II Compláceme 24

Temporada II. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 24

Me sentí desfallecer. Estoy que me parto en dos. Juro que aún siento un dolor punzante en el interior. Necesito descansar unos minutos y controlar la respiración o voy a desvanecerme.

Tom detuvo las penetraciones, salió de mí y soltó mi longitud poco después de que pudiese salpicar con fuerza mis fluidos, conteniendo un gemido al morderme los labios, y fue como si aquello me robase las energías y me hiciera salir de mi propio cuerpo. Me dio un subidón después de haberme corrido y sentí la humedad deslizarse por mí miembro. Mi pene se sacudió y la punta chocó contra el muro. Las piernas me temblaban por haber permanecido tanto tiempo casi en las puntas de los pies y no era capaz de respirar con normalidad justo ahora.

Cerré los ojos, podía sentir que me deshacía por dentro. Vaya orgasmo.

Tom presionó mi cuerpo con el suyo para tenerme totalmente contra el muro. Su calor incrementaba el mío y este se dirigía a mi entrepierna, haciendo que doliera un poco.

Por un momento creí que empezaría a tocarse a sí mismo hasta lograr correrse sobre mi hendidura o separaría mis nalgas y jugaría con su pene en mi entrada, pero no lo hizo. Sus manos subieron por mis costados mientras él besaba el espacio entre mi cuello y hombro hasta que los movimientos de sus labios se detuvieron, sentí sus dientes encajarse en mi piel hasta que chupó la zona con tanto ímpetu que pude imaginar de qué color quedaría esa marca. Sentí un ligero pinchazo cuando apartó su boca y sus manos recorrieron mis brazos hasta llegar a mis muñecas. Batalló para separar las esposas del gancho que estaba fijo en el muro y una vez libre, mis pies descalzos sintieron el suelo por completo y traté de mantenerme firme. Mis brazos cayeron como si fuesen de plomo. Mi cuerpo entero tembló entre espasmos de placer y algo de dolor al haber permanecido colgado todo el tiempo en que Tom jugó conmigo.

—Precioso…— murmuró en mi nuca—. Quiero que hagas algo para mí.

—L-Lo que… Lo que quieras— digo apenas. El tono de mi voz ha sido tan leve y un poco ronco.

Me dio un guantazo sonoro y sentí la piel arderme. Con brusquedad me dio la vuelta y sus manos me tomaron con fuerza por los codos.

—Me gusta que estés dispuesto a hacer lo que te pido— dice sonriente. Me mira con lascivia y lame sus labios.

Sus manos suben hasta mis hombros sin apartarse de mi piel, hace un poco de presión y poco a poco me arrodillo frente a él. Levanto la vista hasta mirarle sobre mis pestañas, su sonrisa no desaparece y eso me hace sentir un tanto ido. A que quiere que mi boca le de placer. Mi vista recorre su cuerpo, apreciando su desnudez hasta encontrarme con su erección frente a mí rostro. Hago ademán de acercarme, pero me detiene al tomar mi rostro con una mano. Se pone en cuclillas frente a mí y extiende el brazo en el suelo para alcanzar algo. No sigo su movimiento con la mirada porque mantener el contacto visual me enciende a un nivel inexplicable. Instantes después me muestra el moño que adornaba su cuello está noche. Sin decir nada, me lo coloca y hace el nudo.

—Vamos…

Introduce dos de sus dedos en la cinta del moño para jalar de ella y hacerme seguirle hasta la cama donde me empuja y caigo sin cuidado con la mirada desorientada. Sube sobre mí, me mira y lleva ambas manos a mi rostro. Ahora el calor en mis mejillas es más intenso gracias a su tacto.

—Sé que aún guardas un suspiro para mí.

Escucharle decir eso me hace pasar saliva con pesadez. Tal vez haga que le de la espalda y me ponga en cuatro para saciar sus ganas de mí y por fin caer a mi lado.

Sus labios aplastan los míos y me besa con mayor desenfreno. Muero de ganas por atraerle a mí, aferrarme a él y darle placer, pero aún llevo las esposas y mis manos ahora están entre su pecho y el mío. Tan solo puedo arañarle la piel y moverme bajo su cuerpo. Instantes después rompe el beso y se incorpora, sus manos van a mis piernas para separarlas y hacerse espacio entre ellas. Me mira con malicia y toma mi miembro entre sus manos.

