Temporada II. Por Amy-Stalinalsky
Capítulo 25
Bill se ve más nervioso que antes. Pensé que lucía así por el momento incómodo en el ascensor, incluso cuando Amara nombró a Noa, supuse que diría lo mismo que él, pero no fue así.
Entrecierro los ojos, incapaz de comprender a que viene eso justo ahora e intento hacer memoria, pero nada conecta para mí. Desvío la mirada por algunos instantes, pero Bill se acerca aún más, su mano va sobre el dije que pende de mi cuello, ese que me regaló, y entonces su mirada conecta con la mía. Sé que teme a lo que diré, pero me ha tomado por sorpresa y no sé qué se supone que tenga que decir. Me suplica con la mirada, pero no veo para qué, no entiendo nada, me siento algo ido gracias a la última combinación de tragos que bebí en el Flirt.
—Tengo que contarte algo de él.
Veo que se muerde el labio, lleva la diestra al codo del brazo contrario y escucho sus uñas rasguñar la piel.
—Lo que tenga que ver con Leo no me importa— me encojo de hombros y él lleva ambas manos a los bolsillos—. Que le den— me levanto de la cama con una sonrisa burlona y acomodo las sábanas, de paso le doy la espalda.
—Pero esto es importante— se apresura a decir. Bill siempre tan insistente.
—Y qué si es o no muy importante, no quiero saberlo, Bill. Te recuerdo que quedamos en no mencionarlo más— digo medio arrastrando las palabras, le paso una almohada y él la avienta de regreso a la cama.
—Ya sé…
Ahí viene de nuevo.
—Entonces pasemos de esto, Precioso— le pido al darme la vuelta. No quiero volver a tocar el tema.
—No puedo— dice culpable. Noto como se le hace un nudo en la garganta al hablar—. Lo siento mucho, en serio.
Pensaba en resolverlo por mí mismo y… Es que te mentí, Tom.
—¿Respecto a qué?
Bill agacha el rostro y entonces dice:
—Amara cree que Leo…— llevo una mano a la punta de su barbilla y le hago verme. Tiene que hacerlo, esto no me está gustando—. Cree que él está buscándome y no te dije nada— continuó de manera pausada y en un tono muy bajo.
—¿Que él qué? —no sé si entendí bien. Sacudo la cabeza y me aguanto soltar una risa diminuta—. Que mentiroso… ¿Leo te está buscando? Nonono. ¡Leo! Joder… No, Precioso, te equivocas porque ese no es su estilo.
—¡Que lo conozco!
—Tal vez nunca lo hiciste.
Leo no es de los que vayan tras alguien, nadie es lo suficientemente importante para él. Es una locura lo que está diciendo. No es real, es hilarante.
—¡Que le den! ¡Que le den a Leo! —digo levantando el dedo de en medio, pero me gana la risa porque en realidad alcé el índice.
Bill cree que me rio para disimular lo mucho que me jode todo lo que dice, puedo verlo en su gesto.
—No hagas eso— me pide, pero no entiendo a qué se refiere.
—¿Por? Estoy enojado. Muy, muy enojado— no puedo controlar la risa al hablar.
—Tom, escucha… Fue Noa, él me dijo que Amara suponía eso, pero no te dije. Estabas ahí y no quería que supieras, pero hay una buena razón para ello y te la voy a decir.
—Bill, no me metas en chismes— le corto antes de que siga hablando tan rápido, me confunde—. Que él no dijo lo que Amara le pidió decir, o que sí lo hizo y que tú dijiste y después no…— su gesto preocupado cambia por uno de sorpresa—. Mira, mejor no digas nada. ¡Shhht! Es agua pasada— suelto una risa leve porque se escuchó gracioso el cómo lo dije—. Agua… pasada. Agua pasada. Pasada.
—¿Te lo estás tomando a la ligera?
—No creo— paro la carcajada, pero mis labios aún enmarcan una sonrisa. Él está molesto—. No. Definitivamente no. Ese Leo es todo un caso— rodeo la cama para estirar las sábanas de ese lado. Bill me sigue el paso y hace que me vuelva a verle.
—¡¿Cómo puedes no decir nada o ser serio respecto a esto?!— bufa desesperado.
—¡Ah! ¿Me querías ver celoso? —mis propias palabras me hacen reír un poco—. A ver, Precioso. Si te pesa el no haber dicho la verdad…
—Tienes que saber que fue porque no quería que él interfiriera— me corta.
