II Compláceme 3

Temporada II. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 3

Otro aniversario del hotel que es celebrado a lo grande. Pero no me siento muy cómodo. Mi mente sigue clavada en los recuerdos que reviví en casa y las preocupaciones que esto me trajo.

Keana me acompaña esta noche. Reconozco que hoy estuvo más eficiente que nunca porque quiere conservar su puesto, pero aun espero ver su renuncia en mi escritorio. Todos me han preguntado qué tiene ella de especial para mí, me he cansado ya de decir que no es más que mi asistente para que su compañía no fuera mal interpretada una vez más, pero no les quedó claro.

No voy a repetirlo de nuevo.

Además de los comentarios respecto a Keana, me ha jodido el que ella no mencionara nada sobre la asistencia de Noa, Jace y Amara.

Estoy convencido de que esta noche se ha convertido en la más desgastante de todas. Sentir las indirectas que me lanza Amara sobre lo mal que hice al dejar a Bill, van a sacarme de quicio. Jace intenta hacerla callar, se dé más que justo ahora él ha entrado al bando de Leo porque le ha defendido un par de ocasiones en que se le ha mencionado.

La tensión se podía cortar con un cuchillo y me sentía expuesto ante los accionistas con quienes compartíamos la mesa e incluso mi madre. Ellos ya estaban atando cabos, por eso salgo de ahí lo más pronto posible y me dirijo al mini bar.

Ahora necesitaba algo fuerte para intentar olvidar el mal rato.

Me lo pienso mientras me sirven algo. ¿Será que Amara sabe algo? Porque no entiendo su insistencia. Esto es lo único que se me puede ocurrir, pero de ser así, ella hubiese venido a decirlo en vez de mandar indirectas. Que la conozco muy bien.

Me vuelvo a la barra cuando está listo mi trago y antes de que lo beba, una mano se posa sobre mi hombro.

¿No fue suficiente ya lo que mencionaste de él y cómo la he cagado?

—No soy Amara— me dice Noa—, pero creo que ella no tuvo suficiente.

Se planta junto a mí y me mira detenidamente cuando bebo de mi copa como un desesperado. El líquido me quema la garganta, pero necesito otro y doble antes de escucharle. Sus ojos me revelan sus intenciones.

¿Por qué me seguiste?

—Quería invitarte un buen habano.

—No gracias. No le creo.

—Te invitaría una copa, pero ya estás bebiendo.

«¿Qué comes que adivinas?»

—Quiero beber solo, pero gracias— paso de él y me vuelvo a pedir lo mismo.

—Nos vas alejar de nuevo, ¿Tom?

—Dime una cosa, ¿vas a reclamarme como lo ha hecho Amara la última media hora? — ni le dirijo la mirada.

—No. Sólo quiero que hablemos.

Su tono llama mi atención. Parece sincero, sin presionar, ni nada. Lo dice con tanta tranquilidad que dudo sobre haber escuchado bien.

¿Sobre Bill?

Trago con pesadez y cuando me entregan otra copa, la empino y bebo de golpe. Siento que su nombre se me ha atorado en la garganta.

¿Hace cuánto que dejaste de beber con moderación?

—Que bien, ahora te sientes mi madre— menciono mordazmente.

—Tom, en serio, no te pases de mamón— Noa hace que me vuelva a verle—. El que Bill se fuera te ha dejado muy hostil.

Ahí va de nuevo ese sentimiento entre enfado y desesperación con algo de temor. Siento la necesidad de huir de la misma manera en que lo he hecho a lo largo de estos meses.

—En serio sí que quieres hablar de él. Al parecer todos están más interesados últimamente— intento no impacientarme—. ¿Quieres dejarle ya? ¡Pasa del tema! ¿Qué jodidos pretendes, Noa? Tú y todos no han dejado de hablar de él durante un buen rato y ya estoy más que jodido. No sigas ayudándome.

—Entonces, sí te molesta.

—No veo como lo adivinaste.

—El sarcasmo no te va— intenta bromear para relajarme—. Vamos a otro lugar y me dices qué es lo que te está tocando los nervios— propone—. Algo te sucede y se nota que quieres no sentirlo más.

Suspiro cansado.

Si le digo lo poco que necesita saber, quizás no vuelva a comentar nada. Y me lo pienso a fondo.

Tienerazón,tambiénnecesitoexpulsaralgodeloquehoyhavueltoamí.Deunamaneradramática,esnecesario.

Tras considerarlo unos momentos, acepto. Debo dejarle claras un par de cosas y deshacerme de lo que se instaló en mi pecho esta mañana. Él en verdad podría ser de ayuda.