—No…— me encuentro sensible y él ha vuelto a tomarme.

—Sí.

Me encojo, cierro los ojos y llevo las manos a las suyas para detenerlo, pero me aparta de un manotazo. Insisto y él lleva mis manos sobre mí cabeza. Escucho un ‘click’ y ahora soy incapaz de bajar los brazos. Me ha asegurado a la cama con un broche que ni siquiera había visto. Miro hacia arriba y entonces todo se oscurece. Ha puesto algo sobre la mitad de mi rostro y yo lucho por quitármelo.

—Que difícil te pones— le escucho decirme al oído y da un lametón al lóbulo de mi oreja—. Me gusta.

Se separa de mí por algunos instantes solo para acomodarse nuevamente entre mis piernas y al sentir su peso sobre mí, vuelve a aplastar mis labios con los suyos mientras me toca, pero no soy capaz de moverlos y no puedo seguir el ritmo del beso. Me remuevo debajo de él a causa del placer y temo que no pueda soportarlo. Separo los labios y dejo escapar mis jadeos en su boca. Ya ni siquiera puedo respirar. Me cuesta trabajo mantener el aire en los pulmones.

Él toma distancia y reparte besos húmedos por mí cuello. Desciende un poco más y sus labios jalonean el aretillo en mi pezón hasta dar un par de lametones. Un gemido sale de mi garganta cuando sus dientes aprisionan mí pezón y lo introduce a su boca para chuparlo.

Mi cuerpo se tensa por completo pese a que me gusta el cómo se dedica a aumentar mi placer. Aquello se vuelve cada vez más fuerte.

Aferra las manos a mis nalgas y tira de mí hacia abajo. No puedo estirar los brazos, me duele. Intento volver a como estaba antes pero no me lo permite. En la acción, eso que puso en mi rostro para que no pudiese ver nada, se ha deslizado un poco hacia mi frente. Bajo la vista y veo como se acerca a mi tatuaje. Ajeno a mi mirada, lame y muerde la piel entintada diciendo que su deseo por mí también va desde mi estrella y de regreso.

Esto me está superando.

Una de sus manos toma mi miembro y lo acerca a su boca. La sensación es aún más caliente cuando deja escapar el aliento sobre mi punta y sus labios se cierran en el mismo. Me ha hecho temblar, encojo las piernas tanto como puedo y contengo el aire cuando su lengua pasea por mí longitud. Va de arriba-abajo, se detiene a chupar el glande y deja escapar el calor de su boca para ponerme al cien. Soy incapaz de contener lo que estalla en mi interior y se expande en mi pecho, deteniéndome el corazón para luego subir hasta mi garganta, dejándome sin habla.

Él se detiene. Soy consciente en esas fracciones de segundos de cómo sube y baja mi pecho, el dolor palpitante en mis manos al haber cerrado tan fuerte los puños hasta clavarme las uñas en la piel y dejar una marca, es leve comparado con las palpitaciones de mi miembro en su boca.

Hundo la cabeza en uno de los cojines y volteo el rostro.

—¿Estuviste mirando todo este tiempo? —pregunta en un tono casi ronco—. ¿Merecerá eso algún castigo?

No respondo. Por dentro estoy que me muero ante su segunda pregunta. En otras circunstancias no dudaría en decir que sí para que castigara mis faltas y dejase mis nalgas en un tono rojizo, tal como le gusta, pero no ahora.

Siento su peso sobre mí y me hace volver el rostro en su dirección al tomarme desde la barbilla.

—No, castigos no— quita por completo lo que cubría mi rostro y me mira, se lame los labios y repasa con lentitud el gesto que le dedico—. Déjame hacerte disfrutar…

Su mano vuelve a mi pene, toma el suyo para hacerlo en conjunto y ahora sus movimientos son cada vez más frenéticos.

Sé que he de estar gimiendo, pero no puedo escucharme, tampoco puedo sentir la respiración acelerada que dejo escapar por la boca, dándole mi calor mientras me besa con fuerza. Siento vibrar mi cuerpo, todos y cada uno de mis músculos se contraen instantes después y abro los ojos para ver cómo es que juega conmigo.

