he hecho ante nadie más, serás el primero. Por eso. Medio tuerce los labios y desvía la mirada.

Sus palabras me dejan estático por algunos instantes. Me gustó aquello que dijo porque no fue a manera de juego, simplemente lo aclaró y su tono me hiso darme cuenta que así sería. Sus palabras estaban cargadas de verdad, pero si éstas estuviesen combinadas con algo de deseo, apuesto que se hubiesen escuchado mejor.

—El primero— repito y él me mira. Ahora quiero pasar a cosas más interesantes.

—Sí.

—Dime algo, ¿te gustó ver eso? —señalo al móvil con un suave cabeceo—. Creí que te traería malos recuerdos.

—Pero no fue así— responde de inmediato—. Lo juro.

Le miro entrecerrando los ojos y pregunto—: ¿Te gustó escucharte gemir mi nombre? ¿Te gustó ver cómo respondías ante mí y cómo disfrutabas tanto al sentirme acariciar y morder tu piel?

—Me gustó— el tono de su voz ha logrado hacerme vibrar.

—¿Te ha gustado verme hacerte una felación?

—S-Sí.

—El simple acto de observar te hace sentir tantas cosas— tomo sus manos antes de que pueda acercarlas a mi rostro y las llevo sobre su cabeza—. Te hace fantasear y morirte de ganas por unirte al juego. Es muy excitante, ¿no te parece?

—Claro que sí— entreabre los labios al sentirme cerca.

—Eso es lo que a mí me pone, y el placer es aún mayor cuando todo fluye por sí mismo. Así sentía yo cuando alguien jugaba contigo, pero hoy estamos por repetirlo y el ver cómo te has puesto me hace pensar que tal vez consensuaremos con varias personas.

—Por favor, hazlo— pide cerca de mis labios.

—Si lo deseas en serio, lo haremos. Después de todo, ya hemos experimentado nuevas cosas en Milán. Hay que dejarnos llevar, Precioso, por eso estamos aquí.

—Parece que el haber estado allá te ha cambiado.

—Fue nuestra promesa, a decir verdad.

—Cambiaste.

—¿No dijimos que de la noche a la mañana podríamos pasar de ciertas cosas? —le doy un beso para hacerle confiar.

—Lo hicimos.

—Pero aún te extraña, ¿no es así? —desciendo con una mano hasta la cinturilla de sus pantalones y me introduzco entre sus prendas—. No puedes evitarlo.

—Me gusta que estés cediendo.

—Por segunda vez me pareces pretencioso— digo al momento en que siento su erección entre sus ropas ajustadas. Bill jadea por lo bajo y lanza una sonrisa satisfactoria—. Tal vez quisiste decir «me gusta que estés cediendo ante mí».

—Vaya que me gusta— entreabre los ojos y me mira—. Tómame.

—Esta noche vas a sucumbir ante mí— desabrocho sus pantalones para tener más espacio y masturbarle.

—Tómame ahora.

—No, ahora sólo me apetece tocarte y repasar las reglas, así como querías— deslizo la punta de mi lengua por su cuello hasta llegar a oído y me rio por lo bajo—. Quiero jugar contigo antes de que alguien más se una a nosotros.

&

Esta noche pinta para bien. Es una velada bastante peculiar, la bienvenida al lugar y presentación de los días asignados por el club swinger fueron placenteros. Me he encontrado con un montón de gente de la reunión pasada y he visto rostros nuevos. El ver cómo intentan integrarse me hace recordar cuando todo esto era tan nuevo para Bill y ahora no me sorprende que sepa a qué hemos venido y que esperamos obtener.

Supuse que Noa asistiría con su ya esposa pese a que no estuvimos muy en contacto desde la última vez en New York. Le he visto de lejos charlando con Andrew y Sam, su pareja, mientras que Bill y yo nos presentamos ante dos hombres que han solicitado consensuar. Pocas veces he visto parejas del mismo sexo en estas reuniones, no es que no estuviese permitido, sólo que no era algo común verles acá. Ahora hay un número considerable de nuevas parejas que, por lo que he visto, han tenido éxito al consensuar.

—Tu compañero es realmente hermoso— me dice Jack, un sujeto rubio y de acento occidental.

—Gracias— respondo sin emoción alguna.

—Si me permites contarte sobre las prácticas que hemos llevado, tal vez a ti y a tu precioso compañero les interese vernos en algún momento.

Le escaneo con la mirada y me hago una idea general del tipo de hombre que es. No me agrada.

—Ya, me has dicho que son nuevos aquí y como todos los recién llegados, preguntaste sobre quién o quiénes son los que hacen que estas reuniones tengan sentido, o aquellos cuyo historial sea atractivo. Sabes a lo que me refiero, y en realidad…

—Lo sé, Kaulitz— me corta de inmediato—. Y varios apuntaron hacia ti. Me da curiosidad saber por qué provocaste el fuego en las miradas de las mujeres que me informaron de ti y también quiero saber qué hace que los hombres sonrían con malicia cuando tu nombre es mencionado. Me siento intrigado hacia tu manera de llevar cualquier tipo de juegos.