Le guío fuera del salón de eventos y vamos a uno de los bares cerca de la zona de casinos. Nos situamos en una de las zonas privadas y entonces nos pedimos algo. No digo nada hasta que llegan nuestras respectivas bebidas.

—Me sorprende que estés aquí, que estemos hablando de Bill y aún más, que yo haya aceptado.

—Yo esperaba que primero me contaras como lo habías pasado estos meses sin vernos, pero veo que has ido directo al punto, como siempre.

—Ah, eso. Me fue de la mierda. No lo soporto— le digo—. Ya no puedo y me enfurece seguir estancado. Se resume así, Noa. ¿Cómo esperabas que lo pasara?

—Tú lo has dicho, claro que yo tenía una idea diferente ¿Te importaría darme más detalles?

¿No es obvio? ¡Aff! Primero lo de Bill, después lo de mi padre y al final yo. En serio que sentí el mundo encima los primeros días— suelto la respiración—. Ni siquiera entiendo por qué te estoy contando esto. ¿Amara te dijo que vinieras? Seguro que el andarse de indirectas le ha dejado mal.

—Tan desconfiado como siempre— denota en gesto de desagrado—. A decir verdad, vine porque durante meses no supe nada de ti.

—Esa era la idea— sigo bebiendo. Decir aquello fue…, no lo sé. Le ha caído de peso y se nota.

—Y anoche llegó la invitación al evento. Así como a Jace y Amara les tomó por sorpresa, y a mí también, decidimos venir porque tú nos lo pediste— continúa como si yo no hubiese dicho nada—. Creímos que ya lo estabas superando y querías volver a lo de antes. Pero cuando yo te vi con esa mujer Keana, en serio pensé que lo habías dejado todo atrás, así como hiciste con Alina cuando Bill llegó a contigo.

—No compares— gruño y le lanzo una mirada fulminante, pero ni se inmuta—. Y no te confundas, que yo estaba seguro de no haber enviado las invitaciones.

—No importa, ya estamos aquí, Tom. Y no me interrumpas, te estaba hablando de Keana.

—Tal parece que no quedó claro lo que dije durante la cena.

—Es que no lo entiendo. Si antes llegaba una sumisa a ti, andabas por todos lados exhibiendo la joya más reciente y en un par de meses cambiabas. Hasta que Alina llegó, fue que te detuviste y no te culpo. ¿Cuánto tiempo estuvo contigo? Bueno, no importa. Pero cuando se fue, en menos de dos meses buscabas a alguien en las subastas y llegó él, por capricho tuyo solamente. Estabas evitando esto, justamente, quedar al frente del hotel en lugar de tu padre— habló tan bajo y tan rápido como pudo—. Y también buscabas volver a las andadas.

No lo niego, así fue. Aunque Bill fue un pretexto al principio, dejó de serlo. Creo que realmente él era mi pretexto favorito.

—Y le terminé queriendo— confieso en un susurro.

Mi enojo se desvanece de momento. Estoy atento a sus palabras.

¡Exacto! Pero las cosas me parecieron diferentes y en verdad pensé que ya habías buscado alguien que le remplazara— murmura y yo gruño al lanzarle otra mirada fulminante—. Yo sólo te digo la primera impresión que tuve esta noche.

—Pues no opines— exijo.

—Ya, bueno. Pero, ¿Keana es…? — insiste.

—Nada, sólo nos hemos acostado un par de veces.

—Ajá. Para olvidar a Bill, ¿cierto?

—Yo no haría eso.

—No te creo. Eres tan predecible— me lanza una mirada, niego con la cabeza y él sonríe con ironía. Noa ni se esfuerza por tocarme las narices, comienzo a creer que tiene talento natural.

La ira se instala en mi pecho, pero no puedo perder los estribos.

¡Esto es tan estúpido! — suelto de golpe—. ¿Sabes lo patético que luzco? Aquí en la barra, bebiendo contigo, hablando de él y… Joder ¡Mírame! Ayer pasé toda la noche pensando en deshacerme o no de lo que aún nos mantiene atados a Bill y a mí. Esta mañana, más que decidido, fui a casa y volví al borde de acomplejado por todo lo que sucedió, lo que recordé y lo que sentí al darme cuenta de lo que éramos y no volveremos a ser. Y ahora llegan ustedes por culpa de Keana, a descolocarme con sus indirectas; pero tú, precisamente, que me haces confesar todo lo que me ha costado ocultar por mucho tiempo ¡Me he cansado! He tenido mucho de esto y lo he ocasionado yo, no necesito que nadie más lo sepa, mucho menos que me juzgue.