Abandono absolutamente todos mis sentidos. La sensación es tan fuerte que ni siquiera puedo determinar los movimientos de mi cuerpo; si me encojo o arqueo la espalda. Me es difícil saber si he gritado tan fuerte o si me contuve en hacerlo, es como si tuviese algo atorado en la garganta y quemara hasta extinguirse.

Tal vez este era mi punto máximo. Y no me había imaginado que algo me esperaba más allá de un orgasmo. Me cuesta respirar.

Él aún busca un poco más de mí y no se detiene hasta que en efecto, se lleva mi último suspiro y logra correrse sobre mi abdomen. Se acerca y abro los ojos para verle, pero lo único que veo son destellos borrosos a través de las lágrimas. Limpia mis ojos y entonces le veo más claramente. Me besa antes de que pueda decirle algo y al poner distancia, introduce dos de sus dedos en mi boca, los chupo percibiendo lo que él conoce como «el verdadero sabor del sexo».

—Mrg…

Me gusta.

Exhausto, cierro los ojos y suelto la respiración. Cuando tomo aire, las sensaciones en mi cuerpo quedan en pausa. Muerdo mi labio inferior y siento su sabor. Abro los ojos para verle, me sorprende que no me quita la mirada de encima. Grabo su gesto en mi mente.

—Tan inocentón que te ves cuando caes rendido.

—Soy tuyo— respondo débilmente. Claro que eso no iba al caso.

—Lo sé, Precioso.

El simple hecho de pensar que ahora Tom me acomoda sobre su cuerpo, hace que me duelan los músculos. Me pienso a fondo cuánto tiempo creo demorar en volver a mis cinco sentidos y ser capaz de hablar o siquiera mirarle, pero no puedo terminar de procesarlo, mi mente no reacciona.

Mi cuerpo me hace sentir esa mezcla entre espasmos de dolor y placer.

«Soy tuyo» recuerdo mis palabras.

Me da un vuelco el interior al ser consciente de que he dejado todo de mí en este encuentro y lo mucho que Tom disfrutó desde un principio.

&

Tom decía tener planes para cuando llegásemos al hotel. No podía esperar, creo que lo ocurrido hace un rato en verdad ha dejado su llama encendida.

Nos volvimos al bar. No esperábamos encontrarnos a Andrew y su pareja aun esperando donde estábamos, ahora veo rostros nuevos, parece que todos se han ido a los apartados y otras zonas del club y los que estaban ahí, ahora vienen para relajarse un rato y pescar a otros cachondos.

Tom ha pedido unas rondas de cócteles para nosotros y me he bebido hasta los que eran de él cuando se distrajo. El mismo sujeto que se me había acercado cuando recién llegamos, le ha pedido que asistiésemos juntos a una habitación llamada «Violet & Red». Intentaba imaginarme por qué diablos tenía ese nombre, pero mis ideas no lograban conectarse de forma lógica.

—No más alcohol para ti— dice al darse cuenta de que he tomado su copa y me la quita de inmediato.

—Por favor…— resoplo—, no exageres. No he bebido tanto— me estiro para alcanzar la copa, pero alza la mano para alejarla de mí.

—Tal vez ahora no lo parece, pero sí que lo hiciste recién llegamos— me recrimina y empuja con suavidad hasta la esquina del asiento—. Nunca has sabido beber.

—Mentirosillo…— me incorporo y extiendo la mano para tomar una fresa del fondo de una copa ya sin alcohol.

—No creo que lo recuerdes, pero en este instante me pareciste el mismo chico con rastas que se había embriagado para darse valor y complacerme por primera vez— dice al acercarse.

Deja su copa sobre la mesa y yo me quedo inmóvil después de escucharle. Me quita la fresa que iba a llevarme a la boca y la acerca a sus labios.

—No estoy ebrio— menciono totalmente ido—. Puedo ser ese chico de nuevo y complacerte.

—Mejor hazte el difícil…

La manera en la que se ha acercado, en la que dijo aquello y como me mira justo ahora, me ha seducido por completo. Esta noche solo quiero embriagarme de él y punto. Sentirlo tan cerca y caliente posible.