Sin decir nada, tomo su rostro entre las manos, estoy tentado en darle un beso, pero me quedo estático. Miro como junta las cejas y el color de sus ojos parece intenso, está molesto y sus labios se vuelven planos. Llevo un dedo a su frente y con lentitud, lo llevo entre sus cejas para que suavice su gesto, lo hace y le dedico una sonrisa pequeña.
—Siendo así, entonces te perdono.
—¿Te estás burlando? —inquiere al poner distancia—. Tal vez te diga esto mañana porque justo ahora no siento que lo tomes en serio.
Como no he dicho lo que esperaba, entonces disparo una pregunta que hasta me revuelve el estómago y me deja un pequeño vacío. Siento un ligero mareo y me sostengo de él antes de caer a la cama
—¿Volverías con él si te lo pidiera?
—¡Por supuesto que no! —se apresura a decir.
—¿Entonces cuál es el problema?
—Estás loco, y aparte de eso, ebrio— hace que me siente y me dejo caer de espaldas momentos después.
—No lo estoy. Y no entiendo cuál esperabas que fuese mi reacción. ¿Querías verme furioso? —se me sale la risa—. Tal vez… tal vez creíste que tendríamos una discusión, que te haría empacar para volver o que cada quien lo haría por su lado— menciono en un tono bajo, cansado, y termino negando con la cabeza.
—No creí que estuvieses ido— pasa de lo que he dicho y siento como jala mi ropa, pero puedo quitarme esto y vestir el pijama por mí mismo—. ¿Cómo se te ocurre preguntarme si volvería con él? Que estúpido eres.
—No estoy ido y te dije eso sólo por saber. ¿O querías que pensara que aún lo quieres?
—Cállate.
—Ya, además…— tomo su mano y le hago detenerse—, no es verdad que te esté buscando. No pienses en él.
—No hables— sus manos van a los botones de la camisa para desabrocharla.
—¡Óyeme! —gruño porque no quiero que me la quite. Con las últimas fuerzas que me quedan, le hago caer a mi lado y me vuelvo sobre mi costado para verle. Levemente agitado, espero unos instantes en silencio hasta poder continuar—. No es posible que de la nada te creas problemas que no existen. No creo…, no creo que lo que digas sea verdad. Y si ya lo habías ignorado toda la noche al quedarte callado…
—¿Sugieres que me quede callado otra vez?
—Mira…— sonriendo, le atraigo hacia mí y siento la punta de su nariz chocar con la mía—, tú quieres que discutamos y yo no quiero, aunque sí me jode.
—¿Estás en tus cinco sentidos? —pone algo de distancia y le miro apaciblemente.
—No, pero sí en mis cuatro o quizás tres. ¿De verdad importa? —le veo asentir. Guarda silencio y se recuesta sobre su espalda para mirar el techo. A tientas busco su mano para entrelazar los dedos, pero no se vuelve a verme—. Oye, dime otra cosa, también creíste que cortaría cabezas de inmediato y sentiría algo de decepción por haberme ocultado lo que Noa dijo, ¿eh?
Su silencio me dice lo mal que se siente.
—¿Bill?
Suelta la respiración y aprieta los labios segundos después. Vuelve a negar con la cabeza, suelta mi mano y de un momento a otro se levanta de la cama.
—Tal vez hablemos de esto por la mañana.
Me inclino hacia atrás, juntando la espalda con el respaldo y miro a Amara, ella deja la taza del café de vuelta en la mesa después de haberle dado un sorbo realmente diminuto.
Le he contado lo ocurrido anoche con Bill. Ella parecía sentirse culpable cuando le dije que ya sabía lo de Leo, que hubiese preferido que también confiara en mí para decírmelo en persona y no involucrar a Noa. Pero ya está hecho y comprendo la intención que tuvo para haberlo hecho de ese modo.
—¿No dijo algo más? —inquiere.
Me aclaro la garganta y niego con un cabeceo. Llevo la mano hacia la mejilla y toco mi barba.
—El problema es, Tom, que anoche tú estabas algo ido.
—No voy a negar que sí bebí, pero no estaba tan ido— me defiendo, pero ella insiste.
—Te estabas riendo, lo has dicho. Además, si yo estuviese en los zapatos de Bill, sentiría que no lo tomabas en serio.