—La curiosidad me ha matado por las mismas razones que tuviste al venir, pero debo rechazar cualquier intención presente o futura que tengas.

Tomo a Bill de la muñeca y pasamos de él.

—¿Seguro?

Me detengo y le miro sobre el hombro.

—Muy seguro.

Continúo con Bill hasta el otro extremo del salón, pretendido ir a con Noa y Andrew, pero Bill se detiene de golpe y me hace mirarle.

—¿Qué pasó contigo hace un momento? —luce sorprendido y algo confuso.

—¿Qué no lo notaste? Ese era yo negándome a un sujeto con quien no me apetece consensuar.

—¿Por?

—Bill, ¿en serio es difícil de entender? —le tomo por la barbilla y hago que levante aún más el rostro—. Eres mío, Precioso. Y no quería compartirte con él.

Algo destella en su mirada. Le acerco a mí en un movimiento lento y le planto un beso.

—Así es esto, a veces uno acepta o se niega rotundamente ante lobos como él.

Sus labios se estiran en una media sonrisa y le hago seguir, pero mis pasos son escasos, Andrew viene hacia nosotros junto con Noa.

—¡Vaya, vaya! Miren quien decidió aparecer— dice el oji azul una vez me tiende la mano—. Dime que no andabas por ahí haciéndote el que no nos veías.

—No, claro que no. Pero si esa fue la impresión que tuviste, fue porque quería follarme a Bill detrás de la mesa de aperitivos— respondo a modo de broma y se carcajea igual que todos—. Me da gusto verte, Andrew.

—A mí también. ¿Sabes…? Deberíamos frecuentarnos más.

—Lo siento, pero me sería imposible ir y venir de Roma constantemente— tomo distancia y me acerco a Noa—. Hey, hace tiempo que no te veo.

—Mamón, así lo has querido— reclama. Elevo los ojos a sabiendas que está mirándome y me da un empujón leve. Se ríe y me pasa frente a mí para saludar a Bill, pero éste luce algo incómodo y va a mis espaldas.

—Es justo ahí donde estamos pensando mudarnos— interrumpe Andrew y le miro con sorpresa.

—¿Cuando? Si necesitas algo, sólo dime— aprovecho el par de segundos que dispongo para saludar a la esposa de Noa y a Sam, la pareja de Andrew.

—Gracias Tom.

—¿Por qué te mudas?

—Como ya se lo he dicho a Noa, es necesario un cambio de aires.

—¿No te pesa dejar Italia?

—En parte— se encoge de hombros—. Y tú, Precioso, ¿cómo lo llevas con Kaulitz? —termina por dirigirse a Bill.

—P-Pues… pues…— se encoge y suelta una risa nerviosa. Su mano se cierra con fuerza sobre la mía.

—Te has delatado, pequeño— menciona justo después de haber chasqueado la lengua. No comprendo a qué se refiere con eso.

—Bill y yo somos amigos— me apresuro a decir y tengo absolutamente todos los ojos puestos en mí—, amantes y novios también. Así que…

—Así que tal vez no obtengamos una propuesta de tu parte— bromea Andrew.

—Bueno, si logras hacerme cambiar de opinión…— me planto frente a él, soltando a Bill de momento y veo como una sonrisa se dibuja en sus labios.

—Veamos— lanza un guiño hacia todos y mediante un suave cabeceo, me invita a tomar distancia de los demás y discutir asuntos más interesantes.

—Tom…— Bill alcanza a tomarme de la mano, pero le suelto al seguir avanzando.

—¿Qué es lo que…? —atina a decir cuando estamos a buena distancia de los demás, pero le quito el habla.

—Una orgía, Andrew. Eso me apetece— veo claramente como su gesto cambia.

—He quedado con algunas personas, si gustas te los presento.

—¿Cuál es la clave?

—Ningún dominante, si eso es lo que quieres escuchar. Y la verdad, no creo que sea el estilo de ellos— nos detenemos antes de acercarnos a un círculo de personas—. Pero seguro logras convencerlos, como haces siempre— me codea e instantes después se encuentra plantado frente a mí—. ¿Sabes…? Olvida eso, hay cosas más excitantes que una orgía, y estoy seguro de que estás buscando algo mejor para ti y para Bill.

—¿Entonces, hay otro plan en mente? —le miro atento y espero sus palabras.

—El club organizó dos eventos más está noche y uno de ellos es en el mejor lugar en todo Roma, se llama Flirt. Me han dicho que hoy el cupo es limitado y que, si uno gusta, se puede reservar un apartado por pareja.

—Sí escuché hablar de esos eventos, pero no sabía que estabas interesado— oculto las manos en los bolsillos y desvío la mirada hacia donde permanece Bill esperando.