Idiotizado, me acerco a él. Su mano se posa en mi pierna y antes de que me percatara, se encuentra estimulándome. Pone la fresilla en medio de mis labios, cierro los ojos cuando le siento a muy poca distancia y él come la mitad de un mordisco pequeño. Me ha robado el aliento y entreabro los labios, la fresa se ha deslizado a la punta de mi lengua, Tom vuelve a acercarse, me toma de la barbilla e introduce su lengua para retirar la frutilla y su sabor.

Me ha parecido delicioso. En serio que he contenido la respiración. El calor se acumula en cada centímetro de mi cuerpo y parece desvanecerse cuando él retira su mano de mi entrepierna.

—Por favor— atraigo de nuevo su mano y me muevo para que me toque justo como quiero—. Vuelve al sado conmigo— digo cerca de sus labios. Tom suelta un jadeo tembloroso y junta su frente con la mía. En estos momentos siento que él podría acceder. Quiero que haga conmigo lo que se supone que hace en el sado—. Por favor, tómame.

—¿Por qué?

—Porque te gusta— le invito a desabrochar mis pantalones.

—Supongo que siempre insistirás sobre volver al sado, ¿no es así?

—Pero en serio lo disfruté, solo olvida lo último que pasó.

Siento el calor de su boca chocar contra mi mejilla hasta llegar a mi oído. Su mano se mueve debajo de mis pantalones y me arrincona un poco más.

—¿Lo disfrutaste?

—Mucho, te lo juro— respondo al soltar la respiración. Mi mano va sobre la suya y cambio el ritmo—. Yo estoy dispuesto a todo.

—Shhht… puedes arrepentirte.

—Sólo hazme disfrutar.

—¿Qué te parece si lo considero? Ahora ven a la habitación de lapdance conmigo.

Excitado, le dedico un asentimiento apenas termina de hablar. Ni siquiera soy capaz de volver a insistir con el sado.

Acomoda mis prendas, me toma de la muñeca y me guía hacia allá. Cuando entramos, noto la presencia de quizás unas diez personas, yo no podía hacerlo frente a todos ellos. Tanto había mencionado que quería estar encima de Tom, tentándole y llevándole al exceso, que le ofrecería ese momento, pero tenía que ser a solas.

Estaba encendido. Quería que Tom me tocara o que me hiciera tocarle, pero no con todos observando. Sé que nos han visto antes, pero no lo hacían directamente como ellos estaban ahí dispuestos a no apartar sus miradas. Cuando nos han visto, ha sido detrás del cristal en los apartados o en ocasiones yo he tenido los ojos cubiertos con un antifaz.

Negué antes de adentrarnos aún más y volví sobre mis pasos, pero Tom me impidió regresar a la mesa y me llevó entre pasillos hacia la misma piscina techada en la que ya habíamos estado. No entiendo cómo es que sigue libre, creí que al menos encontraríamos a alguien, pero no, somos los únicos aquí.

Pongo distancia y me recargo en el muro.

—Nada más de verte me dan ganas de hacerte mío otra vez. ¿Te molestan mis impulsos? —termina diciendo en broma y contiene una carcajada.

—Me molesta que no lo estés intentando ahora— respondo en jugueteo y él se acerca. Me alegra que no saltaran las preguntas por lo de hace unos instantes—. ¿Ya lo consideraste?

—¿El qué?

—Volver al sado conmigo— digo antes de morderme los labios.

—Podríamos arreglarlo— toma mi mano, la lleva a la altura de su rostro y besa desde mi muñeca hasta la palma.

—¿En serio?

Será que el bochorno me vuelve idiota, pero creo que ha aceptado.

¡Que no me lo creo!

—Pero no aquí. No tengo cabeza para plantearme un encuentro así, quiero soltar mis instintos ahora y follarte,

¿entiendes? No me hagas pensar en otras cosas y tampoco tomes ventaja— termina por advertir.

¡Ha aceptado!¡Joder, si! ¡Finalmente ha dicho que sí!