—Y es por qué no merecía que fuera así, ¿entiendes? Tú conoces a Leo, no es para buscar a quien se haya involucrado con él. Lo sabes, Alina fue de esas personas, y ahora Bill. Ambos sabemos, Amara, que él no lo está buscando. Escuchaste mal esa conversación que tuvo con Jace— digo controlando el enojo que me causa hablar de él y aún más, haber tenido que mencionar a Alina—. Solo aguardo por el momento en que eso quede atrás.
—Más bien, ellos— corrige.
Suelto la respiración. Aunque me joda el cómo lo ha dicho, tiene razón. Solo quiero que eso desvanezca de una buena vez.
—Bueno, por otro lado, lo que te comentaba…— no sigo con lo que hablábamos antes—. He puesto todo de mi parte, pero él hace las cosas diferentes a como planeamos hacerlo. No sé si se haya acostumbrado más a la manera en que llevaba las cosas con él o…
—Debes entender que él tampoco acostumbraba eso, no se trata de Leo— me corta, pero repongo mi punto de vista.
—¿Y tú crees que yo sí? A ver, dime ahora mismo las relaciones que he tenido.
—¿Incluyendo a Alina? —sus cejas se juntan y tuerce los labios cuando niego—. Ya, han sido unas siete. Ocho con Bill.
—Y ni siquiera fue para tanto en ocasiones anteriores.
—Ese es el punto, Tom. Antes sólo con ciertas personas decidiste apostar por una relación, pero ahora con Bill lo haces el doble— menciona en tono suave. Sus palabras me hacen recordar ese par de relaciones en las que, de hecho, lo di todo. Y Alina queda fuera de ello—. Lo que tienen va en serio, tal vez demasiado y… tú no sabes si él era de esa manera antes de conocerte.
—Ahora me dices que no lo conozco— indignado, la miro detenidamente, juntando las cejas.
—No, no fue lo que dije. Debes entender que tus relaciones no serán las mismas por más que planees las cosas.
Además, es diferente con él, es un chico y tú no habías…, ya sabes, llegado tan lejos con uno— murmura.
—Me estás diciendo que, si estoy con él, hay más cosas que influyan en lo nuestro— casi debí decirlo como una pregunta, una para mis adentros, pero pensé en vos alta.
—Pero, vamos… ¿Ya le preguntaste si le parecía bien la manera en la que quieres que funcione lo suyo? —vuelve al verdadero problema.
—Estuvo de acuerdo desde el inicio, aunque, llámame loco, pero siento que algo oculta.
—¿Por qué?
—Bueno, sé bien que le dije que no estaba interesado en saber cómo es que terminó con él, no lo tengo claro, pero no quiero saberlo.
—Tal vez sea eso— se apresura a decir—, y muy en el fondo si quieres saberlo.
—No, Amara. Prefiero no estar enterado, lo digo en serio. Quizás teme a que lo de Leo sea real o pretende arreglarlo por su cuenta, después de todo, estuvieron juntos, ¿no? Y a mí no me quiere involucrar.
—Creo que no quiere hacerlo para no decepcionarte.
—Ya lo ha hecho y no quise decírselo.
—Oh, Tom…— dice en un tono lastimero. Lleva su mano a la mía, pero su tacto no podrá calmarme.
—Se quedó callado, no dijo nada y esta mañana fue igual— menciono con algo de frustración al recordar aquello. Ni siquiera se despidió de mí cuando le dije que saldría para encontrarme con Amara—. Y lo que me preocupa es… ¡Ahg! No importa, nos iremos esta tarde de todos modos.
—¿Cómo que te vas? La reunión acaba mañana, Tom. ¿Por qué la prisa?
—Pasaremos los últimos días en Venecia. No voy a quedarme aquí a averiguar si es cierto lo de Leo. No voy a correr el riesgo— me acerco a ella para hablar en voz baja—. Y no se lo digas a Jace.
—¿Por qué crees que se lo diría? Tu advertencia me parece muy infantil. Además, Jace y Leo perdieron el contacto. Tú no lo sabías, pero a él jamás le pareció que Bill haya ido a con Leo.
—¿Y esa llamada es “perder el contacto” según tú?
—No hablan desde hace mucho— aclara. Aunque lo que dice me toma por sorpresa, también me hace dudar de Jace.