—Disculpa, ¿lo que tanto te costó ocultar? Si eres más obvio que nada y, por si no lo notaste, en ningún momento te he juzgado, ¿o sí? Dime y te pediré disculpas.

Me exaspero.

No puedo manejarlo.

Odio, detesto, me jode y saca de quicio el que me recuerden mis faltas y que intenten que lo reconozca mil veces ante ellos.

¡Qué conmigo es suficiente! Solo yo puedo decirme lo mal que lo he hecho. No necesito de ellos.

—Puedo sentir tus intenciones, Noa. Las tuyas, las de Amara y cualquier otro. Así que te lo pido por las buenas…

Deja ya de entrometerte. No te incumbe. No le incumbe a nadie— menciono apretando la mandíbula.

Me pongo de pie y echo para atrás el asiento. El ruido llama la atención de algunas personas y éstas no dejan de mirarme.

—Baja la voz y no te exaltes— se levanta de inmediato, pero no tan escandalosamente como yo.

Noa me reta con la mirada, levanta la barbilla y acorta la distancia. Dirijo la vista fugazmente a la derecha y alguien nos observa atento, esperando reaccionar por si hay un enfrentamiento.

—No te exaltes— repite.

¡Que no me exalte! Pero Noa, tú has conseguido que me ponga así por tus insistencias— levanto un poco más la voz—. Tú y Amara…

—Si te hablamos al respecto no es por gusto a joderte. Es porque tú eres un orgulloso de mierda y necesitas una patada en el culo como impulso para hacer las cosas— dice mordazmente sólo para nuestros oídos.

—Ya tenía mis planes. No necesitaba que ustedes aparecieran…

—Y te dijéramos lo que era mejor para ti— me interrumpe—. Eres tan testarudo y eso es lo que te toca las narices. No es nada respecto a él y mucho menos contra nosotros, eres tú y tu actitud tan pusilánime. Tu falta de indulgencia y de carácter.

—Lo que dices no me va.

—Pues te deseo mucha suerte con la fuerza de voluntad, porque te conozco y mientras dices no piensas en decir — me toma del brazo y acerca para mencionar en mi oído: — Pero nadie, Tom, nadie, sabe qué es lo que en verdad sientes al respecto o lo que quieres. Ni siquiera tú y ojalá no te arrepientas de la decisión a tomar en tus perfectos planes.

—No seas idiota, yo no me arrepiento de nada.

—No estoy seguro de ello.

—Noa, uno se arrepiente por cosas insignificantes, pero jamás por sentir algo. A las personas les alcanza la verdad y se dan cuenta que en ese momento era lo que necesitaban.

¿Habla la voz de la experiencia? — se mofa de mis palabras y me lanza una sonrisa agria. Me quedo callado. No sé qué responderle. Eso en verdad me ha dado en lo más profundo.

—No— digo al fin—, pero no puedo evitar pensar en que al final yo estaba ahí aceptando lo que sentía por él. Lo que siento, más bien. Y no me arrepiento— modero mi tono de voz y lucho por contener el nudo que se me forma en la garganta—. A estas alturas lo único que lamento son dos cosas.

—Y después serán tres o unas mil. ¿No te das cuenta? Eso que sientes no es más que un reflejo de lo que te duele y es porque así lo quieres. Cuánto tiempo tiene que pasar para que seas capaz de reconocerlo, ¿Tom? O siquiera aceptar ayuda de a quienes les preocupas.

Se forma un silencio entre nosotros. Vuelvo a mirar al rededor y unos cuantos pares de ojos siguen pendientes a nosotros.

—Al menos me has dicho lo que te tenía mortificado hoy, pero sé que hay mucho más.

—He perdido la confianza en todos. Dime, ¿cómo podría hablarte de esto? Noa suelta la respiración y oculta las manos en los bolsillos.

—Amara no me pidió que viniera, ella sabía que la ibas a rechazar. Además, Jace no confía en ti.

—No la hubiera ignorado porque creo que sabe dónde está Bill— confieso. Pero no me cree y no dice nada al respecto—. Y está claro que Jace apoya a Leo. En todo caso… ¿en qué posición quedaría Amara?

—Steve me lo ha pedido— dice de repente.

—Pues se lo preguntaré.

Paso de él. Mientras me pienso si es cierto lo que me dice, me dirijo al ascensor. No tengo ganas de volver al evento, tendrán que disculparme. Escribo rápidamente un texto a Steve para que de aviso y entonces sigo mi camino.

Lo estoy considerando. Noa me ha hecho ver de manera distinta un par de cosas.

Yo, que siempre he de decir «si» o «no» para todo, ahora me veo en un punto intermedio. No me va.