Me hubiese arrojado a él para hacerle ver la emoción que me hacía sentir su respuesta, pero en su lugar, me besa con fuerza, mi cabeza ha chocado contra el muro y su cuerpo me aplasta. Vuelvo a quedarme sin aliento y me fricciono contra él. Mis mejillas comienzan a arder y separo los labios al sentir su mano en mi entrepierna. Me dejo llevar por el frenético momento hasta que él se detiene. Dice que quiere tomarme, pero no lo hará nuevamente en un muro. Lleva la mano a mi rostro, su pulgar acaricia mis labios húmedos y poco hinchados, y me da un lametón y un mordisco.

—Sabes tan bien…

De repente el móvil suena en su bolsillo y lo toma para ver quién ha intentado localizarlo. Me mira en modo de disculpa para después ver la pantalla del teléfono.

—Es un mensaje de Andrew, se ha ido ya— dice mientras textea la respuesta a él.

—¿Cómo que se ha ido?

—No te pongas así— se burla y guarda el móvil en el otro bolsillo—. Llamaré al hotel y pediré que nos recojan.

Ha de creer que soy un dramático, pero yo no lo decía por el auto y regresar juntos, lo decía por aquello de que ya habían consensuado y ahora no sé qué planes tenga para pasar un rato más aquí. Queda claro que sado no, aunque podría intentar convencerlo, o quizás algo más porque es obvio que le jodí lo último que tenía pensado.

—¿Nos iremos ya?

—Puede que sí— se encoje de hombros. Sé que lo dice por cómo le corté la excitación del momento en el lapdance, supongo. Debo hacer algo al respecto. Acorto aún más la distancia y cubro sus ojos con una mano—. ¿Qué crees que haces, Precioso?

—Estamos solos— hago una pausa y junto el valor para seguir hablando—. Tom… lamento lo de hace rato en esa habitación.

Escucho una risa por su parte. No me va que se burle de mí, estaba por proponerle algo con el sado.

—¿Estabas nervioso?

—Había mucha gente— me apresuro a decir.

—¿Entonces avergonzado?

—No realmente.

—¿Intimidado?

—Mmm…

—Es la primera vez que te noto algo torpe a la hora de…

—Yayayaya— le callo—. ¡Shhht! No tienes por qué burlarte.

—No me estoy burlando.

Aparto la mano de su rostro y sus ojos se fijan a los míos. Me da un subidón pues sé que es lo que quiso decir con esa simple mirada.

—Me conoces y no soy tan bueno como para dar segundas oportunidades, pero contigo haré una excepción. Ya te dije, quiero follarte y me apetece otro lugar, no el muro.

—¡Gracias! No te hubieses molestado, en serio— respondo con aires sarcásticos y hago ademán de rodearlo, pero me detiene y lleva contra el muro.

—¿Qué? En verdad quiero que lo hagamos de nuevo, te veías incómodo por todos los que estaban ahí, lo noté en cuanto entramos. No era lo que esperabas, ¿verdad?

—Quería que estuviésemos a solas.

—Y ahora lo estamos— responde y me acerca a su cuerpo—. No creerás que alguien más pueda aparecerse e interrumpirnos, ¿cierto? —pregunta en medio de un susurro.

Sí, habíamos estado rodeados de unos cuantos, pero en la habitación de lapdance se sintió diferente.

—Ya, ¿entonces quieres darme también en la piscina? —levanto la ceja. Contengo una risa y mi índice va a sus labios para volverlos planos—. En el bar, el supuesto jardín que no hemos encontrado e incluso en la recepción.

—Sí, claro que te daría en esos lugares, pero no prefieres mejor…— se acerca para darme un beso en las comisuras de los labios. Inclinándose un poco más, acaricia mi mejilla con la suya y llega a mi oído—, entrar a la piscina conmigo, ¿uh?

Se me eriza la piel y me estremezco entre sus brazos. Cierro los ojos, me mantengo inmóvil y en silencio, escucho cuán irregular se vuelve mi respiración mientras sus manos estrujan mis nalgas hasta que su diestra va a la cinturilla de mis pantalones y los desabrocha. Suelto un suspiro e inclino la cabeza hacia un lado. Tom pone distancia, entreabro los ojos, él mira alrededor como buscando algo, pero finalmente sus ojos conectan con los míos.