—No me digas que también cree que Bill es el problema. Noa piensa eso desde hace tiempo— digo molesto.
—Estás retorciendo las cosas— hace una mueca. Lo que he dicho la ha molestado, pero no pude hacer nada para evitarlo, sólo se me salió—. Debes calmarte.
Suelto la respiración, después de todo ya no estaremos aquí antes de que caiga la tarde, así que eso ya no debería importarme.
—Mira, no vamos a tener una discusión por eso y tampoco tocaremos más los problemas, confío en que sabrás resolverlos— me lanza una mirada, sé qué es lo que pretende con ello—. Cambiemos de tema, dime qué pretendes hacer allá.
Afortunadamente no tengo que responder a lo que ha dicho, el móvil suena junto a mi taza de café y miro la pantalla. Esto evitará que le hable de lo que tengo planeado para Venecia.
—Espero que no sea Bill— dice con un tono burlesco—. Ojalá no se sienta celoso— menciona antes de que pudiese deslizar el icono verde hacia la derecha.
—Es Steve— digo al llevármelo al oído—. Steve… No he sabido nada, ¿por? Ahhh… ¿dijo algo más? Ya, tal vez le llame después. Está bien, gracias. ¡Ah! Por cierto… sí, eso. Entonces todo está listo. Muy bien, gracias de nuevo. Adiós.
—¿Y bien?
—Keana estaba buscándome, solo eso. Necesitaba que le enviara algunas cosas por mail, ya lo había olvidado. Y Steve me enviará los datos del hotel en Venecia dentro de poco— me guardo el móvil aun mirándola a ella—. Tengo que irme.
—Claro. Dejaré que vuelvas con Bill y arregles todo.
—Ya lo arreglamos— digo en seco, pero ella tuerce los labios.
—¿Seguro? Yo no pienso así, y apuesto que Bill tampoco.
&
Para cuando llegamos a la estación de Roma, falta media hora para que nuestro tren llegue al andén. Bill permaneció en silencio durante todo el trayecto hasta que llegamos y propuso ir a por algo de comer. Hay una cafetería pequeña casi en la entrada, vamos ahí y se pide algo. Ni siquiera me mira cuando la mesera se retira, sube los codos a la mesa circular, ocupando casi la mitad de ésta y sostiene su rostro entre las palmas de las manos, desviando la mirada hacia la gente que pasa y se tropiezan unos con otros. Yo me acomodo en la silla y le miro atentamente, intentando averiguar qué piensa, tal vez cruce por su mente lo que ya le había comentado acerca de Amara y lo que traté con ella. Supongo que es por eso que no había dicho nada mientras llegábamos aquí.
—Tom— dice mi nombre algunos minutos después, sigue sin mirarme—, ¿alguna vez buscaste a Alina?
—¿Por qué preguntas eso? —me incorporo en la silla y me acerco más a la mesa. Sus palabras me extrañan demasiado y no sé a donde quiera llegar con eso.
—¿Entonces lo hiciste? —vuelve el rostro y su mirada se une a la mía. No sé definir la clase de gesto que me dirige justo ahora.
—Si estás tanteando las razones por las que él podría buscarte también…
—No es eso— me corta. Baja los brazos y los cruza por encima de la mesa.
—¿Entonces qué es?
—No te molestes conmigo, sólo te he hecho una pregunta. Además, soy yo quien debería…
—No estoy molesto— respondo de inmediato. No sé de dónde se ha sacado eso.
—Lo estás— dice en un tono bajo.
Siento que me mira tan detenidamente como buscando algún rastro de esa emoción en mí, pero no la hay. Ni siquiera entiendo por qué ha dicho aquello. No me va en lo absoluto, pero no estoy ni un poco molesto, si no extrañado.
—Bill, ¿cómo es que no puedes olvidarte de ella? Eso ahora está muy atrás.
—Nunca podré hacerlo.
—A ver… ¿me he perdido de algo? ¿Por qué de repente hablas de ella? —me acerco a él, subiendo los brazos a la mesa para estar iguales.
—Debiste haberla buscado en algún momento.
—¿Es por lo que mencioné a Amara de mis relaciones en algún punto de nuestra conversación? ¿Es eso?
Bill baja la mirada y medio se muerde el labio inferior. Se aparta de la mesa cuando la mesera vuelve y deja frente a él una taza de café y un sándwich de tres panes. Él hace ademán de tomar la taza, pero mi mano va sobre la suya, es entonces que se detiene y me mira nuevamente.