Mi percepción de las cosas cambia al ser consciente de esto y ahora estoy a miles de pasos a negarme por completo para olvidarme de él y seguir como si nada. Pero estoy a un paso de seguir adelante, a dos pasos de buscarle y a tres para decirle que lo lamento tanto.

No es novedad. Lo que últimamente he tomado en cuenta, más que nada es eso; que ya tuve suficiente de esto, de mí mismo y de la culpa que me consume. Noa tiene razón, he estado así, sumergido en lo mismo porque así lo quise. Me aferre tanto a la ira provocada por su decepción, que me era bastante normal sentirme así todos los días.

Ya no puedo. Ya no quiero.

Camino más a prisa. Necesito un lugar tranquilo para pensar. Cuando entro al ascensor, mi sorpresa es ver a Steve.

—Creí que ya estaba descansando y fui a buscarle. Cuando recibí su texto, decidí volver.

—Pues aquí estoy— malhumorado y rendido, me encojo de hombros.

—Permítame acompañarlo—me dedica una sonrisa, me sitúo a su lado y él, amablemente, presiona el botón para subir al pent—house—. ¿Se ha fastidiado del evento?

—Ni siquiera quería que se celebrara— respondo de inmediato.

Le miro por el reflejo opaco de las puertas, él se vuelve a verme y es cuando conecto mi mirada con la suya.

—Estuve un momento con Noa— menciono, pero no dice nada—. ¿Tú le trajiste? Es decir, a ellos; Noa, Jace y Amara. ¿Fuiste tú y no Keana?

—Sí, señor Kaulitz— responde con algo de vergüenza.

No quiero preguntarle porqué, pero para mi suerte, no debo hacerlo.

—Creí que de ellos si escucharía consejos. Niego con la cabeza.

¿Qué te hizo creer eso?

—Lo necesitaba.

—¿También le dijiste a Noa lo que debía tratar conmigo?

—Quizás un poco.

Le veo tragar con pesadez. No desvía la mirada y no se mueve. Los segundos pasan tan rápido.

—No me va el que te hayas tomado la libertad de llamarles y mandarme decir con ellos lo que debo y no debo hacer. No me gusta que anden detrás de mis pasos y lo sabes perfectamente. Son mis problemas, ¿puedes entenderlo? Me ha molestado como tienes idea en verdad que les hayas traído y yo pensando en que había sido Keana, hasta me dieron ganas en verdad de mandarla al grano.

—Lo lamento, señor— dice ya sin pizca de emoción.

—No los esperaba aquí. No quería verlos, pero ya no hubo opción.

—Mi intención no era hacerle enfadar.

—No creo que lo fuera— le digo en seguida de que él termina de hablar. Me mira extrañado. No comprende lo que le digo.

—Seguro te sientes en deuda, pero en verdad me has acompañado en todo. Cuando el ascensor se detiene, salgo primero y escucho sus pasos ir detrás de mí.

—Haber hablado con Noa no cambia tanto las cosas, pero me dijo algo muy cierto. Algo que yo ya había olvidado de mí mismo— entro al pent—house y me dirijo a mi habitación—. Esta mañana me has acompañado de regreso a casa. Si ya sentía que vivía a base de recuerdos, hoy los he tocado. Me han puesto a pensar mucho y esto parece precipitado, o quizás no tanto ya que ha pasado muchísimo tiempo. Tal vez ya era hora, solo espero que aún no sea tan tarde.

—Entonces, ¿señor?

Suelto la respiración al detenerme frente a la cama. Veo sobre la mesita de noche unas cuantas cosas de las que he traído y sobresale una caja diminuta justamente en la esquina.

El corazón me tiembla. Aprieto los labios y a paso lento me acerco para tomarla.

Steve lo ha hecho. Ha traído el dije que le regalé a Bill y está como nuevo. No creí que lo consiguiese para esta noche.

—Ya hice caso omiso a muchas de las cosas que en verdad he querido y no voy a seguir así. Quizás fue necesario volver a casa para darme cuenta de ello y por eso, yo… Voy a tomar tu sugerencia de esta mañana, Steve— me vuelvo hasta él—. Necesito que contrates a alguien que sea capaz de buscarle. Necesito encontrar a Bill pronto o entonces lo voy a lamentar.

—Va decidido a encontrar las respuestas que necesita, ¿verdad?

Le dedico un asentimiento al agradecerle y le indico que se retire momentos después. Cuando se va, dejo caer la pequeña caja sobre la cama y me coloco alrededor del cuello la estrella de Bill.

—Te necesito, Precioso.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por administrador

Publico con autorización del autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!