—Ven conmigo— insiste y deja de tocarme—. Este lugar…— empieza a decir, pero se detiene en seco al escuchar risas. Se tensa de inmediato tanto como yo, pero nadie se acerca a donde estamos.

—¿Lo haces tú o lo hago yo? — le pregunto en voz baja instantes después.

Me mira un tanto confundido. Paso de él y en una de las esquinas comienzo a desvestirme rápidamente y sin quitarle la mirada de encima. Se acerca y hace lo mismo, pero a diferencia de mí, lo hace con lentitud. Le esquivo cuando intenta tomarme, recién está por bajarse los pantalones y antes de acercarme a la piscina, extiendo la mano para darle un pequeño pellizco en la nalga. Se vuelve a verme, está molesto por lo que he hecho, pero sé que en el fondo ha de sentirse tentado.

Me gusta coquetearle de esta manera. Es excitante verle molesto, luce realmente sensual estando así. Me puede.

Me agacho sin dejar de mirar cómo me da la espalda y se saca la camisa, veo sus músculos torneados, pero no exagerados, y me dan unas ganas de delinearlos con la lengua o garabatear mi nombre en la espalda baja. Me meto al agua casi por completo y está jodidamente fría. Se me eriza la piel, dejo escapar un gemido por lo bajo y me quedo tieso y tiritando. Debí tocarla antes de meterme, pero no, Tom me tenía fantaseando.

Me abrazo a mí mismo cuando él se vuelve a mí. Está riéndose por lo estúpido que debo verme, pero ni el agua fría logra calmar la sensación caliente que se remueve dentro de mí cuando le veo desnudo y acercarse a las escalerillas de un costado para adentrarse con lentitud. Acorta la distancia y las florecillas que yacen en la superficie, se adhieren a su piel. Por un momento me lo imagino tal cual estaba conmigo en la tina de champán y sin evitarlo, chupo mis labios.

—¿Con qué fantaseas? —pregunta al rodearme con sus brazos y usando algo de fuerza para retenerme.

—Contigo— digo con simpleza.

—Dame detalles…

—Solo puedo darte una pista; Milán.

Le dedico una media sonrisa. Su mirada cambia. Parece que el color de sus ojos se hace más intenso, así como su deseo. Estoy carbonizándome por ello.

—Ya veo…

—Adivina lo que tengo en mente.

—No sé, ¿el champán de la tina? —intenta adivinar.

—Frio.

—¿Lo de la lista o la canción? —se acerca peligrosamente a mis labios para acariciarlos con los suyos, tentándome con besarme.

—Frio

—¿Las fotos?

—Caliente…

—La foto que me tomaste— atina a decir.

—Muy caliente— suelto una leve carcajada. Ha dado en el blanco.

Insistió en que esa foto no era parte de lo planeado, pero es que en serio me gusta. Estaba descansando en la cama, apenas le cubría la sábana cuando me di cuenta y, tentado, le dejé al descubierto. Entonces la cámara instantánea me mostró aquella sensual perfección unos segundos después.

—Entonces asumo que quieres volver— dice de repente.

—Mil veces— intento alcanzarlo, pero me esquiva.

¡Quiero besarle ya! Siempre me hace lo mismo.

—No tenía planes de volver tan pronto, pero si quiero ir a otro lugar contigo.

—¿A dónde? —rodeo su cuello con los brazos y pongo un poco de distancia para verlo.

Siento como destella mi mirada y la sonrisa que se enmarca en mis labios se hace más grande. ¡Tom me tenía una sorpresa! No puedo con ello, ahora la curiosidad está matándome.

Empieza a dar vueltas conmigo en brazos y entonces me impulsa hacia arriba para que pueda abrazar las piernas a su cintura. Me escanea con la mirada, entre juguetón y perverso.

Me pone.

Quiero que me diga cuál es ese lugar al que quiere que vayamos y que me tome mientras lo hace.

Ya, que estoy realmente insaciable y él también, eso me pone al mil. Me siento como un idiota desesperado, pero es que había querido llegar a esto desde hace tiempo y quiero tener tanto de él antes de que decida cambiar a un ritmo más lento entre nosotros.