—¿En serio crees que sacando eso a la conversación podrás emparejar las cosas?
—Tengo la ligera sospecha de que sí la buscaste.
Medio frunzo el entrecejo y suelto su mano. Él luce igual de molesto que yo.
—La busqué— confieso, aunque es algo que hubiese preferido no decir—, pero no hice lo que Leo seguramente hace contigo.
—Está bien, olvidemos a Alina— el enfado se nota en su tono de voz.
—Pero Leo sigue entre tus palabras— digo mordazmente. Le veo detenerse antes de siquiera tomar la taza de café.
—Entonces hablemos de él y el problema que hay — añade con determinación. Su gesto se vuelve insípido. No me va tener que tratarlo de nuevo cuando ya sabemos qué hacer al respecto.
—Creí que ya lo teníamos resuelto, por eso es que nos vamos.
—¿No te das cuenta? Si todo eso vuelve es porque jamás lo dimos por terminado.
—Estás mal. Muy, muy mal. Y no voy a discutir de esto contigo otra vez— me cruzo de brazos y desvío la mirada.
—Nosotros somos los que estamos mal. Creímos que habíamos empezado bien, pero en realidad nunca lo hicimos. Y de seguir así, no podremos estarlo.
—¡Pero qué estupidez dices! —le miro. Bill se queda callado. Veo hacia los lados, hay gente mirándome por el tono en que he dicho aquello y la mala escena que estoy plantando frente a ellos—. No tiene sentido— murmuro al volverme a él.
—Lo nuestro está mal— dice en voz baja.
—¡Nada está mal entre nosotros! —hablo casi apretando los dientes para no decirlo en voz alta.
—Por favor, ya no me hagas olvidarme del asunto. Hablemos— me pide.
—No hay nada qué hablar.
—¿Puedes verlo? No me dejas siquiera intentarlo. No me dejas ser honesto contigo— menciona realmente molesto. Me toma por sorpresa y me quedo en blanco. Sus cejas casi están juntas y la mirada que me dirige causa un vuelco en mi interior. Quiere ponerme de malas con su insistencia—. Anoche pensé que si era yo quien te lo decía, las cosas no iban a terminar como siempre terminan entre nosotros. Temía que, si alguien más te lo decía, en serio ibas a decepcionarte cuando supieras que yo ya estaba enterado desde un principio. Y en serio intenté hacerlo, Tom, creí que tal vez te darías cuenta de lo que hice para cambiar, pero no fue así. No lo tomaste en serio.
Es como si cada una de sus palabras me dieran una bofetada, pero claro, pican mi orgullo.
—Eres jodidamente obstinado y no me va que todo el tiempo me hagas empezar de cero. Y sí, eres tú el que me hace empezar de cero. ¡¿Cuántas veces ya lo hemos hecho?! Admito que en ocasiones fue por mí, pero he aceptado por ti, para frenar el asunto y estar bien y aun así no lo estamos. No lo estamos porque así es como quieres que sea— su voz cambia, se hace más tenue y lenta—. Y no pretendo…
—Entonces dímelo— le corto de inmediato. Me mira sin entender—. Si vamos a acabar con el asunto de Leo, empieza diciéndome porqué le dejaste.
—¿Por qué lo mencionas ahora?
—Porque terminando con él fue que llegaste a mí— menciono apretando los dientes—. Debe ser por eso que dices que nada está bien con nosotros.
Siento como si algo quemara en mi interior y después se instala en mi pecho. El corazón se me descoloca y me sube a la garganta. Me he dado cuenta de que aprieto la mano de Bill por encima de la mesa, dejo de hacerlo y él no aparta su mirada de la mía. Tal parece que se le han olvidado de las palabras y no me va que se demore tanto en responder.
—Sé que te dije que no quería saberlo…
—¿Por eso estás tan inseguro, Tom? —me interrumpe—. ¿De verdad crees que voy a ir a con él si me lo pudiera?
—indignado, niega con la cabeza. Se lleva una mano a la boca y evita decir algo, escucho que murmura algo, no lo entiendo. Poco a poco sus ojos se ven acuosos, pero no hay rastro de tristeza, sino de enojo.