—Lo estoy, de hecho, aún no he fijado un encuentro con las personas que te he mencionado porque quiero saber quién más asistirá al Flirt.

—¿Queda lejos? —pregunto al volverme hacia él.

—No realmente. Mira Tom, la zona es muy discreta y, además, si tu temor es disfrutar tanto hasta perder la noción del tiempo, puedes reservar una habitación y ahí mismo pasar la noche.

—No lo sé, si es por reservación…

—Deja que me encargue de todo, tú anda a decirle a Bill— me anima. Toma su móvil y veo cuando va a su agenda telefónica.

Me lo pienso un par de veces y regreso la vista hacia Bill. Está con Noa, pero se han apartado un poco, éste le dice no sé qué cosas y parece que Bill luce incómodo.

—Consigue un apartado, por favor— le pido a Andrew sin siquiera mirarle.

—Tom…— se acerca con discreción y le veo con atención—. ¿Te ocurre algo?

—Nada— le lanzo un guiño para calmarle—. Consíguenos ese apartado lo antes posible.

—Hoy será una noche interesante para ti— me dice antes de retroceder.

—Para todos, Andrew— repongo y vuelvo a con Bill.

Noa levanta la mirada y se aleja con su mujer cuando estoy cerca. Sam, la pareja de Andrew, me mira con una media sonrisa dibujada en el rostro y le miento diciéndole que él la está esperando. Cuando estoy a solas con Bill, le tomo de la muñeca y le hago seguirme fuera del salón.

—¿Qué te dijo Noa? —pregunto cuando nos ocultamos detrás de una de las estatuas en el pasillo que va al jardín—. Desde que se acercó actuaste extraño.

—No le quiero cerca. Por favor dime que no está involucrado en nuestros planes— dice tan rápido como puede.

—¿Qué te dijo? —insisto y le tomo por los codos—. Bill, por favor…

—Noa estaba en el mismo sitio cuando me encontraste en New York. Debió haberme visto con Leo esa noche y ahora me encuentra aquí contigo— termina de decir y se muerde el labio con nerviosismo.

Ahora que todo está bien entre nosotros, Bill ha de querer que el resto del mundo también se olvide que alguna vez estuvo con Leo. Esto me deja que pensar, pero ya lo hemos superado. Intento ponerme en su posición, a mi realmente me importaría una mierda, porque yo soy así, pero él no. Bill se lo tomaría muy en serio y eso le incomoda ahora que vuelve a estar conmigo y se supo con quién lo pasó antes.

—¿Eso te puso así? —sé cómo se ha de sentir y estoy siendo comprensivo.

—Cuando se acercó sí— ahora luce menos nervioso de lo que estaba. Sabe que no haremos de esto algo imposible de llevar.

—¿Y cuándo te habló en privado dijo lo mismo?

—Sí, pero…

—Ese no es su asunto— le corto las palabras—. A Noa no le incumbe y tú no tienes por qué dar explicaciones. Si quiere algo, tendrá que venir a mí y se lo dejaré claro en cuanto le vea. Tú no prestes atención a lo que diga— tomo su mano y llevo la cara interna de su muñeca hasta mis labios para darle un beso. Quiero que se calme y de paso yo también. Noa no tiene derecho hacer eso—. Pasa de él, yo arreglaré esto, ¿entendido?

—No irá con nosotros, ¿cierto?

Llevo ambas manos a su rostro y le acerco lo suficiente hasta chocar las narices. Él suelta la respiración y puedo sentir cómo está comienza a entrecortarse momentos después.

—Esta noche está destinada a nosotros solamente— digo ahora cerca de sus labios—. Lo demás importa poco.

—Dime a dónde iremos.

—Será una sorpresa para ambos.

Me dedica un asentimiento. No se mueve de su lugar y yo tampoco, pero siento sus intenciones y eso me provoca un subidón leve. Estamos tan cerca sin decir o hacer nada, ocultando nuestros bajos instintos hasta cuándo sea prudente mostrarlos, limitándonos a dejar crecer una nube que sea capaz de extasiarnos en estos segundos que el tiempo ha detenido.

No puedo actuar rápido en esta ocasión, pero me sorprende cuando se inclina un poco y me jalonea el labio inferior, entonces me besa, haciendo ligera presión para controlar sus ansias, tal vez.

—¿Estarás dispuesto a todo? —pregunto al romper el beso. Intento recuperar el aliento, pero la verdad es que quisiera llevarle contra el muro y besarle con fuerza.

—¿Todo?

Estoy consciente de cómo lo ha tomado y eso me deja pensando por algunos instantes hasta hablar nuevamente.

—Sí o no, Precioso. Responde— añado en un tono demandante.

Siento como se ha encendido mi mirada con el contacto visual que tenemos. A Bill le pasa lo mismo.

—Sí— responde al fin—. Juega conmigo, Tom, que yo te complaceré.

Continúa…

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