—Quiero llevarte a un lugar especial. Más bien, a dos lugares— repone de inmediato.

—No des más vueltas al asunto— le pido.

Siento como mi espalda choca contra el borde de la piscina y entonces me baja. En la acción, nos hemos friccionado y, ¡Joder! Quiero que vuelva a hacerlo.

—Tus deseos son órdenes, Precioso— dice en un susurro cerca de mi oído.

Me da un beso en la parte de abajo y desciende a mi cuello. Ladeo la cabeza, invitándolo a seguir. Cierro los ojos y me quedo inmóvil. Debajo del agua, sus manos estrujan mis nalgas y acarician mi espalda. Respingo cuando él me muerde entre el cuello y el hombro, succiona la piel y finalmente me da un beso diminuto.

—Perdón— se disculpa por ello. No lo creo necesario, quiero que vuelva a hacerlo. Es el segundo chupetón que me hace.

—Si mis deseos son órdenes, entonces yo quiero…

—Shhht…— me corta. Aparta mis manos de sus hombros y hace que me dé la vuelta, coloca mis manos en el borde de la piscina y junta el pecho a mi espalda—. Yo sé lo que deseas.

—Ah, ¿sí?

—Por eso iremos a esos dos lugares.

—¿Cuáles? —pregunto al volver el rostro hacia él. Me da un beso y aferra las manos a mi cintura.

—El primero será Venecia. Sé que adoras ese lugar.

—¿Y el segundo?

—Te digo después de follarte. Ahora quiero cumplir otros de tus deseos y los míos también.

&

Siento que mi cuerpo ya no responde como debería. Ciertas partes duelen más que otras. He notado líneas rojas en mis muñecas y un rasguño en el brazo. No sé cuándo me lo hice. Miro a Tom por el rabillo del ojo, luce igual de exhausto que yo. Nos ahogamos en tanto placer que, si lo pienso bien, ha sido suficiente de momento. Tal vez consideraría en otra ocasión tener una maratón de sexo como el de esta noche, que después de haber dejado la piscina, volvimos al bar, después conocimos otras secciones del lugar hasta consensuar con alguien.

El recuerdo y las sensaciones de lo experimentado, vuelven a mí de manera fugaz. Lucho por no carbonizarme mientras eso sucede.

Al fin el auto se detiene frente al hotel, creí que no llegaríamos nunca. El trayecto se me hizo eterno.

Vuelvo el rostro a Tom, me lanza una sonrisa pequeña, apenas levantando las comisuras de los labios y sale del auto para que lo haga después de él. Entramos al hotel, atravesamos el recibidor para ir al ascensor y casi me quedo de piedra al verla a ella. Amara. ¡Oh, mierda! Jace permanece atrás y entrecierra los ojos cuando nuestras miradas se unen. ¡Joder! Si Jace está aquí, significa que… ¡No! Nonono, es ridículo. Y donde ella le diga a Tom lo que mandó a decir con Noa, todo habrá sido en vano.

Paso saliva con pesadez. Estamos frente a ellos, Tom desliza sus dedos en mi mano para poder entrelazarlos a los míos, pero me suelto de él y oculto las manos en los bolsillos.

—¡Tom! — una sonrisa se acentúa en sus labios y se acerca a besarle las mejillas, Jace hace un gesto simplemente.

—Hola— saluda Tom en un tono bajo, se aclara la garganta y me mira desconcertado—. No sabía que vendrías, no te vi en la reunión hace un rato.

—Jace no quiso que asistiésemos, se vuelve algo tedioso cada año— responde un tanto incómoda por mí presencia—. Yo pensé que tú…

—¿Que me disgusta hacerlo cada año? Realmente no— responde.

—Ya veo… Pero haz de saber que me da gusto verte, lo digo en serio. Pasó tiempo desde la última vez— me dirige una mirada por escasos segundos y sonríe—. ¿Vieron a Noa?

Me encojo de hombros y Tom no dice nada de momento, las puertas del ascensor se abren y entramos los cuatro. Jace me mira como queriendo decir algo, no sé qué quiere conmigo y no pienso averiguarlo.

—Lo vimos al inicio, pero después se fue. ¿Por qué preguntas?