—Tal vez el problema…
—Esos te los inventas— vuelve a interrumpirme—. ¿No me dijiste que no me creyera que Leo estaba tratando de buscarme? Actúas como si en verdad lo hayamos visto o si él haya dicho algo respecto a tenerme con él otra vez.
—Dime lo que quiero saber— exijo. Intento controlar eso que se hace cada vez más grande en mi interior.
—Apuesto que cuando termines de escucharme, vas a darte cuenta de lo estúpidamente obvio que era— me lanza una mirada inquisitiva—. Seré franco contigo.
Paso saliva con pesadez. Se me revuelve el interior y me quedo en blanco. Si empieza a hablar, lamentaré tanto el que lo haya hecho. No, no me siento en condiciones de saberlo. No quiero escucharle. No quería llegar a eso.
—Simplemente…
—Alto— le detengo. Su sorpresa es tanta que se queda boquiabierto—. No me lo digas. No quiero saberlo, en serio no quiero hacerlo— levanto el índice frente a él para que guarde silencio.
—No me voy a quedar así, Tom.
Llevo una mano sobre mi frente y ojos, agachando el rostro, ocultándolo de él. Siento un nudo en la garganta. Me cuesta siquiera el carraspear para poder hablar nuevamente. No siento que pueda mirarle ahora, necesito unos momentos para aclararme y dejar de sentir lo que provocó en mí la idea de saber por qué se alejó de él.
—Algo que se veía tan minúsculo terminó así— hace una pausa. El silencio flota entre nosotros, yo tampoco me atrevo a hablar. Su mano va sobre la mesa para acariciar mi mano, pero me muevo y junto la espalda a la silla, mirándole con algo de distancia—. Te estoy disfrutando demasiado, Tom, como no tienes una idea, pero tú solo te preocupas por los que quieran meterse.
—Solo si se trata de él— me tiembla la voz. Estoy que me deshago por dentro y no sé precisamente por qué.
—No te das una idea de cuán divididos podemos estar. Tal vez el sexo sea el único momento en que podamos estar bien y fuera de eso, al estar juntos lo pasamos tan mal que ni ganas nos quedan de seguir hablando— hay tanta verdad en sus palabras que, si lo imagino, ni siquiera se podría decir que estamos juntos y que el único lugar en que podríamos estar bien, sería en la cama—. No vamos a llegar tan lejos, Tom. No quiero que eso pase.
—Entonces no lleguemos a ningún lugar, si así lo quieres— hago ademán de levantarme, pero me detiene.
—No fue lo que dije, lo sabes.
—¿Entonces qué quieres? Porque no creo que sea lo mismo que quiero para nosotros.
—No es posible que no podamos ser capaces de seguir sin que algo nos detenga— dice cansado—. Hemos cometido errores creyendo que sería lo mejor para nosotros, pero dijiste que estábamos cambiando y no he visto tanta diferencia de cómo empezamos. Sobrellevamos las cosas, pero no las concluimos y quiero hacerlo ya, más si se trata de él.
—No sé qué es lo que quieres entonces.
Se pone de pie y se acerca a mi lugar. Le miro de pies a cabeza hasta que soy capaz de imitarle, le encaro y él deshace el gesto furioso que me dirigía. No comprendo.
—A ti. Te quiero a ti. Quiero que estemos bien, que sea como antes, que dejes de ser tan inseguro porque yo soy tuyo y lo sabes, y estaré contigo mañana y el día siguiente, y el siguiente, ¿sí? —dice cada vez más cerca de mi rostro—. Y me dejarás ser honesto y no me harás pasar de lo que sea que intente meterse entre nosotros, no lo haremos— se corrige—. Probablemente empecemos otra vez cuando estemos mejor, tal vez sea mañana, desde Venecia y entonces ese desastre no existirá más. Estaremos bien, Tom. Vamos a olvidarnos de este asunto ahora que ya te lo dije todo.
Me mira y me mira. Tuerce los labios hasta volverlos planos en los instantes en que nos quedamos en silencio. Bill suelta la respiración, es temblorosa, al igual que sus manos cuando toman las mías y se inclina, cierro los ojos ante la cercanía y siento el roce de sus labios con los míos. Algo se remueve en mi interior, Bill hace que mis manos tiemblen y es como si una leve corriente eléctrica subiera desde mis dedos. Algo estalla, no sé si la colisión me deja vacío o si me tiene en la nada. Todo se esfuma cuando me besa, intenta hacer que le corresponda, pero me aparto. Su beso hace que confunda esto que hay dentro de mí. Si estoy molesto, confundido, extrañado o arrepentido por lo sucedido. Todo se mezcla.