—Bueno, es que yo no estaba segura de que asistirías y le pedí que te dijera algo. Tal vez se lo dijo a Bill en vez de a ti.

—Sí, eso fue. Pero bueno…— Tom interrumpe y pasa su brazo detrás de mi espalda—, tal vez nos veamos después.

—Quizás podamos tomar el almuerzo mañana— toma su mano libre y él le da un leve apretón.

Alarmado, miro a Tom, pero él no se da cuenta de que le ruego con la mirada que le diga que no. Me siento incómodo frente a ellos, ahora lo imagino compartiendo la mesa. ¡Absolutamente no!

—Claro que sí, escríbeme un texto para saber dónde nos encontraremos.

No puedo creer que haya aceptado. Me esfuerzo por no mostrar un gesto que revele mi disgusto. Llegamos a nuestro piso y antes de que Tom pueda despedirse, ella le detiene.

—Quisiera unos minutos contigo, si se puede.

¡Mierda!

Mi corazón cae con pesadez y se me revuelve dentro del estómago.

Que no diga lo que estoy pensando que dirá, o mejor aún, que Tom no acepte.

—Bueno, estamos terriblemente cansados y…

—Entiendo— dice ella resignada—. Será mañana cuando nos veamos, entonces.

—Claro— le da un beso y salimos del ascensor.

Andamos por el pasillo hasta la habitación. Tom va diciéndome que no esperaba verla aquí, mucho menos que le dirigiera la palabra después de lo que sucedió entre ellos —cosa que ignoro totalmente—, pero al ver que no he comentado nada al respecto, me detiene justo después de haber dado algunos pasos dentro de la habitación.

—¿Bill? — me hace volver el cuerpo y quedamos frente a frente.

—¿Ajá?

—Lo siento, fue incómodo para ti, ¿cierto?

No le respondo, desvío la mirada y muerdo el interior de mis mejillas.

—Bill— insiste y me hace verle.

—¿Sirve de algo si te pido que no les veamos?

—¿Por qué?

Guardo silencio y aprieto los labios.

Intento ir tras los pasos de Tom, pero Noa me detiene.

Tengo que hablar contigo.

Por favor, déjame— le aparto sin mirarle. Temo que me haga volver y me juzgue por aparecerme aquí con Tom.

Sólo escúchame— su agarre v se vuelve algo fuerte y me suelto de él—. Amara cree que Leo puede estar aquí. Jace recibió una llamada de él, pero se negó en darle santo y seña de donde estaban. Dudo que se haya quedado de brazos cruzados, así que… 

No. Él no puede estar buscándome ahora.

Donde ella está, es obvio que Tom también. Son muy amigos, ¿entiendes?

Claro que no…

Así puede dar contigo— me interrumpe.

Inventas cosas— niego con la cabeza. No sé qué pensar y miro a Tom—. No te creo— le digo y vuelvo la vista a él.

Díselo a Tom. Mejor que lo sepa de ti.

Se me vienen a la mente las palabras de Noa y no sé qué hacer. Si se las digo, puede que me odie por no haberlo hecho cuando me preguntó, y si Amara lo hace, puede que me odie al doble por haberle ocultado eso y hacer que se enterara por alguien más. No sé qué es peor.

Le hago seguirme a la cama.

—Ya no debería incomodarte. Si es por lo de aquella ocasión, ella entiende que estabas negándote a lo que realmente querías. Solo me ayudó a verte y…— se apresura a decir, pero le corto.

—Es otra cosa.

—Ah, bien— hace una breve pausa e instantes después se saca los zapatos—. Pues entonces dime— su gesto se relaja. Hasta luce más tranquilo.

—N-No me sentiría cómodo con ellos, ¿sabes?

Me vuelvo para ir al baño, pero un sentimiento en particular hace que me detenga de golpe al darle la espalda. Pienso que por lo menos alguna vez debería decirle lo que sucede, quizás no resulte tan catastrófico como veces anteriores. No tengo la seguridad de que eso sea así, pero al menos sería un cambio de mi parte en esto que recién tenemos.

Me vuelvo a verle, suelto la respiración y entonces sumamente nervioso, le digo: —También es por Leo y hay algo que tengo que decirte sobre él.

Continúa…

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