Mis ideas van en todos sentidos justo ahora. No soy capaz de ver con orden todo lo que dijo o de donde es que sacó tanto, pero está en lo cierto y no pude ver aquello. Tenía la ligera impresión de que Bill no se iba a quedar de brazos cruzados, pero no me esperaba algo semejante. No es que yo haya quedado mal, como si no lo hubiese tomado en serio o si lo hice con exageración al adelantar nuestra visita a Venecia para no arriesgarnos a encontrarnos con Leo. Preferible para mí vivir en la ignorancia si se trata de algo que puede perjudicarnos tanto, como ahora, que no dejé que me dijera lo que por impulso le exigí que confesara. Para mí es mejor cortar todo de raíz, cuando recién algo se presenta, y yo sé que eso terminará mal, lo hago valiéndome mierda, pero Bill tiene razón. Tiene razón, joder, y no le permití que me lo dijera. Le hice callar y fue un error muy grave, le hirió aquello y la idea de que todo eso volvería en algún momento porque jamás dimos por muerto el asunto. Él quería que todo marchara bien porque nosotros no estábamos completamente bien, a su parecer. Hice cosas y pensé que sería lo mejor para nosotros, pero fue al revés. No quiero ni imaginar qué pasaría si él decidiera ponerle fin a todo lo que tal vez yo hice que quedara inconcluso. No, Bill no podría echarme en cara cosas que pasaron de un tiempo para acá, lo veo en sus ojos y parece ser que ha sido suficiente. Aún hay cosas que hablar de Leo, pero supongo que con lo que ha dicho, estaría de más mencionarlas. Ni siquiera hay la seguridad de que sus intenciones por encontrarse con Bill hayan sido verdaderas. No creará más problemas entre nosotros pese a que de alguna manera siempre estará en medio, no podemos hacer esto otra vez. Debemos dejar de hacerlo y quizás ahora si empecemos bien, no desde cero, pero sí de nuevo, justo como habíamos prometido. Y estaremos bien, estaremos de acuerdo y haremos que funcione.
—No tienes que decir nada si no quieres.
—Alguna respuesta esperas de mí, es obvio, pero no te pediré que me digas lo que quieres escuchar.
—Eso no va conmigo— me da un beso pequeño—. Y tampoco va contigo el preguntar algo semejante.
Suelto la respiración y pongo distancia, sus ojos aún se ven acuosos y las lágrimas parecen inundar cada vez más su mirada. Llevo una mano a su barbilla, pero él me hace acunar su rostro en mi mano.
—Somos nosotros dos y nada más— digo al fin. Me muerdo el interior del labio, jalándolo un poco hacia adentro.
—Y nadie más— corrige.
—Lo siento, Precioso— me tiembla la voz y me aclaro la garganta. Tengo una sensación incómoda en el interior y algo vuelve a encenderse en mi pecho—. Tan idiota fui que no pude darme cuenta de que intentaste hacer que esto no fuese un problema aún más grande. Pese a que habías dejado pasar casi toda la noche, aun así, quisiste cambiar las cosas, supongo que eso habla mejor de ti que de mí. A estas alturas, ya no sé si hice algo bien, te le limitado, ¿cierto? No debiste esperar tanto para decírmelo, ¿por qué esperaste?
—Tal vez esperaba que lo descubrieras— se encoje de hombros.
—Escucha, yo sé que no se trata del lugar, sino de lo que hagamos, y entendería si no quisieras…— mis palabras se hacen lentas hasta que me detengo.
—Si me llevas a China, si volvemos a Londres o si tomamos ese tren a Venecia, créeme que solo significará una cosa— me dedica una sonrisa pequeña. Veo un destello en su mirada, uno que lanza una chispa y que hace que las lágrimas estancadas en sus ojos, se desvanezcan. Le estrecho entre mis brazos, Bill se aferra a mí—. Haría muchas cosas por estar contigo y empezar de nuevo figura como una de ellas. Sea donde sea, Tom, porque te quiero. Y sé que tú también harías demasiado por mí…
—Porque te quiero conmigo— digo de inmediato—. Y si aceptas…
—Sí, acepto.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.